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DORIS GIBSON PARRA Y FRANCISCO IGARTUA ROVIRA

DORIS GIBSON PARRA Y FRANCISCO IGARTUA ROVIRA
FRANCISCO IGARTUA CON DORIS GIBSON, PIEZA CLAVE EN LA FUNDACION DE OIGA, EN 1950 CONFUNDARIAN CARETAS.

«También la providencia fue bondadosa conmigo, al haberme permitido -poniendo a parte estos años que acabo de relatar- escribir siempre en periódicos de mi propiedad, sin atadura alguna, tomando los riesgos y las decisiones dictadas por mi conciencia en el tono en que se me iba la pluma, no siempre dentro de la mesura que tanto gusta a la gente limeña. Fundé Caretas y Oiga, aunque ésta tuvo un primer nacimiento en noviembre de 1948, ocasión en la que también conté con la ayuda decisiva de Doris Gibson, mi socia, mi colaboradora, mi compañera, mi sostén en Caretas, que apareció el año 50. Pero éste es asunto que he tocado ampliamente en un ensayo sobre la prensa revisteril que publiqué años atrás y que, quién sabe, reaparezca en esta edición con algunas enmiendas y añadiduras». FRANCISCO IGARTUA - «ANDANZAS DE UN PERIODISTA MÁS DE 50 AÑOS DE LUCHA EN EL PERÚ - OIGA 9 DE NOVIEMBRE DE 1992»

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«Cierra Oiga para no prostituir sus banderas, o sea sus ideales que fueron y son de los peruanos amantes de las libertades cívicas, de la democracia y de la tolerancia, aunque seamos intolerantes contra la corrupción, con el juego sucio de los gobernantes y de sus autoridades. El pecado de la revista, su pecado mayor, fue quien sabe ser intransigente con su verdad» FRANCISCO IGARTUA – «ADIÓS CON LA SATISFACCIÓN DE NO HABER CLAUDICADO», EDITORIAL «ADIÓS AMIGOS Y ENEMIGOS», OIGA 5 DE SEPTIEMBRE DE 1995

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CENTRO VASCO PERU

CENTRO VASCO PERU
UNIVERSIDAD DEL PAÍS VASCO

CENTRO VASCO LIMA

CENTRO VASCO LIMA
UNIVERSIDAD DEL PAÍS VASCO

«Siendo la paz el más difícil y, a la vez, el supremo anhelo de los pueblos, las delegaciones presentes en este Segundo Congreso de las Colectividades Vascas, con la serena perspectiva que da la distancia, respaldan a la sociedad vasca, al Gobierno de Euskadi y a las demás instituciones vascas en su empeño por llevar adelante el proceso de paz ya iniciado y en el que todos estamos comprometidos.» FRANCISCO IGARTUA - TEXTO SOMETIDO A LA APROBACION DE LA ASAMBLEA Y QUE FUE APROBADO POR UNANIMIDAD - VITORIA-GASTEIZ, 27 DE OCTUBRE DE 1999.

«Muchos más ejemplos del particularismo vasco, de la identidad euskaldun, se pueden extraer de la lectura de estos ajados documentos americanos, pero el espacio, tirano del periodismo, me obliga a concluir y lo hago con un reclamo cara al futuro. Identidad significa afirmación de lo propio y no agresión a la otredad, afirmación actualizada-repito actualizada- de tradiciones que enriquecen la salud de los pueblos y naciones y las pluralidades del ser humano. No se hace patria odiando a los otros, cerrándonos, sino integrando al sentir, a la vivencia de la comunidad euskaldun, la pluralidad del ser vasco. Por ejemplo, asumiendo como propio -porque lo es- el pensamiento de las grandes personalidades vascas, incluido el de los que han sido reacios al Bizcaitarrismo como es el caso de Unamuno, Baroja, Maeztu, figuras universales y profundamente vascas, tanto que don Miguel se preciaba de serlo afirmando «y yo lo soy puro, por los dieciséis costados». Lo decía con el mismo espíritu con el que los vascos en 1612, comenzaban a reunirse en Euskaletxeak aquí en América» - FRANCISCO IGARTUA - AMERICA Y LAS EUSKALETXEAK - EUSKONEWS & MEDIA 72.ZBK 24-31 DE MARZO 2000

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lunes, 24 de noviembre de 2014

1995-2015

Oiga dice la verdad señor Presidente
FRANCISCO IGARTUA

FRANCISCO IGARTUA
Director Fundador
Fondo Editorial Revista Oiga
SUPONE usted bien señor presidente que la información sobre sus residencias publicadas por OIGA tenia intensión política. No se equivoca usted. Esa era el propósito de la revista: destacar la demagogia aprista, la incongruencia entre lo que dice y lo que hace. También deja entrever usted que la nota va conducida a distraer asuntos transcendentes –con propósitos subalternos, añade el comunicado de su partido– y aquí yerra usted, señor presidente. Las razones por las que OIGA publico la información sobre sus residencias no tratan de desviar sino de centrar el debate sobre estatificación de la banca y no están inspiradas en inquina personal alguna, menos aun podrían tener animo de dañar honras. Nada de lo publicado sobre su conducta roza con lo ilegal o desdoroso, como lo puntualizo la revista.

