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DORIS GIBSON PARRA Y FRANCISCO IGARTUA ROVIRA

DORIS GIBSON PARRA Y FRANCISCO IGARTUA ROVIRA
FRANCISCO IGARTUA CON DORIS GIBSON, PIEZA CLAVE EN LA FUNDACION DE OIGA, EN 1950 CONFUNDARIAN CARETAS.

«También la providencia fue bondadosa conmigo, al haberme permitido -poniendo a parte estos años que acabo de relatar- escribir siempre en periódicos de mi propiedad, sin atadura alguna, tomando los riesgos y las decisiones dictadas por mi conciencia en el tono en que se me iba la pluma, no siempre dentro de la mesura que tanto gusta a la gente limeña. Fundé Caretas y Oiga, aunque ésta tuvo un primer nacimiento en noviembre de 1948, ocasión en la que también conté con la ayuda decisiva de Doris Gibson, mi socia, mi colaboradora, mi compañera, mi sostén en Caretas, que apareció el año 50. Pero éste es asunto que he tocado ampliamente en un ensayo sobre la prensa revisteril que publiqué años atrás y que, quién sabe, reaparezca en esta edición con algunas enmiendas y añadiduras». FRANCISCO IGARTUA - «ANDANZAS DE UN PERIODISTA MÁS DE 50 AÑOS DE LUCHA EN EL PERÚ - OIGA 9 DE NOVIEMBRE DE 1992»

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«Cierra Oiga para no prostituir sus banderas, o sea sus ideales que fueron y son de los peruanos amantes de las libertades cívicas, de la democracia y de la tolerancia, aunque seamos intolerantes contra la corrupción, con el juego sucio de los gobernantes y de sus autoridades. El pecado de la revista, su pecado mayor, fue quien sabe ser intransigente con su verdad» FRANCISCO IGARTUA – «ADIÓS CON LA SATISFACCIÓN DE NO HABER CLAUDICADO», EDITORIAL «ADIÓS AMIGOS Y ENEMIGOS», OIGA 5 DE SEPTIEMBRE DE 1995

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LIMAKO ARANTZAZU EUZKO ETXEA - CENTRO VASCO PERU

LIMAKO ARANTZAZU EUZKO ETXEA - CENTRO VASCO PERU
UNIVERSIDAD DEL PAÍS VASCO

LIMAKO ARANTZAZU EUZKO ETXEA - CENTRO VASCO PERU

LIMAKO ARANTZAZU EUZKO ETXEA - CENTRO VASCO PERU
UNIVERSIDAD DEL PAÍS VASCO

«Siendo la paz el más difícil y, a la vez, el supremo anhelo de los pueblos, las delegaciones presentes en este Segundo Congreso de las Colectividades Vascas, con la serena perspectiva que da la distancia, respaldan a la sociedad vasca, al Gobierno de Euskadi y a las demás instituciones vascas en su empeño por llevar adelante el proceso de paz ya iniciado y en el que todos estamos comprometidos.» FRANCISCO IGARTUA - TEXTO SOMETIDO A LA APROBACION DE LA ASAMBLEA Y QUE FUE APROBADO POR UNANIMIDAD - VITORIA-GASTEIZ, 27 DE OCTUBRE DE 1999.

«Muchos más ejemplos del particularismo vasco, de la identidad euskaldun, se pueden extraer de la lectura de estos ajados documentos americanos, pero el espacio, tirano del periodismo, me obliga a concluir y lo hago con un reclamo cara al futuro. Identidad significa afirmación de lo propio y no agresión a la otredad, afirmación actualizada-repito actualizada- de tradiciones que enriquecen la salud de los pueblos y naciones y las pluralidades del ser humano. No se hace patria odiando a los otros, cerrándonos, sino integrando al sentir, a la vivencia de la comunidad euskaldun, la pluralidad del ser vasco. Por ejemplo, asumiendo como propio -porque lo es- el pensamiento de las grandes personalidades vascas, incluido el de los que han sido reacios al Bizcaitarrismo como es el caso de Unamuno, Baroja, Maeztu, figuras universales y profundamente vascas, tanto que don Miguel se preciaba de serlo afirmando «y yo lo soy puro, por los dieciséis costados». Lo decía con el mismo espíritu con el que los vascos en 1612, comenzaban a reunirse en Euskaletxeak aquí en América» - FRANCISCO IGARTUA - AMERICA Y LAS EUSKALETXEAK - EUSKONEWS & MEDIA 72.ZBK 24-31 DE MARZO 2000

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martes, 6 de agosto de 2013

LA TERCERA

C. Murga.

Lima, julio 11 de 1881

(Recibida) Ayacucho, agosto 2/81-5p

(Contestada) Ayacucho, agosto 25

Excmo. señor don Nicolás de Piérola.

