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DORIS GIBSON PARRA Y FRANCISCO IGARTUA ROVIRA

DORIS GIBSON PARRA Y FRANCISCO IGARTUA ROVIRA
FRANCISCO IGARTUA CON DORIS GIBSON, PIEZA CLAVE EN LA FUNDACION DE OIGA, EN 1950 CONFUNDARIAN CARETAS.

«También la providencia fue bondadosa conmigo, al haberme permitido -poniendo a parte estos años que acabo de relatar- escribir siempre en periódicos de mi propiedad, sin atadura alguna, tomando los riesgos y las decisiones dictadas por mi conciencia en el tono en que se me iba la pluma, no siempre dentro de la mesura que tanto gusta a la gente limeña. Fundé Caretas y Oiga, aunque ésta tuvo un primer nacimiento en noviembre de 1948, ocasión en la que también conté con la ayuda decisiva de Doris Gibson, mi socia, mi colaboradora, mi compañera, mi sostén en Caretas, que apareció el año 50. Pero éste es asunto que he tocado ampliamente en un ensayo sobre la prensa revisteril que publiqué años atrás y que, quién sabe, reaparezca en esta edición con algunas enmiendas y añadiduras». FRANCISCO IGARTUA - «ANDANZAS DE UN PERIODISTA MÁS DE 50 AÑOS DE LUCHA EN EL PERÚ - OIGA 9 DE NOVIEMBRE DE 1992»

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«Cierra Oiga para no prostituir sus banderas, o sea sus ideales que fueron y son de los peruanos amantes de las libertades cívicas, de la democracia y de la tolerancia, aunque seamos intolerantes contra la corrupción, con el juego sucio de los gobernantes y de sus autoridades. El pecado de la revista, su pecado mayor, fue quien sabe ser intransigente con su verdad» FRANCISCO IGARTUA – «ADIÓS CON LA SATISFACCIÓN DE NO HABER CLAUDICADO», EDITORIAL «ADIÓS AMIGOS Y ENEMIGOS», OIGA 5 DE SEPTIEMBRE DE 1995

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CENTRO VASCO PERU

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UNIVERSIDAD DEL PAÍS VASCO

CENTRO VASCO LIMA

CENTRO VASCO LIMA
UNIVERSIDAD DEL PAÍS VASCO

«Siendo la paz el más difícil y, a la vez, el supremo anhelo de los pueblos, las delegaciones presentes en este Segundo Congreso de las Colectividades Vascas, con la serena perspectiva que da la distancia, respaldan a la sociedad vasca, al Gobierno de Euskadi y a las demás instituciones vascas en su empeño por llevar adelante el proceso de paz ya iniciado y en el que todos estamos comprometidos.» FRANCISCO IGARTUA - TEXTO SOMETIDO A LA APROBACION DE LA ASAMBLEA Y QUE FUE APROBADO POR UNANIMIDAD - VITORIA-GASTEIZ, 27 DE OCTUBRE DE 1999.

«Muchos más ejemplos del particularismo vasco, de la identidad euskaldun, se pueden extraer de la lectura de estos ajados documentos americanos, pero el espacio, tirano del periodismo, me obliga a concluir y lo hago con un reclamo cara al futuro. Identidad significa afirmación de lo propio y no agresión a la otredad, afirmación actualizada-repito actualizada- de tradiciones que enriquecen la salud de los pueblos y naciones y las pluralidades del ser humano. No se hace patria odiando a los otros, cerrándonos, sino integrando al sentir, a la vivencia de la comunidad euskaldun, la pluralidad del ser vasco. Por ejemplo, asumiendo como propio -porque lo es- el pensamiento de las grandes personalidades vascas, incluido el de los que han sido reacios al Bizcaitarrismo como es el caso de Unamuno, Baroja, Maeztu, figuras universales y profundamente vascas, tanto que don Miguel se preciaba de serlo afirmando «y yo lo soy puro, por los dieciséis costados». Lo decía con el mismo espíritu con el que los vascos en 1612, comenzaban a reunirse en Euskaletxeak aquí en América» - FRANCISCO IGARTUA - AMERICA Y LAS EUSKALETXEAK - EUSKONEWS & MEDIA 72.ZBK 24-31 DE MARZO 2000

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lunes, 28 de abril de 2014

CHEMA A LAS 11: DOCUMENTAL "AITA"

CHEMA SALCEDO RUEDA EL DOCUMENTAL 'AITA'

Un gudari en Perú
Un periodista peruano regresa al Zorrotza en que nació y rueda el documental 'Aita' sobre su padre, del Batallón MAI Irrintzi del PNV

UN REPORTAJE DE IBAN GORRITI - Domingo, 27 de Abril de 2014 - Actualizado a las 06:04h


AITA, padre en euskera. Ese será el título del documental que el famoso periodista peruano, Chema Salcedo, está elaborando en Lima y que, hace unos días, también rodó en Euskal Herria. Es una evocación de su padre, José Salcedo Molinuevo, quien fue gudari del Batallón MAI Irrintzi, del PNV, y que en 1951 emigró al país andino. "De niño, mi padre siempre me habló de los días que pasó en el frente vasco de la Guerra Civil. Me contaba sus batallas, los lugares que recorrió, como Eibar, un lugar mágico ya para mí, o Artxanda. O cómo se alistó en el ba-tzoki de San Salvador del Valle, Trapagaran, para ir a la guerra", explica Chema Salcedo a DEIA.

El actor que interpreta al gudari José Salcedo Molinuevo, 
en compañía del periodista peruano, durante la grabación.
Otros enclaves de los que le "alimentó" su aitatxo -califica- fueron Amorebieta, Etxano, Lekeitio o Begoña: "Verificar lugares y datos que me proporcionaba es muy emocionante para mí. Recorrí trincheras en las que estuvo mi padre hace 77 años". Así, dos años antes de morir en diciembre de 2012, José Salcedo Molinuevo, nacido en Trapagaran en 1916 y emigrado a Perú con su familia en 1951, le entregó a su hijo José María -Chema-, nacido en Bilbao en 1946, un escrito con sus memorias en el frente vasco durante la Guerra Civil como gudari en el MAI Irrintzi, batallón de máquinas de acompañamiento de Infantería, incluyendo morteros.

Corría el año 2010 y aita y seme, junto con la enfermera del mayor, estaban viendo el polémico documental del cineasta donostiarra Julio Medem La Pelota Vasca: la piel contra la piedra. En ese momento, el hijo creyó ver a su padre en unas imágenes históricas cargando un mortero. "Mi padre dijo que dudaba si era él", agrega el periodista. De aquellos documentos y de la duda surgida por la película de Medem prendió la mecha del documental que está grabando.

Una vez muerto José, Chema comenzó a recorrer los lugares que el gudari mencionaba en su escrito, y ha descubierto más de una huella de sus andanzas esquivando la muerte en línea del frente. Aita incluye un personaje de ficción que representa al José Salcedo padre en el momento de la guerra. En la película, el padre dialoga con su futuro hijo Chema, como si fuera un sueño de este último.



Se trata de un documental testimonial de 60 minutos, narrado en primera persona. "Es crónica de viaje, viaje físico y viaje al interior de la memoria, con cámara que viaja con él, encontrando escenarios y testimonios de otros hijos y nietos de gudaris", aportan desde la productora ViceVersa.

Para seleccionar a quien encarnara el papel del gudari, hicieron un casting en Bilbao. Optaron por Aketza Alberdi, de Lezama. "Le vi un parecido o quise creer que lo tenía a mi padre de joven", explica Chema. "Como curiosidad, en la película, voy con el actor gudari al nuevo San Mamés, algo que no pude hacer con mi padre. Sí guardo el recuerdo de haber ido juntos al viejo. Fue un Athletic 1 - Barcelona 1 con la histórica delantera de Gainza, Iriondo, Venancio, Zarra y Panizo", rememora Chema, quien avanza que ETB ha cerrado un acuerdo con la productora para exhibirlo por televisión.