Lo que sí ha hecho es salir al encuentro de la desorbitada campaña aprista de apoyo a la estatificación de la banca, que usted inicio con su gira al norte –en la que se dedico a enfrentar a los peruanos no sólo por diferencias de credo político y posición social sino hasta de raza– y que, en estos días, llego en el Senado a la agresión moral contra quienes poseen residencias en ciertas zonas de la capital. Los parlamentarios que, siguieron el tema de los discursos presidenciales, se dedicaron esa semana a injuriar, zaherir, ofender y descalificar a la oposición, coincidieron en señalar como delito, como vergonzoso desvarió, el que algunos peruanos tuvieran sus moradas en La Molina, Chacarilla o las Casuarinas.

En su exceso demagógico olvidaron estos señores senadores que muchos de ellos mismos viven en esos barrios, igual que no pocos diputados apristas… y que usted mora en Chacarilla, señor presidente, aparte de poseer una residencia de playa en Naplo.

Callar, pues me era imposible. Hubiera sido traicionar a mi bando, el de la oposición democrática; opción que escogí por la desconfianza que desde antiguo me inspira el Apra, por convicción que usted bien conoce, señor presidente. Yo no podía ocultar algo que está en boca de medio Lima: usted tiene problemas de seguridad en su casa de Chacarilla y ha estado durante meses tratando de hallar otra residencia que le ofrezca el resguardo al que cualquier ciudadano tiene derecho y más aun el presidente de la República. Poseo información de muy buena fuente sobre esa legítima búsqueda de una residencia para mudarse –algunos de cuyos detalles figuran en la crónica que usted no comenta en su carta– y también son confiables las versiones que me llegaron sobre su decisión de concluir la búsqueda, al satisfacerle las características generales de la residencia de Las Tres Marías, que la revista fotografió y que un amigo suyo está construyendo no sé si con ánimo de alquilarla, venderla u obsequiarla. No dijo OIGA que usted fuera propietario del terreno ni de la casa. No he mentido, pues, señor presidente, he dicho la verdad. No se ha hablado de la casa de Alan García sino de la casa para Alan.

Sin embargo, la importancia de la discusión no está en sus visitas a Las Tres Marías ni en su incursión en los diseños de la casa, sino en este hecho social: el lugar de sus residencias, señor presidente. Frente a las destempladas voces apristas, descalificando moralmente a quienes habitan en los barrios llamados de lujo, se levanta firme como una roca esta verdad: allí vive usted, señor presidente de la República, y también allí moran la mayoría de los ministros y muchos diputados y senadores apristas. La demagogia de los estatificadores de la banca, la falsedad de las palabras frente a los hechos, queda así desnuda, a la vista. Que era lo que OIGA quiso exhibir, para probar la hipocresía de la oposición del partido de gobierno y su tentación fascista.

El Perú, señor presidente, nos duele a todos. Nos duele su miseria, sus dolores humanos, su mugre, sus desesperanzas, sus violencias, su retraso económico. En eso no hay distingos. El Perú le duele a usted tanto como a mí. La diferencia está en que algunos – que ahora parece que son muchos– no creemos que ese dolor profundo y triste se resuelva con trasnochadas demagogias que terminan en distribución de miserias y en liquidación de la libertad. Los demócratas confiamos en la decisión nacional –tomada por consenso– de transformar el país en una nación eficaz, eficiente, moderna; con disciplina para el trabajo y la acción social, con mejores salarios y mayor producción; con voluntad para recuperar el tiempo perdido y sobrepasar a nuestros vecinos, que nos seguían de lejos y hoy se nos han escapado hacia adelante.

Permítame, señor presidente, agregarle estas reflexiones: a su habilidad política –es usted político desde las uñas de los pies a la cabeza– no le caería bien un añadido de sosiego y de mesura. No es el mejor de los consejos de Maquiavello el que alienta a la audacia “porque la fortuna es mujer y se deja ganar por los jóvenes impetuosos”. La fortuna, como lo dice el mismo Maquiavello en ese capítulo, dedicado a la menos segura de las formulas de gobierno, es voluble y poco confiable, no es duradera.

De usted, como siempre, amistosamente.

