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DORIS GIBSON PARRA Y FRANCISCO IGARTUA ROVIRA

DORIS GIBSON PARRA Y FRANCISCO IGARTUA ROVIRA
FRANCISCO IGARTUA CON DORIS GIBSON, PIEZA CLAVE EN LA FUNDACION DE OIGA, EN 1950 CONFUNDARIAN CARETAS.

«También la providencia fue bondadosa conmigo, al haberme permitido -poniendo a parte estos años que acabo de relatar- escribir siempre en periódicos de mi propiedad, sin atadura alguna, tomando los riesgos y las decisiones dictadas por mi conciencia en el tono en que se me iba la pluma, no siempre dentro de la mesura que tanto gusta a la gente limeña. Fundé Caretas y Oiga, aunque ésta tuvo un primer nacimiento en noviembre de 1948, ocasión en la que también conté con la ayuda decisiva de Doris Gibson, mi socia, mi colaboradora, mi compañera, mi sostén en Caretas, que apareció el año 50. Pero éste es asunto que he tocado ampliamente en un ensayo sobre la prensa revisteril que publiqué años atrás y que, quién sabe, reaparezca en esta edición con algunas enmiendas y añadiduras». FRANCISCO IGARTUA - «ANDANZAS DE UN PERIODISTA MÁS DE 50 AÑOS DE LUCHA EN EL PERÚ - OIGA 9 DE NOVIEMBRE DE 1992»

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«Cierra Oiga para no prostituir sus banderas, o sea sus ideales que fueron y son de los peruanos amantes de las libertades cívicas, de la democracia y de la tolerancia, aunque seamos intolerantes contra la corrupción, con el juego sucio de los gobernantes y de sus autoridades. El pecado de la revista, su pecado mayor, fue quien sabe ser intransigente con su verdad» FRANCISCO IGARTUA – «ADIÓS CON LA SATISFACCIÓN DE NO HABER CLAUDICADO», EDITORIAL «ADIÓS AMIGOS Y ENEMIGOS», OIGA 5 DE SEPTIEMBRE DE 1995

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LIMAKO ARANTZAZU EUZKO ETXEA - CENTRO VASCO PERU

LIMAKO ARANTZAZU EUZKO ETXEA - CENTRO VASCO PERU
UNIVERSIDAD DEL PAÍS VASCO

LIMAKO ARANTZAZU EUZKO ETXEA - CENTRO VASCO PERU

LIMAKO ARANTZAZU EUZKO ETXEA - CENTRO VASCO PERU
UNIVERSIDAD DEL PAÍS VASCO

«Siendo la paz el más difícil y, a la vez, el supremo anhelo de los pueblos, las delegaciones presentes en este Segundo Congreso de las Colectividades Vascas, con la serena perspectiva que da la distancia, respaldan a la sociedad vasca, al Gobierno de Euskadi y a las demás instituciones vascas en su empeño por llevar adelante el proceso de paz ya iniciado y en el que todos estamos comprometidos.» FRANCISCO IGARTUA - TEXTO SOMETIDO A LA APROBACION DE LA ASAMBLEA Y QUE FUE APROBADO POR UNANIMIDAD - VITORIA-GASTEIZ, 27 DE OCTUBRE DE 1999.

«Muchos más ejemplos del particularismo vasco, de la identidad euskaldun, se pueden extraer de la lectura de estos ajados documentos americanos, pero el espacio, tirano del periodismo, me obliga a concluir y lo hago con un reclamo cara al futuro. Identidad significa afirmación de lo propio y no agresión a la otredad, afirmación actualizada-repito actualizada- de tradiciones que enriquecen la salud de los pueblos y naciones y las pluralidades del ser humano. No se hace patria odiando a los otros, cerrándonos, sino integrando al sentir, a la vivencia de la comunidad euskaldun, la pluralidad del ser vasco. Por ejemplo, asumiendo como propio -porque lo es- el pensamiento de las grandes personalidades vascas, incluido el de los que han sido reacios al Bizcaitarrismo como es el caso de Unamuno, Baroja, Maeztu, figuras universales y profundamente vascas, tanto que don Miguel se preciaba de serlo afirmando «y yo lo soy puro, por los dieciséis costados». Lo decía con el mismo espíritu con el que los vascos en 1612, comenzaban a reunirse en Euskaletxeak aquí en América» - FRANCISCO IGARTUA - AMERICA Y LAS EUSKALETXEAK - EUSKONEWS & MEDIA 72.ZBK 24-31 DE MARZO 2000

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martes, 6 de agosto de 2013

LA TERCERA

Lima, abril 5 de 1881

(Recibida) Jauja, abril 7 de 1881

(Contestada) Jauja, abril 8 de 1881

Excmo. señor don Nicolás de Piérola.