EMOCIONES El documental cuenta con música original de Abraham Padilla, y se estima que se concluya su edición a finales del próximo mes. En la proyección, el público verá a Chema caminando por el monte Akondia, en Eibar. Se acerca a una cueva, y por la entrada asoma un gudari de 20 años, su aita. Este le pregunta qué hace allí. Es abril de 1937 y parte de un sueño de Chema.

Entre las localizaciones grabadas aparecerá también el Zorrotza en el que nació el hijo del gudari: Callejón de Tránsito, número 7, una casa que ya no existe, derruida. Un grupo de familias de gitanos ocupan hoy ese lugar. El llegado de Perú y su equipo visitarán también la Sabino Arana Fundazioa. "Me mostraron, muy amables, una nómina del Batallón MAI Irrintzi de 1937 con su firma. Me emocioné", enfatiza, y cuenta que su padre fue uno de los que se rindió en Santoña ante los italianos fascistas y que, hecho prisionero de guerra, fue enviado a una cárcel de Burgos.


Un momento emotivo del documental repasará cómo Chema olvidó conseguir una ikurriña para colocar sobre el féretro del gudari. Su cuidadora, Herlinda Ludeña, tuvo que mandarla hacer en un mercado de Lima. Aún no hay fecha para el estreno, pero el documental podría llegar en junio, momento en el que el sueño de Chema podrá despertar.

lunes, 21 de abril de 2014

EUZKO ETXEA ARANTZAZU LIMA & ABERRI EGUNA 2014

Josu Legarreta

SENTIMIENTOS COMPARTIDOS
-de mayo del 68 al otoño en libertad-

-Ensayo-

Epílogo
PACO IGARTUA
RECUERDO DE UNA AMISTAD

Querido Paco:

Hace unas semanas recibí un correo de nuestro amigo común Pedro Oyanguren, vasco chileno y además con ascendencia en tu querido municipio de Oñate (Gipuzkoa), informándome de la publicación. Francisco Igartua, Oiga y una pasión quijotesca158. Con la diplomacia que frecuentemente nos caracteriza a los vascos, me dirigí a Jhon Bazán. En un par de semanas más recibí dos ejemplares: uno para mí y otro, para la Biblioteca de la Universidad de Deusto.

Sentí verdadera curiosidad por conocer su contenido. Quizás tanto o más que cuando me dedicaste tu obra Siempre un extraño. Me interesaban tus escritos; pero sobre todo ansiaba conocer qué opinaban quienes te conocían de cerca.

JHON BAZAN AGUILAR, FRANCISCO IGARTUA,
OIGA Y UNA PASION QUIJOTESCA
He oído más de una vez que los vascos nos caracterizamos por nuestras estrategias protocolares y frecuentemente iniciamos nuestras exposiciones planteando las conclusiones antes que las hipótesis. En esta carta quisiera exponerte mis recuerdos en esta misma línea, sin preámbulos, en forma directa, pero consciente al mismo tiempo de que probablemente no diré nada novedoso para quienes han participado en la publicación de Jhon Bazán. En cualquier caso, te diré que la he leído en un par de días y que me ha encantado, sobre todo porque todos ellos me han hecho revivir nuestros encuentros de pasado, con tus profundas pero tan amenas apreciaciones especialmente sobre Perú, Chile, México y Cuba, países donde tú has vivido y  que me ha tocado visitar frecuentemente durante los últimos veinticinco años.

Siempre fuiste para mí una caja de sorpresas, tanto en mis dos o tres viajes que hice a Perú, como en los encuentros que mantuvimos en Euskadi. Y la noticia de tu fallecimiento también me sorpredió. Cuando realmente se aprecia a una persona, -y ésta no es una nota laudotoria post mortem-, duele pensar que nunca más habrá oportunidad de nuevos encuentros como los del pasado. Pero la invitación de Jhon Bazán a trascribir recuerdos de nuestros encuentros para una próxima publicación me brindan la oportunidad para plantearme que donde hay amistad también vale la pena exponer los sentimientos en un encuentro virtual.

Decía Mario Benedetti en su Perplejidades de fin de siglo159 que el pasado es siempre una morada en la que irremisiblemente coleccionamos nuestros recuerdos. Y, aunque es verdad –ya me conoces- que mi memoria no es fiable en la identificación exacta de fechas y lugares, sabes muy bien que mis pensamientos son fiel reflejo de mis sentimientos. Por eso he decidido dirigirte esta carta íntima. Desconozco dónde te encuentras. Ignoro tu dirección actual. Más aún: no sé ni si existes. Pero desde ese humanismo cristiano o ese cristianismo humanista en que fuimos formados en una nuestra juventud, o desde ese cristianismo cristianizado, que en alguna oportunidad te escuché, al que aspiramos los dos en nuestras etapas postjuveniles, quiero recopilar mis recuerdos de la amistad que compartimos, con el convencimiento de que, incluso en el caso de que ya no existas, nosotros resucitemos tu presencia con estos escritos.

Definitivamente, no puedo liberarme de mi morada del pasado. Celebro que así sea respecto a tu persona. Y, en primer lugar, por aquello de que las exposiciones públicas deben realizarse con cierta estructuración, debo confesarte que he tenido una tentación fugaz de iniciar alguna búsqueda de datos de tu persona en internet. Pero ha sido muy fugaz, porque los sentimientos personales no están archivados en los grandes servidores, sino en los archivos íntimos de cada persona. Por eso, hoy más que nunca, te hablo con el corazón en la mano, aunque con la limitante de no poder contrastar –incluso debatir- contigo el contenido de mi carta, como lo hiciste, en cierta oportunidad con el Sr. Góngora Perea, diputado aprista por Alto Amazonas.

No recuerdo la fecha exacta de nuestro primer encuentro. Creo que fue por el año 1988/1989, en mi primera visita a la Euskal Etxea de Lima, en Malecón de la Reserva de Miraflores. Era mi primer viaje a Perú, y de los primeros que hice por América Latina. Mis conocimientos del Perú, en general, y de la Colectividad Vasca, en particular, eran escasos. (La confesión es un buen exponente de eso que por las latitudes latinoamericanas se define como de perfil bajo. ¡Cúanto me he reído a cuenta de esta afirmación!). Pero la acogida que me brindasteis y la larga charla que mantuvimos en aquella cena me abrió las puertas de nuevos horizontes para la gestión política para la que había sido nombrado.

Recuerdo que hablamos de la historia pasada del exilio vasco en general y de las relaciones del Gobierno Vasco exiliado y las Euskal Etxeak/Centros Vascos, de los silencios que conllevaron el distanciamiento entre las instituciones vascas de Euskadi y las vuestras en el periodo de transición de la dictadura franquista a la democracia (1975-1980), de los objetivos del programa de relaciones con las Colectividades Vascas, de la proyección de Euskadi en el mundo internacional y la posible aportación de las Euskal Etxeak a este fin, de la propia colectividad vasca de Perú, etc, etc.. Con la perspectiva de los años transcurridos, no puedo menos de reiterarte mi agradecimiento por todo lo que me aportasteis: Eskerrik asko. Muchas gracias!

Tengo la seguridad de que no me reprocharás si afirmo que la Euskal Etxea como tal me dio la imagen de una institución de dimensiones físicas reducidas. Sin embargo no fue ésta la impresión que me produjisteis: vuestra dimensión humanitaria, la predisposición de corazón vasco que latía en vuestros planteamientos y vuestra capacidad profesional de establecer relaciones con instituciones y personalidades peruanas me impresionaron. Allí os conocí a tí, a Víctor Ortuzar, a Guarrotxena, a Javier Celaya, y a Mons Irizar, entre otros. Quizás eché en falta la presencia femenina en la Directiva.