Igartua

Fuente: 0iga, Viernes 14 de setiembre de 1987.  Sección Editorial a03

Edición y Compilación: Jhon Bazán & Josu Iñaki Bazán

sábado, 15 de noviembre de 2014

1995-2015

¿Volverá a los diez años?
FRANCISCO IGARTUA

FRANCISCO IGARTUA
Director Fundador
Fondo Editorial Revista Oiga
Comenzaré haciendo una pregunta de actualidad; _ ¿Cuando ustedes van al cine dicen vamos a visionar "El Verdugo"? ¿Alguna vez dijeron hemos visionado a Madonna? Creo que no... ¿Por qué, pues, al sobrecogedor espanto de los videos o vídeos que van poniendo en calzoncillos las profundas inconsistencias y descaradas desvergüenzas de la sociedad peruana, hemos de acompañarlo con el inventado, extravagante y disonante verbo visionar? ¿Para disimular el espanto o para engañarnos y creer que lo que vemos no es realidad sino visiones? ¿Y qué es lo que vemos, lo que estamos viendo y no visionando, en esta tormentosa realidad peruana de los últimos meses? Estamos viendo y comprobando que esta etapa signada por los videos y el ignaro visionar es la más negra y despreciable de nuestra historia.
La catástrofe de 1879 nos humilló y empobreció, pero sin ensuciarnos moralmente; y, en contrapartida, nos dio a Grau y Bolognesi, con sus homéricas hazañas. Y los once años de Leguía, que fueron un largo engaño de grandezas y oropeles encubridores de terrores y ruindades nunca antes vistas, tuvieron un final tan lleno de tragedia que empequeñeció y hasta redimió sus culpas. El infeliz y nauseabundo régimen fujimorista ha superado ampliamente al delirio leguiista y su caída nos ha hundido en una postración mayor que la derrota del 79. Esto lo ha entendido el Perú entero y, por lo tanto, el "nunca más" ha sido puesto en la orden del día, donde bien puesto está. Pero ¡mucho cuidado con desparramar la vista y descuidar el blanco central!
El régimen que, felizmente, ya vemos en la picota no es un ente colegiado. Como la mayoría de estas monstruosidades históricas, el gobierno que acabamos de padecer tiene cabeza y hasta doble, pues pareciera que el proyecto militar, que hizo a Fujimori presidente para veinte años, fue cambiando, evolucionando, hasta que, poniendo de lado al organismo colegiado diseñado por sus autores para mandar, terminó siendo una autocracia bicéfala. Esto es lo que dicen los hechos que vamos conociendo con asco y estupor.
Y siendo así las cosas, ¿está bien que nos preocupemos más por la comparsa, por los partiquinos del macabro espectáculo, que por las dos cabezas del monstruo? Sobre todo, sería imperdonable que descuidemos la cabeza principal; ya que Vladimiro Montesinos es papel quemado, sin posibilidad alguna de reciclaje, mientras que Fujimori, por el camino que vamos, va a terminar sin castigo, con apenas una inhabilitación de diez años, al cabo de los cuales puede volver como Alan García, para recordar "el lado bueno de su régimen". Y, por ese camino, el "nunca más" resultará un penoso fiasco. Lo que hay que hacer es remachar y remachar que el régimen fujimorista tiene una sola cara, de la que es responsable su jefe, el señor Fujimori. Ya que resulta imposible creer, como interesada o ingenuamente creen algunos, que Alberto Fujimori —quien tenía dormitorio al lado de su asesor— desconocía las ignominiosas manipulaciones que Montesinos realizaba para entornillarlo a él en la Presidencia y que, como un 'caído del palto', no estuviera enterado de los millones de dólares que circulaban por las manos de Montesinos. Tampoco es posible que no estuviera al tanto de la 'limpieza de terrucos', pues él, Fujimori, insistió dos veces ante el Comando del Ejército, a fines de 1991, para que fueran ascendidos Huamán, Martín Rivas, Pichilingue, etc., "por los servicios prestados en las universidades" (en ese entonces habían desaparecido muchos estudiantes de Huancayo y otras localidades de la sierra central).
El régimen fujimorista no tiene lado bueno, ha sido una ciénaga pestilente, una organización mañosa puesta al servicio de una pareja de desalmados. La paz en las fronteras norte y sur, la cuantiosa obra pública, algunos aciertos económicos y de asistencia social, en nada compensan todo el mal que en el terreno cívico, moral y económico le ha hecho al Perú el monstruo bicéfalo que se apoderó de un proyecto militar que, aunque aberrante, ninguno de los que lo montaron se imaginó que devendría en una perversa trituradora de seres humanos e instituciones, entre ellas la propia Fuerza Armada.


Fuente: El Comercio, Viernes 22 de febrero de 2001.  Sección Editorial a21
Edición y Compilación: Jhon Bazán & Josu Iñaki Bazán

