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DORIS GIBSON PARRA Y FRANCISCO IGARTUA ROVIRA

DORIS GIBSON PARRA Y FRANCISCO IGARTUA ROVIRA
FRANCISCO IGARTUA CON DORIS GIBSON, PIEZA CLAVE EN LA FUNDACION DE OIGA, EN 1950 CONFUNDARIAN CARETAS.

«También la providencia fue bondadosa conmigo, al haberme permitido -poniendo a parte estos años que acabo de relatar- escribir siempre en periódicos de mi propiedad, sin atadura alguna, tomando los riesgos y las decisiones dictadas por mi conciencia en el tono en que se me iba la pluma, no siempre dentro de la mesura que tanto gusta a la gente limeña. Fundé Caretas y Oiga, aunque ésta tuvo un primer nacimiento en noviembre de 1948, ocasión en la que también conté con la ayuda decisiva de Doris Gibson, mi socia, mi colaboradora, mi compañera, mi sostén en Caretas, que apareció el año 50. Pero éste es asunto que he tocado ampliamente en un ensayo sobre la prensa revisteril que publiqué años atrás y que, quién sabe, reaparezca en esta edición con algunas enmiendas y añadiduras». FRANCISCO IGARTUA - «ANDANZAS DE UN PERIODISTA MÁS DE 50 AÑOS DE LUCHA EN EL PERÚ - OIGA 9 DE NOVIEMBRE DE 1992»

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«Cierra Oiga para no prostituir sus banderas, o sea sus ideales que fueron y son de los peruanos amantes de las libertades cívicas, de la democracia y de la tolerancia, aunque seamos intolerantes contra la corrupción, con el juego sucio de los gobernantes y de sus autoridades. El pecado de la revista, su pecado mayor, fue quien sabe ser intransigente con su verdad» FRANCISCO IGARTUA – «ADIÓS CON LA SATISFACCIÓN DE NO HABER CLAUDICADO», EDITORIAL «ADIÓS AMIGOS Y ENEMIGOS», OIGA 5 DE SEPTIEMBRE DE 1995

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LIMAKO ARANTZAZU EUZKO ETXEA - CENTRO VASCO PERU

LIMAKO ARANTZAZU EUZKO ETXEA - CENTRO VASCO PERU
UNIVERSIDAD DEL PAÍS VASCO

LIMAKO ARANTZAZU EUZKO ETXEA - CENTRO VASCO PERU

LIMAKO ARANTZAZU EUZKO ETXEA - CENTRO VASCO PERU
UNIVERSIDAD DEL PAÍS VASCO

«Siendo la paz el más difícil y, a la vez, el supremo anhelo de los pueblos, las delegaciones presentes en este Segundo Congreso de las Colectividades Vascas, con la serena perspectiva que da la distancia, respaldan a la sociedad vasca, al Gobierno de Euskadi y a las demás instituciones vascas en su empeño por llevar adelante el proceso de paz ya iniciado y en el que todos estamos comprometidos.» FRANCISCO IGARTUA - TEXTO SOMETIDO A LA APROBACION DE LA ASAMBLEA Y QUE FUE APROBADO POR UNANIMIDAD - VITORIA-GASTEIZ, 27 DE OCTUBRE DE 1999.

«Muchos más ejemplos del particularismo vasco, de la identidad euskaldun, se pueden extraer de la lectura de estos ajados documentos americanos, pero el espacio, tirano del periodismo, me obliga a concluir y lo hago con un reclamo cara al futuro. Identidad significa afirmación de lo propio y no agresión a la otredad, afirmación actualizada-repito actualizada- de tradiciones que enriquecen la salud de los pueblos y naciones y las pluralidades del ser humano. No se hace patria odiando a los otros, cerrándonos, sino integrando al sentir, a la vivencia de la comunidad euskaldun, la pluralidad del ser vasco. Por ejemplo, asumiendo como propio -porque lo es- el pensamiento de las grandes personalidades vascas, incluido el de los que han sido reacios al Bizcaitarrismo como es el caso de Unamuno, Baroja, Maeztu, figuras universales y profundamente vascas, tanto que don Miguel se preciaba de serlo afirmando «y yo lo soy puro, por los dieciséis costados». Lo decía con el mismo espíritu con el que los vascos en 1612, comenzaban a reunirse en Euskaletxeak aquí en América» - FRANCISCO IGARTUA - AMERICA Y LAS EUSKALETXEAK - EUSKONEWS & MEDIA 72.ZBK 24-31 DE MARZO 2000

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sábado, 3 de agosto de 2013

LA TERCERA

SE NOMBRA PRESIDENTE CONSTITUCIONAL DE LA RepUblica AL
GRAN MARISCAL DON José BERNARDO DE TAGLE
EL CIUDADANO PRESIDENTE DE LA Republica
POR LA Constitución PERUANA

Por cuanto el Congreso ha sancionado lo siguiente:

EL CONGRESO CONSTITUYENTE DEL Perú

En conformidad por lo dispuesto por el artículo 1º del decreto de hoy;
Nombra:

Presidente Constitucional de la República al Gran Mariscal don José Bernardo
Tagle.

Tendréislo entendido y dispondréis lo necesario a su cumplimiento mandándolo imprimir, publicar y circular. Dado en la sala del Congreso en Lima a 18 de noviembre de 1823.- 4º y 2º.- Manuel Salazar y BaquÌjano, Presidente.- Manuel Muelle, Diputado Secretario.- Miguel Otero, Diputado Secretario.

Por tanto, ejecútese, guárdese y cúmplase en todas sus partes por quienes convenga. Dar cuenta de su cumplimiento el Ministro de Estado en el departamento de Gobierno. Dado en Lima a 18 de noviembre de 1823.- 4º y 2º.


José Bernardo de Tagle.- Por orden de S. E. Juan de Berindoaga

LA TERCERA

MENSAJE DEL PRESIDENTE TORRE TAGLE AL JURAR, ANTE EL
CONGRESO, LA Constitución DEL ESTADO1


Señor:
Este día en que he venido a prestar el juramento debido a la Constitución Política que ha formado el Soberano Congreso, es, sin duda, el más placido día de mi vida.
Este Código en que esta· consignada la suerte del Perú, que nivela ante la ley al primer magistrado con el ˙último súbdito, al más poderoso ciudadano con el más infeliz, será para mí inviolablemente observado. Yo lo respetaré y haré respetar por todos, castigando severamente al que se atreva a infringirlo y si hasta ahora he manifestado mi sumisión a todas las resoluciones de la Representación Nacional, yo prometo en adelante tributar el mismo homenaje, la misma veneración, a la Gran Carta, cuya obediencia acabo de jurar.
El cielo es testigo de la sinceridad de mis promesas: el cielo me castigue si falto a ellas y caiga sobre mí la execración del pueblo peruano y de todos los hombres.


1 Obin y Aranda, Anales Parlamentarios del Perú, págs. 279-280.

LA TERCERA

SE NOMBRA AL GRAN MARISCAL DON José BERNARDO DE TAGLE
PRESIDENTE DE LA Republica DEL Perú
D. José BERNARDO DE TAGLE, PRESIDENTE DE LA Republica
DEL Perú

Por cuanto el Soberano Congreso se ha servido decretar lo siguiente:

EL CONGRESO CONSTITUYENTE DEL Perú

Por cuanto se halla vacante la Presidencia de la Republica por haber sido exonerado de este cargo don José de la Riva Agüero, en virtud del decreto de 23 de junio último.

Ha venido en nombrar Presidente de ella al Gran Mariscal don José Bernardo Tagle.