A partir de aquella cena, me brindaste la posibilidad de publicación en tu revista de cuantas noticias de Euskadi quisiera; recuerdo que me gestionaste algunas entrevistas con los medios de comunicación social: con directivos y el periodista Insausti (si mal no recuerdo) en el periódico El Comercio y con un directivo de una cadena de televisión, cuyo nombre no recuerdo.  En esta última conversamos de la proyección de Euskadi a través de las televisiones del ámbito internacional y del intercambio de materiales entre la Radio/Televisión Vascas y las emisoras de otros países. Llevábamos muy pocos años de gobierno y los medios de comunicación vascos ni siquiera estaban pensando en aquel momento que su internacionalización podría ser posible; los debates se centraban más bien en para qué queríamos una televisión en euskera: para comunicar y entretener o más bien como instrumento de “euskaldunización”. Posteriormente se creó el canal ETB-2 en castellano. Recuerdo que algunos años más tarde le hablé de ti y de estos planteamientos a un amigo que ostentaba el cargo de Director General y  su respuesta fue textualmente: “Yo no fui nombrado para eso”. En nuestros encuentros de años posteriores más de una vez hemos comentado este tema. Tú, una vez más, no le dabas mayor importancia. Pero aún así, me complace recordártelo, porque, entre otras razones, aquellas tus ideas las recuerdo como vaticinios de que lo en años posteriores ha sucedido.

Pero no sólo hablábamos de Euskadi. Perú era también uno de nuestros temas preferidos. Y correspondiste más que sobradamente a mis curiosidades sobre la situación socio-política de este  gran país: de sus Partidos Políticos, de los diversos Gobierno, de la situación económica, del Sendero Luminoso, de las poblaciones marginales, de los sectores indígenas, de tu vida de destierro en Chile, México y Panamá, de tus relaciones con Fidel Castro, con Vargas Llosa, etc, etc. Tu actitud de respuesta me resultó sumamente agradable e interesante. Si me permites proseguir con mi confesión de recuerdos, hablaré de todo ello, aunque en primer lugar quiero resaltar en qué medida me afectaron tus comentarios sobre las formas de vida de las poblaciones marginales.

La verdad es que tenía algunas referencias, aunque lejanas, por mis años de formación juvenil en la Congregación de los Padres Pasionistas. Me sonaban a familiares los nombres del Moyobamba y Yurimaguas. Pero tus pedagógicas charlas me sirvieron para la gestión que años más tarde desarrollé como Director de Cooperación al Desarrollo. Ambos coincidíamos en que el modelo de desarrollo que practicaban las Organizaciones No Gubernamentales no era ni mínimamente suficiente para el desarrollo de los países, en general, y del Perú, en concreto; pero ambos entendíamos que su discurso de la solidaridad era loable. Con esta perspectiva en estos años de mi gestión político-humanitaria en el Gobierno Vasco, Perú fue –y lo digo con orgullo- uno de los países que mayor financiación recibió: entre 1988 y 1996, las ayudas concedidas por el Gobierno Vasco para la financiación de proyectos de cooperación superaron la cuantía de 6.500.000 euros. (Como anécdota curiosa, quiero comentarte que una de estas organizaciones estaba dirigida por un sacerdote muy amigo de Fujimori. Un día me llamó brindándome la posibilidad de una entrevista con el Presidente. Puedes imaginar mi poco interés de sacarme una foto con él, y, por supuesto, la respuesta fue negativa).

No sé si recuerdas que un día me preguntaste por qué no viajaba más veces a Perú, y en concreto por qué nos inspeccionaba personalmente los proyectos de Cooperación que financiábamos desde el Gobierno Vasco. Como buen profesional del periodismo que eras, te gustaba indagar todo. Y mi respuesta fue a lo vasco, tan de frente como tu propia pregunta, carente de todo aspecto protocolar: “a los amigos que han recibido ayudas de presupuestos públicos hay que inspeccionar de la misma forma que a los desconocidos que han accedido a los mismos”. Y aunque siempre cuesta más tener que enfrentarse, en su caso, con los amigos, sentía la necesidad de total libertad para la toma de mis decisiones. Aunque me resultara doloroso; aunque, como tú mismo afirmas en tu Huellas de un destierro, “estar obligado a publicar una noticia o un comentario que afecta a un amigo produzca desgarros enormes”. Por eso los proyectos de cooperación de Perú fueron inspeccionados por el técnico de la Dirección, Ángel Vázquez”, que en alguna oportunidad le saludaste. El amor a la transparencia y la actuación desde la libertad fueron dos lecciones que aprendí de tu vida.

Me llamó siempre la atención está tu virtud.  E incluso me permití plantearte en una oportunidad algunas preguntas personales sobre tus relaciones con Vargas Llosa y sobre lo que tú pensabas de él. Previamente, te comenté que me encantaba como escritor, que había leído algunas de sus obras, pero que mantenía mis prejuicios sobre sus ideas respecto a los derechos políticos de los pueblos indígenas. No entendía aquel comentario de Ronald Wright en su Continentes Robados: ”Los antiguos peruanos, según Vargas Llosa, estaban cautivos por su rey-dios que, sin instrucciones en sentido contrario, simplemente estaban ahí y se dejaron matar por los conquistadores. Estos trajeron a Perú la perla de la libertad individual; (…) los pueblos indígenas que habitan en Perú en la actualidad deben ser dejados a un lado en nombre del progreso, porque la modernización es sólo posible mediante el sacrificio de las culturas indias”160.  Evidentemente, tú conocías mi ideología y el recorrido histórico del Partido Nacionalista Vasco, defensor siempre de los derechos humanos individuales y colectivos de los Pueblos sin Estado; y no dudaste en mojarte en la respuesta: “Josu, si un día te encuentras con Mario, no le hables del nacionalismo vasco; no os aprecia en absoluto y debe mucho a España”. Y, con el comentario irónico de “a quién no nos gusta el dinero” pasamos a hablar – lo recuerdo como si lo fuera hoy mismo- del nacionalismo vasco, de sus aspiraciones de Paz, de nuestros deseos de que el mundo se percate de una vez para siempre de que las reivindicaciones políticas seculares del nacionalismo democrático no tienen nada que ver con ETA, ni el tiempo, ni en las estrategias, ni en los fines.

FRANCISCO IGARTUA, REFLEXIONES ENTRE MOLINOS DE VIENTO
Fue así aquella nuestra conversación. Pero posteriormente me he reencontrado contigo en tus Reflexiones entre molinos de viento cuando comentas, al contrario de la opinión de Vargas Llosa, que crees “que el Perú es un país desintegrado, desvertebrado, que no logra a constituirse en nación, con un problema central insólito: el problema del indio. (...) Tan denigrante situación tiene responsables bien visibles. Son los hombres que heredaron el poder colonial y no supieron o no quisieron cumplir su deber de ser clase dirigente de la República. Y esta clase, que no tuvo ni talento ni voluntad de dirigir, sigue siendo hoy uno de los principales obstáculos para que Perú inicie el camino de ser nación”. Incluso citas a Carlos Mariátegui que en 1908 escribió aquello de “La cuestión social del Perú es la cuestión indígena, aunque piensen lo contrario los elocuentes cultivadores del socialismo de importación”. No, yo no poseo conocimientos suficientes como para llegar a tales conclusiones. Pero me alegro de volver a releer estos escritos y contrastar la opinión de D. Mario Vargas.

El tema de la Paz era otro de los temas reiterativos de nuestros encuentros en Euskadi. Tú me preguntabas sobre ETA y el sector social que supuestamente le apoyaba; yo, por mi parte, te preguntaba sobre movimientos terroristas en América Latina y en concreto sobre el Sendero Luminoso. Muchas de nuestras perspectivas eran coincidentes, y no sabes cómo me halagaban tus comentarios, sobre todo cuando refiriéndote a Euskadi usabas el adjetivo NUESTRO. En una de las páginas de Francisco Igartua, Oiga y una pasión quijotesca he vuelto a encontrarme con uno de éstos cuando afirmas: “Sin ETA, Euskal Herria sería capaz de hacer frente a los habituales ataques españoles y los derechos de NUESTRO pueblo serían reconocidos en todo el mundo. Pero con ETA, la opinión del mundo se vuelve en nuestra contra”.

