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DORIS GIBSON PARRA Y FRANCISCO IGARTUA ROVIRA

DORIS GIBSON PARRA Y FRANCISCO IGARTUA ROVIRA
FRANCISCO IGARTUA CON DORIS GIBSON, PIEZA CLAVE EN LA FUNDACION DE OIGA, EN 1950 CONFUNDARIAN CARETAS.

«También la providencia fue bondadosa conmigo, al haberme permitido -poniendo a parte estos años que acabo de relatar- escribir siempre en periódicos de mi propiedad, sin atadura alguna, tomando los riesgos y las decisiones dictadas por mi conciencia en el tono en que se me iba la pluma, no siempre dentro de la mesura que tanto gusta a la gente limeña. Fundé Caretas y Oiga, aunque ésta tuvo un primer nacimiento en noviembre de 1948, ocasión en la que también conté con la ayuda decisiva de Doris Gibson, mi socia, mi colaboradora, mi compañera, mi sostén en Caretas, que apareció el año 50. Pero éste es asunto que he tocado ampliamente en un ensayo sobre la prensa revisteril que publiqué años atrás y que, quién sabe, reaparezca en esta edición con algunas enmiendas y añadiduras». FRANCISCO IGARTUA - «ANDANZAS DE UN PERIODISTA MÁS DE 50 AÑOS DE LUCHA EN EL PERÚ - OIGA 9 DE NOVIEMBRE DE 1992»

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«Cierra Oiga para no prostituir sus banderas, o sea sus ideales que fueron y son de los peruanos amantes de las libertades cívicas, de la democracia y de la tolerancia, aunque seamos intolerantes contra la corrupción, con el juego sucio de los gobernantes y de sus autoridades. El pecado de la revista, su pecado mayor, fue quien sabe ser intransigente con su verdad» FRANCISCO IGARTUA – «ADIÓS CON LA SATISFACCIÓN DE NO HABER CLAUDICADO», EDITORIAL «ADIÓS AMIGOS Y ENEMIGOS», OIGA 5 DE SEPTIEMBRE DE 1995

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CENTRO VASCO PERU

CENTRO VASCO PERU
UNIVERSIDAD DEL PAÍS VASCO

CENTRO VASCO LIMA

CENTRO VASCO LIMA
UNIVERSIDAD DEL PAÍS VASCO

«Siendo la paz el más difícil y, a la vez, el supremo anhelo de los pueblos, las delegaciones presentes en este Segundo Congreso de las Colectividades Vascas, con la serena perspectiva que da la distancia, respaldan a la sociedad vasca, al Gobierno de Euskadi y a las demás instituciones vascas en su empeño por llevar adelante el proceso de paz ya iniciado y en el que todos estamos comprometidos.» FRANCISCO IGARTUA - TEXTO SOMETIDO A LA APROBACION DE LA ASAMBLEA Y QUE FUE APROBADO POR UNANIMIDAD - VITORIA-GASTEIZ, 27 DE OCTUBRE DE 1999.

«Muchos más ejemplos del particularismo vasco, de la identidad euskaldun, se pueden extraer de la lectura de estos ajados documentos americanos, pero el espacio, tirano del periodismo, me obliga a concluir y lo hago con un reclamo cara al futuro. Identidad significa afirmación de lo propio y no agresión a la otredad, afirmación actualizada-repito actualizada- de tradiciones que enriquecen la salud de los pueblos y naciones y las pluralidades del ser humano. No se hace patria odiando a los otros, cerrándonos, sino integrando al sentir, a la vivencia de la comunidad euskaldun, la pluralidad del ser vasco. Por ejemplo, asumiendo como propio -porque lo es- el pensamiento de las grandes personalidades vascas, incluido el de los que han sido reacios al Bizcaitarrismo como es el caso de Unamuno, Baroja, Maeztu, figuras universales y profundamente vascas, tanto que don Miguel se preciaba de serlo afirmando «y yo lo soy puro, por los dieciséis costados». Lo decía con el mismo espíritu con el que los vascos en 1612, comenzaban a reunirse en Euskaletxeak aquí en América» - FRANCISCO IGARTUA - AMERICA Y LAS EUSKALETXEAK - EUSKONEWS & MEDIA 72.ZBK 24-31 DE MARZO 2000

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jueves, 28 de febrero de 2013


Canta claro

por FRANCISCO IGARTUA

La realidad no es
lo que aparenta ser

Lejos de aclarar el panorama político nacional, la presentación del gabinete Ferrero ante el Parlamento ha oscurecido aún más nuestra ya oscura vida política. La masiva abstención que impidió el voto de censura (aparte de tres votos de los propios interpelados) fue un gesto de respeto a la persona del doctor Carlos Ferrero, de fecunda actuación conciliadora mientras fue presidente del Congreso. No de esperanza en el equipo ministerial, de notoria baja calidad en su conjunto. Situación que ha puesto sobre el tapete la posibilidad de que el premier Ferrero resulte siendo otro fusible de Palacio. Al parecer, Toledo estaría deseoso de ser licenciado, pues no hay otra explicación a tanta torpeza para ir rebajando el nivel de sus colaboradores. En otras palabras, el Congreso se ha hecho eco del clamor ciudadano para que personalidades del nivel de Beatriz Merino y Carlos Ferrero tengan mayor participación en la selección de sus equipos ministeriales. Si esto no ocurre, la suerte del premier Ferrero está echada. Seguirá el camino de Beatriz Merino. ¿Y a dónde irá a parar nuestra inestable República?...

El tema no es, pues, lo que dijo o calló en su exposición el flamante Premier. Lo que importa es desentrañar el significado de las movidas políticas que se han producido en torno al nuevo gabinete. La más notoria, sin duda, han sido los primeros pasos del embajador del Perú en España, señor Fernando Olivera, para romper la alianza del FIM con el gobierno. Sus exigencias públicas para que el gobierno atienda una larga listó de reclamos (los mismos que la oposición ha venido haciendo desde el inicio del régimen de PP-FIM) no significa otra cosa que el propósito del señor Olivera de pasar a ser un nuevo y flamígero adversario del gobierno toledano, con la mirada puesta en las elecciones del 2006, en las que el líder fimista sueña llegar a la segunda vuelta como el abanderado del antiaprismo.

Ya la vaca del Estado ha sido bastante ordeñada desde la embajada en España y desde su cuota de ministros. Ahora le toca ir montando la candidatura presidencial de Olivera, opositora a Toledo, con reclamos radicales que recién descubre y que hasta ahora ha venido callando, a pesar de estar viviendo (provechosamente) en las entrañas del régimen al que comienza a criticar con acidez. A pesar de tan claras evidencias de que Olivera prepara un próximo alejamiento del régimen, el presidente Toledo insiste en que su alianza con el FIM está "más fuerte que nunca" y lo mismo declara, aunque con menor énfasis, su socio, el embajador en España con presencia constante en Lima. Hipocresías de la política que a nadie engallan y que abren tremenda interrogante sobre cómo será el próximo escenario político peruano. ¿Será una nueva correlación de fuerzas que el premier Ferrero está esperando para tomar decisiones propias de concertación nacional?... Pronto se sabrá, pues la situación actual es tan crítica que no puede durar mucho.

Y un añadido final. Nada tiene de democrático el comentario que algunos políticos hacen contra los parlamentarios fujimoristas, por el "delito" de votar a favor del gobierno. Esa actitud intolerante, fascistoide, solo logrará que crezca cada vez más la votación a favor del viejo régimen. Esos parlamentarios tienen mandato popular, por lo general mayor que el de quienes pretenden excluirlos.

Fuente:
FONDO EDITORIAL PERIODISTICA OIGA
Diario EXPRESO, 17/01/2004

Canta claro

por FRANCISCO IGARTUA

Excesivos excesos de la CVR

Al momento en que se va desvaneciendo dramáticamente la gobernabilidad en el país y asoma de nuevo el rostro mefítico del terrorismo, la Comisión de la Verdad ha llegado al extremo de viajar, ¡en busca de "apoyo político"!, a los EE.UU. Y, a la vez, sigue dando muestras de no tener una visión serena de la tarea que le fue encomendada. Con hipocresía fraudiana quiere explicar su infeliz declaración de que Sendero y el MRTA son partidos políticos, alegando ahora que su intención es "reincorporar" esas bandas polpotianas al sistema democrático. Apunta así a borrar la publicidad que les dio a estos criminales, presentándolos en la Tv como chicos arrepentidos de un camino equivocado.

No, señores comisionados, no. Esas bandas asesinas no son partidos políticos y peor aun sería ¡reincorporarlos a la democracia! ¿Para qué? ¿Para, una vez libres, reincorporarse –aquí sí cabe el término reincorporación –a la lucha armada que ya está de retorno, con no pocos senderistas liberados entre sus filas?

Y, ¿qué "apoyo político" pueden estar buscando los comisionados en los EE. UU.? El único respaldo político que necesitan, y que ya tienen en exceso, es el que les da la prensa, la sociedad y el gobierno peruano. Sin embargo, descaradamente se proponen hacer lobby en Washington para presionar al Estado que los nombró y les cubre todos sus gastos –incluido este paseo– para que sus recomendaciones sean atendidas como un mandato. Dicen, también, que buscan financiar las reparaciones civiles a favor de las víctimas del horror desatado por Sendero, pero ojalá que no sólo sea financiación, porque al Estado peruano se le hace abrumador el pago de las indemnizaciones millonarias (a escala yanqui), que en estos casos impone la Corte Interamericana, de la que, curiosamente, se excluyen los EE.UU.

