Lo lamentable sería que lo que podría ser una baja en la lectura de Unamuno y una alza en el hablar de él termine por difuminar la sólida imagen de quien dijo: «¿Tropezáis con uno que miente? Gritadle a la cara: ¡Mentira! y ¡adelante! ¿Tropezáis con uno que roba? Gritadle: ¡Ladrón! y ¡adelante! ¿Tropezáis con uno que dice tonterías a quien oye toda una muchedumbre con la boca abierta? Gritadles: ¡Estúpidos! y ¡adelante! ¡Adelante siempre¡».
miércoles 15 de julio de 2009
martes 14 de julio de 2009
FRANCISCO IGARTUA - "SIEMPRE UN EXTRAÑO" - Así nació el primer periódico personal de Francisco: Oiga.
Fue un andar a la deriva que no debía continuar. Y no continuó. El golpe de Odría y su sigiloso ingreso a Lima lo conmovieron profundamente y lo apartaron de las juergas. Ese mismo 28 de octubre, "día infausto para la República", como él escribió, igual que escriben infinitos periodistas en el mundo frente a hechos semejantes, ese mismo día se comprometió a hacer algo... ¿Pero qué hacer?... La impotencia lo exaltaba todavía más. Así fue como comenzó a dolerle el Perú.
Una de esas noches de desvelos cívicos, Francisco tomó la firme decisión de llevar adelante una idea que le venía rondando desde un par de días antes. Desde el mismo momento en que, junto a Ella, vio a Odría pasar por la Plaza San Martín rumbo a Palacio: tenía que fundar un periódico que dijera las verdades que la gran prensa, con toda seguridad, callaría, sea por complicidad con el golpista o por autocensura generada por el temor al poder. Al despertarse siguió dándole vueltas a la idea y a la manera de cómo presentar su propuesta para hallar apoyo financiero a sus planes. Y bien bañado y con desayuno completo se dirigió al Café.
Aquella mañana del uno o dos de noviembre de mil novecientos cuarenta y ocho, cerca del mediodía, exponía Francisco en los portales su propósito de publicar un semanario, un panfleto, que gritara las protestas de su generación por el cuartelazo contra Bustamante y su rechazo a la dictadura que acababa de entronizarse en el país. Pero Francisco no tenía un centavo. En la mesa estaban Sérvulo y Doris Gibson —inmersos en un romance borrascoso—, Guillermo Ugaz, Juan Ríos, Carmen Sosa y alguien más. Francisco explicó sus proyectos y su falta de fondos. Doris Gibson se prestó de inmediato a conseguirlos. Y, poniéndose de pie, se dirigió al otro lado de la plaza, a los portales del frente, al Chez Víctor, donde esperaba encontrar a Armando Revoredo, el último Primer Ministro de Bustamante, que acababa de estar en prisión. Revoredo había sido médico, profesión que nunca ejerció, pues antes de curar a nadie se inscribió en la Aviación e, inmediatamente, de médico 'asimilado' pasó a piloto. Cuando llegó a ministro ya lucía las insignias de general de Aviación y sus hazañas —vuelo solitario, sobre los Andes, de Lima a Buenos Aires y, después, de Lima a Bogotá— habían llenado de orgullo a los peruanos sin que él se envaneciera. También, después de haber abierto las dos rutas arriba mencionadas, había dado la vuelta a Sudamérica al comando de una escuadrilla de cazas.
Al poco rato regresó Doris a la mesa del Café. Traía dos mil soles para Oiga, el proyecto de Francisco. Los mil que faltaban, también por intermedio de Doris Gibson, Francisco los obtuvo, con alguna solemnidad y firma de un documento simbólico, de Pechitos Bustamante.
Así nació el primer periódico personal de Francisco: Oiga.
Una de esas noches de desvelos cívicos, Francisco tomó la firme decisión de llevar adelante una idea que le venía rondando desde un par de días antes. Desde el mismo momento en que, junto a Ella, vio a Odría pasar por la Plaza San Martín rumbo a Palacio: tenía que fundar un periódico que dijera las verdades que la gran prensa, con toda seguridad, callaría, sea por complicidad con el golpista o por autocensura generada por el temor al poder. Al despertarse siguió dándole vueltas a la idea y a la manera de cómo presentar su propuesta para hallar apoyo financiero a sus planes. Y bien bañado y con desayuno completo se dirigió al Café.
Aquella mañana del uno o dos de noviembre de mil novecientos cuarenta y ocho, cerca del mediodía, exponía Francisco en los portales su propósito de publicar un semanario, un panfleto, que gritara las protestas de su generación por el cuartelazo contra Bustamante y su rechazo a la dictadura que acababa de entronizarse en el país. Pero Francisco no tenía un centavo. En la mesa estaban Sérvulo y Doris Gibson —inmersos en un romance borrascoso—, Guillermo Ugaz, Juan Ríos, Carmen Sosa y alguien más. Francisco explicó sus proyectos y su falta de fondos. Doris Gibson se prestó de inmediato a conseguirlos. Y, poniéndose de pie, se dirigió al otro lado de la plaza, a los portales del frente, al Chez Víctor, donde esperaba encontrar a Armando Revoredo, el último Primer Ministro de Bustamante, que acababa de estar en prisión. Revoredo había sido médico, profesión que nunca ejerció, pues antes de curar a nadie se inscribió en la Aviación e, inmediatamente, de médico 'asimilado' pasó a piloto. Cuando llegó a ministro ya lucía las insignias de general de Aviación y sus hazañas —vuelo solitario, sobre los Andes, de Lima a Buenos Aires y, después, de Lima a Bogotá— habían llenado de orgullo a los peruanos sin que él se envaneciera. También, después de haber abierto las dos rutas arriba mencionadas, había dado la vuelta a Sudamérica al comando de una escuadrilla de cazas.
Al poco rato regresó Doris a la mesa del Café. Traía dos mil soles para Oiga, el proyecto de Francisco. Los mil que faltaban, también por intermedio de Doris Gibson, Francisco los obtuvo, con alguna solemnidad y firma de un documento simbólico, de Pechitos Bustamante.
Así nació el primer periódico personal de Francisco: Oiga.
miércoles 1 de julio de 2009
FRANCISCO IGARTUA - "Sobre la reaparicion de Oiga" - El Comercio 27/04/2000

A14 Opinión EL COMERCIO Jueves, 27 de abril de 2000
El Comercio agradece las cartas de sus lectores y escoge para su publicación las que ofrecen un texto de veinte líneas de páginas. Es imprescindible que estén firmadas con nombre y apellidos y que conste la dirección y el teléfono del remitente. No se publicaran escritos firmados con seudónimo o iníciales. El Comercio se reserva el derecho de resumir o extractar las cartas y publicar las que considere oportuno. No se mantendrá correspondencia, atenderá visitas o llamadas telefónicas respeto de los originales no publicados.
…………………………………………………………........................
Sobre la reaparición de “Oiga”
Señores directores:
Vuelvo a sentirme obligado expresar mi estupor por el nuevo anuncio de que en estos días electorales reaparecerá “Oiga” el semanario que funde hace mas de medio siglo y por cuya línea de conducta sufrí cárceles y destierros en diversas dictaduras; y al que, hace ya algún tiempo, me vi forzado a cerrar para evitar ir preso por delincuente tributario.
Mi estupor se debe a que es fácil sospechar la intención de esta reaparición de “Oiga”. Es extraño, por decir lo menos, que la revista vuelva, para “difundir información veraz e independiente”, cinco años después de su cierre y del traspaso que hice del logotipo a una persona interesada, según me dijo, en dirigir una publicación de frivolidades del mundo social y del espectáculo.
El hecho, por lo tanto, me obliga a exponer nuevamente las razones por la que hice mutis de la escena periodística peruana.
Clausure “Oiga” porque en el Perú de hoy, si no se cuenta con abundante avisaje comercial –cada día mas escaso salvo el del Estado- es imposible, matemáticamente imposible, sostener un medio de expresión veraz e independiente. Gracias al régimen fujimorista pesan sobre la prensa peruana tan fuertes cargas tributarias –únicas en el mundo, pues no existen en país alguno impuestos a las ventas e importaciones para los medios de comunicación o son solo simbólicos al lado del caso peruano-; pesan en la actualidad –repito- sobre la prensa peruana tan fuertes cargas tributarias que la hacen prisionera de la Sunat, entidad que, a sabiendo o no, queriéndolo o sin querer, actúa como agente de extorsión gubernamental. De este modo es que los medios de expresión peruanos, salvo honrosas excepciones (entre las que cabe destacar el nombre de Gustavo Mohme), han quedado prisioneros del gobierno…
Y no se los liberara por medio de acuerdos de equidad ni disposiciones legales, todos ellos instrumentos que pueden ser utilizados para liquidar la libertad de prensa, tal como lo hizo el régimen militar en 1974. Para que los medios de información se comporten periodísticamente hay que liberarlos del chantaje tributario al que están sometidos. Así, sacándolos del cautiverio y no por reglamentaciones que, siempre, sea espada de Damocles sobre la libertad de prensa, es como se lograra que la prensa hablada y escrita sea libre.
El Comercio agradece las cartas de sus lectores y escoge para su publicación las que ofrecen un texto de veinte líneas de páginas. Es imprescindible que estén firmadas con nombre y apellidos y que conste la dirección y el teléfono del remitente. No se publicaran escritos firmados con seudónimo o iníciales. El Comercio se reserva el derecho de resumir o extractar las cartas y publicar las que considere oportuno. No se mantendrá correspondencia, atenderá visitas o llamadas telefónicas respeto de los originales no publicados.
…………………………………………………………........................
Sobre la reaparición de “Oiga”
Señores directores:
Vuelvo a sentirme obligado expresar mi estupor por el nuevo anuncio de que en estos días electorales reaparecerá “Oiga” el semanario que funde hace mas de medio siglo y por cuya línea de conducta sufrí cárceles y destierros en diversas dictaduras; y al que, hace ya algún tiempo, me vi forzado a cerrar para evitar ir preso por delincuente tributario.
Mi estupor se debe a que es fácil sospechar la intención de esta reaparición de “Oiga”. Es extraño, por decir lo menos, que la revista vuelva, para “difundir información veraz e independiente”, cinco años después de su cierre y del traspaso que hice del logotipo a una persona interesada, según me dijo, en dirigir una publicación de frivolidades del mundo social y del espectáculo.
El hecho, por lo tanto, me obliga a exponer nuevamente las razones por la que hice mutis de la escena periodística peruana.
Clausure “Oiga” porque en el Perú de hoy, si no se cuenta con abundante avisaje comercial –cada día mas escaso salvo el del Estado- es imposible, matemáticamente imposible, sostener un medio de expresión veraz e independiente. Gracias al régimen fujimorista pesan sobre la prensa peruana tan fuertes cargas tributarias –únicas en el mundo, pues no existen en país alguno impuestos a las ventas e importaciones para los medios de comunicación o son solo simbólicos al lado del caso peruano-; pesan en la actualidad –repito- sobre la prensa peruana tan fuertes cargas tributarias que la hacen prisionera de la Sunat, entidad que, a sabiendo o no, queriéndolo o sin querer, actúa como agente de extorsión gubernamental. De este modo es que los medios de expresión peruanos, salvo honrosas excepciones (entre las que cabe destacar el nombre de Gustavo Mohme), han quedado prisioneros del gobierno…
Y no se los liberara por medio de acuerdos de equidad ni disposiciones legales, todos ellos instrumentos que pueden ser utilizados para liquidar la libertad de prensa, tal como lo hizo el régimen militar en 1974. Para que los medios de información se comporten periodísticamente hay que liberarlos del chantaje tributario al que están sometidos. Así, sacándolos del cautiverio y no por reglamentaciones que, siempre, sea espada de Damocles sobre la libertad de prensa, es como se lograra que la prensa hablada y escrita sea libre.
Vuelvo a tener que aclarar que hace cinco años traspase el logotipo de “Oiga” y que nada se de los vaivenes de esa lejana transacción y nada, absolutamente nada, me liga a la publicación que con el nombre de “Oiga” comenzara a circular en estos días electorales en los que sobra decir cual será mi voto.
Atentamente,
FRANCISCO IGARTUA
viernes 26 de junio de 2009
FRANCISCO IGARTUA - Ultima sesion de directorio de Editora Eusco Andina S.A - "Las revistas tambien mueren de pie"
ACTA DE SESION DE DIRECTORIO
En la ciudad de Lima, siendo las 16:00 horas del día viernes 01 de setiembre de 1995, en el local de la sociedad, sito en Paseo Parodi Nº 508, San Isidro, se reúnen los siguientes Directores de la Empresa Editora Eusco Andina S.A, Srta. Carolina Arias Córdova y el Sr. Francisco Igartua R. actuó como presidente la Srta. Carolina Arias y como Secretario el Sr. Francisco Igartua, dejándose constancia expresa de que se cuenta con el Quórum de Ley a fin de adoptar los acuerdos materia de la convocatoria.
Hizo uso de la palabra la Srta. Carolina Arias para efectos de presentar su renuncia irrevocable al cargo de Presidente del Directorio y Gerente General, dejando constancia de su agradecimiento por la confianza depositada por el Directorio desde su ingreso en 1978 a la fecha. A su vez manifestó lo siguiente e hizo entrega de un informe y sobre la situación con la venta del inmueble:
1. Todo el personal de Empresa Editora Eusco Andina S.A. ha sido debidamente liquidado de acuerdo a Ley.
2. Con la venta neta de la publicidad se cancelara parte de la deuda de las AFP que quedarían en la siguiente situación.
Deuda Pendiente
AFP Horizonte S/. 4,093.66 CANCELADA
AFP Nueva Vida S/. 2,360.92 CANCELADA
AFP El Roble S/.45,000.00 CANCELADA
AFP Horizonte S/. 4,093.66 CANCELADA
3. Saldo Pendiente al Banco Continental S/. 17,595.55.
4. Deuda por servicio de teléfonos US$/. 2,500.00.
5. Deuda IPSS S/. 124,000.00.
Con respecto a la deuda del IPSS se les ha insistido permanente por escrito, entrevistas y llamadas telefónicas desde hace un año atrás para que cumplieran con el Contrato 1814-6CRM-94, e inclusive 15 días antes de la aparición de la ultima edición Nº 756 programada para el 5 de setiembre, se envió una comunicación por escrito con fecha 21 de agosto, manifestándoles que la última opción de poder cancelar nuestra deuda pendiente, era con la publicación de un suplemento de 16 o 30 paginas, si así lo preferían, lamentablemente no respondieron.
6. Deuda Tributaria SUNAT.
Saldo pendiente D.S. Nº 048-94-PCM S/. 163.50
Deuda Enero desde 1994 a la fecha S/. 720.00
Asimismo, se envió una carta con fecha 21 de agosto de 1995 y se tuvo una entrevista personal con el Sr. Adrián Revilla el día viernes 25 de agosto, para explicarle la situación y lamentablemente no aceptaron nuestra propuesta.Hay que dejar la debida constancia, que de la misma manera se trabajo durante mas de un año exclusivamente para insistir permanentemente, vía cartas por escrito, así como entrevistas con las máximas autoridades, tanto publicitarias, como con los Sres. Guerra García y el propio Superintendente, para efectos de explicarles nuestras propuestas y solicitarles que hagan efectivo su contrato de canje publicitario.
En ese aspecto dijeron que los iban a estudiar; jamás nos respondieron y antes de los 15 días de la aparición de la última edición, se les volvió a solicitar que con un suplemento de las páginas que fueran necesarias podía la Empresa Editora Eusco Andina S.A. pagar sus deudas, lamentablemente no fue aceptada.
La Srta. Arias, asimismo, manifestó que en el caso de que se decidiera reflotar la empresa, de acuerdo a las varias propuestas, allí se tiene el estudio elaborado por IMASSEN con fecha 25 de junio de 1995 y en el supuesto caso con los futuros accionistas no se llegase a ningún acuerdo, ella recomendaba que la empresa debería declararse en INSOLVENCIA por medio del D.L. 26116. También explicó que todos los detalles y procedimientos están en el informe que se ha entregado al Sr. Francisco Igartua.
Con respecto a la parte contable, se ha solicitado al Sr. Max Meza para efectos de que prepare un balance general de situación al día con todos los respectivos intereses y con toda la información al día para que se pueda proceder ya sea para el relanzamiento y /o para la presentación a la insolvencia de INDECOPI, para ambos casos estamos a su disposición para cualquier situación, suya y/o del nuevo directorio.
Se deja debida constancia, que se trabajo hasta el último momento intentando dejar saneado sobre todo la parte tributaria, lamentablemente pareciera que razones políticas no permitieron que así fuera. No habiendo más asuntos que tratar, se suspendió la sesión a fin de redactar la presente acta, la que fue leída y aprobada sin observaciones, firmándola en señal de conformidad. Luego se levanto la sesión siendo las 19:30 horas.
FRANCISCO IGARTUA - INCOMODANDO AL PODER - EL CHITO RIOS
Reproducimos el fragmento de un testimonio escrito por Ricardo Uceda en su libro “Muerte en el Pentagonito”, referente a la intervención de la revista Oiga en la identificación de los miembros apristas del grupo paramilitar Rodrigo Franco:
“Sin embargo, el 7 de agosto de 1989 ocurrió el hecho imprevisto: “El Chito” fue fotografiado por la revista Oiga en un bar de Lince feliz entre varias botellas de cerveza. Afuera lo esperaba el auto a su servicio, un Toyota Crecida AG-8211, que resultó ser un vehículo de la Policía. La difusión de las fotos causó un escándalo y puso en un verdadero aprieto al Ministerio del Interior. Aún así este golpe sería insignificante comparado con el hecho imprevisto
Luque llamó a Ríos de urgencia. Pálido como nunca antes, le mostró unos papeles impresos que, según dijo, correspondían a un extenso informe que la revista Oiga estaba imprimiendo. Luque –Ríos no sabía como- se enteraba de lo que publicaban Oiga y Caretas antes de que las revistas circularan. El artículo que le pidió leer se titulaba: “Confesión de un desertor del Comando Rodrigo Franco”. Narraba con lujo de detalles la organización que funcionaba en la casa de la avenida Dos de Mayo: quién era quién, como operaban, que ilicitudes cometieron…”
“Sin embargo, el 7 de agosto de 1989 ocurrió el hecho imprevisto: “El Chito” fue fotografiado por la revista Oiga en un bar de Lince feliz entre varias botellas de cerveza. Afuera lo esperaba el auto a su servicio, un Toyota Crecida AG-8211, que resultó ser un vehículo de la Policía. La difusión de las fotos causó un escándalo y puso en un verdadero aprieto al Ministerio del Interior. Aún así este golpe sería insignificante comparado con el hecho imprevisto
Luque llamó a Ríos de urgencia. Pálido como nunca antes, le mostró unos papeles impresos que, según dijo, correspondían a un extenso informe que la revista Oiga estaba imprimiendo. Luque –Ríos no sabía como- se enteraba de lo que publicaban Oiga y Caretas antes de que las revistas circularan. El artículo que le pidió leer se titulaba: “Confesión de un desertor del Comando Rodrigo Franco”. Narraba con lujo de detalles la organización que funcionaba en la casa de la avenida Dos de Mayo: quién era quién, como operaban, que ilicitudes cometieron…”
lunes 22 de junio de 2009
FRANCISCO IGARTUA – SIEMPRE UN EXTRAÑO - 1995
“Nunca entendí por que en el Perú se destruían los hombres de valer unos a otros. Hoy veo esa política como un crimen contra el país. Es irritante que tantas generaciones de hombres inteligentes hayan pasado por la vida peruana sin haber podido dejar nada de lo mucho o poco que poseyeron para darle a su comunidad; porque otros hombres, también inteligentes, les cortaron el paso no dejándolos florecer y entregar sus frutos. ¿Cuándo aprenderemos a convivir honestamente dentro de una pacifica discrepancia?”.
FRANCISCO IGARTUA – SIEMPRE UN EXTRAÑO - 1995 - "Un diario le sirvió de asilo"
Local Central del Diario El Comercio
"Tampoco se podría, sin embargo, no tomar en cuenta para entender esa relación el hecho mismo del asilo. Se trataba de algo que, por un lado, debía enorgullecer a El Comercio y que, por otro, había impedido que Francisco fuera a caer de nuevo en el insoportable asador panameño. Por primera vez en la historia del periodismo, el edificio de un diario, igual que las catedrales de la Edad Media, había servido de asilo a un perseguido". FRANCISCO IGARTUA - SIEMPRE UN EXTRAÑO - 1995
FRANCISCO IGARTUA – SIEMPRE UN EXTRAÑO - 1995 - "Un diario le sirvió de asilo"
El vuelo de Santiago a Lima fue largo por la emoción del regreso. Francisco no pudo leer una línea ni dormir un minuto durante el viaje. La conversación con Holt y el corresponsal del New York Times, la seguía a medias y en algunos momentos se iba de ella por completo. La aventura había sido emocionante, pero muy dolorosa la separación de Ella. En muchos momentos había sido insoportable tenerla lejos. Pero volvía y volverían a estar juntos. También extrañaba Caretas, su obra, su esperanza, su buena sociedad con Doris Gibson. La lucha política lo reclamaba y el estaba obligado a no rehuirla. Más cuando se iniciaba la campaña de zapa contra la dictadura.
Al llegar a Lima, por simple precaución les pidió a Holt y al corresponsal americano que bajaran los tres juntos.
-Por siaca.
Y los dos asintieron en que la idea era prudente. Lo flanquearían desde la escalera de bajada a tierra.
¡Ni que hubieran sido adivinos!
Al pie del avión lo esperaba a Francisco media docena de investigadores que le bloquearon la entrada.
-Usted no puede ingresar. Debe volver al avión y seguir a Panamá.
El que le hablaba era un zambo alto, colocado detrás de los dos que le cerraban el paso. Otros tres vigilaban de cerca.
-¡Aquí esta mi pasaporte con el visado correspondiente!
-No sé. Es la orden.
-¡Aquí esta mi visa! –grito Francisco apoyado en los dos norteamericanos.
-No puede pasar.
-¿Cómo que no puedo? –y se agarro a los brazos de sus dos amigos-. Si quieren me suben a patadas, Pero aquí se arma un escándalo de los mil diablos y tengan ustedes presente que estos dos señores son periodistas extranjeros que darán cuenta en el mundo del abuso que están ustedes cometiendo. ¡Aquí esta mi visa! Y si quieren –volvió a insistir- me suben a la fuerza, pero en el mundo se sabrá que grado de dictadura hay en el Perú. Estos dos periodistas harán pública su protesta por lo que están viendo.
Del brazo de Holt y del corresponsal del New York Times, comenzó a caminar por la explanada. Los policías comenzaron a desconcertarse…
Los tres siguieron avanzando hasta llegar al hall de la Corpac. Detrás de la barandilla de metal dorado estaban Ella, Doris y su hermana Mima.
De pronto el se separo de los norteamericanos y salto la barandilla. La cogió del brazo a Ella y los cuatro salieron corriendo a la calle. Tomaron un taxi y el ordeno:
-A El Comercio, a toda prisa; cobre lo que quiera.
El que hubiera estado hablando de El Comercio hacia unas semanas, justo en ese mismo aeropuerto, fue lo que le dio la idea. El periódico tenia la puerta abierta día y noche y la policía –que con toda seguridad los iba seguir de inmediato- no se le ocurriría que buscaría refugio en un periódico. Para los de la “secreta” trataría de asilarse en una embajada y las embajadas siempre tienen sus puertas cerradas…
Exactamente, a los pocos minutos, dos autos policiales lo seguían de cerca. Ella lo agarraba fuertemente de la mano, mientras el pensaba como salir a la carrera del auto y como meterse a la dirección del diario o, mejor, a la jefatura de la redacción, que era la de mas fácil acceso.
Se cambio de sitio con Doris para quedar junto a la puerta derecha del auto. Desde allí, de un salto, estaría dentro de El Comercio. Y así fue. En segundos, Francisco se hallo en la oficina de su viejo amigo Emilio Armaza, jefe de redacción del diario de La Rifa desde poco después que salio de La Prensa junto con Francisco. Armaza contestaba en ese momento el teléfono. Y antes de que colgara el fono, irrumpieron en la oficina los policías. Dirigiéndose a Armaza lo conminaron, mostrándole sus placas:
-El señor tiene que salir de aquí, nos debe acompañar.
-Perdón señores -respondió Armaza después de terminar su conversación telefónica-, el señor Igartua esta aquí de visita. Ha venido a ver a don Luis Miro Quesada y no saldrá hasta que no termine su reunión con don Luis.
-Pero…
-No hay nada que añadir. Además, a don Luis no le agrada la presencia de los policías en la reducción. Por favor, señores afuera, si quieren en el hall de la entrada o en la calle.
Todo esto lo decía Armaza sentado en su escritorio, inmutable.
Los investigadores se retiraron desconcertados, cabizbajos.
Francisco, mudo, seguía sentado frente a Armaza.
-Don Luis ha dado orden de que no te dejemos sacar de aquí. Ni siquiera a la fuerza.
A los pocos días el mismo don Luis Miró Quesada le explico a Francisco que, al momento de salir del auto, lo vio su cuñado, García Irigoyen, y en un ese instante lo llamo por teléfono y él a su vez, de inmediato se comunico con Armaza. Ocurrió, por suerte, que todos estaban en sus puestos al lado del teléfono y que los aparatos se encontraban desocupados.
Eso de “ni siquiera a la fuerza” no era una frase; al poco rato apareció, con su caminar cansino y su pelo plateado, Rolando, el hombre de confianza de don Luis y jefe de la seguridad interna del periódico. Lo acompañaban varios guardias armados.
Ese día y el siguiente los pasó Francisco encerrado en El Comercio, durmiendo en una oficina del segundo piso que se habilito como improvisado dormitorio. Solo lo visitaba, Ella, Doris y su hermana Mima, con quienes almorzaba y comía.
En todo ese tiempo no apareció un Miró Quesada por el periódico.
-Cualquier incidente –explico después Don Luis- con cualquier miembro de la familia hubiera agravado innecesariamente la situación.
Toda la manzana estaba rodeada de investigadores y policías mientras el periódico negociaba con el gobierno.
Pero en la prensa de Lima no se publicaba una línea de lo que estaba ocurriendo.
Solo al tercer día apareció el doctor Guzmán Marquina, presidente de la Asociación de Periodistas, amigo de Francisco, con la propuesta de solución: en compañía de él, representante del gremio Francisco visitaría al Ministro de Guerra, general Romero Lobo, en su casa de Barranco, no en el Ministerio. Y allí mismo el jefe de la Policía de Investigaciones y el jefe del Resguardo Aduanero le darían ingreso oficial al país. Así quedaría concluido el incidente y no se tocaría más el tema. Mejor dicho el “incidente” quedaría silenciado.
No eran épocas con posibilidad de ponerse bravo. E, indudablemente, El Comercio intervenía con sus buenos oficios patrocinando un acuerdo sin ganadores y perdedores.
Francisco acepto y, en compañía de Doris Gibson, visito al general Romero Lobo. No hubo problemas para salir de El Comercio. En la mañana había desaparecido el cordón policial de la manzana. El introductor ante el ministro fue el doctor Guzmán Marquina.
Hubo sonrisas, chistes y alguna broma sobre Alejandro Esparza Zañartu, el factótum del Ministerio desde la Dirección del Gobierno, a quien el acuerdo había marginado, queriendo, al parecer, hacer notar que el ministro no estaba pintado en la pared. Aunque lo más probable habría sido que Esparza no quiso dar su brazo a torcer y al final transo con un “hágalo con otro”. Tampoco El Comercio era santo de la devoción de Esparza, pero a tanto no podía llegar su prepotencia.
Sacar a Francisco asaltando el periódico hubiera sido demasiado. El escándalo internacional habría tumbado al Gobierno de Odria.
Al jefe de la Policía de Investigaciones, que aseguro estar dispuesto a dar la vida por su ministro, el general Romero Lobo le respondió con una broma muy sobria que lo dejo muy mal parado. Fue algo como “no afirme eso, señor, porque no lo voy a querer a mis ordenes; no desearía ser responsable de la muerte de tan eficiente funcionario”. Al final se sirvió una copa y, previas palabras de Guzmán Marquina, brindaron “por el feliz reingreso al Perú -aunque algo irregular- del director de Caretas”.
Todo, sin embargo, quedo silenciado. Nada de lo ocurrido se hizo público. El siguiente editorial de la revista fue una especie de “como decíamos ayer”. Francisco se limito a una pequeña referencia al “obligado viaje a Panamá”. La correspondiente compuesta de El Comercio sobre el tema fue parecida.
De este modo se inicio una estrecha amistad entre Francisco y don Luis Miro Quesada. Una amistad que nació, quien sabe, no tanto por el hecho mismo del asilo como por la mutua por la mutua simpatía que surgió espontáneamente durante la charla que sostuvieron después que pasaron los “incidentes”, Ocurrió en la visita de cortesía que Francisco le hizo a don Luis en su despacho de la Calle La Rifa.
Aunque de temperamentos muy diversos y hasta disonantes en algunas posiciones, Francisco quedo subyugado por la recia personalidad de don Luis, por su sutileza para enfocar los temas y los problemas, su rápida percepción de las situaciones políticas y su prudente accionar cuando se trataba de asuntos que consideraba fundamentales.
-En cuestiones de libertad de expresión hay que ser siempre categóricos y no callar ningún atropello a la libertad de prensa. Siempre hay que protestar por la prisión o la deportación de un periodista, sea quien sea este (la única excepción, por razones muy personales –el Apra había asesinado a su hermano y a su cuñada-, eran los apristas). La protesta por lo demás colegas es una especie de seguro para uno mismo.
Y siguió en tono muy confidencial, sabiendo seguramente que unos meses antes, en un apuro que tuvo Francisco con la policía, La Prensa de Beltrán no lo dejo refugiarse en su local:
-Por ejemplo, no le extrañe a usted que, tal como van o van a ir las cosas, puede caer en la cárcel el señor Beltrán. Eso no ocurriría conmigo.
Pareció voz de adivino porque, pocos años después, cuando La Prensa se paso a la oposición y reconoció que la dictadura no es un sistema apropiado para el desarrollo equilibrado de un país, don Pedro Beltrán y su gente fueron tomados presos y encarcelados en la Isla, en El Frontón.
Su percepción del futuro, sin embargo, no lo dejo vislumbrar algo muy remoto: el atropello a todos los diarios y al propio don Luis, en mil novecientos sesenta y cuatro, cuando el Perú, gobernado por el General Velasco, corrió el riesgo de volverse otra Cuba.
De esa larga charla, que fue una verdadera lección de periodismo político; de sapiencia en el manejo de las vanidades humanas; de estrategias a emplear frente a las prepotencias de los poderosos y a las debilidades morales del enemigo; de inteligente hurgar en la capacidad del adversario; desde aquel entonces, el joven Francisco y el viejo don Luis fueron tejiendo una muy bella y calida amistad.
Tampoco se podría, sin embargo, no tomar en cuenta para entender esa relación el hecho mismo del asilo. Se trataba de algo que, por un lado, debía enorgullecer a El Comercio y que, por otro, había impedido que Francisco fuera a caer de nuevo en el insoportable asador panameño. Por primera vez en la historia del periodismo, el edificio de un diario, igual que las catedrales de la Edad Media, había servido de asilo a un perseguido
Al llegar a Lima, por simple precaución les pidió a Holt y al corresponsal americano que bajaran los tres juntos.
-Por siaca.
Y los dos asintieron en que la idea era prudente. Lo flanquearían desde la escalera de bajada a tierra.
¡Ni que hubieran sido adivinos!
Al pie del avión lo esperaba a Francisco media docena de investigadores que le bloquearon la entrada.
-Usted no puede ingresar. Debe volver al avión y seguir a Panamá.
El que le hablaba era un zambo alto, colocado detrás de los dos que le cerraban el paso. Otros tres vigilaban de cerca.
-¡Aquí esta mi pasaporte con el visado correspondiente!
-No sé. Es la orden.
-¡Aquí esta mi visa! –grito Francisco apoyado en los dos norteamericanos.
-No puede pasar.
-¿Cómo que no puedo? –y se agarro a los brazos de sus dos amigos-. Si quieren me suben a patadas, Pero aquí se arma un escándalo de los mil diablos y tengan ustedes presente que estos dos señores son periodistas extranjeros que darán cuenta en el mundo del abuso que están ustedes cometiendo. ¡Aquí esta mi visa! Y si quieren –volvió a insistir- me suben a la fuerza, pero en el mundo se sabrá que grado de dictadura hay en el Perú. Estos dos periodistas harán pública su protesta por lo que están viendo.
Del brazo de Holt y del corresponsal del New York Times, comenzó a caminar por la explanada. Los policías comenzaron a desconcertarse…
Los tres siguieron avanzando hasta llegar al hall de la Corpac. Detrás de la barandilla de metal dorado estaban Ella, Doris y su hermana Mima.
De pronto el se separo de los norteamericanos y salto la barandilla. La cogió del brazo a Ella y los cuatro salieron corriendo a la calle. Tomaron un taxi y el ordeno:
-A El Comercio, a toda prisa; cobre lo que quiera.
El que hubiera estado hablando de El Comercio hacia unas semanas, justo en ese mismo aeropuerto, fue lo que le dio la idea. El periódico tenia la puerta abierta día y noche y la policía –que con toda seguridad los iba seguir de inmediato- no se le ocurriría que buscaría refugio en un periódico. Para los de la “secreta” trataría de asilarse en una embajada y las embajadas siempre tienen sus puertas cerradas…
Exactamente, a los pocos minutos, dos autos policiales lo seguían de cerca. Ella lo agarraba fuertemente de la mano, mientras el pensaba como salir a la carrera del auto y como meterse a la dirección del diario o, mejor, a la jefatura de la redacción, que era la de mas fácil acceso.
Se cambio de sitio con Doris para quedar junto a la puerta derecha del auto. Desde allí, de un salto, estaría dentro de El Comercio. Y así fue. En segundos, Francisco se hallo en la oficina de su viejo amigo Emilio Armaza, jefe de redacción del diario de La Rifa desde poco después que salio de La Prensa junto con Francisco. Armaza contestaba en ese momento el teléfono. Y antes de que colgara el fono, irrumpieron en la oficina los policías. Dirigiéndose a Armaza lo conminaron, mostrándole sus placas:
-El señor tiene que salir de aquí, nos debe acompañar.
-Perdón señores -respondió Armaza después de terminar su conversación telefónica-, el señor Igartua esta aquí de visita. Ha venido a ver a don Luis Miro Quesada y no saldrá hasta que no termine su reunión con don Luis.
-Pero…
-No hay nada que añadir. Además, a don Luis no le agrada la presencia de los policías en la reducción. Por favor, señores afuera, si quieren en el hall de la entrada o en la calle.
Todo esto lo decía Armaza sentado en su escritorio, inmutable.
Los investigadores se retiraron desconcertados, cabizbajos.
Francisco, mudo, seguía sentado frente a Armaza.
-Don Luis ha dado orden de que no te dejemos sacar de aquí. Ni siquiera a la fuerza.
A los pocos días el mismo don Luis Miró Quesada le explico a Francisco que, al momento de salir del auto, lo vio su cuñado, García Irigoyen, y en un ese instante lo llamo por teléfono y él a su vez, de inmediato se comunico con Armaza. Ocurrió, por suerte, que todos estaban en sus puestos al lado del teléfono y que los aparatos se encontraban desocupados.
Eso de “ni siquiera a la fuerza” no era una frase; al poco rato apareció, con su caminar cansino y su pelo plateado, Rolando, el hombre de confianza de don Luis y jefe de la seguridad interna del periódico. Lo acompañaban varios guardias armados.
Ese día y el siguiente los pasó Francisco encerrado en El Comercio, durmiendo en una oficina del segundo piso que se habilito como improvisado dormitorio. Solo lo visitaba, Ella, Doris y su hermana Mima, con quienes almorzaba y comía.
En todo ese tiempo no apareció un Miró Quesada por el periódico.
-Cualquier incidente –explico después Don Luis- con cualquier miembro de la familia hubiera agravado innecesariamente la situación.
Toda la manzana estaba rodeada de investigadores y policías mientras el periódico negociaba con el gobierno.
Pero en la prensa de Lima no se publicaba una línea de lo que estaba ocurriendo.
Solo al tercer día apareció el doctor Guzmán Marquina, presidente de la Asociación de Periodistas, amigo de Francisco, con la propuesta de solución: en compañía de él, representante del gremio Francisco visitaría al Ministro de Guerra, general Romero Lobo, en su casa de Barranco, no en el Ministerio. Y allí mismo el jefe de la Policía de Investigaciones y el jefe del Resguardo Aduanero le darían ingreso oficial al país. Así quedaría concluido el incidente y no se tocaría más el tema. Mejor dicho el “incidente” quedaría silenciado.
No eran épocas con posibilidad de ponerse bravo. E, indudablemente, El Comercio intervenía con sus buenos oficios patrocinando un acuerdo sin ganadores y perdedores.
Francisco acepto y, en compañía de Doris Gibson, visito al general Romero Lobo. No hubo problemas para salir de El Comercio. En la mañana había desaparecido el cordón policial de la manzana. El introductor ante el ministro fue el doctor Guzmán Marquina.
Hubo sonrisas, chistes y alguna broma sobre Alejandro Esparza Zañartu, el factótum del Ministerio desde la Dirección del Gobierno, a quien el acuerdo había marginado, queriendo, al parecer, hacer notar que el ministro no estaba pintado en la pared. Aunque lo más probable habría sido que Esparza no quiso dar su brazo a torcer y al final transo con un “hágalo con otro”. Tampoco El Comercio era santo de la devoción de Esparza, pero a tanto no podía llegar su prepotencia.
Sacar a Francisco asaltando el periódico hubiera sido demasiado. El escándalo internacional habría tumbado al Gobierno de Odria.
Al jefe de la Policía de Investigaciones, que aseguro estar dispuesto a dar la vida por su ministro, el general Romero Lobo le respondió con una broma muy sobria que lo dejo muy mal parado. Fue algo como “no afirme eso, señor, porque no lo voy a querer a mis ordenes; no desearía ser responsable de la muerte de tan eficiente funcionario”. Al final se sirvió una copa y, previas palabras de Guzmán Marquina, brindaron “por el feliz reingreso al Perú -aunque algo irregular- del director de Caretas”.
Todo, sin embargo, quedo silenciado. Nada de lo ocurrido se hizo público. El siguiente editorial de la revista fue una especie de “como decíamos ayer”. Francisco se limito a una pequeña referencia al “obligado viaje a Panamá”. La correspondiente compuesta de El Comercio sobre el tema fue parecida.
De este modo se inicio una estrecha amistad entre Francisco y don Luis Miro Quesada. Una amistad que nació, quien sabe, no tanto por el hecho mismo del asilo como por la mutua por la mutua simpatía que surgió espontáneamente durante la charla que sostuvieron después que pasaron los “incidentes”, Ocurrió en la visita de cortesía que Francisco le hizo a don Luis en su despacho de la Calle La Rifa.
Aunque de temperamentos muy diversos y hasta disonantes en algunas posiciones, Francisco quedo subyugado por la recia personalidad de don Luis, por su sutileza para enfocar los temas y los problemas, su rápida percepción de las situaciones políticas y su prudente accionar cuando se trataba de asuntos que consideraba fundamentales.
-En cuestiones de libertad de expresión hay que ser siempre categóricos y no callar ningún atropello a la libertad de prensa. Siempre hay que protestar por la prisión o la deportación de un periodista, sea quien sea este (la única excepción, por razones muy personales –el Apra había asesinado a su hermano y a su cuñada-, eran los apristas). La protesta por lo demás colegas es una especie de seguro para uno mismo.
Y siguió en tono muy confidencial, sabiendo seguramente que unos meses antes, en un apuro que tuvo Francisco con la policía, La Prensa de Beltrán no lo dejo refugiarse en su local:
-Por ejemplo, no le extrañe a usted que, tal como van o van a ir las cosas, puede caer en la cárcel el señor Beltrán. Eso no ocurriría conmigo.
Pareció voz de adivino porque, pocos años después, cuando La Prensa se paso a la oposición y reconoció que la dictadura no es un sistema apropiado para el desarrollo equilibrado de un país, don Pedro Beltrán y su gente fueron tomados presos y encarcelados en la Isla, en El Frontón.
Su percepción del futuro, sin embargo, no lo dejo vislumbrar algo muy remoto: el atropello a todos los diarios y al propio don Luis, en mil novecientos sesenta y cuatro, cuando el Perú, gobernado por el General Velasco, corrió el riesgo de volverse otra Cuba.
De esa larga charla, que fue una verdadera lección de periodismo político; de sapiencia en el manejo de las vanidades humanas; de estrategias a emplear frente a las prepotencias de los poderosos y a las debilidades morales del enemigo; de inteligente hurgar en la capacidad del adversario; desde aquel entonces, el joven Francisco y el viejo don Luis fueron tejiendo una muy bella y calida amistad.
Tampoco se podría, sin embargo, no tomar en cuenta para entender esa relación el hecho mismo del asilo. Se trataba de algo que, por un lado, debía enorgullecer a El Comercio y que, por otro, había impedido que Francisco fuera a caer de nuevo en el insoportable asador panameño. Por primera vez en la historia del periodismo, el edificio de un diario, igual que las catedrales de la Edad Media, había servido de asilo a un perseguido
domingo 14 de junio de 2009
sábado 6 de junio de 2009
FRANCISCO IGARTUA ROVIRA - por Jhon Bazan Aguilar
Hace 5 años partio hacia la eternidad
“El ha dejado un camino trazado,
Y desde la eternidad nos invita a caminarlo”.
Cinco años se cumplen de la dolorosa ausencia del amigo y maestro, un lustro que en la historia del periodismo son casi nada, pero que en el recuerdo de quienes lo conocimos sigue representando una herida abierta sujeta a reivindicación. Francisco Igartua Rovira falleció el 24 de marzo de 2004, tras mas de cinco décadas de contestataria presencia en el periodismo peruano.
Quijote del Periodismo es quizás el mejor calificativo para “Paco” Igartua, talentoso hombre de prensa que vivió entre dos centurias y que ha dejado una huella, un ejemplo y una trayectoria que difícilmente se ha de borrar. Revistero insigne y a tiempo completo, como se calificaba él mismo, siempre se situó en el justo medio, en ese difícil equilibrio entre los de arriba y los de abajo, entre los conservadores y los incendiarios, buscando la reflexión y el consenso en torno a los destinos del Perú.
Heredero, devoto y amigo del ilustre panfletario Federico More, lector de Miguel de Unamuno, respetuoso admirador de José Luís Bustamante y Rivero, a quien llamó Patriarca de la Democracia, Igartua supo ser toda su vida consecuente con estos insignes referentes: De More tomó la posta de un periodismo punzante y apasionado, y como él probó también las amarguras del destierro; de Unamuno aplicó su afán libertario, y su férrea defensa de las libertades de opinión y de prensa. Del ilustre patricio mistiano, derrocado por Odría en 1948, no solo tomó su prédica de luchar por un Perú distinto sino también el pretexto para fundar “Oiga” su más fecunda y azarosa creación en el periodismo nacional.
Como era previsible, el Oiga del 48 apenas si duró algunas semanas, y es que era un panfleto, así había sido diseñado, una protesta visceral frente al abuso y la prepotencia de una dictadura. Más tarde vinieron otros “Oigas”, más centrados en su vocación indeclinable de periodista político, pero al cabo de un tiempo también terminaron cerrados por el poder de turno, pues era una revista que no se casaba con nadie, que no tenía otro precio ni otra misión que el derecho del lector a saber la verdad.
En el interín dejó otro legado: la fundación de “Caretas”, con la entonces inquieta y dinámica Doris Gibson, y cuya dirección periodística detentó por muchos años. Era también este proyecto, desde el nombre mismo, una protesta contra la dictadura de turno (los 50s de Odría), inspirándose en la famosa “Caras y Caretas” de Buenos Aires, de la cual con aguda ironía solo tomó la segunda parte, pues las libertades en el Perú estaban tan recortadas que difícilmente podría entonces hablarse de “caras” sino solo de “caretas”.
Por su resistencia a parcializarse sectariamente con los extremos, Igartua se ganó la animadversión de tirios y troyanos. La derecha lo llamaba comunista, y los comunistas le llamaban entreguista, pese a que él siempre se autocalificó como “de izquierda”. Fue adversario inflexible, pero también amigo, de quienes desde otras trincheras le decían de todo, como Genaro Carnero Checa, periodista comprometido con las ideas marxistas –fundador de una también mítica revista política con el nombre del año en curso-.
Leámoslo de su propia pluma: “Oiga es de izquierda porque, sin satanizar a nadie ni a nada que no sea la corrupción y la inmoralidad, se siente al lado de los humildes, de los necesitados, y no de los ricos; porque le repugna el dogma y propicia el diálogo sin barreras; porque abomina cualquier inquisición; porque cree que no hay mayor castigo para un pueblo que el mantenerlo en el oscurantismo, en la sumisión a «verdades» administradas por una jefatura maniquea, omnisciente y omnipotente; porque estima que no hay desarrollo popular sin libertad para informarse, pensar, expresarse y elegir; porque no admite que los pueblos sean como niños, pasibles de tutela. En otras palabras, Oiga se confía en lo que dijo don Quijote, el caballero de la Triste Figura, a Sancho, su escudero, ilusionado aspirante a gobernador de ínsulas: si alguna vez se ha de doblar la vara de la justicia, que sea a favor del pobre, del desvalido, y no del poderoso”.
En noviembre de 1974 fue deportado por expresar su protesta contra la estatización de la prensa del régimen velasquista. No le animaban rencores ni revanchas cuando años más tarde, al editar “Oiga78” explicaba: “No era asunto de contener el proceso revolucionario -con el que yo estaba y estoy de acuerdo porque el Perú se ahogaba en el inmovilismo-, sino de enrumbarlo hacia la racionalidad, poniendo de lado la improvisación infantil, el disparate de la ignorancia y el rencor y el odio, que ni son revolucionarios ni tienen nada que ver con la ciencia económica”.
Es que así era de grande este caballero de pluma en ristre y consecuente con sus ideas. El editorial de “Oiga” que escribió en la edición del 31 de Julio de 1990 tras asumir Fujimori la Presidencia de la República fue una especie de profecía anunciada, al criticar su poco convincente proclama anticorrupción y de apego a la ética, y su evidente vocación paternalista proclive a sentirse “por encima del bien y del mal, dispensador de favores y castigos. Es hacer del mandatario -el que recibe mandato- un emperador. Es la negación de la democracia; es la quiebra de la institucionalidad”.
Su consecuente crítica a los crecientes atropellos fujimontesinistas, sobre todo a raíz del autogolpe del 5 de Abril de 1992, determinaron que a la larga “Oiga” sucumbiera abrumada por las deudas, especialmente tributarias. El 5 de setiembre de 1995 se produjo su cierre definitivo y el 16 de noviembre de ese año transfirió los derechos de la marca Oiga a favor de terceros, a fin de cancelar dichas deudas generadas por el acoso fujimontesinista y el pago de los beneficios sociales de sus 60 trabajadores.
Ese era Francisco Igartua. Vio y dejo morir a su revista, su máxima creación periodística, para no hacer sucumbir aquellos principios que enarbolo por más de medio siglo de periodismo. El ha dejado un camino trazado, Y desde la eternidad nos invita a caminarlo.
“El ha dejado un camino trazado,
Y desde la eternidad nos invita a caminarlo”.
Cinco años se cumplen de la dolorosa ausencia del amigo y maestro, un lustro que en la historia del periodismo son casi nada, pero que en el recuerdo de quienes lo conocimos sigue representando una herida abierta sujeta a reivindicación. Francisco Igartua Rovira falleció el 24 de marzo de 2004, tras mas de cinco décadas de contestataria presencia en el periodismo peruano.
Quijote del Periodismo es quizás el mejor calificativo para “Paco” Igartua, talentoso hombre de prensa que vivió entre dos centurias y que ha dejado una huella, un ejemplo y una trayectoria que difícilmente se ha de borrar. Revistero insigne y a tiempo completo, como se calificaba él mismo, siempre se situó en el justo medio, en ese difícil equilibrio entre los de arriba y los de abajo, entre los conservadores y los incendiarios, buscando la reflexión y el consenso en torno a los destinos del Perú.