Tendéroslo entendido y dispondréis lo necesario a su cumplimiento, mandándolo imprimir, publicar y circular. Dado en la sala del Congreso a 16 de agosto de 1823.- 4º y 2º.- Justo Figuerola, Presidente.- Jerónimo Agüero, Diputado Secretario.- Manuel Ferreyros, Diputado Secretario.-

Por tanto ejecútese, guardeses y cúmplase en todas sus partes por quienes convenga. Dar· cuenta de su cumplimiento el respectivo Secretario. Dado en Lima a 16 de agosto de 1823.- 4º.-2º.-JosÈ Bernardo Tagle.- Por orden de S. E.


Dionisio Vizcarra.

LA TERCERA

DECRETO DISPONIENDO QUE DON JOSÉ BERNARDO DE TAGLE
CONTINUE COMO JEFE SUPREMO POLÍTICO Y MILITAR DEL PERÚ
7 DE AGOSTO DE 1823
DON JOSÉ BERNARDO TAGLE, GRAN MARISCAL DEL EJÉRCITO Y
JEFE SUPREMO POLÍTICO Y MILITAR DEL PERÚ, ETC., ETC., ETC.

Por cuanto el Soberano Congreso se ha servido decretar lo siguiente:

EL CONGRESO CONSTITUYENTE DEL PERÚ

Que en conformidad con lo resuelto por los soberanos decretos de 19 y 23 de  junio último, cuya circulación queda ordenada, y del expedido por el supremo jefe militar de la República, Antonio José de Sucre, en 17 de julio posterior en  que encargó el alto mando del país al Gran Mariscal don José Bernardo de Tagle, concurriendo en sus personas cuantas circunstancias se requieren para  llenarlo, se continúa al expresado Gran Mariscal en el mismo cargo, reunido  con el mando político y con todas las facultades que sean necesarias y  conducentes para cortar de raíz los males que son consiguientes a los  escandalosos acontecimientos del norte y cuantos puedan amenazar la  seguridad pública.
Tendréislo entendido y dispondréis lo necesario a su cumplimiento,  mandándolo imprimir, publicar y circular. Dado en la sala del Congreso en Lima y agosto 7 de 1823. Tiburcio José de la Hermosa, Vicepresidente.- Gregorio Luna, Diputado Secretario.- Pedro Pedemonte, Diputado Secretario.- Al jefe supremo del Estado.- Por tanto mando se guarde, cumpla y ejecute en todas  sus partes por quienes convenga. Dará cuenta de su cumplimiento el  respectivo Secretario.- Dado en Lima a 7 de agosto de 1823.- 4º.- 2º.-

José Bernardo Tagle. Por orden de S. E. Dionisio Vizcarra.

LA TERCERA

DECRETO DISPONIENDO QUE SE ENCARGUE DEL MANDO DE LA
REPÚBLICA EL GRAN MARISCAL BERNARDO DE TAGLE,
17 DE JULIO DE 1823
ANTONIO JOSÉ DE SUCRE, GENERAL EN JEFE DEL EJÉRCITO UNIDO,
LIBERTADOR DEL PERÚ


Evacuada la capital de Lima por el Ejército real, la seguridad, el orden y la  salud pública exigen depositar el alto mando del país en un jefe que con las  facultades precisas lo organice y que la ejerza con la investidura necesaria  para dar marcha a todos los negocios en tanto se vuelva a esta capital el  Supremo Gobierno de la República. En consecuencia autorizado por los  soberanos decretos de 19 y 21 de junio último, he venido en decretar:

1. El Gran Mariscal don José Bernardo de Tagle se encargará del alto  mando del país en tanto llegan los magistrados de la República.
2. Sus facultades serán organizar el territorio libertado, conforme a las  instituciones de la República, y restablecer la marcha de los negocios  públicos como se hallaban antes de la invasión de los enemigos a la  capital.

Dado en Lima, a 17 de julio de 1823.- 4°.

Antonio José de Sucre.- José de Espinar, secretario.

Por tanto ordeno y mando, que el Gran Mariscal D. José Bernardo de Tagle,  luego que llegue a esta capital, sea reconocido y otorgue el juramento de estilo  como encargado del alto mando del país, en los términos que previene la orden  que antecede y que para su efecto se imprima este decreto, se publique y  circule.

Lima y julio 20 de 1823.- 4° y 2°.

Tomás Guido.

Por mandato de Su Señoría.- José Antonio de Cobián

LA TERCERA

DISCURSO DEL PRESIDENTE DEL CONGRESO CONSTITUYENTE,
MANUEL SALAZAR Y BAQUiJANO, AL JURAR TORRE TAGLE LA
CONSTITUCIoN1
Ciudadano Presidente:
El Soberano Congreso os presenta en este Código sagrado que acabáis de jurar la ley fundamental de la Republica. Como primogénito de nuestra generación política, os comisiona para que lo coloquéis en el trono que debe regir a unos pueblos que no reconocen más imperio que el de las leyes.
Como primer magistrado os recomienda su vigilante custodia. El supremo poder que os condecora esté siempre alarmado para castigar severamente la sacrílega mano que intente dilacerar la menor de sus páginas. El lleno de tan sublime ministerio se trasmitir· a las generaciones futuras cuando recuerden que el hijo del Perú, por su reverente sumisión ante el solio de la ley y por su infatigable desvelo en su guarda, devolvió a sus pasteros ilesa la gran carta de ciudadanía de sus hermanos. ¡Oh benemérito republicano! El solemne voto que habéis pronunciado os prepara a expedir los altos deberes que os ha impuesto la soberanía.
Constituidos garantes de su ejecución vuestro honor y virtudes cívicas, la patria presagia próximas ya las felicidades que espera.


1 Obin y Aranda, Anales Parlamentarios del Perú, pág. 279

LA TERCERA

DISCURSO DEL PRESIDENTE DEL CONGRESO CONSTITUYENTE,
MANUEL SALAZAR Y BAQUiJANO, AL APROBARSE LA PRIMERA
Constitución Política DEL Perú, EL 12 DE NOVIEMBRE DE 18231


Representantes del Perú:
Os habéis reunido en este santuario de la ley, para dar el último testimonio de haber desempegado la más interesante obligación que os impusieron vuestros comitentes. Si, venís a suscribir la Constitución que acabáis de sancionar.
Por este solemne acto aparece a la faz del universo ya constituida la República Peruana: día fausto para la patria. En este momento sepúltense en perpetuo olvido aquellos malhadados en que parecía vacilar la fortaleza de nuestra soberanía, para levantar con una mano el mayor de los edificios que pueden proyectar los mortales y con otra, inflexible, luchar con las insidias y agresiones de los enemigos internos y externos. Desglásense de los fastos de este Soberano Congreso tan manchadas páginas y archívense solo para eterna memoria de incontrastable constancia. Pero, señor, funestos recuerdos no marchiten las glorias presentes. Apresúrese vuestra soberanía a prestar el sacro don que tanto anhelan los hijos del Sol; y pues alta dignación me coloca en esta primera silla, sea el primero que, firmando la gran Carta de nuestra libertad, dirija voto irrevocable al Supremo Dispensador de los derechos del hombre, de que ratificaré a su vez con mi sangre el sello que voy a estampar.