Todo esto no significa que olvidemos el espanto de lo ocurrido y no reflexionemos sobre cómo evitar que sectas sanguinarias como Sendero vuelvan a sembrar, en el Perú, el delirio de la violencia y las fuerzas del orden no vuelvan a cometer los crímenes que cometieron. Pero debe haber racionalidad en el análisis, y precisión y verdad a la hora de señalar responsabilidades. No es justo que se sindique de asesinos a quienes mataron en medio del accionar militar (que siempre será brutal), contra alzados en armas que cometían todo tipo de horrendas salvajadas contra indefensos campesinos y contra casi inermes policías. En una guerra, el movimiento de unas ramas hace que el soldado dispare al busto, pudiendo haberlas movido un conejo o un niño. Así es, y así será siempre la brutalidad de la guerra. Pero, otra cosa imperdonable y para no ser olvidada jamás, son las masacres en frío cometidas por algunos militares desquiciados. Ahí sí el olvido es un delito, igual al olvido del porqué y cómo se produjo tamaño desvarío de muerte.

Lo que falta en la Comisión de la Verdad es equilibrio y eso no podrá alcanzarlo con integrantes que, más que imparciales en la contienda, fueron amigos cercanos de la prensa que, sibilinamente, apoyó a Sendero.

Fuente:
FONDO EDITORIAL PERIODISTICA OIGA
Diario EXPRESO 21/06/2003
Canta claro

por FRANCISCO IGARTUA

Arica: La del perro del hortelano

Tocar el tema político nacional se ha hecho algo así como dar vueltas en redondo sobre un solo eje, sobre una misma pesadilla: los desatinos gubernamentales con sus telenovelas de fondo. Es el caso del desacertado nombramiento del señor Ramírez Canchari como ministro de Trabajo. No por la gestión que va a cumplir (que podría desmentir las predicciones), sino porque él solo nombramiento tiene que haber desanimado a inversores y empresarios, quienes son los generadores de trabajo. En política los gestos dicen mucho. Y este dice lo contrario de lo que se quiso decir. Se trata de tan extremo masoquismo que parece deseo de suicidio.

No vale, pues, la pena de seguir tocando el tema. Pasemos más bien a los diálogos y entrevistas sobre la salida al mar, reclamada por Bolivia, asunto que ha animado nuestras últimas noches de televisión, revelando hechos que yo desconocía. Sé ahora, por boca de un diplomático peruano de nombradía, que el tratado de 1929 fue negociado directamente por el presidente Leguía, a espaldas de Torre Tagle. Lo que explica la evidente carga política de los complementos al tratado, complementos que en nada cambian la línea de frontera señalada en el documento (Arica pasó a plena soberanía chilena), pero sí añadían florentinismos limeños (no florentinos) para dar la falsa sensación de que el Perú no había abdicado soberanía total de esos territorios. Leguía, como político, quería salvar la cara y enredó las cosas, poniendo en aprietos no a Chile, sino a cualquier interés de terceros en la zona (Bolivia). Una posición de perro del hortelano que no come ni deja comer y que en nada ha beneficiado al Perú.

Quién sabe la intervención más interesante, no solo por lo que dijo, sino por lo que dejó entrever, fue la de Rodríguez Elizondo, periodista chileno que pasó años en el Perú y dejó amigos que mucho lo recuerdan. En palabras gratas a los oídos peruanos puntualizando la situación en concordancia con las recientes declaraciones del presidente Lagos, o sea, explicó que Chile tiene posiciones de Estado que no varían de un gobierno a otro y cuyo norte fue trazado por Diego Portales en el siglo XIX. También, sin querer queriendo, recordó que la salida al mar para Bolivia ya había sido concertada y aprobada en 1975 con el "abrazo de Charaña" entre los presidentes Banzer y Pinochet. No dijo más, porque ya estaba todo dicho: Chile no es responsable de que ese entredicho todavía no haya sido resuelto. Tampoco Bolivia, que había aprobado el acuerdo. No necesitaba decir que el Perú fue el responsable.

Frente a esta posición, que refleja una política nacional coherente, estable y firme, los declarantes peruanos jugaban con las palabras y se refugiaban en razones sentimentales derivadas de la derrota de 1879... Con semejante criterio, la Comunidad Europea (donde abundan las derrotas) no se habría formado, sería un nonato, capricho de algunos ilusos intelectuales y no la formidable potencia que es ahora.

La lección es clara. El Perú necesita un derrotero nacional y defender sus intereses. Por lo pronto, no debe entrometerse con propuestas extravagantes en el dife­rendo bolivianochileno y sí defender, en el momento oportuno; sus límites marinos, donde están en juego millones de dólares.

Aquí acaban estas atropelladas líneas, porque el espacio es tirano en este oficio.

Fuente:
FONDO EDITORIAL PERIODISTICA OIGA
Diario EXPRESO, 10 de enero de 2004

Prólogo, por Josu LEGARRETA BILBAO

25 AÑOS DE RELACIONES CON VASCOS DE ULTRAMAR
(En recuerdo de Paco Igartua)


Nunca había soñado en mi juventud que un día el destino me brindaría la posibilidad de dirigir un programa político de relaciones con los vascos residentes en países tan diversos como Andorra, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, Colombia, Chile, Cuba, El Salvador, España, Estados Unidos, Francia, Guatemala, Italia,  México, Paraguay, Perú, Puerto Rico, Reino Unido, República Dominicana, Uruguay y Venezuela. Ni siquiera, que un día podría participar en la gestión política de un programa de Gobierno: quizás mi percepción juvenil de la dictadura franquista me condujo a ciertas actitudes antigubernamentales, como si las estructuras políticas fueran per se rechazables.

Años más tarde (1986) el Presidente del Partido Nacionalista Vasco me planteó si estaría dispuesto a aceptar el nombramiento de “Director de Promoción del Euskera” por el Departamento de Cultura del Gobierno Vasco. Sus palabras en principio me sonaron más a orden, que a una invitación; y en defensa de la Libertad personal, que tanto estimaba también el amigo Paco Igartua, le mostré mi negativa, hasta que en un momento de la entrevista me convencieron aquellas sus palabras de “deberías...”.

Así inicié una nueva, inesperada ni soñada, vida profesional, superando, en primer lugar, mis actitudes antigubernamentales. No puedo negar que en principio me sentí alagado por la confianza que depositaban en mi persona. Recuerdo entre los primeros proyectos, el de la posible publicación de un periódico diario en Euskara, la edición de obras de literatura clásica en Euskara, el doblaje de películas al Euskara para su proyección en salas comerciales, etc.

Euskadi era mi ámbito de actuación. Nunca había soñado en una gestión política en el ámbito internacional. Desde el Departamento de Cultura esta labor la desarrollaba el amigo Jokin Itxausti, hijo de un adinerado empresario vasco-filipino que colaboró muy activamente en el entramado internacional a favor del exiliado Gobierno Vasco. Fue el responsable de la reiniciación de relaciones con los Centros Vascos. Pero falleció  a causa de una desgraciada enfermedad. Mi amistad con él pudo ser una de las razones por las que se me indicó que me responsabilizara temporalmente, durante tres meses, de estas relaciones. Así de simple fue mi introducción en el ámbito internacional.

En 1987 inicié mi programa de visitas a los Centros Vascos. El Programa me brindaba la posibilidad de acceder al mundo nuevo de las realidades socio-políticas de cada país, en general, y a la de emigrantes y exiliados vascos, en particular. Me permitía conocer sus historias personales y la de sus familias, el origen y evolución de su movimiento asociacionista y la realidad de los países en que residían. Me resultaba reconfortante entablar relaciones personales directas con miles de personas, cuyos corazones transmitían a la mínima un mundo de añoranzas por su pueblo natal y la mejor de las disposiciones, ¿incluso necesidades?, de contar sus experiencias, positivas y negativas, vividas en el país en que residían. Incluso me agradecían que les visitara. Les parecía gratificante que el Gobierno de su País empezara definitivamente a estructurar relaciones con ellos.

Pero me encontré también con corazones dolidos por el olvido de las instituciones vascas.  En los años de la dictadura franquista, el Gobierno Vasco en el exilio había mantenido estrechas relaciones con los Centros Vascos; pero a la muerte de Franco (1975), la reinstauración de la democracia y la reestructuración política de Euskadi se convirtió en objetivo prioritario de la clase dirigente vasca y se dio el consabido olvido de las instituciones vascas del ámbito internacional. Esta actitud fue criticada, especialmente desde Argentina, y el Lehendakari (Presidente) Carlos Garaikoetxea ordenó la organización del congreso mundial de Centros Vascos en Donosti/San Sebastián (1982). Posteriormente aconteció la escisión del Partido Nacionalista Vasco, la consiguiente creación de un nuevo Partido, Eusko Alkartasuna (EA) y, dada la situación, el incumplimiento de los planteamientos y promesas realizados en dicho encuentro internacional.

Afronté esta situación con el convencimiento de que la eficiencia de mi gestión dependía, en primer lugar, de mi cercanía con los asociados de los Centros Vascos y de su involucración en los programas, desde la fase de su definición y creación de normativas hasta el desarrollo de los programas.

Sí, era una labor apasionante. Tenía todo por hacer. No tenía precedentes de referencia: la diáspora tenía su nivel de institucionalización en cada país, pero carecía de una estructuración global, mundial, a pesar de los intentos que se habían dado, como es el caso de Confederación de Entidades Vasco Americanas (CEVA).  Llegué a visitar la mayoría de los Centros Vascos del Mundo. Comprobé que algunos  estaban atravesando momentos económicamente difíciles y que no todos los vascos “habían hecho las Américas”. Había incluso quienes se encontraban en situaciones extremas. Otros se sentían afectivamente vascos/as e idealizaban el País de sus antepasados. Para la atención de estas realidades se fueron creando unas políticas de subvenciones, destinadas principalmente a la financiación de actividades culturales, adecuación o compra de edificios, formación de jóvenes, asistencia a personas en extrema necesidad, enseñanza del Euskara y potenciación de las relaciones económicas. Estos ámbitos de actuación fueron analizados y consensuados en aquellos dos encuentros internacionales celebrados en Argentina: Bahía Blanca (1989) y  Necoechea (1990). En representación del Centro Vasco de Lima participaron los Sres. José Ma. Elejalde y Jon Keppa.