Heredero, devoto y amigo del ilustre panfletario Federico More, lector de Miguel de Unamuno, respetuoso admirador de José Luís Bustamante y Rivero, a quien llamó Patriarca de la Democracia, Igartua supo ser toda su vida consecuente con estos insignes referentes: De More tomó la posta de un periodismo punzante y apasionado, y como él probó también las amarguras del destierro; de Unamuno aplicó su afán libertario, y su férrea defensa de las libertades de opinión y de prensa. Del ilustre patricio mistiano, derrocado por Odría en 1948, no solo tomó su prédica de luchar por un Perú distinto sino también el pretexto para fundar “Oiga” su más fecunda y azarosa creación en el periodismo nacional.
Como era previsible, el Oiga del 48 apenas si duró algunas semanas, y es que era un panfleto, así había sido diseñado, una protesta visceral frente al abuso y la prepotencia de una dictadura. Más tarde vinieron otros “Oigas”, más centrados en su vocación indeclinable de periodista político, pero al cabo de un tiempo también terminaron cerrados por el poder de turno, pues era una revista que no se casaba con nadie, que no tenía otro precio ni otra misión que el derecho del lector a saber la verdad.
En el interín dejó otro legado: la fundación de “Caretas”, con la entonces inquieta y dinámica Doris Gibson, y cuya dirección periodística detentó por muchos años. Era también este proyecto, desde el nombre mismo, una protesta contra la dictadura de turno (los 50s de Odría), inspirándose en la famosa “Caras y Caretas” de Buenos Aires, de la cual con aguda ironía solo tomó la segunda parte, pues las libertades en el Perú estaban tan recortadas que difícilmente podría entonces hablarse de “caras” sino solo de “caretas”.
Por su resistencia a parcializarse sectariamente con los extremos, Igartua se ganó la animadversión de tirios y troyanos. La derecha lo llamaba comunista, y los comunistas le llamaban entreguista, pese a que él siempre se autocalificó como “de izquierda”. Fue adversario inflexible, pero también amigo, de quienes desde otras trincheras le decían de todo, como Genaro Carnero Checa, periodista comprometido con las ideas marxistas –fundador de una también mítica revista política con el nombre del año en curso-.
Leámoslo de su propia pluma: “Oiga es de izquierda porque, sin satanizar a nadie ni a nada que no sea la corrupción y la inmoralidad, se siente al lado de los humildes, de los necesitados, y no de los ricos; porque le repugna el dogma y propicia el diálogo sin barreras; porque abomina cualquier inquisición; porque cree que no hay mayor castigo para un pueblo que el mantenerlo en el oscurantismo, en la sumisión a «verdades» administradas por una jefatura maniquea, omnisciente y omnipotente; porque estima que no hay desarrollo popular sin libertad para informarse, pensar, expresarse y elegir; porque no admite que los pueblos sean como niños, pasibles de tutela. En otras palabras, Oiga se confía en lo que dijo don Quijote, el caballero de la Triste Figura, a Sancho, su escudero, ilusionado aspirante a gobernador de ínsulas: si alguna vez se ha de doblar la vara de la justicia, que sea a favor del pobre, del desvalido, y no del poderoso”.
En noviembre de 1974 fue deportado por expresar su protesta contra la estatización de la prensa del régimen velasquista. No le animaban rencores ni revanchas cuando años más tarde, al editar “Oiga78” explicaba: “No era asunto de contener el proceso revolucionario -con el que yo estaba y estoy de acuerdo porque el Perú se ahogaba en el inmovilismo-, sino de enrumbarlo hacia la racionalidad, poniendo de lado la improvisación infantil, el disparate de la ignorancia y el rencor y el odio, que ni son revolucionarios ni tienen nada que ver con la ciencia económica”.
Es que así era de grande este caballero de pluma en ristre y consecuente con sus ideas. El editorial de “Oiga” que escribió en la edición del 31 de Julio de 1990 tras asumir Fujimori la Presidencia de la República fue una especie de profecía anunciada, al criticar su poco convincente proclama anticorrupción y de apego a la ética, y su evidente vocación paternalista proclive a sentirse “por encima del bien y del mal, dispensador de favores y castigos. Es hacer del mandatario -el que recibe mandato- un emperador. Es la negación de la democracia; es la quiebra de la institucionalidad”.
Su consecuente crítica a los crecientes atropellos fujimontesinistas, sobre todo a raíz del autogolpe del 5 de Abril de 1992, determinaron que a la larga “Oiga” sucumbiera abrumada por las deudas, especialmente tributarias. El 5 de setiembre de 1995 se produjo su cierre definitivo y el 16 de noviembre de ese año transfirió los derechos de la marca Oiga a favor de terceros, a fin de cancelar dichas deudas generadas por el acoso fujimontesinista y el pago de los beneficios sociales de sus 60 trabajadores.
Ese era Francisco Igartua. Vio y dejo morir a su revista, su máxima creación periodística, para no hacer sucumbir aquellos principios que enarbolo por más de medio siglo de periodismo. El ha dejado un camino trazado, Y desde la eternidad nos invita a caminarlo.
lunes 4 de mayo de 2009
ANDANZAS DE FEDERICO MORE - CARTA DE UN DESESPERADO por Federico More
Lima, 7 de junio de 1935
Señor don Víctor Raúl Haya de la Torre.
Hoy, Día del Ejército, Día de Arica, día de gloria entre los días peruanos más gloriosos, no debiera ser el más indicado para escribirle a usted que no ama nuestras proezas militares y que piensa en el «compañero soldado» sólo para incitarlo a la rebelión. Pero los acontecimientos, la dolorosa ironía de los acontecimientos, han querido que hoy me toque escribirle a usted esta carta.
Se la escribo, para decirle a usted, una vez más -deseo que no sea la última vez- cuán graves daños le ha causado usted al Perú. No se figure usted que voy a hablarle de la sandez doctrinaria del Apra, ni de la inmoralidad de sus dirigentes, ni de la inconsciencia de sus prosélitos multitudinarios. No. Todo eso lo callarnos por sabido.
Le escribo para decirle que sobre la acción pública de usted, tan breve y tan luctuosa, tan efímera y tan infortunada, pesan dos cargos mortales. Ha suprimido usted a los rebeldes y ha creado asesinos. A los grupos de hombres libres y activos los ha reemplazado usted con bandas de fascinerosos. La lucha política la ha convertido usted en una pavorosa aventura judicial. Ya en el Perú no hay gobiernistas y opositores. Hay delincuentes y víctimas. Ignoro si usted y sus amigos se dan cuenta del horror de este estado de cosas.
Si, por fortuna nuestra, no estuviera, hoy, a la cabeza del gobierno y al frente de los destinos del Perú un hombre sereno y respetable, un hombre honesto y respetuoso, un hombre tranquilo y firme como el presidente Benavides, nos mataríamos en las calles. Todos, compañero, andaríamos o con el puñal al cinto o con la carabina al hombro. Y de esto, es usted el único responsable.
Si hubiese usted logrado corromper a los hombres y convertir en asesinos a varones de treinta años, acaso le perdonásemos su actuación. Es decir, no se la perdonaríamos; pero la comprenderíamos. Por lo menos, se trataría de crímenes de hombres. Pero ha corrompido usted a los niños. Es usted un violador de conciencias adolescentes. Observe usted lo pavoroso que es todo esto.
Para desgracia del Perú, frente a usted surgieron, en época felizmente concluida, otros tan violentos, tan sanguinarios y tan inconscientes como usted. Y el Perú estuvo a punto de convertirse en una batahola de matarifes dentro de un camal. Esto fue muy breve, porque la inmensa mayoría de las conciencias honradas y de los corazones tranquilos, pudo más que la epilepsia creada por usted. Y concluyó la beligerancia que usted produjo.
Pero después de que el presidente Benavides vino a darnos orden y paz, usted y los suyos fueron los primeros en aprovechar los beneficios de la paz y el orden, usted y los suyos insistieron en el asesinato. Es su método político. En usted, la actividad criminal es congénita.
A la cabeza de sus hordas, ha destruido las tradiciones jurídicas del país, ha pisoteado sus recuerdos heroicos, se ha chingado usted en su dignidad civil, ha roto usted su equilibrio político, ha ensuciado usted su nobleza democrática. Nos ha dejado usted, cívica y espiritualmente calatos y sucios.
Si Leguía destruyó el respeto por la función pública y convirtió en portapliegos a los más altos dignatarios del Estado, usted le ha quitado majestad al pueblo, le ha quitado valor a la masa, ha envilecido usted a la multitud.
Y, por reacción inevitable, ha producido usted el encumbramiento de los ricos necios. En el Perú, ya había muerto el becerro de oro, ese animal hediondo y voraz que tanto prosperó con Leguía. Por obra de las artes criminales de usted y de los suyos, el becerro de oro vuelve a lanzar sus balidos mefíticos y otra vez lo vemos en la prensa y en el parlamento, empeñado en asumir la dirección de los espíritus. Dichosamente, oh, compañero, jamás la animalidad se sobrepuso al espíritu.
Señor don Víctor Raúl Haya de la Torre.
Hoy, Día del Ejército, Día de Arica, día de gloria entre los días peruanos más gloriosos, no debiera ser el más indicado para escribirle a usted que no ama nuestras proezas militares y que piensa en el «compañero soldado» sólo para incitarlo a la rebelión. Pero los acontecimientos, la dolorosa ironía de los acontecimientos, han querido que hoy me toque escribirle a usted esta carta.
Se la escribo, para decirle a usted, una vez más -deseo que no sea la última vez- cuán graves daños le ha causado usted al Perú. No se figure usted que voy a hablarle de la sandez doctrinaria del Apra, ni de la inmoralidad de sus dirigentes, ni de la inconsciencia de sus prosélitos multitudinarios. No. Todo eso lo callarnos por sabido.
Le escribo para decirle que sobre la acción pública de usted, tan breve y tan luctuosa, tan efímera y tan infortunada, pesan dos cargos mortales. Ha suprimido usted a los rebeldes y ha creado asesinos. A los grupos de hombres libres y activos los ha reemplazado usted con bandas de fascinerosos. La lucha política la ha convertido usted en una pavorosa aventura judicial. Ya en el Perú no hay gobiernistas y opositores. Hay delincuentes y víctimas. Ignoro si usted y sus amigos se dan cuenta del horror de este estado de cosas.
Si, por fortuna nuestra, no estuviera, hoy, a la cabeza del gobierno y al frente de los destinos del Perú un hombre sereno y respetable, un hombre honesto y respetuoso, un hombre tranquilo y firme como el presidente Benavides, nos mataríamos en las calles. Todos, compañero, andaríamos o con el puñal al cinto o con la carabina al hombro. Y de esto, es usted el único responsable.
Si hubiese usted logrado corromper a los hombres y convertir en asesinos a varones de treinta años, acaso le perdonásemos su actuación. Es decir, no se la perdonaríamos; pero la comprenderíamos. Por lo menos, se trataría de crímenes de hombres. Pero ha corrompido usted a los niños. Es usted un violador de conciencias adolescentes. Observe usted lo pavoroso que es todo esto.
Para desgracia del Perú, frente a usted surgieron, en época felizmente concluida, otros tan violentos, tan sanguinarios y tan inconscientes como usted. Y el Perú estuvo a punto de convertirse en una batahola de matarifes dentro de un camal. Esto fue muy breve, porque la inmensa mayoría de las conciencias honradas y de los corazones tranquilos, pudo más que la epilepsia creada por usted. Y concluyó la beligerancia que usted produjo.
Pero después de que el presidente Benavides vino a darnos orden y paz, usted y los suyos fueron los primeros en aprovechar los beneficios de la paz y el orden, usted y los suyos insistieron en el asesinato. Es su método político. En usted, la actividad criminal es congénita.
A la cabeza de sus hordas, ha destruido las tradiciones jurídicas del país, ha pisoteado sus recuerdos heroicos, se ha chingado usted en su dignidad civil, ha roto usted su equilibrio político, ha ensuciado usted su nobleza democrática. Nos ha dejado usted, cívica y espiritualmente calatos y sucios.
Si Leguía destruyó el respeto por la función pública y convirtió en portapliegos a los más altos dignatarios del Estado, usted le ha quitado majestad al pueblo, le ha quitado valor a la masa, ha envilecido usted a la multitud.
Y, por reacción inevitable, ha producido usted el encumbramiento de los ricos necios. En el Perú, ya había muerto el becerro de oro, ese animal hediondo y voraz que tanto prosperó con Leguía. Por obra de las artes criminales de usted y de los suyos, el becerro de oro vuelve a lanzar sus balidos mefíticos y otra vez lo vemos en la prensa y en el parlamento, empeñado en asumir la dirección de los espíritus. Dichosamente, oh, compañero, jamás la animalidad se sobrepuso al espíritu.
Por culpa de usted, tenemos que guardar patriótico silencio los que siempre alzamos, bien alta, nuestra voz patriótica. Entre los ricos necios y los asesinos sin hombría, tenemos que quedarnos con los ricos necios. Son cargantes y fastidiosos; pero no atentan contra la vida de nadie. Nos entorpecerán un poco; nos harán un poco grasos y un poco sórdidos; pero no nos envilecerán nunca. Son gentes digestivas a quienes, a la larga, el cerebro les gana la batalla.
A mí, créalo usted, me da mucha pena ver que, por culpa del APRA, es imprescindible que transijamos con la tontería. Pero entre un tonto y un bandido, no duda ningún hombre de bien. Quién sabe si, por culpa de usted, nos sea preciso terminar hasta en algodoneros.
Acaso concluyamos fundando una casa de préstamos. Triste destino para quienes iniciamos nuestra vida pública oyendo voces patricias.
Yo, joven capitán de niños delincuentes, me formé en la política, escuchando al verbo espiritual de Víctor Maúrtua, las lecciones de Javier Prado, la obra de Manuel Augusto Olaechea, ese artista del Derecho Civil. Oí la voz de Nicolás de Piérola y le escuché a don Andrés Avelino Cáceres relatar las campañas de la Breña. Yo, joven capitán de niños delincuentes, conversé, durante siete años, casi todos los días, con Manuel González Prada. Los primeros elogios que escuché en mi vida los escribió la pluma magistral y austerísima de Abelardo Gamarra. Mis compañeros de juventud fueron Abraham Valdelomar, Leonidas Yerovi, Julio Málaga Grenet, José Carlos Mariátegui, César Falcón. Conspiré junto a Augusto Durand y fui testigo de las tumultuosas campañas cívicas de Guillermo Billinghurst, ese hombre tan saturado de pueblo. Lo implacable de la política lo aprendí en Germán Leguía y Martínez, la circunspección distinguida la vi en Melitón Porras, el empuje audaz e inteligente en Arturo Osores, la caballerosidad y el dandismo en José Carlos Bernales. Yo lo conocí a don Ricardo Palma cuando torcía un cigarrillo de la marca «Perú». Yo he bebido en la fuente del ingenio profundo, sutil, encantador de ese maestro de estadistas y de pensadores que es José Balta.
En el extranjero traté a muchas gentes de igual alcurnia mental. Y ahora, cuando mi juventud termina, llego a mi patria, joven capataz de niños asesinos, a presenciar el horrendo espectáculo del crimen convertido en costumbre. Nunca le perdonaré a usted todo esto. Cuando Piérola hacía sus revoluciones, las hacía con una gallardía, con un empuje, con un romanticismo, con una virilidad que sus mismos adversarios admiraban. Era el Caballero Andante de nuestra política.
Quizá habría sido preferible que nunca lo tomáramos a usted en serio. Pero como usted es megalómano y quiere que lo tomen en serio, se ha convertido en gangster y lo ha conseguido. Ya lo tomamos en serio. Todo lo que cae dentro de las extremas disposiciones del Código Penal, es muy serio.
Por culpa de usted, José de la Riva Agüero, ese historiador tan distinguido y erudito, tan heráldico, es personaje político. Por culpa de usted es personaje político don Carlos Arenas Loayza, ese Mefistófeles sin Fausto y que del infierno sólo tiene el color.
Carece usted de heroicidad y de grandeza. Carece usted de aristocracia mental y sicológica. El problema del orden público, siempre tan grave en el Perú, hoy es, ante el crimen, el único problema grave. Ya no podemos ocuparnos en mejorar las instituciones y las leyes, las costumbres públicas y los hábitos privados. Apenas nos deja usted tiempo para evitar que nos asesinen. Por culpa de usted se ha creado el conflicto religioso y ha desaparecido la universidad.
Usted podrá creer que un hombre que ha producido tantas calamidades tiene grandeza. Y esto es mentira. Tiene dramaticidad, como la tienen un incendio, un ciclón o un naufragio. Es usted deplorable y dramático como un terremoto. A usted, el Perú nunca podrá darle el poder. Es imposible, así como es imposible que la naturaleza le conceda al huracán la dirección del mundo.
Por culpa de usted, nuestras gentes le han perdido el respeto al Poder Judicial y quieren que retornemos a los amargos y remotísimos tiempos en que los hombres se hacían justicia por su propia mano. Y los que aún respetarnos, Ilusos, al Poder Judicial nada podemos decir. Quizá, también, nos llegue la hora de hacernos la justicia por nuestra propia mano.
Por culpa de usted, uno de los mandatarios más austeros, más correctos -en el buen inglés de la palabra-, más bien intencionados que ha tenido el Perú, pasa por el injusto e incalificable trance de estar sometido a amargas y apasionadas disputas. Por culpa de usted, le hemos perdido el respeto a lo respetable. Nos ha envilecido usted en grado verdaderamente aprista.
Cuando pienso en la obra consumada por el aprismo, casi me alegro de que estén bajo tierra los grandes amigos de mi juventud y que duerman el sueño eterno mis grandes maestros. Y me da pena que vivan Manuel Augusto Olaechea, Víctor Maúrtua, Manuel Vicente Villarán, Arturo Osores, Melitón Porras. Ha encenegado usted a los niños, ha pervertido usted a los adolescentes, ha entristecido usted a los jóvenes, ha desconsolado usted a los hombres maduros y ha ensombrecido usted los últimos años de los viejos.
Ha detenido usted el progreso democrático y el avance liberal y ha prostituido usted, con perversidad infantil, el sentido marxista. Es usted un andrógino de la política, un indiferenciado de la vida pública. Es usted responsable de que vayamos perdiendo el amor a la justicia, ese amor que fue base de la grandeza de Roma y es base de la grandeza de Inglaterra.
Lo único que le falta a usted es inficionar los espermatozoides a fin de conseguir que de los hijos de nuestros hijos nazcan unos fascinerosos. A la mujer, la ha embarcado usted en aventuras varoniles de conspiración y de tramoya pública. Quizá llegue usted a destruir los ovarios de las madres peruanas.
Usted tiene la culpa de que no nos haya sido totalmente posible aplicar la patriótica política financiera del Presidente del Perú. La hemos aplicado nada más que en buena parte. Pero si usted y sus muchachos asesinos no actuasen, los ricos necios no habrían alzado, tan insolentemente, sus voces para oponerse a esa política financiera tan justa y tan exacta y para impedir, felizmente nada más que en parte, su feliz aplicación. Por culpa de usted estamos a punto de que desaparezca la justicia común y la clase media, esas dos grandes conquistas de la civilización en dos mil años de marcha. Cuando la justicia se llama común es porque es para el común de las gentes, porque es justicia de la comunidad; justicia en la cual se refunden los viejos conceptos de la justicia distributiva y de la justicia conmutativa. Cuando la clase se llama media, es porque se ha conseguido el equilibrio de las clases y se ha logrado ese punto fiel donde todos los hombres igualan sus aspiraciones y sus posibilidades. Por culpa de usted, resurgen la plutocracia roñosa y la justicia no igualitaria, es decir, no común.
Mire usted cuantos daños ha producido. Por culpa de usted, yo no puedo decir ahora las tremendas verdades que tanto necesita el Perú. Usted adulteraría esas verdaderas y las convertiría en mentiras. Haría de ellas un vil acto publicitario. Y yo no puedo ni debo ser su colaborador. Mi indignación contra usted llega a este punto: antes que ser su amigo, prefiero ser oligarca. Como no puedo mentir, me callo la boca. Que caigan sobre usted las desdichas provenientes del súbito engreimiento de los tontos y de la repentina prepotencia de los criminales.
Nosotros haremos cuanto esté en nuestras manos para evitar que la tontería y el delito destruyan al Perú. Al Perú, que vale mas que usted, aunque solo sea por la razón de que usted es el Perú con signo negativo. Si es verdad que lo inminente se cumple, morirá usted en manos de un niño.
Federico More
IGARTUA – por Orazio Potesta
Tenía en mente escribir algo sobre los jefes que han marcado mi carrera, que por suerte han sido muchos. Esa idea se me ocurrió cuando en mi auto doblaba la esquina de Miro Quesada con Azángaro y sacaba la cuenta de que había trabajado en cincuenta periódicos y en cincuenta revistas.
Dejaba atrás aquella esquina mil veces transitada por mí. El Comercio pasaba a ser una línea más en mi currículo.
Pensé primero en Francisco Igartua. No puedo explicar por qué.
Flaco, colorado, parco. Ya he dicho muchas veces que mi papá compraba Oiga y que por eso yo estaba al tanto de la admiración que Paco sentía por Miguel de Unamuno.
También sabía de su descomunal persistencia periodística.
De eso me di cuenta con las investigaciones sobre el comando paramilitar Rodrigo Franco y la inservible maquinaria china con Joy Way a la cabeza. Como ciudadano de ninguna ciudad, Paco era la configuración humana de cualquier fraseo de Unamuno en una hoja de papel.
Lo recuerdo como un dibujante nato, un diseñador practiquísimo que no se hacía bolas con el exceso de fotos ni el exceso de textos.
Lo veía siempre trazando líneas con un lápiz, borrando y repintando. Repintando y calculando al ojo el crecimiento de las fotos cuando el cierre empezaba a sacar tarjetas rojas. Cada revista era un trabajo de fina orfebrería.
Diagramé a su lado un informe que se titulaba jocosamente: “Están naciendo nuevos cartelitos”. Y obviamente se refería al narcotráfico, tema recurrente en mi carrera. Manché una foto con tinta azul, no se molestó conmigo.
“Consigue otra al tiro. Y lávate las manos, hijo”.
Paco iba al grano, no dudaba. Generaba tesis e hipótesis cada minuto y no las abandonaba jamás.
Eran días de guerra para mí. Sin dinero. No recuerdo como iba a Oiga y menos cómo regresaba a casa. Tampoco puedo confirmar si llegué a ir a clases durante los meses que estuve en Oiga.
Debido a la intolerancia de Alberto Fujimori y de Vladimiro Montesinos, Oiga cerró y yo estuve hasta el final.
Pero sí recuerdo que almorzaba gracias a mi hermano Ítalo, quien tenía su oficina en la avenida Canaval y Moreira, también en San Isidro.
Enigmático, siempre encerrado en su poncho, paseaba por las tardes en ese larga berma de la calle Paseo Parodi en San Isidro, el último local de Oiga.
Lo extrañé mucho desde el 2005, cuando me empecé a topar con jefes decididamente torpes y expertos con la pelota y la franela.
Hace poco, César Campos, redactor principal de la revista Oiga, me dijo que había una idea en la mente de algunos periodistas que formaron parte de sus prusianas redacciones. Hacerle un busto y colocarlo en un parque de San Isidro. Emocionado y con la cabeza a mil por los recuerdos, pensé en ese preciso momento que Francisco Igartua merecía el bronce suficiente como para ser mostrado a cuerpo completo.
IGARTUA - EL JOVEN CON TALENTO NUNCA FALLA por Orazio M. Potesta Z.
Fundó primero la revista Oiga en 1948 y luego –en sociedad con Doris Gibson— el semanario Caretas en 1950. Desterrado, perseguido –y con el tiempo ensalzado por sus amigos, Don Paco Igartua es un testigo excepcional de nuestra historia republicana en los últimos 50 años. La revista Oiga, la bandera de su lucha, ha dejado de palpitar, es cierto, pero basta su ejemplo para comprender que quienes gozan del poder son tan humanos y finitos como un mismo y que por ello no es posible tenerles miedo. Los errores y la negligencia se gritan al cielo, fuerte… Esa es la labor del periodista. Bienvenido a Retorno, Don Paco.
Entrevista: Orazio Potestá [1996]
Don Paco: Parece mentira que hace más de un año, Oiga, la radical, dejará de circular. ¿Recuerda la carajeada que le dio cuando manché dos fotografías con tinta azul?
Entrevista: Orazio Potestá [1996]
Don Paco: Parece mentira que hace más de un año, Oiga, la radical, dejará de circular. ¿Recuerda la carajeada que le dio cuando manché dos fotografías con tinta azul?
Si no me falla la memoria, eran dos fotos de una nota que hiciste sobre narcotráfico. No había copias en el archivo, eran fotos únicas porque mostraban la presencia de pistas clandestinas en la espesura del bosque, cuando el gobierno se rasgaba las vestiduras jurando que no quedaba ni una sola. Te merecías esa carajeada.
En el número de Oiga que conmemoró sus 50 años como periodista, en 1992, Mario Belaúnde, viejo amigo suyo, tituló un artículo sobre Usted con un sugestivo “Nacido para Joder”. ¿Cómo recibió esa peculiar calificación?
Más que nada, fue por la rebeldía que según mis amigos y enemigos siempre me acompañó. Decir la verdad en voz alta y defenderla con la vida si es necesario puede considerarse como rebeldía, pero para mí es parte de una obligación moral.
¿En su trayectoria como periodista desarrollo algún instinto especial para detectar a los jóvenes con talento?
Mira, al joven con talento se le detecta al instante, y no es por que yo haya desarrollado un “instinto especial” como tú le llamas. Un joven talentoso se delata cuando cumple todas las tareas encargadas así tenga que dar la vida para lograrlo, con dedicación y pulcritud. Se muestra interesado en aprender, pregunta sin miedo a los de más experiencia, llega temprano y no respeta el horario de salida. Observa todo lo que le rodea y aprende tanto de sus errores como de los ajenos.
Usted, Don Paco, siempre estuvo en contra de la profesionalización de la carrera: ¿Cree que un periodista nace y no se hace en las aulas?
Así como un pura sangre nace con condiciones innatas para el tranco largo y el triunfo, el periodista nace. La vocación periodística no se enseña en las aulas de clase, es algo que nace adentro, como los sueños sin explicación y que solamente nosotros podemos disfrutar con su ejercicio: Es imposible hacer sentir a otros lo que sentimos siendo periodistas. Por ellos somos incomprendidos y casi siempre apartados de la familia y de los amigos.
El periodismo es un estado de ánimo, una conciencia que nos roba poco a poco la vida, haciéndonos sufrir. Pero, paradójicamente, disfrutamos con eso. Un joven que desea iniciarse en ese apostolado debe estudiar literatura y todas las ramas de las humanidades. Por eso rechazo la profesionalización de la carrera. Y todo porque el joven debe tener una cultura general tan sólida que avasalle y pueda enfrentarse con su verdad y mucha confianza a cualquier ser humano de la tierra, bueno o malo, ángel terrenal o demonio.
Aunque pueda pecar de obvio… ¿Cuál debe ser la misión del periodista en un país como el nuestro?
En cualquier etapa de la historia, la misión del periodista será informar, orientar y educar a la población. Orientar de acuerdo a normas morales y éticas. El periodismo que se convierte en fábrica de embutidos deja su esencia en el tacho de basura. Por desgracia, los medios de comunicación de hoy, que no son los escritos, le han dado a la noticia una categoría de producto lácteo al venderse de forma irresponsable: Le dan más énfasis al “gusto” y no al análisis concienzudo de la noticia.
¿Qué se privilegia?
Se privilegia el negocio, cosa que antes no sucedía.
Cerrada Oiga… ¿A qué de dedica Don Paco?
Ahora dedico más tiempo a escribir. He preparado un libro de ensayos en base a textos escritos por mí y a conferencias que he dictado en el Perú y el exterior.
También preparo el segundo tomo de mis memorias, obra que para mí es entrañable porque vuelco etapas muy significativas de mi vida. Como verás, ahora conviene mucho descansar y cuidar un poco la salud, resentida luego de tantos años de colerones y pasiones.
Su primer libro se titula “Siempre un Extraño”. ¿Puede ser un extraño Usted que ha luchado siempre para descubrir los rostros que se esconden detrás de una careta?
¿Te refieres a aquella revista que fundé?
No. Hablo del derrumbe de muchos ídolos falsos…
Don Paco empieza a leer un manuscrito: El libro no es una biografía, es la descripción de mi temperamento, descripción imprecisa pues es tarea sin fin aquello de “Conócete a ti mismo”. Estarían a flor de papel mis sentimientos, mis amores, malquerencias y mi rechazo a quienes no han sido de mi estima, sin que falten mis ascos por los repudiables. Ese libro es mi autorretrato, bueno o malo pero es eso: La descripción de mí mismo en algunos retazos de mi vida.
El título del libro fluye del texto. Refleja esa indefinible sensación que me ha acompañado largos trechos en el camino de mi vida, ese sí pero no, ese estar y no ser o al revés: Ser y no estar dentro de las sociedades a las que el destino o la sangre me ha ligado.
Una vida de pasión y sobresaltos no entiende de medias tintas, Don Paco… Coge un papel y lee con pausa:
En el número de Oiga que conmemoró sus 50 años como periodista, en 1992, Mario Belaúnde, viejo amigo suyo, tituló un artículo sobre Usted con un sugestivo “Nacido para Joder”. ¿Cómo recibió esa peculiar calificación?
Más que nada, fue por la rebeldía que según mis amigos y enemigos siempre me acompañó. Decir la verdad en voz alta y defenderla con la vida si es necesario puede considerarse como rebeldía, pero para mí es parte de una obligación moral.
¿En su trayectoria como periodista desarrollo algún instinto especial para detectar a los jóvenes con talento?
Mira, al joven con talento se le detecta al instante, y no es por que yo haya desarrollado un “instinto especial” como tú le llamas. Un joven talentoso se delata cuando cumple todas las tareas encargadas así tenga que dar la vida para lograrlo, con dedicación y pulcritud. Se muestra interesado en aprender, pregunta sin miedo a los de más experiencia, llega temprano y no respeta el horario de salida. Observa todo lo que le rodea y aprende tanto de sus errores como de los ajenos.
Usted, Don Paco, siempre estuvo en contra de la profesionalización de la carrera: ¿Cree que un periodista nace y no se hace en las aulas?
Así como un pura sangre nace con condiciones innatas para el tranco largo y el triunfo, el periodista nace. La vocación periodística no se enseña en las aulas de clase, es algo que nace adentro, como los sueños sin explicación y que solamente nosotros podemos disfrutar con su ejercicio: Es imposible hacer sentir a otros lo que sentimos siendo periodistas. Por ellos somos incomprendidos y casi siempre apartados de la familia y de los amigos.
El periodismo es un estado de ánimo, una conciencia que nos roba poco a poco la vida, haciéndonos sufrir. Pero, paradójicamente, disfrutamos con eso. Un joven que desea iniciarse en ese apostolado debe estudiar literatura y todas las ramas de las humanidades. Por eso rechazo la profesionalización de la carrera. Y todo porque el joven debe tener una cultura general tan sólida que avasalle y pueda enfrentarse con su verdad y mucha confianza a cualquier ser humano de la tierra, bueno o malo, ángel terrenal o demonio.
Aunque pueda pecar de obvio… ¿Cuál debe ser la misión del periodista en un país como el nuestro?
En cualquier etapa de la historia, la misión del periodista será informar, orientar y educar a la población. Orientar de acuerdo a normas morales y éticas. El periodismo que se convierte en fábrica de embutidos deja su esencia en el tacho de basura. Por desgracia, los medios de comunicación de hoy, que no son los escritos, le han dado a la noticia una categoría de producto lácteo al venderse de forma irresponsable: Le dan más énfasis al “gusto” y no al análisis concienzudo de la noticia.
¿Qué se privilegia?
Se privilegia el negocio, cosa que antes no sucedía.
Cerrada Oiga… ¿A qué de dedica Don Paco?
Ahora dedico más tiempo a escribir. He preparado un libro de ensayos en base a textos escritos por mí y a conferencias que he dictado en el Perú y el exterior.
También preparo el segundo tomo de mis memorias, obra que para mí es entrañable porque vuelco etapas muy significativas de mi vida. Como verás, ahora conviene mucho descansar y cuidar un poco la salud, resentida luego de tantos años de colerones y pasiones.
Su primer libro se titula “Siempre un Extraño”. ¿Puede ser un extraño Usted que ha luchado siempre para descubrir los rostros que se esconden detrás de una careta?
¿Te refieres a aquella revista que fundé?
No. Hablo del derrumbe de muchos ídolos falsos…
Don Paco empieza a leer un manuscrito: El libro no es una biografía, es la descripción de mi temperamento, descripción imprecisa pues es tarea sin fin aquello de “Conócete a ti mismo”. Estarían a flor de papel mis sentimientos, mis amores, malquerencias y mi rechazo a quienes no han sido de mi estima, sin que falten mis ascos por los repudiables. Ese libro es mi autorretrato, bueno o malo pero es eso: La descripción de mí mismo en algunos retazos de mi vida.
El título del libro fluye del texto. Refleja esa indefinible sensación que me ha acompañado largos trechos en el camino de mi vida, ese sí pero no, ese estar y no ser o al revés: Ser y no estar dentro de las sociedades a las que el destino o la sangre me ha ligado.
Una vida de pasión y sobresaltos no entiende de medias tintas, Don Paco… Coge un papel y lee con pausa:
Mi testimonio es directo, desde la fuente misma de los hechos y sin estar comprometido con ellos, aunque esa sutileza no la entienda la policía y menos los políticos. Dentro del tráfago político he sido como un espectador en una obra de teatro, pero no sentado en platea o en palco, sino viendo y tocando todo dentro de los bastidores y metido en el mismo escenario. No me han faltado, pues, desencuentros gratuitos, persecuciones, prisiones y destierros.
DEMOCRACIA E INSTITUCIONES DESTRUIDAS
Una de sus grandes preocupaciones, desde su trinchera en Oiga, fue la defensa de la Democracia. ¿Cuál es su percepción sobre el debilitamiento de las instituciones en el Perú de hoy?
No están debilitadas, amigo, están destruidas. Y esto es parte del modelo político que anhela convertir al Estado en ese monstruo filantrópico del que habló en su momento Octavio Paz, lo que constituye el gran pecado de todas las dictaduras de América Latina.
Una reciente encuesta ubicó al Congreso de la República como la institución con menos credibilidad en el país ¿Qué opinión le merece eso?
Eso es lógico porque todos los elementos de la mayoría gobiernista se encuentran moralmente descalificados por su excesiva obsecuencia con el gobierno.
El resultado de esa encuesta nos permite pensar que la ciudadanía empieza a despertar para pedir cuentas a un régimen que se aprovechó de la confianza brindada a brazo partido…Pienso que sí, aunque ese despertar ha sido muy lento. La gente se está dando cuenta de que el mentado desarrollo no ha llegado a sus bolsillos. Ahora, el pueblo peruano es más pobre que nunca. El nivel salarial se mantiene igual y el desarrollo educacional permanece atrofiado debido a que las universidades recién creadas solamente satisfacen la demanda de la élites.
LA PRENSA ESCRITA NO MORIRÁ
Muchos coinciden que con el avance de las nuevas tecnologías de la comunicación, la prensa escrita, aquella donde se formó Usted y José Carlos Mariátegui, desaparecerá, Don Paco…
Don Paco nos pide una pausa para traer unos apuntes. Parece ser el texto de un discurso:
DEMOCRACIA E INSTITUCIONES DESTRUIDAS
Una de sus grandes preocupaciones, desde su trinchera en Oiga, fue la defensa de la Democracia. ¿Cuál es su percepción sobre el debilitamiento de las instituciones en el Perú de hoy?
No están debilitadas, amigo, están destruidas. Y esto es parte del modelo político que anhela convertir al Estado en ese monstruo filantrópico del que habló en su momento Octavio Paz, lo que constituye el gran pecado de todas las dictaduras de América Latina.
Una reciente encuesta ubicó al Congreso de la República como la institución con menos credibilidad en el país ¿Qué opinión le merece eso?
Eso es lógico porque todos los elementos de la mayoría gobiernista se encuentran moralmente descalificados por su excesiva obsecuencia con el gobierno.
El resultado de esa encuesta nos permite pensar que la ciudadanía empieza a despertar para pedir cuentas a un régimen que se aprovechó de la confianza brindada a brazo partido…Pienso que sí, aunque ese despertar ha sido muy lento. La gente se está dando cuenta de que el mentado desarrollo no ha llegado a sus bolsillos. Ahora, el pueblo peruano es más pobre que nunca. El nivel salarial se mantiene igual y el desarrollo educacional permanece atrofiado debido a que las universidades recién creadas solamente satisfacen la demanda de la élites.
LA PRENSA ESCRITA NO MORIRÁ
Muchos coinciden que con el avance de las nuevas tecnologías de la comunicación, la prensa escrita, aquella donde se formó Usted y José Carlos Mariátegui, desaparecerá, Don Paco…
Don Paco nos pide una pausa para traer unos apuntes. Parece ser el texto de un discurso:
La prensa escrita, letra por letra, sufrirá algunos cambios pero no morirá. La magia, el embriagante estilo de la letra de molde no desaparecerá por obra de las palabras radiales –que se las lleva el viento– o de la imagen que no nos permite centrar nuestra atención en el significado del discurso. La palabra volandera jamás nos dará la seguridad que nos brinda la letra escrita, ese texto que podemos leer y releer por placer, para confirmar o rectificar lo que no estuvimos seguros de entender.
¿En qué son diferentes los periodistas de los medios escritos y los de la televisión?
¿En qué son diferentes los periodistas de los medios escritos y los de la televisión?
Hay que considerar que la televisión no la hacen los periodistas, la hacen los empresarios. Y ese medio no es un apostolado, es un negocio que coquetea con el poder y a donde los periodistas llegan para obtener mejores salarios. César Hildebrandt, por ejemplo, es una excepción a la regla porque asume la profesión como una forma de compromiso social.
Si bien muchas personas extrañan el tono discrepante de Oiga, existe la sensación de que su cierre ha pasado un tanto inadvertido…
Inadvertido no sé hasta qué punto, porque hay personas que me llaman y escriben a la casa para preguntarme cuándo salimos nuevamente. Claro que todavía hay muchos que increpan la impulsividad y la radicalidad de Oiga en contra del gobierno.
Si bien muchas personas extrañan el tono discrepante de Oiga, existe la sensación de que su cierre ha pasado un tanto inadvertido…
Inadvertido no sé hasta qué punto, porque hay personas que me llaman y escriben a la casa para preguntarme cuándo salimos nuevamente. Claro que todavía hay muchos que increpan la impulsividad y la radicalidad de Oiga en contra del gobierno.
Es necesario que en el Perú haya quienes defiendan su verdad en voz alta, Don Paco…Es cierto. Nadie es dueño de la verdad y por eso todo el mundo debe decir la suya y defenderla con pasión, porque lo contrario es la media voz y el temor de decir las cosas de frente. Y ese es un gran problema nacional que destacó en su momento Manuel Gonzáles Prada.
Si censuran nuestra revista, le vamos a tocar la puerta para pedirle algunos consejos…
Quizá la cierren, pero no podrán matarla.
HOJAS DE VIDA - HOLA PACO por UN DISCIPULO Y AMIGO
Nunca pude saludar ni dirigirme a Francisco Igartua con esos términos, como todo el mundo lo hacía. Hasta los practicantes le decían "hola Paco", "sí Paco", "ok Paco" o "de ninguna manera Paco". Supongo que esto se debía a mi respeto reverencial por Don Paco, el Director del semanario Oiga, la revista donde me inicié en el apasionante mundo del periodismo.
Es curioso, pero igual me ocurre con Enrique Zileri, a quien tampoco pude decirle Enrique. Estoy seguro que si lo vuelvo a encontrar seguiría diciendole Don Enrique. Francisco Igartua y Enrique Zileri son los periodistas que más admiro y siento que cada trabajo que hago sigo haciéndolo para ellos.
EDUARDO RODRIGUEZ - HEDUARDO
domingo 3 de mayo de 2009
FRANCISCO IGARTUA - EDITORIAL – “COMO DECÍAMOS AYER Y ANTEAYER…” - Revista Oiga 16/01/1978
A fines de 1974, por decir rotundamente ¡NO! a la estatización de la prensa, por denunciar lo que en la práctica resultó ser la liquidación de la libertad de expresión en el Perú, fui deportado y tuve que vivir hasta hace pocos meses en el destierro. También salí al exilio porque, fiel a la conducta de Oiga en materia de riquezas naturales, había juzgado ilegal y deshonroso para el país el contrato petrolero firmado aquellos días, en la penumbra, entre el gobierno y dos empresas japonesas. Salí al destierro cuando comenzaba a dar muestras de asombro frente al intento -infelizmente ya culminado- de construir un triunfalista y multimillonario oleoducto de la selva a la costa, mientras la realidad, el interés de los peruanos -los propietarios de las riquezas naturales del Perú- nos exige afirmar la personalidad peruana de la Amazonía. Y e! buen razonar y hasta las conveniencias económicas futuras aconsejan usar y no abandonar nuestros ríos selváticos, para hacerlos así más peruanos; para que nuestras fronteras amazónicas sean vivas por la presencia masiva de nuestra gente en la zona y por la actividad industrial y comercial que allí se puede realizar. Porque el propósito de usar nuestros ríos no es el absurdo traslado por agua del petróleo selvático a Talara sino capturar el mercado brasilero para nuestro petróleo y derivados. No olvidemos que los ríos amazónicos van a dar a la mar cruzando el territorio del Brasil y con justeza se podría decir que ellos tienen trazado su destino.
Toda la documentación pertinente sobre el caso quedó en mis oficinas, ocupadas primero por la policía y después por los «trabajadores» de los talleres de Oiga. Hoy -marzo de 1978- no existen. Se hicieron humo junto a muchos otros importantes e irrecuperables documentos y a las máquinas de escribir y hasta a las sillas y astillas del antiguo Oiga.
Entre aquellos papeles, por ejemplo, se encontraba un testimonio contundente sobre la inconstitucionalidad del acuerdo petrolero con los japoneses, el del opinante más valioso sobre el tema en aquel momento, el del constituyente que presentó y fundamentó, en la Asamblea del 33, el artículo constitucional violado por el contrato en discusión. La opinión del doctor Luciano Castillo, indispensable para el esclarecimiento de los alcances del artículo 17 de la Constitución, quedó confinada seguramente a una desganada lectura policial, si es que no se extravió o fue a dar a la basura en el desmantelamiento de mi escritorio. En todo caso fue sumido en el ominoso silencio al que las dictaduras condenan a los pueblos cercenándoles la libertad de prensa. Ninguno de los doctos defensores de ese acuerdo petrolero, encaramados en los diarios estatizados, quiso acordarse que estaba vivo el autor del artículo 17 de la Constitución.
Salí al destierro en noviembre de 1974, acosado por bombas que nadie protestaba y nadie investigaba; injuriado, vejado, acusado de ser agente de la CIA, ante el gozoso beneplácito y los aplausos de los periodistas estatizados; perseguido judicialmente, con ensañamiento, por el delito de advertir a tiempo el abismo económico en e! que estábamos cayendo. Una advertencia que fluía con preocupada alarma del simple análisis de las balanzas comercial y de pagos, así como de las sospechas que despertaba el escondido endeudamiento externo. Antes de finalizar ese año -el 74- ya era visible un descomunal déficit comercial y un fuerte deterioro de la producción, a la vez que se le hacía difícil al gobierno ocultar que ya se habían superado con exceso los límites razonables de endeudamiento. Las proyecciones de estas tendencias llevaban irremediablemente a la catástrofe económica y hacían imperativo tomar de inmediato medidas adecuadas de corrección financiera y frenar en seco la demagógica e irresponsable política de subsidios a la importación de alimentos que se estaba siguiendo; lo que, por otra parte, empobrecía aún más a una agricultura empobrecida por la Reforma Agraria koljosiana de "revolución" militar en su primera fase. También era indispensable corregir las distorsiones y trasgresiones oficiales a esa misma ley agraria que de continuo se producían en el campo y el desorientado y desactivador accionar del gobierno en el terreno industrial y minero. Además, para recuperarse del declive productivo, el país tenía que detener sin contemplaciones el acelerado crecimiento de una burocracia inepta, kafkianamente dispuesta a trabar la administración pública.
No era asunto de contener el proceso revolucionario -con el que yo estaba y estoy de acuerdo porque el Perú se ahogaba en el inmovilismo-, sino de enrumbarlo hacia la racionalidad, poniendo de lado la improvisación infantil, el disparate de la ignorancia y el rencor y el odio, que ni son revolucionarios ni tienen nada que ver con la ciencia económica.
Hoy vuelvo no para constatar que el faraónico y nada indispensable oleoducto pesa como fardo de plomo dentro de una descomunal deuda externa; ni para comprobar que estuvieron acertadas las predicciones de Oiga sobre la crisis económica, aunque jamás sospeché que llegaría a la magnitud a la que ha llegado; y tampoco vuelvo para pasar revista a los agravios y daños que sufrí.
Vuelvo para recordar la frase célebre de fray Luis de León, el "como decíamos ayer", tantas millones de veces repetido, porque el hombre vuelve y vuelve, infatigable, a poner las mismas piedras en su camino y vuelve y vuelve a tropezarse con ellas, revolviéndose continuamente en el campo político entre la piedra de la represión y la vuelta a la libertad, entre el rencor y el perdón por lo sufrido. Situación, claro está, nunca expresada con la grandiosa generosidad del "como decíamos ayer" salido de los labios del exquisito poeta leonés, fraile que gustó el deleite que produce la huida del mundanal ruido. Yo quiero caer en un deleite prosaico, en el terco empecinamiento de insistir e insistir en lo mismo. Por eso el "como decíamos ayer y anteayer... ".
Vuelvo para continuar con las viejas prédicas de Oiga a favor de la libertad, libertad sin otro límite que el código penal; del orden, no del orden del un, dos, de los cuarteles sino del orden que emana del imperio de la ley, un orden que no sea imposición del gobernante sino pacto legal entre el mandatario y los ciudadanos; a favor de la justicia social o sea de una racional distribución del bienestar; y también de la moralidad en todos los niveles, de la decencia pública.
He retornado en momentos en que algo de libertad se respira, a pesar de que continúa la confiscación de los medios masivos de expresión y sigue vigente, amenazante, el con negro humor llamado «Estatuto de la Libertad de Prensa»; y a pesar de que la prensa diaria -la confiscada- salvo raras excepciones, no sea otra cosa que boletín al servicio del gobierno de la segunda fase de la "revolución" militar.
Vuelvo con los ojos en su sitio, mirando el futuro y no atraso Dispuesto a colaborar en una tarea nacional que hoy, ante la posibilidad de que los militares devuelvan a los ciudadanos el derecho a gobernarse, se hace imprescindible. Me refiero a la concertación de alguna forma de alianza entre todos los peruanos para hacer frente a la crisis actual, que no sólo es económica, sino también social y política. Una crisis excepcional que abarca a la nación en su conjunto y que nacionalmente -sin exclusión de los militares tendrá que ser superada, como tantas otras crisis lo fueron en el pasado.
Para dedicarse a esa pesada, serena y fecunda labor sale nuevamente a la calle Oiga, esta vez con un 78 como moderno rostro.
Vuelve Oiga para ratificar su apoyo al necesario proceso de cambio que requiere el Perú. Proceso de cambio que inició la Fuerza Armada en 1968 y que no debe detenerse, aunque muchas cosas se hayan hecho muy mal. Creo que la historia le hará justicia a Juan Velasco Alvarado y estoy convencido de que, a pesar de los errores cometidos, mucho peor hubiera sido quedarnos congelados en un pasado sin alicientes ni perspectiva. Enmendar yerros, enderezar entuertos, cambiar de rumbo, no sólo es un deber sino que esa tarea puede ser un nuevo y gran impulso para insistir en el cambio y la renovación.