Los vascos en general, y en particular quienes entendemos el nacionalismo como una ideología que desde finales del siglo XVIII –casi cien años antes de que Sabino Arana fundara el Partido Nacionalista Vasco-, reivindica sobre todo el desarrollo de la DEMOCRACIA en su sentido más amplio y profundo, es todo un honor contar amigos como tú, de ascendencia vasca, que sentís a esta Tierra Vasca como propia, que nunca has tenido reparo alguno a contar públicamente que las veces que viajabas a Europa, pasabas por Oñate porque para ti “era una gran oportunidad de volver a mis raíces”. En alguna parte he leído que tu biografía no puede escribirse sin tus referencias a Euskal Herria, por mucho que el amigo Mario Vargas te dijera que sobraban las páginas vascas de tus memorias. Evidentemente, tú nos demuestras que los sentimientos patrios a veces no desaparecen  ni en el transcurso de las generaciones, ni por mucho que se viaje. Como te dije en alguna oportunidad, el nacionalismo no es una enfermedad que se cura viajando. Por lo menos en ti y en mí, cuanto más hemos viajado, más hemos apreciado nuestras raíces vascas, y peruanas, al mismo tiempo que más han crecido en nuestras vidas los sentimientos de solidaridad con el resto del mundo. Personalmente te diré que nunca he entendido que la solidaridad internacional nos exija renuncia alguna del amor a nuestra Patria. Como nunca he entendido que para amar lo propio haya que odiar lo ajeno.

Como ves, te redacto mis recuerdos sin ningún orden cronológico. Intento resumirlos temáticamente, como si todos ellos fueran  exponentes de una conversación entrañable de dos amigos durante todo un día. La verdad es que nuestra relación de amistad, más allá de lo que cada uno representábamos institucionalmente, se fundamentaba en aspectos que de alguna forma resultaban coincidentes en nuestras vidas: teníamos amigos comunes en México y Chile, habíamos vivido nuestras experiencias particulares en Cuba, habíamos atravesado por algunas circunstancias políticas peculiares, aunque en tu caso mucho más graves que en el mío de haber padecido un interrogatorio policial  de ocho horas por estar preparando una publicación de un método de aprendizaje del Euskera (lengua vasca) , etc. De ahí que conversamos frecuentemente de la persecución política que habías padecido tantas veces en Perú, de tu exilio en México o Panamá y de tus relaciones con grandes amigos de la Colectividad Vasca como Martín García Urteaga.

No menos recurrido nos resultaba el tema de Cuba: nuestras estancias en Cuba, encuentros con Fidel Castro (en mi caso tres veces) o con diversos lideres de la revolución cubana, de los posicionamientos sobre Cuba de los escritores como García Márquez, Vargas Llosa, Bryce Echenique, Jorge Edwars o Julio Cortázar, de la polémica de éste, Oscar Collazos y Vargas sobre Literatura en la revolución y revolución en la literatura, sobre el quehacer del escritor ante el avance en el perfeccionamiento de valores estéticos y ante los movimientos revolucionarios, etc… En verdad, las horas transcurrían sin danos cuenta, preocupados no tanto de los conceptos estéticos de estos escritores,, al menos por mi parte, sino de sus ideas sociales.

TEXTO SOMETIDO A APROBACIÓN DE LA ASAMBLEA
 DEL II CONGRESO MUNDIAL DE COLECTIVIDADES VASCAS
POR FRANCISCO IGARTUA Y QUE FUE APROBADO POR UNANIMIDAD.
Pero, volviendo a mis recuerdos, este tema de “nuestras raíces” era uno de los temas sobre el que  reflexionábamos en los congresos cuatrienales que el Gobierno Vasco organizaba junto con los Centros Vascos. Si mal no recuerdo tú participaste en dos de ellos, con asistencia de representantes de más de veinte países. Todos sentíais el honor de la doble pertenencia: a Euskal Herria y al País de vuestra residencia habitual, superando, como diría Amin Maalouf en Identidades Asesinas “esa concepción (de identidad uniformista) heredada de los conflictos del pasado que sigue dominando en el mundo entero”. Fruto de estos encuentros internacionales fue la declaración del Congreso del 2003, que textualmente dice: “Los representantes de los Centros Vascos presentes en el Tercer Congreso Mundial de las Colectividades Vascas declaramos nuestro doble sentimiento de identidad y pertenencia a este Pueblo Vasco y al País en residimos”.


En años posteriores a la muerte del General Franco algunos socios de los Centros Vascos se planteaban qué eran: vascos o argentinos, vascos o peruanos, vascos o... Más de una vez llegué a escuchar aquello de aquí me consideran vasco y cuando voy a Euskadi me tratan como americano. Tú y yo no teníamos ese problema: teníamos el convencimiento de que vivir con normalidad los sentimientos de pertenencia a dos nacionalidades. Y con esa naturalidad que te caracterizaba, usabas expresiones como “mis raíces vascas” o “nuestro Pueblo Vasco”. Y en el Congreso Mundial de las Colectividades Vascas de 1995 iniciaste su intervención sobre Euskadi y su imagen afirmando “solo me cabe decir que los vascos de ultramar debemos agradecer esta ley (8/1994, de 27 de mayo) que nos incorpora a la sociedad de este país”.

He vuelto a releer el texto de tu intervención. He visto en él a mi amigo Paco con su eterna actitud de renuncia al autohalago: dices que habías “sido invitado al Congreso como acompañante de la delegación del Perú”. Pero ésta no es la verdad: tú fuiste invitado por el propio Lehendakari (Presidente vasco), de acuerdo con el artículo 13-3 de la ley que citas, que textualmente dice: “También podrás asistir al Congreso en calidad de invitados por el Lehendakari del Gobierno Vasco otras personalidades o representantes de instituciones vinculadas a las colectividades vascas”.

Para mí tu intervención fue realmente excelente: yo había promovido la ley 8/1994 citada y en los considerandos de la misma se dice que “el primer centro vasco de América es el de Montevideo, fundado en 1876”. No soy historiador y era la información que tenía,  hasta que no demostraste lo contrario aportando el “documento que reza así: “Por cuanto en la Congregación que tienen fundada los caballeros hijos-dalgo que residen en esta Ciudad de los Reyes del Perú, naturales del Señorío de Bizkaia y Provincia de Gipuzkoa y descendientes de ellos, y los naturales de la Provincia de Alava.Reino de Navarra y de las cuatro villas de la costa de la Montaña... en el convento del Santo San Francisco de esta ciudad, en la capilla que tiene advocación el Santo Cristo y Nuestra Señora de Aránzazu, (Oñate), a quien se dio principio por los años 1612...”. Y prosigues: “Se trata de las nuevas ordenanzas que la “Ilustre Hermandad Vascongada de Nuestra Señora de Aránzazu aprueba el doce de abril de 1635, en la misma Ciudad de los Reyes, hoy conocida por Lima, con los siguientes miembros: 35 de Gipuzkoa, 49 de Bizkaia, 9 de Navarra, 7 de Alava y 5 de las cuatro villas de la Montaña, con la siguiente declaración: “Se ordena para mayor decoro de esta Congregación, que todos los que hubiesen de ser recibidos en ella sean originarios de las partes y lugares referidos...a fin de ejecutar entre sí y con los de su nación obras de socorro mutuo”. Hoy debo agradecerte una vez más tu aportación, por lo me ayudaste –a mí e incluso a los propios historiadores– a corregir y mejorar los conocimientos de la historia de la presencia vasca en el ámbito internacional: Eskerrik asko! Muchas gracias!.