Mi querido amigo:
Supongo que a su regreso de Arequipa habrá recibido en Ayacucho dos de mis epístolas. En la última le exhibo los motivos, personales es cierto, que me han impedido emprender viaje. Añada usted a ellos que no me han llegado, como lo esperaba, actas de elección por Loreto donde el prefecto se negó a patrocinar mi candidatura. Ya que mis servicios no se han creído útiles en la asamblea, continuaré en mi condición de guerrillero.
Las últimas noticias que de Ayacucho tenemos en Lima alcanzan hasta el 23 de junio. Creemos que no pasarán tres días más sin que llegue algún propio y por él tengamos conocimiento de la inauguración de la asamblea y de sus primeros actos.
Aquí se instaló ayer el soi-disant congreso constitucional. Para tener número de diputados recurrió el Magdalena a expedientes que así son constitucionales como yo ruso.
A pesar de todo, el congreso se instaló sin quorum de senadores, pues sólo concurrieron 33 y no los 35 que forman los dos tercios de esa cámara.
Dos días antes de la instalación se dirigió García Calderón a las cortes suprema y superior invitándolas para concurrir a Chorrillos. En la suprema se discutió privadamente el punto y la mayoría resolvió asistir. Exceptuando don Melchor Vidaurre, concurrieron Ribeyro, Muñoz, Sánchez, Morales y (lo que juzgaba imposible) don Juan Oviedo, junto con los fiscales La Rosa y Cárdenas. Paréceme que la asamblea de Ayacucho haría bien dando un sablazo a los supremos.
En la corte superior la cuestión fue reñida. Cinco vocales: Corzo, Bueno, Chacaltana (pretendientes los tres de las dos vocalías de la suprema), Galindo y Dorado votaron en favor de la asistencia. Cuatro vocales: Santisteban, Figueredo, Sanz y Pérez votaron en contra. No concurrieron a la discusión Guzmán, Mariátegui ni Alvarez. En la discusión tuvo Figueredo una frase feliz y que se ha popularizado: “Ni lo de la Magdalena es gobierno ni lo de Chorrillos congreso”. Al acto de la instalación asistieron sólo Corzo, Bueno, Alvarez y Dorado, los jueces Olivares y Quiroga y cuatro o cinco golillas más. Francamente, menos indigna que la de los supremos ha sido la conducta de los vocales del tribunal superior.
Algo preparaba aquí el pueblo para aguar la función. Sabíase que en Chorrillos formarían 150 hombres de un batallón Pichincha, 180 celadores y 50 hombres de caballería, armados con armas chilenas, fuerza de suyo desmoralizada pues en ella estaban los celadores que con Santa María vinieron de fuga desde Tarma. Cien jinetes que hubiesen amagado Chorrillos, sin necesidad de quemar pólvora, habrían bastado para dar al traste con los provisorios y dejar su congreso en embrión. Hubo de recelar Calderón que esto sucediese y para impedirlo acudió a sus aliados. Estos distribuyeron desde Miraflores a San Juan dos mil infantes, trescientos hombres de caballería y cuatro ametralladoras.
El cuerpo diplomático, con Tezanos Pinto a la cabeza, concurrió pero sin uniforme de etiqueta, es decir, que los ministros asistieron con carácter privado.
De la asistencia de los tribunales de justicia y del cuerpo diplomático creen los calderonianos sacar gran ventaja moral. Para mí todo ello no significa más que funerales pomposos hechos a la argolla.
Lo que me trae un tanto alarmado es que en la convención boliviana no se juega limpio. Mucho temo que de Bolivia nos venga algún pastel que complique la situación. Los del círculo íntimo de Calderón lo tienen así por seguro.
Las noticias de defección de las fuerzas de Recabarren en Huaraz y de pérdida de las de Carrillo y Ariza en La Oroya, sembraron aquí el pánico entre los magdalenas pecadores. Pensaron entonces dirigirse a Montero brindándole la presidencia provisoria y ofrecer a Cáceres generalato en gaje del ejército que diz que formarán. Con la instalación de su congreso han principiado a serenarse.
El reconocimiento por los Estados Unidos es una cosa sui gene ris. Los yankees nos tratan con sumo desprecio. Proceden como el rico propietario que, entre otros bienes, posee un callejón de cuartos por Malambo o el Cercado, y autoriza al portero para que arregle, por sí y ante sí, toda quisquilla con los inquilinos, sin molestarlo a él con detalles fastidiosos.
Acaba de pasar por Chile, con el carácter de ministro, el general Killpatrik; y por el vapor próximo llegará a Lima el nombrado para relevar a Christiancy. Este ha cerrado con llave de oro. Como en la cuestión Sháh fue Ruden el intermediario para con De Horsey, así su viuda doña Pepa Puch ha sido esta vez el anzuelo cerca de Christiancy. Mucho chinesco y bombo han tocado los magdalenas por el reconocimiento yankee.
En mi anterior hablé a usted largo sobre la conveniencia y necesidad de impedir que el Canal muera por consunción o falta de fondos. En tres ocasiones me ha escrito Larrañaga sobre este tema y mucho me alegraría de que hubiese usted atendido ya su petición al manifiesto de Químper. Y a propósito; pues sabe usted que los hombres nos pagamos de finezas y atenciones entiendo que no haría usted mal escribiendo a Polo cuatro líneas de cortesía, una cartita, en fin, de aquéllas de pura fórmula que nada dicen y se estiman en mucho. Se lo indico porque presumo que, en medio de sus recargadas atenciones, no habrá usted podido pensar en pequeñeces como esta.