Pero me preocupaba sobre todo la proyección de futuro, la perdurabilidad en el tiempo de dichas relaciones. Para ello se precisaba que fueran reguladas por una normativa de máximo rango jurídico. Con este objetivo planteé la tramitación de un proyecto de ley. Se elaboró el texto. Por mi parte aspiraba a que la ley fuera aprobada por unanimidad. Para ello me parecía imprescindible el diálogo permanente con los Grupos Parlamentarios y que el informe jurídico previo fuera redactado por un especialista en derecho internacional que no fuera vasco, ni de perspectiva nacionalista. El éxito estaba garantizado si lograba estas dos condiciones. Y así fue: la ley 8/1994, de 27 de mayo, fue aprobada por unanimidad, con la abstención de un pequeño Partido, Unión Alavesa, ya desaparecido.

De acuerdo con uno de los apartados importantes de esta ley, el artículo 13, los centros vascos, celebran el Congreso de las Colectividades Vascas. Dice textualmente: “para promover el encuentro y la colaboración entre las colectividades vascas, los centros vascos, federaciones y confederaciones de centros vascos y las instituciones vascas se celebrará cada cuatro años el Congreso de las Colectividades Vascas” y “de las deliberaciones del Congreso se elaborará un documento de conclusiones, del que se dará traslado al Consejo Asesor, a efectos de su consideración para la redacción del plan cuatrienal”.

El primero de estos Congresos se celebró en 1995. Tuve el honor de contar con la delegación de Perú compuesta por los señores Javier Celaya, Victor Ortuzar, y Francisco (Paco) Igartua. Una de las primeras referencias de la ponencia de Paco, titulada “Euskadi y su imagen”, fue precisamente sobre esta ley. Sus palabras textuales fueron: “Otras voces más doctas que la mía tocaron y tocarán con amplitud este tema. Sólo me cabe decir que los vascos de ultramar debemos agradecer esta ley que nos incorpora a la sociedad de este país (País Vasco). Docta apreciación del amigo Paco: aún careciendo de competencias exteriores, gracias a esta ley han quedado institucionalizadas las relaciones de Euskadi con los vascos que residen en otros países. 

No menos importante me resulta su segunda aportación, realizada, según él “de pasada,,sobre una menudencia, una pequeñez. Se dice en la exposición de motivos o considerandos de la ley, que el primer centro vasco  de América es el de Montevideo, fundado en 1876. Pero ocurre que aquí tengo a la mano un documento que reza así:  “Por cuanto en la Congregación que tienen fundada los caballeros hijos-dalgo que residen en esta Ciudad de los Reyes del Perú, naturales del Señorío de Bizkaia y Provincia de Gipuzkoa y descendientes de ellos, y los naturales de la Provincia de Alava. Reino de Navarra y de las cuatro villas de la costa de la Montaña...en el convento del Santo San Francisco de esta ciudad, en la capilla que tiene advocación el Santo Cristo y Nuestra Señora de Aránzazu, (Oñate), a quien se dio principio por los años 1612. (...) Se trata de las nuevas ordenanzas que la “Ilustre Hermandad Vascongada de Nuestra Señora de Aránzazu aprueba el doce de abril de 1635, en la misma Ciudad de los Reyes, hoy conocida por Lima, con los siguientes miembros: 35 de Gipuzkoa, 49 de Bizkaia, 9 de Navarra, 7 de Alava y 5 de las cuatro villas de la Montaña, con la siguiente declaración: “Se ordena para mayor decoro de esta Congregación, que todos los que hubiesen de ser recibidos en ella sean originarios de las partes y lugares referidos...a fin de ejecutar entre sí y con los de su nación obras de socorro mutuo”.

Gracias a esta ley, se han podido desarrollar los programas definidos y consensuados entre el Gobierno Vasco y los Centros Vascos en cada uno de los Congresos posteriores de 1999, 2003 y 2007. A tal fin, el Gobierno Vasco ha destinado anualmente una partida presupuestaria importante, destinada a financiar actividades de promoción y difusión de la cultura vasca, a la formación de jóvenes y dirigentes de Centros Vascos, a la asistencia humanitaria a personas en extrema necesidad, a la potenciación de las relaciones económicas a través de los cinco institutos y/o fundaciones creados a tal fin en Buenos Aires, Caracas, México, Santiago de Chile y Washington, y a la compra o mejora de las sedes de los Centros Vascos, adecuándolos a las necesidades de las personas discapacitadas.

Pero no quisiera ultimar esta relación sin resaltar que los pasos que se dieron en la recuperación de la Memoria Histórica de la emigración y exilio vascos no hubieran sido posibles sin la estrecha colaboración  de los Centros Vascos. Iniciamos el proyecto con la publicación de la colección, casi enciclopédica, de URAZANDI (Más alla de las aguas). Sus 25 tomos recogen trabajos de investigación sobre la emigración vasca, en general, y sobre los Centros Vascos más importantes, como Bahía Blanca, Barcelona, Boise, Buenos Aires, Madrid, Mar del Plata, México, Montevideo, New York, París, Rosario, Sydney o Tandil.

En una segunda fase, estudiamos la posibilidad de digitalizar todas las publicaciones periódicas (revistas) vascas editadas fuera del País Vasco. No fue nada fácil: tuvimos que investigar los ejemplares que existían de cada uno de los títulos en archivos de Euskadi y de América, e incluso en archivos familiares. Pero se superaron las dificultades gracias a la profesionalidad y el desinterés del matrimonio uruguayo Alberto Irigoyen y Adriana Patrón. Gracias a su labor, se digitalizaron 130 revistas, editadas en 30 países entre 1876 y 2006; en definitiva, unas 200.000 páginas, que fueron editadas en 12 DVDs el año 2007.

Pero el proyecto contemplaba otros dos apartados más: la digitalización de fotografías de la vida de vascos residentes fuera de Euskadi y la digitalización de todas las noticias vascas publicadas en todos los periódicos de los países en que hubiera Centros Vascos, desde 1876. El resultado fue realmente satisfactorio: en la actualidad contamos  con más de 40.000 fotografías de la vida de emigrantes vascos y más de 50.000 noticias publicadas en diversa prensa americana.

En el 2009 hubo cambio de Gobierno. El proyecto quedó definido. A su término, el Gobierno del lehendakari Ibarretxe había asumido incluso el compromiso de crear el Museo de la Emigración Vasca: se llegó a encargar y redactar un estudio de anteproyecto. Pero hoy, tengo la impresión de que el proyecto global está un tanto paralizado.

Evidentemente, resulta imposible resumir en un artículo la gestión política de 25 años. No quisiera tampoco ser excesivamente redundante, dado que el lector puede encontrar información completa en el libro “Memoria 1980-2005”, colección Urazandi, t. 18 – Gobierno Vasco, o en algunos de los capítulos de mi reciente obra, publicada por la Editorial Oveja Negra de Colombia  con el título “Sentimientos compartidos”.

Pero no quisiera finalizar sin confesar que veinticinco años de gestión proporcionan oportunidades para vivencias de índole diversa. No todo ha sido éxito. He tenido también mis fracasos. Aún así, mantengo unimportantearchivo personal de recuerdos: de vivencias gratificantes, de amistades estrechas, de debates, de controversias, incluso de enfrentamientos, de ilusiones, de motivos de esperanza, de compromisos personales, de triunfos, de sueños no realizados, de fracasos, de reconocimientos, de críticas, de acusaciones solapadas y públicas, de malas interpretaciones, de engaños, de luchas por el poder, de desencuentros intergeneracionales, de entregas desinteresadas, de militancias políticas y apolíticas, de egoísmos, de intrigas, de insinuaciones, de emparejamientos intencionados, de declaraciones de amor, etc.Sin embargo,ante este cúmulo de realidades, exponentes de lo que es la vida misma, no me invade ninguna sensación negativa, ni agridulce. No, no puedo liberarme de recuerdos archivados en mi memoria. Pero mi corazón late en positivo: todo lo que me ha pasado me parece humano. Incluso ante recuerdos negativos, tengo la costumbre de exclamar, quizás con ironía, aunque sin animosidad dañina, la expresión “¡qué divino!” o “¡realidades humanas!”.