Vuelve Oiga con ánimo de extender el diálogo a la derecha y la izquierda. ¡Que no nos parezcan osos salvajes los rojos ni ogros feroces los conservadores! y vuelve para informar con la menor parcialidad posible, alejando de sus opiniones todo sectarismo y dogmatismo, lo que no quiere decir que haya perdido esa capacidad de indignarse que reclamaba el maestro don Miguel de Unamuno ni que abandone la dosis de pasión que siempre ha puesto en la defensa de lo que cree justo. Oiga 78 seguirá manteniendo, dentro de la evolución natural de la vida, la inquebrantable posición política de la revista o sea, para decirlo en términos accesibles, este semanario seguirá siendo de izquierda. De izquierda porque cree que los medios de producción y las riquezas del país deben estar al servicio de la sociedad y sus beneficios distribuirse con una racional equidad. Desde este punto de partida se podrá llegar a metas fecundas por medio de distintos mecanismos, que no pierdan de vista que la política es ciencia de lo posible, que actúa sobre realidades y no sobre abstracciones. Actuar en contrario significará, tarde o temprano, hundirse en el fracaso. Oiga 78 tampoco echará al olvido un claro lema de Arnold Toynbee, que la revista ha hecho propio: el hombre del futuro encontrará solución a las dificultades del presente en una concepción equilibrada entre la justicia distributiva que ofrece el socialismo y el incentivo al individuo para que éste dedique su imaginación y energía a la creación y a la producción; algo parecido a eso que Alemania Occidental ha bautizado de sistema con economía social de mercado, sistema que se va aplicando de acuerdo a la realidad alemana.
Vuelvo también, por lo tanto, para aclarar otra vez -y no será la última seguramente- ese dificilísimo equilibrio del justo medio en el que siempre ha tratado de colocarse esta publicación, postura de realista sensatez que Oiga defiende con pasión y que le ha valido y le valdrá el calificativo de reaccionaria para la izquierda delirante y de procomunista para aquellos caballeros que no entienden ni entenderán que el mundo, como la vida, es mutación, cambio, evolución. Oiga es de izquierda porque, sin satanizar a nadie ni a nada que no sea la corrupción y la inmoralidad, se siente al lado de los humildes, de los necesitados, y no de los ricos; porque le repugna el dogma y propicia el diálogo sin barreras; porque abomina cualquier inquisición; porque cree que no hay mayor castigo para un pueblo que el mantenerlo en el oscurantismo, en la sumisión a «verdades» administradas por una jefatura maniquea, omnisciente y omnipotente; porque estima que no hay desarrollo popular sin libertad para informarse, pensar, expresarse y elegir; porque no admite que los pueblos sean como niños, pasibles de tutela. En otras palabras, Oiga se confía en lo que dijo don Quijote, el caballero de la Triste Figura, a Sancho, su escudero, ilusionado aspirante a gobernador de ínsulas: si alguna vez se ha de doblar la vara de la justicia, que sea a favor del pobre, del desvalido, y no del poderoso.
Esta revista es de izquierda porque jamás aceptará la soberana tontería de que es posible llegar a la liberación popular pasando por «una necesaria, aunque pasajera, etapa de dictadura» policial. No caerá en semejante disparate porque tiene la certeza de que los nobles fines nunca podrán ser alcanzados por medios innobles, inmorales. La Historia enseña que persistentemente los medios bajos y malvados han suplantado a los fines propuestos, por muy nobles que éstos hayan sido; y siempre los suplantarán porque el mal no puede engendrar el bien. No hay dictaduras buenas y no hay dictaduras que no sean policiacas. La imposición, la arbitrariedad, el despotismo nunca dejarán de ser siniestros y despreciables. Y porque Oiga piensa así no es de derecha, aunque así lo califiquen los dogmáticos de izquierda.
Pero una nota periodística no puede esquivar, eludir, a la actualidad, no puede quedar en solemne enunciado de principios. Utilizaré, pues, a la actualidad para darle fundamentación práctica a mi pensamiento.
Veo con profundo dolor, con angustiosa pena, cómo pasan los días sin que el país advierta la gravedad de la crisis económica, política y social en la que está sumergido y sin que ningún sector responsable tome en serio la necesidad de llegar a un compromiso nacional, a un amplio entendimiento cívico para poner en acción la única arma para superar la crisis: en el campo económico, una alianza de la producción con las inversiones y, en el político, un pacto nacional para el diálogo. No hay fórmulas mágicas en economía ni en política. Y la realidad es ésta: si no se deja de satanizar a los empresarios no habrá inversiones sanas, reproductivas, no habrá nuevos centros de trabajo, no habrá crecimiento económico; como tampoco habrá lo anterior si sigue la ola de huelgas pulsarías, si los trabajadores no entienden que del cuero salen las correas y que no es conquista alguna la estabilidad en el trabajo si ésta se convierte en factor que impide que siga creciendo el cuero -los centros de trabajo-, porque la estabilidad sin producción, sin productividad, sin disciplina, no es el mejor sistema para llenar la olla de la casa, en donde la sobrecarga familiar es seguro que sí seguirá creciendo, con nulas perspectivas de ocupación.
Naturalmente que, por pensar así, seré calificado de reaccionario por el izquierdismo clasista y condenado a las profundidades del infierno marxista, sin posibilidad de réplica, ya que en este punto es clara y pública la posición sectaria, de olímpico rechazo al diálogo que no sea entre catecúmenos, adoptada por la izquierda delirante; posición, además, pregonada por ella sin disfraces: a un lado la clase trabajadora -aunque sus líderes sean niños bien que nunca han trabajado- y al otro los explotadores. y como es la cúpula gochista la que maniqueamente separa al Perú en buenos y malos, los calificados por ella de malos jamás tendrán oportunidad de dialogar con los buenos, si antes no se convierten a la buena fe... ¿Se diferencia en algo esta posición a la división en buenos y malos que hacía la derecha en la época odriísta?...
Sin embargo, el caso tendría menor importancia si no fuera porque la salud de la República requiere hoy justamente lo que esas dirigencias gochistas entorpecen con eficacia: diálogo entre todos los peruanos, esclarecimiento realista de la situación y planteamientos de entendimiento entre la capacidad empresarial y la capacidad laboral del país. Porque es necesario admitir y revelar que el Estado peruano, agobiado por una deuda externa descomunal, está imposibilitado de reemplazar a la empresa privada en la promoción del desarrollo; y también es indispensable divulgar que no existe ejemplo conocido de desarrollo sin inversión, sea interna o del exterior... ¿Hay capacidad de ahorro interno en el Perú fuera del sector empresarial? ¿No ha sido catastrófica la experiencia de este régimen, de esta "revolución" militar, que quiso reemplazar las inversiones extranjeras con préstamos extranjeros para hacer del Estado el gran inversionista?... Las inversiones se esfumaron, el Estado se transformó en un conglomerado empresarial elefantiásico e improductivo y los prestamistas están en la puerta con las facturas de la deuda en la mano... ¿Hay potencia mundial políticamente interesada y dispuesta a dar los muchos millones que hacen falta para la ilusa tarea de hacer de este complejísimo país que es el Perú y de su ineficaz régimen económico un modelo a seguir?
Frente a tan durísima realidad la sensatez exige no seguir dividiendo al país en buenos y malos; más bien -como lo han hecho los propios comunistas en algunos países europeos- es necesario abrir las puertas a un modus vivendi entre capital y trabajo. Es indispensable que el empresario -que aquí en el Perú no sólo pone su dinero en la empresa sino también su imaginación y su capacidad gerencial- no siga siendo señalado como delincuente y se libre del temor, que es cierto, a ser despojado en cualquier momento y con cualquier pretexto por el Estado. Y es preciso, insisto, que empresarios y trabajadores -al margen de naturales pugnas de clase-, así como el gobierno y los partidos, comprendan que la crisis actual no se resolverá sin una firme voluntad de entendimiento nacional. Las bases para ese concierto de voluntades no son secreto de iniciados. Las acaba de precisar el presidente Morales Bermúdez en su amigable charla televisada de la semana pasada. Sólo falta pasar de la teoría a la acción.
Para alcanzar la meta, como he insistido tantas veces en estas líneas, el diálogo es esencial. Sin embargo ¿estamos preparados anímicamente para dialogar?...
Hace unos días, de paso por Lima, un amigo residente en el extranjero -uno de los muchos talentos peruanos desparramados fuera- me decía apesadumbrado y espantado: «Después de seis años de ausencia, me encuentro que se ha hecho imposible dialogar en este país. Nadie entiende razones y mucho menos las múltiples sutilezas que cada razón encierra. Basta que alguien haya sido apenas rozado por alguna de las reformas o por los abusos del régimen para que se erice ante cualquier argumentación de izquierda y dé beligerantes muestras de un derechismo obcecado y pigmeo. Y también he hallado intratables -terminaba mi amigo-, por dogmáticos y necios, por fanáticos e inquisitoriales, a los hombres de izquierda. No hay con quién hablar».
Yo miraba con gesto comprensivo a mi desilusionado amigo y meditaba en la difícil, quién sabe imposible tarea que se ha impuesto Oiga 78: hacer entender a la gente que los razonamientos, cuando no son estériles monólogos, no debieran excluirse unos a otros sino, al contrario, bueno sería que se entrecrucen para conformar un diálogo, dando así signos de vitalidad e inteligencia. Pensé en la incomprensión que despertaría esta urticante posición del justo medio escogida por Oiga 78, con ánimo de interpretar la conciencia nacional y no sólo la de un bando. Sobrarán -calculé- los que se pregunten ¿qué beneficios pretenderá lograr Oiga 78 con esa postura arribista de ponerse al medio?
No entienden, quienes equivocadamente creen que justo medio es intentar estar bien con todos, que se trata de la más incomprendida y la peor pagada de las posiciones, quién sabe la más ingrata, pero también la más necesaria en el Perú de hoy. Porque el justo medio -adviértase el concepto de justo- no indica colocarse en el fiel de la balanza, en la quieta neutralidad, sino en hurgar razones en los argumentos de un bando y otro y en tratar de conciliar los fomentando el diálogo, con el propósito de encontrar una solución, que nunca será del agrado de los fanáticos, por desgracia hoy tan abundantes en nuestra patria.
Creer que los problemas del Perú -que han llegado a un punto de colapso- podrán solucionarse sin la participación de todos los peruanos, sin un diálogo nacional, es una simple insensatez. Y contra ella se alza Oiga 78. También y sobre todo contra la otra «solución», a la que aspiran los sectarismos de todos los colores: la totalitaria aniquilación del adversario. El justo medio es hallar la difícil solución democrática -gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo-, que le cierre el paso a la tentación totalitaria de derecha e izquierda.
Vuelvo del destierro con el firme propósito de cumplir esta tarea, repitiendo las mismas invocaciones de los Oigas de ayer y de anteayer.
Toda la documentación pertinente sobre el caso quedó en mis oficinas, ocupadas primero por la policía y después por los «trabajadores» de los talleres de Oiga. Hoy -marzo de 1978- no existen. Se hicieron humo junto a muchos otros importantes e irrecuperables documentos y a las máquinas de escribir y hasta a las sillas y astillas del antiguo Oiga.
Entre aquellos papeles, por ejemplo, se encontraba un testimonio contundente sobre la inconstitucionalidad del acuerdo petrolero con los japoneses, el del opinante más valioso sobre el tema en aquel momento, el del constituyente que presentó y fundamentó, en la Asamblea del 33, el artículo constitucional violado por el contrato en discusión. La opinión del doctor Luciano Castillo, indispensable para el esclarecimiento de los alcances del artículo 17 de la Constitución, quedó confinada seguramente a una desganada lectura policial, si es que no se extravió o fue a dar a la basura en el desmantelamiento de mi escritorio. En todo caso fue sumido en el ominoso silencio al que las dictaduras condenan a los pueblos cercenándoles la libertad de prensa. Ninguno de los doctos defensores de ese acuerdo petrolero, encaramados en los diarios estatizados, quiso acordarse que estaba vivo el autor del artículo 17 de la Constitución.
Salí al destierro en noviembre de 1974, acosado por bombas que nadie protestaba y nadie investigaba; injuriado, vejado, acusado de ser agente de la CIA, ante el gozoso beneplácito y los aplausos de los periodistas estatizados; perseguido judicialmente, con ensañamiento, por el delito de advertir a tiempo el abismo económico en e! que estábamos cayendo. Una advertencia que fluía con preocupada alarma del simple análisis de las balanzas comercial y de pagos, así como de las sospechas que despertaba el escondido endeudamiento externo. Antes de finalizar ese año -el 74- ya era visible un descomunal déficit comercial y un fuerte deterioro de la producción, a la vez que se le hacía difícil al gobierno ocultar que ya se habían superado con exceso los límites razonables de endeudamiento. Las proyecciones de estas tendencias llevaban irremediablemente a la catástrofe económica y hacían imperativo tomar de inmediato medidas adecuadas de corrección financiera y frenar en seco la demagógica e irresponsable política de subsidios a la importación de alimentos que se estaba siguiendo; lo que, por otra parte, empobrecía aún más a una agricultura empobrecida por la Reforma Agraria koljosiana de "revolución" militar en su primera fase. También era indispensable corregir las distorsiones y trasgresiones oficiales a esa misma ley agraria que de continuo se producían en el campo y el desorientado y desactivador accionar del gobierno en el terreno industrial y minero. Además, para recuperarse del declive productivo, el país tenía que detener sin contemplaciones el acelerado crecimiento de una burocracia inepta, kafkianamente dispuesta a trabar la administración pública.
No era asunto de contener el proceso revolucionario -con el que yo estaba y estoy de acuerdo porque el Perú se ahogaba en el inmovilismo-, sino de enrumbarlo hacia la racionalidad, poniendo de lado la improvisación infantil, el disparate de la ignorancia y el rencor y el odio, que ni son revolucionarios ni tienen nada que ver con la ciencia económica.
Hoy vuelvo no para constatar que el faraónico y nada indispensable oleoducto pesa como fardo de plomo dentro de una descomunal deuda externa; ni para comprobar que estuvieron acertadas las predicciones de Oiga sobre la crisis económica, aunque jamás sospeché que llegaría a la magnitud a la que ha llegado; y tampoco vuelvo para pasar revista a los agravios y daños que sufrí.
Vuelvo para recordar la frase célebre de fray Luis de León, el "como decíamos ayer", tantas millones de veces repetido, porque el hombre vuelve y vuelve, infatigable, a poner las mismas piedras en su camino y vuelve y vuelve a tropezarse con ellas, revolviéndose continuamente en el campo político entre la piedra de la represión y la vuelta a la libertad, entre el rencor y el perdón por lo sufrido. Situación, claro está, nunca expresada con la grandiosa generosidad del "como decíamos ayer" salido de los labios del exquisito poeta leonés, fraile que gustó el deleite que produce la huida del mundanal ruido. Yo quiero caer en un deleite prosaico, en el terco empecinamiento de insistir e insistir en lo mismo. Por eso el "como decíamos ayer y anteayer... ".
Vuelvo para continuar con las viejas prédicas de Oiga a favor de la libertad, libertad sin otro límite que el código penal; del orden, no del orden del un, dos, de los cuarteles sino del orden que emana del imperio de la ley, un orden que no sea imposición del gobernante sino pacto legal entre el mandatario y los ciudadanos; a favor de la justicia social o sea de una racional distribución del bienestar; y también de la moralidad en todos los niveles, de la decencia pública.
He retornado en momentos en que algo de libertad se respira, a pesar de que continúa la confiscación de los medios masivos de expresión y sigue vigente, amenazante, el con negro humor llamado «Estatuto de la Libertad de Prensa»; y a pesar de que la prensa diaria -la confiscada- salvo raras excepciones, no sea otra cosa que boletín al servicio del gobierno de la segunda fase de la "revolución" militar.
Vuelvo con los ojos en su sitio, mirando el futuro y no atraso Dispuesto a colaborar en una tarea nacional que hoy, ante la posibilidad de que los militares devuelvan a los ciudadanos el derecho a gobernarse, se hace imprescindible. Me refiero a la concertación de alguna forma de alianza entre todos los peruanos para hacer frente a la crisis actual, que no sólo es económica, sino también social y política. Una crisis excepcional que abarca a la nación en su conjunto y que nacionalmente -sin exclusión de los militares tendrá que ser superada, como tantas otras crisis lo fueron en el pasado.
Para dedicarse a esa pesada, serena y fecunda labor sale nuevamente a la calle Oiga, esta vez con un 78 como moderno rostro.
Vuelve Oiga para ratificar su apoyo al necesario proceso de cambio que requiere el Perú. Proceso de cambio que inició la Fuerza Armada en 1968 y que no debe detenerse, aunque muchas cosas se hayan hecho muy mal. Creo que la historia le hará justicia a Juan Velasco Alvarado y estoy convencido de que, a pesar de los errores cometidos, mucho peor hubiera sido quedarnos congelados en un pasado sin alicientes ni perspectiva. Enmendar yerros, enderezar entuertos, cambiar de rumbo, no sólo es un deber sino que esa tarea puede ser un nuevo y gran impulso para insistir en el cambio y la renovación.
Vuelve Oiga con ánimo de extender el diálogo a la derecha y la izquierda. ¡Que no nos parezcan osos salvajes los rojos ni ogros feroces los conservadores! y vuelve para informar con la menor parcialidad posible, alejando de sus opiniones todo sectarismo y dogmatismo, lo que no quiere decir que haya perdido esa capacidad de indignarse que reclamaba el maestro don Miguel de Unamuno ni que abandone la dosis de pasión que siempre ha puesto en la defensa de lo que cree justo. Oiga 78 seguirá manteniendo, dentro de la evolución natural de la vida, la inquebrantable posición política de la revista o sea, para decirlo en términos accesibles, este semanario seguirá siendo de izquierda. De izquierda porque cree que los medios de producción y las riquezas del país deben estar al servicio de la sociedad y sus beneficios distribuirse con una racional equidad. Desde este punto de partida se podrá llegar a metas fecundas por medio de distintos mecanismos, que no pierdan de vista que la política es ciencia de lo posible, que actúa sobre realidades y no sobre abstracciones. Actuar en contrario significará, tarde o temprano, hundirse en el fracaso. Oiga 78 tampoco echará al olvido un claro lema de Arnold Toynbee, que la revista ha hecho propio: el hombre del futuro encontrará solución a las dificultades del presente en una concepción equilibrada entre la justicia distributiva que ofrece el socialismo y el incentivo al individuo para que éste dedique su imaginación y energía a la creación y a la producción; algo parecido a eso que Alemania Occidental ha bautizado de sistema con economía social de mercado, sistema que se va aplicando de acuerdo a la realidad alemana.
Vuelvo también, por lo tanto, para aclarar otra vez -y no será la última seguramente- ese dificilísimo equilibrio del justo medio en el que siempre ha tratado de colocarse esta publicación, postura de realista sensatez que Oiga defiende con pasión y que le ha valido y le valdrá el calificativo de reaccionaria para la izquierda delirante y de procomunista para aquellos caballeros que no entienden ni entenderán que el mundo, como la vida, es mutación, cambio, evolución. Oiga es de izquierda porque, sin satanizar a nadie ni a nada que no sea la corrupción y la inmoralidad, se siente al lado de los humildes, de los necesitados, y no de los ricos; porque le repugna el dogma y propicia el diálogo sin barreras; porque abomina cualquier inquisición; porque cree que no hay mayor castigo para un pueblo que el mantenerlo en el oscurantismo, en la sumisión a «verdades» administradas por una jefatura maniquea, omnisciente y omnipotente; porque estima que no hay desarrollo popular sin libertad para informarse, pensar, expresarse y elegir; porque no admite que los pueblos sean como niños, pasibles de tutela. En otras palabras, Oiga se confía en lo que dijo don Quijote, el caballero de la Triste Figura, a Sancho, su escudero, ilusionado aspirante a gobernador de ínsulas: si alguna vez se ha de doblar la vara de la justicia, que sea a favor del pobre, del desvalido, y no del poderoso.
Esta revista es de izquierda porque jamás aceptará la soberana tontería de que es posible llegar a la liberación popular pasando por «una necesaria, aunque pasajera, etapa de dictadura» policial. No caerá en semejante disparate porque tiene la certeza de que los nobles fines nunca podrán ser alcanzados por medios innobles, inmorales. La Historia enseña que persistentemente los medios bajos y malvados han suplantado a los fines propuestos, por muy nobles que éstos hayan sido; y siempre los suplantarán porque el mal no puede engendrar el bien. No hay dictaduras buenas y no hay dictaduras que no sean policiacas. La imposición, la arbitrariedad, el despotismo nunca dejarán de ser siniestros y despreciables. Y porque Oiga piensa así no es de derecha, aunque así lo califiquen los dogmáticos de izquierda.
Pero una nota periodística no puede esquivar, eludir, a la actualidad, no puede quedar en solemne enunciado de principios. Utilizaré, pues, a la actualidad para darle fundamentación práctica a mi pensamiento.
Veo con profundo dolor, con angustiosa pena, cómo pasan los días sin que el país advierta la gravedad de la crisis económica, política y social en la que está sumergido y sin que ningún sector responsable tome en serio la necesidad de llegar a un compromiso nacional, a un amplio entendimiento cívico para poner en acción la única arma para superar la crisis: en el campo económico, una alianza de la producción con las inversiones y, en el político, un pacto nacional para el diálogo. No hay fórmulas mágicas en economía ni en política. Y la realidad es ésta: si no se deja de satanizar a los empresarios no habrá inversiones sanas, reproductivas, no habrá nuevos centros de trabajo, no habrá crecimiento económico; como tampoco habrá lo anterior si sigue la ola de huelgas pulsarías, si los trabajadores no entienden que del cuero salen las correas y que no es conquista alguna la estabilidad en el trabajo si ésta se convierte en factor que impide que siga creciendo el cuero -los centros de trabajo-, porque la estabilidad sin producción, sin productividad, sin disciplina, no es el mejor sistema para llenar la olla de la casa, en donde la sobrecarga familiar es seguro que sí seguirá creciendo, con nulas perspectivas de ocupación.
Naturalmente que, por pensar así, seré calificado de reaccionario por el izquierdismo clasista y condenado a las profundidades del infierno marxista, sin posibilidad de réplica, ya que en este punto es clara y pública la posición sectaria, de olímpico rechazo al diálogo que no sea entre catecúmenos, adoptada por la izquierda delirante; posición, además, pregonada por ella sin disfraces: a un lado la clase trabajadora -aunque sus líderes sean niños bien que nunca han trabajado- y al otro los explotadores. y como es la cúpula gochista la que maniqueamente separa al Perú en buenos y malos, los calificados por ella de malos jamás tendrán oportunidad de dialogar con los buenos, si antes no se convierten a la buena fe... ¿Se diferencia en algo esta posición a la división en buenos y malos que hacía la derecha en la época odriísta?...
Sin embargo, el caso tendría menor importancia si no fuera porque la salud de la República requiere hoy justamente lo que esas dirigencias gochistas entorpecen con eficacia: diálogo entre todos los peruanos, esclarecimiento realista de la situación y planteamientos de entendimiento entre la capacidad empresarial y la capacidad laboral del país. Porque es necesario admitir y revelar que el Estado peruano, agobiado por una deuda externa descomunal, está imposibilitado de reemplazar a la empresa privada en la promoción del desarrollo; y también es indispensable divulgar que no existe ejemplo conocido de desarrollo sin inversión, sea interna o del exterior... ¿Hay capacidad de ahorro interno en el Perú fuera del sector empresarial? ¿No ha sido catastrófica la experiencia de este régimen, de esta "revolución" militar, que quiso reemplazar las inversiones extranjeras con préstamos extranjeros para hacer del Estado el gran inversionista?... Las inversiones se esfumaron, el Estado se transformó en un conglomerado empresarial elefantiásico e improductivo y los prestamistas están en la puerta con las facturas de la deuda en la mano... ¿Hay potencia mundial políticamente interesada y dispuesta a dar los muchos millones que hacen falta para la ilusa tarea de hacer de este complejísimo país que es el Perú y de su ineficaz régimen económico un modelo a seguir?
Frente a tan durísima realidad la sensatez exige no seguir dividiendo al país en buenos y malos; más bien -como lo han hecho los propios comunistas en algunos países europeos- es necesario abrir las puertas a un modus vivendi entre capital y trabajo. Es indispensable que el empresario -que aquí en el Perú no sólo pone su dinero en la empresa sino también su imaginación y su capacidad gerencial- no siga siendo señalado como delincuente y se libre del temor, que es cierto, a ser despojado en cualquier momento y con cualquier pretexto por el Estado. Y es preciso, insisto, que empresarios y trabajadores -al margen de naturales pugnas de clase-, así como el gobierno y los partidos, comprendan que la crisis actual no se resolverá sin una firme voluntad de entendimiento nacional. Las bases para ese concierto de voluntades no son secreto de iniciados. Las acaba de precisar el presidente Morales Bermúdez en su amigable charla televisada de la semana pasada. Sólo falta pasar de la teoría a la acción.
Para alcanzar la meta, como he insistido tantas veces en estas líneas, el diálogo es esencial. Sin embargo ¿estamos preparados anímicamente para dialogar?...
Hace unos días, de paso por Lima, un amigo residente en el extranjero -uno de los muchos talentos peruanos desparramados fuera- me decía apesadumbrado y espantado: «Después de seis años de ausencia, me encuentro que se ha hecho imposible dialogar en este país. Nadie entiende razones y mucho menos las múltiples sutilezas que cada razón encierra. Basta que alguien haya sido apenas rozado por alguna de las reformas o por los abusos del régimen para que se erice ante cualquier argumentación de izquierda y dé beligerantes muestras de un derechismo obcecado y pigmeo. Y también he hallado intratables -terminaba mi amigo-, por dogmáticos y necios, por fanáticos e inquisitoriales, a los hombres de izquierda. No hay con quién hablar».
Yo miraba con gesto comprensivo a mi desilusionado amigo y meditaba en la difícil, quién sabe imposible tarea que se ha impuesto Oiga 78: hacer entender a la gente que los razonamientos, cuando no son estériles monólogos, no debieran excluirse unos a otros sino, al contrario, bueno sería que se entrecrucen para conformar un diálogo, dando así signos de vitalidad e inteligencia. Pensé en la incomprensión que despertaría esta urticante posición del justo medio escogida por Oiga 78, con ánimo de interpretar la conciencia nacional y no sólo la de un bando. Sobrarán -calculé- los que se pregunten ¿qué beneficios pretenderá lograr Oiga 78 con esa postura arribista de ponerse al medio?
No entienden, quienes equivocadamente creen que justo medio es intentar estar bien con todos, que se trata de la más incomprendida y la peor pagada de las posiciones, quién sabe la más ingrata, pero también la más necesaria en el Perú de hoy. Porque el justo medio -adviértase el concepto de justo- no indica colocarse en el fiel de la balanza, en la quieta neutralidad, sino en hurgar razones en los argumentos de un bando y otro y en tratar de conciliar los fomentando el diálogo, con el propósito de encontrar una solución, que nunca será del agrado de los fanáticos, por desgracia hoy tan abundantes en nuestra patria.
Creer que los problemas del Perú -que han llegado a un punto de colapso- podrán solucionarse sin la participación de todos los peruanos, sin un diálogo nacional, es una simple insensatez. Y contra ella se alza Oiga 78. También y sobre todo contra la otra «solución», a la que aspiran los sectarismos de todos los colores: la totalitaria aniquilación del adversario. El justo medio es hallar la difícil solución democrática -gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo-, que le cierre el paso a la tentación totalitaria de derecha e izquierda.
Vuelvo del destierro con el firme propósito de cumplir esta tarea, repitiendo las mismas invocaciones de los Oigas de ayer y de anteayer.
UNA VIDA MÁS, COMO LOS GATOS, ¿POR QUÉ NO? por Jesús Reyes Muñante (Sub-director ex – revista Oiga) – Oiga 08/11/2006
La última agonía de Oiga duró varias semanas. Después de la edición del 11 de agosto de 1995 la revista, sin previo aviso, desapareció de los quioscos. Paco Igartua, enfundado en su inconfundible poncho serrano, deambulaba por el Paseo Parodi, el último refugio al que se trasladó su revista para morir sola, triste y abandonada, como reza la letra de un viejo vals criollo. Ya no había nada que hacer. El emperador había bajado el dedo y hasta gentes a las que tendió la mano cuando no eran nadie –como el presidente del Seguro Social, el mudo que ahora funge de alcalde de Lima– se escondían para no colocar avisos o no pagar los ya publicados, que hubieran podido inyectar un soplo de vida al moribundo.Paco ordenó la venta de la residencia de Pedro Venturo –el único local propio que tuvo Oiga a lo largo de su accidentada existencia– y de todo lo que pudiera convertirse en dinero para cancelar los beneficios sociales del personal de la revista. Pero Oiga, el mejor semanario político del Perú, cuyos análisis eran comentados por otras publicaciones famosas en el mundo, como Le Point, Le Novel Observateur de Francia; Time y Newsweek de los Estados Unidos, Sette Giorne de Italia o Der Spiegel de Alemania Federal; no podía morir así nomás, como un “N.N” cualquiera.
Fue así que con el apoyo de entrañables amigos y la colaboración desinteresada de su personal, Oiga reapareció el 5 de septiembre, en un número de colección que se tituló: “ADIOS con la satisfacción de no haber claudicado”.
En su editorial de despedida, Paco Igartua explica que: Cierra OIGA para no prostituir sus banderas, o sea sus ideales que fueron y son de los peruanos amantes de las libertades cívicas, de la democracia y de la tolerancia, aunque seamos intolerantes contra la corrupción, con el juego sucio de los gobernantes y de sus autoridades. El pecado de la revista, su pecado mayor, fue quien sabe ser intransigente con su verdad –con lo que cada uno cree es lo cierto— y en el curso del camino fuimos perdiendo amigos, contactos, benefactores, sobre todo amigos que alguna vez encontraron acogida en estas páginas y cuyas causas defendió OIGA con calor.
Periodista al fin, luchador golpeado por la inclemencia cuartelaria de las dictaduras, desarraigado de su hogar y de su patria, cargando a su familia a cuestas por otras tierras felizmente amigas, Igartua no quiere rendirse, sin embargo, y en un último gesto de rebeldía y esperanza pregunta a sus lectores: ¿Por qué el cierre de esta quinta etapa de la azarosa existencia de OIGA no puede significar solamente un alto en la batalla? ¿Por qué tiene que ser imposible una sexta y hasta una séptima vida, como los gatos?.
FRANCISCO IGARTUA - HUELLAS DE UN DESTIERRO - Capitulo XLIV - Y sigo andando
¿Por qué hoy, pues, tanta insistencia en el retiro, la jubilación, el cierre de Oiga, la tristeza del abandono de ciertas amistades?... Porque así está hecha la vida, de barro ardiente. Pero nada de lo enumerado significa rendición. En estas páginas no hay una línea pidiendo chepa y si guerra, guerra total contra el abuso, el atropello, la injusticia. Y si yo he cambiado de trinchera y me refugio ahora en la escritura, no es porque he variado en mis adentros. Simplemente ocurrió que me fue imposible seguir teniendo abiertas las puertas de Oiga. Me lo imposibilitó la represión taimada del régimen de los 90, una represión sesgada que deja la protesta en el vacío y amenaza con la cárcel por defraudación tributaria.
He aquí esa penosa historia:
A fines de 1993, todos los periódicos, radios y televisoras —con excepción de El Comercio, Gestión y Canal 5— estaban quebrados. Se les habían acumulado millonarias deudas con la Sunat que crecían a velocidad geométrica por las moras y las multas. En teoría, el cierre de todos los medios de expresión –salvo las excepciones señaladas— era inminente... Dentro de esta situación Oiga se hallaba en una situación especial. Hasta hacia pocos meses había estado entre las excepciones, pues sus continuos desencuentros con distintos gobiernos obligaban a su administración a estar al día en los tributos, pieza clave para ajustes de cuenta con el Estado... Pero de pronto se había colocado en la disyuntiva de pagar la planilla de empleados o el impuesto del 18% a la venta del periódico, impuesto abusivo que no existe en ningún país que respete la cultura… La decisión había sido cubrir la planilla, ya que de lo contrario no aparecía la revista… Y de esta forma se inició también en Oiga el huaico de las multas y las moras… Su deuda global en esos momentos era, sin embargo, una insignificancia al lado de las otras publicaciones, aunque de cifras imposibles de cancelar para la debilitadísima economía de Oiga, castigada sin piedad por el sabotaje publicitario del Estado y de los amigos del gobierno y, además, descapitalizada por el esfuerzo que había hecho para estar al día en el pago de tributos…
En tales circunstancias, los directivos de la prensa acogotada por la Sunat, acuden donde el señor Santiago Fujimori, quien, por intermedio del publicista Óscar Dufour, era el hombre del régimen encargado de las relaciones con los medios de difusión. Para ello y para otros menesteres, Santiago Fujimori digitaba a la Sunat (todas las noches esta entidad le daba un informe detallado de sus actividades). Pero a esa reunión no se invitó expresamente a Oiga- Fue el único periódico con problemas excluido de ese cónclave en el que se llegó al acuerdo de que los medios cancelarían sus deudas con la Sunat colaborando con el gobierno en un gigantesco programa educativo.
A la reunión para concretar este acuerdo, sí fui invitado, porque, al parecer, no se quería que alguien de la oposición quedara excluido del arreglo, para que nadie estuviera libre de paja para criticarlo.
La citación la hizo el señor Alfredo Jailile, el hombre de la Caja del Ministerio de Economía y brazo derecho del poderoso ministro Jorge Camet, y el encuentro se produjo en el Ministerio, presidido por Jalilie, con el señor Carlos Orellana a su lado, como delegado de Palacio. También asistía el señor Federico Prieto Celi, del Ministerio de Educación, periodista de larga y limpia trayectoria, que se encargaría de monitorear el famoso programa de educación, cuyo objetivo era la impresión de millones de textos escolares y cuadernos que se haría en los talleres de diarios y revistas, etcétera, etcétera.
El acuerdo provisional acordado con el señor Santiago Fujimori –personaje central del régimen sin ningún cargo oficial responsable— era un enorme disparate.
-El proyecto no tenía pies ni cabeza— comencé diciendo, apenas se expuso la propuesta.
Prieto Celi, que había acudido con una serie de ayudantes y una ruma de modelos para escoger, abrió desconcertado los ojos, yo continué:
-Sería un disparate imprimir textos escolares en papel periódico y más todavía usar ese papel para cuadernos. La propaganda a favor del gobierno le resultaría al revés, pues esos cuadernos no servirían para nada y los libros se desbaratarían en un dos por tres.
-Se podrían hacer en bond.
-Si las rotativas usan el bond nacional destruirían sus rodillos por el polvillo que suelta ese papel… Y si se usa el bond importado la lavada va a resultar más cara que la camisa: tanto por el precio de ese bond como por los impuestos aduaneros y el IGV para el papel.
Cara de desolación en la sala. Prieto Celi se achicó detrás de las rumas de sus modelos. También Orellana sintió inseguridad en el piso. Alfredo Jaililie quedó imperturbable y me dedicó unas palabras de elogio.
Otros, más realistas, propusieron un arreglo publicitario. Los medios pagarían sus deudas a la Sunat con avisaje estatal.
Mientras se producía el debate, yo, que soy lerdo para expresarme verbalmente y porque se me podrían escapar algunos ajustados exabruptos, me dediqué a poner por escrito mis puntos de vista contrarios por completo al arreglo, ya que la solución no estaba en llegar a comprometidos acuerdos con el gobierno sino liberar de cierta carga tributaria a la cultura, como el 18% a las ventas, igual que en la mayoría por no decir en todos los países civilizados del mundo…. Y cuando se agotó el debate decidieron por el arreglo con avisaje, leí mi texto, que luego publiqué como editorial.
-No se pueden hacer excepciones con el IGV –fue la respuesta.
-¿Y por qué se exceptúa el juego de bolsa, a las aefepés y a otras actividades puramente lucrativas?
-La prensa no es cultura. Lean El Mañanero –metió su cuchara un funcionario, lector sin duda de basura amarilla.
Si no leyera usted periódicos no tendría usted su geografía ni si historia al día. Sería usted un analfabeto cultural. No cultivaría, si la tiene, su educación cívica.
Sin embargo, más tarde, por presión de la administración de Oiga, que se aferraba ilusamente a esperanzas imposibles, cedí y acepté el “arreglo”, que era muy simple: El tesoro público, o sea Jaililie, extendía un cheque por el monto de la deuda de cada empresa y ésta lo endosaba a la Sunat. A cambio de tan simple “arreglo”, el responsable –en el caso de Oiga, yo— aceptaba un pagaré con el gobierno, poniendo de garantía casa, autos, cuentas corrientes, etcétera, etcétera. Mientras que el Estado prometía –sin documento— publicar avisos hasta cumplir con el monto del pagaré.
Y, como estaba previsto, los anuncios o avisos se fueron publicando de acuerdo al capricho del régimen. Rápido y bien valoradas las notas en los periódicos amigos y lentas y mal pagadas en los órganos de la oposición radical.
-Podía haber sido nunca.
Por eso, apenas rescaté el comprometido pagaré, resolví liquidar Oiga, lo que no resultó fácil. Más mucho más complicado y difícil es desbaratar que crear una empresa.
¿Y la prensa que tenía en orden sus cuentas con la Sunat?...
Cuando se produjo el acuerdo protestó airado el canal 5, con un argumento válido: no era justo que se castigara a los cumplidos… Por lo que fueron premiados los que estaban al día. Y a Oiga se le volvió a discriminar. No se quiso hacer caso al alegato de que su situación era especial, pues siempre habían estado en orden sus pagos al fisco, con lo que se había descapitalizado, y siendo su retraso reciente… no podía ser tratado igual con los que nunca pagaron y no se descapitalizaron.
Su alegato fue al tacho de basura.
Todo esto lo miro con frialdad y no me arrepiento ni me quejo…
La lucha por lo que yo creo es la verdad no cesa porque imponderables decisiones del destino, por mano del poder político de turno, me obligaron al cierre de las puertas de mi revista Oiga. Siempre quedará la revista, lo escrito en ella, como el testimonio vital de mi compromiso conmigo mismo y con mis deberes cívicos y mi bandera inabdicable de ayer y de mañana, de siempre… Testimonio que continúa con mis libros y colaboraciones en la prensa…
Así reflexiono ahora, a la distancia, mientras termino de escribir la nota que todos los jueves leo, a las ocho de la mañana, en los micrófonos de Radio Libertad, dirigiéndome a un público masivo –la modernidad lo califica con las letras “C” y “D”—, que seguramente está más interesado en la problemática menuda de los escándalos públicos que en la meditación cívica, pero en el que la siembra de inquietudes mayores no es un desperdicio. Además, como que con esas notas y esporádicas colaboraciones en El Comercio mi conciencia se pone a salvo.
También pienso en el Perú y su futuro y, sin querer, mi atención se fija en el pasado, en ese territorio de desconcertadas gentes, en la caravana que se quedó en mitad del desierto, en la República Embrujada, donde más veces y mayor tiempo se obedeció a la voz de mando de los cuarteles que al mandato de las urnas; donde los breves ensayos de democracia han nacido, languidecido y muerto prematuramente a la sombra de los espadones cuartelarios. Y escucho a lo lejos la voz de Juan Ríos diciéndome: “Durante mucho tiempo los institutos armados desempeñaron el papel de perros de presa de la mal llamada oligarquía. El general Velasco –autor de la zoológica definición— intentó ubuescamente y sin participación popular el experimento de cambiar al Perú. El resultado inmediato de su obra fundamental –la reforma agraria— fue un desastroso traspié económico. Pienso, sin embargo, que, desde el punto de vista histórico, constituye un paso necesario que desgraciadamente no dio el régimen presidencial de Fernando Belaunde”.
¿Tienen razón estas palabras del poeta Ríos? Entrañable amigo y guía en las horas más oscuras de Oiga, salvo en las anteriores a las decisivas del destierro a México.
Difícil la pregunta y más compleja aún podría ser aún su respuesta si en el más allá siguieran en funciones los oídos y las cuerdas vocales de carne y hueso. El amigo Juan, de podernos replicar el comentario con el temperamento de su envoltura terrena, de seguro nos daría una respuesta sangrienta y breve. Sería una frase tan dolorosamente cruel como su: “¿Cree usted que hay país…?”, lanzado como respuesta a una pregunta que se le hizo sobre la patria, a la que mucho y muy honradamente quiso a pesar de haber quedado “podrida antes de madurar”.
Con tanta pasión la amó que un día del año 80, antes de los resultados electorales, quiso rezar así en Oiga: “Me parece que desde la Independencia el Perú ha vivido en permanente crisis ética, intelectual, física, económica y social. Nos hemos podrido antes de madurar. En un país que nunca tuvo clase dirigente ni escala de valores, donde el ejército ha matado más compatriotas en represiones y motines que soldados extranjeros en defensa de nuestro mutilado territorio. El pueblo, ignaro y desnutrido, no ha llegado aún a ser verdaderamente pueblo. No es su culpa. Es nuestra culpa. Perdónanos Señor”.
Como que Juan Ríos sintiera, igual que Octavio Paz con México, que los males del Perú fueron mas imputables a la Republica que al Virreinato, que a la prospera y potente Nueva castilla; solo comparable en America con Nueva España. También coincidía Juan con Eduardo Orrego, otro amigo entrañable, quien por esos años 80 impulsaba a los jóvenes como el a actuar de inmediato “antes de quedar como frutos podridos en el árbol, como nuestros mayores”…
Esto lo decía replicando a los que pedían maduración a la juventud accionpopulista.
Ni Juan Ríos ni Eduardo Orrego podrían rectificar ante los vivos su vision pesimista –no por ello menos amorosa– de la patria republicana. Los dos habitan desde hace algunos años el reino de los muertos, que es donde iremos a parar todos sin distinción de ricos y pobres, de tontos e inteligentes, de haraganes y hacendosos, de esclavos de la lujuria y vendedores de la carne, según esta explicado con Áurea grandiosidad por Calderón de la Barca en El Gran Teatro del Mundo y donde, de acuerdo al Dante, volveremos a ser catalogados de acuerdo a los designios de la divinidad y a la conducta de nuestras conciencias. Porque es en ellas, en las conciencias, donde esta la virtud o el pecado, no en los hechos mismos, vistos siempre con los ojos de cada época y que son materia para los fallos de la justicia humana, desde antiguo débil, por lo que leemos en el Quijote, a la presión de los poderosos y al sonido de las monedas.
He aquí esa penosa historia:
A fines de 1993, todos los periódicos, radios y televisoras —con excepción de El Comercio, Gestión y Canal 5— estaban quebrados. Se les habían acumulado millonarias deudas con la Sunat que crecían a velocidad geométrica por las moras y las multas. En teoría, el cierre de todos los medios de expresión –salvo las excepciones señaladas— era inminente... Dentro de esta situación Oiga se hallaba en una situación especial. Hasta hacia pocos meses había estado entre las excepciones, pues sus continuos desencuentros con distintos gobiernos obligaban a su administración a estar al día en los tributos, pieza clave para ajustes de cuenta con el Estado... Pero de pronto se había colocado en la disyuntiva de pagar la planilla de empleados o el impuesto del 18% a la venta del periódico, impuesto abusivo que no existe en ningún país que respete la cultura… La decisión había sido cubrir la planilla, ya que de lo contrario no aparecía la revista… Y de esta forma se inició también en Oiga el huaico de las multas y las moras… Su deuda global en esos momentos era, sin embargo, una insignificancia al lado de las otras publicaciones, aunque de cifras imposibles de cancelar para la debilitadísima economía de Oiga, castigada sin piedad por el sabotaje publicitario del Estado y de los amigos del gobierno y, además, descapitalizada por el esfuerzo que había hecho para estar al día en el pago de tributos…
En tales circunstancias, los directivos de la prensa acogotada por la Sunat, acuden donde el señor Santiago Fujimori, quien, por intermedio del publicista Óscar Dufour, era el hombre del régimen encargado de las relaciones con los medios de difusión. Para ello y para otros menesteres, Santiago Fujimori digitaba a la Sunat (todas las noches esta entidad le daba un informe detallado de sus actividades). Pero a esa reunión no se invitó expresamente a Oiga- Fue el único periódico con problemas excluido de ese cónclave en el que se llegó al acuerdo de que los medios cancelarían sus deudas con la Sunat colaborando con el gobierno en un gigantesco programa educativo.
A la reunión para concretar este acuerdo, sí fui invitado, porque, al parecer, no se quería que alguien de la oposición quedara excluido del arreglo, para que nadie estuviera libre de paja para criticarlo.
La citación la hizo el señor Alfredo Jailile, el hombre de la Caja del Ministerio de Economía y brazo derecho del poderoso ministro Jorge Camet, y el encuentro se produjo en el Ministerio, presidido por Jalilie, con el señor Carlos Orellana a su lado, como delegado de Palacio. También asistía el señor Federico Prieto Celi, del Ministerio de Educación, periodista de larga y limpia trayectoria, que se encargaría de monitorear el famoso programa de educación, cuyo objetivo era la impresión de millones de textos escolares y cuadernos que se haría en los talleres de diarios y revistas, etcétera, etcétera.
El acuerdo provisional acordado con el señor Santiago Fujimori –personaje central del régimen sin ningún cargo oficial responsable— era un enorme disparate.
-El proyecto no tenía pies ni cabeza— comencé diciendo, apenas se expuso la propuesta.
Prieto Celi, que había acudido con una serie de ayudantes y una ruma de modelos para escoger, abrió desconcertado los ojos, yo continué:
-Sería un disparate imprimir textos escolares en papel periódico y más todavía usar ese papel para cuadernos. La propaganda a favor del gobierno le resultaría al revés, pues esos cuadernos no servirían para nada y los libros se desbaratarían en un dos por tres.
-Se podrían hacer en bond.
-Si las rotativas usan el bond nacional destruirían sus rodillos por el polvillo que suelta ese papel… Y si se usa el bond importado la lavada va a resultar más cara que la camisa: tanto por el precio de ese bond como por los impuestos aduaneros y el IGV para el papel.
Cara de desolación en la sala. Prieto Celi se achicó detrás de las rumas de sus modelos. También Orellana sintió inseguridad en el piso. Alfredo Jaililie quedó imperturbable y me dedicó unas palabras de elogio.
Otros, más realistas, propusieron un arreglo publicitario. Los medios pagarían sus deudas a la Sunat con avisaje estatal.
Mientras se producía el debate, yo, que soy lerdo para expresarme verbalmente y porque se me podrían escapar algunos ajustados exabruptos, me dediqué a poner por escrito mis puntos de vista contrarios por completo al arreglo, ya que la solución no estaba en llegar a comprometidos acuerdos con el gobierno sino liberar de cierta carga tributaria a la cultura, como el 18% a las ventas, igual que en la mayoría por no decir en todos los países civilizados del mundo…. Y cuando se agotó el debate decidieron por el arreglo con avisaje, leí mi texto, que luego publiqué como editorial.
-No se pueden hacer excepciones con el IGV –fue la respuesta.
-¿Y por qué se exceptúa el juego de bolsa, a las aefepés y a otras actividades puramente lucrativas?
-La prensa no es cultura. Lean El Mañanero –metió su cuchara un funcionario, lector sin duda de basura amarilla.
Si no leyera usted periódicos no tendría usted su geografía ni si historia al día. Sería usted un analfabeto cultural. No cultivaría, si la tiene, su educación cívica.
Sin embargo, más tarde, por presión de la administración de Oiga, que se aferraba ilusamente a esperanzas imposibles, cedí y acepté el “arreglo”, que era muy simple: El tesoro público, o sea Jaililie, extendía un cheque por el monto de la deuda de cada empresa y ésta lo endosaba a la Sunat. A cambio de tan simple “arreglo”, el responsable –en el caso de Oiga, yo— aceptaba un pagaré con el gobierno, poniendo de garantía casa, autos, cuentas corrientes, etcétera, etcétera. Mientras que el Estado prometía –sin documento— publicar avisos hasta cumplir con el monto del pagaré.
Y, como estaba previsto, los anuncios o avisos se fueron publicando de acuerdo al capricho del régimen. Rápido y bien valoradas las notas en los periódicos amigos y lentas y mal pagadas en los órganos de la oposición radical.