1 Obin y Aranda, Anales Parlamentarios del Perú, pág. 278.

LA TERCERA

PROCLAMA DEL CONGRESO CONSTITUYENTE, A LOS PUEBLOS DE LA
Republica, AL PROMULGARSE LA PRIMERA
Constitución Política DEL Perú, EL 20 DE NOVIEMBRE DE 1823


A todos los pueblos de la República:
Llegó el día en que recogido el fruto más precioso de la independencia, veis colmados solemnemente vuestros votos. Estáis constituidos y cada página del volumen que se os presenta dará testimonio inexcusable de la conducta de sus autores. Allí veréis si se ha procurado con el más ardiente celo afianzar vuestras libertades o si proyectos ambiciosos les han hecho conservar el puesto a que vuestra misma voluntad los elevo espontáneamente. ¡Pueblos del Perú, ante cuya opinión venerada solo deben triunfar la verdad y la justicia! En vuestro arbitrio esta decidir sobre vuestros Representantes, quienes únicamente exigen de vosotros imparcialidad en el juicio, buena fe en el examen  de los hechos que marcan su historia y un puntual recuerdo de las circunstancias en que se reunieron.
Todo ha sido dificultades y peligros. Si tornáis la vista hacia el templo de Jano, abierto en casi toda la extensión de la República, contemplaréis desgracias que en poco tiempo dieron orgullo y poder a los enemigos, y a vosotros constancia y ocasión para nuevos incesantes sacrificios; si volvéis sobre el erario, lo hallaréis tan exhausto que es inexplicable como en menos de un año se haya mandado cuatro expediciones numerosas al sur, preparándose juntamente otras tres para las provincias interiores y como pueda mantenerse hoy un Ejército cual nunca lo ha habido en el Perú; si, para consolaros de tan aciagos males buscáis la paz dentro de casa y pretendéis regocijaros en la virtud, unión y sufrimientos de varios ciudadanos, de quienes debieran de reportar mucho vuestros verdaderos intereses, os horrorizaréis al ver encendida la tea de la discordia y tendido el lazo de la seducción sobre el cuello de Éstos, y armado su brazo con el sangriento puñal de la anarquía; si, en fin, creyendo encontrar inmaculado el santuario de las leyes, queréis lisonjearos de la tranquilidad de su pronunciamiento, os sorprenderéis mirando insultada nuestra majestad en la disolución del Congreso, cerrados por la fuerza los labios de sus Diputados y profanada su inmunidad alevemente, solo porque tuvieron fortaleza en defenderos. Pues, en medio de contrastes tan terribles, la Representación Nacional, semejante a una robusta encina que no pueden desarraigar los huracanes más furiosos, se ha mantenido hasta llevar a cabo sus tareas, cumpliéndole hoy la indispensable gloria de daros Constitución; lo es sin duda, del amor más encendido por la custodia de vuestros derechos sacrosantos.
Ella declara terminantemente el gran pacto de vuestra asociación y fijando la reciprocidad del vínculo civil reclama el ejercicio de vuestras prerrogativas naturales, negando el carácter imperativo de la ley a todas las resoluciones que pudieran oponérselas. La facultad de elegir al supremo magistrado de la República, la de influir casi inmediatamente en el nombramiento de todos los agentes de la administración y el consuelo de ver turnar estas investiduras, aún entre los ciudadanos del pueblo más pequeño, con tal alejamiento de pretensiones sucesorias y de clases privilegiadas para el mando están detalladas en la Carta que nadie, nadie podrá confundirlas sin pagar bien caro a vuestra justa indignación. Últimamente, los manantiales de la ilustración y de la prosperidad están abiertos; todos deben participar de los rayos de luz que difundan los establecimientos científicos; a nadie es negada la comunicabilidad del comercio, de la agricultura y de la industria; y el ingénito poder de revelar sus pensamientos, de trasmitirlos a la posteridad, de robustecer por medio de ellos el espíritu público y de congratularse con la alabanza que merezcan, está asegurado sobre bases tan sólidas, cuanto pura es la sustancia de donde dimanan.
De vosotros depende, pues, el que sean fructuosas estas fuentes de felicidad; que desde luego conseguiréis si repasáis asiduamente la tabla fundamental que las consagra; si pesáis vuestros derechos al fiel exacto de las leyes; y si los sostenéis con toda la dignidad de hombres libres, uniéndoos contra el sacrílego que osare subvertirlos. Porque, cómo es posible, si vosotros no queréis, que un miserable tirano, apoyado en unas cuantas bayonetas, os oprima. Importaría lo mismo que la parte fuese mayor que el todo o que un soldado pudiese más que un ejército. Pero, también son necesarias las costumbres; sin ellas es vago el nombre de República y en lugar de la moderación, del valor de la observancia a las leyes, del amor a las instituciones liberales y del puro y acendrado patriotismo, dividirán vuestros corazones el espíritu de pretensión, la cobardía, la inmoralidad, el servilismo y la indolencia aún al ver organizar la patria. Mucho cuesta a un pueblo gobernarse por sí mismo; ardua es la senda por donde tenéis que conduciros para llegar al término de vuestros deseos. Más, todo es fácil, si os empeñáis en dar al mundo el ejemplo de que habiendo sido los últimos pueblos de América en pronunciar su independencia, no lo sois en constituiros establemente por vuestras virtudes; la dirección del genio de la América consumara la grande obra de vuestra emancipación.
Si vosotros recogéis los frutos que ofrece este acto recompensadas están sobreabundantemente las tareas del Congreso; bien sufridas las persecuciones de vuestros Representantes y satisfechas todas sus aspiraciones.

El Dios de la verdad es testigo de estos votos.

Sala del Congreso, en Lima a 20 de noviembre de 1823.


Manuel Salazar y Baquijano, Presidente.- Manuel Muelle, Diputado Secretario.- Miguel Otero, Diputado Secretario.

viernes, 2 de agosto de 2013

LA TERCERA

REPRESENTACIÓN A LAS CÁMARAS REPRESENTATIVAS DEL PERÚ
POR DON JOSÉ DE LA RIVA-AGÜERO, GRAN MARISCAL
Y EX PRESIDENTE DE AQUELLA REPÚBLICA1


Señor:

El ciudadano José de la Riva-Agüero, Gran Mariscal y ex Presidente de la República, con el debido respeto parezco y digo: que cuando a consecuencia del soberano decreto, que me permitía restituirme a mi patria, creí terminados los padecimientos y angustias de más de siete años de expatriación, me hallo aun retenido arbitrariamente con mi familia y sin recursos en un país extraño. Víctima antes de la traición de un oscuro subalterno, a quien colmé de honores con que se allanó el camino del crimen, lo soy ahora de su impunidad. La Fuente, que el 25 de noviembre de 1823 ató vilmente al Poder Ejecutivo; La Fuente, que a consecuencia de la gloriosa reacción del 26 de enero se ofreció a Sucre para volver a destruir la independencia; La Fuente, que el 5 de junio del año anterior depuso al gobierno constitucional a quien había jurado y obedecido, y que volvió a poner el Perú a disposición de Bolívar del mismo modo que cuando me remitió cargado de cadenas a Colombia para que allí me fusilasen; La Fuente, revestido hoy de la magistratura, que él mismo se ha dado, y con la que cubre de oprobio a la nación que oprime, ha hecho vano aquel soberano decreto, porque es él quien impera y dispone de los destinos de la nación, y yo he vuelto de nuevo a ser el objeto de sus persecuciones y calumnias. Si a esta falta de cumplimiento del soberano decreto puede agregarse otra, sólo es la inconsecuencia que resulta de los nuevos documentos con que acompaño esta representación, por cuya razón no me detengo a examinar la coacción en que se halla el general Gamarra, o la causa de su contradicción manifiesta.
Es evidente, que La Fuente para sostener sus crímenes se ha sobrepuesto no solamente a las leyes, sino lo que es más absurdo, ha tratado de burlarse de la soberanía y de la voluntad general de los pueblos. Las repetidas monstruosas infracciones de la Constitución y las intrigas que ha fraguado para destruirla, haciendo suscribir peticiones para formar una Convención a su amaño y despotizar por este medio más ampliamente al Perú, son pruebas manifiestas de que la Carta Constitucional no le ha servido sino de un espantajo para cometer a su sombra nuevos atentados y desórdenes. Con justicia ha dicho un sabio moderno, que todo gobierno que se halla inquieto sobre su existencia es desconfiado y que el uso más legítimo de la libertad lo espanta, por lo que se ve en la necesidad de emplear la astucia y recurrir al fraude; en fin, que él aspira a lo arbitrario como a su único medio de salud.
La Constitución exige que el Poder Ejecutivo preste juramento de obedecerla, y el criminal Fuente, habiéndolo hecho al ejercer ese poder, ha maniobrado con la mayor impudencia para destruirla. El soberano Congreso no puede ignorar el cúmulo de intrigas con que en todas las provincias ha procurado sembrar la anarquía e incitar a la sedición contra la Carta y Honorables Representantes de la nación, ya difamándolos, ya presentando la ley fundamental como inadaptable e incapaz de regir. Comprueban esta verdad los periódicos asalariados por el gobierno, si este nombre puede darse al que se apodera del mando con el puñal en la mano, y si es posible confundir los libelos infamatorios, especialmente el titulado el Eventual, con los escritos y periódicos de las naciones civilizadas. En una palabra: la guía, que parece haber adoptado el gobierno del Perú, ha sido la marcha arbitraria anárquica e insustancial del tirano de Colombia. Véase el estado a que ésta se halla reducida y medítese el que se le prepara al Perú, si continuase por más tiempo la tiranía que sostiene la impunidad de la más horrible e inicua traición.
El Perú, señor, al sacudir el yugo de España no preveía que sufriría un día otro más ignominioso y ridículo. Menos podía haberse figurado que en un gobierno popular representativo quedasen las instituciones al arbitrio de un tumultuario, que, revistiéndose de la primera magistratura, se sobrepusiese a la Representación Nacional e hiciese ilusoria la independencia y libertad. Esos mismos pueblos hoy escandalizados, confundidos y absortos, deplorando su lamentable situación, vuelven sus ojos al Congreso para que los redima del despotismo y no cesan de pedirme que vuele al Perú para ayudarlos en la empresa de sacudirse de la tiranía.
Nada de esto es extraño cuando palpan la ausencia de las garantías sociales que les concede la Constitución, y que en su lugar ven que sin previo juicio se destierra a los ciudadanos, se persigue, calumnia e insulta al patriotismo y, en fin, la guerra que se hace a la Carta y a los derechos del hombre. Es igualmente notorio que las elecciones de los colegios electorales han sido sofocadas o violentadas escandalosamente, llegando hasta el exceso de hacer anular actas porque en ellas era elegido yo. Mi delito, señor, no ha sido otro que haberme opuesto a que Bolívar esclavizase al Perú; y si este es crimen, o hay alguno otro que se me atribuya, ¿por qué no se me juzga, como lo tengo solicitado? ¿Existen por ventura leyes, existe nación, donde un traidor oscuro y miserable basta para sobreponerse a cuánto hay de más sagrado en la sociedad?
¡Pluguiera al cielo que yo solo y mi familia fuésemos las víctimas! Más por desgracia no es así: la Representación Nacional tiene a la vista el Perú convertido en esqueleto. La Constitución, en que los pueblos veían fijada su independencia, su libertad y su futuro engrandecimiento, dejó de existir, y para mayor vergüenza sólo vive aquella parte con que se han creído poder afirmar los resultados de una conspiración. El Gobierno obra de ésta, después de destruidas todas las garantías y de sacrificadas mil víctimas, se consolida por negras maquinaciones en las elecciones populares. La deuda nacional se aumenta cada día considerablemente con los dividendos y el tesoro público sirve únicamente para sostener a las personas apoderadas del mando, y los vicios y prostitución con que desmoralizan y cubren de oprobio a la nación.
Aún en estas circunstancias, y llamado de todos los ángulos de la República para salvarla del yugo ignominioso que la oprime y envilece, he querido más bien ser yo mismo una de las víctimas que ponerme a la cabeza de una reacción que, por gloriosa que fuese, podría atribuirse acaso a miras personales, o hacer dudosa la protesta que tantas veces he hecho de no admitir jamás cargo alguno. Diré aquí con el célebre Droz ─“Feliz el que puede decirse al acabar su carrera: con talentos
superiores yo habría tenido más influencia, yo habría sido más útil, pero he hecho todo el bien que he podido”. Yo debo repetirme esto para consolarme y limitarme en mis circunstancias a llorar los males que, como a Colombia, van a destruir hasta los restos del Perú, si la energía de la Representación Nacional no los salva.
Ella solo debe restituir en esta vez al Perú su honor, su independencia y su libertad. El reciente ejemplo de lo que acaban de hacer en Francia sus Cámaras Representativas con menos motivos, y la conducta del Ejército en aquellas tan críticas circunstancias, hace ver que el del Perú no desconocerá sus deberes y ayudará gustosamente a reedificar el solio de las leyes y de la libertad. Los ilustres militares peruanos conocen bastante la diferencia que hay entre la subordinación militar y el hacerse instrumentos de la tiranía y de la traición; así, al considerar los riesgos en que se halla la salud de la patria y que la obligación de obedecer al gobierno tiene sus límites, se apresurarán a mostrar a las Cámaras Representativas, que no son menos ilustrados y patriotas que los trescientos mil militares franceses que se declararon a favor de su Constitución y garantías sociales.
Siendo, pues, la obligación de los pueblos la de respetar a la legítima autoridad constitucional, ejercida por el Poder Ejecutivo, es evidente que cuando falta la legitimidad, y además se agrega el delito de infringir el pacto nacional hasta el extremo de convertirse el gobierno en su destructor, quedan los pueblos autorizados para desobedecerlo; y este es el caso de la acción popular. Ellos palpan que hay una notoria coacción respecto a la observancia de la Constitución y ven, por otra parte, los obstáculos que se han opuesto para que sea reunida la Representación Nacional, pues debiendo estar instaladas las Cámaras desde el 29 de julio, según el artículo 34 del título 4º, no se ha verificado hasta la fecha. De esto resulta que hay graves obstáculos cuando no se han reunido y así lo creen los pueblos que ven en sus Representantes, vilipendiados por el Poder Ejecutivo, el preludio de nuevos trastornos para conducirlos a la Convención o esclavitud que se les prepara.
Volviendo, señor, a implorar de la Representación Nacional que haga justicia, reproduzco todo cuanto tengo dicho en mi Exposición, Memoria, Suplemento a  ésta, y en la nota que dirigí al gobierno en 30 de abril del presente año, y de que acompaño copia en el apéndice. La coacción en que Fuente ha colocado a las autoridades de la nación que debían hacerme justicia, o más claro, siendo el lobo quien deba oír el reclamo de su oveja destinada al sacrificio, no es extraño que el Ministerio de Gobierno haya desoído mis reclamaciones para que se me devuelvan mis papeles y documentos privados, así como una cantidad de dinero de que he sido despojado por La Fuente, sin que hasta el día sepa con que autoridad ha procedido a quitarme la propiedad más sagrada que tiene el hombre, cual es la de sus papeles privados. A la sabiduría de las Cámaras Representativas no se oculta que este es un atentado que ni en Constantinopla se permitiría a ninguna autoridad subalterna y menos a un coronel como lo era La Fuente en el tiempo que se apropió de mis papeles y persona. Señor: el descaro, con que ese malvado sostiene todos estos y demás excesos, ha hecho que por todas partes se diga que en el Perú no existe República, ni hay gobierno, porque en ninguno en que hay Constitución se tolera tan atroz injusticia; pues la Representación Nacional dejaría de serlo si no corrigiese a los malvados, y oyese a las víctimas que estos inmolan a su rapacidad e insolencia. En el sentir de los más célebres publicistas se disuelve el orden social cuando la tiranía llega al punto que las propiedades no son respetadas y se ultraja el honor del ciudadano. Este es el caso en que me hallo; pues como dice un respetable autor –“Cuando un hombre poderoso me haya hecho víctima de un acto arbitrario, seguramente tengo derecho de perseguir este delito por todos los medios que podrán darme las leyes, y mi valor”.
El gobierno representativo requiere esencialmente que sus Representantes no sólo estén animados de sentimientos de probidad y de patriotismo, sino que su firmeza sea tal que nada les impida desplegar la energía necesaria y arrostrar todo peligro antes que tolerar que se amenace la libertad de la patria, ni los derechos y seguridad del ciudadano. Sin esa noble resolución patriótica las repúblicas no podrían existir sino en el nombre, mientras que en la realidad sería el despotismo el que se sustituyese bajo la salvaguardia de las formas representativas. ¡Que no se crea ni remotamente, señor, que yo dude ni un instante de que en las actuales Cámaras Representativas del Perú falten aquellas virtudes y valor para desempeñar el augusto cargo que les ha sido confiado por los pueblos! Por el contrario, penetrado de su civismo, luces y circunstancias, me dirijo a la soberanía, con todo el respeto y confianza que me prestan las virtudes de los padres de la patria e inviolabilidad de sus personas. Si yo no estuviese persuadido de la justificación y patriotismo del Congreso, podía confundir las consecuencias de la injusticia hecha conmigo y desde luego pediría que, con arreglo al artículo 154 del título 9º de la Constitución, se me permitiese sacar mis bienes del territorio peruano, y dejarme en actitud de elegir otro en que vivir bajo la protección de las leyes y de las garantías que disfruta todo ser racional en los gobiernos representativos. No hay pues medio: o se me debe juzgar con arreglo a las leyes, y estas condenarme, o reparar tantos ultrajes, perjuicios y padecimientos, o la falta de estos principios echará un borrón sobre la historia del Perú. Las privaciones, inconsecuencias y calumnias me harían en este caso sentir el que Bolívar no hubiese conseguido hacerme asesinar en Guayaquil, como lo dispuso en orden especial al general Paz del Castillo, que amistosamente la suspendió hasta que se presentase en el río, como se decía, el vicealmirante Guise, que creían iba a libertarme. Ese asesinato, señor, no era menos cruel que el que experimento en siete años de expatriación y cargado de todo el cúmulo de desgracias que ésta me ha ocasionado. Por todo lo expuesto─
A la Soberanía Nacional suplico que se digne hacerme la justicia debida, ordenando al mismo tiempo queden emplazadas al juicio correspondiente, afianzando la calumnia, las personas que me acusan y que se han opuesto al cumplimiento del decreto de la Soberanía; justicia que espero alcanzar de su notoria justificación. Valparaíso 30 de noviembre de 1830.
Joseph de la Riva-Agüero