Mi distinguido amigo:
Ninguna de mis anteriores ha merecido de usted un par de lí­neas acusándome recibo de estas. Si este silencio suyo nace de falta de tiempo para contestar las cartas de sus amigos, o si le he dado sin querer motivo de queja y debo, en consecuencia, suspender mis epístolas, tales son las dudas con que brego. Ello usted dirá.
Me honró usted con el cargo de subdirector de la biblioteca, y cúmpleme en darle cuenta de lo que he hecho para impedir que se llevase a cabo el saqueo de tan importante establecimiento. Desde fines de febrero corrió el rumor de que los chilenos pensaban tras­portar a Santiago la biblioteca, y el Archivo Nacional. Me dirigí al alcalde Torrico, y este caballero me contestó que no encontraba la manera de impedir el atentado. Toqué con el ministro francés, éste dio algunos pasos cerca de las autoridades chilenas y, al cabo, me dijo que sus esfuerzos habían sido estériles.
El coronel Lagos se constituyó un día en la biblioteca, pidió a Odriozola las llaves, y desde ese día se principió a encajonar libros, tarea que hasta hoy continúa. Más de la tercera parte de las obras están ya fuera del establecimiento.
Me entendí con el ministro norteamericano y conseguí que admi­tiera la protesta que en copia acompaño. Odriozola no tuvo incon­veniente para firmarla.
Quise que igual protesta formulara el señor Bravo, director del Archivo Nacional, pero Bravo se negó, alegando que tal conducta lo indispondría con García Calderón, a quien aceptaba él como gobierno y en cuyo conocimiento había ya puesto el saqueo del archivo.
Don Sebastián Lorente convino conmigo en protestar también an­te el ministro americano por las expoliaciones de la universidad, y en­tiendo que ha cumplido su promesa.
Si lo creyese usted conveniente puede hacer publicar la protesta en el Boletín de Junín.
Aquí hemos procurado fundar un periodiquito con el fin de refu­tar las inepcias del Orden, pero las autoridades chilenas se han nega­do tenazmente a conceder licencia. Nuestros enemigos campean, pues, sin oposición en la prensa.
En las actas de adherencia a la farsa calderonista han tenido el cinismo de suplantar algunas firmas.
Algunos de los calumniados han deseado protestar; pero no lo han hecho por falta de órgano. Mi nombre, por ejemplo, apareció en una de las actas de Lima, llevé a la imprenta del Orden una pro­testa y los redactores se negaron a publicarla. Entonces hablé con un señor Vicuña, redactor del diario chileno La Actualidad, y éste la dio a luz. Supongo la haya usted leído. Al día siguiente, el clérigo Gonzales La-Rosa, me contestó en el Orden un artículo escrito en tonto.
En nuestro pobre país se ha perdido no sólo el sentimiento del deber sino hasta la vergüenza. La policía secreta de los chilenos es­tá servida por hombres y mujeres peruanos. “Parece imposible (escri­be Cornelio Saavedra) la degradación de este pueblo, frailes, oficia­les, jefes, y hasta mujeres vestidas iban a denunciarme los depósitos de armas, por el mezquino interés de la gratificación pecuniaria. De buena gana habría fusilado a tanta gente infame. Al fin, Baquedano y yo declaramos que no queríamos más rifles y cerramos nuestras puertas a los denunciantes”. Estas líneas (fragmento de una carta pu­blicada en Chile) hacen enrojecer el rostro de todo buen peruano; porque, desgraciadamente, son verdaderas las afirmaciones.
Hombres que por gratitud, ya que no por patriotismo, estaban obligados a ser leales para usted son hoy los más ruines cortesanos de García Calderón. Hasta consejeros de estado, Benavides y Loay­za, por ejemplo, son patrocinadores de la farsa. Aquí no hay carác­ter ni energía en los hombres, y diariamente palpo transacciones que creía imposibles. Mejor que a Génova es aplicable a Lima aquel pro­verbio: Hombres sin fe, mujeres sin vergüenza.
Don Nicanor Gonzales va de prefecto a Huaraz. ¿Era esto creíble? Huaraz, por el momento, se adherirá a Calderón, pues Gonzales es prestigioso en esos pueblos.
Rufino Torrico, después de firmar la enérgica nota que usted co­nocerá ya, salió haciendo lo que llamamos los criollos carrera de ca­ballo, parada de borrico. ¡Guapo señor Torrico! Todo estaba combi­nado para que la farsa calderoniana recibiera el golpe de gracia, ca­yendo en medio de la rechifla popular y sin quemarse un grano de pólvora. Pero don Rufino y don Francisco se entendieron y la argolla salvó del conflicto.
Hasta César Canevaro se ha ligado a los farsantes, y para discul­parse alega que ha sido desdeñado por usted.
Yo tengo íntima fe en que el pecador gobierno de la Magdalena desaparecerá muy pronto, sea porque los chilenos lo derrumben a pun­tapiés, sea porque la fuerza de los acontecimientos lo traiga a usted a Lima. Tengo también fe que esta vez tendrá la energía que no quiso desplegar antes para reducir a la impotencia a los hombres de la argolla. Por Dios, señor don Nicolás. ¡Que no vuelva a ser letra muerta el artículo 89 del estatuto! Fue usted generoso hasta la de­bilidad, sembró bienes y ha cosechado horribles desengaños. Sea us­ted, pues, en adelante justiciero hasta el rigorismo, rompiendo los ani­llos de esa serpiente que se llama argolla. El cuerpo social está amenazado de gangrena: quizá una buena sangría alcance aún a sal­varlo. Si llegase a ser preciso ni aun a sus amigos nos liberte usted del varapalo. Que contenga a todos el temor de la pena, y si ni aun así alcanzara usted a regenerar el país, quédele horra la conciencia, pues habrá usted puesto de su parte todos los medios. ¿No lo ama­ron a usted los argollistas, misericordioso para con ellos?