Procure usted organizar un servicio de propios o expresos para que siquiera cada ocho días recibamos en Lima noticias de Ayacucho.

Hasta muy próxima oportunidad se despide de usted su amigo afectísimo.

R. P.

LA TERCERA

Lima, julio 22 de 1881

(Recibida) Ayacucho, agosto 6/81 10 p.

(Contestada) Ayacucho, agosto 24

Excmo. señor don Nicolás de Piérola. Ayacucho.

Mi antiguo y buen amigo:
Cuatro he dirigido a usted por diversos órganos en los dos últimos meses, cumpliendo mi promesa de ser activo corresponsal suyo, ya que causas independientes de mi voluntad me impiden estar a su lado. Verdad es que no siendo ya militar ni hallándome en condiciones para empezar el aprendizaje del oficio, escasísimo servicio podría prestar en la próxima campaña, y acaso sea más útil en Lima. Tampoco, según entiendo, ha habido un lugar para mí en la asamblea que, a la fecha, debe haberse instalado; y lo siento; pues me veo privado de llevar a ese cuerpo mi modesto contingente de ideas.
Tal es el desarrollo de los sucesos, que tengo por seguro que antes de quince días habrá desaparecido la farsa magdalénica. Esa gente está en pleno desconcierto. Los representantes chorrillanos andan escogitando la manera de caer menos ridículamente, y hay entre ellos un pequeño número que se inclina a reconocer la autoridad de usted. La cifra de pecadores arrepentidos va haciéndose ya crecida. Don Manuel Francisco Benavides, el traidor sempiterno, y don Mariano Felipe Paz-Soldán, el ruin por excelencia, y otros muchos pícaros de igual calibre, confiesan ahora que es imposible la subsistencia del gobierno de la Magdalena. Por su parte García Calderón sólo se preocupa de dos cosas: de ver cómo logra vivir hasta fines de agosto, época en que habrá conseguido redondear la operación del canje de incas por los billetes fiscales que se están grabando en New York (40.000.000); y de su noviazgo con la señorita Rey y Basadre, hija del caballero chileno que durante veinticinco años fue cónsul de Chile en Arica. La primera operación tiene bemoles y empieza a dudar que se le dé tiempo para realizarla, por mucho que en ella están interesados los capitalistas del círculo argollero que han comprado por resmas incas a cuatro o cinco soles papel. En cuanto a la segunda operación, téngola por clavo pasado; pues el lunes 18 pidió don Francisco la mano de la niña y tuvo el consentimiento de la familia.
Cáceres, situado en Matucana, ha puesto en jaque a chilenos y achilenados. Presumo que para setiembre habrá usted organizado y puesto en movimiento un ejército respetable, y que para entonces hará la intimación del caso al enemigo. O paz decorosa o guerra sin tregua. Pero en sus cálculos, amigo mío, proceda usted sin contar para nada con Lima. Aquí la gran mayoría es de indolentes que desean sacudir el yugo chileno; pero sin poner ellos nada de su parte. Como las beatas con sus oraciones, lo ayudarán a usted con sus simpatías y con habladurías callejeras; pero nada más. Tendrá usted muchas, muchísimas promesas y hasta combinaciones y planes atrevidos para secundar oportunamente las operaciones militares que usted emprenda acercándose a la capital; pero en el momento preciso hallará pocos hombres y abundancia de bribones, y cobardes. La semilla de los Pata de Gallina, Osma, Canseco y Rivarola ha fructificado abundosamente.