-Podía haber sido nunca.
Por eso, apenas rescaté el comprometido pagaré, resolví liquidar Oiga, lo que no resultó fácil. Más mucho más complicado y difícil es desbaratar que crear una empresa.
¿Y la prensa que tenía en orden sus cuentas con la Sunat?...
Cuando se produjo el acuerdo protestó airado el canal 5, con un argumento válido: no era justo que se castigara a los cumplidos… Por lo que fueron premiados los que estaban al día. Y a Oiga se le volvió a discriminar. No se quiso hacer caso al alegato de que su situación era especial, pues siempre habían estado en orden sus pagos al fisco, con lo que se había descapitalizado, y siendo su retraso reciente… no podía ser tratado igual con los que nunca pagaron y no se descapitalizaron.
Su alegato fue al tacho de basura.
Todo esto lo miro con frialdad y no me arrepiento ni me quejo…
La lucha por lo que yo creo es la verdad no cesa porque imponderables decisiones del destino, por mano del poder político de turno, me obligaron al cierre de las puertas de mi revista Oiga. Siempre quedará la revista, lo escrito en ella, como el testimonio vital de mi compromiso conmigo mismo y con mis deberes cívicos y mi bandera inabdicable de ayer y de mañana, de siempre… Testimonio que continúa con mis libros y colaboraciones en la prensa…
Así reflexiono ahora, a la distancia, mientras termino de escribir la nota que todos los jueves leo, a las ocho de la mañana, en los micrófonos de Radio Libertad, dirigiéndome a un público masivo –la modernidad lo califica con las letras “C” y “D”—, que seguramente está más interesado en la problemática menuda de los escándalos públicos que en la meditación cívica, pero en el que la siembra de inquietudes mayores no es un desperdicio. Además, como que con esas notas y esporádicas colaboraciones en El Comercio mi conciencia se pone a salvo.
También pienso en el Perú y su futuro y, sin querer, mi atención se fija en el pasado, en ese territorio de desconcertadas gentes, en la caravana que se quedó en mitad del desierto, en la República Embrujada, donde más veces y mayor tiempo se obedeció a la voz de mando de los cuarteles que al mandato de las urnas; donde los breves ensayos de democracia han nacido, languidecido y muerto prematuramente a la sombra de los espadones cuartelarios. Y escucho a lo lejos la voz de Juan Ríos diciéndome: “Durante mucho tiempo los institutos armados desempeñaron el papel de perros de presa de la mal llamada oligarquía. El general Velasco –autor de la zoológica definición— intentó ubuescamente y sin participación popular el experimento de cambiar al Perú. El resultado inmediato de su obra fundamental –la reforma agraria— fue un desastroso traspié económico. Pienso, sin embargo, que, desde el punto de vista histórico, constituye un paso necesario que desgraciadamente no dio el régimen presidencial de Fernando Belaunde”.
¿Tienen razón estas palabras del poeta Ríos? Entrañable amigo y guía en las horas más oscuras de Oiga, salvo en las anteriores a las decisivas del destierro a México.
Difícil la pregunta y más compleja aún podría ser aún su respuesta si en el más allá siguieran en funciones los oídos y las cuerdas vocales de carne y hueso. El amigo Juan, de podernos replicar el comentario con el temperamento de su envoltura terrena, de seguro nos daría una respuesta sangrienta y breve. Sería una frase tan dolorosamente cruel como su: “¿Cree usted que hay país…?”, lanzado como respuesta a una pregunta que se le hizo sobre la patria, a la que mucho y muy honradamente quiso a pesar de haber quedado “podrida antes de madurar”.
Con tanta pasión la amó que un día del año 80, antes de los resultados electorales, quiso rezar así en Oiga: “Me parece que desde la Independencia el Perú ha vivido en permanente crisis ética, intelectual, física, económica y social. Nos hemos podrido antes de madurar. En un país que nunca tuvo clase dirigente ni escala de valores, donde el ejército ha matado más compatriotas en represiones y motines que soldados extranjeros en defensa de nuestro mutilado territorio. El pueblo, ignaro y desnutrido, no ha llegado aún a ser verdaderamente pueblo. No es su culpa. Es nuestra culpa. Perdónanos Señor”.
Como que Juan Ríos sintiera, igual que Octavio Paz con México, que los males del Perú fueron mas imputables a la Republica que al Virreinato, que a la prospera y potente Nueva castilla; solo comparable en America con Nueva España. También coincidía Juan con Eduardo Orrego, otro amigo entrañable, quien por esos años 80 impulsaba a los jóvenes como el a actuar de inmediato “antes de quedar como frutos podridos en el árbol, como nuestros mayores”…
Esto lo decía replicando a los que pedían maduración a la juventud accionpopulista.
Ni Juan Ríos ni Eduardo Orrego podrían rectificar ante los vivos su vision pesimista –no por ello menos amorosa– de la patria republicana. Los dos habitan desde hace algunos años el reino de los muertos, que es donde iremos a parar todos sin distinción de ricos y pobres, de tontos e inteligentes, de haraganes y hacendosos, de esclavos de la lujuria y vendedores de la carne, según esta explicado con Áurea grandiosidad por Calderón de la Barca en El Gran Teatro del Mundo y donde, de acuerdo al Dante, volveremos a ser catalogados de acuerdo a los designios de la divinidad y a la conducta de nuestras conciencias. Porque es en ellas, en las conciencias, donde esta la virtud o el pecado, no en los hechos mismos, vistos siempre con los ojos de cada época y que son materia para los fallos de la justicia humana, desde antiguo débil, por lo que leemos en el Quijote, a la presión de los poderosos y al sonido de las monedas.
sábado 2 de mayo de 2009
Canta claro por Francisco Igartua - "Hay que remover el agua para enturbiarla" - Diario Expreso 14/02/2004
EXPRESO 14/02/2004
CANTA CLARO
Por Francisco Igartua
Hay que remover el agua para enturbiarla
En tiempos remotos, cuando el agua se sacaba con balde de los ríos y nadie podía imaginar el servicio de agua potable a domicilio, se sabía que esta no debía moverse para que no se enturbiara De allí surgió el dicho de que quien remueve el agua es para confundir las cosas y evitar la claridad. Persiste, porque ella precisa descripción del afán por ocultar algo añadiéndole impertinentes comentarios a un hecho que, por sí solo, explica la situación por él creado.
Esta práctica política no es patrimonio nacional, pero en pocos sitios se da tan burdamente como aquí. Es el caso de la declaración de César Almeyda Publicada en Caretas antes de que se conocieran (aparte de algunos periodistas) las dimensiones del embrollo en que estaba comprometido el asesor y hombre de absoluta confianza del presidente Toledo. En esa declaración, sin duda espontánea, hecha por el pánico que le produjo saber que existía un audio de su diálogo con el general Villanueva y que iba a hacerse público, Almeyda confiesa que actuó como actuó por luz verde que le dio el entonces ministro Fernando Olivera, El que, después de una larga conversación en Palacio con el presidente Toledo, le haya sobrevenido una escalada de amnesia que fue disminuyendo sus recuerdos sobre Olivera, nada cambia su declaración primera.
Menos aún la revolvedera de aguas, resaltando la presencia de unos malandrinos que negociaban impúdicamente un audio cuya importancia no es lo que en él se dice, que no es mucho, sino prueba que nada quitan si ponen a lo dicho libremente por Almeyda, quien acaba de declarar que no será chivo expiatorio y revelará toda la verdad. O sea que aquietará las aguas y pondrá en ridículo los sicosociales de estos días, destinados a distraer a la ciudadanía de un asunto que no es anécdota, como se quiere hacerlo pasar, sino revelación de las entrañas de un régimen (Toledo-Olivera) obsesionado por controlar a la información, a sabiendas de que información es poder. Pero ellos no la quieren compartir con nadie y no usan los conductos regulares para obtenerla De allí las patinadas de Olivera. Entre otras, su apresurado viaje al Vaticano, como ministro de Estado, llevando cartas que comprometían al cardenal Cipriani y al Nuncio. Cartas fraguadas por alguien que estafó a Olivera y lo colocó no sólo en el ridículo, sino que puso en evidencia el modo de hacer política del líder del FIM. Para él (y al parecer también para Toledo) la intriga, la extorsión y el chantaje son su método de ejercer el poder. Basta recordar el vil ensañamiento que tuvo con Beatriz Merino cuando esta era parlamentaria y renunció al FIM. Para difamarla cobardemente acudió Olivera al EXPRESO subvencionado por Fujimori y del que era director su íntimo amigo, Calmell del Solar, en estos momentos fugado del país luego de una extrañísima orden de liberación dada un viernes para que de la cárcel llegara a la frontera.
El caso Almeyda-Villanueva no es una anécdota, es el hilo que lleva a descubrir las razones íntimas del desastre toledano.
Canta claro por Francisco Igartua - "La realidad no es lo que aparenta ser" - Diario Expreso 17/01/2004
EXPRESO 17/01/2004
CANTA CLARO
Por Francisco Igartua
La realidad no es
lo que aparenta ser
Lejos de aclarar el panorama político nacional, la presentación del gabinete Ferrero ante el Parlamento ha oscurecido aún más nuestra ya oscura vida política. La masiva abstención que impidió el voto de censura (aparte de tres votos de los propios interpelados) fue un gesto de respeto a la persona del doctor Carlos Ferrero, de fecunda actuación conciliadora mientras fue presidente del Congreso. No de esperanza en el equipo ministerial, de notoria baja calidad en su conjunto. Situación que ha puesto sobre el tapete la posibilidad de que el premier Ferrero resulte siendo otro fusible de Palacio. Al parecer, Toledo estaría deseoso de ser licenciado, pues no hay otra explicación a tanta torpeza para ir rebajando el nivel de sus colaboradores. En otras palabras, el Congreso se ha hecho eco del clamor ciudadano para que personalidades del nivel de Beatriz Merino y Carlos Ferrero tengan mayor participación en la selección de sus equipos ministeriales. Si esto no ocurre, la suerte del premier Ferrero está echada. Seguirá el camino de Beatriz Merino. ¿Y a dónde irá a parar nuestra inestable República?...
El tema no es, pues, lo que dijo o calló en su exposición el flamante Premier. Lo que importa es desentrañar el significado de las movidas políticas que se han producido en torno al nuevo gabinete. La más notoria, sin duda, han sido los primeros pasos del embajador del Perú en España, señor Fernando Olivera, para romper la alianza del FIM con el gobierno. Sus exigencias públicas para que el gobierno atienda una larga listó de reclamos (los mismos que la oposición ha venido haciendo desde el inicio del régimen de PP-FIM) no significa otra cosa que el propósito del señor Olivera de pasar a ser un nuevo y flamígero adversario del gobierno toledano, con la mirada puesta en las elecciones del 2006, en las que el líder fimista sueña llegar a la segunda vuelta como el abanderado del antiaprismo.
CANTA CLARO
Por Francisco Igartua
La realidad no es
lo que aparenta ser
Lejos de aclarar el panorama político nacional, la presentación del gabinete Ferrero ante el Parlamento ha oscurecido aún más nuestra ya oscura vida política. La masiva abstención que impidió el voto de censura (aparte de tres votos de los propios interpelados) fue un gesto de respeto a la persona del doctor Carlos Ferrero, de fecunda actuación conciliadora mientras fue presidente del Congreso. No de esperanza en el equipo ministerial, de notoria baja calidad en su conjunto. Situación que ha puesto sobre el tapete la posibilidad de que el premier Ferrero resulte siendo otro fusible de Palacio. Al parecer, Toledo estaría deseoso de ser licenciado, pues no hay otra explicación a tanta torpeza para ir rebajando el nivel de sus colaboradores. En otras palabras, el Congreso se ha hecho eco del clamor ciudadano para que personalidades del nivel de Beatriz Merino y Carlos Ferrero tengan mayor participación en la selección de sus equipos ministeriales. Si esto no ocurre, la suerte del premier Ferrero está echada. Seguirá el camino de Beatriz Merino. ¿Y a dónde irá a parar nuestra inestable República?...
El tema no es, pues, lo que dijo o calló en su exposición el flamante Premier. Lo que importa es desentrañar el significado de las movidas políticas que se han producido en torno al nuevo gabinete. La más notoria, sin duda, han sido los primeros pasos del embajador del Perú en España, señor Fernando Olivera, para romper la alianza del FIM con el gobierno. Sus exigencias públicas para que el gobierno atienda una larga listó de reclamos (los mismos que la oposición ha venido haciendo desde el inicio del régimen de PP-FIM) no significa otra cosa que el propósito del señor Olivera de pasar a ser un nuevo y flamígero adversario del gobierno toledano, con la mirada puesta en las elecciones del 2006, en las que el líder fimista sueña llegar a la segunda vuelta como el abanderado del antiaprismo.
Ya la vaca del Estado ha sido bastante ordeñada desde la embajada en España y desde su cuota de ministros. Ahora le toca ir montando la candidatura presidencial de Olivera, opositora a Toledo, con reclamos radicales que recién descubre y que hasta ahora ha venido callando, a pesar de estar viviendo (provechosamente) en las entrañas del régimen al que comienza a criticar con acidez. A pesar de tan claras evidencias de que Olivera prepara un próximo alejamiento del régimen, el presidente Toledo insiste en que su alianza con el FIM está "más fuerte que nunca" y lo mismo declara, aunque con menor énfasis, su socio, el embajador en España con presencia constante en Lima. Hipocresías de la política que a nadie engallan y que abren tremenda interrogante sobre cómo será el próximo escenario político peruano. ¿Será una nueva correlación de fuerzas que el premier Ferrero está esperando para tomar decisiones propias de concertación nacional?... Pronto se sabrá, pues la situación actual es tan crítica que no puede durar mucho.
Y un añadido final. Nada tiene de democrático el comentario que algunos políticos hacen contra los parlamentarios fujimoristas, por el "delito" de votar a favor del gobierno. Esa actitud intolerante, fascistoide, solo logrará que crezca cada vez más la votación a favor del viejo régimen. Esos parlamentarios tienen mandato popular, por lo general mayor que el de quienes pretenden excluirlos.
Canta claro por Francisco Igartua - "Arica: La del perro del hortelano" - Diario Expreso 10/01/2004
EXPRESO 21/06/2003
CANTA CLARO
Por Francisco Igartua
Arica: La del perro del hortelano
Tocar el tema político nacional se ha hecho algo así como dar vueltas en redondo sobre un solo eje, sobre una misma pesadilla: los desatinos gubernamentales con sus telenovelas de fondo. Es el caso del desacertado nombramiento del señor Ramírez Canchari como ministro de Trabajo. No por la gestión que va a cumplir (que podría desmentir las predicciones), sino porque el solo nombramiento tiene que haber desanimado a inversores y empresarios, quienes son los generadores de trabajo. En política los gestos dicen mucho. Y este dice lo contrario de lo que se quiso decir. Se trata de tan extremo masoquismo que parece deseo de suicidio.
No vale, pues, la pena de seguir tocando el tema. Pasemos más bien a los diálogos y entrevistas sobre la salida al mar, reclamada por Bolivia, asunto que ha animado nuestras últimas noches de televisión, revelando hechos que yo desconocía. Sé ahora, por boca de un diplomático peruano de nombradía, que el tratado de 1929 fue negociado directamente por el presidente Leguía, a espaldas de Torre Tagle. Lo que explica la evidente carga política de los complementos al tratado, complementos que en nada cambian la línea de frontera señalada en el documento (Arica pasó a plena soberanía chilena), pero sí añadían florentinismos limeños (no florentinos) para dar la falsa sensación de que el Perú no había abdicado soberanía total de esos territorios. Leguía, como político, quería salvar la cara y enredó las cosas, poniendo en aprietos no a Chile, sino a cualquier interés de terceros en la zona (Bolivia). Una posición de perro del hortelano que no come ni deja comer y que en nada ha beneficiado al Perú.
Quién sabe la intervención más interesante, no solo por lo que dijo, sino por lo que dejó entrever, fue la de Rodríguez Elizondo, periodista chileno que pasó años en el Perú y dejó amigos que mucho lo recuerdan. En palabras gratas a los oídos peruanos puntualizando la situación en concordancia con las recientes declaraciones del presidente Lagos, o sea, explicó que Chile tiene posiciones de Estado que no varían de un gobierno a otro y cuyo norte fue trazado por Diego Portales en el siglo XIX. También, sin querer queriendo, recordó que la salida al mar para Bolivia ya había sido concertada y aprobada en 1975 con el "abrazo de Charaña" entre los presidentes Banzer y Pinochet. No dijo más, porque ya estaba todo dicho: Chile no es responsable de que ese entredicho todavía no haya sido resuelto. Tampoco Bolivia, que había aprobado el acuerdo. No necesitaba decir que el Perú fue el responsable.
Frente a esta posición, que refleja una política nacional coherente, estable y firme, los declarantes peruanos jugaban con las palabras y se refugiaban en razones sentimentales derivadas de la derrota de 1879... Con semejante criterio, la Comunidad Europea (donde abundan las derrotas) no se habría formado, sería un nonato, capricho de algunos ilusos intelectuales y no la formidable potencia que es ahora.
La lección es clara. El Perú necesita un derrotero nacional y defender sus intereses. Por lo pronto, no debe entrometerse con propuestas extravagantes en el diferendo boliviano-chileno y sí defender, en el momento oportuno; sus límites marinos, donde están en juego millones de dólares.
Aquí acaban estas atropelladas líneas, porque el espacio es tirano en este oficio.
Canta claro por Francisco Igartua - "Excesivos excesos de la CVR" - Diario Expreso 21/06/2003
EXPRESO 21/06/2003
CANTA CLARO
Por Francisco Igartua
Excesivos excesos de la CVR
Al momento en que se va desvaneciendo dramáticamente la gobernabilidad en el país y asoma de nuevo el rostro mefítico del terrorismo, la Comisión de la Verdad ha llegado al extremo de viajar, ¡en busca de "apoyo político"!, a los EE.UU. Y, a la vez, sigue dando muestras de no tener una visión serena de la tarea que le fue encomendada. Con hipocresía frailuna quiere explicar su infeliz declaración de que Sendero y el MRTA son partidos políticos, alegando ahora que su intención es "reincorporar" esas bandas polpotianas al sistema democrático. Apunta así a borrar la publicidad que les dio a estos criminales, presentándolos en la Tv como chicos arrepentidos de un camino equivocado.
No, señores comisionados, no. Esas bandas asesinas no son partidos políticos y peor aun sería ¡reincorporarlos a la democracia! ¿Para qué? ¿Para, una vez libres, reincorporarse –aquí sí cabe el término reincorporación –a la lucha armada que ya está de retorno, con no pocos senderistas liberados entre sus filas?
Y, ¿qué "apoyo político" pueden estar buscando los comisionados en los EE. UU.? El único respaldo político que necesitan, y que ya tienen en exceso, es el que les da la prensa, la sociedad y el gobierno peruano. Sin embargo, descaradamente se proponen hacer lobby en Washington para presionar al Estado que los nombró y les cubre todos sus gastos –incluido este paseo– para que sus recomendaciones sean atendidas como un mandato. Dicen, también, que buscan financiar las reparaciones civiles a favor de las víctimas del horror desatado por Sendero, pero ojalá que no sólo sea financiación, porque al Estado peruano se le hace abrumador el pago de las indemnizaciones millonarias (a escala yanqui), que en estos casos impone la Corte Interamericana, de la que, curiosamente, se excluyen los EE.UU.
CANTA CLARO
Por Francisco Igartua
Excesivos excesos de la CVR
Al momento en que se va desvaneciendo dramáticamente la gobernabilidad en el país y asoma de nuevo el rostro mefítico del terrorismo, la Comisión de la Verdad ha llegado al extremo de viajar, ¡en busca de "apoyo político"!, a los EE.UU. Y, a la vez, sigue dando muestras de no tener una visión serena de la tarea que le fue encomendada. Con hipocresía frailuna quiere explicar su infeliz declaración de que Sendero y el MRTA son partidos políticos, alegando ahora que su intención es "reincorporar" esas bandas polpotianas al sistema democrático. Apunta así a borrar la publicidad que les dio a estos criminales, presentándolos en la Tv como chicos arrepentidos de un camino equivocado.
No, señores comisionados, no. Esas bandas asesinas no son partidos políticos y peor aun sería ¡reincorporarlos a la democracia! ¿Para qué? ¿Para, una vez libres, reincorporarse –aquí sí cabe el término reincorporación –a la lucha armada que ya está de retorno, con no pocos senderistas liberados entre sus filas?
Y, ¿qué "apoyo político" pueden estar buscando los comisionados en los EE. UU.? El único respaldo político que necesitan, y que ya tienen en exceso, es el que les da la prensa, la sociedad y el gobierno peruano. Sin embargo, descaradamente se proponen hacer lobby en Washington para presionar al Estado que los nombró y les cubre todos sus gastos –incluido este paseo– para que sus recomendaciones sean atendidas como un mandato. Dicen, también, que buscan financiar las reparaciones civiles a favor de las víctimas del horror desatado por Sendero, pero ojalá que no sólo sea financiación, porque al Estado peruano se le hace abrumador el pago de las indemnizaciones millonarias (a escala yanqui), que en estos casos impone la Corte Interamericana, de la que, curiosamente, se excluyen los EE.UU.
Todo esto no significa que olvidemos el espanto de lo ocurrido y no reflexionemos sobre cómo evitar que sectas sanguinarias como Sendero vuelvan a sembrar, en el Perú, el delirio de la violencia y las fuerzas del orden no vuelvan a cometer los crímenes que cometieron. Pero debe haber racionalidad en el análisis, y precisión y verdad a la hora de señalar responsabilidades. No es justo que se sindique de asesinos a quienes mataron en medio del accionar militar (que siempre será brutal), contra alzados en armas que cometían todo tipo de horrendas salvajadas contra indefensos campesinos y contra casi inermes policías. En una guerra, el movimiento de unas ramas hace que el soldado dispare al busto, pudiendo haberlas movido un conejo o un niño. Así es, y así será siempre la brutalidad de la guerra. Pero, otra cosa imperdonable y para no ser olvidada jamás, son las masacres en frío cometidas por algunos militares desquiciados. Ahí sí el olvido es un delito, igual al olvido del porqué y cómo se produjo tamaño desvarío de muerte.
Lo que falta en la Comisión de la Verdad es equilibrio y eso no podrá alcanzarlo con integrantes que, más que imparciales en la contienda, fueron amigos cercanos de la prensa que, sibilinamente, apoyó a Sendero.
Canta claro por Francisco Igartua - "Los soviets, Sra. Macher, no son un partido politico" - Diario Expreso 14/06/2003
EXPRESO 14/06/2003
CANTA CLARO
Por Francisco Igartua
Los soviets, Sra. Macher,
no son un partido político
Con estupor he visto y leído, en la prensa y la Tv de estos días, a respetables voceros de la sociedad civil (Tapia, Macher, De Althaus, Gorriti) dando cátedra de sabiduría política Lo han hecho, sin embargo, con tan vanidosos aires de perdonavidas que han acrecentado el disparate de calificar a Sendero Luminoso de partido político.
Frente a tan grande tontería no puedo dejar de aprovechar la ocasión para reírme un poco a costillas de estos defensores de la ideología como partido político. Reírme, porque enojarse sería un desperdicio de energías.
¿De dónde acá una ideología es partido político?... Otra cosa es que con base en ideologías se formen partidos políticos, entidades que solo pueden ser hijas de la democracia Los partidos políticos que niegan la posible existencia de competidores de su ideología (los partidos únicos, dueños de la verdad) no son partidos políticos. Son una partida, banda, asociación de facinerosos, porque su aspiración es liquidar a la democracia y establecer el totalitarismo. No son, repito, partidos políticos. Y las bandas criminales como Sendero o el MRTA lo son menos aun, porque se inician como delincuentes, en contraposición a la confrontación de ideologías que solo en democracia puede darse.
Al parecer, el origen marxista de algunos de los citados les hace creer que, como existen partidos comunistas a los cuales admiraron, el comunismo es partirlo político. No, señores Tapia y Macher. Cuando el comunismo, el fascismo y el nazismo llegan al poder y entronizan su camuflada ideología de partido único, dejan la apariencia de partidos políticos y se transforman en bandas criminales del aparato del Estado. El Soviet y el Reich son la negación de la democracia, que es, repito, confrontación de posiciones ideológicas, no producción de cadáveres. Ni Sendero ni el MRTA han pasado siquiera por la etapa del camuflaje.
El concepto de partido político, cuyo germen está en el diálogo griego, nace con la Revolución Francesa en cuanto esta deja de ser barullo y guillotina. Y un partido político está organizado cuando sus afiliados tienen un pensamiento igual frente a los problemas del Estado, más que cuando los aglutina una ideología. Puede haber, por ejemplo, católicos en partidos políticos contrapuestos.
Los partidos políticos son hijos legítimos de la democracia, de la confrontación de pareceres o, para decirlo con palabras de Federico More, "fundados en la coexistencia amistosa de todas las clases sociales; en la libre convivencia y en la honesta discrepancia". No tienen pues cabida en ella (en la democracia) los grupos, bandas o facciones que se proponen establecer una dictadura de pensamiento único. Darles categoría de partidos políticos a Sendero Luminoso o a los tupamaros es una aberración; es comparar, poner al mismo nivel, la barbarie nazi o soviética con el libre juego de las ideas e intereses en los que se funda la democracia.
Bien ha dicho, por lo tanto, presidente Paniagua cuando afirma que "Sendero, no fue, no es ni podrá ser un partido político porque, para serlo, hay que ser una organización que compita en democracia". Añadiendo que "democracia no es una lucha entre bandas criminales que pretenden imponer por la fuerza sus puntos de vista".
CANTA CLARO
Por Francisco Igartua
Los soviets, Sra. Macher,
no son un partido político
Con estupor he visto y leído, en la prensa y la Tv de estos días, a respetables voceros de la sociedad civil (Tapia, Macher, De Althaus, Gorriti) dando cátedra de sabiduría política Lo han hecho, sin embargo, con tan vanidosos aires de perdonavidas que han acrecentado el disparate de calificar a Sendero Luminoso de partido político.
Frente a tan grande tontería no puedo dejar de aprovechar la ocasión para reírme un poco a costillas de estos defensores de la ideología como partido político. Reírme, porque enojarse sería un desperdicio de energías.
¿De dónde acá una ideología es partido político?... Otra cosa es que con base en ideologías se formen partidos políticos, entidades que solo pueden ser hijas de la democracia Los partidos políticos que niegan la posible existencia de competidores de su ideología (los partidos únicos, dueños de la verdad) no son partidos políticos. Son una partida, banda, asociación de facinerosos, porque su aspiración es liquidar a la democracia y establecer el totalitarismo. No son, repito, partidos políticos. Y las bandas criminales como Sendero o el MRTA lo son menos aun, porque se inician como delincuentes, en contraposición a la confrontación de ideologías que solo en democracia puede darse.
Al parecer, el origen marxista de algunos de los citados les hace creer que, como existen partidos comunistas a los cuales admiraron, el comunismo es partirlo político. No, señores Tapia y Macher. Cuando el comunismo, el fascismo y el nazismo llegan al poder y entronizan su camuflada ideología de partido único, dejan la apariencia de partidos políticos y se transforman en bandas criminales del aparato del Estado. El Soviet y el Reich son la negación de la democracia, que es, repito, confrontación de posiciones ideológicas, no producción de cadáveres. Ni Sendero ni el MRTA han pasado siquiera por la etapa del camuflaje.
El concepto de partido político, cuyo germen está en el diálogo griego, nace con la Revolución Francesa en cuanto esta deja de ser barullo y guillotina. Y un partido político está organizado cuando sus afiliados tienen un pensamiento igual frente a los problemas del Estado, más que cuando los aglutina una ideología. Puede haber, por ejemplo, católicos en partidos políticos contrapuestos.
Los partidos políticos son hijos legítimos de la democracia, de la confrontación de pareceres o, para decirlo con palabras de Federico More, "fundados en la coexistencia amistosa de todas las clases sociales; en la libre convivencia y en la honesta discrepancia". No tienen pues cabida en ella (en la democracia) los grupos, bandas o facciones que se proponen establecer una dictadura de pensamiento único. Darles categoría de partidos políticos a Sendero Luminoso o a los tupamaros es una aberración; es comparar, poner al mismo nivel, la barbarie nazi o soviética con el libre juego de las ideas e intereses en los que se funda la democracia.
Bien ha dicho, por lo tanto, presidente Paniagua cuando afirma que "Sendero, no fue, no es ni podrá ser un partido político porque, para serlo, hay que ser una organización que compita en democracia". Añadiendo que "democracia no es una lucha entre bandas criminales que pretenden imponer por la fuerza sus puntos de vista".
Canta claro por Francisco Igartua - "El ejemplo argentino y la crisis peruana" - Diario Expreso 07/06/2003
EXPRESO 07/06/2003
CANTA CLARO
Por Francisco Igartua
El ejemplo argentino
y la crisis peruana
No es cierto que, como dice PPK, en el Perú todo se amelcocha, se amazamorra, insinuando que aquí nunca pasó ni pasará nada. Es esta una visión antigua, perversamente optimista. Hoy, dentro de esa viscosa realidad, hay nuevas variables que permiten avizorar un mañana diferente y más que incierto. No hay duda de que, si observamos con los ojos del pasado, sería fácil asegurar el desenlace del actual desgobierno en el que hemos caído luego de la salida en falso de los militares y la entrega del Ministerio de Educación a la comprobada eficacia política (no educativa) del partido Patria Roja, controlador del sindicalismo magisterial, solo confrontado por Pucallacta, un partido más rojo que Patria Roja. Mientras que la mayoría de maestros calla por miedo y porque la huelga le abre alguna esperanza de mejorar su suerte.
Frente a esta realidad –fallo estrepitoso del "¡basta ya!" presidencial y la inminente politización de los colegios–, la salida tradicional hubiera sido (antes de que se firmaran los 40 puntos que pondrán en manos del SUTEP la educación nacional) un golpe militar que detendría el problema, pero dejando intactas las causas de esas rebeldías. Hoy, semejante "solución" no es posible por razones evidentes; salvo que los EE UU vuelvan a viejas andadas y decidan que la redención peruana salga de los cuarteles, con lo cual habríamos vuelto a la “normalidad" que decía Martín Adán, o sea, a la mazamorra a la que se refiere PPK ¿Que esta decisión sería incongruente con el apoyo abierto del Departamento de Estado al candidato Toledo?... Sí, pero para los imperios la congruencia es muy elástica A estas provincias sudamericanas nos queda, pues, poco margen para hacer política propia.
Dentro de ese margen es que me aventuraré a puntualizar las posibles variantes de esta angustiosa situación. Por lo pronto, es totalmente equivocado creer que las decenas de miles que se manifestaron el martes en las calles de Lima y otras ciudades del país representan a las mayorías nacionales. Estas se pronuncian en las ánforas, no en las calles.
Lo que indican esas marchas es que la izquierda radical, cercana al senderismo, va tomando fuerza y podría alcanzar significativa presencia en el próximo Parlamento. Sin embargo, ¿habrá próximo Parlamento?... Me temo que no, Porque si, como es de prever, del desgobierno pasamos al caos, a la anarquía, no habrá elecciones. Se abrirá, un vacío de poder que, como siempre y en todas partes (De Gaulle en el 56), lo llenará la fuerza, no necesariamente militar en este caso. Esas minorías que capturan las calles podrían esta vez reemplazar a las milicias. Algo indeseable cuyo casi único remedio está en que los dirigentes nacionales adviertan que el gran problema peruano (la aguda presión social) lo tienen que enfrentar sin medias tintas, poniendo de lado los imbéciles dimes y diretes en los que están sumergidos. Y un paso indispensable para ello –no como solución, sino como gesto que abra las puertas del diálogo sincero entre los de arriba y los de abajo– es seguir el ejemplo del presidente argentino y reformular revolucionariamente el Presupuesto (no maquillarlo a la limeña), así como borrar cédulas vivas y otras vivezas. Es una aberración clamorosa que, frente al hambre de policías, maestros y enfermeras, haya muchos –muchísimos– funcionarios públicos que ganan miles de dólares mensuales; con derroche, además de viajes, custodios, propaganda.
A todo esto habría que añadir algo que, no por alambicado, deja de ser realista ¿por qué no puede haber un primer ministro jefe de gobierno, dejando que el Presidente ejerza como jefe de Estado? Sería un paso desesperado, avalado por la urgencia, que podría poner orden al desorden en el que vivimos.
CANTA CLARO
Por Francisco Igartua
El ejemplo argentino
y la crisis peruana
No es cierto que, como dice PPK, en el Perú todo se amelcocha, se amazamorra, insinuando que aquí nunca pasó ni pasará nada. Es esta una visión antigua, perversamente optimista. Hoy, dentro de esa viscosa realidad, hay nuevas variables que permiten avizorar un mañana diferente y más que incierto. No hay duda de que, si observamos con los ojos del pasado, sería fácil asegurar el desenlace del actual desgobierno en el que hemos caído luego de la salida en falso de los militares y la entrega del Ministerio de Educación a la comprobada eficacia política (no educativa) del partido Patria Roja, controlador del sindicalismo magisterial, solo confrontado por Pucallacta, un partido más rojo que Patria Roja. Mientras que la mayoría de maestros calla por miedo y porque la huelga le abre alguna esperanza de mejorar su suerte.
Frente a esta realidad –fallo estrepitoso del "¡basta ya!" presidencial y la inminente politización de los colegios–, la salida tradicional hubiera sido (antes de que se firmaran los 40 puntos que pondrán en manos del SUTEP la educación nacional) un golpe militar que detendría el problema, pero dejando intactas las causas de esas rebeldías. Hoy, semejante "solución" no es posible por razones evidentes; salvo que los EE UU vuelvan a viejas andadas y decidan que la redención peruana salga de los cuarteles, con lo cual habríamos vuelto a la “normalidad" que decía Martín Adán, o sea, a la mazamorra a la que se refiere PPK ¿Que esta decisión sería incongruente con el apoyo abierto del Departamento de Estado al candidato Toledo?... Sí, pero para los imperios la congruencia es muy elástica A estas provincias sudamericanas nos queda, pues, poco margen para hacer política propia.
Dentro de ese margen es que me aventuraré a puntualizar las posibles variantes de esta angustiosa situación. Por lo pronto, es totalmente equivocado creer que las decenas de miles que se manifestaron el martes en las calles de Lima y otras ciudades del país representan a las mayorías nacionales. Estas se pronuncian en las ánforas, no en las calles.
Lo que indican esas marchas es que la izquierda radical, cercana al senderismo, va tomando fuerza y podría alcanzar significativa presencia en el próximo Parlamento. Sin embargo, ¿habrá próximo Parlamento?... Me temo que no, Porque si, como es de prever, del desgobierno pasamos al caos, a la anarquía, no habrá elecciones. Se abrirá, un vacío de poder que, como siempre y en todas partes (De Gaulle en el 56), lo llenará la fuerza, no necesariamente militar en este caso. Esas minorías que capturan las calles podrían esta vez reemplazar a las milicias. Algo indeseable cuyo casi único remedio está en que los dirigentes nacionales adviertan que el gran problema peruano (la aguda presión social) lo tienen que enfrentar sin medias tintas, poniendo de lado los imbéciles dimes y diretes en los que están sumergidos. Y un paso indispensable para ello –no como solución, sino como gesto que abra las puertas del diálogo sincero entre los de arriba y los de abajo– es seguir el ejemplo del presidente argentino y reformular revolucionariamente el Presupuesto (no maquillarlo a la limeña), así como borrar cédulas vivas y otras vivezas. Es una aberración clamorosa que, frente al hambre de policías, maestros y enfermeras, haya muchos –muchísimos– funcionarios públicos que ganan miles de dólares mensuales; con derroche, además de viajes, custodios, propaganda.
A todo esto habría que añadir algo que, no por alambicado, deja de ser realista ¿por qué no puede haber un primer ministro jefe de gobierno, dejando que el Presidente ejerza como jefe de Estado? Sería un paso desesperado, avalado por la urgencia, que podría poner orden al desorden en el que vivimos.
jueves 30 de abril de 2009
FRANCISCO IGARTUA – EDITORIAL – Otra vez la inútil conseja de Brecht – Revista Oiga 11/08/1995
Se ha repetido tantas veces la conseja de Brecht, y tan inútilmente, que me parece perder el tiempo volverla a citar: Vinieron por el sastre de abajo, pero yo no era sastre... Vinieron por el vecino religioso, pero yo no era religioso... Hasta que vinieron por mí...
Lo mismo está ocurriendo hoy en el Perú y nadie o casi nadie se inmuta. La persecución no es contra ti, contra los individuos, sino contra las instituciones, muchas veces contra corporaciones adversas a tu sentir y ajenas a tu gremio, por lo que te quedas quieto, sin advertir que la próxima puede ser tu comunidad. Se agravió, por ejemplo, a los jueces y magistrados y se arrasó con la institución judicial... y muchos pensaron ¿por qué deberían preocuparse los que no eran jueces, o magistrados?... Lo mismo ocurrió con los Colegios Profesionales, pero como millones de peruanos no son profesionales ¿por qué habría de cundir la alarma?... Los municipios fueron atropellados, pero como la mayoría no es concejal ni pretenden serlo hubo silencio... Se vilipendió a los políticos y a los partidos y como ni partidos ni políticos son gratos cuando están lejos del poder, la multitud los repudió y los halló “tradicionales”, la nueva voz descalificadora... Ahora le ha tocado el turno a la Iglesia, y para agraviarla impunemente, con alevosía y ventaja, el agravio vino unido a un tema sobre el que la Iglesia sostiene una posición que no es bien vista por la mayoría de las gentes. Y la reacción es: ¿por qué rechazar esos agravios si uno no es religioso? ¿Por qué preocuparse por el manoseo a una institución que sostiene una posición diametralmente contraria a la libertad sexual, a la que uno es afecto?
El conflicto creado por el presidente de la República con su agresiva referencia, en el Mensaje del 28, al control de la natalidad, aderezada con unos cuantos insultos a la Iglesia, es un hecho político y no otra cosa. Un conflicto en el que nada tienen que ver las te de cobre, los condones, las abstinencias, las píldoras y ni siquiera el aborto. Se trata de un gesto político dirigido a someter a la Iglesia como institución, planteado en un terreno estratégicamente escogido para, en la confrontación buscada, el gobierno cuente con todas las circunstancias a su favor, ya que son los más y no los menos los que prefieren no ser molestados con interferencias morales a la hora del placer sexual y son numerosísimos los ciudadanos con odio natural a lo religioso, a lo sobrenatural, a la disciplina ética que no parta de la propia voluntad. Aparte de que no hay persona consciente que no se preocupe y alarme con el crecimiento de la natalidad en medio de la miseria, el hambre, el abandono y la ignorancia.
No se trata, como Expreso ha querido hacer creer, de que los exabruptos presidenciales contra la Iglesia se produjeron como apurada y simple respuesta a la homilía del Cardenal Vargas Alzamora en el Te Deum, en la que éste hizo genérica y conceptual referencia a las obligaciones de los gobernantes. No. El Mensaje se produce poco después del Te Deum y fue leído. Era un texto escrito de antemano. Los insultos de “vacas sagradas y tabúes que se derrumban” fueron, pues, premeditadamente consignados en el Mensaje para crear el conflicto político. Más todavía, al día siguiente y al subsiguiente, en El Peruano, el periódico oficial del Estado -o sea de todos los peruanos-, aparecen dos artículos donde se insulta a la Iglesia hasta la náusea -ver sección En el Perú-, bajo la firma del secretario del presidente Fujimori.
La intención política no puede estar más clara y sólo a los ingenuos se les ocurre caer en el juego y ensartarse en la oscura polémica sobre métodos para lograr el sexo seguro. La Iglesia, con habilidad antigua, no cayó en el anzuelo. Planteó, en un comunicado del pleno episcopal, su razonado rechazo al aborto, al asesinato de una vida ya nacida, expuso su doctrina sobre los métodos de planificación familiar y con un largo capotazo alejó de sus terrenos al toro bravo que el gobierno le había soltado. Y para rematar la faena, con sosiego de civilización añeja, monseñor Irizar explicó: “Cada pareja y persona es responsable de su vida conyugal; en ese sentido nosotros ayudamos -desde la Iglesia- a formar conciencia, pues, al final, cada persona decide en su conciencia ante Dios. Por eso, al santuario de la conciencia, no entramos; ahí no entra nadie, mucho menos el Estado”. En resumen, la Iglesia no propone ni alienta una política poblacional. Ese es terreno del Estado. Lo que la Iglesia tiene es una doctrina al respecto que los fieles a ella y los hombres de buena voluntad están en libertad de seguir. Una doctrina que no propugna la procreación irresponsable sino la paternidad responsable y a la que le preocupa no tanto el número de habitantes sino la forma como estos aumentan.
Lo mismo está ocurriendo hoy en el Perú y nadie o casi nadie se inmuta. La persecución no es contra ti, contra los individuos, sino contra las instituciones, muchas veces contra corporaciones adversas a tu sentir y ajenas a tu gremio, por lo que te quedas quieto, sin advertir que la próxima puede ser tu comunidad. Se agravió, por ejemplo, a los jueces y magistrados y se arrasó con la institución judicial... y muchos pensaron ¿por qué deberían preocuparse los que no eran jueces, o magistrados?... Lo mismo ocurrió con los Colegios Profesionales, pero como millones de peruanos no son profesionales ¿por qué habría de cundir la alarma?... Los municipios fueron atropellados, pero como la mayoría no es concejal ni pretenden serlo hubo silencio... Se vilipendió a los políticos y a los partidos y como ni partidos ni políticos son gratos cuando están lejos del poder, la multitud los repudió y los halló “tradicionales”, la nueva voz descalificadora... Ahora le ha tocado el turno a la Iglesia, y para agraviarla impunemente, con alevosía y ventaja, el agravio vino unido a un tema sobre el que la Iglesia sostiene una posición que no es bien vista por la mayoría de las gentes. Y la reacción es: ¿por qué rechazar esos agravios si uno no es religioso? ¿Por qué preocuparse por el manoseo a una institución que sostiene una posición diametralmente contraria a la libertad sexual, a la que uno es afecto?
El conflicto creado por el presidente de la República con su agresiva referencia, en el Mensaje del 28, al control de la natalidad, aderezada con unos cuantos insultos a la Iglesia, es un hecho político y no otra cosa. Un conflicto en el que nada tienen que ver las te de cobre, los condones, las abstinencias, las píldoras y ni siquiera el aborto. Se trata de un gesto político dirigido a someter a la Iglesia como institución, planteado en un terreno estratégicamente escogido para, en la confrontación buscada, el gobierno cuente con todas las circunstancias a su favor, ya que son los más y no los menos los que prefieren no ser molestados con interferencias morales a la hora del placer sexual y son numerosísimos los ciudadanos con odio natural a lo religioso, a lo sobrenatural, a la disciplina ética que no parta de la propia voluntad. Aparte de que no hay persona consciente que no se preocupe y alarme con el crecimiento de la natalidad en medio de la miseria, el hambre, el abandono y la ignorancia.
No se trata, como Expreso ha querido hacer creer, de que los exabruptos presidenciales contra la Iglesia se produjeron como apurada y simple respuesta a la homilía del Cardenal Vargas Alzamora en el Te Deum, en la que éste hizo genérica y conceptual referencia a las obligaciones de los gobernantes. No. El Mensaje se produce poco después del Te Deum y fue leído. Era un texto escrito de antemano. Los insultos de “vacas sagradas y tabúes que se derrumban” fueron, pues, premeditadamente consignados en el Mensaje para crear el conflicto político. Más todavía, al día siguiente y al subsiguiente, en El Peruano, el periódico oficial del Estado -o sea de todos los peruanos-, aparecen dos artículos donde se insulta a la Iglesia hasta la náusea -ver sección En el Perú-, bajo la firma del secretario del presidente Fujimori.
La intención política no puede estar más clara y sólo a los ingenuos se les ocurre caer en el juego y ensartarse en la oscura polémica sobre métodos para lograr el sexo seguro. La Iglesia, con habilidad antigua, no cayó en el anzuelo. Planteó, en un comunicado del pleno episcopal, su razonado rechazo al aborto, al asesinato de una vida ya nacida, expuso su doctrina sobre los métodos de planificación familiar y con un largo capotazo alejó de sus terrenos al toro bravo que el gobierno le había soltado. Y para rematar la faena, con sosiego de civilización añeja, monseñor Irizar explicó: “Cada pareja y persona es responsable de su vida conyugal; en ese sentido nosotros ayudamos -desde la Iglesia- a formar conciencia, pues, al final, cada persona decide en su conciencia ante Dios. Por eso, al santuario de la conciencia, no entramos; ahí no entra nadie, mucho menos el Estado”. En resumen, la Iglesia no propone ni alienta una política poblacional. Ese es terreno del Estado. Lo que la Iglesia tiene es una doctrina al respecto que los fieles a ella y los hombres de buena voluntad están en libertad de seguir. Una doctrina que no propugna la procreación irresponsable sino la paternidad responsable y a la que le preocupa no tanto el número de habitantes sino la forma como estos aumentan.
FRANCISCO IGARTUA – EDITORIAL – Fujimori forever – Revista Oiga 4/08/1995
Todo estaba en orden, dispuesto espectacularmente: los presidentes de Sudamérica en pleno —excepto el del Ecuador—, bien a la vista, dando la espalda a la bancada de la oposición; en el resto del hemiciclo, con las manos en los pupitres listas para aplaudir, la bancada oficialista... De pronto la Marcha de Banderas, los tatachines y ningún empujón. Todo en orden. En el estrado apareció con la banda impecable, cruzada al pecho, el presidente Alberto Fujimori. Vestía de oscuro, con elegancia... Los trucos de escena eran visibles. Pero, de los ahí presentes, el único que estaba al tanto del ritual organizado era Fujimori, quien daba las órdenes á un lado y a otro. Luego, sin preámbulo, comenzó el presidente su discurso, con tono de mando y voz de cuartel. Esas parrafadas iniciales, resumen de sus cinco primeros años de gobierno, los selló pidiendo un minuto de silencio por todos los peruanos muertos en estos años de guerra civil. Por todos, “porque todos, hasta los senderistas, son peruanos”. Un clarín vibrante —previamente ensayado sin duda— acompañó al sepulcral silencio de la Asamblea. Cerca del clarín había una cantante... El presidente de acercó a la presidenta del Congreso y le colocó la insignia de Jefe de Estado. La señora doña Martha Chávez de Ocampo no sabía qué hacer con la banda que le había puesto Fujimori. Parecía enredada en ella, en el clarín y en la cantante que tenía a la vista; cantante a la que le correspondió coronar con su bella voz la segunda parte del discurso del presidente, concluido con un estudiado “y así podremos decir somos libres, seámoslo siempre”, dándole entrada al operático himno nacional en la solitaria voz de Cecilia Barraza.
En el mismo orden que se montó y se desenvolvió la espectacular y solemne Asamblea —teniendo como único director y actor al presidente Fujimori— ésta se disolvió. (Nadie vio ni sintió, ni siquiera los sabuesos de la prensa, a los vicepresidentes. Estuvieron como ausentes).
¿Acaso no hubo discurso?
Bueno, sí. Y hasta dos o uno en dos partes. Pero la puesta en escena y los trucos teatrales fueron parte integral del Mensaje presidencial, reforzaron la lectura del presidente Fujimori, resaltando su contenido autocrático que muchas veces quedó velado o disimulado en sus palabras.
La primera parte, muy breve, antes del juego de quita y puestas de banda, la dedicó Fujimori a hacer un recuento altisonante, con aires marciales, de los reconocidos logros de su primer período —salvataje de la economía, devolución de la tranquilidad a la ciudadanía, redimensionamiento del aparato del Estado—; logros que no sólo nadie niega sino que hasta la oposición aplaude, aunque no como la mayoría, que lo hace sin razonamiento alguno. No hubo, eso sí, un mínimo de autocrítica. Sólo después de este acto, en declaraciones a la prensa, el presidente Fujimori se lamentó de no haber podido cumplir su promesa de liquidar por completo a Sendero antes del 28 de Julio del 95. La reorganización de la banda terrorista es tan evidente que era imposible no reconocer el hecho. Sin embargo, dejando entrever que él es todopoderoso hasta más allá de la muerte, añadió que el camarada ‘Feliciano’ no se le iba a escapar ni en el cielo ni en el purgatorio, “que es donde seguramente está”.