Pues bien, amigo mío, que lo teman al menos. No cure usted al enfermo con agua de malvas sino con un tratamiento enérgico.
Tome usted el acápite que precede no como consejo sino como charla de in diebus illis, en que me era lícito platicar con usted ma­no a mano. Soy muy pobre diablo para echarme a dar a usted consejos que no me ha pedido. Hechas estas salvedades, prosigo char­lando.
Quería también verlo a usted inflexible con los cobardes que lo abandonaron tan ruinmente en el campo de batalla. Todo jefe debe depurar su conducta ante un tribunal ad hoc, que juzgue y sentencie en brevísimo plazo.
Hoy por hoy, hallo muy conveniente que aparezca usted con la mansedumbre del cordero; hoy nada de severidad y halagar a todos; hoy no está usted en condiciones para revestir la piel del león.
Cuando en enero de 1880 se promulgó el estatuto, decían tem­blando los argollistas: “¡Este hombre es un tigrecito”. Y pocos me­ses después decían riéndose: “No tiene garras el tigrecito: se las he­mos cortado”.
Y, perdóneme usted la confianza, decían la verdad. Salve usted, señor, a la patria y salve su causa y la de sus amigos, no dando cam­po para que repitan lo mismo después que haya usted alcanzado a debelar la anarquía actual.
Y pues estoy en vena maquiavélica para hacinar no sé si dispa­rates o planes de gobierno, ahí va otra idea que usted sabrá apreciar en lo que ella valga.
En un país tan escaso de hombres como el nuestro, es ruda tarea buscar y encontrar siete entidades para ministros o secretarios. Dió­genes, con su candil, anduvo buscando un hombre y perdió su tiem­po. Tengo para mí que a usted habría de bastar y aun de sobrar con un ministro o secretario general que fuese su alter ego en ener­gía, laboriosidad y aptitudes. Ni Calderón[1], representación encarna­da de los siete vicios y de ninguna virtud; ni Echegaray, a quien se le aparecía fray Martín de Porras y que cree en brujas y duendes; ni el infantil purista Panizo, profesor de todo y aprendiz de nada; ni Or­begozo con su caballeresca pantorrilla; ni el antidiluviano Villar, eran los colaboradores que usted necesitaba. Recuerde usted esta senten­cia: “Dictadura dura, dura”. Y yo, francamente, no concibo dictadura con las cinco inútiles ruedas que acabo de apuntarle. Nada digo de Iglesias y Barinaga; porque concedo a los dos excelentes cualidades, sin creer por eso que eran los llamados a secundar con tino el impulso que usted daba a la máquina.
Aleccionado usted con el pasado, supóngalo convencido de que con siete secretarios no puede marchar el carro. Y basta por hoy so­bre este tema.
Capítulo de otra cosa. García Calderón ha tenido en la última semana disentería de decretos, que han contribuido en mucho a acre­centar la impopularidad de su gobierno. Los chilenos mismos se burlan de ese presidente provisorio que no puede ceñirse en Lima la banda bicolor, ni disponer de un alguacil y cuya jurisdicción no pasa del villorrio de la Magdalena, único punto en donde le toleran que pueda enarbolar pabellón. La Actualidad, periódico chileno, no des­perdicia oportunidad de mofarse de esos bellacos que creen o fingen creer que son gobierno, y gobierno serio.
Entretanto, hasta el 19 de abril sólo habían recibido los chilenos 174,000 soles plata, a cuenta de los 200,000 ofrecidos, y es imposible que para el 15 se logre completar los 800,000 restantes para el pa­go del millón de contribución.
Ha empezado a perderse el miedo de que los chilenos se echen a destruir fincas después del día 15, y he aquí que esa confianza re­dunda en daño del Magdaleno. Si Altamirano o su compañero no están de regreso en Lima para antes del 15, sospecho que Lagos des­pedirá con viento fresco a Calderón.
Entre los politicones de Chile empieza a tornar cuerpo el pensa­miento de una gran confederación de cuatro repúblicas: Perú, Chile, Bolivia, y Ecuador. Yo llamo a eso pensamiento música de organito callejero; y no creo que haya hombres de valer que se ocupen seria­mente de eso.
Ni los mismos civilistas creen en la posibilidad de que para el 15 de mayo se reúna en Chorrillos, el soi-disant congreso convocado por el Magdaleno. En materia de fecha ha querido don Francisco ganarle a usted la mano. Y a propósito. Mis amigos del departa­mento de Loreto (al que representé en el senado desde 1868 hasta 1873) quieren exhibir mi candidatura por una de las provincias. Yo, que no quiero exponerme a derrotas, les he contestado que necesito saber antes si puedo contar con el decidido apoyo de usted. Está us­ted pues notificado. Si le conviene que ocupe yo un asiento en la constituyente, haga las prevenciones o recomendaciones del caso a los amigos Arévalo.
Largo he plumeado esta noche y, ya es hora de poner punto. Para cháchara basta y sobra.