Mucho avanzaremos con la inauguración, en setiembre, del nuevo gobierno en Chile. Santa María sube al poder como quien tiene bajo sus plantas una bomba con dinamita. Juzgue usted por el recorte impreso que le incluyo, ya que periódicos chilenos no llegan aquí a poder de ningún peruano. Parece que desean que no conozcamos el espíritu de su prensa, ni nos formemos cabal concepto de la efervescencia de los partidos. Pero el hecho es que se aglomeran nubes y que la tempestad vendrá.
Para conjurar la borrasca, para evitar el incendio de la propia casa, tendrá Santa María que hacer lo posible por poner término al conflicto con el Perú. Al cabo se convencerá de que paz con cesión de territorio, será paz firmada sobre arena: de que paz en que, en materia de armamento y desarme, nos colocáramos bajo el tutelaje de Chile, sería una paz imposible por absurda.
A Santa María no puede escondérsele que no es obra de romanos el batir al ejército de ocupación que hoy existe en Lima, y que va a ser reforzado con cuatro o cinco mil hombres más. Sabe también que si acepta el plan propuesto en el seno de las cámaras de abandonar Lima y reconcentrar su ejército en Tarapacá, tendrá allí que mantenerlo a la defensiva indefinidamente, pues la guerra se haría eterna. Añade usted que el enemigo debe estar escarmentado del éxito de los bloqueos y de la ineficacia de estos en costa tan abierta como la nuestra y ainda mais tan dilatada.
El hecho es que, después de dos años largos de guerra y de la ocupación de Lima, se encuentra ahora Chile con que la guerra empieza. El cansancio tiene que entrar por algo en las probabilidades de paz, pero paz en que Chile, para no exponerse a perderlo todo, consienta en amainar algo de sus exageradas pretensiones.
No me asusta el éxito si la guerra prosigue. Creo en favor nuestro las probabilidades de triunfo, siempre que, como hasta aquí, los que acompañan a usted sepan hacer, en aras de la patria, el sacrificio de sus pasioncillas. Harto buen sentido ha revelado el país desdeñando a los anarquistas y farsantes de la Magdalena. Que Dios sea misericordioso para con ellos; pero usted y la asamblea de Ayacucho tienen que ser inflexibles y castigar con rigor a los que han hecho causa común con el invasor extranjero. Por Dios, nada de contemporizaciones con los hombres de la argolla. Si quiere usted regenerar el país sea intransigente con ellos. Armese usted con la hoz del segador. Basta de mala yerba. Purifique usted este pueblo destruyendo el elemento gangrenado. Pruébenos usted que sabe castigar a los que han delinquido, y no haga otra vez lujo de generosidad y de hidalguía declarando (en la práctica) lo pasado sin pasado.
Pongo punto a esta que va alargándose más de lo que me propuse. Sin ninguna de usted a qué contestar, desde hace cuatro meses, quedo aguardando sus órdenes.

Muy de corazón siempre su amigo.

R. P.

LA TERCERA

(Recibida) Ayacucho, julio 24/81-10 p.

(Contestada) Ayacucho, agosto 24/81-

Señor Vicuña
Lima, junio 27 de 1881

Excmo. señor don Nicolás de Piérola.

Mi distinguido amigo:

Supongo a usted ya de regreso en Ayacucho y preparando la instalación de la asamblea llamada a salvar la nacionalidad peruana.