Otro si ─Pido y suplico a la Soberanía se sirva ordenar que mis documentos, papeles propios y privados, sean entregados bajo de formal inventario a mi hermana, así como el dinero que por igual exceso se me despojó por el traidor Fuente; justicia que espero &c.
Joseph de la Riva-Agüero.

Otro sí ─Suplico que la Soberanía se sirva ordenar a la autoridad correspondiente se me expida el respectivo pasaporte para regresar inmediatamente a mi país &c.
Joseph de la Riva-Agüero.



1 Santiago de Chile, Imprenta Republicana, 1830. Reproducido por de la Puente Candamo, José A.; Deustua Pimentel, Carlos, Archivo Riva Agüero, págs. 817-846. Colección documental de la independencia del Perú, tomo XVI, Comisión Nacional del Sesquicentenario de la Independencia del Perú, Lima, 1976. 

LA TERCERA

SE Dispone LA PERSECUCI0N DE RIVA Agüero
Y SE PREMIA A QUIEN LO APREHENDIERA VIVO O MUERTO
D. José BERNARDO TAGLE, PRESIDENTE DE
LA Republica DEL Perú.

Por cuanto el Soberano Congreso se ha servido decretar lo siguiente:

En consecuencia del decreto de 8 del presente en que se declaró a don José de la Riva Agüero reo de alta traición y sujeto al rigor de las leyes por el horroroso atentado cometido en Trujillo contra la Representación Nacional y por los enormes delitos con que notoriamente ha marcado su administración desde que usurpa el mando supremo de la República, erigiéndose en tirano de ella;

Ha venido en decretar y decreta:

1. Que todas las autoridades de la República y súbditos de ella de cualquier calidad que sean son obligados a perseguir a Riva Agüero por todos los medios que estén a su alcance.
2. Que al que lo aprehendiere vivo o muerto se le considere como un benemérito de la patria y el Gobierno le conceda los premios a que se hace acreedor el que libra al país de un tirano.

Tendreislo entendido y dispondréis lo necesario a su cumplimiento, mandándolo imprimir, publicar y circular. Dado en la sala del Congreso en Lima a 19 de agosto de 1823. 4º y 2º.- Justo Figuerola, Presidente.- Gerónimo Agüero, Diputado Secretario.- Manuel Ferreyros, Diputado Secretario.


Por tanto ejecútese, guárdese y cúmplase en todas sus partes por quienes convenga Dara cuenta de su cumplimiento el Ministro de Estado. Dado en Lima a 19 de agosto de 1823.- 4º y 2º.- José Bernardo Tagle.- Por orden de S. E. El Conde de San Donas.

LA TERCERA

DECRETO DECLARANDO REO DE ALTA TRAICIÓN A
JOSÉ DE LA RIVA AGÜERO,
8 DE AGOSTO DE 1823
DON JOSÉ BERNARDO TAGLE, GRAN MARISCAL DEL EJÉRCITO Y JEFE
SUPREMO POLÍTICO Y MILITAR DEL PERÚ, ETC.

Por cuanto el Soberano Congreso se ha servido decretar lo siguiente:

EL CONGRESO CONSTITUYENTE DEL PERÚ

El escandaloso atentado cometido en Trujillo el 19 del pasado julio por D. José  de la Riva Agüero, es el mayor de los crímenes de la sociedad. Después de estar depuesto legítimamente por la Representación Nacional la ha disuelto a  la violencia, y con fuerza armada, expatriando a varios Diputados, y creando a su arbitrio un Senado de que él mismo se hace Presidente. Hecho un sacrílego usurpador del mando se ha erigido en un déspota absoluto, sin luces, sin leyes y sin más reglas que su antojo, hollando las libertades de la nación, los derechos de los hombres y todos los respetos humanos. Se ha constituido él mismo, atroz caudillo de la más funesta anarquía, y si sigue en su intento pretenderá sin duda que las tropas destinadas a perseguir al enemigo, sólo sirvan para sostener sus atentados, encarnizarlas contra sus hermanos y hacer que se acaben unos con otros. Torrentes de sangre peruana se ven correr ya, si no se corta en su raíz este mal, y los horrores más funestos enlutan el corazón al contemplarlos.
Por tanto, ha venido en decretar y decreta:
Artículo 1° Que don José de la Riva Agüero es reo de alta traición y sujeto al  rigor de las leyes.
Artículo 2° Se entenderán también comprendidos en el mismo delito y penas  así las autoridades, como los jefes, oficiales o individuos de cualquier clase que  desde la promulgación de este decreto favorezcan sus designios o le presten algún auxilio.

Tendréis lo entendido y dispondréis lo necesario a su cumplimiento,  mandándolo imprimir, publicar y circular.

Tiburcio José de la Hermosa, Vicepresidente.- Pedro Pedemonte, Diputado  Secretario.- Gregorio Luna, Diputado Secretario.

Por tanto: Ejecútese, guárdese y cúmplase en todas sus partes por quienes  convenga. Dará cuenta de su cumplimiento el respectivo Secretario.

Dado en Lima, a 8 de agosto de 1823.- 4°.- 2°.- José Bernardo Tagle.- Por

orden de S. E. Dionisio Vizcarra.