La segunda parte o segundo discurso fue el planteamiento, en líneas generales, de lo que será su segundo quinquenio: más de lo mismo, pero mejor. Lo que bastó para satisfacer y hasta hacer delirar a las mayorías, que cada vez son más grandes y más disparatadas en sus opiniones. Por ejemplo, el porcentaje de peruanos (14%) que consideran a Fujimori el personaje principal de nuestra historia es mucho mayor que el porcentaje (8%) de los que prefieren a don Miguel Grau, el héroe de Angamos.
Trató de planes y metas a futuro que muchos de los propios partidarios de Fujimori han considerado demasiado vagas e imprecisas, demasiado breves. Han faltado –dicen– referencias precisas sobre economía, sobre la estructura del Estado que él esta inventando, sobre las reformas que el presidente tiene in péctore... Pero pueda que en este punto esos fujimoristas anden equivocados. Lo que un jefe de Estado traza en estas ocasiones no es un programa minucioso por hacer sino un lineamiento general de la ruta a seguir. Lo que hace es señalar el rumbo.
Y el nimbo planteado por Fujimori no es equivocado. Ha acertado al hacer hincapié en que la educación será la preocupación central del Estado en el próximo quinquenio; porque así como no hay desarrollo real y sostenido sin democracia –democracia sin añadidos como explicó el presidente Sanguinetti en Canal 4–, tampoco lo habrá sin cultura, sin una población debidamente educada. No está, pues, errado el presidente en el rumbo señalado.
Pero ¿cuál será el tipo de educación que tiene en mente el presidente Fujimori?... Aquí ya el terreno se ablanda y el panorama se hace confuso. Lo que nos obliga a mirar hacia atrás y revisar lo ya hecho. Por ejemplo, en el campo económico es evidente que Fujimori no se dio el trabajo diseñar una política económica. Le bastó con ponerse a órdenes del FMI y del Banco Mundial. Y en ese camino andamos. En el problema terrorista se confió en los planes del Ejército y tuvo éxito, aunque hoy se va viendo que los métodos policiales son más eficaces... ¿Cuál será la receta educativa?
Por lo pronto, hasta hoy, el concepto que el régimen tiene de educación y de cultura no es alentador. Por un lado da muestras de creer críe educar es sólo construir escuelas y repartir computadoras y, por otro, ha demostrado que no tiene idea del valor de los libros ni de la lectura en general. ¡Durante cinco años en el Perú se ha estado pagando 35.5% de impuesto al papel!
Es de esperar que las cosas cambien al haber hecho primer ministro al ministro de Educación.
Pero el Mensaje presidencial no se limitó a señalar metas, plazos y aspiraciones, también tuvo una buena cuota de ají y pimienta, dedicando una parte del picante a hacer demagogia populista con el pan, lo que lo llevó a deslizarse hacia la lucha de clases, a azuzar a los de abajo contra los de arriba y a darles un susto a los harineros.
El gran picor lo reservó para la Iglesia, con la jerarquía nacional presente en el hemiciclo. Sin ninguna delicadeza le lanzó el agravio- de vaca sagrada, dejando entrever que el Estado auspiciará el control de la natalidad, incluido el aborto. Más tarde negó lo del aborto en rueda de prensa, pero dejó entero el agravio y la posibilidad de que –como dice uno de los cuadernillos del “Pajarillo Verde”– el Estado aplicaría la esterilización compulsiva “en los grupos culturalmente atrasados y económicamente pauperizados”... Con la habilidad ya demostrada frente al Poder Judicial, a los Municipios, al Poder Electoral y a otras instituciones, Fujimori ha embestido a la Iglesia en un tema controvertido y en el que la posición religiosa no goza de simpatía. Con ello no trata Fujimori de colocar en lugares separados el ‘trono’ y el altar –lo que ya ocurre y es saludable– sino de lograr que el `trono’ impere sobre el altar y sobre cualquier otra institución. Y esto es mucho, es desvarío. Es querer imitar a Napoleón, olvidando Santa Elena.
En el mismo orden que se montó y se desenvolvió la espectacular y solemne Asamblea —teniendo como único director y actor al presidente Fujimori— ésta se disolvió. (Nadie vio ni sintió, ni siquiera los sabuesos de la prensa, a los vicepresidentes. Estuvieron como ausentes).
¿Acaso no hubo discurso?
Bueno, sí. Y hasta dos o uno en dos partes. Pero la puesta en escena y los trucos teatrales fueron parte integral del Mensaje presidencial, reforzaron la lectura del presidente Fujimori, resaltando su contenido autocrático que muchas veces quedó velado o disimulado en sus palabras.
La primera parte, muy breve, antes del juego de quita y puestas de banda, la dedicó Fujimori a hacer un recuento altisonante, con aires marciales, de los reconocidos logros de su primer período —salvataje de la economía, devolución de la tranquilidad a la ciudadanía, redimensionamiento del aparato del Estado—; logros que no sólo nadie niega sino que hasta la oposición aplaude, aunque no como la mayoría, que lo hace sin razonamiento alguno. No hubo, eso sí, un mínimo de autocrítica. Sólo después de este acto, en declaraciones a la prensa, el presidente Fujimori se lamentó de no haber podido cumplir su promesa de liquidar por completo a Sendero antes del 28 de Julio del 95. La reorganización de la banda terrorista es tan evidente que era imposible no reconocer el hecho. Sin embargo, dejando entrever que él es todopoderoso hasta más allá de la muerte, añadió que el camarada ‘Feliciano’ no se le iba a escapar ni en el cielo ni en el purgatorio, “que es donde seguramente está”.
La segunda parte o segundo discurso fue el planteamiento, en líneas generales, de lo que será su segundo quinquenio: más de lo mismo, pero mejor. Lo que bastó para satisfacer y hasta hacer delirar a las mayorías, que cada vez son más grandes y más disparatadas en sus opiniones. Por ejemplo, el porcentaje de peruanos (14%) que consideran a Fujimori el personaje principal de nuestra historia es mucho mayor que el porcentaje (8%) de los que prefieren a don Miguel Grau, el héroe de Angamos.
Trató de planes y metas a futuro que muchos de los propios partidarios de Fujimori han considerado demasiado vagas e imprecisas, demasiado breves. Han faltado –dicen– referencias precisas sobre economía, sobre la estructura del Estado que él esta inventando, sobre las reformas que el presidente tiene in péctore... Pero pueda que en este punto esos fujimoristas anden equivocados. Lo que un jefe de Estado traza en estas ocasiones no es un programa minucioso por hacer sino un lineamiento general de la ruta a seguir. Lo que hace es señalar el rumbo.
Y el nimbo planteado por Fujimori no es equivocado. Ha acertado al hacer hincapié en que la educación será la preocupación central del Estado en el próximo quinquenio; porque así como no hay desarrollo real y sostenido sin democracia –democracia sin añadidos como explicó el presidente Sanguinetti en Canal 4–, tampoco lo habrá sin cultura, sin una población debidamente educada. No está, pues, errado el presidente en el rumbo señalado.
Pero ¿cuál será el tipo de educación que tiene en mente el presidente Fujimori?... Aquí ya el terreno se ablanda y el panorama se hace confuso. Lo que nos obliga a mirar hacia atrás y revisar lo ya hecho. Por ejemplo, en el campo económico es evidente que Fujimori no se dio el trabajo diseñar una política económica. Le bastó con ponerse a órdenes del FMI y del Banco Mundial. Y en ese camino andamos. En el problema terrorista se confió en los planes del Ejército y tuvo éxito, aunque hoy se va viendo que los métodos policiales son más eficaces... ¿Cuál será la receta educativa?
Por lo pronto, hasta hoy, el concepto que el régimen tiene de educación y de cultura no es alentador. Por un lado da muestras de creer críe educar es sólo construir escuelas y repartir computadoras y, por otro, ha demostrado que no tiene idea del valor de los libros ni de la lectura en general. ¡Durante cinco años en el Perú se ha estado pagando 35.5% de impuesto al papel!
Es de esperar que las cosas cambien al haber hecho primer ministro al ministro de Educación.
Pero el Mensaje presidencial no se limitó a señalar metas, plazos y aspiraciones, también tuvo una buena cuota de ají y pimienta, dedicando una parte del picante a hacer demagogia populista con el pan, lo que lo llevó a deslizarse hacia la lucha de clases, a azuzar a los de abajo contra los de arriba y a darles un susto a los harineros.
El gran picor lo reservó para la Iglesia, con la jerarquía nacional presente en el hemiciclo. Sin ninguna delicadeza le lanzó el agravio- de vaca sagrada, dejando entrever que el Estado auspiciará el control de la natalidad, incluido el aborto. Más tarde negó lo del aborto en rueda de prensa, pero dejó entero el agravio y la posibilidad de que –como dice uno de los cuadernillos del “Pajarillo Verde”– el Estado aplicaría la esterilización compulsiva “en los grupos culturalmente atrasados y económicamente pauperizados”... Con la habilidad ya demostrada frente al Poder Judicial, a los Municipios, al Poder Electoral y a otras instituciones, Fujimori ha embestido a la Iglesia en un tema controvertido y en el que la posición religiosa no goza de simpatía. Con ello no trata Fujimori de colocar en lugares separados el ‘trono’ y el altar –lo que ya ocurre y es saludable– sino de lograr que el `trono’ impere sobre el altar y sobre cualquier otra institución. Y esto es mucho, es desvarío. Es querer imitar a Napoleón, olvidando Santa Elena.
FRANCISCO IGARTUA – EDITORIAL – De sainetes y tragedias – Revista Oiga 24/07/1995
En un mundo políticamente irracional, donde, por un lado, asistimos a la portentosa presencia del ingenio humano en la sideral atmósfera de Júpiter y, por otro, observamos las atroces -espeluznantes- matanzas de Bosnia y Chechenia, acaso parezcan sainetes las tragedias y los triunfos que nos rodean a los peruanos. Pero pueda que no tanto si tomamos en cuenta la relatividad de las cosas y si pensamos que siempre es uno mismo el eje del universo. Porque siendo descomunal la hazaña de visitar Júpiter -aunque sólo sea por medio de sondas espaciales y más que aborrecible la irresolución con la que mira Europa las horrendas salvajadas que ocurren en Bosnia, en el propio territorio europeo, no deja -guardando las distancias- de ser dramática para nosotros la realidad peruana de estos días, de indudables logros económicos -cierto que sin llegar todavía a los peruanos de a pie- y, a la vez, de vergonzosas caídas en los abismos de la incultura cívica. Mejor dicho: más que caídas, recaídas en el primitivismo político.
Hace años, un hombre pintoresco pero de aguda percepción de su ambiente, el iqueño don Temístocles Rocha, expresaba así, desafiante, el carácter del autoritarismo odriísta del que él era capitoste:
-¿Qué importa la Constitución si somos la mayoría?
Exactamente el mismo pensamiento que en estos días han expresado dos damas, de pantalones puestos y representativos del régimen fujimorista, las dos del mismo nombre: Martha. Las dos con t y h. Y ninguna de ellas chacarera como don Temístocles sino mujeres ilustradas, con título académico, y una de ellas de renombre internacional.
Para las señoras Chávez y Hildebrandt -aquí sí igualadas en ideas, en ideología, con don Temístocles Rocha- las mayorías mandan y no han sido elegidas para perder tiempo en discusiones con las minorías sino para “hacer las cosas que se tienen que hacer en el momento indicado...”
Razones sin duda recias, elementales, como las del rucio de Sancho Panza... Pero por ello nada valederas. No están dirigidas a convencer sino a imponerse. Y sin duda se impondrán mientras las mayorías sigan prefiriendo doblegarse a reclamar sus derechos y mientras la fuerza de las armas, como en tiempos de Odría, respalden la filosofía -la ideología- del pragmatismo, del que manda porque tiene más votos en el Congreso y las armas de los cuarteles, aunque ordene disparates revestidos de sedas que parezcan sensateces.
No, señoras y señores de la mayoría, el mandato del pueblo no obliga a las mayorías a mandar sino a gobernar, con la disciplina severa de la ley, y a respetar los derechos de las minorías. Eso es democracia. Imponerse por medio de las bayonetas o por proyectos “sorpresa” en el Parlamento no es gobernar; eso es autoritarismo, es cesarismo, es capricho napoleónico.
Naturalmente que la democracia sería aberrante -aparte de ser un imposible- si fuera la imposición de las minorías. Seria el desorden, la anarquía. Pero esto no quiere decir que las minorías deban estar pintadas en la pared. Democracia es diálogo y no puede haber diálogo si no hay dos o más planteamientos contrapuestos. Y democracia -igual que diálogo- también es meditación, es doble instancia, es la negación del apresuramiento por hacer. Alguna razón habrá para que en todas las democracias bien asentadas, en las comunidades altamente desarrolladas, nunca deje de haber un Senado, que es la parte reflexiva de la institución parlamentaria, el hemiciclo de la meditación, donde madura la confrontación habida en la Cámara Baja.
Mandar al caballazo no es gobernar, es desgobernar un país, es habituarlo al acatamiento ciego y temeroso, no es formar ciudadanos sino reclutas. Y con reclutas se puede ir a la guerra no a la conquista de un puesto en la comunidad de las naciones desarrolladas o, como se dice ahora, en la modernidad.
Esta es una verdad tan firme como un templo y, desgraciadamente, el distintivo principal del régimen fujimorista es ese estilo: prepotente, autoritario, aunque lo niegue la señora Chávez, quien no logra captar que es autoritarismo y del peor el declarar -como ella acaba de hacerlo- que seguirán habiendo “leyes de medianoche” porque “el trabajo nocturno honra a quienes lo hacen”, añadiendo que “no hay que cuidarse demasiado de lo que dice la prensa, ni tener timidez a ejercer mayoría”.
Pero, peor aún: este régimen no se cansa de demostrar que es él la única autoridad, la única institución que ordena y dispone en el país. No otra cosa significa, por ejemplo, la reciente amonestación de amedrentamiento que el gobierno le ha hecho llegar, indirecta, mente por medio de la Corte, a la jueza Antonia Saquicuray, por el delito de haber actuado en conciencia y fallado que la Ley de Amnistía, por recta interpretación constitucional, no alcanzaba a los asesinos de Barrios Altos. Esto es algo más que el “¿qué importa la Constitución si somos mayoría?”. Es la vigilancia y control que sobre toda la institucionalidad nacional ejerce, de manera secreta y sutil, un Poder Ejecutivo no tan claro y explícito como aparece. Un etilo de gobernar que en todas partes del mundo se entiende como fascismo.
Hace años, un hombre pintoresco pero de aguda percepción de su ambiente, el iqueño don Temístocles Rocha, expresaba así, desafiante, el carácter del autoritarismo odriísta del que él era capitoste:
-¿Qué importa la Constitución si somos la mayoría?
Exactamente el mismo pensamiento que en estos días han expresado dos damas, de pantalones puestos y representativos del régimen fujimorista, las dos del mismo nombre: Martha. Las dos con t y h. Y ninguna de ellas chacarera como don Temístocles sino mujeres ilustradas, con título académico, y una de ellas de renombre internacional.
Para las señoras Chávez y Hildebrandt -aquí sí igualadas en ideas, en ideología, con don Temístocles Rocha- las mayorías mandan y no han sido elegidas para perder tiempo en discusiones con las minorías sino para “hacer las cosas que se tienen que hacer en el momento indicado...”
Razones sin duda recias, elementales, como las del rucio de Sancho Panza... Pero por ello nada valederas. No están dirigidas a convencer sino a imponerse. Y sin duda se impondrán mientras las mayorías sigan prefiriendo doblegarse a reclamar sus derechos y mientras la fuerza de las armas, como en tiempos de Odría, respalden la filosofía -la ideología- del pragmatismo, del que manda porque tiene más votos en el Congreso y las armas de los cuarteles, aunque ordene disparates revestidos de sedas que parezcan sensateces.
No, señoras y señores de la mayoría, el mandato del pueblo no obliga a las mayorías a mandar sino a gobernar, con la disciplina severa de la ley, y a respetar los derechos de las minorías. Eso es democracia. Imponerse por medio de las bayonetas o por proyectos “sorpresa” en el Parlamento no es gobernar; eso es autoritarismo, es cesarismo, es capricho napoleónico.
Naturalmente que la democracia sería aberrante -aparte de ser un imposible- si fuera la imposición de las minorías. Seria el desorden, la anarquía. Pero esto no quiere decir que las minorías deban estar pintadas en la pared. Democracia es diálogo y no puede haber diálogo si no hay dos o más planteamientos contrapuestos. Y democracia -igual que diálogo- también es meditación, es doble instancia, es la negación del apresuramiento por hacer. Alguna razón habrá para que en todas las democracias bien asentadas, en las comunidades altamente desarrolladas, nunca deje de haber un Senado, que es la parte reflexiva de la institución parlamentaria, el hemiciclo de la meditación, donde madura la confrontación habida en la Cámara Baja.
Mandar al caballazo no es gobernar, es desgobernar un país, es habituarlo al acatamiento ciego y temeroso, no es formar ciudadanos sino reclutas. Y con reclutas se puede ir a la guerra no a la conquista de un puesto en la comunidad de las naciones desarrolladas o, como se dice ahora, en la modernidad.
Esta es una verdad tan firme como un templo y, desgraciadamente, el distintivo principal del régimen fujimorista es ese estilo: prepotente, autoritario, aunque lo niegue la señora Chávez, quien no logra captar que es autoritarismo y del peor el declarar -como ella acaba de hacerlo- que seguirán habiendo “leyes de medianoche” porque “el trabajo nocturno honra a quienes lo hacen”, añadiendo que “no hay que cuidarse demasiado de lo que dice la prensa, ni tener timidez a ejercer mayoría”.
Pero, peor aún: este régimen no se cansa de demostrar que es él la única autoridad, la única institución que ordena y dispone en el país. No otra cosa significa, por ejemplo, la reciente amonestación de amedrentamiento que el gobierno le ha hecho llegar, indirecta, mente por medio de la Corte, a la jueza Antonia Saquicuray, por el delito de haber actuado en conciencia y fallado que la Ley de Amnistía, por recta interpretación constitucional, no alcanzaba a los asesinos de Barrios Altos. Esto es algo más que el “¿qué importa la Constitución si somos mayoría?”. Es la vigilancia y control que sobre toda la institucionalidad nacional ejerce, de manera secreta y sutil, un Poder Ejecutivo no tan claro y explícito como aparece. Un etilo de gobernar que en todas partes del mundo se entiende como fascismo.
FRANCISCO IGARTUA – EDITORIAL – Por mal camino andamos – Revista Oiga 10/07/1995
La reacción, cuasi festejante, del oficialismo ante el terrorífico coche-bomba estallado en las puertas, de la casa del más connotado parlamentario de Cambio, Víctor Joy Way, ha dado pie a que algún observador acucioso del hecho haya abierto dudas sobre el origen del atentado. Tanto los titulares de Expreso como las declaraciones del propio afectado por la explosión y de los altos voceros del régimen, celebrando el haber obtenido, como caído del cielo, un argumento para intentar una justificación a las groseras leyes de amnistía, han desconcertado a muchos y no es de extrañar que haya surgido la sospecha de que la bomba en casa de Joy Way haya sido un “atentado” fraguado en las entrañas del poder.
En OIGA no creemos que las cosas sean así. Significaría achacarle al gobierno una maldad diabólica, tan sin piedad, que resulta impensable, ni siquiera como hipótesis de trabajo. Y como, por otro lado, es imposible que el llamado grupo Colina pueda actuar de espaldas a los altos conductores del régimen, más bien sería razonable ver en el hecho otra prueba de que Sendero Luminoso sigue reconstruyendo su maquinaria de muerte. Se trataría de un acto aleve de terror que puso en riesgo la vida de los familiares y custodios de una de las mentes más lúcidas del gobierno; de un acto que alarma porque afecta al desarrollo nacional, a todos los peruanos, pues vuelve a poner en cuarentena la imagen del Perú en el exterior y daña al turismo, uno de los potenciales mayores que tenemos para impulsar ya, ahora, el crecimiento sostenido del ingreso de divisas; se trataría de un acto de salvajismo sólo imputable a Sendero.
Pero ¿por qué ha reaccionado el oficialismo como lo ha hecho?
Simplemente por el tremendo complejo de culpa que le han echado a las espaldas las leyes de amnistía: la que ha puesto en libertad a condenados por asesinatos horrendos y la que prepotente, abusivamente, ha dado normas anticonstitucionales para impedir que la Justicia haga un mínimo de Justicia. Dos leyes que interfieren la independencia de otro de los poderes del Estado e impiden se continúe investigando el caso Barrios Altos, el exterminio a sangre fría de los asistentes a una pollada popular.
Han creído Expreso y el propio Joy Way que era posible aplacar la espantada protesta ciudadana contra las leyes de impunidad ventilando en grande el bombazo de La Molina Vieja y usándolo como pretexto para reclamar unidad nacional contra el terrorismo y para lanzar al aire, como palomas, intensos reclamos de paz. Tras lo cual se esconde un enorme contrabando: tratar de convencer al país de que la unidad sólo se puede lograr congregándose bajo el mando de Fujimori e instando al pueblo a creer que la paz debe significar la reconciliación entre sí de todos los peruanos opuestos al terrorismo senderista. O sea, se nos abre como obligatorio el absurdo camino del sometimiento a los continuos despropósitos y arbitrariedades del régimen y al abominable reconocimiento de que los asesinos de La Cantuta y Barrios Altos son tan dignos de respeto como los generales Salinas, Robles, Mauricio, y que debemos abrazamos con ellos todos los peruanos que repudiamos a Sendero, porque, aunque equivocados en su modo de actuar, ellos fueron nuestros defensores contra el terrorismo. Algo alucinante, disparatado y tenebroso, que parte de gravísimos errores conceptuales, y también de infantiles reacciones, que no puede ser aceptado por la ciudadanía consciente, aún cuando, hasta hoy, estos contrabandos vengan pasando con facilidad y hasta sean bien recibidos por las multitudes de abajo y de arriba. La cultura chicha imperante hace que el público actúe como robot, por el simple temor a que, sin Fujimori, se acabe la tranquilidad y la esperanza logradas en los últimos años.
Responderé por partes a tan falaces argumentos.
Por lo pronto, el caso del Perú no tiene relación alguna con los procesos de transición a la democracia producidos en España y Chile. En esos dos países se da una guerra civil, descomunalmente mayor en el primero. Y la reconciliación es entre combatientes de estas guerras. Guerras tan puntualmente ideológicas que en Chile la amnistía dada durante el gobierno de Pinochet no alcanzó a los crímenes calificados como el de Letelier, hoy en el candelero. Aquí no ha habido tal encuentro, bélico y fraticida, sino algo parecido a lo que ocurre en Colombia: un enfrentamiento entre el Estado peruano y una banda armada dedicada a tener en vilo al país por medio de actos de terror, actos que, como en Colombia, por muy cruentos y espantosos que sean, no han puesto nunca en riesgo la seguridad interna de la República. Ni en el Perú ni en Colombia las guerrillas tuvieron alguna posibilidad de derrotar a los ejércitos de una u otra nación. Para que una guerrilla -por medios terroristas o de lucha abierta pueda colocarse en parangón con una Fuerza Armada, tiene que tener un consistente apoyo militar externo -caso Vietnam- y un sólido respaldo popular! Hecho este último que jamás se produjo en el Perú, ni siquiera en los momentos culminantes de las arremetidas terroristas. En todas las elecciones de los últimos quince años, los votos blancos, nulos o ultras, que podrían calcularse como afines a Sendero, no han llegado a más del 3 ó 4 por ciento. Y si ese fue el volumen en años pasados, mucho menor será ahora que los terrorismos marxistas están en declive en el mundo entero, donde se va despuntando más bien la violencia del fundamentalismo islámico. (El tema se desarrolla en la sección En el Perú). Lo que no quiere decir que el desgaste sicológico producido por el terrorismo, así como sus efectos desestabilizadores en la economía, no puedan descuajeringar a un país.
¿Cómo se puede hablar de paz cuando no ha habido guerra? Porque no es de creer que la paz a la que se refiere el oficialismo sea la paz conversada con Abimael Guzmán, o sea con Sendero.
Y en cuanto a la reconciliación de los asesinos de La Cantuta con los militares que, cumpliendo obligatorias normas constitucionales, conspiraron contra el gobierno surgido del golpe militar del 5 de abril del 92 o con los retirados que declararon en contra del régimen por mandato de sus conciencias, es algo tan aberrante que no merece gastar lápiz para tocar el tema.
¿Por qué la razón, la mesura conceptual, el juicio sano, aunque lleno de pasión, estarán tan ausentes de la vida nacional?
En OIGA no creemos que las cosas sean así. Significaría achacarle al gobierno una maldad diabólica, tan sin piedad, que resulta impensable, ni siquiera como hipótesis de trabajo. Y como, por otro lado, es imposible que el llamado grupo Colina pueda actuar de espaldas a los altos conductores del régimen, más bien sería razonable ver en el hecho otra prueba de que Sendero Luminoso sigue reconstruyendo su maquinaria de muerte. Se trataría de un acto aleve de terror que puso en riesgo la vida de los familiares y custodios de una de las mentes más lúcidas del gobierno; de un acto que alarma porque afecta al desarrollo nacional, a todos los peruanos, pues vuelve a poner en cuarentena la imagen del Perú en el exterior y daña al turismo, uno de los potenciales mayores que tenemos para impulsar ya, ahora, el crecimiento sostenido del ingreso de divisas; se trataría de un acto de salvajismo sólo imputable a Sendero.
Pero ¿por qué ha reaccionado el oficialismo como lo ha hecho?
Simplemente por el tremendo complejo de culpa que le han echado a las espaldas las leyes de amnistía: la que ha puesto en libertad a condenados por asesinatos horrendos y la que prepotente, abusivamente, ha dado normas anticonstitucionales para impedir que la Justicia haga un mínimo de Justicia. Dos leyes que interfieren la independencia de otro de los poderes del Estado e impiden se continúe investigando el caso Barrios Altos, el exterminio a sangre fría de los asistentes a una pollada popular.
Han creído Expreso y el propio Joy Way que era posible aplacar la espantada protesta ciudadana contra las leyes de impunidad ventilando en grande el bombazo de La Molina Vieja y usándolo como pretexto para reclamar unidad nacional contra el terrorismo y para lanzar al aire, como palomas, intensos reclamos de paz. Tras lo cual se esconde un enorme contrabando: tratar de convencer al país de que la unidad sólo se puede lograr congregándose bajo el mando de Fujimori e instando al pueblo a creer que la paz debe significar la reconciliación entre sí de todos los peruanos opuestos al terrorismo senderista. O sea, se nos abre como obligatorio el absurdo camino del sometimiento a los continuos despropósitos y arbitrariedades del régimen y al abominable reconocimiento de que los asesinos de La Cantuta y Barrios Altos son tan dignos de respeto como los generales Salinas, Robles, Mauricio, y que debemos abrazamos con ellos todos los peruanos que repudiamos a Sendero, porque, aunque equivocados en su modo de actuar, ellos fueron nuestros defensores contra el terrorismo. Algo alucinante, disparatado y tenebroso, que parte de gravísimos errores conceptuales, y también de infantiles reacciones, que no puede ser aceptado por la ciudadanía consciente, aún cuando, hasta hoy, estos contrabandos vengan pasando con facilidad y hasta sean bien recibidos por las multitudes de abajo y de arriba. La cultura chicha imperante hace que el público actúe como robot, por el simple temor a que, sin Fujimori, se acabe la tranquilidad y la esperanza logradas en los últimos años.
Responderé por partes a tan falaces argumentos.
Por lo pronto, el caso del Perú no tiene relación alguna con los procesos de transición a la democracia producidos en España y Chile. En esos dos países se da una guerra civil, descomunalmente mayor en el primero. Y la reconciliación es entre combatientes de estas guerras. Guerras tan puntualmente ideológicas que en Chile la amnistía dada durante el gobierno de Pinochet no alcanzó a los crímenes calificados como el de Letelier, hoy en el candelero. Aquí no ha habido tal encuentro, bélico y fraticida, sino algo parecido a lo que ocurre en Colombia: un enfrentamiento entre el Estado peruano y una banda armada dedicada a tener en vilo al país por medio de actos de terror, actos que, como en Colombia, por muy cruentos y espantosos que sean, no han puesto nunca en riesgo la seguridad interna de la República. Ni en el Perú ni en Colombia las guerrillas tuvieron alguna posibilidad de derrotar a los ejércitos de una u otra nación. Para que una guerrilla -por medios terroristas o de lucha abierta pueda colocarse en parangón con una Fuerza Armada, tiene que tener un consistente apoyo militar externo -caso Vietnam- y un sólido respaldo popular! Hecho este último que jamás se produjo en el Perú, ni siquiera en los momentos culminantes de las arremetidas terroristas. En todas las elecciones de los últimos quince años, los votos blancos, nulos o ultras, que podrían calcularse como afines a Sendero, no han llegado a más del 3 ó 4 por ciento. Y si ese fue el volumen en años pasados, mucho menor será ahora que los terrorismos marxistas están en declive en el mundo entero, donde se va despuntando más bien la violencia del fundamentalismo islámico. (El tema se desarrolla en la sección En el Perú). Lo que no quiere decir que el desgaste sicológico producido por el terrorismo, así como sus efectos desestabilizadores en la economía, no puedan descuajeringar a un país.
¿Cómo se puede hablar de paz cuando no ha habido guerra? Porque no es de creer que la paz a la que se refiere el oficialismo sea la paz conversada con Abimael Guzmán, o sea con Sendero.
Y en cuanto a la reconciliación de los asesinos de La Cantuta con los militares que, cumpliendo obligatorias normas constitucionales, conspiraron contra el gobierno surgido del golpe militar del 5 de abril del 92 o con los retirados que declararon en contra del régimen por mandato de sus conciencias, es algo tan aberrante que no merece gastar lápiz para tocar el tema.
¿Por qué la razón, la mesura conceptual, el juicio sano, aunque lleno de pasión, estarán tan ausentes de la vida nacional?
FRANCISCO IGARTUA – EDITORIAL – Sobre aquello de sentarse en las bayonetas – Revista Oiga 3/07/1995
SE dice que “los dioses vuelven ciegos a los hombres que quieren perder” y ¡vaya ciega que está la mayoría gobiernista en el Congreso! No aprecia o no quiere apreciar, que toda repetición es una ofensa y que por más que repita y repita una ley, ésta no es más legítima -o, mejor dicho, no será menos ilegítima- que su primera versión, si es que no hay -como no ha habido- enmienda a la anterior y se sigue trasgrediendo el orden constitucional, se sigue yendo contra de la naturaleza de las cosas y a contra pelo del sentir de la ciudadanía toda.
Esto es lo que ha hecho la mayoría gobiernista en el CCD y ha logrado así enajenarse la buena voluntad de la ciudadanía. Ha vuelto a recurrir el gobierno al manotazo de hierro, al golpe, esta vez contra el Poder Judicial, y lo ha hecho contrariando su propia Constitución. La ley de insistencia en la amnistía reitera la violación a la sustancia misma de cualquier Ley de leyes, pues, por lo pronto, si la amnistía es perdón por una culpa, no hay modo de amnistiar a alguien antes de que haya sido declarado culpable. Como es el caso de los presuntos responsables del horrendo y abusivo asesinato, a mansalva y sangre fría, de los asistentes a una pollada en Barrios Altos. Asesinato masivo que está en proceso y que la jueza doctora Saquicuray, con elemental sentido de la Justicia, no ha querido cortar, negándose a dar término a la investigación judicial, por considerar que la tal ley no puede alcanzar a los reos que todavía no han sido juzgados. Aunque en este asunto hay bastante más que el aspecto puramente jurídico, que admite el olvido de la pena, no del hecho. Se trata de un tema que nos lleva a topar con la ética, con el sentido de la moral pública. Por lo que bien ha hecho el escritor Bryce Echenique en declarar que amnistía viene de amnesia y que dentro de la cultura occidental, a la que pertenece esta palabra, el olvido sólo cabe cuando las faltas por perdonar son contra el Estado y no cuando lo son contra la vida de las personas, cuando se trata no de buscar la paz sino de premiar a una banda de aleves asesinos. “No puede haber perdón para los criminales”, proclama el arzobispo y cardenal Alzamora, advirtiendo con dolor y preocupación que “se están perdiendo los conceptos básicos de la conducta humana”.
Sin embargo, no nos hallamos ante un gesto gratuito de prepotencia, no es un desliz aislado lo ocurrido, ni sólo existe el ánimo de liberar a algunos miembros del Ejército que tuvieron actuación eficaz en el golpe del 5 de abril del 92. Detrás de las arbitrariedades añadidas a la ley de amnistía, consolidadas con la reiteración de la semana pasada, está el claro propósito de consolidar una “democracia sui generis” o sea una “democradura” como ha dicho el célebre autor de “Julius” y “No me esperen en Abril”. Más precisamente: un régimen autoritario, sin instituciones, sin contrapeso de poderes, sin otra autoridad que la del líder y la cúpula secreta que lo asesora y orienta, dentro de un plan de gobierno de 20 años.
¿Lograrán sus propósitos el presidente Fujimori y su cúpula?
De momento la respuesta es obvia. Todos los recursos del Estado, todo el poderío de las armas, toda la iniciativa política están en manos del gobierno, mientras la economía muestra una cara sonriente. Muy poco, casi nada, es lo que puede hacer la oposición para resistir la oleada de atropellos, prepotencias y arbitrariedades que se han producido y seguirán ocurriendo. Mientras las cosas estén como están, mientras tanto no varíe el clima político, poco o casi nada se puede hacer. Pero el abuso constante es como la gota de agua sobre la piedra, termina horadándola. El abuso -que es consustancial a cualquier autoritarismo terminará por generar el repudio generalizado de la opinión pública. Y contra esto, contra el veredicto popular, no habrá poderío que valga. Es vieja, sabia y comprobada la frase aquella de que “con las bayonetas se pueden hacer muchas cosas, menos una: sentarse en ellas”. Y quiéranlo o no, el sino fatal de las autocracias es sentarse en ellas. Es su destino.
Mientras tanto observemos con paciencia -no resignados sino manteniendo en alto la dignidad- lo que está ocurriendo alrededor nuestro y démonos cuenta de cómo la ciudadanía y b prensa, día adía, se va plegando a nuestra indignación. Aflora se ve a las claras que el único propósito del CCD fue darle visos de legitimidad democrática a la reelección presidencial y que toda normatividad legal -hasta su propia Constitución- es una piedra en el camino del autoritarismo. Por algo, mágicamente, se detuvo en el instante preciso la formación del Tribunal de Garantías Constitucionales. Y pronto comprobaremos, si el Poder Judicial responde como debe responder al golpe del Congreso, que en este país llamado Perú la actual normatividad jurídica es una tremenda farsa que estallará como un castillo de fuegos artificiales. Nos encontraremos con un Poder Judicial dando órdenes de captura que la policía -dependiente del Poder Ejecutivo- no ejecutará, porque el ministro de Gobierno dirá que él cumple con la ley y no con las órdenes de los Juzgados. Así como se pondrá en libertad a detenidos que la Justicia no ha absuelto. Un tremendo revoltijo que tendrá en vilo a esta patria que nos duele tanto porque es la tierra donde nacimos y donde vamos sufriendo el pasar de nuestras vidas.
¿Y si el Poder Judicial acata la ley de amnistía?
Bueno, en este caso, no varían mayormente las cosas, pues servirá de aliento para que el gobierno siga abusando de un poder que, en una democracia, está limitado por el imperio de la juridicidad y, en una dictadura, por el tiempo que tardan las bayonetas en ingresar a la carne de quienes se han sentado en ellas. Lo que temprano o tarde -no muy tarde- ocurrirá.
FRANCISCO IGARTUA – EDITORIAL – El mensaje de Ocros – Revista Oiga 26/06/1995
Aburrido, como el príncipe dinamarqués de Shakespeare, pero no por razones de angustia existencial, sino aburrido de escuchar críticas a su Amnistía -que para muchos es injusto perdón y olvido por asesinatos horrendos y demasiado cercanos-, aburrido por no tener nada que hacer en Palacio, el presidente Fujimori no sale desesperado a la orilla del mar, como Hamlet, a dudar y escudriñar su conciencia. Fujimori, al revés, vuela en helicóptero -gastando algunos miles de dólares por hora a gritar en un pueblo andino su seguridad en las bondades y beneficios de su Amnistía y a volver a recordar sus méritos personales en la campaña antiterrorista -mérito que nunca nadie le ha negado- y los sacrificios de los policías y soldados comprometidos en esa lucha.
¿Qué ha querido decirnos el presidente con ese gesto abierto, desafiante?... Por lo pronto, si interpretamos bien sus palabras de Ocros, pareciera haber reconocido que él no gobierna, aunque afirme y afirme que él manda; pues si se aburre en Palacio es porque ahí no tiene trabajo, porque ahí no está el gobierno. Y es absurdo pensar que se gobierna yendo de pueblo en pueblo ordenando arreglar caminos, construir escuelas y lanzando discursos iracundos contra sus opositores. Se gobierna -por lo menos así se entiende esta función en todo el mundo- despachando el presidente de la República en Palacio con sus ministros y asesores -que son los responsables legales de los actos de gobierno-; tratando de tener una visión completa de los problemas inmediatos y mediatos del país, analizándolos en conjunto y resolviéndolos de acuerdo a prioridades trazadas con sus consejeros; y firmando disposiciones de acuerdo a ley y en nombre de la Nación, no de su persona. Un trabajo arduo, intenso, que no da tiempo para aburrirse y que se debe realizar como mandatario, no como mandante...
Pero, si desde Palacio no se gobierna ¿desde dónde se ordena y dirige el país? Porque el Perú no está paralizado, todo lo contrario. Y esto es mérito indiscutible del régimen. Hay mayor orden y concierto en el manejo de la economía, hay más disciplina en el Estado, hay mayores utilidades en los negocios, el país va creciendo. Hay, pues, gobierno. Sin embargo ¿dónde está ese gobierno si, según el presidente Fujimori, no está en Palacio, donde él se aburre? Tampoco puede hallarse en los pueblos y barriadas que el presidente recorre como un excelente relacionista público y en los que él va viendo, aunque a pinceladas dispersas, no con visión panorámica, que también va creciendo el hambre, la miseria, la tuberculosis, la desesperación de los jóvenes por conseguir un trabajo. ¿Desde dónde gobierna el Perú el régimen actual? ¿Cuál es la estructura de poder después del 5 de abril de 1992?
En lugar de aclarar que él es el que manda, el presidente Fujimori, con su gesto de Ocros, ha acrecentado las dudas sobre su real control de las funciones del Estado.
Otro de los sentidos del mensaje habría sido demostrar el desagrado presidencial por la decisión de la jueza, doña Antonia Saquicuray, quien ha tenido el coraje de mantener la acusación de la fiscal contra los responsables del asesinato masivo de Barrios Altos. Prefiriendo la Constitución a la ley de Amnistía, obedeciendo al mandato de su conciencia, de la Justicia y de la Ética, la jueza ha decidido que esos asesinos no pueden ser amnistiados y que el proceso judicial debe continuar hasta que el crimen sea sancionado.
Con lo que el presidente ha contribuido a que el tema de la Amnistía vuelva a colocarse en la actualidad más palpitante, dándole al problema una vigencia que crece y crece sin que, como otras veces, pueda amansarlo o silenciarlo el tiempo -los días que pasan- ni las grandes noticias, muchas veces fabricadas, sobre las peripecias de Manrique y otros fugados. Y el tema sigue creciendo no sólo por la valiente decisión de la jueza Saquicuray, respaldada por una Corte Suprema que parece dispuesta a salir en defensa de sus fueros, sino porque la ciudadanía en masa, por primera vez, ha reaccionado firmemente contra una disposición de este gobierno. El repudio a la Amnistía, aprobada por el Congreso y mandada a publicar por el presidente, va teniendo una consistencia cada vez mayor. Aunque, para ser precisos, no se rechaza a la Amnistía en todas sus partes. No. Lo que ha sublevado a la mayoría ciudadana, lo que le ha disgustado tremendamente al país, es el engaño escondido tras ella, el pretender colar junto a Salinas, Mauricio y otros presos de conciencia a los asesinos de La Cantuta, quienes apenas habían pasado unos meses en un cuartel.
La bola de la protesta, ante una realidad que hasta ayer la mayoría se negaba a aceptar, ha comenzado a rodar. Y está obligando a los ciudadanos a razonar, a encontrar ilógico que hoy se pretenda imponer en el Perú una amnistía a la que no se atrevió el mismísimo Pinochet desde el poder. El perdón y olvido del dictador chileno no alcanzó a crímenes calificados como el de Letelier y hoy estamos viendo a quienes ordenaron su asesinato, condenados por la Corte Suprema, tratando de que la cárcel les sea lo más llevadera posible.
El alud se hará incontenible. Hay que dejarle tiempo al tiempo, sin alarmarse por las amenazas y los augurios de Expreso, que ahora habla, por boca de D’Ornellas, de que este es un país “de indignaciones fugaces” y, a la vez, llama a una cruzada para distinguir “la paja del heno” y liquidar a “los que siempre combatieron la represión del terrorismo comunista”. ¡Menuda pretensión!: para rechazar la ley de Amnistía Expreso quiere que todos los protestantes se coloquen en sus filas. ¿Qué haremos los que repudiamos la engañosa Amnistía de Fujimori, pero que no comulgamos con Expreso, y que desde el inicio, desde setiembre de 1980, estuvimos en primera fila reclamando se combatiera el terrorismo, “porque así comenzó en otras partes” la hecatombe nacional?... Por fortuna, los dados de los dioses no ruedan a favor de Expreso en el futuro.
¿Qué ha querido decirnos el presidente con ese gesto abierto, desafiante?... Por lo pronto, si interpretamos bien sus palabras de Ocros, pareciera haber reconocido que él no gobierna, aunque afirme y afirme que él manda; pues si se aburre en Palacio es porque ahí no tiene trabajo, porque ahí no está el gobierno. Y es absurdo pensar que se gobierna yendo de pueblo en pueblo ordenando arreglar caminos, construir escuelas y lanzando discursos iracundos contra sus opositores. Se gobierna -por lo menos así se entiende esta función en todo el mundo- despachando el presidente de la República en Palacio con sus ministros y asesores -que son los responsables legales de los actos de gobierno-; tratando de tener una visión completa de los problemas inmediatos y mediatos del país, analizándolos en conjunto y resolviéndolos de acuerdo a prioridades trazadas con sus consejeros; y firmando disposiciones de acuerdo a ley y en nombre de la Nación, no de su persona. Un trabajo arduo, intenso, que no da tiempo para aburrirse y que se debe realizar como mandatario, no como mandante...
Pero, si desde Palacio no se gobierna ¿desde dónde se ordena y dirige el país? Porque el Perú no está paralizado, todo lo contrario. Y esto es mérito indiscutible del régimen. Hay mayor orden y concierto en el manejo de la economía, hay más disciplina en el Estado, hay mayores utilidades en los negocios, el país va creciendo. Hay, pues, gobierno. Sin embargo ¿dónde está ese gobierno si, según el presidente Fujimori, no está en Palacio, donde él se aburre? Tampoco puede hallarse en los pueblos y barriadas que el presidente recorre como un excelente relacionista público y en los que él va viendo, aunque a pinceladas dispersas, no con visión panorámica, que también va creciendo el hambre, la miseria, la tuberculosis, la desesperación de los jóvenes por conseguir un trabajo. ¿Desde dónde gobierna el Perú el régimen actual? ¿Cuál es la estructura de poder después del 5 de abril de 1992?
En lugar de aclarar que él es el que manda, el presidente Fujimori, con su gesto de Ocros, ha acrecentado las dudas sobre su real control de las funciones del Estado.
Otro de los sentidos del mensaje habría sido demostrar el desagrado presidencial por la decisión de la jueza, doña Antonia Saquicuray, quien ha tenido el coraje de mantener la acusación de la fiscal contra los responsables del asesinato masivo de Barrios Altos. Prefiriendo la Constitución a la ley de Amnistía, obedeciendo al mandato de su conciencia, de la Justicia y de la Ética, la jueza ha decidido que esos asesinos no pueden ser amnistiados y que el proceso judicial debe continuar hasta que el crimen sea sancionado.
Con lo que el presidente ha contribuido a que el tema de la Amnistía vuelva a colocarse en la actualidad más palpitante, dándole al problema una vigencia que crece y crece sin que, como otras veces, pueda amansarlo o silenciarlo el tiempo -los días que pasan- ni las grandes noticias, muchas veces fabricadas, sobre las peripecias de Manrique y otros fugados. Y el tema sigue creciendo no sólo por la valiente decisión de la jueza Saquicuray, respaldada por una Corte Suprema que parece dispuesta a salir en defensa de sus fueros, sino porque la ciudadanía en masa, por primera vez, ha reaccionado firmemente contra una disposición de este gobierno. El repudio a la Amnistía, aprobada por el Congreso y mandada a publicar por el presidente, va teniendo una consistencia cada vez mayor. Aunque, para ser precisos, no se rechaza a la Amnistía en todas sus partes. No. Lo que ha sublevado a la mayoría ciudadana, lo que le ha disgustado tremendamente al país, es el engaño escondido tras ella, el pretender colar junto a Salinas, Mauricio y otros presos de conciencia a los asesinos de La Cantuta, quienes apenas habían pasado unos meses en un cuartel.
La bola de la protesta, ante una realidad que hasta ayer la mayoría se negaba a aceptar, ha comenzado a rodar. Y está obligando a los ciudadanos a razonar, a encontrar ilógico que hoy se pretenda imponer en el Perú una amnistía a la que no se atrevió el mismísimo Pinochet desde el poder. El perdón y olvido del dictador chileno no alcanzó a crímenes calificados como el de Letelier y hoy estamos viendo a quienes ordenaron su asesinato, condenados por la Corte Suprema, tratando de que la cárcel les sea lo más llevadera posible.
El alud se hará incontenible. Hay que dejarle tiempo al tiempo, sin alarmarse por las amenazas y los augurios de Expreso, que ahora habla, por boca de D’Ornellas, de que este es un país “de indignaciones fugaces” y, a la vez, llama a una cruzada para distinguir “la paja del heno” y liquidar a “los que siempre combatieron la represión del terrorismo comunista”. ¡Menuda pretensión!: para rechazar la ley de Amnistía Expreso quiere que todos los protestantes se coloquen en sus filas. ¿Qué haremos los que repudiamos la engañosa Amnistía de Fujimori, pero que no comulgamos con Expreso, y que desde el inicio, desde setiembre de 1980, estuvimos en primera fila reclamando se combatiera el terrorismo, “porque así comenzó en otras partes” la hecatombe nacional?... Por fortuna, los dados de los dioses no ruedan a favor de Expreso en el futuro.
FRANCISCO IGARTUA – EDITORIAL – Cediendo la palabra a un argentino – Revista Oiga 12/06/1995
¿Qué decir viendo lo que ocurre a nuestro alrededor? ¿Cómo no quedar anonadados observando al Parlamento autolimitar sus prerrogativas en beneficio del señor presidente, haciendo exactamente lo mismo -guardando las distancias-que hizo el Parlamento alemán con Hitler? Y no se me replique que pronto jurará un nuevo Congreso, porque lo que viene es exactamente el mismo CCD, corregido y aumentado en genuflexiones al Ejecutivo.
-Porque así lo ha querido la voluntad del pueblo -responderán muchos-.
Lo que es cierto. Pero no olvidemos que la voz de la mayoría no es la verdad suprema. No es la voz de Dios. Ni siquiera es lo esencial de la democracia. Para Que un gobierno elegido popularmente sea una auténtica democracia deberá añadir a esa legítima credencial dada por los votos, el aliento a la pluralidad y el respeto a las minorías, el fortalecimiento de las instituciones y el acatamiento al orden jurídico preestablecido, reformable no en función de los apetitos del gobernante sino de las necesidades de las mayorías y con normas a futuro cuando se trata de ampliar mandatos.