1995-2015

Cuando la callada no es buena respuesta
FRANCISCO IGARTUA

FRANCISCO IGARTUA
Director Fundador
Fondo Editorial Revista Oiga
Muchos lo vieron así: como gesto dramático de un padre doloroso que sale en defensa del hijo hallado en falta. Pero no sólo fue eso la emotiva presentación de Luis Bedoya Reyes en la pantalla del Canal 5 el domingo pasado. Fue algo más. Fue una lección muy alta de valor paterno y una gravísima acusación pública que no puede ser pasada por alto, dando la callada por respuesta.
El doctor Luis Bedoya Reyes, uno de nuestros más altos repúblicos y políticos de mente lúcida que mereció ser presidente, salió en la televisión como león herido en defensa de su hijo. Pero no salió a disculparlo —lo halló pecador—, lo hizo para defenderlo legalmente y para protestar, altivo, por la forma aprobiosa y gratuita como fue detenido y puesto en prisión.
Lo habían tratado como si fuera un peligroso criminal de la banda de Los Destructores y no como lo que es: un ciudadano con residencia conocida y familiares respetabilísimos, que no rehuía a la justicia, ante la que se había presentado oportunamente.
Con su alegato, Bedoya Reyes volvió a poner bajo sospecha el incivilizado modo con el que se está deteniendo y encarcelando a los acusados de complicidad con la dictadura, con sus crímenes y latrocinios; pues ese bárbaro proceder con olor a venganza, a ensañamiento, no enaltece sino rebaja a quien lo emplea.
Pero el doctor Bedoya Reyes no salió a pedir favor sino a reclamar, con entereza, justicia; por lo que no se mordió la lengua y acusó directamente al responsable de la inexplicable maldad: a uno de los ministros de la transición, ya que la policía actúa por órdenes superiores y no por capricho. En el doloroso trance que le ha tocado vivir en la plenitud de su vida, dando muestra de fuertísimo carácter, sobreponiéndose a las lágrimas, el sereno repúblico tuvo también ánimo para examinar los hechos considerados delito y confrontarlos con los de descargo.
Llegó a la conclusión de que los descargos disminuyen considerablemente el terrible pecado de su hijo, quien acudió al tenebroso Montesinos en demanda de ayuda para derrotar a sus desarmados adversarios en las elecciones miraflorinas. Un hecho a todas luces imperdonable en un opositor al régimen; aunque no delito, pues el padre probó que el hijo recibió la ayuda sin entregarse al fujimorismo, ya que más tarde, desde el despacho de la alcaldía, se negó a cumplir las órdenes que recibía de la contraloría fujimorista para acusar de malos manejos administrativos a Femando y Alberto Andrade. Sin embargo, siendo correcto el alegato del doctor Bedoya Reyes e injusta por lo tanto la estadía de su hijo en la cárcel, no puedo dejar de advertir mucha mayor gravedad que el padre en la falta o el pecado de Luis Bedoya de Vivanco, quien no es claro está, delincuente, pero sí grandísimo pecador, ya que moral y políticamente resulta aberrante que se aliara con la dictadura para derrotar, suciamente, a su adversario Andrade y dañar así, de carambola, la imagen del hermano, Alberto Andrade, en aquella época el más firme contendor del candidato Fujimori, el déspota reeleccionista. Fue el favor mayor que, entonces, podía hacérsele al régimen nefasto.
En todo caso, la intervención televisiva del doctor Luis Bedoya Reyes ha sido una lección dramática de trágico valor humano, de nobleza patriarcal, de fiero instinto paternal. También de cívica indignación ante la irresponsabilidad de ciertos acusadores y los métodos abusivos y violentos, nada democráticos, usados estos días para detener y encarcelar a los acusados, salvo extrañas excepciones que acrecientan los interrogantes que no debieran tener la callada por respuesta.


Fuente: El Comercio, Jueves 8 de febrero de 2001.  Sección Editorial a15
Edición y Compilación: Jhon Bazán & Josu Iñaki Bazán