LA TERCERA

EL CONGRESO EXONERA A RIVA Agüero DE SUS FUNCIONES DE
PRESIDENTE DE LA REPUBLICA

Teniendo en consideración a lo expuesto verbalmente por el Presidente de la República a los señores Presidente y dos Diputados del Soberano Congreso, asegurándoles que estaba llano a dimitir el mando y retirarse al punto que la Representación Nacional designase; y siendo indispensable tomar las medidas necesarias para conservar la unión y activar la cooperación de todas las autoridades y ciudadanos para el grande objeto de salvar la patria y afianzar su libertad, ha venido en decretar y decreta:

1º Que el Gran Mariscal don José de la Riva Agüero queda exonerado del Gobierno.
2º Que se expida al Gran Mariscal don José de la Riva Agüero pasaporte para que pueda retirarse del territorio de la República y al punto que acordase el supremo poder militar, luego que le haya dado la instrucción necesaria sobre todo lo relativo a guerra y hacienda y dejando apoderado instruido, que responda de la residencia, según las leyes.
3º Se autoriza interinamente para el despacho del gobierno en los lugares que no sirven de teatro a la guerra al Ministro de Estado en el departamento de Gobierno y Relaciones Exteriores, al doctor don Francisco Valdivieso.

Tendréis lo entendido y dispondréis lo necesario a su cumplimiento, mandándolo imprimir, publicar y circular. Dado en el Callao a 23 de junio de 1823.- 4º y 2º.- Justo Figuerola, Presidente.- Jerónimo Agüero, Diputado
Secretario.- Martin de Ostolaza, Diputado Secretario.-

Al supremo jefe militar de la República.

LA TERCERA

LEY DECLARANDO QUE JOSÉ DE LA RIVA AGÜERO
HA CESADO EN EL MANDO DE LA REPÚBLICA,
22 DE JUNIO DE 1823
EL CONGRESO CONSTITUYENTE DEL PERÚ

Atendiendo a los decretos de 19 y 21 del que rige acerca de la creación de un
Supremo Poder Militar, revestido de todas las facultades necesarias para salvar al Perú del actual peligro;

Ha venido en declarar y declara:

Que el Presidente de la República D. José de la Riva Agüero ha cesado en el  ejercicio de sus funciones en los puntos que sirven de teatro a la guerra.

Tendréislo entendido, dispondréis lo necesario a su cumplimiento, mandándolo imprimir, publicar y circular.

Dado en el Callao, en la sala de sesiones, a 22 de junio de 1823.- 4° y 2°.
Justo Figuerola, Presidente.- Jerónimo Agüero, Diputado Secretario.- Martín de  Ostolaza, Diputado Secretario.-

Al Jefe Supremo Militar de la República.

LA TERCERA

PROCLAMA DEL PRESIDENTE DEL PERÚ,
JOSÉ DE LA RIVA AGÜERO
A LOS PUEBLOS DEL PERÚ, EL 28 DE FEBRERO DE 1823

Compatriotas:
Me habéis colmado de honra al concebirme digno de tomar las riendas del Gobierno. Yo no me considero con las aptitudes que exige el mando supremo del Estado, y mucho menos en las presentes circunstancias. Ellas no ofrecen sino obstáculos que para superarlos se necesitan nuevos sacrificios. Estos son soportables cuando los pueblos están penetrados de la utilidad que les resulta, y de lo que pueda la unión, la confianza y, en una palabra, el patriotismo. Con vuestras virtudes y auxilios, con el valor del Ejército y la militar pericia de sus dignos jefes y oficiales, con nuestra recomendable Marina, y con la sabiduría del Congreso, no creo corresponder mal a vuestra confianza. Si fomentamos los nobles sentimientos que inspira el amor a la patria y la libertad, y desaparecen de entre nosotros las odiosas distinciones de colombianos, chilenos, argentinos y peruanos con que algunos han pretendido dividirnos; nada podrán contra el Perú esas hordas errantes de satélites de la tiranía. Que no se nos conozca, pues, por otro nombre que por el de americanos; y que desde este día no haya uno sólo que no se aliste y discipline, bajo el estandarte de la República, por si alucinado el enemigo con las ventajas efímeras que acaba de conseguir, intenta aproximarse a nuestros muros. La independencia no puede fracasar estando desnudas las espadas de sus valientes defensores.
Peruanos:

Reuníos al Ejército, obedeced a vuestros jefes y la patria será enteramente libre. Los sucesos desgraciados no arredran a los valientes, antes bien les sirven de lecciones saludables. No perdamos los instantes convencidos de que no nos resta que elegir entre la muerte y la libertad. Habéis jurado defender la de nuestro territorio; acreditadlo nuevamente con aquel heroico entusiasmo de que dieron tan singular ejemplo, los que tuvieron la fortuna de hallarse en la capital el memorable 7 de setiembre. Los mismos somos: defendemos los mismos derechos e intereses; sostengámoslos, pues, con firmeza, y puedo aseguraros que está bien cerca el día de las glorias de la patria, y del exterminio de sus bárbaros y crueles enemigos.

LA TERCERA

EL CONGRESO NOMBRA A RIVA AG‹ERO MARISCAL
Y LO AUTORIZA A USAR LA BANDA BICOLOR
EL SOBERANO CONGRESO CONSTITUYENTE DEL PERU


Nombra Gran Mariscal de los Ejércitos de la República al Presidente don José de la Riva Agüero.

El Presidente usara la banda bicolor, como distintivo del Poder Ejecutivo que administra.

Lo tendrá entendido el Poder Ejecutivo para su cumplimiento y lo mandara imprimir, publicar y circular. Dado en la sala del Congreso en Lima, a 4 de marzo de 1823.- 4º.- 2º de la República.- Nicolás de Aranibar, Presidente.- Mariano Quesada y Valiente, Diputado Secretario.- Gregorio Luna, Diputado Secretario.

LA TERCERA

SESIÓN DEL SÁBADO 1 DE MARZO

Aprobada el acta anterior, se dio cuenta de los oficios dirigidos por el general Santa Cruz, a nombre del Ejército del Centro, y la Municipalidad, en que manifiestan la gratitud y respeto al Soberano Congreso y la satisfacción que le ha merecido el nombramiento de Presidente de la República hecho en el Excelentísimo señor don José de la Riva Agüero y, habiéndose oído con agrado, se acordó su impresión en la Gaceta oficial, y que se les contestase por la Secretaria.
El señor Pezet indicó la necesidad de que, en consecuencia de dicho nombramiento y juramento prestado por el referido señor Excelentísimo, se hiciesen las mismas demostraciones de solemnidad que se habían practicado en iguales casos, y expidiesen en el día el respectivo decreto, como desde luego se verificó ordenándose:
1° Que a las diez de la mañana del 2 del corriente se reúnan en el salón de recibimiento de Palacio todos los generales y oficiales del Ejército y Armada, las autoridades civiles, militares y eclesiásticas, y todas las corporaciones de la capital, a reconocer al Presidente de la República.
2° Que concluido este acto pasen a la Santa Iglesia Metropolitana con el Presidente, donde se celebrará una misa en acción de gracias, entonándose el Te Deum; en cuyo acto se hará en la plaza mayor una salva de 21 cañonazos que se repetirá en la del Callao y buques de la Armada Nacional una hora después.
3° En las noches de los días 1, 2 y 3 habrá iluminación y repique general en la ciudad.
4° Que las mismas solemnidades se practiquen en todo el territorio del Estado, con arreglo a las circunstancias de cada población.
Consecutivamente se leyó el dictamen de la Comisión de Justicia sobre la confinación de los religiosos de la Buenamuerte con motivo de haberse solicitado por el P. José Cayro se le pusiese en libertad, y en conformidad a lo que opinó dicha Comisión se resolvió, que respecto de no aparecer la causa legalmente comprobada, cuya excepción contenía el soberano decreto expedido por la restitución de los americanos, debía considerarse comprendido el anunciado P. Cayro en la amnistía y ponérsele en libertad, apercibiéndolo a la subordinación y obediencia debida al prelado, sin perjuicio del conocimiento legal que corresponda sobre el nombramiento del provincial, con arreglo a las instituciones de la orden por el caso de vacante, de cuya providencia se instruyese el gobernador del Arzobispado.
Asimismo se leyó la representación del Diputado don José María del Piélago en que, por sus enfermedades que le obligaban a tomar otro temperamento, solicitaba se le concediesen dos meses de término. Se accedió a su solicitud, haciendo uso de la licencia dentro de seis u ocho días. Se levantó la sesión pública y siguió el Congreso en secreta.