¿Cómo expresar nuestro asombro al ver al jefe de Estado haciendo abluciones mágicas, rociándose las espaldas “y el pechito” con los enjuagues de los brujos y corriendo el riesgo de coger una pulmonía al bañarse en las heladas lagunas de una hechicería? ¿Hizo todo aquello por juego, por divertirse, por seguir llamando la atención y permanecer en el centro de la noticia o por cumplir con ritos en los que cree?... ¡Cosa curiosa! Hitler también creía en ellos y en los astros, aunque en secreto, para no alarmar a Alemania.
¿Cómo no quedar estupefactos, sin poder hallar los términos adecuados, las razones precisas, para expresar con vigor la indignación que produce observar el aberrante espectáculo que ofrece la Suprema Corte Militar, imponiéndose constantemente a la Justicia Civil? Se impuso, a la mala, para castigar benignamente a los asesinos de La Cantuta, para silenciar a notables narcotraficantes como El Vaticano y, ahora, con toda seguridad, se impondrá para enmudecer al llamado El Negro; mientras va logrando impedir que prospere la acción judicial sobre el crimen masivo de Barrios Altos.
¿Cómo no quedar con la palabra cortada, sin aliento para expresar la repulsa que provoca tan penosa situación, al tener que presenciar casi a diario a la Suprema Corte Militar, dedicada desde hace un buen tiempo a pisotear, sin miramiento alguno de fondo ni de forma, los derechos ciudadanos de los militares en retiro que tuvieron el coraje de hacer públicas sus opiniones, sea contra la política del régimen -caso Salinas, Cisneros, etc.- o contra la pésima conducción de las operaciones militares en el reciente conflicto con el Ecuador, que es el “delito” cometido por los generales Mauricio y Ledesma y por muchos otros expertos en cuestiones bélicas? ¡Como si la Constitución del Estado no otorgara plenos derechos civiles, entre ellos la elemental opción de opinar libremente, a los militares retirados!
¿Cómo no apretar las manos por la impotencia que se siente al ‘contemplar’ el vil ensañamiento de ese Tribunal Militar con uno de los oficiales más distinguidos de nuestro Ejército, el general de división Carlos Mauricio? ¡Cómo no comprender su indignación, su rabia, sus alzas de la presión arterial, al verse maltratado, pisoteado, por unos subalternos que cumplen órdenes políticas para condenarlo por haber ejercido su derecho cívico a opinar en defensa del honor de su Ejército, en el que ganó sus estrellas de divisionario por su capacidad, su hombría de bien y no por aceptar tristes papeles como el que está haciendo ese Tribunal de marionetas, integrado por militares en actividad o sea sujetos al mando de quienes se sienten agraviados por las opiniones de los generales Ledesma, Mauricio, Salinas, Cisneros, etc.! Todos ellos oficiales que tuvieron el más alto rango en nuestro Ejército.
Pero para que no se diga que me dejo llevar por el hígado en mis críticas a las aberraciones que muchas veces se observan en la conducta del gobierno, cederé el saldo de esta columna a un economista argentino, liberal para más señas, que observa a nuestro país desde lejos, con la frialdad de un estudioso de la economía. Su opinión -anterior a muchos de los hechos aquí mencionados y que me han dejado mudo de espanto- ha aparecido en un diario norteamericano y se basan en recientes declaraciones del presidente Fujimori. He aquí algunos párrafos del artículo del economista argentino Alberto Benegas Lynch, titulado “Fujimori confunde su función”:
El país no es una empresa. Una sociedad libre es, por definición, pluralista. Los fines de las personas son muy diversos. En este contexto, la función esencial del gobierno consiste en proteger los derechos de las personas, para lo cual se requiere una justicia independiente y un marco institucional que limite el poder. Si un gobernante actúa como un gerente de una empresa deberá dictar las medidas pertinentes para que se cumplan sus programas y planificaciones, lo cual implica que deberá instruir a ‘“sus subordinados” a que sigan esos planes. Con lo que se estarán violentando los derechos de las personas, ya que el gobernante se habrá excedido en sus funciones específicas, al tiempo que se afectará severamente el funcionamiento del mercado.
El Cronista de Buenos Aires acaba de reproducir una noticia aparecida en el Financial Times de Londres, titulada Fujimori asumió la función de gerente para dirigir Perú como una compañía. El contenido de la nota, firmada por Sally Bowen, resulta preocupante y, por momentos, alarmante. En el cable de marras Fujimori dice: “Modestia aparte, a muchos pueblos les gustaría tener un presidente como yo y (el mundo) está lleno de jefes de Estado que sienten cierta admiración por mí”. Lo último puede ser cierto en algunos casos, pero sostener lo primero es subestimar grandemente la opinión de personas que creen a pie juntillas en el funcionamiento irrestricto de marcos institucionales compatibles con un régimen republicano y que no creen que un país deba dirigirse como una empresa. En este sentido, siempre en la referida nota, se afirma que “Fujimori se ubica en el cargo de gerente general que, desde arriba, supervisa todo por teléfono a través de su famosa computadora Toshiba”. Termina la nota del Financial Times citando una pregunta que se le hace al presidente Fujimori: “¿Qué pasaría con Perú si el helicóptero presidencial se estrellara o si una bala asesina diera en el blanco?” La respuesta es patética: “No se preocupe, seguiré manejando el país desde el cielo”.
_________________________________________________________________
Se pone de manifiesto mucha ignorancia al sostener que existe una correlación entre la actividad empresarial y la actividad gubernamental. Por otro lado y para terminar, resulta oportuno recordar un pensamiento de Wilhelm Roepke a los distraídos que circunscriben su atención en los aspectos puramente crematísticos: “La diferencia entre una sociedad libre y una autoritaria no estriba en que en la primera se producen más heladeras y hamburguesas. La diferencia radica en la adopción de concepciones ético institucionales opuestas”.
-Porque así lo ha querido la voluntad del pueblo -responderán muchos-.
Lo que es cierto. Pero no olvidemos que la voz de la mayoría no es la verdad suprema. No es la voz de Dios. Ni siquiera es lo esencial de la democracia. Para Que un gobierno elegido popularmente sea una auténtica democracia deberá añadir a esa legítima credencial dada por los votos, el aliento a la pluralidad y el respeto a las minorías, el fortalecimiento de las instituciones y el acatamiento al orden jurídico preestablecido, reformable no en función de los apetitos del gobernante sino de las necesidades de las mayorías y con normas a futuro cuando se trata de ampliar mandatos.
¿Cómo expresar nuestro asombro al ver al jefe de Estado haciendo abluciones mágicas, rociándose las espaldas “y el pechito” con los enjuagues de los brujos y corriendo el riesgo de coger una pulmonía al bañarse en las heladas lagunas de una hechicería? ¿Hizo todo aquello por juego, por divertirse, por seguir llamando la atención y permanecer en el centro de la noticia o por cumplir con ritos en los que cree?... ¡Cosa curiosa! Hitler también creía en ellos y en los astros, aunque en secreto, para no alarmar a Alemania.
¿Cómo no quedar estupefactos, sin poder hallar los términos adecuados, las razones precisas, para expresar con vigor la indignación que produce observar el aberrante espectáculo que ofrece la Suprema Corte Militar, imponiéndose constantemente a la Justicia Civil? Se impuso, a la mala, para castigar benignamente a los asesinos de La Cantuta, para silenciar a notables narcotraficantes como El Vaticano y, ahora, con toda seguridad, se impondrá para enmudecer al llamado El Negro; mientras va logrando impedir que prospere la acción judicial sobre el crimen masivo de Barrios Altos.
¿Cómo no quedar con la palabra cortada, sin aliento para expresar la repulsa que provoca tan penosa situación, al tener que presenciar casi a diario a la Suprema Corte Militar, dedicada desde hace un buen tiempo a pisotear, sin miramiento alguno de fondo ni de forma, los derechos ciudadanos de los militares en retiro que tuvieron el coraje de hacer públicas sus opiniones, sea contra la política del régimen -caso Salinas, Cisneros, etc.- o contra la pésima conducción de las operaciones militares en el reciente conflicto con el Ecuador, que es el “delito” cometido por los generales Mauricio y Ledesma y por muchos otros expertos en cuestiones bélicas? ¡Como si la Constitución del Estado no otorgara plenos derechos civiles, entre ellos la elemental opción de opinar libremente, a los militares retirados!
¿Cómo no apretar las manos por la impotencia que se siente al ‘contemplar’ el vil ensañamiento de ese Tribunal Militar con uno de los oficiales más distinguidos de nuestro Ejército, el general de división Carlos Mauricio? ¡Cómo no comprender su indignación, su rabia, sus alzas de la presión arterial, al verse maltratado, pisoteado, por unos subalternos que cumplen órdenes políticas para condenarlo por haber ejercido su derecho cívico a opinar en defensa del honor de su Ejército, en el que ganó sus estrellas de divisionario por su capacidad, su hombría de bien y no por aceptar tristes papeles como el que está haciendo ese Tribunal de marionetas, integrado por militares en actividad o sea sujetos al mando de quienes se sienten agraviados por las opiniones de los generales Ledesma, Mauricio, Salinas, Cisneros, etc.! Todos ellos oficiales que tuvieron el más alto rango en nuestro Ejército.
Pero para que no se diga que me dejo llevar por el hígado en mis críticas a las aberraciones que muchas veces se observan en la conducta del gobierno, cederé el saldo de esta columna a un economista argentino, liberal para más señas, que observa a nuestro país desde lejos, con la frialdad de un estudioso de la economía. Su opinión -anterior a muchos de los hechos aquí mencionados y que me han dejado mudo de espanto- ha aparecido en un diario norteamericano y se basan en recientes declaraciones del presidente Fujimori. He aquí algunos párrafos del artículo del economista argentino Alberto Benegas Lynch, titulado “Fujimori confunde su función”:
El país no es una empresa. Una sociedad libre es, por definición, pluralista. Los fines de las personas son muy diversos. En este contexto, la función esencial del gobierno consiste en proteger los derechos de las personas, para lo cual se requiere una justicia independiente y un marco institucional que limite el poder. Si un gobernante actúa como un gerente de una empresa deberá dictar las medidas pertinentes para que se cumplan sus programas y planificaciones, lo cual implica que deberá instruir a ‘“sus subordinados” a que sigan esos planes. Con lo que se estarán violentando los derechos de las personas, ya que el gobernante se habrá excedido en sus funciones específicas, al tiempo que se afectará severamente el funcionamiento del mercado.
El Cronista de Buenos Aires acaba de reproducir una noticia aparecida en el Financial Times de Londres, titulada Fujimori asumió la función de gerente para dirigir Perú como una compañía. El contenido de la nota, firmada por Sally Bowen, resulta preocupante y, por momentos, alarmante. En el cable de marras Fujimori dice: “Modestia aparte, a muchos pueblos les gustaría tener un presidente como yo y (el mundo) está lleno de jefes de Estado que sienten cierta admiración por mí”. Lo último puede ser cierto en algunos casos, pero sostener lo primero es subestimar grandemente la opinión de personas que creen a pie juntillas en el funcionamiento irrestricto de marcos institucionales compatibles con un régimen republicano y que no creen que un país deba dirigirse como una empresa. En este sentido, siempre en la referida nota, se afirma que “Fujimori se ubica en el cargo de gerente general que, desde arriba, supervisa todo por teléfono a través de su famosa computadora Toshiba”. Termina la nota del Financial Times citando una pregunta que se le hace al presidente Fujimori: “¿Qué pasaría con Perú si el helicóptero presidencial se estrellara o si una bala asesina diera en el blanco?” La respuesta es patética: “No se preocupe, seguiré manejando el país desde el cielo”.
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Se pone de manifiesto mucha ignorancia al sostener que existe una correlación entre la actividad empresarial y la actividad gubernamental. Por otro lado y para terminar, resulta oportuno recordar un pensamiento de Wilhelm Roepke a los distraídos que circunscriben su atención en los aspectos puramente crematísticos: “La diferencia entre una sociedad libre y una autoritaria no estriba en que en la primera se producen más heladeras y hamburguesas. La diferencia radica en la adopción de concepciones ético institucionales opuestas”.
FRANCISCO IGARTUA – EDITORIAL – Una voz en el desierto – Revista Oiga 29/05/1995
Pocos o casi nadie -por lo que parece- venían observando el crecimiento sostenido de las acciones terroristas en los últimos meses. Eran asesinatos, tornas de pueblos y emboscadas que ocurrían en remotos parajes de las serranías y en la ceja de selva. Siempre muy lejos de Lima. No había, pues, porqué alarmarse. Nada menos que el presidente de la República le habla señalado próxima muerte, por las condiciones de su prisión, al creador de Sendero Luminoso, dando a entender que “muerto el perro, enterrada la rabia”. Aunque, fiel a su temperamento y a su desconocimiento del sentido de las palabras, añadió que, con permiso presidencial, el ideador de la secta asesina, haría declaraciones “¡históricas!” antes de morir. Los estómagos satisfechos de Lima no podían estar más tranquilos, pese a las insistentes oscilaciones de la luz en las semanas pasadas.
Pero, de pronto, una tremenda explosión en el corazón de Miraflores, con muertos, heridos y destrucción masiva, nos baja de las nubes. Digo nos, porque no sospeché que, tan pronto, a menos de cinco años de la caída del Muro de Berlín, el marxismo-maoísmo del camarada Gonzalo iba a hallar respuesta a la catástrofe ideológica sufrida y a reordenar sus ideas y postulados. Tampoco imaginé que Sendero Luminoso rehacerla sus cuadros de comando con tanta prontitud. No sospeché la rapidez de la reorganización de la dirigencia senderista, a pesar de que esta columna anticipó que Abimael Guzmán no era la “rabia” y que, mientras hubiera el hambre, la miseria y la desesperanza que hay en el país, el terrorismo volvería a resurgir, con Sendero u otra secta a la cabeza, y que otra ideología reivindicadora reemplazaría al marxismo-maoísmo.
Lo ocurrido en el hotel miraflorino es demostración de que Sendero se ha reorganizado, de que tiene nuevo comando y nueva orientación y de que el gobierno ha sido cogido desprevenido, sin remota idea -es de sospechar- de lo que está ocurriendo en el campo de la subversión. Lo que no quiere decir que la República esté en peligro, no lo estuvo nunca frente a Sendero y al MRTA, ya que la diferencia de potencial entre la subversión terrorista y la Fuerza Armada -igual en el Perú que en Colombia- es sideral. Para que el terrorismo se transforme en riesgo para la supervivencia de una nación tiene que convertirse en fuerza popular, su ideología tiene que trascender a las mayorías nacionales, como es el caso de los integristas musulmanes en el norte de África. Querer equiparar el problema Sendero al del terrorismo argelino, por ejemplo, es delirar o pretender hipnotizar al país para engañarlo. Lo que tampoco significa -¡no se me vaya a acusar de senderista!- que el terrorismo no sea un peligro para la integridad física de los ciudadanos y un gran desestabilizador de la economía.
La reacción del gobierno arde el macabro rebrote senderista ha dejado pasmados a los peruanos pensantes y, sin embargo, obtendrá, casi con toda seguridad, el aplauso ciego de la mayoría, que cree en la eficacia de la pena de muerte y en la bondad de las universidades controladas por la disciplina militar.
Con el pretexto del coche-bomba en el Hotel María Angola, entre gallos y media noche, contrariando la normatividad jurídica, el régimen dio un nuevo golpe de Estado y puso a todas las universidades en manos del presidente de la República. Todas, porque todas, sin excepción, pueden ser intervenidas por el jefe de Estado, de acuerdo a la “ley” aprobada, en sesión “secreta” que se transformó en “reservada” para reducir el escándalo legal, y que se ejecutó contra San Marcos antes de que se cumpliera el plazo de ley.
Todo un monstruoso legicidio contra el que se alzarán muy pocas voces de condena, pues el régimen se ha ocupado de ir destruyendo todas las instituciones que pudieran ser contestatarias, desde los clubes de madres a los partidos políticos, y de desprestigiar, desacreditar o ridiculizar a todas las personalidades nacionales que pudieran tener audiencia y autoridad moral. No hay, hoy en el Perú, quien tenga ascendiente para alzar la voz ni hay donde hacerlo con amplitud: todos los medios de comunicación masiva están dominados o domesticados por el Estado. Una poderosísima maquinaria política, de acción sicosocial, ha ido triturando el esquema democrático del país, dejando a la democracia peruana reducida al ritual de las votaciones.
Así, con este manotazo a las universidades, va tomando forma el Nuevo Perú que el presidente Fujimori dice que está inventando y que, de acuerdo a los cuadernillos que un pajarillo verde dejó hace ya tiempo en esta casa, es producto de un secreto Consejo de Seguridad del Estado controlado por la Fuerza Armada. Un Nuevo Perú que no tendrá autonomía universitaria y que, grotescamente, luce como segundo vicepresidente de la República al rector de rectores, quien, dando risa y pena, afirma que sólo se intervendrán San Marcos y La Cantuta, que se lo ha dicho el presidente y que él no reniega de su creencia en la necesidad académica de la autonomía universitaria. Un Nuevo Perú que acaba de echar al tacho de la basura la ley creando la institución Defensor del Pueblo, porque el régimen no acepta que ese Defensor pueda entrar a los cuarteles y verificar si hay civiles secuestrados. ¡Y en esa ley de Defensoría - del Pueblo, obra de dos miembros de la mayoría oficialista, estaban de acuerdo todos los sectores del Parlamento, un Parlamento que es -por lo menos de título-Constituyente! Un Nuevo Perú que no tiene ejemplos, “yo estoy haciendo aquí mi propio modelo, yo estay inventando un país” (Fujimori), y para el que va a crear un nuevo sistema electoral. Un Nuevo Perú donde los magistrados, salvo el presidente de la Corte Suprema, están prohibidos de opinar. Un Nuevo Perú que quiere obligar a los magistrados supremos a interrogar en los, cuarteles a los presos de excepción (caso Zanatti). Un Nuevo Perú que convertirá en Museo de la Política Tradicional al histórico local del Congreso. Un Nuevo Perú que estudia adoptar la política de defensa de los Derechos Humanos de la China Comunista, según lo ha declarado en Trujillo la Fiscal de la Nación, justo el mismo día en que la agencia de noticias EFE anunció la ejecución en China de 151 criminales con un tiro en la nuca...
¡Este es el Nuevo Perú que iremos conociendo poco a poco! Pero ¿para qué seguir, sabiendo que somos una voz en el desierto?
Pero, de pronto, una tremenda explosión en el corazón de Miraflores, con muertos, heridos y destrucción masiva, nos baja de las nubes. Digo nos, porque no sospeché que, tan pronto, a menos de cinco años de la caída del Muro de Berlín, el marxismo-maoísmo del camarada Gonzalo iba a hallar respuesta a la catástrofe ideológica sufrida y a reordenar sus ideas y postulados. Tampoco imaginé que Sendero Luminoso rehacerla sus cuadros de comando con tanta prontitud. No sospeché la rapidez de la reorganización de la dirigencia senderista, a pesar de que esta columna anticipó que Abimael Guzmán no era la “rabia” y que, mientras hubiera el hambre, la miseria y la desesperanza que hay en el país, el terrorismo volvería a resurgir, con Sendero u otra secta a la cabeza, y que otra ideología reivindicadora reemplazaría al marxismo-maoísmo.
Lo ocurrido en el hotel miraflorino es demostración de que Sendero se ha reorganizado, de que tiene nuevo comando y nueva orientación y de que el gobierno ha sido cogido desprevenido, sin remota idea -es de sospechar- de lo que está ocurriendo en el campo de la subversión. Lo que no quiere decir que la República esté en peligro, no lo estuvo nunca frente a Sendero y al MRTA, ya que la diferencia de potencial entre la subversión terrorista y la Fuerza Armada -igual en el Perú que en Colombia- es sideral. Para que el terrorismo se transforme en riesgo para la supervivencia de una nación tiene que convertirse en fuerza popular, su ideología tiene que trascender a las mayorías nacionales, como es el caso de los integristas musulmanes en el norte de África. Querer equiparar el problema Sendero al del terrorismo argelino, por ejemplo, es delirar o pretender hipnotizar al país para engañarlo. Lo que tampoco significa -¡no se me vaya a acusar de senderista!- que el terrorismo no sea un peligro para la integridad física de los ciudadanos y un gran desestabilizador de la economía.
La reacción del gobierno arde el macabro rebrote senderista ha dejado pasmados a los peruanos pensantes y, sin embargo, obtendrá, casi con toda seguridad, el aplauso ciego de la mayoría, que cree en la eficacia de la pena de muerte y en la bondad de las universidades controladas por la disciplina militar.
Con el pretexto del coche-bomba en el Hotel María Angola, entre gallos y media noche, contrariando la normatividad jurídica, el régimen dio un nuevo golpe de Estado y puso a todas las universidades en manos del presidente de la República. Todas, porque todas, sin excepción, pueden ser intervenidas por el jefe de Estado, de acuerdo a la “ley” aprobada, en sesión “secreta” que se transformó en “reservada” para reducir el escándalo legal, y que se ejecutó contra San Marcos antes de que se cumpliera el plazo de ley.
Todo un monstruoso legicidio contra el que se alzarán muy pocas voces de condena, pues el régimen se ha ocupado de ir destruyendo todas las instituciones que pudieran ser contestatarias, desde los clubes de madres a los partidos políticos, y de desprestigiar, desacreditar o ridiculizar a todas las personalidades nacionales que pudieran tener audiencia y autoridad moral. No hay, hoy en el Perú, quien tenga ascendiente para alzar la voz ni hay donde hacerlo con amplitud: todos los medios de comunicación masiva están dominados o domesticados por el Estado. Una poderosísima maquinaria política, de acción sicosocial, ha ido triturando el esquema democrático del país, dejando a la democracia peruana reducida al ritual de las votaciones.
Así, con este manotazo a las universidades, va tomando forma el Nuevo Perú que el presidente Fujimori dice que está inventando y que, de acuerdo a los cuadernillos que un pajarillo verde dejó hace ya tiempo en esta casa, es producto de un secreto Consejo de Seguridad del Estado controlado por la Fuerza Armada. Un Nuevo Perú que no tendrá autonomía universitaria y que, grotescamente, luce como segundo vicepresidente de la República al rector de rectores, quien, dando risa y pena, afirma que sólo se intervendrán San Marcos y La Cantuta, que se lo ha dicho el presidente y que él no reniega de su creencia en la necesidad académica de la autonomía universitaria. Un Nuevo Perú que acaba de echar al tacho de la basura la ley creando la institución Defensor del Pueblo, porque el régimen no acepta que ese Defensor pueda entrar a los cuarteles y verificar si hay civiles secuestrados. ¡Y en esa ley de Defensoría - del Pueblo, obra de dos miembros de la mayoría oficialista, estaban de acuerdo todos los sectores del Parlamento, un Parlamento que es -por lo menos de título-Constituyente! Un Nuevo Perú que no tiene ejemplos, “yo estoy haciendo aquí mi propio modelo, yo estay inventando un país” (Fujimori), y para el que va a crear un nuevo sistema electoral. Un Nuevo Perú donde los magistrados, salvo el presidente de la Corte Suprema, están prohibidos de opinar. Un Nuevo Perú que quiere obligar a los magistrados supremos a interrogar en los, cuarteles a los presos de excepción (caso Zanatti). Un Nuevo Perú que convertirá en Museo de la Política Tradicional al histórico local del Congreso. Un Nuevo Perú que estudia adoptar la política de defensa de los Derechos Humanos de la China Comunista, según lo ha declarado en Trujillo la Fiscal de la Nación, justo el mismo día en que la agencia de noticias EFE anunció la ejecución en China de 151 criminales con un tiro en la nuca...
¡Este es el Nuevo Perú que iremos conociendo poco a poco! Pero ¿para qué seguir, sabiendo que somos una voz en el desierto?
FRANCISCO IGARTUA – EDITORIAL – Definiendo posiciones – Revista Oiga 22/05/1995
Era difícil hallar una explicación más clara y concluyente -aunque nos avergüence- sobre el resultado electoral de abril que la expresada por el señor Torrado, alto ejecutivo de la encuestadora Datum. Sin ningún rebuscamiento, Manuel Torrado afirmó -palabras menos, palabras más- que la mayoría de los peruanos de hoy identifica democracia con partidos políticos y con Alan García, con desorden, corrupción, inoperancia, retraso y desesperanza, con un camino ya trillado. Mientras que la figura del presidente Fujimori les representa a los peruanos, justamente por autocrático, eficiencia, orden, disciplina, esperanzas de mejora para el futuro; y, por su origen humilde, mayor comprensión de sus problemas, así como, por su ascendencia japonesa, posibilidad de ayuda masiva de un país rico y poderoso.
Para no pocos analistas, dados al alambicamiento de los conceptos, con afición a la sutileza por la sutileza misma, la explicación de Torrado les parecerá demasiado simplista. Y quien sabe tengan razón, aunque sin advertir que así de simple es la lectura correcta del proceso electoral recién concluido. Después de los hechos, no hay análisis más cabal de la tendencia del voto peruano actual que la sencillísima observación de Torrado. Todo esto, claro está, al margen del ausentismo, el mayor de nuestra historia, y del vergonzante torrente de votos nulos, que es ya otro tema, a tratar en nota aparte.
Viendo así las cosas: ¿qué se pudo hacer para revertir esa tendencia del electorado y qué se puede hacer ahora para explicarle al pueblo -también integrado por las clases altas- que su visión de la política es errada, tramposa, sin horizonte?
En cuanto a lo primero sólo cabe reconocer que la tarea que se propuso el doctor Javier Pérez de Cuéllar era casi un imposible, más todavía con los medios que dispuso. Era como subir al Himalaya sin calzado y sin abrigo. Pérez de Cuéllar, representando a la democracia, estuvo absolutamente huérfano de ayuda. Y también es necesario reconocer que la autocracia, además de contar a su favor con todos los medios habidos y por haber, tuvo la enorme habilidad de dedicar gran parte de sus energías y su tiempo a desprestigiar a los partidos y a lograr que la ciudadanía identificara democracia con Alan García y corrupción, con los blancos y la rapiña tradicional de la clase dirigente -cuyo rabioso fujimorismo fue muy bien escondido-; a lo que se añadió el descaro de no ocultar la prepotencia del gobierno, a sabiendas de que las masas respetan al más fuerte.
No hubo pues, cómo revertir la tendencia del electorado en el proceso electoral. Tanto por la falta de recursos en el lado democrático como por la habilidad del adversario en el poder.
Pero, en fin, todo esto es el pasado; es leche derramada, es página que hay que voltear para no dormirnos sobre ella esperando la extinción.
Miremos el porvenir. Un porvenir no demasiado promisor para quienes creemos en la democracia como la fórmula no sólo más justa sino la más eficaz -por su continuidad sostenida- para vivir en sociedad. No es entusiasmante, por ejemplo, la exitosa persistencia en las campañas confusionistas y los operativos sicosociales del régimen, destinados a menguar los valores democráticos y a desprestigiar a los demócratas más notables, como Vargas Llosa y Pérez de Cuéllar; operativos apoyados con vigor y descaro por los medios masivos de comunicación. Y menos alentador aún es tener que reconocer que el esquema que ha guiado a los electores no deja, en algunos casos, de responder positivamente frente a la realidad: el autoritarismo es más rápido para hallar soluciones a los problemas y parece más eficiente en la práctica. Y la imagen esperanzadora crece cuando el líder del “nuevo” sistema, es el caso del presidente Fujimori, prueba que sabe conectar con el pueblo, que usa con medida la audacia -siempre cautivadora para las masas- y que se prodiga sin medida en el trabajo.
¿Cómo responder a esto?
No es fácil explicar que hay mucho de ilusión y de engaño en el planteamiento -resumido por Torrado- que tiene encandiladas a las multitudes peruanas y las hizo votar por esa entelequia difusa que se titula Cambio 90-Nueva Mayoría. ¿De qué valen las razones sobre el peso que tiene en la liquidación de Sendero Luminoso la caída del Muro de Berlín, si el que exhibió enjaulado a Abimael Guzmán fue Fujimori? A quién le interesa saber que no hay vida política democrática sin partidos, sin respeto a las minorías, sin pluralidad de opiniones, sin instituciones firmes e independientes si el que construye caminos y colegios en las barriadas, destruyendo la agricultura, es Fujimori? ¿Acaso no es cierto que somos minoría de minorías los medios de expresión que no creemos sano un sistema que cada día se parece más al PRI mexicano, con añadidos inspirados con toda claridad en las autocracias del extremo Oriente? ¿Qué se gana explicando, si nadie quiere oír, que Cambio 90-Nueva Mayoría es un partido político con todas las peores lacras y sumisiones de los partidos de hoy, de ayer y de siempre, porque el ser humano, desde que se constituyó en tribu y en sociedad, nunca ha dejado de estar dividido o unido en partidos? Eso del no-partido es una estulticia, una necedad de analfabetos o picardía de políticos muy jugados.
¿Nada se gana, entonces, con buscar la verdad?
Se gana por lo pronto el rescate de la propia dignidad, que es ya bastante; y se cumple con el Maestro -Unamuno- quien dijo que “la más miserable de todas las miserias, la más repugnante y apestosa argucia de la cobardía es esa de decir que nada se adelanta con denunciar al ladrón y al majadero”.
Es posible que en los próximos años no haya oídos para la razón ni para la sensatez y que el eclipse de la democracia llegue, sin que muchos lo adviertan, a niveles hasta ahora desconocidos en este país. ¿Acaso no se ha llegado ya a una confusión tal que es difícil distinguir hoy entre la verdad y la mentira, entre la broma y el insulto, entre un reo y un empresario?... Pero espero, sin embargo, no perder la oportunidad de poner un grano de arena para tratar de evitar que se cumpla éste tan negro presagio. No quiero perder la esperanza de que una oposición razonada pueda servir para que la eficiencia del régimen no se ensucie con la arbitrariedad y el abuso.
Y, sobre todo, no quiero sentirme amordazado, no me da la gana de callar cuando siento náuseas al leer a Manuel D’Ornellas tratando de ofender al doctor Javier Pérez de Cuéllar enrostrándole su edad -como si D’Ornellas fuera joven- y negándole el derecho a hacer política en su patria; o cuando me dan ganas de vomitar al revisar las primeras planas de los diarios en las que se acusa a Mario Vargas Llosa de hacer renuncia a su tierra, a su peruanidad, porque ha podido cumplir un viejo anhelo: vender un inmueble, en el que habitó unos pocos años, para contar con un penthouse en lo alto del edificio que allí se construya, frente al mar del Perú, el país en el que nació y al que no deja de añadirle glorias con sus triunfos en el mundo.
Para no pocos analistas, dados al alambicamiento de los conceptos, con afición a la sutileza por la sutileza misma, la explicación de Torrado les parecerá demasiado simplista. Y quien sabe tengan razón, aunque sin advertir que así de simple es la lectura correcta del proceso electoral recién concluido. Después de los hechos, no hay análisis más cabal de la tendencia del voto peruano actual que la sencillísima observación de Torrado. Todo esto, claro está, al margen del ausentismo, el mayor de nuestra historia, y del vergonzante torrente de votos nulos, que es ya otro tema, a tratar en nota aparte.
Viendo así las cosas: ¿qué se pudo hacer para revertir esa tendencia del electorado y qué se puede hacer ahora para explicarle al pueblo -también integrado por las clases altas- que su visión de la política es errada, tramposa, sin horizonte?
En cuanto a lo primero sólo cabe reconocer que la tarea que se propuso el doctor Javier Pérez de Cuéllar era casi un imposible, más todavía con los medios que dispuso. Era como subir al Himalaya sin calzado y sin abrigo. Pérez de Cuéllar, representando a la democracia, estuvo absolutamente huérfano de ayuda. Y también es necesario reconocer que la autocracia, además de contar a su favor con todos los medios habidos y por haber, tuvo la enorme habilidad de dedicar gran parte de sus energías y su tiempo a desprestigiar a los partidos y a lograr que la ciudadanía identificara democracia con Alan García y corrupción, con los blancos y la rapiña tradicional de la clase dirigente -cuyo rabioso fujimorismo fue muy bien escondido-; a lo que se añadió el descaro de no ocultar la prepotencia del gobierno, a sabiendas de que las masas respetan al más fuerte.
No hubo pues, cómo revertir la tendencia del electorado en el proceso electoral. Tanto por la falta de recursos en el lado democrático como por la habilidad del adversario en el poder.
Pero, en fin, todo esto es el pasado; es leche derramada, es página que hay que voltear para no dormirnos sobre ella esperando la extinción.
Miremos el porvenir. Un porvenir no demasiado promisor para quienes creemos en la democracia como la fórmula no sólo más justa sino la más eficaz -por su continuidad sostenida- para vivir en sociedad. No es entusiasmante, por ejemplo, la exitosa persistencia en las campañas confusionistas y los operativos sicosociales del régimen, destinados a menguar los valores democráticos y a desprestigiar a los demócratas más notables, como Vargas Llosa y Pérez de Cuéllar; operativos apoyados con vigor y descaro por los medios masivos de comunicación. Y menos alentador aún es tener que reconocer que el esquema que ha guiado a los electores no deja, en algunos casos, de responder positivamente frente a la realidad: el autoritarismo es más rápido para hallar soluciones a los problemas y parece más eficiente en la práctica. Y la imagen esperanzadora crece cuando el líder del “nuevo” sistema, es el caso del presidente Fujimori, prueba que sabe conectar con el pueblo, que usa con medida la audacia -siempre cautivadora para las masas- y que se prodiga sin medida en el trabajo.
¿Cómo responder a esto?
No es fácil explicar que hay mucho de ilusión y de engaño en el planteamiento -resumido por Torrado- que tiene encandiladas a las multitudes peruanas y las hizo votar por esa entelequia difusa que se titula Cambio 90-Nueva Mayoría. ¿De qué valen las razones sobre el peso que tiene en la liquidación de Sendero Luminoso la caída del Muro de Berlín, si el que exhibió enjaulado a Abimael Guzmán fue Fujimori? A quién le interesa saber que no hay vida política democrática sin partidos, sin respeto a las minorías, sin pluralidad de opiniones, sin instituciones firmes e independientes si el que construye caminos y colegios en las barriadas, destruyendo la agricultura, es Fujimori? ¿Acaso no es cierto que somos minoría de minorías los medios de expresión que no creemos sano un sistema que cada día se parece más al PRI mexicano, con añadidos inspirados con toda claridad en las autocracias del extremo Oriente? ¿Qué se gana explicando, si nadie quiere oír, que Cambio 90-Nueva Mayoría es un partido político con todas las peores lacras y sumisiones de los partidos de hoy, de ayer y de siempre, porque el ser humano, desde que se constituyó en tribu y en sociedad, nunca ha dejado de estar dividido o unido en partidos? Eso del no-partido es una estulticia, una necedad de analfabetos o picardía de políticos muy jugados.
¿Nada se gana, entonces, con buscar la verdad?
Se gana por lo pronto el rescate de la propia dignidad, que es ya bastante; y se cumple con el Maestro -Unamuno- quien dijo que “la más miserable de todas las miserias, la más repugnante y apestosa argucia de la cobardía es esa de decir que nada se adelanta con denunciar al ladrón y al majadero”.
Es posible que en los próximos años no haya oídos para la razón ni para la sensatez y que el eclipse de la democracia llegue, sin que muchos lo adviertan, a niveles hasta ahora desconocidos en este país. ¿Acaso no se ha llegado ya a una confusión tal que es difícil distinguir hoy entre la verdad y la mentira, entre la broma y el insulto, entre un reo y un empresario?... Pero espero, sin embargo, no perder la oportunidad de poner un grano de arena para tratar de evitar que se cumpla éste tan negro presagio. No quiero perder la esperanza de que una oposición razonada pueda servir para que la eficiencia del régimen no se ensucie con la arbitrariedad y el abuso.
Y, sobre todo, no quiero sentirme amordazado, no me da la gana de callar cuando siento náuseas al leer a Manuel D’Ornellas tratando de ofender al doctor Javier Pérez de Cuéllar enrostrándole su edad -como si D’Ornellas fuera joven- y negándole el derecho a hacer política en su patria; o cuando me dan ganas de vomitar al revisar las primeras planas de los diarios en las que se acusa a Mario Vargas Llosa de hacer renuncia a su tierra, a su peruanidad, porque ha podido cumplir un viejo anhelo: vender un inmueble, en el que habitó unos pocos años, para contar con un penthouse en lo alto del edificio que allí se construya, frente al mar del Perú, el país en el que nació y al que no deja de añadirle glorias con sus triunfos en el mundo.
FRANCISCO IGARTUA – EDITORIAL – Política, Agricultura y Civilización – Revista Oiga 8/05/1995
Con qué ánimo escribir cuando se observa lo que ocurre en estos días a la vista y paciencia de los peruanos?
¿Qué decir ante el gigantesco aparato publicitario montado con la entrega negociada de Alfredo Zanatti, que ofrece novedades y repite una película ya gastada?... ¿Cómo juzgar la tremenda y enclaustrada celebración no se sabe si de la victoria del 2 de mayo de 1866 o del fallido esfuerzo por tomar Tiwinza; celebración con discursos que desmienten abiertamente un reciente comunicado de la Cancillería peruana en el que se contrastaba la sobriedad de nuestros pronunciamientos con los agresivos retiros de las tropas ecuatorianas de los puestos que habían invadido y en los que habrían dejado colonos?... ¿Cómo comentar el desbarajuste electoral y el silencio generalizado sobre el origen de ese embrollo: la grosera irregularidad que significó entregar el control del cómputo a la fantasmal firma OTEPSA -que ni local poseía-, poniendo de lado a la IBM?
Sin embargo, así como en el teatro no es posible paralizar el espectáculo cuando se ha alzado el telón, en el periodismo se hace imperativo, frente a situaciones como la actual, acatar el mandato de la conciencia y cumplir con el consejo del maestro Unamuno: no guardar silencio frente al abuso, al atropello, engaño, porque callar es consentir y hacerse cómplice.
Bien es verdad que tampoco es posible nadar permanentemente a contracorriente y negar evidencias como el triunfo electoral del presidente Fujimori. Pero sí sería demasiado callar que las elecciones del 9 de abril no sólo estuvieron lejos de haber sido ejemplares sino que son prueba de la voluntad de fraude que existió en un proceso que va culminando con más de un millón de votos volatilizados y casi 40% de nulos, con miles de actas sustraídas y un número indeterminado de ellas introducidas en un sistema de cómputo que resultó una caja de Pandora... Todo un festín electrónico, donde la velocidad ha jugado en pared con las encuestas para desconcertar y engañar a las multitudes; y festín sobre el que la televisión y la mayoría de las radios callan en todos los idiomas del mundo. Para esos medios -que son los que llegan a la masa- las noticias que desagradan al gobierno no son noticia y sí lo son los shows publicitarios que el régimen monta con indiscutible habilidad cada vez que necesita esconder verdades que le son molestas, como la derrota de Tiwinza, el fiasco del mago OTEPSA, las 37 mil actas sustraídas, etc.
Para la televisión y la mayoría de la prensa no hay otra noticia de actualidad que el show de Zanatti, destinado según lo confiesa Expreso a liquidar políticamente a Alan García. Lo que sin duda sería una bendición para el país, ya que no es fácil hallar -en la historia universal-un personaje que haya tenido mayor habilidad que él para acumular errores, raterías y despropósitos, que haya logrado destrozar más a fondo un país, que haya tenido un comportamiento más cercano a los caballos de Atila. Pero no es con shows a lo Zanatti como se librará el Perú del maleficio que representa Alan García y mucho menos otorgándole al pillo de Zanatti la condición de fiscal, de acusador justiciero. Eso se llama alterar por completo la escala de valores, es caer en el canalla juego de usar medios viles con la excusa de perseguir un fin noble... Y así no se liquida políticamente a nadie, ni siquiera a un político descalificado moralmente como Alan García. La política tiene sutiles e inesperados comportamientos, basados en la magia de la fe. Es un terreno en el que con facilidad se confunde la verdad con la mentira, la razón con el engaño, el prestigio con la zafiedad. La política es como la economía, el día en que se encuentren reglas matemáticas para su manera de operar se habrán acabado los problemas del mundo.
Recuerdo, por ejemplo, una misteriosa cita en el extranjero para ofrecerme pruebas documentales contundentes contra un ministro de Alan García. En ese entonces ya era presidente el ingeniero Fujimori. Se me pidió viajar para constatar la importancia de los documentos. Viajé. Se me exigió una gruesa cantidad de dinero para soltar las pruebas. Logré se juntara la bolsa... Y lancé la noticia a los cuatro vientos. Hubo algún escándalo. Pero al poco tiempo el silencio se impuso. “Aquí no pasó nada” y ahí están, publicadas, las pruebas documentales que para nada sirvieron: porque ni el gobierno ni la oposición en el CCD quisieron poner un poco de voluntad para moralizar a este país, en el que sigue saliendo pus donde se hunde el dedo.
¿Sobre qué escribir para contentar a’ los que nos califican de derramadores de bilis y nos acusan de ensañamiento con los defectos del régimen; defectos que ellos mismos reconocen -arbitrariedad, prepotencia, centralismo, desprecio por la democracia-, pero que, muy limeñamente, prefieren que los callemos para no alterar la paz varsoviana de la que gozan?
¿Acaso no hay aspectos positivos en la administración Fujimori?
Claro que sí. Por lo pronto, podríamos destacar, sin faltar a la verdad, la energía, el don de mando, la infatigable dedicación a las obras de infraestructura en las barriadas populares que exhibe el presidente Fujimori. Y, a la vez, pedirle que reflexione y piense que, así como en un tiempo el problema número uno del Perú fue el terrorismo, hoy lo es la recuperación del agro y que a esa tarea debiera dedicarse ahora, poniendo en la misma la tenacidad y el empeño empleados en hacer beneficencia en los poblados con numeroso electorado. Ya ganó las elecciones y sería bueno que medite en que la beneficencia en las barriadas de Lima, Arequipa, Cuzco, Trujillo, no le hacen bien al agro ni a esas ciudades, ya saturadas de habitantes y con gravísimos problemas de servicios. Seria bueno que el presidente Fujimori se convenza de que tiene en sus manos, en su capacidad de liderazgo popular, los resortes necesarios para reparar el daño que él les ha hecho a las ciudades, alentando la migración del campo a las luces de las calles citadinas. Puede él reparar ese daño poniendo su incansable energía en la tarea de repotenciar el agro, porque sin una agricultura próspera no habrá desarrollo, digan lo que digan los economistas y los fundamentalistas del mercado libre. No es desarrollo comprar papas de Holanda, porque están baratos sus excedentes, y abandonar los campos del Perú, empujando al campesinado a mendigar en las calles de la, ciudad, atraídos por la luz eléctrica, el agua y desagüe y los colegios con los que el presidente Fujimori va construyendo su popularidad. Eso -la compra de alimentos en el exterior- no es desarrollo ni modernidad sino delirante fundamentalismo destinado a destruir la agricultura y a matar de hambre al campesino, lograr que se desvanezca la patria, que es, entre otras cosas, hermandad de seres humanos nacidos en un mismo territorio.
Y, ya que se habla tanto de colegios, bueno seria también que el presidente Fujimori advierta que más importante que los ladrillos es la enseñanza y que con maestros mendicantes no servirán de mucho sus construcciones. Más todavía: debiera entender el presidente Fujimori, en estos días de homenaje a la libertad de prensa, que con ladrillos no se lee, ni se divulga cultura. Para que un país logre ser desarrollado es necesario que su gente haya alcanzado el hábito de la lectura, algo imposible en el Perú actual, con el papel más caro del mundo: 35.5% de carga tributaria. Un verdadero crimen de lesa cultura en opinión de cualquier ciudadano de un país civilizado. ¡Por algo, en pocos años, los lectores peruanos no sólo no han crecido sino que se han reducido a un tercio! ¡Así no se hace patria!
¿Qué decir ante el gigantesco aparato publicitario montado con la entrega negociada de Alfredo Zanatti, que ofrece novedades y repite una película ya gastada?... ¿Cómo juzgar la tremenda y enclaustrada celebración no se sabe si de la victoria del 2 de mayo de 1866 o del fallido esfuerzo por tomar Tiwinza; celebración con discursos que desmienten abiertamente un reciente comunicado de la Cancillería peruana en el que se contrastaba la sobriedad de nuestros pronunciamientos con los agresivos retiros de las tropas ecuatorianas de los puestos que habían invadido y en los que habrían dejado colonos?... ¿Cómo comentar el desbarajuste electoral y el silencio generalizado sobre el origen de ese embrollo: la grosera irregularidad que significó entregar el control del cómputo a la fantasmal firma OTEPSA -que ni local poseía-, poniendo de lado a la IBM?
Sin embargo, así como en el teatro no es posible paralizar el espectáculo cuando se ha alzado el telón, en el periodismo se hace imperativo, frente a situaciones como la actual, acatar el mandato de la conciencia y cumplir con el consejo del maestro Unamuno: no guardar silencio frente al abuso, al atropello, engaño, porque callar es consentir y hacerse cómplice.
Bien es verdad que tampoco es posible nadar permanentemente a contracorriente y negar evidencias como el triunfo electoral del presidente Fujimori. Pero sí sería demasiado callar que las elecciones del 9 de abril no sólo estuvieron lejos de haber sido ejemplares sino que son prueba de la voluntad de fraude que existió en un proceso que va culminando con más de un millón de votos volatilizados y casi 40% de nulos, con miles de actas sustraídas y un número indeterminado de ellas introducidas en un sistema de cómputo que resultó una caja de Pandora... Todo un festín electrónico, donde la velocidad ha jugado en pared con las encuestas para desconcertar y engañar a las multitudes; y festín sobre el que la televisión y la mayoría de las radios callan en todos los idiomas del mundo. Para esos medios -que son los que llegan a la masa- las noticias que desagradan al gobierno no son noticia y sí lo son los shows publicitarios que el régimen monta con indiscutible habilidad cada vez que necesita esconder verdades que le son molestas, como la derrota de Tiwinza, el fiasco del mago OTEPSA, las 37 mil actas sustraídas, etc.
Para la televisión y la mayoría de la prensa no hay otra noticia de actualidad que el show de Zanatti, destinado según lo confiesa Expreso a liquidar políticamente a Alan García. Lo que sin duda sería una bendición para el país, ya que no es fácil hallar -en la historia universal-un personaje que haya tenido mayor habilidad que él para acumular errores, raterías y despropósitos, que haya logrado destrozar más a fondo un país, que haya tenido un comportamiento más cercano a los caballos de Atila. Pero no es con shows a lo Zanatti como se librará el Perú del maleficio que representa Alan García y mucho menos otorgándole al pillo de Zanatti la condición de fiscal, de acusador justiciero. Eso se llama alterar por completo la escala de valores, es caer en el canalla juego de usar medios viles con la excusa de perseguir un fin noble... Y así no se liquida políticamente a nadie, ni siquiera a un político descalificado moralmente como Alan García. La política tiene sutiles e inesperados comportamientos, basados en la magia de la fe. Es un terreno en el que con facilidad se confunde la verdad con la mentira, la razón con el engaño, el prestigio con la zafiedad. La política es como la economía, el día en que se encuentren reglas matemáticas para su manera de operar se habrán acabado los problemas del mundo.
Recuerdo, por ejemplo, una misteriosa cita en el extranjero para ofrecerme pruebas documentales contundentes contra un ministro de Alan García. En ese entonces ya era presidente el ingeniero Fujimori. Se me pidió viajar para constatar la importancia de los documentos. Viajé. Se me exigió una gruesa cantidad de dinero para soltar las pruebas. Logré se juntara la bolsa... Y lancé la noticia a los cuatro vientos. Hubo algún escándalo. Pero al poco tiempo el silencio se impuso. “Aquí no pasó nada” y ahí están, publicadas, las pruebas documentales que para nada sirvieron: porque ni el gobierno ni la oposición en el CCD quisieron poner un poco de voluntad para moralizar a este país, en el que sigue saliendo pus donde se hunde el dedo.