1995-2015

Nuestro lado bueno dio la cara
FRANCISCO IGARTUA

FRANCISCO IGARTUA
Director Fundador
Fondo Editorial Revista Oiga
Mal escudado en unos taparrabos que él creía eran vestido de libertad de prensa, Nicolás Lúcar hizo estallar el domingo pasado las pantallas de las televisoras de todo el Perú con una entrevista irresponsablemente transmitida al público y en la que, con perversidad y ruindad, se injuriaba al presidente Paniagua y a otras personalidades nacionales. El tiro, por fortuna, le salió por la culata y las revelaciones del ex guardaespaldas de Montesinos más bien sirvieron para mostrar los rostros buenos del Perú. La cara que más destacó fue la de todo un señor, desinteresado y noble, la de Alberto Andrade, quien con claridad y energía, con firmeza y sin aspavientos, como es él, se enfrentó a Lucar, quien engañosamente lo había invitado para que fuera comparsa de la infamia. Sin mayores preámbulos Andrade se solidarizó con el presidente Paniagua, principal víctima de la ruindad, calificó al Canal 4 de nido de ratas y se retiró dejando plantado al terrorista Lúcar. ¡Honor al caballero, al hombre que sufrió más que nadie la canallesca campaña psicosocial del régimen pasado! A él, dos veces vencedor del fujimorismo, se lo señaló años atrás como el enemigo número uno del candidato Fujimori y sin piedad fue maltratada su imagen. Lo prueban los tristes videos de Gamarra y Bedoya, hombres de la oposición que se pasaron al gobierno para hacer desaparecer de la política a Alberto Andrade, al hombre que con mayor dedicación, seriedad y eficiencia se había entregado en los últimos años al servicio público, a la política con mayúscula. Y, momentáneamente, lo lograron. Sin embargo, el sobrio y rotundo gesto de Andrade en defensa de la conocida honorabilidad del presidente Paniagua lo coloca, más aun por no ser ahora candidato, a la vanguardia de la reserva de nuestra política.
La torpe escaramuza desestabilizadora del Canal 4, acto político mal camuflado con ropaje de libertad de prensa y moralización, no ha sido por completo negativa. Ha servido sobre todo para que el doctor Valentín Paniagua se alce a la altura que le corresponde por su trayectoria, como personaje de integridad y decencia desacostumbradas en nuestro medio. También sirvió para que levantara la voz, con su aguerrido temperamento, el doctor Carlos Ferrero, otro de los agraviados; y para que el general Ketin Vidal sosegadamente pusiera los puntos en las íes de su relación laboral con Montesinos.
Por otra parte, ha retornado del exilio el ex presidente Alan García, trayéndonos incertidumbres, disimuladas con su verbo encendido y la precisión de sus mensajes. Probando que es un orador formidable y un animal político, aunque sin convencer a la mayoría de que haya madurado. Para los más sigue siendo el simpático e irresponsable bohemio que fue siempre, el hombre inteligente, agudo y audaz que no sabe calentar asiento ni puede sosegar el potro desbocado que lleva dentro. Tampoco ha traído respuestas convincentes a los cuestionamientos que se le hicieron y se le hacen. Alan no ha aportado luz sino brillo a la penumbra en la que está desarrollándose el proceso político y más de un peruano con una pizca de maldad debe estar recordando aquel proverbio campesino que dice así: "al que nace barrigón aunque lo fajen de niño".
Y, para concluir, una última y no por ello ni por breve menos importante reflexión. Si ha causado justa indignación que el incierto testimonio de un guardaespaldas se haya utilizado para lanzar acusaciones viles contra personalidades intachables, el hecho debe hacemos meditar en que tampoco es serio dar crédito a las declaraciones de cualquier delincuente que esté buscando aliviar su condena.


Fuente: El Comercio, Viernes 2 de febrero de 2001.  Sección Editorial a15
Edición y Compilación: Jhon Bazán & Josu Iñaki Bazán

1995-2015

Lo que comenta la calle
FRANCISCO IGARTUA

FRANCISCO IGARTUA
Director Fundador
Fondo Editorial Revista Oiga
Para un peruano que haya estado residiendo mucho tiempo fuera y en países desarrollados, la primera impresión que recibirá a su retorno al país en estos días será de desconcierto. No le llamará la atención ver a nuestros políticos correr como cuyes de tómbola tras un lugar en cualquier lista parlamentaria que ofrezca posibilidades de llegar al Congreso. Es la costumbre. Pero sí le disgustará observar a los actuales parlamentarios rebajando alegremente impuestos para hacerse simpáticos a sus electores, sin importarles destrozar el programa económico que heredará el próximo Gobierno. Pensará "no hemos progresado; sigue la crasa irresponsabilidad de siempre".
Sin embargo, estas desilusiones se volverán nada apenas prenda la televisión y vea el recuento de los últimos días. Generales de alto rango zarandeados como vulgares asesinos; una joven sola universitaria es capturada violentamente por soldados armados de metralletas y fusiles; más mujeres entrando a la cárcel, donde, al parecer, se les hace exámenes íntimos. El recién llegado quedará confundido y sospechará que el avión equivocó su destino y lo dejó en uno de esos países primitivos de África. Si, con miras a la ejemplaridad, se quiere hacer un espectáculo público con las acciones judiciales iniciadas contra los responsables del gigantesco escándalo de corrupción y prepotencia que significó el régimen fujimorista, también tendría que hacerse público todo lo actuado —con los videos de tirios y troyanos— y hacer públicas las pruebas que justifiquen la prisión de los detenidos, quienes por ningún motivo deberían ser ultrajados. No es justicia actuar por medio de trascendidos, de ilegales filtraciones de los jueces a la prensa, de avisos de la policía a las televisoras. Si se desea hacer publicidad del alucinante drama que hemos vivido los peruanos, para que sirva de ejemplo y de un "nunca más", que esa publicidad sea sobria y de verdad ejemplar... serena como tiene que ser la justicia.
Lo mejor, sin duda, sería que el proceso contra la corrupción se siga de acuerdo a ley, con reserva y seriedad, sin gratuitas espectacularidades ni ultrajes que dañan más a la justicia que a los ultrajados.
Lo que la calle reclama no es contemplación con los delitos sino respeto por la persona humana y mayor seriedad en las acusaciones. No es comprensible, por ejemplo, que el procurador haya denunciado al prófugo Alberto Fujimori por el delito de chantajear a los medios de comunicación, negando avisaje a los periódicos contrarios a su régimen y favoreciendo a los amigos. No es que Alberto Fujimori no sea responsable de todo el descomunal desastre que fue el pasado régimen, sino que no es lo correcto cubrir con él a los ejecutores de sus órdenes. En el terreno de los medios de expresión, quien hasta hace pocos años hacía y deshacía sobre el tema era Santiago Fujimori, no sé por qué tratado con guantes de seda en estos días. Era él, Santiago, y no los argentinos Dufour o Borobio, el  que daba y quitaba favores a los medios. Fue él quien sometió a las televisoras a las exigencias de régimen y era de suyo un puño de hierro sobre la Sunat, el más eficaz de los aparatos represivos de régimen, dirigido al bolsillo de sus adversarios y críticos. Y lo que digo no es opinión basada en apreciaciones subjetivas o en rumores. Es testimonio directo de quien esto escribe, con ocasión de una cena en casa del señor Óscar Dufour, a la que fui invitado para charlar sobre las relaciones del poder y la prensa con el doctor Santiago Fujimori y cena a la que se unió en los postres el señor Estela, mandamás de la Sunat. Sobra decir que no estuve de acuerdo con las tesis de Santiago Fujimori y que las ofertas suyas y mías quedaron en nada. La revista "Oiga" la de entonces no cambió de ruta. Creía y sigo creyendo que no hay libertad de prensa si el Estado interfiere, sea con impuestos o con la policía, la libre circulación de ideas... No es, pues, caprichosa mi seguridad de que él, Santiago, era el responsable de la política del régimen sobre los medios de expresión y quien daba las órdenes para el comportamiento político de la Sunat
Debo concluir, sin embargo, afirmando que sería injusto que sólo con mi testimonio caiga la policía, metralleta en mano, sobre el doctor Santiago Fujimori. Sí es pie para una sosegada investigación para reafirmar la tesis de que el impuesto a la circulación de las ideas e informaciones es la más taimada de las censuras a la prensa. Lo que no significa exoneración de impuestos a las utilidades del negocio periodístico.