FRANCISCO IGARTUA, SIEMPRE UN EXTRAÑO
No quisiera dejar de referirme en este recordatorio la presentación en Bilbao de tu libro Siempre un extraño. Permíteme que te lo recuerde no como testimonio de las gestiones que realicé, sino como exponente de nuestra amistad. Me bastó tu comentario de la publicación para brindarme a realizar gestiones oportunas para que la sociedad vasca lo conociera a través de un acto en la institución académica más importante de esta capital vizcaína: la Universidad de Deusto. Recurrí a ésta, contacté con la Doctora Rosa Miren Pagola, Directora del Instituto de Estudios Vascos y esposa de quien fuera Diputado de Cultura de la Diputación (Gobierno de la Provincia) de Bizkaia, Dr. Tomás Uribetxebarria (por cierto, nacido en Oñate) y pudimos realizar la presentación de tu obra. En esta oportunidad tuve el honor de conocer a Alfredo Bryce Echenique y de gozar de aquel tan humorístico discurso suyo, en el que entre otras intimidades, contó cómo fue la pedida de mano para tu matrimonio con su hermana, de la reacción de quien sería tu suegro, “con pistola en mano”, y de la intervención de Alfredo diciéndole: “Papá, déjalo entrar, porque dejarle entrar es la mejor forma de que pueda salir”. Junto a mí estaba tu señora o tu cuñada –no recuerdo bien–, que desgañitándose de risa no hacía más que repetir: “Es mentira, es mentira”. Fue un acto académiso hermoso, con una asistencia de público bien numerosa. Te lo merecías.

Podría proseguir rememorando muchísimas anécdotas más. Pero no quisiera finalizar sin una referencia a las tres dedicatorias manuscritas de tus tres libros: en Siempre un extraño, me decías “A Josu Legarreta, con esperanza de que lo disfrute”.  Lo has logrado reiteradas veces; en Huellas de un destierro me halagaste sobremanera condecorándome con el título de “Buen Amigo”; y en Reflexiones entre molinos de viento tus palabras de “A Josu Legarreta, con calurosa amistad le dedico el capítulo sobre Unamuno” eran exponentes de nuestra afición común de leer y releer a este gran pensador y escritor vasco.

Querido Paco: No sé si existes en alguna parte. Pero con mis recuerdos he pretendido resucitarte, para que eternamente vivas en nuestra memoria. Tus libros los conservo como reliquias, en la parte central de mi biblioteca, junto a obras de Miguel de Unamuno, Pío Baroja, Borges, Vargas Llosa, Jorge Edwars, Mario Benedetti, Ortega y Gasset, Pablo Neruda, Octavio Paz, Hans Küng, Sándor Márai, Bryce Echenique, Carlos Fuentes, Julio Cortazar, etc... De verdad: te siento cerca.

158. Jhon Bazán Aguilar, Francisco Igartua, Oiga y una pasión quijoteca, Fauno Editores, Perú, 2010.
159. Mario Benedetti, Perplejidades de fin de siglo. Seix Barral , Buenos Aires, 2000, pág. 13.
160. Ronald Wright, Continentes Robados, Anaya & Mario Muchnik, Madrid 1994, pág. 19.

JOSU LEGARRERA BILBAO, “Sentimientos compartidos –De mayo del 68 al otoño en libertad” -Ensayo-, Editorial La Oveja Negra Ltda., y Fundación Centro Vasco Euskal Etxea Colombia.  Edición Octubre 2011.



EUZKO ETXEA ARANTZAZU LIMA & ABERRI EGUNA 2014

Josu Legarreta

SENTIMIENTOS COMPARTIDOS
-de mayo del 68 al otoño en libertad-

-Ensayo-

Prologó 
A finales de 1995 me llego por correo el libro Siempre un extraño del prestigioso periodista vasco–peruano Francisco de Igartua, con la dedicatoria de con la “esperanza de que lo disfrutes”. ¡Vaya si lo disfrute! Si, con la lectura de sus páginas y, posteriormente, con su cordial visita. En una prolongadísima sobremesa repasamos la historia de sus andanzas por el mundo, unas veces como desterrado y otras por sus quehaceres profesionales. Pero en realidad me interesaban más conocer su pensamiento y sus sentimientos. Y nuestra estrecha amistad de algunos años me permitió plantearle si una persona podía sentirse simultáneamente feliz y “siempre un extraño”. La respuesta de Paco fue contundente “el amor, la amistad y la sociabilidad son tres rutas que te dirigen hacia la felicidad, pero nunca lo lograras sino eres consecuente contigo mismo”.

El periodista vasco peruano Francisco Igartua, en la presentación 
de uno de sus libros en Euskadi con Josu Legarreta
Recuerdo que sus palabras nos desviaron un poco del contenido del libro y que pasamos a comentar nuestras aficiones. Entre estas, lógicamente conversamos del placer de la lectura y de la escritura, para retornar de nuevo a su reciente publicación.

Ambos coincidimos en que no resulta nada fácil escribir con total libertad. Y cuando se hace, se corren riesgos de consecuencias inesperadas. Entendíamos también que es poco menos que imposible contar con absoluta transparencia todo el cumulo de sentimientos que cada persona vive en sus diversas facetas de la vida, y, que en consecuencia, son más abundantes  las autobiografías profesionales que las intimistas.

Pero aun así Paco insistía: “….cuando escribes, sientes una verdadera liberación interior”, y probé seguir su sutil consejo de liberar mi pensamiento de ciertas dependencias intelectuales e incluso ideológicas. La  experiencia me ha resultado tan reconfortante en mis dos publicaciones anteriores, que retomo su consejo exponiendo un cumulo de vivencias e incluso de sentimientos íntimos de amistades, analizados desde la atalaya de mi otoño personal. Las vidas nunca son absolutamente individuales, y las ideas y los sentimientos son resultado de las convivencias interpersonales en diversas situaciones  de la vida. Por eso hablo de sentimientos compartidos. Y los expongo ordenados alfabéticamente, sin la lógica de la razón.

Tampoco, quiero ocultar que este recorrido intimista no lo hubiese podido realizar en época pasadas en las que tanto me preocupaba la proyección exterior y las “verdades” de la religión, de la política, de los Derechos Humanos individuales y colectivos. Me sentía feliz o dirigiendo reflexiones y programas sociales, pero no lo fui menos cuando me di cuenta de que no lograría transformar el mundo. Tarde  algunos años en darme cuenta de esta realidad.  Y, aunque tarde, hoy creo que la felicidad de la persona depende más, de la proyección interior. La defensa a ultranza de verdades no conduce  a casi nada, aun teniendo razón. Por lo que en la actualidad casi solo me interesan las ideas y los sentimientos. Estoy convencido de que nada hay más importante que estos, aunque la realidad de la vida, a veces parece demostrar justo lo contario. Y en consecuencia, a medida que los años trascurren, los principios de la vida y las ilusiones se reducen en gran medida. Pero incluso, en estas que son básicas, como la ilusión de vivir la libertad y de ser feliz me entristece profundamente la incapacidad del ser humano para avanzar en su logro.

En los momentos álgidos se suele decir que la vida es bella. Sin embargo, cuando algunas realidades te castigan, incluso te torturan, se recurren al dicho contrario de “que dura e injusta es la vida”. No puedo ocultar que yo también he atravesado por algunos de estos, aunque en términos generales y comparativamente con la de otras personas,  realmente me siento dichoso, y quiero compartirla con quienes se interesan por estas páginas que recogen reflexiones  que han sido previamente compartidas con amigos y amigas y enriquecidas posteriormente con referencias a textos de escritores de reconocido prestigio con los que convivo diariamente en mi biblioteca. Como decía Unamuno, “es tal mi largo habito libresco que me cuesta concebir pensamientos y propósitos no siendo en lectura, como comentario de lo que leo”1.

Pero debo confesar que previo a la toma de esta decisión sentí curiosidad por el género autobiográfico y por la metodología adoptada por diversos escritores. Hay abundantes obras autobiográficas publicadas, aunque muchas de estas se caracterizan mas por la venta publicitaria de los aspectos filosóficos, religiosos, políticos, sociales y/o profesionales de cada autor, que por la exposición pública de sus sentimientos cotidianos. Como muestra, basta curiosear las diferencias de estilo y de información que ofrecen las memorias de Pio Baroja, Pablo Neruda, Carlos Fuentes, Hans Kung, Ernesto Sábato, J.M Gotzee, Simone de Beauvoir o Bryce Echenique.