Después de estos 25 años, hoy estoy más convencido que nunca de que la política es tan digna como cualquiera otra profesión si se ejerce con una profunda actitud de servicio a la ciudadanía.
                                                           Josu Legarreta

miércoles, 27 de febrero de 2013

Cien Años cumple en el Perú misión pastoral vasca de la Congregación Pasionista.
Por Jhon Bazán

El próximo 17 de mayo se cumplirán CIEN AÑOS de una gesta evangelizadora hecha por vascos que no tiene precedente, pues quienes hasta hoy la protagonizan fueron y son hombres decididos a todo, cuyas únicas armas son una cruz y la palabra convincente, aparte de una renunciación casi perpetua a lo que la mayoría consideramos buena vida. Son los misioneros de la Orden Pasionista, una congregación cuyos primeros soldados partieron de Bilbao el 24 diciembre de 1912 y empezaron su obra sacra en la Amazonía peruana cuatro y medio meses después, luego de interminable viaje.
Eran doce, como los apóstoles de Cristo, y eso han seguido siendo año tras año, década tras década: apóstoles y soldados de la fe, que han venido superando no solo lo desafiante de esa floresta indómita  sino también las propias reglas de la Iglesia, que en un momento dado estuvo a punto de terminar con su apostolado, porque de acuerdo a las reglas de la Congregación no podían ejercer donde ya otros religiosos tenían presencia oficial a través de parroquias.
Tuvo que intervenir el Papa de entonces para encontrar una solución salomónica. Un esforzado religioso, y arzobispo de Chachapoyas, Monseñor Emilio Lisson, logró que la Santa Sede creara una Prefectura Apostólica Misional, en  Yurimaguas, a la que se juntaría luego la colindante  Prelatura de Moyobamba, en San Martín, que sería también encomendada a los pasionistas.
Así  continuó la obra, en 1917, que hasta ahora se mantiene con gran esfuerzo y sacrificio, pues los misioneros pasionistas no son de esos cómodos religiosos que se mueven en ciudades, con parroquias establecidas, impartiendo sacramentos en lugares tranquilos, gozando de buenas limosnas y soporte de la feligresía, cuando no conduciendo colegios de buen nivel que rivalizan incluso con los más encopetados centros educativos privados.
No, los primeros pasionistas que llegaron en 1913 no sabían siquiera a donde venían, ni lo agreste del entorno pese al verdor permanente. Sin caminos que seguir, y solo con la guía de Dios, tenían que adentrarse en territorios desconocidos, en viajes de seis y siete días, según lo ha testimoniado en cartas Monseñor Lisson:
“Para ellos no había caminos difíciles, a pesar de que algunos han sido de seis y siete días a pie, con barro a la rodilla; ni delicadeza de alimentos, habiéndose contentado con lo que podían darles en estas regiones retrasadas; ni esmero en la cama o en el mueblaje, habiendo sido con frecuencia la cama una mala estera y los muebles, los troncos de los árboles” narraba Monseñor Lisson, quien era el obispo de Chachapoyas y quien había hecho la invitación a la orden pasionista para iniciar su misión.
Y agregaba más adelante:
“No creo que en las misiones de otras partes sufran los misioneros más privaciones que las que aquí han soportado los pasionistas. La obra va produciendo sus frutos; mi deseo es que éstos sean estables y se extiendan más y más”.
Eran tiempos difíciles y lo siguen siendo ahora, pero la vocación evangelizadora sigue siendo la misma.
Hace unos meses atrás celebramos el Cuarto Centenario de la fundación de la Cofradía de Nuestra Señora de Arantzazu, por vascos, en Lima; y los padres pasionistas estuvieron a nuestro lado, en lo religioso y en lo cultural, representados por el Padre Antonio María Artola Arbiza,  catedrático emérito de Sagrada Escritura en la Facultad de Teología de la Universidad de Deusto. Actualmente enseña en la Facultad de Teología  Civil y Eclesiástica de Lima.
Pocos conocen una singular historia de las relaciones entre la Virgen de Aránzazu y Yurimaguas. El 23 de marzo  de 2003 una imagen –reproducción exacta de la Virgen de Aránzazu- salía de Bilbao para Perú. El destino quiso que aquella imagen recalara precisamente en Yurimaguas. Era una imagen que rehacía el mismo itinerario de los Primeros Misioneros Pasionistas. Había partido de Aránzazu a Bilbao el 22 de agosto de 1969 -en el V centenario de la aparición de la Virgen (1469-1969). Quedó en Bilbao treinta años, y el 23 de marzo salía para Yurimaguas.
Hicimos incluso un peregrinaje hasta Yurimaguas, donde se encuentra la sede de la Orden, y la capilla donde se venera la efigie de la Virgen de Aránzazu. Allí  fuimos atendidos por el Provincial Monseñor José Luis Astigarraga Lizarralde, C.P., quien nos entregó la emblemática efigie de nuestra Señora de Aránzazu traída en el siglo pasado del País Vasco; y que llevada  a Lima presidió los eventos conmemorativos, e incluso un conversatorio histórico con la presencia de reconocidos intelectuales del mundo vasco y latinoamericano.
Siguiendo la idiosincrasia tenaz del pueblo vasco, los religiosos pasionistas siguen haciendo una gran obra en el Perú.
Inicialmente la tarea se realizaba desde una Prefectura Apostólica, la cual con el tiempo derivó en un Vicariato Apostólico a cargo de un obispo.
Al momento de crearse la Prefectura se señaló textualmente: «La confiamos a la Congregación pasionista.» y cuando la Prefectura Apostólica fue elevada a Vicariato se dijo: «Queremos que en adelante siga también… a cargo de los misioneros de susodicha Congregación de los clérigos descalzos de la Santísima Cruz y Pasión de nuestro Señor Jesucristo, que han venido laborando en esta región con tanto celo.»
Eso es lo que siempre han demostrado los misioneros de la Cruz en el Perú: celo, entrega total a su misión apostólica, siguiendo la huella de los doce primeros, uno de los cuales incluso entregó su vida al encarar su tarea, muriendo ahogado en  uno de los caudalosos ríos de la selva peruana.
Eso es lo que ha rescatado y destacado en su momento Monseñor Miguel Irízar Campos, sacerdote vasco, quien en el Perú ha efectuado una obra monumental, y que en el Cuatricentenario de la Cofradía de Nuestra Señora de Arantzazu en Lima cumplió un rol fundamental.
Es pues digno de destacarse estos primeros cien años de presencia pasionista en el Perú, una presencia silenciosa pero efectiva, pues la palabra y la obra de Dios han llegado a lugares ignotos, donde solo la persistencia y entrega de estos religiosos ha podido alcanzar.
La partida de los primeros misioneros desde su casa matriz de Bilbao se produjo en diciembre de 1912. Iniciaron el cruce del Atlántico el primer día de enero de 1913, y solo llegaron a Tarapoto el 17 de mayo de ese año.
En homenaje a esta hazaña histórica, la Hermandad y Cofradía de Nuestra Señora de Arantzazu de Lima y el Fondo Editorial de la Revista Oiga, están organizando un viaje de peregrinaje hacia la ciudad de Yurimaguas, recorriendo ciudades y pueblos de la costa, sierra y selva peruana. La ruta denominada EUZKADI como la montaña que lleva ese nombre en la hermana Republica de Chile, finalizara con la siembra de un retoño del Gernikako Arbola.
Estamos ya pues viviendo el Primer Siglo de esta gesta poco conocida. Reconozcamos tan tesonera labor y rindamos homenaje a quienes desde 1913 vienen dando muestras de histórico desprendimiento. Desde estas páginas les tributamos un merecido tributo de admiración.

Lima, Febrero de 2013

Fuente:
Euskonews

l'osservatore romano


domingo, 24 de febrero de 2013


GRACIAS AL APRA, SOMOS MOTIVO DE MOFA EN CHILE

El epilogo de los dimes y diretes al propósito del “HUASCAR” ha sido – confesémoslo hidalgamente- un sarcasmo para el Perú (ya que los sumisos peticionarios apristas de la devolución de la gloriosa nave hicieron su gestión a nombre de la Nación). El diputado aprista Fernando León de Vivero reclamo la graciosa entrega del monitor por Chile y vindico para sí y la bancada de la coalición el supuesto éxito de esa solicitud. El senador chileno Tomas Pablo fomento con su palabra el gesto promovido por León de Vivero, Sánchez y otros apristas. Se trataba, en realidad, de cubrir con el rescate, conseguido por la vía de la gentileza chilena, el fracaso de la reunión inter-parlamentaria de Tacna y Arica. Lo que se llama, pues, “un coup de theatre”. Pero la solemnidad vino a dar en ridículo.

Sabemos lo que ocurrió en Chile a raíz de la sugestión del senador Tomas Pablo de devolver el “Huáscar”. Primero hubo sorpresa; enseguida se insinuó un claro disgusto de los sectores nacionalistas; al final los chilenos optaron por el humor. El caso se convirtió en tema de las peculiares “tallas” de la gracia popular. De ahí cuando otro senador chileno, Francisco Bulnes, sostuviera que lo mejor era hundir el monitor en aguas extraterritoriales, el diario “Golpe”- órgano derechista- empleara, la idea para un titular desplegado a toda la primera plana que decía: ”QUE SE HUNDA EL HUASCAR, PERO CON TOMAS PABLO ADENTRO”.

La broma estudiantil de hace unos días -minuciosamente despachos cablegráficos- es otro episodio de esta innoble historia desatada por los apristas y sus socios. El lunes último, un estudiante, disfrazado de Embajador del Perú, pretendió ingresar a La Moneda casa de gobierno de Santiago, y se dice que el Presidente Frei estuvo a punto de recibirlo, tan perfecta fue la farsa.

Hablando como “cholo”, el disfrazado pidió la devolución del barco de Grau.

Los jóvenes chilenos tienen derecho a divertirse, aun a costa del Perú y sus héroes, pero lo que no hay derecho es que Sánchez, León de Vivero, Townsend y el resto de estos torpes y gratuitos agentes de relaciones exteriores den pie a que se produzcan esa clase de burlas.
UNA VIDA MÁS, COMO LOS GATOS, ¿POR QUÉ NO?

La última agonía de Oiga duró varias semanas. Después de la edición del 11 de agosto de 1995 la revista, sin previo aviso, desapareció de los quioscos. Paco Igartua, enfundado en su inconfundible poncho serrano, deambulaba por el Paseo Parodi, el último refugio al que se trasladó su revista para morir sola, triste y abandonada, como reza la letra de un viejo vals criollo. Ya no había nada que hacer. El emperador había bajado el dedo y hasta gentes a las que tendió la mano cuando no eran nadie –como el presidente del Seguro Social, el mudo que ahora funge de alcalde de Lima– se escondían para no colocar avisos o no pagar los ya publicados, que hubieran podido inyectar un soplo de vida al moribundo.

Paco ordenó la venta de la residencia de San Borja –el único local propio que tuvo Oiga a lo largo de su accidentada existencia– y de todo lo que pudiera convertirse en dinero para cancelar los beneficios sociales del personal de la revista. Pero Oiga, el mejor semanario político del Perú, cuyos análisis eran comentados por otras publicaciones famosas en el mundo, como Le Point, Le Novel Observateur de Francia; Time y Newsweek de los Estados Unidos, Sette Giorne de Italia o Der Spiegel de Alemania Federal; no podía morir así nomás, como un “N.N” cualquiera.