Fuente: El Comercio, Viernes 26 de enero de 2001.  Sección Editorial a21
Edición y Compilación: Jhon Bazán & Josu Iñaki Bazán

miércoles, 12 de noviembre de 2014

PACO IGARTUA

Paco Igartua

noviembre 7, 2014 por opotesta

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Revista Nexos
Es primero de octubre y leo en las redes sociales miles de saludos y halagos al periodismo. Veo la esperanza de los nuevos colegas y la “felicidad” de los viejos, que en privado sí se atreven a denostar contra sus malos jefes y a lamentar la trastocada ética que se aplica en la prensa. No cuestionan a los empresarios que han dejado de colocar a gente honesta en las pantallas, para preferir a psicópatas que matan (o facilitan el crimen) por el rating. Los broadcasters podrían limpiar la prensa de un plumazo, pero eso no les interesa: los medios de comunicación son un negocio en una selva empresarial. Y allí gana el más salvaje.

En las redes sociales no existe la historia, sino el menudo interés del presente. Nadie ‘cuelga’ las legendarias entrevistas de César Hildebrandt en Caretas ni las soberbias disquisiciones de Federico More en Oiga, pese a ser señalado como el periodista peruano más completo de todos los tiempos.

En 1995 ingresé como practicante a Oiga, revista dirigida por Paco Igartua, tozuda opositora de Fujimori y Montesinos. Tenía 21 años y cursaba el noveno ciclo de periodismo. Paco había sido el discípulo predilecto de More y deseaba aprender de él. Lamentablemente, ese mismo año, Oiga, la predecesora de Caretas, cerró por la tenaza tributaria de la Sunat y me quedé en la calle: desolado y con dos notas por diseñar.

La noticia del cierre de Oiga fue comunicada a los periodistas una soleada mañana de setiembre. No estuve allí, pues había decidido escribir de amanecida en mi casa, tecleando la vieja Remington familiar. Uno de los guachimanes lloraba y un diagramador se encontraba tirado en la mesa de diseño, acompañado por dos botellas de ron que en vano trataba de ocultar. La cancelación de la histórica revista había sido un bombazo.

A Paco lo busqué un año después en su casa de San Isidro, justo un primero de octubre de 1996. Estaba desanimado como un boxeador al que han sacado del ring antes de tiempo, pero jamás lo iba a confesar. Esa tarde le hice una entrevista que aún conservo en un microcassette. Aquí algunos extractos:

En el número de Oiga que conmemoró en 1992 sus 50 años como periodista, Mario Belaunde, viejo amigo suyo, hizo un artículo sobre Usted que tuvo un sugestivo titular: “Nacido para joder”. ¿Cómo recibió esa peculiar calificación?

Más que nada fue por la rebeldía que siempre me acompañó.

Aunque pueda pecar de obvio… ¿Cuál debe ser la misión de un periodista?