Le estrecha muy afectuosamente la mano.

Su amigo.

RICARDO PALMA

LA TERCERA

Lima, marzo 4 de 1881.

(Recibida) Jauja, marzo 10 de 1881.

(Contestada) Jauja, marzo 22 de 1881

Excmo. señor don Nicolás de Piérola.

Mi respetado y antiguo amigo:
Pues se presenta oportunidad para escribirle, no quiero desperdiciarla.
Ignoro si mis anteriores han llegado a su poder, pues hasta hoy no he recibido contestación suya.
Barrunto que más que comentarios y apreciaciones, que no siempre sabría yo colocar en buena parte, estará usted ávido por noticias. En mis correspondencias con usted me propongo ser un cronista seco y un descarnado narrador de hechos. A usted toca poner los puntos sobre las íes.
Empiezo sin más preámbulos esta pepitoria o mesa revuelta.
PARTO DE LOS MONTES. Después de muchas idas y venidas, el grupo de farsantes que encabezaban Fuentes y Paz-Soldán se unió con el de salitreros organizado por García Calderón y Derteano (Watson). Fuentes vio que La Cotera no podía pelar la breva e hizo un cuarto de conversión, plegándose al hombre del Diccionario.
Antes de esta escaramuza y recelando que los chilenos se avinieran a entenderse con usted, enviaron cerca de ellos una comisión para inquirir si estarían dispuestos a negociar con el club salitrero. Los chilenos se regocijaron al saber que en Lima había hombres de fuste dispuestos a sembrar la anarquía y a aumentar con uno gordo la ya larga lista de escándalos. Prometieron mucho con la firme resolución de cumplir poco, y los revolucionarios se echaron a hacer propaganda en favor de don Francisco. En cuanto a La Cotera se dio por deshauciado y no volvió a concurrir a junta alguna, limitándose a renegar de Químper y de La Puerta que se habían negado a entrar en farsas carnavalescas.
Proclamado ya García Calderón por los notables sin notabilidad, vino el primer conflicto grave: la organización de ministerio. Se empezó por brindar la cartera de gobierno a Rufino Torrico; pero éste contestó que siendo alcalde de una municipalidad nombrada por usted no podía mancharse con una traición. Alguien le arguyó que Manuel Francisco Benavides, también era consejero de estado nombrado por usted y que sin embargo no había tenido en cuenta el título para ser de los primeros en figurar en el nuevo orden de cosas, y que estaba llano a aceptar una cartera. Torrico insistió en su negativa, y tomó soleta.
En seguida se ofreció la cartera de relaciones a Ramón Ribeyro y a Alejandro Arenas. Ambos contestaron que no querían ni les convenía aproximarse mucho a la candela y que, sin buscarlo muy lejos, en casa, tenía el señor García Calderón al ministro de relaciones. Pero el aludido, que era Luis Cisneros, brincó del asiento y dijo nones, pues siendo él gerente de la compañía salitrera haría feo papel al lado de su presidente por partida doble.
Don Mariano Felipe Paz-Soldán, iniciado para el ramo de justicia, contestó sin vacilar que aceptaba y que haría ese sacrificio más en obsequio de esta patria por la que ha hecho ya tanto y tanto que ángeles y serafines dicen santo y santo.
Se habló de ministerio de guerra y unos indicaron a Manuel Velarde y otros a Camilo Carrillo.
No se habló en esa noche de ministro de hacienda; pero se murmuraba por lo bajo que los candidatos de don Francisco eran Becerril o Benavides.