Fue así que con el apoyo de entrañables amigos y la colaboración desinteresada de su personal, Oiga reapareció el 5 de septiembre, en un número de colección que se tituló: “ADIOS con la satisfacción de no haber claudicado”.

En su editorial de despedida, Paco Igartua explica que: Cierra OIGA para no prostituir sus banderas, o sea sus ideales que fueron y son de los peruanos amantes de las libertades cívicas, de la democracia y de la tolerancia, aunque seamos intolerantes contra la corrupción, con el juego sucio de los gobernantes y de sus autoridades. El pecado de la revista, su pecado mayor, fue quien sabe ser intransigente con su verdad –con lo que cada uno cree es lo cierto— y en el curso del camino fuimos perdiendo amigos, contactos, benefactores, sobre todo amigos que alguna vez encontraron acogida en estas páginas y cuyas causas defendió OIGA con calor.

Periodista al fin, luchador golpeado por la inclemencia cuartelaria de las dictaduras, desarraigado de su hogar y de su patria, cargando a su familia a cuestas por otras tierras felizmente amigas, Igartua no quiere rendirse, sin embargo, y en un último gesto de rebeldía y esperanza pregunta a sus lectores: ¿Por qué el cierre de esta quinta etapa de la azarosa existencia de OIGA no puede significar solamente un alto en la batalla? ¿Por qué tiene que ser imposible una sexta y hasta una séptima vida, como los gatos, insistiendo en que los grandes programas económicos, los brillantes empréstitos, la magia de las finanzas, las apabullantes obras físicas, el crecimiento espectacular del turismo, no serán reales, sino sólo apariencias, si los peruanos siguen apartados de la cultura cívica, sin entender que el meticuloso respeto a la ley –tanto de los de arriba como los de abajo— es el único cimiento sólido para un desarrollo verdadero y sostenido?

l'osservatore romano


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sábado, 23 de febrero de 2013

Ilustre Hermandad Vascongada de Nuestra Señora de Aránzazu de Lima

En la fotografía: El Padre Doctor Antonio María Artola Arbiza C.P. acompañado de los esposos Ing. Carlos Montori Alfaro y Edda Marini de Montori, en la Iglesia Virgen del Pilar de San Isidro – 400 años de la fundación de la Ilustre Hermandad y Cofradía Vascongada de Nuestra Señora de Arantzazu de Lima

viernes, 22 de febrero de 2013


MEMORIA HISTÓRICA

Se cumplen 55 años del ascenso de varios vascos al cerro chileno en homenaje al lehendakari Aguirre

IBAN GORRITI - Domingo, 16 de Octubre de 2011 - Actualizado a las 08:52h
BILBAO

EN Chile se preguntan qué hace humedecer los ojos. Y en aquella tierra del considerado fin del mundo se responden: "El viento, la tierra, la cebolla,… los recuerdos". Un recuerdo de los vascos exiliados a este país por la Guerra Civil española permanece vivo, orgulloso a la vista de todos sobre el horizonte. Hay a quien aún se emociona y empaña la mirada.

Esta república suramericana cuenta en su cartografía con un monte, montaña, cerro,… llamado Euzkadi (hoy oficialmente, Euskadi) en la cordillera de los Andes. Es un logro histórico cargado de anécdotas, de amor por las raíces, aquellas capaces de revivir todavía bajo las peñas rocosas de otro continente. Un grupo de cuatro vascos de una Euzko Etxea -la de Valparaíso, se constituyó en 1947, y la de Santiago, en 1950- fue quien coronó un cerro virgen y quiso bautizarlo con el nombre de la patria vasca. Aunque las fechas no cuadran, porque cuatro descendientes de vascos lo subieron en 1956 -un año después-, se ha heredado la idea de que lo hollaron para rendir homenaje al lehendakari Aguirre por su segunda visita a Chile a finales de 1955. El presidente de los vascos participó como invitado especial en el Primer Congreso Internacional de Democracia Cristiana, del 8 al 11 de diciembre de aquel año.

Considerando que el Partido Nacionalista Vasco fue uno de los fundadores de aquella Internacional, junto a José Antonio Aguirre, participaron en las jornadas el presidente del PNV en Argentina, Pedro Basaldua; su homólogo en Chile, José Ituarte; y Santi Zarranz. Los montañeros que lograron el hito fueron Polentzi Uriarte, Agapito Palacios -de oficio sastre y uno de los más reconocidos andinistas, nombrado por la federación de montaña como el mejor deportista en 1981, cuando a los 60 años ascendió el Aconcagua-, Tomás Alberdi y Loyola, fotógrafo de la expedición. Estos andinistas pertenecían al Club andino Horizonte deportivo Euzko Etxea. También fundaron la agrupación Kaiku.

ABERRI EGUNA DE 1956 Pusieron sus pies sobre la cima, de los hoy oficiales 3.165 metros cercana a Santiago de Chile, el día del Aberri Eguna, el viernes 30 de marzo de 1956. El sábado, 31 de marzo, también hay constancia de que estuvieron allí. En la cumbre depositaron una placa de mármol con los datos de la jornada, como se aprecia en las fotografías conservadas de aquel hito poco conocido.

La empresa no fue fácil. El primer obstáculo fue burocrático. El Gobierno no les permitió esa designación. En una entrevista, uno de los andinistas, Agapito Palacios, relató a la periodista Palmira Oyanguren que la prohibición de bautizarlo como Euzkadi no les hizo ceder. "Entonces cambiamos el nombre por Sasía, en honor a un joven vasco que murió en la cordillera", resumió el montañero. Agapito hacía referencia a Narkis de Sasía, hijo de un baracaldés que había fallecido en un alud en 1953. Las leyes de entonces en Chile no permitían registrar accidentes geográficos con nombres de países, a pesar de existir un precedente (un monte llamado Italia). La ley vigente sí permitía, sin embargo, bautizarlos con nombres de personas.

Fue un general del Ejército chileno, curiosamente -al parecer con un apellido vasco que no ha trascendido-, quien negó el deseo de la Euzko Etxea chilena. "Finalmente, gracias a un amigo que yo tenía en el Instituto Geográfico Militar, que también era andinista, logramos dar una estocada y llamarlo como lo habíamos planeado en un principio", aseguró Palacios, quien también fue atleta y ya muy veterano corrió maratones, "siempre con la camiseta de Euskadi", solía repetir.

CONOCIDO COMO EUKADE De ahí, el Instituto Geográfico Militar registró el hoy Euskadi en el cajón del Maipú, no lejos del cerro Catedral (en los 33º 51' de latitud y en los 70º 21' de longitud) con sus -entonces delimitados- 3.265 metros de altitud y de roca descompuesta, típica de la cordillera andina chilena.

Los arrieros locales de la zona de El Ingenio conocen el cerro como Eukade. Una de las posibles ascensiones al cerro que se dedicó a Aguirre y los vascos comienza en un fundo privado de la localidad El Ingenio. La primera aproximación es de un día y se ataca la cima el segundo. Descendientes de vascos del Club Patagónico Andino Elal de Santiago de Chile volverán a intentar hacer cumbre a finales de octubre y a primeros de noviembre, como ya lo hicieron el año pasado. La historia y sociedad vasca tiene una cita pendiente con ellos.
Una inteligencia despierta, vivaz, a la vez que desbordante, indisciplinada y bohemia, aunque muy bien cultivada, como fue la de Federico More, no es de extrañar que, inútilmente, hubiera intentado muchas veces sistematizar su pensamiento en una obra orgánica, en un libro cumbre, en una suma que redondeara sus ideas, siempre un tanto atrevidas, sobre la vida, el mundo, el hombre peruano y su porvenir, sobre el buen ordenamiento de la sociedad, sobre la poesía del atardecer y la suciedad de la política. No lo logró, porque sistematizarse hubiera sido negarse a él mismo: un anarquista del pensamiento. Pero hombre de trabajo, dentro del desorden de su azarosa existencia, escribió y escribió angustiosamente, con apuro, dejando impreso un reguero desparramado de artículos, folletos, libros, ensayos, prólogos... Con algunos de ellos, que son los más representativos de su obra, en un resumen que, como toda tarea humana, es cien por cien subjetiva, he formado estas Andanzas de Federico More. Son las Andanzas por las tierras del Perú, de América y de la literatura universal de un espíritu excepcionalmente dotado para pensar y juzgar, para exhibir inteligencia, para jugar con las palabras y entregarse al devaneo de las ideas, para coger la lanza y lanzarse locamente, desbocadamente, al campo abierto de la polémica sin cuartel.

Las Andanzas de Federico More están llenas de pasión y desbordes como su espíritu; y su obra es variada, muchas veces luminosa como el sol de mediodía y, otras, embellecida por ocasos y auroras con reminiscencias paganas. Enceguecido por la luz de la diosa actualidad, More no pudo aquietar el potro desbocado que llevaba dentro y no dejó -repito- un trabajo orgánico, meditado, hecho con el sosiego de los que ven pasar el tiempo pensando en el mañana.

Federico More vivió escribió, apasionadamente, al día. Fue ante todo y sobre todo periodista, aunque pienso que nunca dejó de amar a las musas de su juventud, que jamás perdió el regusto por la poesía, esa diosa que le hizo captar su cuna puneña, el Ande, con singularísima sensibilidad. Esas alturas cercanas a las estrellas a las que les dedicó esta frase precisa y bellísima -cito de memoria-: «Aquí nació el silencio, aquí se siente el olor de un cuerpo en celo». No recuerdo los versos anteriores ni los que siguen y me ha sido imposible hallar la poesía completa en la selva de periódicos donde he estado siguiendo la huella de Federico More, periodista insigne de quien, sin embargo, los peruanos de menos de cuarenta años poco o nada conocen. La obra del periodista, como él lo dijo, «tiene fama frágil y dura apenas horas»... Salvo excepciones. Naturalmente. Una de ellas resonante, singular y variada es la de Federico More. Y aquí está justamente este libro para confirmar la excepción.