Aun así, algunos de sus textos me impactaron especialmente: Simone de Beauvoir me corroboro en mi propósito de concebir mis reflexiones a través de lecturas porque “Solo los libros  y no el mundo en su crudeza podían proporcionar los modelos”, aunque no sentía tanta vanidad como ella de “estar cada vez más segura de tener un montón de cosas que decir“2. Ernesto Cardenal cuenta también que vivió una sensación similar, y escribió aquello “Ahora debía contarlo todo, o no habría tenido sentido escribir memorias”3. Personalmente, presentí que podía fracasar en el intento del uso de la libertad absoluta para contar hasta los secretos más íntimos. A pesar de esta dificultad, confieso que intentado hacerlo con la mayor sinceridad posible omitiendo claro está, las referencias nominales de personas e incluso los detalles que considere que puedan herir sensibilidades ajenas.

No, puedo ocultar que me surgieron también dudas transcendentales en el mismo punto del partido: “A quienes pueden interesar las historias compartidas contadas como propias”. Y si realmente resultan de interés este tipo de libros, ¡no son de mucho mayor interés que la mía las vidas de otras innumerables personas! Parecía que como el optimismo inicial que me creo Paco Igartua empezaba a derrumbarse cuando llegue a leer aquel interrogante que Pío se había planteado así mismo “ Es que soy bastante petulante y jactancioso para pensar que, no interesándome a mí la vida de los demás, va interesar la mía a otros”4.

Algunos otro comentarios del mismo calado critico que el de Baroja llegaron incluso a desanimarme; no me resultaba nada estimulante leer que, “normalmente la gente escribe memorias estando ya tan vieja y con la muerte tan generalizada que apenas se acuerdan y les importan sus recuerdos, como no sea para hablar de otros, por supuesto”5; o aquel otro de que dada la naturaleza del hombre, “una autobiografía es inevitablemente mentirosa. Y sólo con mascaras, en el carnaval o en la literatura los hombres se atreven a decir sus (tremendas) verdades ultimas”6.

Ni que decir que este su tono de referencia a la vejez me resulto molesto; no tanto así el comentario del olvido de los datos de unas u otras determinadas situaciones esta pérdida des perspectiva es común a cualquier edad, porque no hay realidad humana que sea percibida de forma idéntica en el transcurso del tiempo. Pero en cualquier caso he querido huir del prejuicio de estos sentimientos compartidos sean descritos con intención de dañar. O lo que aun sería peor, con intención de mentir, porque no tienen sentido si no son escritas con sinceridad. No se puede ser tan Quijote ni tan masoquista en la vida de recrear irrealmente situaciones y sentimientos de la vida pasada sin necesidad alguna, pensando que su reinterpretación, peor aun si es falsificada, nos proporcionara el camino de una mayor felicidad.

Por otra parte, no siento necesidad alguna de realizar ningún ejercicio de autodefensa, por mucho que Baroja nos recuerde en sus memorias que “es difícil hacer una autobiografía que no sea, en el fondo, apologética”7. No, no preciso vencer ni siquiera de convencer a nadie; ni justificarme de nada ante nadie, ni “siquiera aconsejar a nadie, ni aclarar nada; solo pretendo gozar junto con quienes me han aportado sus propias perspectivas, porque la escritura “me aseguran una sensación de vivir la vida en toda su intensidad, en un grado supremo, algo que la existencia es incapaz de brindar por si sola”8. No podría pedir más a mi objetivo si además pudiera ser de utilidad a los demás, especialmente “a quienes, como yo, han entrado en la fase de la tercera edad, y se preguntan para qué y por que hemos vivido, aguantado o soñado”9.

Presento pues, mis sentimientos compartidos siguiendo el consejo de Borges de que “mi relato será fiel a la realidad, o en todo caso, a mi recuerdo personal de la realidad”10 y carente de toda “tentación de inocencia”11. No quisiera que el texto fuera “el entrenamiento de un hombre solitario con sus propios recuerdos”, ni siquiera “un desahogo por lo que me vea libre y desembarazado de malos humores”12, si no un testamento de mi fuero interno y el de mis amistades, escrito sin mayores preocupaciones estéticas, aunque con sinceridad y con absoluta libertad de conciencia y conciencia de libertad, descrito desde la atalaya del otoño de mi vida. A demás comparto el espacio de estas páginas con reflexiones de autores como Javier Arzuaga; Pio Baroja; Mario Benedetti; Simone de Beuavoir, José Luis Borges; Pascal Bruckner; Alfredo Bryce Echenique; Albert Camus, Ernesto Cardenal; Jorge Castañeada; Manuel Clavero; Julio Cortázar; Emile Durkhein; Jorge Edwards; Carlos Fuentes; J.M. Goetzee; Hume; Aldous Leondard; Huxley; Francisco Igartua; Hans Kung; Aminn Maalouf; Antonio Machado; Francois Mauriac; Emmanuel Mounier; Jose Martir; Pablo Neruda; Orteaga y Gasset; Octavio Paz; Platón; E. Schilleeekcx; Sandor Marai; Emmanuel Monier, Friedrich Nietzche; Erasmo de Rotterdam; Jean Jacques Rousseau; Ernesto Sabato; José Saramago; Sartre; David Sogge; Alexander Solsjenitsin; Rabindranat T. Tagore; Miguel de Unamuno; Ronald Wright; Voltaire; y Bruno Zevi. Y a ti, corazón de lector, si todavía vives con sentimientos oprimidos te deseo con todos ellos libertad y felicidad.

1. Javier González de Durana, Cartas intimas- Epistolario entre Miguel de Unamuno y los hermanos Gutiérrez Abascal, Eguzki Argitaldaria, Bilbao, 1986, pág. 38.
2. Simone de Beauvoir, Memorias de una joven formal, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1998, pág. 55.
3. Ernesto Cardenal, Vida Perdida- Memorias I, Fondo de Cultura Económica, México, 2003, pág. 76.
4. Pio Baroja, Obras completas, t.VII, Biblioteca Nueva, Madrid, 1949, pág. 397.
5. Alfredo Bryce Echenique, Permiso para vivir, pág. 15.
6. Ernesto Sabato, Obras completas- Ensayos, Emece Seix Barral, Buenos Aires, 2007, pág. 297.
7. Pio Baroja, Obras completas, t. VII, pág. 400.
8. Sandor Marai, Confesiones de un burgués, Salamandra S.A., Barcelona, 2002, pág. 448.
9. Ernesto Sabato, Antes del fin, Seix Barral, Biblioteca Ernesto Sabato, Buenos Aires, 2004, pág., 11/12.
10. Alfredo Bryce Echenique, Permiso para vivir  Antimemorias II, Planeta, Buenos Aires, 2005, pág. 74.
11. Pascal Bruckner, La tentación de la inocencia, Anagrama, Colección Argumentos, Barcelona, 2005.
12. Miguel de Unamuno, Amor y Pedagogía, Alianza Editorial, Madrid, 2009, pág. 13.


JOSU LEGARRERA BILBAO, “Sentimientos compartidos –De mayo del 68 al otoño en libertad” -Ensayo-, Editorial La Oveja Negra Ltda., y Fundación Centro Vasco Euskal Etxea Colombia.  Edición Octubre 2011.


JOSU LEGARRETA BILBAO - SENTIMIENTOS COMPARTIDOS
FUNDACION CENTRO VASCO EUSKAL ETXEA COLOMBIA
EDITORIAL LA OVEJA NEGRA
JOSU LEGARRETA BILBAO nace en Fruiz (Bizkaia)  el 10 de enero de 1948. Es licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia. De 1975 a 1982 ejerce como profesor en el centro Educativo Begoñazpi de Bilbao. De 1982 a 1985 dirige el Colectivo Pedagógico Onura y la Revista Kimu. Desde 1986 a 2009  trabaja en gobierno vasco, primero como Director de Promoción del Euskara y posteriormente como Director de Cooperación al Desarrollo y Director de Relaciones con los Centros Vascos. Es autor de Desde el futuro-Nacionalismo=democracia y coautor de Un nuevo 31.