La misión del periodista siempre será informar, orientar y educar. El periodismo que se convierte en fábrica de embutidos tira su esencia al tacho de basura. Por desgracia, los medios de comunicación le han dado a la noticia la categoría de producto lácteo al venderse de forma irresponsable.

¿Qué se privilegia?

Se privilegia el negocio, cosa que antes no sucedía. Muchos coinciden en que la prensa escrita desaparecerá con el avance de las nuevas tecnologías…

[Paco nos pide una pausa para buscar unos apuntes. Parece ser el texto de un discurso] Afina la voz y dice:

La prensa escrita, letra por letra, sufrirá algunos cambios pero no morirá. La magia y el embriagante estilo de la letra de molde no desaparecerá por obra de las palabras radiales –que se las lleva el viento– o de la imagen que no nos permite centrar nuestra atención en el significado del discurso. La palabra volandera jamás nos dará la seguridad que nos brinda la letra escrita: ese texto que podemos leer y releer por placer o para rectificar lo que no estuvimos seguros de entender.

¿En qué son diferentes los periodistas de los medios escritos y los de la televisión?

Hay que considerar que la televisión no la hacen los periodistas. La hacen los empresarios.


Feliz día del periodista, querido Paco.

martes, 4 de noviembre de 2014

Alan García replico con una frase que dejo frío a Francisco y desconcertó a Galsky y a Pastor. – ¡Tú crees que con dos millones de dólares yo me iba a quedar aquí!

A la hora del aseo diario, en algún momento, sea en la ducha, frente al espejo o sentado en el wáter, a Francisco siempre le asaltan imágenes, ideas, recuerdos, saudales, proyectos en el aire. En su hora de divagar sin ataduras, a pesar, en los últimos meses, de la insistencia autoritaria de Gustavo:

“Tienes que escribir un libro que sea historia de los últimos cincuenta años vividos por ti”.

Con las fiestas patrias VOLVIÓ EL CIRCO
Archivo FRANCISCO IGARTUA
Archivo FONDO EDITORIAL REVISTA OIGA

“No fuiste objetivo con Alan García. A él no lo trataste tan finamente como a Prado. No le distes el beneficio de la duda. Lo atacaste desde el comienzo. Antes de su primer mensaje al país. Antes de asumir la presidencia el 28 de julio de mil novecientos ochenta y cinco”.

Lo que pasa –replica en sus divagaciones Francisco – es que detrás de lo escrito, de todo lo documentado, de lo que se llama historia, hay una superficie más íntima, un otro lado escondido, muchas veces más esclarecedor que el documento escrito, algo que se quedo sin escribir.

No fue arbitraria la oposición que mantuvo Francisco –desde el arranque– contra el presidente Alan García. No fue producto de su pésima opinión sobre el APRA, que venía de años atrás. Fue por un hecho muy objetivo, mejor dicho por una expresión sumamente reveladora, que Francisco tomó partido, desde el inicio, contra Alan García. Lo hizo como director de Oiga, el semanario que refundó al dejar Caretas. Ocurrió en un desayuno, en casa del poderoso empresario pesquero Isaac Galsky, a pedido –según cree Francisco- de Alan García, en esos momentos presidente electo, o sea poco antes de asumir el mando, de cruzarse la banda presidencial en el pecho y recibir el título de Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas, cargo que daba la impresión de subyugarlo tanto como la presidencia. Fue un desayuno íntimo, al que asistió, además del espléndido y bondadoso anfitrión, el doctor Jorge Pastor, eficaz consejero legal de Galsky. Fue un desayuno con manjares tan especiales que sólo al acaudalado y solícito Isaac Galsky se le ocurre ofrecer. También fue largo ese desayuno. Se habló de todo y Francisco aprovechó la ocasión para insistir en dos puntos: en señalar que el problema número uno en el Perú era el terrorismo, principalmente el de Sendero y en la necesidad de licenciar a toda la policía para crear otra nueva, totalmente distinta, con asesoramiento extranjero y con una moral remozada. –Lo que no quiere decir que vayas a aprovechar la ocasión para hacerla aprista. Alan García era muy aficionado al tú—, por eso te insisto en que la nueva organización sea conducida por una misión extranjera, la que evaluaría al personal con limpia foja de servicios, los únicos que tendrían opción para reintegrarse a la nueva institución. La mayoría de la actual policía esta corrompida hasta el tuétano y no sirve para nada, ni siquiera para ser reformada. Y es la policía, con su servicio de inteligencia, la que debe combatir al terrorismo.

Alan García le dio la razón a Francisco, aunque le hizo un chiste sobre la apristización de la policía, por lo que Francisco interpreto que eso –aprovechar a la policía para su partido– era lo que pensaba hacer. Sobre el terrorismo García fue tajante y lanzó una frase tremenda: –Los voy a liquidar como sea. No voy a tener piedad. Francisco no se imagino las masacres en las cárceles que ocurrían no mucho después. Matanzas que alegraron las estrechas mentes de mucha gente de derecha, porque tontamente creyeron que con esos asesinatos quedarían aniquilados los comandos de Sendero. (Todavía no había caído el muro de Berlín y el marxismo estaba vivo en las universidades, canteras de nuevos cuadros senderistas).