Muy mucho siento no pertenecer a ese cuerpo. Verdad que no le habría llevado contingente de ilustración; pero sí de patriótico propósito. Entiendo que el señor prefecto de Loreto se negó a patrocinar mi candidatura; pues no he recibido, como esperaba, acta de elección.

A pesar de todo habría emprendido viaje para esa si insuperables dificultades de orden doméstico no me lo estorbaran. El incendio de Miraflores me ha colocado en muy excepcionales condiciones. Mas no porque no pueda tomar parte en las peripecias y peligros de una campaña activa, soy de los que permanecen arma al brazo y sin hacer fuego. Creo que me habría usted adivinado en las correspondencias del Canal y en alguno de sus editoriales.

Y a propósito del Canal. Me escribe Larrañaga que hace grandes sacrificios para sostener esa publicación, la cual corre riesgo de morir si no recibe pronto auxilio pecuniario de usted. Gran lástima sería, pues es hoy el único órgano con que contamos para desenmascarar a los enemigos de casa y a los chilenos. El Canal ejerce en las repúblicas colombianas y en Estados Unidos utilísima propaganda, y en Lima se arrebatan y corren de mano en mano los números. En mi concepto, sostener ese periódico nos es tanto o más necesario que aumentar el ejército con un batallón. Como dijo no recuerdo quien: la prensa es el cañón rayado de la inteligencia; y más barata, en todo caso, que una batería de seis cañones Krupp, y de efectos más seguros, es la continuación del Canal. Tuvimos la fortuna de encontrar un excelente redactor en la persona de don José Toribio Polo (hermano del obispo), escritor juicioso y galano, hombre muy ilustrado, que tiene por la argolla más odio que el demonio al agua bendita, de probada lealtad y que es más pierolista que don Nicolás de Piérola.

¿Dejará usted que muera por consunción el Canal? Créolo imposible. Si como me indica Larrañaga hay en Europa fondos (100.000 L) en poder del señor Sanz, paréceme hacedero fomentar con un giro por tres o cuatro mil libras la vida del periódico. Pocas veces se habría empleado el dinero de manera más conveniente para nuestra causa y para el país que tienen en esa publicación un defensor de su honra.

Los peruanos hemos tenido siempre en poco a la prensa. Por eso los chilenos nos ganaron de mano comprando aliados en la prensa europea que, salvo excepciones, nos ha sido y es generalmente hostil. Nuestros gobiernos, generosos hasta la prodigalidad, han sido siempre tacaños en materia de prensa.

Larrañaga me dice que ha escrito a usted y a don Carlos y al dr. Arenas infinitas cartas manifestando sus apuros para sostener la imprenta, sin recibir hasta ahora una respuesta satisfactoria. Ignorando él mis percances de Miraflores y mi mala situación rentista se dirige ahora a mí; fatalmente no puedo hacer más que colaborar como periodista guerrillero, y abusar de la benevolencia con que usted acoge mis cartas para empeñarme en pedirle que atienda la que yo juzgo legítima exigencia de Larrañaga. Periodista ha sido usted, conoce a fondo el oficio y no necesita, por lo tanto, que le ponga puntos sobre las íes para estimar la conveniencia o inconveniencia de tener en Panamá un órgano exclusivamente peruano, ya que en Lima es ello imposible mientras nos dominen chilenos y achilenados.

Estos, como sabrá usted, desesperados de no poder reunir quórum ocurren el arbitrio empleado por San Martín en 1822. Se llaman constitucionales, y hacen lo que era lícito en San Martín que ejercía una dictadura. García Calderón habla de circunstancias anormales para disculpar la necesidad de su decreto. Para ser lógico debía echar a un lado la mascarilla de constitucionalidad y llamar a su gobierno, gobierno de circunstancias, y a su congreso, congreso de circunstancias. Sólo así va a lograr reunir congreso que es un bodrio, un puchero de absurdos, y que así representa al país como yo al gran turco.

Que los chilenos no se entenderán con García Calderón ni con su congreso de retazos de todos los sistemas, es para mí punto averiguado. Ahí están dándome la razón, los editorialistas de La Situación y el discurso de Vicuña Mackenna en las últimas sesiones del senado en Chile, a propósito del proyecto rechazado de voto de censura al ministerio.