Dentro de los parámetros del género autobiográfico, el autor expone sus reflexiones, e incluso sus sentimientos más íntimos, reivindicando el derecho universal a la Libertad y a la Felicidad en esta vida. Lo hace además con una capitulación original, exponiendo los temas alfabéticamente y no cronológicamente en defensa de su especial interés reivindicativo de que en definitiva interesa mucho más la lógica de las ideas y de los sentimientos, que la lógica de la razón y de la temporalidad de los acontecimientos. Con esta perspectiva describe vivencias íntimas, personales e interpersonales, desde la infancia hasta el otoño de su vida, con absoluta libertad. Después de más de dos décadas de vida profesional, con oportunidades de relación con presidentes y ministros de diversos países, con dirigente de máxima relevancia de partidos políticos y religiones y con poblaciones de máximo nivel de marginalidad social, de unos 40 países de África, América y Asia, sus reflexiones compartidas con sus amistades, son exponente de su actitud libertaria a ultranza ante la vida y su radical critica de todo fundamentalismo político, religioso y social.

Como lector consumado, corrobora sus conclusiones con las reflexiones de grandes pensadores, clásicos y actuales, con el convencimiento de que la proyección interior es la mejor garantía personal de la Libertad y de la Felicidad.






sábado, 19 de abril de 2014

¡ HASTA PRONTO GABO...!