En uno de los capítulos que siguen hallará el lector un ensayo de More que sonará algo extraño y que años atrás pocos habrán entendido: es la visión premonitoria de lo que sería el periodismo del futuro, el de hoy, ese periodismo chato, sin aliento orientador, sin calidad ni ánimo literario, algo similar a la comida masticada, a las píldoras alimenticias de los astronautas. More lo describe como un inmenso archivo donde se puede hallar la tarjeta correspondiente a una boda fastuosa, a un robo al escape, a una intervención parlamentaria sobre educación física o sobre defensa ecológica de un río o de la ciudad capital. Todo estará allí ya redactado. Sólo quedará por hacer el trabajo de colocar los nombres de las personas y lugares del hecho recién ocurrido.

En otras palabras, Federico More prevé la muerte pronta del periodismo que él amó y realizó con extrema calidad, ese arte y oficio íntimamente relacionado con la literatura y con la política entendida como sacerdocio cívico —esa prensa que brilló como lucero esplendente en el siglo pasado y la primera mitad de éste—, vislumbrando a la vez el periodismo de nuestros días: transformado en un negocio que puede confundirse con la fabricación de salchichas o zapatillas, si no fuera porque los medios de comunicación masiva —ya no se dice simplemente «prensa»— dan cierto lustre político y son instrumentos de poder que pueden auxiliar a otros negocios; sin perder su propio valor cotizado en bolsa. El periodismo en sí, aquel del bien decir, defensor de valores morales y cívicos, importa menos o nada. Por lo que si hay interés es por las «primicias», porque ellas significan mayor «rating», aumento, en el precio bursátil de las acciones de la empresa. Y esas primicias hay que conseguirlas por encima de todo, hasta de la propia honra o del prestigio patrio. El resto de la edición sale de los anaqueles que describe More, aunque anaqueles cada vez más sofisticados por la computación y la apabullarte tecnología electrónica, siempre con una novedad en la mano.

Me parece que el periodismo escrito, en el que pasó su vida More y nos sigue interesando a unos pocos periodistas —cada vez menos—, tendrá un mañana distinto, quién sabe salvador de ese arte y oficio que hoy está desapareciendo. Creo que en cada una de las ciudades de la geografía mundial sobrevivirá un diario, un periódico de servicios, de información local, de especializaciones. Por lo general, aquellos que han sabido sobrevivir amparados en una tradición familiar. Y me parece que el antiguo oficio de hacer arte con la actualidad, la tribuna de los comentarios agudos, orientadores, placer de los lectores, el periodismo de a verdad independiente, encontrará boya de salvataje en periódicos bisemanales, de pocas páginas y bajo costo, sin los lujos de las revistas y sin la carga de los servicios que debe ofrecer el diarismo moderno.

¿Será ilusión lo que escribo, será nostalgia de los años que acompañé a Federico More en esas pequeñas imprentas que eran refugio de bohemios? ¿Estaré hablando de un futuro cierto?

Aquí queda la idea, la propuesta, para la reanimación de un pasado en agonía —no en el sentido de la agonía unamuniana— que algunos quisiéramos reviviera.

More, como ya he dicho, fue poeta, literato de altísimo nivel, ensayista luminoso. Fue, según César Vallejo, el prosista de su generación. Usó con fiabilidad extrema el robusto idioma de Cervantes y Quevedo y no dejó de ser admirado, como crítico literario, por José Carlos Mariátegui, el más respetado de sus amigos de la «generación Infortunada» como tituló More a su generación. «La generación que se abre, cronológicamente, con hombres de la edad de Leónidas Yerovi y se cierra con hombres de la edad de José Carlos Mariátegui... Basta escribir o pronunciar estos dos nombres para comprender el inmenso infortunio, el signo adverso que pesa sobre aquella generación, la más brillante que ha producido el Perú, la más literaria, la de más completa sensibilidad; y la única que no ha logrado, ni a medias, decir su secreto de cultura, de emoción y de inquietud... Si juntos los nombres de Leónidas Yerovi y de José Carlos Mariátegui escribimos el de Abraham Valdelomar, la evocación dolorosa se completa»... Son éstos, párrafos del artículo escrito por More a la muerte de Mariátegui, quien había descalificado a More para la política llamándola «aristócrata de la inteligencia», distante de las multitudes. Definición acertada, que a More no le mortificó, porque se sentía tan ajeno a los honores y glorias oficiales como a las inquietudes de las masas. Aunque sí le preocupó -y muchísimo- la política; de la que fue apasionado seguidor, aunque no como aspirante a presidente, ministro o diputado, sino como observador comprometido, como orientador de la opinión pública, como periodista, y no como conductor de multitudes, a las que, sin duda, detestó y a las que diferenció magistralmente del pueblo en su libro «Una multitud contra un pueblo». Sus mejores prosas son políticas y políticos son la mayoría de sus ensayos. Sus inquietudes están trazadas precisamente en ese bello artículo de adiós a Mariátegui. «En el entierro va a hablar Ezequiel Balarezo Pinillos, Gastón Roger, que es uno de los pocos sobrevivientes de esa generación, la generación infortunada, la que expresa, mejor que cualquiera otra de las formas de la vida nacional, el hondo y grave fracaso de nuestro espíritu en la marcha hacia la cultura y en el sacrificio por una norma de puro y eficaz idealismo. Estoy seguro que Balarezo sabrá evocar, ante la tumba precoz de Mariátegui, el dolor de todos nosotros, el dolor de él mismo, el vasto dolor de cuantos sabemos todo lo que pudimos realizar y todo lo que una sociedad inerte e injusta no nos permitió cumplir».
Discípulo ferviente de Manuel González Piada -con quien mantuvo estrecha relación durante años-, fue en su juventud un iconoclasta, casi un incendiario; y lo siguió siendo en la mocedad, cuando no se le llamaba señor More o don Federico, sino el «Loco More», según cuenta Adán Felipe Mejía, «El Corregidor», en una sabrosa crónica de recuerdo sobre los encuentros bohemios de Yerovi y Moro, cuando éste, junto a Valdelomar, era portandarte de los colónidos, aquellos hombres que soñaron con cambiar al Perú modernizando el pensamiento de su clase intelectual. Su devoción por González Prada llegó en un momento al delirio, pero fue asordinándose con el tiempo hasta llegar a afirmar que el ídolo de su niñez y juventud no pasó, ideológicamente, de ser un ingenuo comecuras. Siempre, sin embargo, lo siguió admirando como literato.

Con esa afirmación y sólo una parte de su antigua devoción a González Prada, además de un odio concentrado a la Lima voluptuosa y virreynal, sede de una plutocracia sensualizada e inepta, incapaz de dirigir al país, sale More al destierro en época de Pardo. Son doce años de peregrinación por América Latina, haciendo periodismo, escribiendo ensayos, viviendo de su pluma. Nueve de esos años los pasó en Buenos Aires, donde logró una expectable situación en la prensa argentina. Dejó allí, sobre todo en «La Razón» y en la «Crítica» de Natalio Botana, muy en alto el nombre de Federico More.

Allí también lo siguió su pasión más persistente, la que, cosa curiosa, nunca lo abandonó, a pesar de su sobresaltada vida periodística: la poesía. En Buenos Aires, entre 1922 y 1923, Federico More dedica buena parte de su tiempo a poner en contacto a los lectores hispanos con la poesía alemana que va de Vogelweide a Rilke. Este trabajo lo realiza con la ayuda del doctor Alberto Haas, quien le entregaba unas traducciones muy literales, a las que More les daba «versión rítmica española». Algunas de las traducciones de Rilke no llegan a publicarse en Buenos Aires y la «Canción del amor y de la muerte del corneta Cristóbal Rilke» recién aparece en «La Revista Semanal», en Lima, en 1931. El artículo de More titulado «Noticias críticas sobre poesía germánica -Meyes y Storm, dos poemas terminales anunciadores», publicado en «La Razón», en julio de 1923, es considerado según Estuardo Núñez como uno de los mejores comentarios hechos en lengua castellano sobre dichos escritores y poetas.

Pero la atracción de la patria, de «La única tierra cuyo contacto nos fortalece», no lo abandona. Y pasa a Bolivia para estar más cerca del retorno al Perú. En esa época aparece un libro, «El tirano en la jaula», cuyo prólogo lleva la firma de Federico More. Un prólogo que, sin duda, es uno de los panfletos mejor escritos y más virulentos de la turbulenta historia política peruana. Pero el leguiísmo ve la mano de More no sólo en las tremebundas imprecaciones del prólogo. También le achaca -posiblemente sin equivocarse- el título del libro y algunas acciones conspirativas. El hecho retarda su regreso a la tierra patria.

Estamos en La Paz, ciudad a la que Federico More siente como suya, tan próxima a su Puno natal como a su sensibilidad humana. Allí, presentado por el gran novelista boliviano Alcides Arguedas, More, triunfador de los Juegos Florales, tuvo la satisfacción de leer ante una multitud su «Canto al Illimani», el monte tutelar de la capital boliviana:

En una mañana de rosas, transparente,
le nacieron orillas al Mar... y fue la Tierra
y en el temblor violeta de las arenas grises…
Viento y Luz, nupcialmente,
dieron vida a la Nieve y a la Sierra,
árbitros de fantásticos países.