Nicolás de Aranibar
Presidente

Mariano Quezada y Valiente

Diputado Secretario

LA TERCERA

ACTAS DEL PRIMER CONGRESO CONSTITUYENTE DEL PERÚ1
SESIÓN DEL JUEVES 27

Leída y aprobada el acta anterior se leyeron las representaciones de algunos jefes del Ejército, pidiendo la división de Poderes, y que el Congreso nombrase para que desempeñase el Ejecutivo al coronel don José de la Riva Agüero y las contestaciones que por resolución del Congreso se les había dirigido.
El señor Pezet pidió se leyese, igualmente, la representación de don Mariano Tramarria. Contestó el señor Mariátegui que a los ciudadanos sólo les era permitido presentar al Congreso recursos de petición individual, que el de Tramarria no era de esta naturaleza; que por el contrario con él se infringía una resolución del Congreso y que sólo por obedecer la orden del señor Presidente lo había recibido, y dado cuenta en secreta. Le apoyó el señor Argote y, sin embargo de la contradicción del señor Morales, no se acordó leerlo.
Antes de entrar en materia pidieron los señores Ferreyros, Colmenares, Mariátegui, Luna Pizarro y Arellano no procediese el Congreso a tomar resolución por la falta de libertad en que se hallaba, habiendo sido de opinión contraria los señores Morales, Rodríguez (don Antonio), Miranda, Cárdenas, La Hermosa y Ostolaza; los que pidieron se accediese a la solicitud de los jefes y se procediese a nombrar para ejercer el Poder Ejecutivo a la persona designada en la representación. El señor Pedemonte (don Carlos), opinó que tanto por haber perdido ya la Junta de Gobierno su opinión notoriamente malquistada justa o injustamente en el pueblo, como por lo que en la noche anterior habían expuesto los ministros acerca de las ningunas providencias que había tomado, ni pensaba tomar sobre los movimientos del Ejército, debía ser disuelta y residenciada; pero que para proceder a la elección de nuevo Gobierno carecía el Congreso de la libertad necesaria.
El señor Luna Pizarro presentó el siguiente voto: “No teniendo libertad bastante en las actuales circunstancias para deliberar en un negocio de que depende la salvación del pueblo peruano. 1° Es mi voto que mientras la Fuerza Armada no sobresea de sus pretensiones, que necesariamente envuelven la coacción del Congreso, no se delibere en la materia. 2° Que serenada la actual tormenta desde luego proceda el Congreso con conocimiento de causa y la detención debida a variar el gobierno, si lo tuviese por conveniente y resuelva lo que estime más oportuno para la salud de la patria. 3° Que debiendo protestar contra toda violencia o miedo grave, protesto de mi parte contra la que siento en el día, declarando que en conciencia no puedo dar otro voto que el presente. Lima y febrero 27 de 1823. Xavier de Luna Pizarro, Diputado por Arequipa.- El que suscribieron los señores Piélago, Mariátegui, Quezada, Zárate, Mendoza, Soto, Arellano, Andueza, Figuerola, Rodríguez (don Francisco), Iriarte, Argote, Ferreyros, Navia Bolaños, Forcada, Otero y Muñoz.
Asimismo, el señor Arce (don Mariano) presentó el siguiente: “Desde la representación hecha al Congreso por los jefes del Ejército del centro no ejerzo libremente la diputación nacional o, lo que es lo mismo, solo soy un simulacro de Representante del Perú y juzgo que el Congreso sólo es un simulacro; cualquiera determinación suya no es libre ni legal, por consiguiente protesto que no ejerzo la representación. Si el poder militar puede por sí salvar el Perú, hágalo en hora buena que la necesidad (y no un consentimiento coactiva y no libre ni legal) le dará legitimidad. Tampoco puedo concebir cómo un solo ciudadano se hace representante de toda la capital y hace en esta suposición un memorial al Congreso.
El señor Colmenares presentó el suyo sufragando por el retiro de la tropa a su campamento, sin que se pueda prestar sufragio en las demás proposiciones por falta de libertad.
El señor Unanue presentó las siguientes proposiciones, que fueron admitidas a discusión:
“A fin de evitar las funestas consecuencias que puedan resultar de la división de anarquía que amaga, pido:
1° “Que el Ejército se retire inmediatamente a sus cuarteles”.
2° “Que la Junta Gubernativa comisionada por el Congreso vuelva a su seno”.
3° “Que quede encargado interinamente de la administración del Poder Ejecutivo el jefe de mayor graduación, hasta que la Representación Nacional delibere definitivamente en la materia”.
Estando en la discusión se presentó el Ministro de Gobierno a dar razón de las providencias tomadas por la Junta por lo respectivo a las secretarías de que está encargado, e hizo una circunstanciada relación de todas las disposiciones y medidas tomadas sobre el particular, de las órdenes libradas a los presidentes de departamento abriendo empréstitos de dinero y víveres necesarios para el Ejército que debía marchar, del acopio de ingentes sumas de útiles para la tropa y de la plata labrada de iglesias colectada para amonedarla.
Continuó la discusión pendiente y después de un vivo debate fueron aprobadas las proposiciones y se mandó extender la correspondiente minuta de decreto, habiéndola aprobado el Congreso, se levantó la sesión.
Nicolás de Aranibar, Presidente; F.J. Mariátegui, Diputado Secretario; Mariano Quezada y Valiente, Diputado Secretario.

1 Gustavo Pons Muzzo y Alberto Tauro, Primer Congreso Constituyente del Perú, págs. 287- 289. Colección documental de la independencia del Perú, tomo XV, vol. 1°, Lima, 1973.



LA TERCERA

EL CONGRESO CONSTITUYENTE ENCARGA LA ADMINISTRACIÓN DEL
PODER EJECUTIVO AL JEFE MILITAR DE MAYOR GRADUACIÓN


La Suprema Junta Gubernativa del Perú comisionada por el Soberano Congreso Constituyente:

Por cuanto él mismo ha decretado lo siguiente:

EL CONGRESO CONSTITUYENTE DEL PERÚ

Deseando consultar la tranquilidad de la República,

Decreta:

1. Que el Ejército se retire inmediatamente a sus cuarteles.
2. Que la Junta Gubernativa comisionada por el Congreso vuelva a su seno.
3. Que quede encargado interinamente de la administración del Poder Ejecutivo el jefe de mayor graduación, hasta que la Representación Nacional delibere definitivamente en la materia.
4. El actual Poder Ejecutivo queda encargado de comunicarlo al jefe que designa el artículo anterior.

Tendréislo entendido y dispondréis lo necesario a su cumplimiento, mandándolo imprimir, publicar y circular. Dado en la sala del Congreso en Lima, a 27 de febrero de 1823. 4º de la independencia.- 2º de la República.-

Nicolás de Aranibar, Presidente.- Mariano Quesada y Valiente, Diputado
Secretario.- F. J. Mariátegui, Diputado Secretario.

Por tanto, ejecútese, guárdese y cúmplase en todas sus partes por quienes convenga. Dará cuenta de su cumplimiento el Ministro de estado en el departamento de Gobierno.- Dado en el Palacio de la Junta Gubernativa en Lima, a 27 de febrero de 1823.- 4º de la independencia.- 2º de la República.-


José de la Mar- Felipe Antonio Alvarado.- Manuel Salazar y Baquíjano.- Por orden de S. E. Francisco Valdivieso.