Tampoco creo que antes de octubre se ocupe el gobierno chileno del Perú para otra cosa que no sea seguir esquilmándolo. Lo de expedición sobre Arequipa es una vulgaridad sin sentido. Antes de octubre no puede el enemigo pensar en más que en dominar la costa y sacar provecho de las aduanas. Y razonable es que así proceda. Faltándole a Pinto dos meses y medio para entregar el mando a Santa María, deja a su sucesor la ardua tarea de salir del pantano. Pinto no ha de crearle nuevas complicaciones y embarazos a su camarada Santa María. Este ajustará o no la paz; pero en ningún caso emprenderá su ejército campaña sobre Arequipa, donde se expone a perder mucho y a ganar muy poco.

Tengo por imposible la celebración de un tratado con desmenbración de territorio nuestro. Al problema sólo le hallo una solución, y esa es la intervención norteamericana. Las protestas de las demás repúblicas de nuestro continente contra el principio de conquista, serán pura poesía y papel mojado.
La continuación de la guerra, por nuestra parte, la tengo por otro imposible. ¿Por qué? Porque en nuestro país desventurado no hay virilidad ni patriotismo, porque la anarquía nos gangrena y porque la corrupción está infiltrada no sólo en los hombres de nuestra generación sino en las venas de la generación llamada a remplazar la nuestra. ¿Qué pueblo este donde ochenta y nueve coroneles y cincuenta y siete tenientes coroneles suscriben el compromiso de no tomar las armas contra el invasor? El tesoro público habrá mantenido durante años y años a tanta y tanta sanguijuela, para que, cuando la patria necesita de ellos, se conviertan en inofensivos gusanillos? ¡Y qué militares! ¡Salve usted a la patria con los que tan cobardemente corrieron en San Juan, y con fanfarrones cuando el peligro está distante, y con ladrones que eclipsan las glorias de Roso Arce. Por cada diez militares pundonorosos y dignos tiene usted noventa pícaros, para quienes el deber y la patria y la honra son palabras huecas. Para formar ejército tendría usted que empezar fusilando la mitad siquiera de los militares. Como ya sabe usted que en San Juan hubo jefes, y no pocos, que por salvar incas1, sacrificaron todo, menos la vida por supuesto. ¡Coronel hubo que el 15, a la hora en que se batían algunos de sus soldados en Miraflores, llegaba a Huacho!

No son armas ni municiones lo que más necesitamos para escarmentar al enemigo chileno y vengar los pasados desastres. Es patriotismo y unión, o lo que es lo mismo son virilidad y virtud lo que nos hace falta. Con ellas ¿sería posible que Lima, ciudad de 130.000 almas, se encontrara sujeta por una guarnición chilena de 3,000 hombres? Es necesario que un pueblo haya llegado al colmo del envilecimiento para que, en cada diez individuos que encuentra uno por la calle, haya un espía asalariado por los chilenos o un denunciante oficioso. Es necesaria mucha indignidad en un pueblo para que tolere, la subsistencia de un partido o circulito político, aliado del enemigo, y que festeja como triunfos propios las derrotas de nuestros montoneros y las matanzas de Cañete y las carreras de Pereyra en Huánuco.

El patriotismo sabe hacer milagros, es cierto; pero no hay que esperar milagros donde aquella virtud es casi negativa. Con ciento o doscientos hombres abnegados y entusiastas como usted no se puede hacer más que cumplir con el deber hasta el sacrificio; pero es difícil alcanzar la victoria. Los buenos están en desconsoladora minoría. No son los chilenos que nos han vencido sino nuestros vicios, y consecuencia de ellos es la escasez de hombres para los puestos de compromiso. Padeció usted la equivocación de creer que con la indulgencia se puede convertir en amigo al enemigo antiguo, y dio a los argolleros participación en la cosa pública. Así Man. Francisco Benavides fue hasta consejero de estado, y no cito cien nombres más de civilistas conspicuos. Pensó usted también que a los malos se les puede regenerar con el ejemplo de los buenos, que podía usted hacer de ellos hombres nuevos, fundirlos en molde nuevo e inspirarles la honorabilidad, el valor y la inteligencia de que primitivamente carecieron. Y resultado funesto de ese error fue el nombramiento del general Pata de Gallina1, cadáver sobre cuya tumba habría yo puesto la losa inamovible del ridículo: ¿a qué, amigo mío, desenterrar muertos?