Su retorno al Perú es apenas anterior al huracán que irrumpe con la revolución victoriosa de Arequipa (agosto de 1930). More llega a Lima en noviembre de 1929 y en «Mundial», la revista que junto a «Variedades» acapara la lectura de los peruanos, deja estampada su personalidad periodística. Es el (colónido), que vuelve lanza en ristre, luego de doce años de exilio, aunque con el ánimo político un tanto apaciguado:

«Excesiva cortesía la de «Mundial» cuando, olvidando mi condición de periodista militante, quiso hacerme un reportaje Un periodista no es un ser periodístico y, por lo tanto, no es sujeto entrevistable. Como que el creador no puede resignarse a convertirse en su propia criatura.

-Pero -me dice, con fina amabilidad de antiguo camarada, Andresito Aramburú- es preciso que sepamos qué opina usted de su patria después de tan larga ausencia, después de estos doce años en los cuales han pasado tantas cosas.

-Está bien -le respondo-. Haré algo así como un auto reportaje. Siempre, para decir mis propias cosas, yo mismo he de resultar más eficaz y exacto que el más agudo de los reporteros. Escribiré un artículo que sea un conjunto de respuestas. Después de todo, en un reportaje, la pregunta es lo que menos vale, porque, cuando vale algo, se queda sin respuesta. ¿Acepta usted mi fórmula?

La fórmula es aceptada y aquí está el artículo. Cuando vengo a entregarlo, encuentro que, en la casa de «Mundial» aún vaga, por fortuna, la sombra gentil y sonriente, sagaz y benévola de don Andrés Avelino Aramburu que enseñó a tantos escritores a ser periodistas y a tantos periodistas a ser escritores. Aún subsiste aquel ambiente que supo crear don Andrés Avelino, aquel ambiente en que la charla y el trabajo, una laboriosa negligencia y una holgazana actividad se juntaban con rara elegancia, Aquel ambiente que era obra tanto del dandy como del escritor. Aquel ambiente que aún se perfuma con el epigrama y el ramo de violetas, los dos signos con los cuales el maestro dio discreta expresión a su ingenio y a su persona irreprochable. Pero ¿Y el Perú que he hallado al cabo de doce años de accidentada ausencia?»

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«Todo aquel que, al cabo de una larga ausencia -más larga cuanto más dolida- pisa tierra de su tierra, siente que dentro de su personalidad nace un nuevo mundo, tanto más encantado cuanto más se parece al mundo antiguo, a ese que, a cierta altura de la vida, expresamos en estas dos maravillosas e indefinibles palabras: infancia, juventud. Después de todo, la vida está fabricada con tela de nuestro propio sueño. Cuando se ha vivido un poco, el sueño se asemeja mucho al recuerdo.

En realidad, doce años no son no los que quiere que sean su coeficiente de intensidad. Para un tuberculoso, doce años no valen lo mismo que para un artrítico. El político no tiene sobre el tema el mismo concepto que el comerciante.

En estos últimos doce años, no sé si el Perú ha vivido doce o cien: no importa el caso saberlo. Lo que sé es que ha vivido mucho. Hace tiempo que vengo trabajando en un libro que me parece será lo fundamental de todo mi obra literaria y se titula «Historia Política del Perú». Lamento no tener aquí mis apuntes y los capítulos ya escritos, a fin de releerlos y terminar de comprender hasta qué punto nos hemos transformado. A pesar de todo, voy a intentar una exposición rápida y sintética de mis impresiones sobre la actualidad. Debo decir que no guardo ni un rencor ni un odio. Ni siquiera un resentimiento. Casi no conozco a las personas y estoy fuera del mundo de los intereses. Procedo con objetividad intachable».

Su análisis, no siempre objetivo -nunca la pasión deja de desbordarse en More-, luego de puntualizar lúcidamente que «es incuestionable que la era preconstitucional del Perú no ha terminado, es decir que aún no hemos encontrado la forma de gobierno y el institucionaje que quedan convenirnos exactamente» y luego de historiar en apretada síntesis los períodos civiles y militares, se lanza furibundo, como en sus vehementes años juveniles, contra el civilismo: «Cuando se dice que Manuel Pardo fundó el civilismo y le dio vida, se dice algo pueril: Manuel Pardo lo único que hizo fue producir la guerra del Pacífico y dejarle la sucesión a un militar: dos hechos perfectamente anticiviles». Para More, no sin razón, «el civilismo se levanta, se funda y se engrandece gracias a la oligarquía». Esos oligarcas «miopes y vanidosos, mataron a Manuel González Prado y a Abraham Valdelomar; inmolaron a José Balta y esterilizaron a Nicolás de Piérola; entristecieron la juventud de Germán Leguía y Martínez y de Abelardo Gamarra; y se encogieron de hombros ante el singular ingenio de Florentino Alcorta, que tuvo que penalizarse —yo conocí el dolor de aquella vida— para no perecer. Mi generación, la generación infortunada por antonomasia, fue íntegramente disuelta en las hogueras inquisitoriales de la oligarquía».

Dice More en ese artículo o autoentrevista -de noviembre de 1929- que ha venido a la patria por pocos días. «No pasaré en Lima, quizás ni en otro sitio del Perú, la próxima semana. Ignoro cuando volveré». Lo cierto es que su anunció no se cumplió y se quedó aquí, en un país que ya vivía la agonía del oncenio leguiísta. Muy pronto el Comandante Luís M. Sánchez Cerro entraría victorioso a Lima, sin que muchos advirtieran, muy cerca del militar revolucionario, la presencia de José Luís Bustamante y Rivero, años atrás compañero de More en las tertulia literarias de Arequipa, aquellas que siguieron a la expulsión de More, embrión de periodista, de la Escuela Militar de Chorrillos, donde fundó un periódico para criticar al alto mando de la Escuela. Pero Bustamante no logró que el periodista se acercara al rebelde de Arequipa ni pudo él mismo mantenerse en la proximidad del poder. Fue un ministro fugaz, que regreso a su provincia espantado por lo que vio venir; mientras que More terminó por calificar a la época que siguió al triunfo revolucionario de «Zoocracia y Canibalismo», de ambiente incompatible con la inteligencia. Fueron tiempos revueltos, de disolución y oprobio, y él volvió a probar el amargo pan del exilio.

Federico More se sumergió en la vorágine nacional de aquellos años. Luego de su deportación a Chile, nunca más salió del Perú, como no fuera una visita accidental, como delegado de prensa, a Santiago o Buenos Aires. Aquí, en la Lima sensualizada que ayer odió y que entonces comenzó a adorar, se prodigó escribiendo contra esto y aquello. Pero ya estamos en los comienzos de la historia de nuestros días, agudamente vi seccionada por More en memorables notas editoriales y afilados ensayos, citados más de una vez por Jorge Basadre en su «Historia de la República».

Son escritos que van apareciendo en «El hombre de la calle», en «El Universal», en «La Revista Semanal», y en otras publicaciones de la época. Pero, sobre todo, en «Cascabel», su semanario, su aventura empresarial. Su «casa propia», que administró con el desorden bohemio en el que siempre vivió. Cuando sobraba dinero había que gastarlo en una gran farra, que se iniciaba con un almuerzo de mantel largo y servilletas grandes, de tela fina, que podía concluir dos o tres días después; y, cuando no había sino centavos, también alcanzaba algo para gastar, para vivir alocadamente sin pensar en el mañana. Era como si More advirtiera el futuro peruano con claridad de profeta y, desesperado, se entregara a vaticinarlo en sus fatigosas horas de trabajo en la redacción y a destruir su vida en los descansos: para no sufrir lo que vendrá, para rehuir de ese mañana sin honesta discrepancia ni pacífica convivencia, aspiración por la que bregó cada día con menos esperanza.

Es en esos años que aparece, juvenil y arrogante, el Apra de Haya de la Torre. Pronto advierte More el percal de engaño que hay en el Partido «de los asnitos» y se convierte, para siempre, en abanderado contra la mediocridad aprista. Cambia la dirección de sus dardos, aunque jamás olvida a su viejo enemigo: «En el Perú hay dos fuerzas que se oponen a la cristalización de las corrientes modernas y universales: el Civilismo y el Apra. El primero, carente de técnica y de espíritu de empresa, es un obstáculo en la marcha hacia el capitalismo. El segundo, imbricación rara de fascismo y de marxismo, es una rémora para el espíritu revolucionario. Vivimos dos etapas distintas y alejadas. Unos se encuentran como se encontraban los nobles, antes de la Revolución Francesa, sin reconocer los derechos del hombre; otros consideran que están en un estado comunista, sin percatarse que no hay aquí nada que revolucionar, sino mucho que organizar. Estamos entre dos fuerzas opuestas y, probablemente, iguales: la prueba de ello es que no caminamos».

¿Pueden ser más actuales las frases anteriores? Pero adentrémonos en More, leyendo a More en las diversas etapas de su vida y en las distintas facetas de su obra; sigamos en sus textos los pasos del siempre renovado pensamiento de More, hombre al que conocí y traté íntimamente en las postrimerías de su existencia terrenal. Personaje que dejó en mí una imborrable impresión por su inteligencia, su agudeza mental, sus conocimientos más íntimos vericuetos de la vida, por su amor a todo lo humano y a lo que fue más que su arte y oficio, su razón de ser, el periodismo.