García Márquez  VERSUS Vargas Llosa
fRANCISCO IGARTUA – HUELLAS DE UN DESTIERRO

La presencia de Clemen trajo la paz
Sin embargo, no todo fue lecho de rosas en esos primeros tiempos de la familia en México. Aparte de la soledad, que afectó a todos, hubo algunos contratiempos graves. Y los peores los sufrió la pequeña Maite. Para ella fueron muy difíciles sus primeros pasos en la escuela, una escuela que correspondía a la misma organización inglesa del colegio San Silvestre de Lima, donde había comenzado sus estudios. Lo que parecía en teoría un simple cambio de salón de clases resultó siendo un trasplante muy desagradable. Fueron problemas colegiales verdaderamente serios, que fueron agravados por el carácter reservado de Maite, tan tremendamente introvertido que no le permitía explicar en casa las dificultades a las que se enfrentaba con sus flamantes compañeras y compañeros de estudios. Tanto Clemen como yo, la veíamos deprimida, con una inmensa tristeza en la mirada, pero no atinábamos a descubrir el motivo.
–Aquí la gente es distinta y Maite debe extrañar a sus amigas... Habrá que esperar...
El colegio estaba ubicado en San Ángel, lo que había obligado poco después al traslado de la familia de Polanco al moderno y acogedor departamento arrullado por las campanas del convento carmelita de San Ángel, con la taquería El Lobo Bobo a la puerta, y cercanísimo al Sanborns de las tertulias del mediodía. Allí permaneceríamos hasta el retorno al Perú, previo largo paseo por Europa, donde fracasó mi intento de convencer a Clemen para que radicáramos en Euskadi, el País Vasco.
Fue un error, una torpe equivocación, eso de esperar a que los problemas de Maite en el colegio se resolvieran solos, pues no se trataba de simple añoranza por Lima y sus amiguitas limeñas –añoranza que fue cierta un momento– sino de algo muy grave que sólo advertimos cuando la tristeza de Maite se fue acentuando. Solamente entonces comenzamos a sospechar –lo que era verdad– que la niña sufría malos tratos de sus compañeras de clase. Así era: un grupo de perversas criaturas –la maldad de la infancia es maldita– había tomado de yunque a la recién llegada y Maite no sabía cómo defenderse ni atinaba a buscar ayuda, ya que encontró en el colegio un único mirar afectuoso, el del “Cholo” García Márquez, el hijo del Gabo.
Se trataba de un hecho muy serio sin duda, pero que nada tenía de sorprendente. Es frecuente en las escuelas esa reacción en contra de los novatos. Pero ¿cómo hacerle frente al problema? ¿Cambiarla de colegio como ella insinuaba?... Eso no era fácil y más por la época, a mitad del año escolar... ¡Y los trajines que había costado inscribirla en esa escuela!
Lo que de primer momento no sospechamos era que teníamos en José Luis Cuevas –el gran pintor mexicano– y su mujer, Berta, dos ángeles de la guarda. Ellos eran los que habían ayudado en los trámites para la matrícula de Maite y fueron ellos, sobre todo la practicidad de Berta, los que prontamente solucionaron los pesares de Maite. El remedio fue simple: supieron por sus hijos, que estaban entre los malvados, lo que ocurría con Maite y de inmediato los cabecillas del complot contra la recién llegada recibieron tremenda reprimenda y la amenaza de severísimos castigos si no componían su incivilizada y estúpida conducta... Pronto se encontró Maite con amigas que estarían entre las mejores de su vida. Mucho lloró por ellas cuando dejó México y muchos años tardó para dejar de escribirse con ellas.
Hice buena y rápida amistad con José Luis Cuevas, a quien había conocido en Lima, años atrás, en una visita al Perú del pintor mexicano; hecho que Cuevas me recordó y que a mí se me había borrado. Y fueron las circunstancias de aquella visita, según Cuevas, el motivo de que se sintiera obligado a devolverme las atenciones que recibió de los limeños. Fue muy amable José Luis conmigo y mi familia, y creo haber conocido bien a aquel niño caprichoso y bueno que es Cuevas. Eximio y cruel dibujante, José Luis ha retratado con perversa minuciosidad el ambiente lúgubre y desgarrado de su ciudad, sobre todo a los personajes de la periferia marginada. Pero en el trato personal la crueldad del pintor desaparece por completo y sale a relucir el enfermizo egocéntrico, el infantil y bondadoso caballero que es ese señor mayor con cara y modales de encantador hombre joven...
Se reunía con cierta frecuencia conmigo, sobre todo en el restaurante San Angel Inn, una vieja casona donde acampó Pancho Villa antes de tomar la capital mexicana, la ciudad entonces lejana, que se agrupaba alrededor del imponente Zócalo. Allí, en el San Angel Inn, me encontré con las curiosas dificultades que hay que pasar en el ambiente intelectual y político de México, donde las enemistades son enemistades. Hasta en dos oportunidades, por ejemplo, estando con Cuevas, me encontré con el cariñoso Rufino Tamayo, el genial pintor a quien había conocido a través de Gody Szyszlo y a quien Cuevas no quería “por su entrometida mujer, no por él”... Pero yo ya había aprendido a ser gentil con el amigo Tamayo cuidando de que Cuevas no sintiera el afecto de mi saludo... Bueno, así es México. Y también allí, como en todos los rincones del mundo, no deja de haber algún interés en las relaciones humanas. Mi atractivo era ser director del Suplemento. Situación que me permitió en más de una oportunidad pagarle a Cuevas sus amables atenciones dándole cabida en el periódico para que soltara al público sus angustiados y personalísimos desahogos de niño travieso y en una oportunidad de hijo doliente por la muerte de su madre.
José Luis Cuevas y Berta nos abrieron generosamente las puertas de su casa y allí tratamos con frecuencia en comidas y recepciones a las estrellas de la intelectualidad y la política de México. Reuniones puntillosamente reservadas a quienes no tuvieran fricciones de ninguna especie con los dueños de casa. En este punto, de no tropezar con enemigos, el cuidado es tan extremo que muchos piden la relación de los invitados para excusarse si alguno de éstos está registrado en su lista de indeseables. Lo que ocurrió en una oportunidad, por ejemplo, con Octavio Paz. Vio en la relación de invitados a una recepción en casa de los Cuevas a Gabriel García Márquez y se excusó.
–¿Por qué?– preguntó extrañada Clemen.
–Porque él es amigo de Mario Vargas Llosa –respondió Cuevas, a quien el gesto de Octavio Paz le pareció excesivo, pues era tomar partido en pleito ajeno.
Pero así es México, complicado y querido... Tan complicado, que dejó estupefacto a Pablo Neruda cuando advirtió que: “las artes y las letras se producían en círculos rivales, pero ¡ay! de aquel que desde afuera tomara partido en pro o en contra de algún personaje o de un grupo: unos y otros le caían encima”. De esto fue testigo muy directo Mario Vargas Llosa cuando tuvo un desentendimiento con su amigo Octavio Paz. Todos los intelectuales mexicanos, enemigos y amigos de Paz, se sintieron agraviados por Mario Vargas.
En esas fechas se había producido el escándalo del puñete que le propinó Mario al Gabo, noqueándolo, lo que desató un escándalo periodístico y la guerra entre los dos divos de la narrativa latinoamericana.
Yo fui testigo excepcional de aquel célebre match de box de un solo golpe y muchos bemoles...
Ocurrió un día en que se estrenaba en México una película con guión de Mario Vargas Llosa. Era un film que relataba un accidente de aviación ocurrido años atrás en los Andes. Accidente muy difundido por la prensa cuando ocurrió y extremadamente truculento: los sobrevivientes al impacto con la montaña, un grupo de muchachos uruguayos, lograron mantenerse vivos hasta que llegó el rescate gracias a que se alimentaron con la carne de los viajeros muertos. Este acto de canibalismo lo lograban disimular haciendo pequeñas bolas con carne y nieve que luego tragaban cerrando los ojos y procurando no recordar a los amigos desaparecidos... Los bloques gigantes del hielo andino hacían de congeladora... y el “alimento” duraba sin término en buenas condiciones. Argumento semejante explicaba por qué Patricia, la mujer de Mario, no estaba al lado de su marido entre los asistentes a la función. Le hubiera sido imposible soportar el filme. Su hermana había muerto en una tragedia aérea.
Por culpa del endemoniado tránsito de la ciudad, llegaba yo tarde a la función y me bajé del taxi frente al cine, pero en el lado opuesto de la ancha y arbolada avenida donde éste se alzaba. Crucé los jardines corriendo y, antes de llegar a la puerta, me pareció ver a un grupo de gente conocida –Elena Poniatowska y la China Guzmán entre otros– atendiendo a alguien postrado en una banca del parque. Pero pasé sin detenerme, pensando que ya no encontraría en el cine a los que me sentía obligado a saludar. Sabía que allí no podía faltar Benjamín Wong y con esa perspectiva no debía estar ausente en un acto cultural al que asistirían Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez y todo México intelectual...
Al entrar me di con el hall vacío y la sala de proyección ventilándose con las puertas abiertas... ¡Llegaba tarde, ya todo había concluido! Sin embargo, al voltear la cara a la derecha, en un salón de espera, con bar, vi gente... Me acerqué y me di con el siguiente cuadro: al centro del lugar, en silencio absoluto, colocados como en fila de actores saludando frente al público, diversas figuras de las artes y las letras mexicanas miraban al vacío, entre ellos Mario, en medio, con Benjamín Wong a su lado. No vi a nadie más que a los dos. Y de primer momento creí, por el natural egocentrismo humano, que el silencio sepulcral lo había producido mi presencia... Pero me animé a avanzar y saludé con un corto abrazo a Mario, que estaba hierático, y al darle la mano a Wong éste me jaló suavemente y me dijo al oído:
–Hace dos minutos ha estado tendido en el suelo que está usted pisando Gabriel García Márquez... Mario le dio un solo golpe y lo noqueó, diciéndole: “esto por lo que le hiciste a Patricia en Barcelona”.
Me quedé petrificado y me añadí a la fila entre Mario y Wong. El silencio siguió cortando el aire. Hasta que Wong, siempre al oído me preguntó:
–¿Sabe usted quién es esa persona de rasgos orientales sentado en un taburete del bar?
Yo sonreí para mis adentros y le informé al chinísimo Wong:
–Es Kasuya Sakay. Trabaja en Plural con Octavio Paz. (Todavía no había dejado Paz la revista de Excelsior y fundado Vuelta).
–¡ Ah!
Sakay, un oriental como Wong, pero japonés, estaba junto a una de las Pecanins, la que saludó con un tímido gesto de la mano.
El fúnebre silencio continuaba y entendí que el grupo de afuera, en la banca, atendía a García Márquez. Luego supe que lo trataron con un trozo de carne, un grueso bistec, que adquirieron en una carnicería vecina y se lo aplicaron al ojo como compota.
Nadie se movía. Parecía un acto teatral en el que la escena se inmoviliza y queda en silencio. El primero en reaccionar fue Wong. Y otra vez a mi oído:
–Creo que lo más prudente es que usted se lleve a Mario.
–Yo no tengo movilidad.
–Los llevo yo. Mi auto espera en la puerta.
Cogí a Mario del brazo y, en compañía de Wong, partiendo el silencio de los inmóviles ahí congregados, salimos los tres del cine y abordamos el auto que nos abrió el chofer de Wong.
–Al hotel Génova– ordené.
(Ese encantador hotel, el Geneve, al que no se sabe por qué razón se le llamaba Génova –¿sería por la cercanía de la calle con ese nombre?–, hoy ha sido fagocitado por una de esas cadenas para las cuáles no existen personas sino tarjetas).
Recién unos minutos después de partir hacia el hotel habló Mario. Estaba preocupado por lo que diría la prensa. Wong se comprometió a tratar de reducir al máximo la publicidad del escándalo.
–Porque será imposible callarlo por completo. Ha habido demasiada gente relacionada con el periodismo a la hora de su gancho de derecha, mi estimado Mario...
Los tres reímos, pero conteniéndonos. El asunto no estaba para bromas...
–Yo creo, Mario, que estás ofuscado por la reciente posición del Gabo y has querido disimular tu enojo político con eso de “por lo que le hiciste a Patricia en Barcelona”... Pero así has agravado tu desborde boxístico... Aunque no es hora de lamentar sino de lograr que los periódicos sean discretos y eso queda en las buenas manos del señor Wong.
Al poco rato, gracias a la habilidad del chofer, estuvimos en la puerta del hotel, en la Zona Rosa. Wong se despidió y los dos bajamos del auto y directamente fuimos al cuarto. Patricia esperaba a Mario con los cañones listos para disparar y disparó. Estaba enterada de todo.
–¡Imbécil! ¡Creeetino!... ¿Qué te has creído?... Me has puesto a mí de hazmereír público.
Y voló una lámpara por el aire en dirección a la cabeza de Mario.
–Me ha llamado la Gaba, medio mundo... ¡Eres un imbécil! ¡Creeetino!...
El fuego de Patricia iba creciendo y las lámparas volaban por los aires en búsqueda de la cabeza de Mario, quien, hierático, no abría la boca... Me deslicé al teléfono y llamé a Clemen. Era la única que podía apagar el incendio. Yo no me atrevía a soltar una palabra.
A pesar de la distancia y del tránsito, Clemen llegó en pocos minutos y su presencia tuvo la virtud de que se aquietaran las llamas. Se acercó a Patricia, le habló y la hizo reflexionar... Hubo un largo y quieto silencio, que yo me atreví a romper:
–Lo prudente, me parece, es que salgamos a cenar –y así fue.
A pie nos dirigimos los cuatro a un restaurante cercano, creo recordar que era de comida alemana, y durante la cena no se volvió a tocar el tema como no fuera para hacer unos chistes medidos, muy mesurados, hasta insulsos. La presencia de Clemen había traído la paz.
Al día siguiente los periódicos no fueron un modelo de discreción, aunque sin exageraciones. Y el ambiente que rodeó al “suceso de la semana”, que amenazó un momento con volverse una riña de dimes y diretes de barrio bajo –”mi marido no se acuesta con feas”–, por fortuna, en pocos días se esfumó.

Fuente: Biblioteca Francisco Igartua - Archivo Documentario y Fotografico Fondo Editorial Revista Oiga