Disolvióse esa noche la junta sin haber arribado a organización definitiva. Al día siguiente, García Calderón declaró que gobernaría con el gabinete que le presentase Denegri, a quien nombraba ministro de hacienda y presidente del consejo. Don Aurelio, en menos de un piquete encontró tres compañeros: Gálvez (Manuel María) para relaciones, Velarde para gobierno y Carrillo para guerra. La única cartera que le dio trabajillo fue la de justicia; pues Denegri declaró que antes que tener por compañero a Paz-Soldán, aceptaría a un penitenciado. Se le brindó el ministerio a Isaac Alzamora, quien se excusó por los mismos motivos que Arenas. Al cabo parió la burra. El doctor Vélez (don Miguel), aceptó el puesto. ¡Gracias a Dios! Ya tenemos ministerio y no ha costado flojo trajín el tenerlo. Todos nos prometíamos que el sábado, víspera de carnavales, cuanto más tarde tendríamos gobernante en casa. ¡Quiá! Surgió otro conflicto. La Actualidad tuvo la condenada ocurrencia de estampar editorialmente que el gobierno del señor don Francisco era hechura exclusivamente chilena y que los chilenos darían palo y palo al peruano que no lo acatase y otras boberías de este jaez. García Calderón les dijo que eso no era lo convenido, y renunció la presidencia ante los veinte caballeros que componen la junta directiva del club. Estos le contestaron que no rasgase sangre por tan poco, que tuviese cachaza y que ellos se encargaban de conseguir que La Actualidad explicase sus conceptos en términos que bastaran para desvanecer escrúpulos de monja... Y en efecto, La Actualidad dio explicaciones y de ellas resultó que lo roto era peor que lo descosido. La Actualidad remachó el clavo, porque dijo: “Dejémonos de candideces. El papel de Chile en esta Comedia va a ser el del loquero que emplea la camiseta de fuerza para hacer entrar en vereda a tirios y troyanos”.
Lo razonable es presumir que después de este segundo editorial insistiría don Francisco en la renuncia. Pues nada de esto. Se quedó tan fresco y se dio por satisfecho. Dos días estuvimos con el credo en la boca y encendiendo lamparitas, temerosos de que García Calderón hubiera tomado la cosa por lo serio. Mucho me temí que a la boca del horno se quemara el pan y nos quedáramos sin presidente.
Ahora vuelve a acometerme el mismo susto. El gobierno de Lima debió inaugurarse el miércoles de ceniza y hoy salimos con que nadie sabe cuándo llegará ese cuando. Los chilenos se niegan a arriar su pabellón de palacio, y aun a abandonar Lima, y dicen que si el señor García Calderón quiere ser gobierno vaya a funcionar a la pampa del Pino o a la Magdalena. Esto trae hoy alborotado el cotarro y, si los chilenos no amainan, dizque don Francisco está decidido a liar el petate e irse a Europa.
Lo que yo saco en limpio de todo esto es que Vergara y Altamirano no se burlan del club-salitrero y que don Francisco va a quedarse con los crespos hechos y sin peinar. El problema quedará resuelto en tres días más.
En cuanto a las firmas que aparecen en las actas, usted sabrá aquilatar el valor de muchos de ellos. Hombres para quienes el negocio es todo y la honra de la patria nada, militares que corrieron cobardemente en el campo de batalla, pícaros que en su odiosidad personal hacia usted preferirían la dominación chilena; ingratos que merecieron de usted todo género de distinciones y que ahora lo traicionan vilmente; tal es la mayoría de los firmantes. Hay firmas que he visto con pena y que supongo estampadas en un momento de debilidad o condescendencia pueril; por ejemplo, las de los marinos Villavicencio y Gárezon.
SAQUEO DE LIMA.- Desde el 24 de febrero ha principiado en alta escala el de las oficinas y establecimientos públicos. Hasta esa fecha sólo nos habían despojado de las maquinarias de moneda, pólvora, maestranza y factorías. Hace diez días que el saqueo se ha hecho extensivo a los museos Raimondi y anatómico de la escuela de Medicina, instrumentos de la escuela de Minas, biblioteca de la universidad y biblioteca pública, sin que esos caballeros que diz que van a ser gobierno hayan dado el menor paso para contener tamaño vandalaje. Los muebles de las oficinas de palacio desaparecen y los archivos de relaciones exteriores y hacienda se encajonan para ser trasportados a Chile. Últimamente han encontrado algunos de los documentos relativos al vaporcito “Charrúa”. Llámame la atención que gran parte de la correspondencia particular de usted haya caído en poder de los chilenos. Supongo que por otros conductos reciba sobre este punto detalles especiales que yo omito.