Tácheme usted de extravagante o de hombre que no ha nacido para la política del Perú, por la franca confesión que voy a hacerle. Pienso que el mandatario debe dejar el corazón en la puerta de palacio para verse libre de afecto por tales o cuales hombres. Encariñarse es fatalísimo, y toda predilección es semillero de resistencias. En tierra donde no hay partidos políticos bien definidos o caracterizados por el orden de ideas que defienden, sino partidos personalísimos, es donde menos debe hacer uso el gobernante de las cualidades del corazón. Aquí es la cabeza la que ha de hacer todo el gasto. El buen comerciante ha de tener por corazón una tabla de multiplicar, y el buen gobernante, antes de ir a palacio, ha de dejarlo encerrado en un arcón con llave y como alhaja inútil para ostentarla. El corazón, querido amigo, le ha hecho a usted y le hará todavía mucho daño, pues lo vemos vacilante para acabar de desprenderse de Juan Martín y enviarlo a Europa o a Manila con cualquier pretexto o título colorado; ¡qué extravagante es este Palma, dirá usted acaso! Pero, amigo querido, alguien ha de ser lealmente sincero con usted y ese alguien soy yo que no he de ser ministro de estado (por mucho que lo haya sido una nulidad tan ejecutoriada como don Federico Panizo) ni desempeñaré jamás altos puestos, y que no aspiro sino a vegetar entre libros apolillados y papeles rancios, ni envidioso ni envidiado, y a que me dispense usted la honra de creerme muy de corazón amigo suyo personal y político. Por eso charlo con usted tan campechanamente y le expreso sin embozo mis ideas.

En cuanto a noticias nada de notable que comunicarle, pues supongo que ya, por diversos conductos, tendrá usted conocimiento de la salida sobre Junín de fuerzas al mando de La Lotera. Consta la expedición de 220 hombres del batallón bautizado con el nombre de “Pichincha” cuyo jefe es Carrillo y Ariza y de 150 hombres de otro batallón, “Zepita”. Llevan dos ametralladoras y tres cañoncitos de a 4. Pastor Dávila, Enrique Lara y Ramón Benavides deben ir en la comitiva de La Lotera que saldrá mañana de Lima a unirse con las fuerzas que salieron el 25. El armamento es rifles Grass, es decir, rifles chilenos, e igual armamento lucen los celadores acuartelados en Chorrillos.

El 25 tuvieron los senadores una junta en casa de Calderón por encontrarse ya sin quorum, a causa de estar gravemente enfermos Ramón Montero y el doctor Ríos. Arbitraron el habilitar a Manuel María Rivas y Viterbo Arias que habían cesado en el cargo por aceptación de empleos conferidos por el ejecutivo. Se hallarán así con que el número de senadores les viene tan justo que cuando se enferme uno solo no podrán tener sesión.

El clérigo Pinto que ha ido para Ayacucho con actas de diputado por Huánuco, tengo para mí que no hizo por acá juego muy limpio. Ello, usted sabrá decidir si se presenta oleada y sacramentado, y si es digno de perdón.

Tuvimos una quincena de aparición de folletos. El primero fue el Manifiesto de Químper. Sé que los coroneles Tarrico y Leyva se prepararon para contestar; pero la autoridad chilena se ha negado a dar permiso para la impresión de las refutaciones. El segundo fue una Carta política, escrita por un señor Vicuña, redactor de La Situación, contra la candidatura Baquedano. En ese folleto hay páginas curiosas. El tercero fue un insolente pasquín del Murciélago, hombre que adulaba a usted groseramente y que lo obligó a aceptar su rancho en Chorrillos. Ese folleto es inmundicia.

La prensa chilena ha revelado que Rufino Tarrico y el coronel Osma propusieron a Vergara y Altamirano trabajar por la anexión del Perú a Chile. No lo creo de don Rufino. ¡Haga usted patria con anexionistas!

Juan Aliaga ha dado dos banquetes a Lynch, lo que, como era natural, ha sido motivo de serias críticas en Lima. ¡Siga usted haciendo patria!

Por aquí estamos completamente a oscuras de lo que sucede en Arequipa y Bolivia, pues la correspondencia va a poder de la autoridad chilena que sólo manda entregar las cartas sin importancia. Hasta la correspondencia de Panamá pasa por esa aduanilla.

Pongo fin a esta, que ya va haciéndose larguita, repitiéndome muy suyo amigo afectísimo.

R. PALMA