LA TERCERA

DISCURSO DEL PRESIDENTE DEL CONGRESO CONSTITUYENTE,
CARLOS PEDEMONTE, AL INICIARSE LA DISCUSION DE LA PRIMERA
CONSTITUCION POLITICA DEL PERU, EL 28 DE ABRIL DE 1823

Amaneció, por fin, señores, el día suspirado por los pueblos, en que reunidos los dignos Representantes de la nación peruana van a dar principio a las gloriosas tareas de constituir su ser político. Tareas que aunque carecen del aparato bullicioso con que la Fuerza Armada arroja de un territorio la dominación injusta que lo oprime, son, en cambio de eso, tanto más importantes cuanto que ellas solas presentan al ciudadano el verdadero objeto de sus sacrificios y la inapreciable felicidad que ellos le valen. Un país, libertado de la tiranía, no ha hecho otra cosa que derribar el terrible muro que la ambición de los gobernantes ofrece de ordinario a la prosperidad de los pueblos; más esta no se logra con solo haber removido los impedimentos de obtenerla. Indispensables son, cierto, y muy costosas, las fatigas del labrador que roza las malezas de un terreno y que arrancados de raíz los robustos espinos que le cubren le hace capaz de recibir de cualquier cultivo. Pero, si esto no siguiese ¿Cuál sería el premio proporcionado a sus sudores? La tierra viciosa abortaría en breve nuestras plantas, más perniciosas, tal vez, que las primeras; y tanto sudor, tantas fatigas y sacrificios tantos, solo habría servido para mudar la faz del terreno, pero de ningún modo para mejorarle. ¡Qué suerte tan semejante corren los Estados y los campos! …estos, sin cultivo son del todo estériles y tal vez gravosos a sus mismos dueños; aquellos, sin leyes son absolutamente infecundos en bienes sociales y las más veces ominosos a la misma felicidad de los ciudadanos.
Un país independiente, vuelvo a decirlo, por el simple hecho de ser libre, no es todavía para sus moradores una patria. Este nombre sagrado no le vincula jamás nación alguna al territorio en que nos fija nuestra elección o la naturaleza. Patria es una asociación de individuos, formada bajo leyes justas que aseguren los derechos imprescriptibles de cada uno y le dejen expedito para ser feliz cuanto pueda sufrirlo el bienestar de los demás. Por apartarse de estas nociones exactas han visto los pueblos, con dolor, en las épocas de sus revoluciones, profanarse este título augusto para perturbar a su sombra el orden público, atropellar ajenos derechos, satisfacer pasiones y consagrar todo el que quiere sus caprichos.
Necesario es, pues, y muy debido a las nobles virtudes del pueblo peruano, precaverle a tiempo del funesto escollo en que el deseo ardiente de la libertad suele estrellarse cuando no hay una patria. Y pues, aún sin haberla, hemos admirado más de una vez hermanadas perfectamente la subordinación más arreglada con el entusiasmo más exaltado, fenómeno tan raro en los tiempos de convulsiones civiles, ¿cuánto no debemos lisonjearnos desde ahora de su respeto y obediencia a la ley fundamental del Estado sobre lo que puede cada uno elevar sin trabas hasta el cielo el edificio de la fortuna? Tanto importan ¡oh ciudadanos! Las gloriosas tareas de vuestros Representantes, en el arduo empelo a que hoy entramos. Hónrese, en buena hora, con gratitud eterna, el valor y los esfuerzos de nuestros libertadores; pero quede reservada a nosotros la satisfacción de hacernos conocer y gustar los deliciosos frutos de nuestra libertad. Repitámoslo otra vez: un país independiente puede muy bien ser desgraciado; pero una nación bien constituida no puede dejar de ser feliz.

¡Padres de la patria! Constitución quiere y necesita el pueblo: comencemos dársela. En ella solo contempla afianzados sus derechos y enfrenada por leyes sabias la peligrosa libertad de gentes irreflexas. Cuanto más retardemos, desde hoy, la sanción de esta carta sagrada, más aventurados ve el ciudadano sus sacrificios y los bravos militares adquieren más derecho para demandarnos el precio de su sangre. Entremos con ellos en la honrosa competencia de llegar primero al término de nuestros trabajos. La campaña decisiva ya va a abrirse; plegue al cielo que cuando destruido el último enemigo vengan nuestros victoriosos guerreros a decirnos: Esta conquistada nuestra independencia podamos responderles también está constituida vuestra patria.

LA TERCERA

PROCLAMA DE LA JUNTA GUBERNATIVA DEL PERU
LA JUNTA SUPREMA DE GOBIERNO A LOS PERUANOS

Peruanos:
Desde que el pueblo nos honra con su confianza, poniendo en nuestras manos las riendas del Gobierno, resolvimos acreditar no con palabras sino con hechos nuestro celo patriótico y nuestro puro y ardiente voto por la felicidad de la Republica. Todo se dispuso; todo anunciaba próxima su salud; pero el cielo quiso retardarla.

Conciudadanos:
El Ejército va a emprender nuevas operaciones. Un aliento sobrenatural le anima, porque tiene que vengar una nueva injuria. El sol del Perú no puede ya sufrir un eclipse total; las nubes que pasan bajo de Él lo ocultaran parcialmente un momento, para presentarlo luego con mayor resplandor.
Los enemigos hacen esfuerzos extraordinarios como convulsiones de un cuerpo que se disuelve, envolviendo en sus ruinas a nuestros desgraciados hermanos, que solo esperan el impulso de nuestros brazos para romper sus cadenas. Ahora es cuando nosotros debemos manifestar ese noble ardimiento, que solo sienten las almas libres y ese desprendimiento generoso, propio solo de republicanos. Las necesidades crecen, es verdad; los recursos escasean; pero el patriotismo tiene en sí un fondo inagotable. No penséis en los males y privaciones que son necesarios; pensad solo en los bienes inapreciables que vas a reportar: el triunfo de la causa, la independencia y la paz.
Considerad las calamidades que sufre y llora el país que ocupan los enemigos, a manera de los árabes y vándalos sus progenitores; y calculad los males que os esperan si penetrasen nuestro recinto como conquistadores.

Compatriotas:
Renovad el entusiasmo del 7 de setiembre que decidió para siempre de nuestros destinos. Corred todos a las armas; ya sabéis, por una triste experiencia, que nuestros opresores no entienden medio de tratar y convenirse sino con el cañón, suprema razón de los tiranos... y la única también que puede refrenarlos.
Ya habéis visto a vuestros hijos inflamados de espíritu marcial: reunidos a la sombra del estandarte patrio marchar a sus cantones con tanta serenidad, como si no oyesen los clamores de sus madres y esposas; y con tanta fiereza, como si ya marcharan a los combates
Loor y gloria a los beneméritos jefes y oficiales de los cuerpos cívicos, que solo respiran honor y amor de patria en los mayores peligros.
Corred todos a engrosar sus filas; a vuestro valor y lealtad esta encomendada la defensa de esta heroica y opulenta capital; no haya clase, ni distinción exenta de esta obligación sagrada; y si por desgracia hubiese alguno que la desconozca, que salga inmediatamente de nuestro seno, llevando consigo la execración, la infamia y la condenación de no volver jamás para disfrutar los días de gloria y serenidad que prepara nuestra decisión. Considerad, en fin, que si os armáis, no es para esclavizar pueblos sino para librarlos y consolarlos; no para servir a los caprichos de un ambicioso, sino para cimentar la felicidad pública sobre las bases de la libertad civil y política, a la sombra de leyes benéficas, dictadas por vuestros dignos Representantes.
Argentinos, chilenos, peruanos: corramos todos a las armas. Si, amigos, corramos a las armas, para defender la propiedad del suelo americano, el sagrado de nuestros hogares, la santidad de nuestros templos, la castidad de nuestros lechos conyugales y la reverencia del sepulcro de nuestros padres.


La Mar.- Alvarado.- Salazar.