¿Sobre qué escribir para contentar a’ los que nos califican de derramadores de bilis y nos acusan de ensañamiento con los defectos del régimen; defectos que ellos mismos reconocen -arbitrariedad, prepotencia, centralismo, desprecio por la democracia-, pero que, muy limeñamente, prefieren que los callemos para no alterar la paz varsoviana de la que gozan?
¿Acaso no hay aspectos positivos en la administración Fujimori?
Claro que sí. Por lo pronto, podríamos destacar, sin faltar a la verdad, la energía, el don de mando, la infatigable dedicación a las obras de infraestructura en las barriadas populares que exhibe el presidente Fujimori. Y, a la vez, pedirle que reflexione y piense que, así como en un tiempo el problema número uno del Perú fue el terrorismo, hoy lo es la recuperación del agro y que a esa tarea debiera dedicarse ahora, poniendo en la misma la tenacidad y el empeño empleados en hacer beneficencia en los poblados con numeroso electorado. Ya ganó las elecciones y sería bueno que medite en que la beneficencia en las barriadas de Lima, Arequipa, Cuzco, Trujillo, no le hacen bien al agro ni a esas ciudades, ya saturadas de habitantes y con gravísimos problemas de servicios. Seria bueno que el presidente Fujimori se convenza de que tiene en sus manos, en su capacidad de liderazgo popular, los resortes necesarios para reparar el daño que él les ha hecho a las ciudades, alentando la migración del campo a las luces de las calles citadinas. Puede él reparar ese daño poniendo su incansable energía en la tarea de repotenciar el agro, porque sin una agricultura próspera no habrá desarrollo, digan lo que digan los economistas y los fundamentalistas del mercado libre. No es desarrollo comprar papas de Holanda, porque están baratos sus excedentes, y abandonar los campos del Perú, empujando al campesinado a mendigar en las calles de la, ciudad, atraídos por la luz eléctrica, el agua y desagüe y los colegios con los que el presidente Fujimori va construyendo su popularidad. Eso -la compra de alimentos en el exterior- no es desarrollo ni modernidad sino delirante fundamentalismo destinado a destruir la agricultura y a matar de hambre al campesino, lograr que se desvanezca la patria, que es, entre otras cosas, hermandad de seres humanos nacidos en un mismo territorio.
Y, ya que se habla tanto de colegios, bueno seria también que el presidente Fujimori advierta que más importante que los ladrillos es la enseñanza y que con maestros mendicantes no servirán de mucho sus construcciones. Más todavía: debiera entender el presidente Fujimori, en estos días de homenaje a la libertad de prensa, que con ladrillos no se lee, ni se divulga cultura. Para que un país logre ser desarrollado es necesario que su gente haya alcanzado el hábito de la lectura, algo imposible en el Perú actual, con el papel más caro del mundo: 35.5% de carga tributaria. Un verdadero crimen de lesa cultura en opinión de cualquier ciudadano de un país civilizado. ¡Por algo, en pocos años, los lectores peruanos no sólo no han crecido sino que se han reducido a un tercio! ¡Así no se hace patria!
FRANCISCO IGARTUA – EDITORIAL – Un loco bombardeo noticioso – Revista Oiga 1/05/1995
Al cierre de esta edición, varios días antes de que comience a circular la revista ¡contratiempos de la época!-, el bombardeo noticioso de la semana tiene parecido con el estallido de la santa, bárbara de un acorazado. Primera sorpresa: el atildado señor Murray, siempre dispuesto a encontrar todo correcto en el proceso electoral del 9 de abril, quedó de pronto espantado con la desaparición de 37 mil actas de sufragio, por lo que se negó a firmar la conformidad de la OEA a la limpieza de las elecciones del 9 de abril y, sin más, tomó un avión y voló a Washington. Al mismo tiempo, con ancha sonrisa, el retirado capitán de navío Luis Mellet se presentó ante la Justicia Militar y al poco rato se le congeló la alegría en la cara. Sus opiniones sobre el reciente conflicto bélico con el Ecuador -favorables al régimen- fueron calificadas de delito y se ordenó su detención. Acompañaba en su suerte, aunque en prisión para marinos, al general Ledesma, a quien un oficial de rango inferior al suyo lo acusa de lo mismo: de expresar su parecer sobre las operaciones militares en el Cenepa; a las que este general sí no las vio técnicamente bien conducidas por el alto mando peruano. Ante semejantes hechos, la citación alcanzada al general Mauricio por ese mismo Tribunal -cuyo presidente ha adelantado juicio contra el general Ledesma-, es, sin duda alguna, el anuncio de que será detenido y de que nos hallamos ante un operativo de persecución y amedrentamiento al interior de la Fuerza Armada. También dirigido contra el doctor Javier Pérez de Cuéllar, con quien colaboraban muy de cerca los generales Mauricio y Ledesma, los dos en retiro, igual que Mellet, y por lo tanto aptos para ejercer íntegros los derechos ciudadanos que todas las constituciones, aún la del CCD, consagran.
Pero esto no era sino el comienzo de un bombardeo noticioso destinado, al parecer, a ablandar el terreno antes de lanzar una gran cortina de humo sobre la derrota de Tiwinza -puesta en evidencia con gran fanfarria en la TV por el general ecuatoriano Paco Moncayo- y sobre la sorprendente negativa del delegado de la OEA a avalar la limpieza de unas elecciones con miles de actas, o sea millones de votos, desaparecidas, junto a tampones, sellos, lapiceros y el resto del material necesario para fraguar electores.
Los primeros bombardeos con humo oscuro fueron las cartas del general López Trigoso. Una dirigida al alto mando pidiendo permiso para la segunda, repartida como volante, pero que a OIGA no ha llegado, a pesar de que la revista es citada con insistencia en la misiva del general y en la que se nos conmina a publicarla... Pero el tremendo bombazo, que sonó como el reventón de una santabárbara, fue la presencia en Lima de Alfredo Zanatti, el hombre del dólar MUC, el socio de Alan García, el perseguido que eludió a la policía durante años, sin tomarse la molestia de esconderse, pues con frecuencia se le veía pasearse abiertamente por Roma, Frankfirt, Madrid, Sevilla, Miami, San José. Se trata -hay evidencias para afirmarlo- de una entrega negociada, concretada meses atrás en el extranjero y afinada en las últimas semanas con Zanatti confinado en la base aérea de las Palmas. De tan sorprendente y misteriosa cortina, tenida largo tiempo escondida bajo la manga y tendida en momento oportuno para cambiar los temas de la conversación diaria de estos días, se ocupa OIGA en las páginas que siguen.
En esta columna estoy obligado a comentar las penosas cartas rectificatorias del general Vladimiro López Trigoso. Penosas porque en todo el episodio que las rodea hay enorme poquedad de espíritu, esmirriado aprecio por la honra, torpe abuso de autoridad. Hay tanta pequeñez soterrada en lo escrito y en lo que esas cartas insinúan que entristece enterarse de tamaña sordidez y me hace creer que sólo un equivocado sentido de la disciplina militar o un apremio demasiado brutal llevó al general López a poner su firma en un alegato que, por lo dicho en sus cartas, estuvo llevándolo incomprensiblemente callado durante casi un mes y que, en relación con OIGA, nada rectifica. OIGA se limitó a hacer público el nombre del remitente de una carta, publicada por Caretas, nombre que sólo un retardado mental no podía descubrir, pues eran demasiado claras las evidencias: la carta respondía una a una las acusaciones directas que un reportero de televisión y el propio presidente Fujimori le habían hecho al general López Trigoso y hacía comentarios que sólo el jefe de operaciones del Cenepa podía hacer. OIGA se limitó, pues, a resolver un acertijo demasiado fácil. Otra cosa, en la que nada tiene que ver esta revista, es si alguien se atrevió a falsificar la carta manuscrita publicada por Caretas. Lo que me parece una hipótesis disparatada, ya que es difícil encontrarle sentido a semejante patraña. ¿Quién podría interesarse por poner a salvo al general López de los graves cargos que le habían lanzado el señor presidente de la República y los periodistas de su entorno sino el mismo general López ‘Trigoso’. Y, en último caso, la solución a cualquier duda que pudiera subsistir es muy fácil de resolver. Bastaría, como lo señala Caretas, con una pericia grafológica ante tribunales competentes. Lo del interrogatorio periodístico en público, sí no me parece pertinente, aunque, sin duda, sería muy periodístico y divertido. ¿Por qué no se le hace la pericia grafológica?
Y, para terminar, no quiere OIGA sustraerse a la casi unánime exhortación que se le hace al gobierno para que inicie su segundo mandato extendiendo una magnánima rama de olivo a los que cree son sus enemigos. Sería un gesto que lo enaltecería y dejaría en posición desairada a los intransigentes, a los principistas radicales, a los opositores contumaces. ¿Qué beneficio le reporta al gobierno la prisión del general Salinas Sedó y los oficiales que lo acompañan en el Real Felipe? ¿Le hace bien al gobierno ensañarse contra Salinas y los suyos y mostrar dureza irracional, mezquindad y rencor vengativo? ¿Ganará algo el gobierno arremetiendo contra la Constitución, la Justicia y el orden jurídico para vengarse de los generales Ledesma y Mauricio por el “delito” de poner en evidencia la torpeza del comando en el conflicto del norte? ¿Le es útil al gobierno humillar al general López Trigoso, bastante humillado ya con las acusaciones que se le hicieron cuando aún no habían concluido los combates en el Cenepa, haciéndole publicar, a destiempo, cartas -la dirigida a su comando y la destina a “rectificar” a OIGA y Caretas- que nada aclaran y más bien sirven para que los periodistas de oposición nos sintamos asediados, presionados, amenazados? ¿Les es beneficioso al presidente Fujimori comprarse los resentimientos del general Hermoza Ríos?
Pero esto no era sino el comienzo de un bombardeo noticioso destinado, al parecer, a ablandar el terreno antes de lanzar una gran cortina de humo sobre la derrota de Tiwinza -puesta en evidencia con gran fanfarria en la TV por el general ecuatoriano Paco Moncayo- y sobre la sorprendente negativa del delegado de la OEA a avalar la limpieza de unas elecciones con miles de actas, o sea millones de votos, desaparecidas, junto a tampones, sellos, lapiceros y el resto del material necesario para fraguar electores.
Los primeros bombardeos con humo oscuro fueron las cartas del general López Trigoso. Una dirigida al alto mando pidiendo permiso para la segunda, repartida como volante, pero que a OIGA no ha llegado, a pesar de que la revista es citada con insistencia en la misiva del general y en la que se nos conmina a publicarla... Pero el tremendo bombazo, que sonó como el reventón de una santabárbara, fue la presencia en Lima de Alfredo Zanatti, el hombre del dólar MUC, el socio de Alan García, el perseguido que eludió a la policía durante años, sin tomarse la molestia de esconderse, pues con frecuencia se le veía pasearse abiertamente por Roma, Frankfirt, Madrid, Sevilla, Miami, San José. Se trata -hay evidencias para afirmarlo- de una entrega negociada, concretada meses atrás en el extranjero y afinada en las últimas semanas con Zanatti confinado en la base aérea de las Palmas. De tan sorprendente y misteriosa cortina, tenida largo tiempo escondida bajo la manga y tendida en momento oportuno para cambiar los temas de la conversación diaria de estos días, se ocupa OIGA en las páginas que siguen.
En esta columna estoy obligado a comentar las penosas cartas rectificatorias del general Vladimiro López Trigoso. Penosas porque en todo el episodio que las rodea hay enorme poquedad de espíritu, esmirriado aprecio por la honra, torpe abuso de autoridad. Hay tanta pequeñez soterrada en lo escrito y en lo que esas cartas insinúan que entristece enterarse de tamaña sordidez y me hace creer que sólo un equivocado sentido de la disciplina militar o un apremio demasiado brutal llevó al general López a poner su firma en un alegato que, por lo dicho en sus cartas, estuvo llevándolo incomprensiblemente callado durante casi un mes y que, en relación con OIGA, nada rectifica. OIGA se limitó a hacer público el nombre del remitente de una carta, publicada por Caretas, nombre que sólo un retardado mental no podía descubrir, pues eran demasiado claras las evidencias: la carta respondía una a una las acusaciones directas que un reportero de televisión y el propio presidente Fujimori le habían hecho al general López Trigoso y hacía comentarios que sólo el jefe de operaciones del Cenepa podía hacer. OIGA se limitó, pues, a resolver un acertijo demasiado fácil. Otra cosa, en la que nada tiene que ver esta revista, es si alguien se atrevió a falsificar la carta manuscrita publicada por Caretas. Lo que me parece una hipótesis disparatada, ya que es difícil encontrarle sentido a semejante patraña. ¿Quién podría interesarse por poner a salvo al general López de los graves cargos que le habían lanzado el señor presidente de la República y los periodistas de su entorno sino el mismo general López ‘Trigoso’. Y, en último caso, la solución a cualquier duda que pudiera subsistir es muy fácil de resolver. Bastaría, como lo señala Caretas, con una pericia grafológica ante tribunales competentes. Lo del interrogatorio periodístico en público, sí no me parece pertinente, aunque, sin duda, sería muy periodístico y divertido. ¿Por qué no se le hace la pericia grafológica?
Y, para terminar, no quiere OIGA sustraerse a la casi unánime exhortación que se le hace al gobierno para que inicie su segundo mandato extendiendo una magnánima rama de olivo a los que cree son sus enemigos. Sería un gesto que lo enaltecería y dejaría en posición desairada a los intransigentes, a los principistas radicales, a los opositores contumaces. ¿Qué beneficio le reporta al gobierno la prisión del general Salinas Sedó y los oficiales que lo acompañan en el Real Felipe? ¿Le hace bien al gobierno ensañarse contra Salinas y los suyos y mostrar dureza irracional, mezquindad y rencor vengativo? ¿Ganará algo el gobierno arremetiendo contra la Constitución, la Justicia y el orden jurídico para vengarse de los generales Ledesma y Mauricio por el “delito” de poner en evidencia la torpeza del comando en el conflicto del norte? ¿Le es útil al gobierno humillar al general López Trigoso, bastante humillado ya con las acusaciones que se le hicieron cuando aún no habían concluido los combates en el Cenepa, haciéndole publicar, a destiempo, cartas -la dirigida a su comando y la destina a “rectificar” a OIGA y Caretas- que nada aclaran y más bien sirven para que los periodistas de oposición nos sintamos asediados, presionados, amenazados? ¿Les es beneficioso al presidente Fujimori comprarse los resentimientos del general Hermoza Ríos?
FRANCISCO IGARTUA – EDITORIAL - Reflexiones en torno a la “Democracia Directa” – Revista Oiga 24/04/1995
A pesar de la extraña confusión que se está observando en los cómputos electorales, nadie duda ni discute que la tendencia de la voluntad popular ha sido reelegir al presidente Fujimori y elegir un Parlamento que le sea dócil al líder ante el que se ha doblegado el país. Además, está a la vista, aunque no haya habido entusiasmo ni grandes celebraciones de masas, que la corriente ciudadana en este sentido ha sido abrumadora. Por lo que resultará llorar sobre leche derramada el recordar que el origen del fenómeno político que vive la República fue un golpe de Estado contra el sistema democrático y que su basamento legal es una Constitución reeleccionista elaborada por un Congreso hechizo, de diminuta representatividad, prohijado por el ánimo bomberil de la OEA y las habilidades florentinas del delegado norteamericano ante esa organización, Luigi Einaudi. Recordar la leche derramada será adentramos en el terreno de los principios, de la escala de valores, en los vericuetos del orden moral y de la educación cívica, aspectos de la convivencia humana que, también sin duda alguna y para nuestra vergüenza histórica, han sido repudiados por el electorado, deseoso de recibir dádivas y ver resultados tangibles; dispuesto a dejarse encandilar, sin reflexión ni análisis, por la nueva ideología del pragmatismo y la globalización económica, por el fundamentalismo liberal.
A este estado de ánimo contribuyen hechos positivos como la eficacia de la construcción de infraestructura, el ordenamiento de la economía y la extinción del terrorismo. Cuyos frutos se han visto en varias privatizaciones -no en todas- del año pasado y hoy en la exitosa venta del Banco Continental. Celebrable no sólo por la importancia mundial del Banco Bilbao Vizcaya sino por la participación peruana en la operación. Los hermanos Brescia no son socios simbólicos del Bilbao Vizcaya, sino parte medular de la nueva y, se supone, modernísima y competitiva entidad bancaria que surgirá del viejo Continental.
Pero así como no es oro todo lo que brilla en la política económica del régimen, tampoco viene resultando tan aplastante la victoria electoral del presidente Fujimori, empañada por un altísimo ausentismo, mientras que la elección parlamentaria se ha transformado en un embrollo gigantesco, previsto desde estas páginas hace meses, cuando OIGA denunciaba inútilmente, con pruebas documentales y gráficas, la irregularidad que significaba entregar el control de la computación electoral a la fantasmal empresa OTEPSA del señor Carlos Kahayagawa Sato.
Es tal el enredo de la votación parlamentaria que el Jurado Nacional de Elecciones tendrá que usar artes mágicas para explicar cómo pueden haberse producido totales tan disparatados en las sumas de los votos para el Congreso y por qué no ha podido cumplir con los plazos que se trazó para dar resultados completos y veraces. Sólo la magia podría aclarar los errores matemáticos que se han producido en la elección.
Enredos aritméticos que, sin embargo, no cambian la convicción de que el electorado ha querido expresar su apoyo a la continuidad del régimen fujimorista. Un gobierno que él mismo, hasta hoy, se calificaba oficialmente de pragmático y técnico. Nada más. Y que, de victoria, oscurecida por graves fallas técnicas de computación, viene definiéndose como una nueva democracia, de alcances tan extravagantes que ha despertado suspicacias aún dentro de los periodistas más obsecuentes al presidente Fujimori, como son los columnistas de Expreso. Hasta para estos curtidos aplaudidores del pragmatismo fujimorista, vienen resultando preocupantes las declaraciones post electorales del jefe de Estado a la prensa extranjera. Y en verdad que lo son. No porque ahora sean dichas ante la opinión pública internacional, sino porque confirman y ratifican un peligrosísimo criterio muchas veces expresado como gran descubrimiento filosofal propio por el presidente Fujimori ante auditorios populares del país: que para hacer eficaz a un gobierno es preciso que el gobernante no tenga trabas, ni parlamentarias ni partidarias. El pueblo, según esta peregrina y nada novedosa tesis, debe comunicarse directamente con el líder, sin intermediaciones institucionales y menos de los partidos, de la despectivamente llamada partidocracia. Esta es la nueva democracia que el presidente Fujimori viene predicando al mundo. Una nueva democracia que, el mundo entero lo sabe, no es democracia sino fascismo.
A este estado de ánimo contribuyen hechos positivos como la eficacia de la construcción de infraestructura, el ordenamiento de la economía y la extinción del terrorismo. Cuyos frutos se han visto en varias privatizaciones -no en todas- del año pasado y hoy en la exitosa venta del Banco Continental. Celebrable no sólo por la importancia mundial del Banco Bilbao Vizcaya sino por la participación peruana en la operación. Los hermanos Brescia no son socios simbólicos del Bilbao Vizcaya, sino parte medular de la nueva y, se supone, modernísima y competitiva entidad bancaria que surgirá del viejo Continental.
Pero así como no es oro todo lo que brilla en la política económica del régimen, tampoco viene resultando tan aplastante la victoria electoral del presidente Fujimori, empañada por un altísimo ausentismo, mientras que la elección parlamentaria se ha transformado en un embrollo gigantesco, previsto desde estas páginas hace meses, cuando OIGA denunciaba inútilmente, con pruebas documentales y gráficas, la irregularidad que significaba entregar el control de la computación electoral a la fantasmal empresa OTEPSA del señor Carlos Kahayagawa Sato.
Es tal el enredo de la votación parlamentaria que el Jurado Nacional de Elecciones tendrá que usar artes mágicas para explicar cómo pueden haberse producido totales tan disparatados en las sumas de los votos para el Congreso y por qué no ha podido cumplir con los plazos que se trazó para dar resultados completos y veraces. Sólo la magia podría aclarar los errores matemáticos que se han producido en la elección.
Enredos aritméticos que, sin embargo, no cambian la convicción de que el electorado ha querido expresar su apoyo a la continuidad del régimen fujimorista. Un gobierno que él mismo, hasta hoy, se calificaba oficialmente de pragmático y técnico. Nada más. Y que, de victoria, oscurecida por graves fallas técnicas de computación, viene definiéndose como una nueva democracia, de alcances tan extravagantes que ha despertado suspicacias aún dentro de los periodistas más obsecuentes al presidente Fujimori, como son los columnistas de Expreso. Hasta para estos curtidos aplaudidores del pragmatismo fujimorista, vienen resultando preocupantes las declaraciones post electorales del jefe de Estado a la prensa extranjera. Y en verdad que lo son. No porque ahora sean dichas ante la opinión pública internacional, sino porque confirman y ratifican un peligrosísimo criterio muchas veces expresado como gran descubrimiento filosofal propio por el presidente Fujimori ante auditorios populares del país: que para hacer eficaz a un gobierno es preciso que el gobernante no tenga trabas, ni parlamentarias ni partidarias. El pueblo, según esta peregrina y nada novedosa tesis, debe comunicarse directamente con el líder, sin intermediaciones institucionales y menos de los partidos, de la despectivamente llamada partidocracia. Esta es la nueva democracia que el presidente Fujimori viene predicando al mundo. Una nueva democracia que, el mundo entero lo sabe, no es democracia sino fascismo.
Democracia, hay que repetirlo y repetirlo una y mil veces, es equilibrio de poderes, es pluralismo partidario, es respeto a las minorías, es el imperio a la ley sobre gobernantes y gobernados. Y en este punto no sólo andan despistados los habitantes de este territorio de desconcertadas gentes. También desbarran sobre el tema algunos periodistas europeos que se extrañan por la resistencia a la reelección presidencial existente en América Latina. Según ellos, desconocedores de nuestros presidencialismos, deberíamos admitir como algo normal la reelección de los gobernantes “porque así es en Europa y en los Estados Unidos”. Una conclusión, al parecer, correcta, pero ignorante de que todas estas repúblicas, incluido Chile, que es el país más institucionalizado de la región, son de un presidencialismo muy agudo y fuertemente consolidado, por lo que, en toda la región, el equilibrio de poderes es casi una ficción; más todavía cuando el Ejército -otro de los poderes del Estado en nuestros países- se pone al servicio del Jefe Supremo, el presidente de la República. En Europa, los jefes de Estado, cuando no son reyes hereditarios, son presidentes que no tienen la responsabilidad del gobierno, salvo el de Francia, que es reelegible y tiene ingerencia en la conducción de los asuntos estatales, pero que está severamente limitado por el Parlamento, al que le corresponde nominar al primer ministro. De allí fue que surgió lo de la cohabitación francesa o sea presidente de un partido y gobierno de otro color. En Europa no son reelegidos a título personal los jefes o presidentes de gobierno, sino que resultan permaneciendo en el cargo como consecuencia de las elecciones parlamentarias. En España, por ejemplo, hace varios meses no fue reelegido Felipe González. Fue una coalición parlamentaria salida de las urnas la que lo ratificó en el cargo y la que lo sostiene en él. Está colgado de ese hilo, pues roto el pacto tiene que dejar el puesto. Afirmar, pues, que es comparable la reelección de los presidentes americanos -que son jefes de Estado- con los presidentes de gobiernos europeos -que no son jefes de Estado- es lo mismo que pretender hacer una suma de panes y cebollas. En aquellos países hay instituciones firmes, hay equilibrio de poderes y hay respeto a las minorías. Por eso, no porque sean ricos o pobres, es que son democracias. Y a ello han llegado cultivando su cultura, aprendiendo a amar la libertad, luchando por ella cuando los taumaturgos de las patrias milenarias han interrumpido ese incesante aprendizaje que es la democracia, para establecer los contactos directos del caudillo con las masas, los autoritarismos fascistas o comunistas, los totalitarios que tan patéticas huellas han dejado en la historia universal.
Eso ocurre, aquí y en todas partes, cuando se acepta que cualquier medio es bueno para alcanzar los grandes fines de grandeza nacional que trazan las buenas intenciones. Porque, a la corta o a la larga, si esos medios son inescrupulosos, sin principios, sin valor moral, se transformarán en fines. Así, de este mismo modo, comenzaron todas las grandes tragedias del hombre sobre la tierra.
FRANCISCO IGARTUA – EDITORIAL – ¡Viva la Democracia! – Revista Oiga 17/04/1995
Sigue dando que hablar la apabullante victoria electoral del presidente Alberto Fujimori. Y no es para menos. Pocas veces en los últimos 50 años se ha dado un resultado similar: tres cuartas partes de los electores le han dado su voto, legitimando el mandato presidencial, y ha sido borrada del mapa la totalidad de los partidos políticos tradicionales -en esta oportunidad bien empleado el término-. No es, pues, fácil interpretar el hecho. ¿Cómo explicar que un hombre solo, haciendo alarde de su soledad en el mando y empleando la arbitrariedad, el engaño y la mentira, sin escatimar las dosis, haya podido derrotar a todos los partidos y a la candidatura de uno de los peruanos más ilustres de este siglo?
Habrá que comenzar por advertir, si hacemos algo larga la memoria, que la novedad es más aparente que real. La aparición y desaparición de los partidos es un fenómeno bastante frecuente en el Perú y en algunos otros países latinoamericanos, todavía asidos al magnetismo de los caudillos. (Los tiempos históricos son mucho más dilatados que el recuerdo de las personas).
En nuestros días han muerto los partidos de turno -han muerto y bien harían los partidarios sobrevivientes en darles apacible sepultura para que no hiedan los cadáveres-, van dando el último suspiro de la misma manera como murieron los partidos Demócrata, Liberal y Constitucionalista cuando, al terminar la segunda década de este siglo, emergió la figura enérgica y solitaria de don Augusto B. Leguía, el nuevo y electrizante caudillo que ofrecía, con su mirada de ave de rapiña, una Patria Nueva esplendorosa, basada en el pragmatismo, la modernidad y la esperanza. Junto a aquellas organizaciones políticas, con las que por algún tiempo jugó Leguía como con etiquetas de circo, también arrió banderas el Partido Civil, pero el civilismo no murió, quedó agazapado en las dependencias públicas y en los salones de los saraos leguiístas, mientras sus figuras históricas fueron languideciendo en el destierro. El espíritu de la vieja Lima virreynal, que eso es el civilismo, sobrevivió a esa catástrofe y fiel a ese espíritu, siempre acomodado a las circunstancias y cambiando sin remilgos de personajes -no necesariamente limeños de nacimiento-, estuvo presente en los círculos próximos a Sánchez Cerro y Benavides; retornó al poder con Prado y Odría; merodeó Palacio con los “carlistas” en época de Belaúnde y con los “Doce Apóstoles” en el quinquenio de Alan García; y hoy aplaude al presidente Fujimori. Es el partido que, después de muerto, sigue reinando. Las demás tiendas políticas, igual las de hoy que las de ayer, dejaron en un momento de sincronizar con la sensibilidad de las mayorías y finiquitaron.
El Partido Civil sobrevivió a su muerte porque no representa las ideas, el ánimo, la imagen carismática de un hombre, sino el espíritu conservador. Los civilistas peruanos son los conservadores de otros países, que aquí han preferido la sibilina infiltración en todos los gobiernos a mantener viva la organización de un partido político, sujeto a los vaivenes del humor electoral.
El Apra ha muerto porque nunca llegó a ser la social-democracia con la que se etiquetó en los ambientes internacionales. Fue el pensamiento un tanto errático de Haya de la Torre. Un poco marxista, otro poco fascista y un tanto tahuantinsuyano. En resumen: el Apra fue la persona de Haya de la Torre con su inmenso magnetismo verbal, sus poses heroicas y el martirologio de sus seguidores. Un gran caudal político, pero ligado a la personalidad del líder como la piel al cuerpo. Muerto Haya era difícil que sus ingeniosas y contradictorias ideas siguieran encandilando a las multitudes.
Alan García quiso reorientar a su partido por la senda de la social democracia, pero su conducta lo perdió. No sus errores, porque los errores se corrigen. Y no ha habido ni hay otro líder que pueda resucitar al difunto.
Ha muerto Acción Popular porque el peso de los años ha retirado de la actividad política a su jefe y fundador, el presidente Belaúnde; cuyas ideas, enraizadas en la emoción telúrica del país, se entremezclan con sentimientos socialdemócratas y socialcristianos y son indesligables de su liderazgo, más apegado a la construcción de infraestructura en el país desde el gobierno que a la prédica doctrinal desde el llano.
Las distintas izquierdas -incluido Sendero- han muerto con la caída del Muro de Berlín y con la debacle de la Unión Soviética y sus satélites de la Europa Oriental. Lo que no quiere decir que, con el tiempo, las ideas de solidaridad con los oprimidos y de rebeldía ante el abuso del poder y los poderosos no vuelvan, con otros postulados, a conmover y a movilizar a las masas.
La muerte del Partido Popular Cristiano es particularmente triste, porque no es que se haya extinguido el pensamiento socialcristiano y no es que Luis Bedoya Reyes no sea un alto, lúcido y muy embebido exponente de esta tendencia ideológica, sino que la praxis del partido, su irrefrenable afán pactista, lo ha llevado al suicidio. También porque Luis Bedoya no halló reemplazo a su liderazgo.
¿Explica, sin embargo, la defunción de los partidos la resonante victoria electoral del presidente Fujimori y su rutilante ascenso al estrellato de la popularidad en el Perú?
En parte sí. El declive de los partidos -que no se hacía demasiado evidente por los resultados de las elecciones municipales y por el éxito del NO en el referéndum- permitió, sin duda, que Fujimori se fuera afianzando en el liderazgo nacional. Pero el mayor e innegable mérito del actual y ya legitimado presidente ha sido el saber captar el humor del país -aparte de estar identificado, por su origen, con las necesidades populares- y el haber tenido habilidad para ganarse el aliento civilista y el apoyo de los círculos financieros internacionales.
Los partidos políticos, base esencial de la democracia, nacen, se constituyen, cuando un grupo más o menos numeroso de ciudadanos concuerda con unas cuantas ideas básicas o en una serie de postulados; y, luego de discutir y de rumiar lo planteado, decide organizarse, nominando a un líder, sea por la confianza depositada en el elegido o por el carisma que éste haya irradiado. Estos son los partidos doctrinarios -basados en ideas universales y en postulados específicos locales-, son los partidos tradicionales de las naciones civilizadas, adscritas a la cultura occidental.
En los países en formación -y de vez en cuando también en los desarrollados- la muerte y resurrección de los partidos se produce conjuntamente o después de un acontecimiento que ha conmovido a la sociedad, que la ha desgarrado hasta los huesos y la ha hecho perder orientación y guía. De esos sucesos tremendos es que surgen las personalidades que se alzan sobre la tempestad. Y casi siempre, por la naturaleza del pensamiento humano, son dos o tres esas figuras, representativas de las dos o tres interpretaciones que afloran del suceso conmovedor. Son las ideas surgidas en ese trance y quienes las han lanzado al aire los que dan forma a los partidos políticos que nacen de esas emergencias.
Pero como las ideas siempre son varias -si no fuese así el mundo sería un espantoso y monocorde funeral- el partido único viene a resultar una aberración. De allí que no haya democracia sin pluralidad partidaria. Como tampoco habrá democracia sin división de poderes -cuya antítesis es el fascista contacto directo del líder con la masa, y sin instituciones sólidas, sin controles reales, sin Estado de derecho o sea sin que impere la ley sobre gobernantes y gobernados.
Esta concepción de la democracia, que es por la que ha levantado banderas en estos días Javier Pérez de Cuéllar y por la que lucharon a contracorriente en las últimas décadas Bustamante y Rivero, Basadre, Belaúnde y otros, no se parece mucho al sistema escogido por el presidente Fujimori para dirigir al país. Por lo menos esto es lo que se desprende de sus declaraciones, actitudes y disposiciones de gobierno –“si alguno de mis parlamentarios sufre alguna metamorfosis, lo mocho”–; esto es lo que se deduce de la “democracia directa” pregonada por Fujimori, más cercana al modo de gobernar de las autocracias orientales que a los ideales democráticos de occidente. “Democracia directa” también próxima al fascismo, sistema en el cual, como desea el presidente Fujimori, el pueblo se comunica con el líder sin intermediación de nadie.
Y aquí viene la gran pregunta: ¿Puede adaptarse al Perú la concepción autocrática de los gobiernos orientales, que es en el fondo fascismo puro, ya que nada hay absolutamente original bajo el sol? ¿Será cierto que alguna vez en este país se gritó ¡vivan las cadenas!? O, más bien, ¿no han sido frecuentes los alzamientos populares reclamando libertad? ¿Y no dicen las encuestas que las mayorías reclaman democracia?
Lo único que puedo decir es que esta revista, desde siempre, con algunos errores en el camino, luchó porque alguna vez esta patria que me duele tanto entrara en razón y comprendiera que el camino al desarrollo, a la estabilidad, a la justicia social está en la democracia pluralista, con instituciones fuertes -no con hombres fuertes- en la que la ley impere sobre gobernantes y gobernados. Y OIGA no va a cambiar. No encuentra razón para dar marcha atrás en su posición crítica al régimen, salvo que éste se enmiende, ahora que ha logrado una votación legitimadora.
Con paciencia seguiré esperando que el presidente Fujimori comprenda que la democracia que él anhela no es democracia sino autoritarismo oriental o fascismo. Esperaré un nuevo amanecer, aún cuando jamás en el Perú hayamos podido gozar un solo día pleno de democracia. Sólo hemos tenido unos pocos amaneceres y muchas, muchas patrias nuevas, restauraciones, reconstrucciones y manos duras. Demasiadas. ¡Viva, pues, la democracia!, un sistema lleno de errores, pero, hasta ahora, el mejor de los ideados por el hombre.
FRANCISCO IGARTUA – EDITORIAL – Entre el ser y el querer – Revista Oiga 15/04/1995
Hubiera querido ocuparme esta semana de las esperanzas que estarían despertándose en el país con el pronto inicio de un nuevo período fujimorista. No faltaban signos positivos muy concretos como la compra de la mayoría del Banco Continental y la privatización de la central eléctrica de Cahuas, en las que el capital peruano ha jugado un papel protagónico. La primera operación hecha en sociedad con el más poderoso y tecnificado banco español -en partes iguales el grupo Brescia con el Bilbao-Vizcaya-; y, la segunda, cubierta en solitario por el grupo Galsky. Esto indica que el Perú comienza a moverse por cuenta propia, que empieza a reencontrar confianza en sí mismo y en las posibilidades del país. También son alentadoras las noticias sobre planes y proyectos -con apoyo exterior- para ir resolviendo con creación de puestos de trabajo, que es remedio estable y productivo, el terrible problema de la miseria que crece y crece sin que las altas clases ni el gobierno se conmuevan debidamente con la desgarradora realidad. Nada concreto, sin embargo, se ha propuesto hasta ahora para el problema número uno, hoy, en el Perú: la indispensable activación de la agricultura, cada día más languidieciente -ya casi un cadáver-, a pesar de unas cuantas y deslumbrantes excepciones que ni siquiera rozan el meollo del tema, que es el hombre de campo y su futuro. Olvidar que el ser humano es el centro de la creación es hacer de nosotros máquinas, cosas, chimpancés deshumanizados, unos bien vestidos, bien comidos y con escusados a la medida y otros hambrientos, enfermos, sin ilusiones ni papel higiénico. Y un país así dividido no es país, no es nación, es una olla podrida de festines y frustraciones que un día ha de explosionar.
Pero estas ideas que ya iba ordenando para extenderme en ellas, de pronto se me borran, pierden mi atención. La actualidad, las noticias de hoy viernes -día que OIGA debe cerrar su edición del lunes-, me vuelven a una situación que me gustaría ver superada, que me retrotraen a cosas del pasado que estoy dispuesto a olvidar, siempre, claro está, que queden bien enterradas.
He aquí los hechos: la última semana, la señora Martha Chávez y el hermano del
Comandante General del Ejército presentaron un proyecto de ley exigiendo firmas equivalentes al 5% de los electores inscritos para poder inscribir a un partido político. Un proyecto destinado evidentemente a borrar del mapa, por ley, a los partidos políticos y a la posibilidad de que se formen otros nuevos. El proyecto era aberrante porque no se puede pedir mayores exigencias para una inscripción que para una descalificación; pues es el pueblo votante -que no son todos los electores- el que decide la eliminación de un partido negándole más del 5% de sus votos. Se trataba de un proyecto tan irracional -no hay un solo país en el mundo que haya legislado algo remotamente parecido-, se trataba de tan deseo-mina’ disparate que hubo resistencia hasta en las filas oficialistas... Pero todo tiene solución pragmática en el estilo parlamentario creado por el presidente Alberto Fujimori -quien acaba de confiar en rueda de diplomáticos y periodistas extranjeros que “su” Parlamento será un modelo no sólo para América Latina sino para el mundo entero- y la solución fue simplísima: los autores del proyecto lo cambiaron de inmediato por otro, rebajando en un punto la exigencia de las firmas. Igual que en las pulperías, en lugar del 5% pusieron 4%. Y sin debate de siquiera un minuto se pasó a la votación... Así quedaron presuntamente sepultados para siempre los partidos políticos en el Perú, pues esa misma noche el presidente Fujimori firmó la defunción y hoy viernes, o sea en menos de cuatro horas, estaba publicada y consagrada la ley.
De nada valió la protesta airada de la oposición y su retiro de la sala. El gesto, más que inútil parecía espectáculo de película cómica ya vista. Demasiadas veces esa oposición, legitimadora del golpe del 5 de abril del 92, se había salido del hemiciclo para volver luego ¡a cobrar sus sueldos! Y no faltó quien recordara el tristísimo episodio de los tanques roncando por las calles, afirmando que ellos eran el poder... ¿No recuerdan los cecedistas de la oposición esa fecha y la conciencia no les dice que aquella fue una de las tantas oportunidades perdidas para vengar el golpe militar del 92?
Hoy el Perú tiene dos partidos políticos que no son partidos: “Cambio 90-Nueva Mayoría”, un conglomerado amorfo sin otra preocupación e inquietud que obedecer las órdenes del líder y presidente, y “Unión por el Perú”, otro conglomerado que podría tener un grande y hermoso futuro si el embajador Pérez de Cuéllar logra armonizar a todos los sectores de la oposición en un movimiento popular que logre enraizarse en el sentir, en las preocupaciones y en las esperanzas de las mayorías abandonadas, pero no ofreciéndoles el cielo sino haciéndolas comprender cómo es posible hacer patria con desarrollo para todos, armónicamente, dentro de una unión positiva para todos los peruanos.
Otro hecho, mucho más grave aún, ocurrió el mismo jueves: El general Carlos Mauricio, una de las más destacadas figuras del Ejército tuvo que hacer frente al interrogatorio de oficiales de rango inferior al suyo, hasta que le estalló la presión arterial. De la sala del Tribunal Militar pasó, en calidad de preso, al hospital militar. Su delito: opinar, de acuerdo a los derechos que les otorga la propia Constitución del CCD celos militares en retiro. Opinar sobre los errores cometidos por el alto mando en los enfrentamientos bélicos en el alto Cenepa. Con lo que los responsables de que el Perú no hubiera estado preparado para el conflicto y los que no tuvieron la habilidad para tomar y recuperar los puestos de Tiwinza y Base Sur, los dos en territorio peruano y en manos ecuatorianas, quedaron como héroes, mientras que Mauricio y Ledesma han sido declarados delincuentes y condenados por gravísimos delitos castrenses que, en buen idioma civil, significa haber explicado al pueblo la verdad de los hechos.
Pero mejor no sigo porque en ese Tribunal Militar se habría escuchado en estos días algún alegato contra colegas nuestros, acusándolos de haber estado coludidos con el enemigo extranjero. Se trataría de argumentos delirantes de traición a la patria contra los que no quiero topar. Salvo que se pretenda obligarme a decir una mentira: que las tropas peruanas recuperaron Tiwinza.
No me alegra tener que terminar así esta nota, que estaba iniciando por muy distintos derroteros.
Pero estas ideas que ya iba ordenando para extenderme en ellas, de pronto se me borran, pierden mi atención. La actualidad, las noticias de hoy viernes -día que OIGA debe cerrar su edición del lunes-, me vuelven a una situación que me gustaría ver superada, que me retrotraen a cosas del pasado que estoy dispuesto a olvidar, siempre, claro está, que queden bien enterradas.
He aquí los hechos: la última semana, la señora Martha Chávez y el hermano del
Comandante General del Ejército presentaron un proyecto de ley exigiendo firmas equivalentes al 5% de los electores inscritos para poder inscribir a un partido político. Un proyecto destinado evidentemente a borrar del mapa, por ley, a los partidos políticos y a la posibilidad de que se formen otros nuevos. El proyecto era aberrante porque no se puede pedir mayores exigencias para una inscripción que para una descalificación; pues es el pueblo votante -que no son todos los electores- el que decide la eliminación de un partido negándole más del 5% de sus votos. Se trataba de un proyecto tan irracional -no hay un solo país en el mundo que haya legislado algo remotamente parecido-, se trataba de tan deseo-mina’ disparate que hubo resistencia hasta en las filas oficialistas... Pero todo tiene solución pragmática en el estilo parlamentario creado por el presidente Alberto Fujimori -quien acaba de confiar en rueda de diplomáticos y periodistas extranjeros que “su” Parlamento será un modelo no sólo para América Latina sino para el mundo entero- y la solución fue simplísima: los autores del proyecto lo cambiaron de inmediato por otro, rebajando en un punto la exigencia de las firmas. Igual que en las pulperías, en lugar del 5% pusieron 4%. Y sin debate de siquiera un minuto se pasó a la votación... Así quedaron presuntamente sepultados para siempre los partidos políticos en el Perú, pues esa misma noche el presidente Fujimori firmó la defunción y hoy viernes, o sea en menos de cuatro horas, estaba publicada y consagrada la ley.
De nada valió la protesta airada de la oposición y su retiro de la sala. El gesto, más que inútil parecía espectáculo de película cómica ya vista. Demasiadas veces esa oposición, legitimadora del golpe del 5 de abril del 92, se había salido del hemiciclo para volver luego ¡a cobrar sus sueldos! Y no faltó quien recordara el tristísimo episodio de los tanques roncando por las calles, afirmando que ellos eran el poder... ¿No recuerdan los cecedistas de la oposición esa fecha y la conciencia no les dice que aquella fue una de las tantas oportunidades perdidas para vengar el golpe militar del 92?
Hoy el Perú tiene dos partidos políticos que no son partidos: “Cambio 90-Nueva Mayoría”, un conglomerado amorfo sin otra preocupación e inquietud que obedecer las órdenes del líder y presidente, y “Unión por el Perú”, otro conglomerado que podría tener un grande y hermoso futuro si el embajador Pérez de Cuéllar logra armonizar a todos los sectores de la oposición en un movimiento popular que logre enraizarse en el sentir, en las preocupaciones y en las esperanzas de las mayorías abandonadas, pero no ofreciéndoles el cielo sino haciéndolas comprender cómo es posible hacer patria con desarrollo para todos, armónicamente, dentro de una unión positiva para todos los peruanos.
Otro hecho, mucho más grave aún, ocurrió el mismo jueves: El general Carlos Mauricio, una de las más destacadas figuras del Ejército tuvo que hacer frente al interrogatorio de oficiales de rango inferior al suyo, hasta que le estalló la presión arterial. De la sala del Tribunal Militar pasó, en calidad de preso, al hospital militar. Su delito: opinar, de acuerdo a los derechos que les otorga la propia Constitución del CCD celos militares en retiro. Opinar sobre los errores cometidos por el alto mando en los enfrentamientos bélicos en el alto Cenepa. Con lo que los responsables de que el Perú no hubiera estado preparado para el conflicto y los que no tuvieron la habilidad para tomar y recuperar los puestos de Tiwinza y Base Sur, los dos en territorio peruano y en manos ecuatorianas, quedaron como héroes, mientras que Mauricio y Ledesma han sido declarados delincuentes y condenados por gravísimos delitos castrenses que, en buen idioma civil, significa haber explicado al pueblo la verdad de los hechos.
Pero mejor no sigo porque en ese Tribunal Militar se habría escuchado en estos días algún alegato contra colegas nuestros, acusándolos de haber estado coludidos con el enemigo extranjero. Se trataría de argumentos delirantes de traición a la patria contra los que no quiero topar. Salvo que se pretenda obligarme a decir una mentira: que las tropas peruanas recuperaron Tiwinza.
No me alegra tener que terminar así esta nota, que estaba iniciando por muy distintos derroteros.
FRANCISCO IGARTUA – EDITORIAL - Repitiendo – Revista Oiga 3/04/1995
El próximo lunes, a la primera luz del amanecer ya se conocerá el resultado consolidado del tinglado electoral montado, como consecuencia del golpe militar del 5 de abril de mil novecientos noventa y dos, para prolongar el período presidencial con vestimenta o –mejor dicho– disfraz democrático y legal. No adelantaré, sin embargo, pronósticos sobre unos resultados impredecibles por el crecido voto escondido que es fácil auscultar, sobre todo en las barriadas y en provincias, donde la constante’ presencia militar intimida. a sus habitantes, quienes, además, no pueden dejar de estar agradecidos por las carreteras y los trabajos de luz y saneamiento que el Ejército ejecuta en sus zonas a nombre del ‘presidente Fujimori’. Obra física que, para las familias allí asentadas, es maná del cielo; y, para las ciudades, un presente griego, pues les añadirá atractivos para que los peruanos abandonen el campo y prosigan invadiendo las capitales, poblándolas de pedigüeños, de gente que pronto advierte el poder de la oferta electoral que cae en sus manos...
Para OIGA ha concluido en esta edición el proceso electoral y nada más puedo añadir sobre unos resultados que, por las características nada democráticas del proceso, obedecerán a estímulos difíciles de descifrar con anterioridad a la voz de las urnas.
Por lo demás, la paradisíaca libertad en la que se desenvuelve la prensa en el Perú actual –ver nota en páginas 27 a la 30–, obligó a OIGA a cambiar de imprenta la semana pasada, de lo que resultó, por naturales imprevisiones de esa apurada situación, que la edición apareciera plagada de gruesos errores de corrección y el editorial resultara incomprensible en varios párrafos. Por ello y porque el tema es de singular Importancia en estos momentos en que se va poniendo al descubierto la incompetencia con la que el jefe del Estado condujo y conduce nuestras acciones diplomáticas y militares en el conflicto con el Ecuador, el editorial de hoy es el mismo de la semana pasada y va a continuación:
Podría ocuparme hoy del vuelco que se viene produciendo en el electorado, cada vez menos dispuesto a seguir dejándose engañar por las persistentes mentiras del presidente Fujimori y día a día, más proclive a confiar en la sencillez, el modo afable, el agudo sentido de la ironía de un hombre serio y sólido que fue Secretario General de la ONU y no se mareó con el poder, no se dejó vencer por el envanecimiento, ni olvidó su Cordón umbilical con su patria, la de él y de los Pérez de Cuéllar que lo precedieron en estas tierras duras, de arenales inhóspitos, de selvas bravías y de alturas de vértigo y de piel arrugada y yerma. Territorios que guardan con avaricia, ocultas en su seno, riquezas sin fin y que poseen múltiples rincones de verde promisor. Territorio con historia antigua, que comenzaron a escribir las civilizaciones preincaicas con sus refinadísimas telas y ceramios leves, con los misteriosos pasajes subterráneos de Chavín y sus fieras cabezas clavas, y su lanzón esbelto y sus cóndores detenidos en la piedra. Porque eso es el Perú. Además de las enormes ciudades de barro con sus murales magistralmente policromados y sus oratorios solemnes, colocados frente al mar, que precedieron al imperio inmenso, sabiamente organizado, con sus ciclópeas fortalezas de piedra y esas piedras precisas colocadas en los picos mágicos de montañas encantadas. También es el Perú el coraje descomunal de los conquistadores españoles que doblegaron ese Imperio, consustanciándose con la tierra, el paisaje y la gente que iban encontrando y los iba deslumbrando. Y sigue siendo Perú nuestra historia republicana. Una historia que no logra crecer, que no sale de su cuna cargada de tradiciones, que repite y repite gestos heroicos coronando una derrota. Historia que no ha logrado todavía alcanzar el uso de la palabra y la razón, y que no cesa de tropezarse con infortunios sin cuento. ¡Pareciera que fuera otra mentira eso de que Dios es peruano y que lo cierto más bien fuera que los dioses andan enojados con nosotros!