ATENTADOS.- Raro es el día en que alguna de las plazuelas no sirve de teatro a un horrible espectáculo. Se azota públicamente como en Chile y ¡maravíllese usted! nuestro pueblo asiste en tropel a presenciar la aplicación del látigo.
El día 19 fue aprehendido en la calle don Julio Jaimes, y al día siguiente embarcado a bordo de la O'Higgins que zarpó en el acto para Valparaíso. Hubo en el primer momento el propósito de azotar a Jaimes en la plaza de Lima, y afírmase que igual encono tienen los chilenos contra Aramburú y Neto.
A noticia de Fuentes llegó el rumor de que lo buscaban para que acompañase a Jaimes; pero el Murciélago se asiló oportunamente en una legación. De ella salió dos días después, libre de todo peligro; pues se han tomado en cuenta sus desvelos en servicio de Chile, que servir a Chile es haber trabajado con el tesón que él lo ha hecho por sembrar la anarquía entre la familia peruana.
Después de la prisión del director de correos Muñoz, se ha efectuado hoy la de Rafael Izcue para obligarlo a que entregue no sé qué libros o documentos de la aduana.
La ley marcial está en todo su vigor y los atentados se multiplican.
SALIDA DE TROPAS.- El 19 se embarcaron en el Callao los generales Baquedano y Sotomayor con cinco mil hombres. Dícese que estas fuerzas van a Valparaíso, pues son de los batallones de Guardia Nacional movilizada. Los suspicaces piensan que estas tropas irán sobre Arequipa. Yo no lo creo.
FAMILIA PRADO.- Se ha embarcado para Guayaquil, donde según La Actualidad se encuentra don Mariano Ignacio.
BOLAS.- Como siempre, estupendas: parece que en Bolivia no se juega limpio con nosotros. En cuanto a la república Argentina, no desespero todavía de que asuma una actitud enérgica, si bien gran parte de su prensa se ha convertido en injuriadora nuestra. En materia de Canards o embustes también nos llegan por acá muchos de Jauja y Huancayo. Quien dice que apenas lo acompañan a usted doscientos hombres y quien le da a usted tres mil hombres bien armados y municionados. Quien que sigue usted su infatigable actividad y quien lo presenta muy desalentado. La verdad es que vivimos a oscuras (y me alegro) de lo que hace usted y piensa. Los hombres de fe no necesitamos saber lo que por allá hace usted o piensa hacer. En punto a decretos le cuelgan a usted infinitos, juiciosos unos y desatinados otros. La bola de hoy es que convocaba usted la reunión de un congreso en Huancayo.
PRENSA.- Supongo en poder de usted los cuatro primeros números del Orden (¡vaya un orden!) diario fundado por el club de García Calderón y cuyos redactores principales son los presbíteros Gonzales La Rosa y Germán Fuentes-Chávez (!!!). ¿Qué le ha hecho usted a este bendito sacerdote que se preciaba de ser tan su amigo, para que tan cínicamente le haya volteado la espalda?
En el número 39 aparece una carta de usted a Tenaud. Soy tan amigo de usted que no quiero darle mi opinión sobre ella, limitándome a decirle que he sentido su publicación.
Si algún día llegase usted a autorizarme para ser franco diré a usted lealmente en qué fundo este mi juicio. Hoy por hoy, no quiero exponerme a que diga usted que me entrometo a dar opinión que no me ha pedido.
César Canevaro fue invitado para ministro de guerra, y rechazó con indignación. Está ya casi restablecido de su herida, y entiendo que si usted le escribe dos líneas, llamándolo es casi seguro que volará a unírsele. El está preparando su viaje a Europa para fin de mes; mas a pesar de ello creo que, si a usted le conviniere, puede ocuparlo.
Cierro esta epístola noticiera que continuaré en próxima oportunidad.
Excuso firmar; pues para usted no tiene esta carácter anónimo.