Así despedí los restos mortales del maestro, del eximio orfebre en las artes de manejar el idioma, de captar la actualidad, de juguetear con las andanzas de la vida. Hoy no cambiaría una palabra de lo que ese día dije en el cementerio de Lima:

«Nada más doloroso que renunciar a alguien. Y henos aquí devolviéndole a la tierra el cuerpo del ingenioso y agresivo prosista que llenara, desde su mocedad hasta ayer, el lugar más destacado y bullicioso del periodismo peruano. Sólo para el mañana -señalando por campo toda América Hispana- ha dejado Federico More la tarea, demasiado ambiciosa, de poderlo igualar. Le gustó ser primero. Y lo fue siempre. Nadie usó de la pluma con la habilidad de él, nadie supo hacerse odiar y temer como él y ninguno habrá que haya gozado de la amistad más que él. Caballo desbocado, tuvo ideas demasiado emotivas sobre la realidad social y política; pero, asumió con desenfreno lo que creyó justo. Pasó la vida entreteniéndose en decir que lo que más amaba era un crepúsculo frente al mar, o el silencio infinito de su puna. Lo que siempre hizo fue vivir apasionadamente, buscando sin cesar una trinchera de combate, queriendo -en el mundo de las ideas- unir la luna con la tierra. Fue poeta, en lucha constante por hacer vivir a los hombres dentro de una libre y divertida discrepancia. Y por poeta, quiso ser político. Lo vencieron la poesía y el humorismo. Ese sutilísimo humorismo sajón que permite llorar bajo la risa. Vivió entre sueños encantados y chispeantes; que no le impidieron, sin embargo, que muy a menudo coincidiera, en su trágica angustia por su pueblo, con las multitudes, a las que detestó con convicción de aristócrata de la inteligencia. More no entendió la vida sin pelea... y ha caído peleando. Honra a la revista que fundé y dirijo el haber sido su última trinchera. Los que hemos estado hasta el fin a su lado, sabemos que no lo mató la muerte. Federico se dejó morir. En un país donde cada día es menos valorada la inteligencia; en momentos en que se han perdido hasta las buenas maneras -de las que él gustó tanto-; y cuando las posibilidades de rehacer la fe de su pueblo, a base del respeto a la discrepancia, se transforman en seguro temor de tener que continuar en obligada con vivencia, no creyó adecuado encontrar otro camino que el de dejarse morir. ¿Qué hacía él, eterno discrepante, en un mundo de silencio? Como sus amigos, los viejos griegos, se fue sonriéndole a la vida. Junto a Federico enterramos otra esperanza maltratada».

Pero los hombres que crearon belleza, que sembraron ideas, sobreviven a su envoltura terrena. Son como los gatos -animal al que More adoraba-; tienen varias vidas, las vidas que nacen de las lecturas que dejan.

Los invito a leer a Federico More.


FRANCISCO IGARTUA
ANDANZAS DE FEDERICO MORE
Prologo y Recopilación
págs. 5 al 14.

FRANCISCO IGARTUA
EDITORIAL En cuenta regresiva la libertad de prensa
Revista Oiga, 19/07/1993

Una de las más recientes hazañas del fujimorismo es haber liquidado el libro en el Perú. Así como se lee, sin eufemismo alguno. Y, por si hay dudas, trasladaré la frase a términos matemáticos: Al inicio del régimen, en plena crisis económica alanista, se importaban 30 millones de dólares en libros, hoy, en pleno éxito económico de Fujimori, esa cifra ha bajado a 4 millones. Sin que se pueda replicar que tal baja se deba al crecimiento de la industria editorial peruana, pues ésta se encuentra en una de las peores crisis de su historia, por las mismas razones que han destruido el negocio de importar libros: en el Perú la cultura –¡Por abundar en demasía!— paga los mismos o mayores impuestos que una máquina tragamonedas, una crema para el sol o una escopeta de juguete para Kenyi.

¿Pero por qué se extraña usted de leer lo que está leyendo? ¿Se puede esperar otra cosa, en asuntos culturales, en sensibilidad espiritual, de un jefe de Estado que acaba de declarar en el Brasil, invitado a una reunión con los líderes de América Latina, España y Portugal, que él no asiste armado a las cárceles porque, si llevara pistola, mataría a varios terroristas presos…? La frase, biensonante sin duda no sólo entre las damas de La Parada sino en la mayoría de los salones limeños, explica muchas cosas, entre ellas el trato que recibe la cultura en estos días de Economía de Mercado a ciegas, a oscuras y a la peruana. Lo que no quiere decir que en el pasado haya habido demasiada atención a la educación y a la cultura en el país. Ya se decía en esta misma columna, hace una o dos semanas, que entre las muchas diferencias que distanciaban a Chile del Perú se haya el mayor desarrollo cívico y cultural de la sociedad chilena, inquietada por estos asuntos desde el siglo pasado. (Siglo XIX. N. de R.) Desde tiempos en que la dirigencia peruana era, de lejos, mucho más, culturalmente, que la chilena. Pero tiempos en los que las elites peruanas –también más adineradas que las del Mapocho— preferían arañarse entre ellas y contratar militares de fortuna para gobernar el país y cuidar sus intereses. Triste tendencia a cerrar los ojos y entregarse en manos del destino. Tendencia que hasta hoy persiste en el Perú; mientras que en Chile la madurez cívica –que no nació y se hizo fuerte en un día— siempre se impone, con sus hombres representativos a la cabeza, sobre los errores en que el país haya resbalado en el trascurso de la historia.

Pero no es tema de esta nota el desencuentro del Perú con su destino, en comparación con Chile, ni tampoco ocupa su atención el desafortunado papel jugado en el pasado y el presente por sus inteligentísimas y desorientadas elites. El tema de hoy en estas líneas es el libro y la industria editorial, una de las varias demoliciones institucionales ya realizadas por Fujimori para, como dijo en Brasil, en su discurso de fondo, “replantear la democracia” y reconstruir el Perú. Esta columna está dedicada a la liquidación del libro y de todos los impresos que incomodan a la ‘moderna democracia’ que Fujimori ha propuesto como grandísima novedad, olvidándose, como se lo ha recordado Francisco Tudela, que el sistema fue replanteado hace dos mil quinientos años por los griegos y que “ya es un poco tarde, después de tantos siglos, para proponer la intención de una nueva democracia”.

El ‘replanteamiento’ de Fujimori resultará más parecido a una dictadura –sistema también inventado por los griegos hace siglos— si repasamos el resultado de sus ‘éxitos’. Fujimori, por medio de un golpe militar, violó la Constitución, que sólo en ficción ha sido repuesta, pues el gobierno ha incumplido cada vez que le da la gana y sin explicación alguna. Nadie discute que, en el Perú actual, el señor Gobierno es la Ley. A la vez disolvió el Congreso, que tenía igual respaldo electoral que el presidente, y en contubernio con la OEA de Baena y Gros Espiell, creó un remedo de Parlamento, el CCD, cuyo único objetivo es darle visos de legitimidad a la reelección de Fujimori. Jamás en la historia del Perú, salvo en el oncenio de Leguía, ha habido una Asamblea más obsecuente con el Ejecutivo que el CCD. También descabezó Fujimori el Poder Judicial y la Fiscalía de la Nación e hizo flecos con jueces y fiscales, a los que reemplazó con sus propios fiscales y jueces, nombrados a dedo. Un cambio aberrante, de cuyas escandalosas distorsiones y abusos darán fe los miembros de las organizaciones de Derechos Humanos que, asombrados, acaban de asistir a la actuación de la justicia fujimorista, en el caso de cuatro tumbas con cadáveres calcinados descubiertas en un basural. Horrendo asesinato en masa, al parecer uno más entre otros muchos, que no sería de extrañar resulte siendo achacado al periodista que hizo la denuncia.

Pero el gran éxito, el triunfo extraordinario, el superlativo acierto del señor Fujimori ha sido la implantación de la economía de mercado en el Perú. Y la receta de tan descomunal hazaña ha sido sencillamente: seguir al pie de la letra las recomendaciones, órdenes, consejos, insinuaciones de los técnicos del Banco Mundial, el FMI, el BID, etc. Lo único malo de tan sencilla y extraordinaria receta está en que algunas de esas recomendaciones, por pecar de ortodoxas y librescas, se dan de narices con la realidad peruana. ¡Se quería poner el 18% del IGV hasta en los colegios! ¡Y casi lo logran!

Sí, lo vienen imponiendo en libros, periódicos, revistas. Con lo que la Democracia Dirigida o Replanteada del señor Fujimori –o sea una dictadura al estilo clásico griego— no se inmuta por un lado, ya que la baja cultural no le quita el sueño, y por el otro se frota las manos, porque así, sin violencia, se pone al borde de la clausura o el silencio a la prensa de oposición. Es imposible que puedan subsistir –en el Perú y en muchos otros países— el negocio de libros y las empresas editoras de periódicos y revistas con 18% de IGV en la venta de ejemplares, 18% por los contratos de publicidad –a pagar aun antes de que sean cancelados—, 15% en derechos de aduana por los insumos (para las revistas 25%), además de los tributos normales que, en esta revista, siempre estuvieron religiosamente pagados al día de vencimiento.

Se trata de impuestos que a nadie se le ocurriría siquiera proponer en Colombia, Argentina, Uruguay, Ecuador –prácticamente en toda América Latina— y que en algunos países europeos no sólo no existen sino que hay subvenciones para la prensa, por ser ésta el máximo difusor de la cultura cívica y de información básica.

Aquí se está exigiendo ese imposible pago y, usando a ciegas el igualitarismo del mercado, con la vehemencia pendular que es norma nacional, el gobierno del señor Fujimori y sus geishas han arruinado a la industria editorial, han logrado que un país semianalfabeto, reacio a la lectura, reduzca al mínimo su capacidad de leer no sólo libros sino cualquier publicación. Los días de plena libertad de prensa en el Perú han ingresado a una cuenta regresiva que no se sabe cuánto será de larga. Cuando se llegue a uno habrá quien grite: ¡Abajo la lectura, viva la pena de muerte y que vengan las pistolas para entrar a las cárceles! ¡Arriba la barbarie!

¿Por qué, como es ya costumbre del CCD, no se rectifica una votación más y se impone, como se quería, el IGV a los colegios? Así el modelo peruano de mercado sería perfecto, recibiría el Perú los parabienes del mundo entero y los peruanos nos moriríamos de hambre, sin lectura, pero en olor de santidad mercantilista (en el sentido real de la palabra).