SIEMPRE UN EXTRAÑO
Archivo FRANCISCO IGARTUA
Archivo FONDO EDITORIAL REVISTA OIGA
No sólo se habló de política. Alan García es hombre ameno, de simpatía desbordante, conversador ágil, amigo de hacer bromas. Por ejemplo, de pronto se volteó y le dijo a Galsky: - Si te llaman, no contestes el teléfono. No quiero cadáveres en la mesa. Se refería a la tarea que cumple en la comunidad judía el audaz pesquero. Galsky estaba encargado de una misión nobilísima, aunque nada agradable: se ocupa de lavar a los muertos. Apenas muere un miembro de la comunidad judía, sea rico, pobre ó mendigo, Galsky sale como bombero al recibir el aviso. Abandona cualquier reunión, por importante que sea, y acude a la casa del fallecido para cumplir con el rito del lavado. Un gesto que muestra los afanes espirituales, el alma delicada, de un hombre que se apasiona haciendo negocios: -yo soy industrial por las circunstancias. Mi vocación es comprar y vender, es el comercio. Alega también no ser político. Su política, dice, es “ayudar a los gobiernos para que los peruanos podamos hacer buenos negocios”.

La conversación que era cordial y distendida, cambió de un momento a otro gracias a Alan. Bruscamente se enfrentó a Francisco: - Ustedes los periodistas están acostumbrados a calumniar y que no les pase nada. Ahora las cosas van a cambiar. Tú, por ejemplo, has dicho e insistido en Oiga que Corea del Norte me dio dos millones de dólares en una caja de zapatos. ¡Eso es una calumnia! Por lo pronto, allí no entran dos millones de dólares. ¿Sabes qué venia en esa caja? – ¿Sólo cien mil?– Alan García se puso más colérico: -Había una paloma de cerámica y se ve en las fotos que tomaron dentro de la embajada. (En esos momentos Corea del Norte no tenía embajada sino una delegación comercial, que se convirtió en embajada durante el gobierno aprista). –Bueno, seria paloma, pero los rumores hablaban de dólares y nosotros recogimos esos rumores… de fuentes muy confiables, que nos merece fe. Y aquí, alzando la voz, Alan García replico con una frase que dejo frío a Francisco y desconcertó a Galsky y a Pastor. – ¡Tú crees que con dos millones de dólares yo me iba a quedar aquí!

Era una confesión que lo desnudo. En aquellos momentos era presidente electo y se pronunciaba como el estudiante bohemio que había sido en Europa y nunca dejaría de serlo en sus entretelas íntimas. Francisco nada le contestó. Se quedó mudo unos minutos, anonadado por lo que acababa de escuchar. Fue Alan el que reanudó la charla en torno amable, sin tomar en cuenta ni sospechar lo que había dicho. Volvió la cordialidad en la misma forma exabrupta con la que inició sus violentas quejas por el rumor hecho público de la caja de zapatos, “con una paloma de cerámica dentro, no con dos millones de dólares”. Cuando acabo el desayuno y se despidió Alan, amigable y palomilla como le gustaba ser, Francisco le comentó a Galsky:

-¿Cómo se puede apoyar a un irresponsable, que ha dicho lo que ha dicho? ¡Que con dos millones de dólares no se queda en el Perú! Y ya Alan es nada menos que el presidente de este país. Galsky le rogó a Francisco que no fuera a escribir sobre el tema. El hecho había ocurrido en su casa y él había invitado al amigo a una reunión informal, no al periodista. Naturalmente que Francisco no reveló la frase de Alan García, pero su opinión sobre el flamante presidente ya la tenía formada. Con esas pocas palabras Alan García se había desnudado moralmente ante él.

Por ello el primer editorial sobre prado, aunque escéptico, no tenía la dureza con la que Francisco trató al presidente García desde el mismo 28 de julio de mil novecientos ochenta y cinco. Sin dejar de añadir excesivos elogios a su elocuencia indiscutible.

Había diferencia entre los dos presidentes, aunque en algo se parecían. En la frivolidades. También se parecían en la afición de los disfraces militares, pero en dirección inversa. Alan García, que venía de abajo, prefería el título y las insignias del jefe Supremo de las Fuerzas Armadas, mientras que don Manuel Prado, que venía de arriba y le encantaban las condecoraciones en el frac, prefería el uniforme de teniente del ejército, sin una sola medalla. Teniente era el grado que se entregaba a los universitarios al acabar sus estudios. Y es seguro que a Prado le debió fascinar el apodo que la chispa limeña le coloco: el de “Teniente Seductor”.


Francisco Igartua Rovira – “Siempre Un Extraño” – Editorial Santillana S.A. – págs. 276 a 279.