LA TERCERA

En carta de R. Palma.

Lima, marzo 10 de 1881

Lima, abril 5/81

El infrascrito director de la Biblioteca Nacional del Perú, tiene el honor de dirigirse a v.e. pidiéndole haga llegar a conocimiento de su gobierno la noticia del crimen de lesa civilización cometido por la autoridad chilena en Lima. Apropiarse de bibliotecas, archivos, gabinetes de física o anatómicos, obras de arte, instrumentos o aparatos científicos y de todo aquello que es indispensable para el progreso intelectual, es revestir la guerra con carácter de barbarie ajeno a las luces del siglo, a las prácticas del beligerante honrado y a los principios universalmente acatados del derecho.
La biblioteca de Lima fue fundada en 1822, pocos meses después de proclamada la independencia del Perú, y se la consideró por los hombres de letras y viajeros ilustres que la han visitado como la primera entre las bibliotecas de la América Latina. Enriquecida por la protección de los gobiernos y por obsequios de los particulares, contaba a fines de 1880 muy cerca de cincuenta mil volúmenes impresos y más de ochocientos manuscritos, verdaderas joyas bibliográficas, entre las que no escaseaban incunables o libros impresos durante el primer medio siglo posterior al descubrimiento de la imprenta y que, como v.e. sabe, son de inestimable valor; obras rarísimas hoy, esencialmente en los ramos de la historia y literatura; las curiosísimas producciones de casi todos los cronistas de la América española; y los libros regalados por los gobiernos extranjeros, entre los que figuraba el de v.e. con no despreciable contingente. Tal era, señor ministro, la biblioteca de Lima, biblioteca de que con justicia estábamos orgullosos los hijos del Perú.
Rendida la capital el 17 de enero a las fuerzas chilenas, trascurrió más de un mes respetando el invasor los establecimientos de instrucción. Nadie podía recelar, sin inferir gratuito agravio al gobierno de Chile, gobierno que decanta civilización y cultura, que para él serían considerados como botín de guerra los útiles de la universidad, el gabinete anatómico de la escuela de Medicina, los instrumentos de las escuelas de Artes y de Minas, los códices del Archivo Nacional ni los objetos pertenecientes a otras instituciones de carácter puramente científico, literario o artístico.
El 26 de febrero se me exigió la entrega de las llaves de la biblioteca, dándose principio al más escandaloso y arbitrario despojo. Los libros son llevados en carretas, y entiendo que se les embarca con destino a Santiago. La biblioteca, para decirlo todo, ha sido entrada a saco, como si los libros representaran material de guerra.
Al dirigirme a v.e. hágolo para que ante su ilustrado gobierno, ante América y ante la humanidad entera, conste la protesta que, en nombre de la civilización, de la moral y del derecho, formulo.
Con sentimientos de alta consideración y respeto tengo el honor de ofrecerme de v.e. muy atento seguro servidor.

MANUEL DE ODRIOZOLA

Al excmo. señor Christiancy, ministro de
Estados Unidos en el Perú.