Sólo a un país sumido en el infortunio le ocurre lo que me cuenta una persona de mi absoluta confianza: que él ha visto, en manos de un general de nuestro Ejército, el acta de entendimiento entre el jefe peruano del Cenepa y el coronel ecuatoriano que comandaba las patrullas infiltradas en la zona, para que no hubiera disparos de muerte entre los soldados a las órdenes de uno y otro. El acta está firmada con fecha 13 ó 14 de enero y lleva las rúbricas del coronel ecuatoriano, el general López Trigoso y un testigo. El acuerdo al que se llegó, siguiendo las normas que los militares de ambos países aprobaron en las conversaciones que pusieron fin al conflicto de 1981, fue sellado en el PV1 bebiendo pisco peruano por la paz. Esas normas de seguridad, para evitar rozamientos bélicos en una región sumamente intrincada, se habían venido cumpliendo desde el año 81, cuando los almirantes Sorrosa por Ecuador y Dubois por el Perú, acordaron los términos del punto final a la infiltración en el falso Paquisha.
¿Por qué el 26 de enero se rompió esa acta de entendimiento firmada para poner fin a unos razonamientos a balazos ocurridos días antes entre patrullas de uno y otro bando?... Y aquí comienzan a encresparse las voces de muchos oficiales peruanos de las tres armas, porque no entienden cómo es que se da la orden de atacar un puesto prácticamente inexpugnable como Tiwinza, colocado en un punto inaccesible para la infantería y que sólo kamikazes pueden bombardear desde el aire, tanto por la ubicación del blanco, -por completo favorable a los defensores- como por el moderno armamento de los ecuatorianos, adecuadamente preparados para enfrentarse a aviones y helicópteros anticuados y al pesado armamento de nuestros soldados.
De aquí el 9 a 0 en el aire y la mentira presidencial, con Mensaje a la Nación, de la toma y victoria de Tiwinza. De aquí el que la indignación de los militares, de los profesionales de la guerra, vaya in crescendo, pues no entienden por qué no se escogió un teatro de operaciones -favorable a nuestras fuerzas, en lugar de situarnos, como nos situamos, en el punto más adverso -para el Perú- de toda la frontera... ¿Que esa era la zona invadida?... Para los militares no es válido este argumento.
Para ellos no hay disculpa al tremendo yerro de meterse en un fangal con el objetivo en las alturas, en posición por completo desfavorable para los ataques aéreos. Y mucho menos cuando esas infiltraciones no eran recientes ni eran ésas las únicas zonas invadidas. Amén de que el Perú no estaba al día en su armamento -menos para enfrentamientos en esa región- y el Ecuador sí y, justamente, con tropa bien entrenada para la zona. ¿Nada de esto sabía el Servicio de Inteligencia y, si lo sabía, cómo y quién hizo la evaluación de la situación y dio la orden de atacar Tiwinza y no un punto sensible de la geografía ecuatoriana, más apropiada para nuestro armamento?... La indignación militar tiene razones para crecer y crecer.
No faltarán quienes, con corazón patriota al viejo estilo, consideren que este tema no debe ser tocado ahora, que esa es tarea para los historiadores del mañana, y no faltará quien me endilgue el título de traidor a la patria. Y yo respondo preguntando: si el acta existe y son reales las firmas allí estampadas, ¿por qué va a ser útil ocultarlas hoy -que estamos a tiempo de corregir errores- y por qué ha de ser mejor que las polillas las descubran en el futuro? Actuar a favor de las polillas es hacer de avestruces, es esconder la cabeza frente a la realidad, es comportarse como, antiguamente, se nos enseñaba a no comportarnos, para no dejar de ser auténticos, verdaderos.
Para OIGA ha concluido en esta edición el proceso electoral y nada más puedo añadir sobre unos resultados que, por las características nada democráticas del proceso, obedecerán a estímulos difíciles de descifrar con anterioridad a la voz de las urnas.
Por lo demás, la paradisíaca libertad en la que se desenvuelve la prensa en el Perú actual –ver nota en páginas 27 a la 30–, obligó a OIGA a cambiar de imprenta la semana pasada, de lo que resultó, por naturales imprevisiones de esa apurada situación, que la edición apareciera plagada de gruesos errores de corrección y el editorial resultara incomprensible en varios párrafos. Por ello y porque el tema es de singular Importancia en estos momentos en que se va poniendo al descubierto la incompetencia con la que el jefe del Estado condujo y conduce nuestras acciones diplomáticas y militares en el conflicto con el Ecuador, el editorial de hoy es el mismo de la semana pasada y va a continuación:
Podría ocuparme hoy del vuelco que se viene produciendo en el electorado, cada vez menos dispuesto a seguir dejándose engañar por las persistentes mentiras del presidente Fujimori y día a día, más proclive a confiar en la sencillez, el modo afable, el agudo sentido de la ironía de un hombre serio y sólido que fue Secretario General de la ONU y no se mareó con el poder, no se dejó vencer por el envanecimiento, ni olvidó su Cordón umbilical con su patria, la de él y de los Pérez de Cuéllar que lo precedieron en estas tierras duras, de arenales inhóspitos, de selvas bravías y de alturas de vértigo y de piel arrugada y yerma. Territorios que guardan con avaricia, ocultas en su seno, riquezas sin fin y que poseen múltiples rincones de verde promisor. Territorio con historia antigua, que comenzaron a escribir las civilizaciones preincaicas con sus refinadísimas telas y ceramios leves, con los misteriosos pasajes subterráneos de Chavín y sus fieras cabezas clavas, y su lanzón esbelto y sus cóndores detenidos en la piedra. Porque eso es el Perú. Además de las enormes ciudades de barro con sus murales magistralmente policromados y sus oratorios solemnes, colocados frente al mar, que precedieron al imperio inmenso, sabiamente organizado, con sus ciclópeas fortalezas de piedra y esas piedras precisas colocadas en los picos mágicos de montañas encantadas. También es el Perú el coraje descomunal de los conquistadores españoles que doblegaron ese Imperio, consustanciándose con la tierra, el paisaje y la gente que iban encontrando y los iba deslumbrando. Y sigue siendo Perú nuestra historia republicana. Una historia que no logra crecer, que no sale de su cuna cargada de tradiciones, que repite y repite gestos heroicos coronando una derrota. Historia que no ha logrado todavía alcanzar el uso de la palabra y la razón, y que no cesa de tropezarse con infortunios sin cuento. ¡Pareciera que fuera otra mentira eso de que Dios es peruano y que lo cierto más bien fuera que los dioses andan enojados con nosotros!
Sólo a un país sumido en el infortunio le ocurre lo que me cuenta una persona de mi absoluta confianza: que él ha visto, en manos de un general de nuestro Ejército, el acta de entendimiento entre el jefe peruano del Cenepa y el coronel ecuatoriano que comandaba las patrullas infiltradas en la zona, para que no hubiera disparos de muerte entre los soldados a las órdenes de uno y otro. El acta está firmada con fecha 13 ó 14 de enero y lleva las rúbricas del coronel ecuatoriano, el general López Trigoso y un testigo. El acuerdo al que se llegó, siguiendo las normas que los militares de ambos países aprobaron en las conversaciones que pusieron fin al conflicto de 1981, fue sellado en el PV1 bebiendo pisco peruano por la paz. Esas normas de seguridad, para evitar rozamientos bélicos en una región sumamente intrincada, se habían venido cumpliendo desde el año 81, cuando los almirantes Sorrosa por Ecuador y Dubois por el Perú, acordaron los términos del punto final a la infiltración en el falso Paquisha.
¿Por qué el 26 de enero se rompió esa acta de entendimiento firmada para poner fin a unos razonamientos a balazos ocurridos días antes entre patrullas de uno y otro bando?... Y aquí comienzan a encresparse las voces de muchos oficiales peruanos de las tres armas, porque no entienden cómo es que se da la orden de atacar un puesto prácticamente inexpugnable como Tiwinza, colocado en un punto inaccesible para la infantería y que sólo kamikazes pueden bombardear desde el aire, tanto por la ubicación del blanco, -por completo favorable a los defensores- como por el moderno armamento de los ecuatorianos, adecuadamente preparados para enfrentarse a aviones y helicópteros anticuados y al pesado armamento de nuestros soldados.
De aquí el 9 a 0 en el aire y la mentira presidencial, con Mensaje a la Nación, de la toma y victoria de Tiwinza. De aquí el que la indignación de los militares, de los profesionales de la guerra, vaya in crescendo, pues no entienden por qué no se escogió un teatro de operaciones -favorable a nuestras fuerzas, en lugar de situarnos, como nos situamos, en el punto más adverso -para el Perú- de toda la frontera... ¿Que esa era la zona invadida?... Para los militares no es válido este argumento.
Para ellos no hay disculpa al tremendo yerro de meterse en un fangal con el objetivo en las alturas, en posición por completo desfavorable para los ataques aéreos. Y mucho menos cuando esas infiltraciones no eran recientes ni eran ésas las únicas zonas invadidas. Amén de que el Perú no estaba al día en su armamento -menos para enfrentamientos en esa región- y el Ecuador sí y, justamente, con tropa bien entrenada para la zona. ¿Nada de esto sabía el Servicio de Inteligencia y, si lo sabía, cómo y quién hizo la evaluación de la situación y dio la orden de atacar Tiwinza y no un punto sensible de la geografía ecuatoriana, más apropiada para nuestro armamento?... La indignación militar tiene razones para crecer y crecer.
No faltarán quienes, con corazón patriota al viejo estilo, consideren que este tema no debe ser tocado ahora, que esa es tarea para los historiadores del mañana, y no faltará quien me endilgue el título de traidor a la patria. Y yo respondo preguntando: si el acta existe y son reales las firmas allí estampadas, ¿por qué va a ser útil ocultarlas hoy -que estamos a tiempo de corregir errores- y por qué ha de ser mejor que las polillas las descubran en el futuro? Actuar a favor de las polillas es hacer de avestruces, es esconder la cabeza frente a la realidad, es comportarse como, antiguamente, se nos enseñaba a no comportarnos, para no dejar de ser auténticos, verdaderos.
FRANCISCO IGARTUA – EDITORIAL – Acta de acusa – Revista Oiga 27/03/1995
Podría ocuparme hoy del vuelco que se viene produciendo en el electorado, cada
vez menos dispuesto a seguir dejándose - engañar por las persistentes mentiras del presidente Fujimori y día a día más proclive a confirmar en la sencillez, el modo afable, el agudo sentido de la ironía de un hombre serio y sólido que fue Secretario General de la ONU y no se mareó con el poder, no se dejó vencer por el envanecimiento, ni olvidó su cordón umbilical, su patria, la de él y de los Pérez de Cuellar que lo precedieron en estas tierras duras, de arenales inhóspitos, de selvas bravías y de alturas de vértigo y piel arrugada y yerma. Territorios que guardan con avaricia, ocultas en su seno, riquezas sin fin y que posee múltiples rincones de verde promisor. Territorio con historia antigua, que comenzaron a escribir las civilizaciones pre incas con sus refinadísimas telas y ceramios leves, con los misteriosos pasajes subterráneos de Chavín y sus fieras cabezas clavas y su lanzón esbelto y sus cóndores detenidos en la piedra. Porque eso es el Perú. Además de las enormes ciudades de barro con sus murales magistralmente policromados y sus oratorios solemnes, colocados frente al mar, que precedieron al imperio inmenso, sabiamente organizado, con sus ciclópeas fortalezas de piedra y esas piedras colocadas en los picos mágicos de montañas encantadas. También es el Perú el coraje descomunal de los conquistadores españoles que doblegaron ese Imperio, consustanciándose con la tierra, el paisaje y la gente que iban encontrando y los iban deslumbrando. Y sigue siendo Perú nuestra historia republicana. Una historia que no logra crecer, que no sale de su cuna cargada de tradiciones, que repite y repite gestos heroicos coronando una derrota. Historia que no ha logrado todavía alcanzar el uso de la palabra y la razón y que no cesa de tropezarse con infortunios sin cuento. ¡Pareciera que fuera otra mentira eso de que Dios es peruano y que lo cierto más bien fuera que los dioses andan enojados con nosotros!
Sólo así es de creer lo que me ha contado una persona de absoluta con-fiabilidad: que él ha visto, en manos de un general de nuestro Ejército, el acta de entendimiento, entre el jefe peruano del Cenepa y el coronel ecuatoriano que comandaba las patrullas infiltradas en la zona, para que no hubiera disparos de muerte entre los soldados a las órdenes de uno y otro. El acta está firmada con fecha 13 ó 14 de enero y lleva las rúbricas del coronel ecuatoriano, el general López Trigoso y un testigo: El acuerdo al que se llegó, siguiendo las normas que los militares de ambos países aprobaron en las conversaciones que pusieron fin al conflicto de 1981, fue sellado bebiendo pisco peruano por la paz. Esas normas para evitar rozamientos bélicos en una región sumamente intrincada, se habían venido cumpliendo desde el año 81, cuando los almirantes Sorrosa por Ecuador y Dubois por el Perú, acordaron los términos del punto final a la infiltración en el falso Paquisha.
¿Por qué el 26 de enero se rompió esa acta de entendimiento, firmada para poner fin a unos razonamientos a balazos ocurridos días antes entre patrullas de uno y otro bando?... Y aquí comienzan a encresparse las voces de muchos oficiales peruanos de las tres armas, porque no entienden cómo es que se da la orden de atacar un puesto prácticamente inexpugnable como Tiwinza, colocando en un punto inaccesible para la infantería y que sólo kamicases podían bombardear desde el aire, tanto por la ubicación del blanco -por completo favorable a los defensores- como por el moderno armamento de los ecuatorianos, adecuadamente preparados para enfrentarse a aviones y helicópteros anticuados y al pesado armamento de nuestros soldados.
De aquí el 9 a 0 en el aire y la mentira presidencial, con Mensaje a la Nación, de la toma y victoria de Tiwinza. La indignación de los militares, de los profesionales de la guerra, va in crescendo. No entienden, si hubo que atacar para presionar a Ecuador por razones de alta política que ellos no juzgan, aunque les moleste el que la firma de un general no haya sido honrada, por qué no se escogió un teatro de operaciones favorable al Perú y no, como se hizo, situándose en el punto más adverso de toda la frontera... ¿Que ésa era la zona invadida?... Para los militares no es válido este argumento.
Para ellos no hay disculpa al tremendo yerro de meterse en un fangal con el blanco en las alturas, en posición por completo desfavorable para los ataques aéreos. Y mucho menos cuando esas infiltraciones no eran recientes ni eran esas las únicas zonas invadidas. Amén de que el Perú no estaba al día en su armamento –menos para enfrentamiento en esa región– y el Ecuador sí y, justamente, bien entrenado para la zona. ¿Nada de esto sabía el Servicio de Inteligencia y, si lo sabía, cómo y quién hizo la evaluación de la situación para dar la orden de ataque?...La indignación militar tiene razones para crecer y crecer.
No faltará quiénes, con buen corazón patriota al viejo estilo, consideren que este tema no debe ser tocado ahora, que esa es tarea para los historiadores del mañana, y no faltará quién me endilgue el título de traidor a la patria. Y yo pregunto: si el acta existe y son reales las firmas allí estampadas ¿por qué va a ser útil o cultivarlas hoy –que estamos a tiempo de corregir errores– y por qué ha de ser mejor que las polillas las descubran en el futuro? Actuar a favor de las polillas es hacer de avestruces, es esconder la cabeza frente a la realidad, es comportarse como, antiguamente, se nos enseñaba no debíamos comportarnos, para no dejar de ser auténticos, verdaderos.
vez menos dispuesto a seguir dejándose - engañar por las persistentes mentiras del presidente Fujimori y día a día más proclive a confirmar en la sencillez, el modo afable, el agudo sentido de la ironía de un hombre serio y sólido que fue Secretario General de la ONU y no se mareó con el poder, no se dejó vencer por el envanecimiento, ni olvidó su cordón umbilical, su patria, la de él y de los Pérez de Cuellar que lo precedieron en estas tierras duras, de arenales inhóspitos, de selvas bravías y de alturas de vértigo y piel arrugada y yerma. Territorios que guardan con avaricia, ocultas en su seno, riquezas sin fin y que posee múltiples rincones de verde promisor. Territorio con historia antigua, que comenzaron a escribir las civilizaciones pre incas con sus refinadísimas telas y ceramios leves, con los misteriosos pasajes subterráneos de Chavín y sus fieras cabezas clavas y su lanzón esbelto y sus cóndores detenidos en la piedra. Porque eso es el Perú. Además de las enormes ciudades de barro con sus murales magistralmente policromados y sus oratorios solemnes, colocados frente al mar, que precedieron al imperio inmenso, sabiamente organizado, con sus ciclópeas fortalezas de piedra y esas piedras colocadas en los picos mágicos de montañas encantadas. También es el Perú el coraje descomunal de los conquistadores españoles que doblegaron ese Imperio, consustanciándose con la tierra, el paisaje y la gente que iban encontrando y los iban deslumbrando. Y sigue siendo Perú nuestra historia republicana. Una historia que no logra crecer, que no sale de su cuna cargada de tradiciones, que repite y repite gestos heroicos coronando una derrota. Historia que no ha logrado todavía alcanzar el uso de la palabra y la razón y que no cesa de tropezarse con infortunios sin cuento. ¡Pareciera que fuera otra mentira eso de que Dios es peruano y que lo cierto más bien fuera que los dioses andan enojados con nosotros!
Sólo así es de creer lo que me ha contado una persona de absoluta con-fiabilidad: que él ha visto, en manos de un general de nuestro Ejército, el acta de entendimiento, entre el jefe peruano del Cenepa y el coronel ecuatoriano que comandaba las patrullas infiltradas en la zona, para que no hubiera disparos de muerte entre los soldados a las órdenes de uno y otro. El acta está firmada con fecha 13 ó 14 de enero y lleva las rúbricas del coronel ecuatoriano, el general López Trigoso y un testigo: El acuerdo al que se llegó, siguiendo las normas que los militares de ambos países aprobaron en las conversaciones que pusieron fin al conflicto de 1981, fue sellado bebiendo pisco peruano por la paz. Esas normas para evitar rozamientos bélicos en una región sumamente intrincada, se habían venido cumpliendo desde el año 81, cuando los almirantes Sorrosa por Ecuador y Dubois por el Perú, acordaron los términos del punto final a la infiltración en el falso Paquisha.
¿Por qué el 26 de enero se rompió esa acta de entendimiento, firmada para poner fin a unos razonamientos a balazos ocurridos días antes entre patrullas de uno y otro bando?... Y aquí comienzan a encresparse las voces de muchos oficiales peruanos de las tres armas, porque no entienden cómo es que se da la orden de atacar un puesto prácticamente inexpugnable como Tiwinza, colocando en un punto inaccesible para la infantería y que sólo kamicases podían bombardear desde el aire, tanto por la ubicación del blanco -por completo favorable a los defensores- como por el moderno armamento de los ecuatorianos, adecuadamente preparados para enfrentarse a aviones y helicópteros anticuados y al pesado armamento de nuestros soldados.
De aquí el 9 a 0 en el aire y la mentira presidencial, con Mensaje a la Nación, de la toma y victoria de Tiwinza. La indignación de los militares, de los profesionales de la guerra, va in crescendo. No entienden, si hubo que atacar para presionar a Ecuador por razones de alta política que ellos no juzgan, aunque les moleste el que la firma de un general no haya sido honrada, por qué no se escogió un teatro de operaciones favorable al Perú y no, como se hizo, situándose en el punto más adverso de toda la frontera... ¿Que ésa era la zona invadida?... Para los militares no es válido este argumento.
Para ellos no hay disculpa al tremendo yerro de meterse en un fangal con el blanco en las alturas, en posición por completo desfavorable para los ataques aéreos. Y mucho menos cuando esas infiltraciones no eran recientes ni eran esas las únicas zonas invadidas. Amén de que el Perú no estaba al día en su armamento –menos para enfrentamiento en esa región– y el Ecuador sí y, justamente, bien entrenado para la zona. ¿Nada de esto sabía el Servicio de Inteligencia y, si lo sabía, cómo y quién hizo la evaluación de la situación para dar la orden de ataque?...La indignación militar tiene razones para crecer y crecer.
No faltará quiénes, con buen corazón patriota al viejo estilo, consideren que este tema no debe ser tocado ahora, que esa es tarea para los historiadores del mañana, y no faltará quién me endilgue el título de traidor a la patria. Y yo pregunto: si el acta existe y son reales las firmas allí estampadas ¿por qué va a ser útil o cultivarlas hoy –que estamos a tiempo de corregir errores– y por qué ha de ser mejor que las polillas las descubran en el futuro? Actuar a favor de las polillas es hacer de avestruces, es esconder la cabeza frente a la realidad, es comportarse como, antiguamente, se nos enseñaba no debíamos comportarnos, para no dejar de ser auténticos, verdaderos.
FRANCISCO IGARTUA – EDITORIAL – Consecuencias del fracaso de Tiwisa – Revista Oiga 20/03/1995
Montando gigantes potros de mentiras y engaños; abriendo apetitos y esperanzas en una sociedad de mendigos; y repartiendo colegios como caramelos -¡cuando son otras las urgencias de nuestra educación!- el presidente Fujimori ha reanudado su campaña electoral. El reparto de mendrugos sigue a lo grande, no en los pueblos abandonados de provincias sino en las sobrepobladas barriadas de la capital, donde se cosechan votos a costa de despertar ilusiones que seguirán engrosando la corte de los milagros que rodea Lima. Todo esto hecho con autos oficiales y helicópteros, con financiación del Estado-o sea de todos los peruanos- o con la ayuda económica de Japón, nación amiga que, seguramente, está enterada de que sus obsequios, por ley y por ética, no pueden ir dirigidos al señor Fujimori Fujimori, sino al presidente de la República. Mientras que allá, lejos, en los rincones olvidados del Perú, la campaña electoral de Fujimori la están haciendo persistentemente, por órdenes superiores y vigilancia militar, los prefectos, subprefectos y gobernadores. Todo el aparato del Estado, que debiera estar al servicio de los peruanos, de sus necesidades, ha sido activado desde hace más de un año para servir a los intereses electorales del candidato presidente. Y esto no es una frase puesta a capricho sobre el papel. Sobran los documentos probatorios del fraude meticulosamente montado por el actual régimen; régimen surgido del golpe militar dado el 5 de abril del 92 para establecer un gobierno de ‘reconstrucción nacional’, que deberá durar veinte años. Sobran y están en manos del periodismo - tanto de los poquísimos medios de difusión que alzan la voz como de los muchos que callan- las instrucciones escritas que, en cadena de mando, salen de Lima y llegan hasta la última gobernación, ordenando el apoyo a la-reelección presidencial. Sobran las pruebas gráficas que ponen al desnudo la ingenua obediencia a algunos pobres gobernadores: ¡Haber caído en la infeliz idea de convertir el local de su gobernación en sede del partido del gobierno!
Esta es la visible realidad electoral que las empresas encuestadoras tratan de maquillar y de consolidar, elaborando cifras y extravagantes interpretaciones técnico-filosóficas, con el propósito de influir en el ánimo de los electores, por lo general proclives a seguir la corriente ganadora. Los encuestadores peruanos ya están curtidos en estas triquiñuelas del criollismo. Para mantener su credibilidad les basta con acertar 48 horas antes de la elección. Esos resultados calientes -que para lograrlos no hace falta tener montada una encuestadora- son los que exhibirán en sus folletos de propaganda como prueba de su eficiencia. Les quedan libres semanas y meses para servir al amo de turno, equivocándose a fondo en porcentajes de vergüenza. Allí están prueba los cinco últimos comicios. (Todos ellos, por extraña coincidencia, siempre comenzaron favoreciendo a la candidatura mejor situada en el mercado de valores económicos).
Pero la realidad no es una sola. Frente a lo visible y a lo que nos dicen las encuestadoras, se viene advirtiendo otra realidad. Una realidad escondida, no por oculta menos real, que se advierte en las conversaciones diarias, en la voz de los taxistas, en la de las placeras y en los hombres de la calle comunes y corrientes. Es la voz que los canillitas no pregonan, pero que se pasan entre ellos. Una realidad que comenzó a formarse hace tiempo: cuando la continuidad de las mentiras presidenciales hizo recordar al bacalao malogrado y al no-shock. Una nueva realidad que ha ido creciendo al ritmo de las mentiras y los engaños de un presidente que confunde la estratagema militar con el arte de gobernar.
Otro es el sentir del electorado después de haber comprobado que no sólo no se tomó Tiwinza –como afirmó el presidente Fujimori– sino que se perdió –y quién sabe sea para siempre–; que por haber caído en la trampa de Tiwinza fueron abatidos por los misiles ecuatorianos nueve naves aéreas; que por ese mismo error han muerto más de cincuenta jóvenes peruanos que hubieran preferido vivir a ser declarados héroes. Otro es el sentir del electorado al enterarse de que la más elemental evaluación del terreno y del enemigo obligaba -si la decisión era militar- a no plantear la operación en esa zona y -si se actuaba como estadista- a reaccionar como lo hubiera hecho el embajador Pérez de Cuéllar: denunciando la invasión y viajando de inmediato a entrevistarse con los presidentes de los cuatro países garantes. De este modo no hubieran tenido que regar con su sangre en esos perdidos y fangosos parajes de la selva medio centenar de peruanos, pues Fujimori no hubiera dado la disparatada orden dé bombardear Tiwinza con helicópteros y aviones y menos de avanzar sobre ese puesto con la infantería. Esto último no lo digo yo; de ello -de esas órdenes militares- se autoconfesó el propio presidente ante un redactor del New York Times, quien, sorprendido por el fluido lenguaje castrense de Fujimori, lo calificó de ‘el Patton peruano’. Eran días en que la victoria parecía estar al alcance de la mano. De este modo pacífico, diplomático, se hubiera llegado a Itamaraty sin un fracaso militar a cuestas y con las armas del Protocolo intactas. Y no como ahora: derrotados y sin poder probar que Ecuador atacó de sorpresa al Perú, ya que la presencia ecuatoriana en territorio peruano no es de hoy sino de años atrás.
Se ha puesto en claro que la batalla, escaramuzas, enfrentamientos o como se quiera llamar al trágico y atroz intercambio de muertos -que en paz descansan- y heridos -muchos de los cuales deambularán más tarde por las calles pidiendo limosna-, fue aceptado por el alto mando peruano en un terreno que nos es por completo desfavorable y que de esa batalla o escaramuza hemos salido perdedores. Esto es lo cierto. Esta es la verdad y no lo que dijo y dice el presidente Fujimori. Y esto ya lo sabe la gente. Como pronto sabrá que la firma de la paz de Itamaraty fue otra derrota, consecuencia de la anterior. Es una firma que se nos impuso y que el señor Luigi Einaudi -por fortuna amigo del Perú-será el encargado diplomático de hacerla cumplir “con concesiones de las dos partes” Desgraciadamente, la pregunta que fluye es fatal para el Perú; ¿Están los peruanos dentro del territorio ecuatoriano? ¿Es el Perú el país que reclama, siquiera una piedra, del otro? ¿Cuál de los dos países será, pues, el sacrificado con las concesiones?
Esta es la visible realidad electoral que las empresas encuestadoras tratan de maquillar y de consolidar, elaborando cifras y extravagantes interpretaciones técnico-filosóficas, con el propósito de influir en el ánimo de los electores, por lo general proclives a seguir la corriente ganadora. Los encuestadores peruanos ya están curtidos en estas triquiñuelas del criollismo. Para mantener su credibilidad les basta con acertar 48 horas antes de la elección. Esos resultados calientes -que para lograrlos no hace falta tener montada una encuestadora- son los que exhibirán en sus folletos de propaganda como prueba de su eficiencia. Les quedan libres semanas y meses para servir al amo de turno, equivocándose a fondo en porcentajes de vergüenza. Allí están prueba los cinco últimos comicios. (Todos ellos, por extraña coincidencia, siempre comenzaron favoreciendo a la candidatura mejor situada en el mercado de valores económicos).
Pero la realidad no es una sola. Frente a lo visible y a lo que nos dicen las encuestadoras, se viene advirtiendo otra realidad. Una realidad escondida, no por oculta menos real, que se advierte en las conversaciones diarias, en la voz de los taxistas, en la de las placeras y en los hombres de la calle comunes y corrientes. Es la voz que los canillitas no pregonan, pero que se pasan entre ellos. Una realidad que comenzó a formarse hace tiempo: cuando la continuidad de las mentiras presidenciales hizo recordar al bacalao malogrado y al no-shock. Una nueva realidad que ha ido creciendo al ritmo de las mentiras y los engaños de un presidente que confunde la estratagema militar con el arte de gobernar.
Otro es el sentir del electorado después de haber comprobado que no sólo no se tomó Tiwinza –como afirmó el presidente Fujimori– sino que se perdió –y quién sabe sea para siempre–; que por haber caído en la trampa de Tiwinza fueron abatidos por los misiles ecuatorianos nueve naves aéreas; que por ese mismo error han muerto más de cincuenta jóvenes peruanos que hubieran preferido vivir a ser declarados héroes. Otro es el sentir del electorado al enterarse de que la más elemental evaluación del terreno y del enemigo obligaba -si la decisión era militar- a no plantear la operación en esa zona y -si se actuaba como estadista- a reaccionar como lo hubiera hecho el embajador Pérez de Cuéllar: denunciando la invasión y viajando de inmediato a entrevistarse con los presidentes de los cuatro países garantes. De este modo no hubieran tenido que regar con su sangre en esos perdidos y fangosos parajes de la selva medio centenar de peruanos, pues Fujimori no hubiera dado la disparatada orden dé bombardear Tiwinza con helicópteros y aviones y menos de avanzar sobre ese puesto con la infantería. Esto último no lo digo yo; de ello -de esas órdenes militares- se autoconfesó el propio presidente ante un redactor del New York Times, quien, sorprendido por el fluido lenguaje castrense de Fujimori, lo calificó de ‘el Patton peruano’. Eran días en que la victoria parecía estar al alcance de la mano. De este modo pacífico, diplomático, se hubiera llegado a Itamaraty sin un fracaso militar a cuestas y con las armas del Protocolo intactas. Y no como ahora: derrotados y sin poder probar que Ecuador atacó de sorpresa al Perú, ya que la presencia ecuatoriana en territorio peruano no es de hoy sino de años atrás.
Se ha puesto en claro que la batalla, escaramuzas, enfrentamientos o como se quiera llamar al trágico y atroz intercambio de muertos -que en paz descansan- y heridos -muchos de los cuales deambularán más tarde por las calles pidiendo limosna-, fue aceptado por el alto mando peruano en un terreno que nos es por completo desfavorable y que de esa batalla o escaramuza hemos salido perdedores. Esto es lo cierto. Esta es la verdad y no lo que dijo y dice el presidente Fujimori. Y esto ya lo sabe la gente. Como pronto sabrá que la firma de la paz de Itamaraty fue otra derrota, consecuencia de la anterior. Es una firma que se nos impuso y que el señor Luigi Einaudi -por fortuna amigo del Perú-será el encargado diplomático de hacerla cumplir “con concesiones de las dos partes” Desgraciadamente, la pregunta que fluye es fatal para el Perú; ¿Están los peruanos dentro del territorio ecuatoriano? ¿Es el Perú el país que reclama, siquiera una piedra, del otro? ¿Cuál de los dos países será, pues, el sacrificado con las concesiones?
FRANCISCO IGARTUA – EDITORIAL – ¡Pobre Perú! – Revista Oiga 13/03/1995
Por los diarios del sábado me entero que el general López Trigoso, el encargado de las operaciones militares en el Cenepa, estaba orgulloso y feliz porque el presidente Fujimori le había dado, públicamente, su respaldo. Nada le importaba al general López Trigoso que días antes el periodismo áulico hubiera maltratado su honor, arrastrado por los suelos su reputación de hombre y de soldado y lo hubiera culpado hasta de las deficiencias del armamento de la tropa -como si los jefes en las trincheras fueran responsables de las compras-- tampoco estaba ofendido el general López Trigoso por las injurias recibidas, basadas en informes de inteligencia militar que jamás podrían haber llegado a manos del periodismo si no es por conducto y autorización del alto mando, o sea el Jefe Supremo de la Fuerza Armada. Ninguna de las innobles ofensas recibidas habían alterado el ánimo del general López Trigoso. No se sintió traicionado por sus jefes cuando la televisión más obsecuente al gobierno, los más serviles locutores del presidente Fujimori, lo señalaron como culpable del hambre de los soldados que no pudieron llegar a Tiwinza, del desabastecimiento militar y de las ineficientes comunicaciones con la tropa bajo su mando en el Cenepa. Más aún: ha bastado que el presidente Fujimori le dé su respaldo para sentirse no sólo liberado de culpas sino satisfecho y feliz. Su bienestar anímico no dependía de su conciencia sino de las taumatúrgicas palabras del ‘Patton pe-mano, del supremo estratega de la diplomacia y la guerra cuyas órdenes obedecían los militares -según declaración pública del general Hermoza- como simples soldaditos. Sólo unas palabras del ‘Patton’ peruano han bastado para que el general López Trigoso se sienta liberado de las ominosas vejaciones recibidas del periodismo genuflexo que rodea a Fujimori. ¡Contentadizo, con poco, nuestro general!
Ni siguiera se ha preocupado el general López Trigoso en meditar que no cabe explicación racional a la creación de la Sexta Región, justo al momento en que han cesado las hostilidades. No se le ha ocurrido pensar que el aparato administrativo de una región hubiera sido plausible r hace tres años, como paso preventivo, como respuesta a las noticias dejas primeras infiltraciones ecuatorianas; y no ahora, después del fracaso en el desalojo del invasor, cuando ya están presentes los garantes en la zona y se está cumpliendo el acuerdo de paz de Itamaraty. No se ofende el general López Trigoso porque “lo hayan pasado de jefe operativo a jefe de administración. Le han bastado las palabras consoladoras del ‘Patton’ peruano. Palabras dichas -y esto tampoco lo ha advertido el general López Trigoso- no como rectificación a la infamia, sino porque el presidente Fujimori y su entorno se dieron cuenta de que la operación de embarre a López Trigoso, sin duda ordenada por ellos, iba a terminar embarrando al ‘Patton’ peruano, al estratega supremo de la guerra y la diplomacia, ya que estaban demasiado frescas las declaraciones del propio Fujimori de que él y nadie más que él ordenaba los bombardeos aéreos -por algo perdimos nueve naves aéreas- y trazaba en los mapas los avances de las tropas (ver crónica ‘Fujimori, el padre del desastre’ en páginas 24 a la 28).
La táctica del engaño y la mentira se ha ido desgastando con las evidencias de la guerra -demistificadoras de las victorias de Fujimori-y las descomunales metidas de pata diplomáticas, coronadas con la revelación de que el Perú se armó en 1975 para atacar a Chile ¡Un presidente del Perú acusando al Perú de haberse preparado para agredir a su vecino! Algo inaudito que, en cualquier país del mundo, inhabilitaría para ejercer cargo público a quien haya caído en semejante torpeza. ¡Difícil hallar una muestra mayor de ineptitud para aspirar a ser estadista!
Sin embargo, no faltan, sobran los peruanos que se quedan desconcertados frente a alguien que les dice que va a votar por Pérez de Cuéllar.
-¿Acaso el Perú no está ahora mucho mejor que antes? -es la simplista y abobada respuesta de estos fujimoristas de hueso colorado.
Como _si la mejoró económica del país y la erradicación del terrorismo -hechos ciertos aunque sujetos a análisis- fueran suficiente razón para perpetuar en la presidencia a una persona que ha dado muestras de ser superactivo, autoritario y, a la vez, obediente a las directivas de la cúpula militar -que es como, lo prueban los cuadernos de “Pajarillo Verde” publicados por OIGA, la que decidió acabar con el terrorismo y la que ordena que sea la derecha la que lleve el timón en cuestiones económicas-; pero persona que también ha probado no estar en capacidad de manejar diplomáticamente las tratativas de paz que se inician con Ecuador, ser inepto para conducir las negociaciones que se avecinan sobre la deuda externa y no tener voluntad ni competencia para corregir las distorsiones del programa económico. Programa con buena brújula, pero incapaz, hasta hoy, de generar empleos productivos. Programa sin imaginación, sin sentido social, sin cerebro propio. Simple ejecutor autómata de las recetas que nos impone el no necesariamente infalible Fondo Monetario y, peor todavía, programa que toma en cuenta las normas generales del mercado, pero rindiéndose ante la beatería que hace del mercado -tan imperfecto como toda obra humana- el nuevo e intocable Dios del Universo.
¿De dónde sacará el país la entereza necesaria para no caer en el abismo de la reelección de un ciudadano que ha dado prueba plena del pobre límite de su capacidad? ¿Dónde estarán las reservas morales que impidan tamaño error?
¡Pobre Perú!
Ni siguiera se ha preocupado el general López Trigoso en meditar que no cabe explicación racional a la creación de la Sexta Región, justo al momento en que han cesado las hostilidades. No se le ha ocurrido pensar que el aparato administrativo de una región hubiera sido plausible r hace tres años, como paso preventivo, como respuesta a las noticias dejas primeras infiltraciones ecuatorianas; y no ahora, después del fracaso en el desalojo del invasor, cuando ya están presentes los garantes en la zona y se está cumpliendo el acuerdo de paz de Itamaraty. No se ofende el general López Trigoso porque “lo hayan pasado de jefe operativo a jefe de administración. Le han bastado las palabras consoladoras del ‘Patton’ peruano. Palabras dichas -y esto tampoco lo ha advertido el general López Trigoso- no como rectificación a la infamia, sino porque el presidente Fujimori y su entorno se dieron cuenta de que la operación de embarre a López Trigoso, sin duda ordenada por ellos, iba a terminar embarrando al ‘Patton’ peruano, al estratega supremo de la guerra y la diplomacia, ya que estaban demasiado frescas las declaraciones del propio Fujimori de que él y nadie más que él ordenaba los bombardeos aéreos -por algo perdimos nueve naves aéreas- y trazaba en los mapas los avances de las tropas (ver crónica ‘Fujimori, el padre del desastre’ en páginas 24 a la 28).
La táctica del engaño y la mentira se ha ido desgastando con las evidencias de la guerra -demistificadoras de las victorias de Fujimori-y las descomunales metidas de pata diplomáticas, coronadas con la revelación de que el Perú se armó en 1975 para atacar a Chile ¡Un presidente del Perú acusando al Perú de haberse preparado para agredir a su vecino! Algo inaudito que, en cualquier país del mundo, inhabilitaría para ejercer cargo público a quien haya caído en semejante torpeza. ¡Difícil hallar una muestra mayor de ineptitud para aspirar a ser estadista!
Sin embargo, no faltan, sobran los peruanos que se quedan desconcertados frente a alguien que les dice que va a votar por Pérez de Cuéllar.
-¿Acaso el Perú no está ahora mucho mejor que antes? -es la simplista y abobada respuesta de estos fujimoristas de hueso colorado.
Como _si la mejoró económica del país y la erradicación del terrorismo -hechos ciertos aunque sujetos a análisis- fueran suficiente razón para perpetuar en la presidencia a una persona que ha dado muestras de ser superactivo, autoritario y, a la vez, obediente a las directivas de la cúpula militar -que es como, lo prueban los cuadernos de “Pajarillo Verde” publicados por OIGA, la que decidió acabar con el terrorismo y la que ordena que sea la derecha la que lleve el timón en cuestiones económicas-; pero persona que también ha probado no estar en capacidad de manejar diplomáticamente las tratativas de paz que se inician con Ecuador, ser inepto para conducir las negociaciones que se avecinan sobre la deuda externa y no tener voluntad ni competencia para corregir las distorsiones del programa económico. Programa con buena brújula, pero incapaz, hasta hoy, de generar empleos productivos. Programa sin imaginación, sin sentido social, sin cerebro propio. Simple ejecutor autómata de las recetas que nos impone el no necesariamente infalible Fondo Monetario y, peor todavía, programa que toma en cuenta las normas generales del mercado, pero rindiéndose ante la beatería que hace del mercado -tan imperfecto como toda obra humana- el nuevo e intocable Dios del Universo.
¿De dónde sacará el país la entereza necesaria para no caer en el abismo de la reelección de un ciudadano que ha dado prueba plena del pobre límite de su capacidad? ¿Dónde estarán las reservas morales que impidan tamaño error?
¡Pobre Perú!
FRANCISCO IGARTUA – EDITORIAL - Acumulando errores – Revista Oiga 7/03/1995
Para ser jefe del Estado se requiere un mínimo de cualidades, como discreción, buenos modales, credibilidad, un nivel aceptable de cultura general, buen juicio, serenidad, etc. Claro está que, en un extremo, estas condiciones no bastan para ser estadista -para llegar a ello se requiere, además, talento- y, en el otro extremo, es evidente que no faltan las excepciones a esta regla entre los presidentes que actúan a nuestro alrededor. Sixto Durán-Bailén, por ejemplo, no es un modelo de serenidad. Sus rabietas ante las cámaras de la televisión peruana ridiculizaban la dignidad presidencial. Pero hay dos presidentes latinoamericanos -decía alguien en estos días- que sobrepasan cualquier comparación por su falta de compostura:
-Son Menem y Fujimori. Dos expresiones chicha de la presidencia, tanto por sus modales extravagantes como por sus desmedidos afanes protagónicos. Y, en el caso de Fujimori, por su enfermiza tendencia a la mentira.
Puede ser que peque de elitista esta descripción del paisaje presidencial latinoamericano, pero no deja de aproximarse a la realidad. Aunque ésta, quién sabe, sea peor en -el caso de nuestro presidente. Sus errores de estos días son más graves, de mucha mayor trascendencia, que la visión folclórica del comentario arriba mencionado.
Cuando, por su sobrio comportamiento en las recientes reuniones de Montevideo, se creyó que Fujimori había hecho olvidar el sainete de su paseo electoral por el ‘teatro de la guerra’, no pudo con su genio nuestro presidente y lanzó el mayor exabrupto del mes:
-El Perú está mejor armado que cualquier país de la región. Tenemos más tanques, más aviones supersónicos... Un armamento que estuvo preparado para hacerle la guerra a Chile.
Esto no lo decía un historiador acucioso, un periodista aventurado, un intelectual enemigo de la guerra. No. Son las palabras grabadas, con imagen y con sonrisa, del señor Fujimori ¡presidente del Perú! El hombre que, según el general Nicolás Hermoza, dirige la estrategia peruana de la guerra ¡y de la diplomacia!
En Santiago de Chile, con amable indulgencia, el Ministerio de Relaciones Exteriores sonrió y disculpó al mandatario peruano; el presidente Frei se satisfizo con las explicaciones, que tuvo que darle el embajador de Fujimori; y algunos políticos chilenos se encresparon y protestaron sin exageración. En Lima, el embajador de Chile visitó oficialmente, Torre Tagle, y declaró que su gobierno tomó nota de las declaraciones -”las registró”-, pero que las relaciones entre los dos países continuaban tan amistosas como antes. Toda una lección de refinamiento diplomático. En Ecuador, las declaraciones de Fujimori sirvieron para señalar que el Perú autoconfesaba su militarismo.
Pocas veces se habrá visto mayor desatino diplomático. ¡Hacer, semejante confesión pública justo cuando Chile se había convertido en el garante más enérgico para lograr la paz en la Cordillera del Cóndor! No sólo por su interés de confirmar la sacralidad de los tratados, sino porque la ola de la, crisis económica latinoamericana puede alcanzar a Chile y el conflicto Perú-Ecuador es un ingrediente que agudiza esa crisis, generada en México. En lugar, pues, de agradecer el gesto -aunque éste se haya producido por conveniencia-, Fujimori comete la torpeza de recordarle a Chile que está en la lista de los enemigos de nuestro Ejército. ¡Como si en Chile no lo supieran!
Una tontísima declaración que se unía a la deplorable imagen que acababa de exhibir el presidente Fujimori, apareciéndose con un grupo de periodistas y un contingente militar entre los barrizales cercanos a la zona de conflicto. Una actitud bélica que se iniciaba justo, justo, a las pocas horas de haber firmado el Perú el acuerdo de paz de Itamaraty, en el que nuestro país se comprometía a retirar sus tropas al puesto de vigilancia Nº 1. Una grotesca payasada electoral que tuvo que ser calificada de provocación por los garantes y que causó indisimulado enojo en Washington. ¡Mayores desaciertos diplomáticos, imposible! Todos de campeonato... Desaciertos, de los que nada bueno cosechará el Perú en sus relaciones exteriores, cometidos por el presidente Fujimori por su falta de preparación para el cargo y por tener la mente puesta en su reelección y no en los intereses permanentes del país. Error grave qué un presidente no puede ni debe cometer, ni siquiera cuando se es candidato. Error en el que un estadista y hasta un jefe de Estado con cualidades mínimas jamás caería.
Pero como los errores siempre atraen más errores no podía faltar un error por encono personal, por pequeña venganza. Es así como nos damos ‘‘con la delirante denuncia por traición “a la patria contra Mario, y Álvaro Vargas Llosa, por los juicios expresados en sus escritos sobre el conflicto. ¿Traición a la patria por opinar, no importa si equivocada o -acertadamente? ¿En qué siglo vivimos?... Y ahora nos hallamos ante el resultado de tan torpe acusación: un gigantesco escándalo en la prensa internacional, el cual ningún bien hace al Perú, pues se pone en evidencia la escasa libertad de expresión que existe en el país.
Sí, es cierto que la semana pasada recibí una llamada telefónica de un ‘amigo’ -se hizo llamar Luis Rodríguez-para insinuarme amistosamente que me presentara a Seguridad del Estado a declarar en favor de los señores Mario y Álvaro. Vargas Llosa:
-Eres el único que ha dado muestras de amistad con ellos y es bueno que alguien deponga a su favor en el expediente que se les está armando en Seguridad del Estado. Corren grave riesgo. Se les investiga...
-¿Qué se le puede investigar a gente tan conocida y que nada calla?...
Y siguió una charla que quienes estamos ya, viejos en este oficio sabemos interpretar rápidamente. Es la manera sibilina de amedrentar que emplean los servicios de inteligencia. Fue así como me he enterado que en el Perú de hoy está en funciones, como en los viejos tiempos dictatoriales, la Seguridad del Estado; y que ésta puede involucrarme en el expediente de los Vargas Llosa. ¿Es esto democracia?...
-Son Menem y Fujimori. Dos expresiones chicha de la presidencia, tanto por sus modales extravagantes como por sus desmedidos afanes protagónicos. Y, en el caso de Fujimori, por su enfermiza tendencia a la mentira.
Puede ser que peque de elitista esta descripción del paisaje presidencial latinoamericano, pero no deja de aproximarse a la realidad. Aunque ésta, quién sabe, sea peor en -el caso de nuestro presidente. Sus errores de estos días son más graves, de mucha mayor trascendencia, que la visión folclórica del comentario arriba mencionado.
Cuando, por su sobrio comportamiento en las recientes reuniones de Montevideo, se creyó que Fujimori había hecho olvidar el sainete de su paseo electoral por el ‘teatro de la guerra’, no pudo con su genio nuestro presidente y lanzó el mayor exabrupto del mes:
-El Perú está mejor armado que cualquier país de la región. Tenemos más tanques, más aviones supersónicos... Un armamento que estuvo preparado para hacerle la guerra a Chile.
Esto no lo decía un historiador acucioso, un periodista aventurado, un intelectual enemigo de la guerra. No. Son las palabras grabadas, con imagen y con sonrisa, del señor Fujimori ¡presidente del Perú! El hombre que, según el general Nicolás Hermoza, dirige la estrategia peruana de la guerra ¡y de la diplomacia!
En Santiago de Chile, con amable indulgencia, el Ministerio de Relaciones Exteriores sonrió y disculpó al mandatario peruano; el presidente Frei se satisfizo con las explicaciones, que tuvo que darle el embajador de Fujimori; y algunos políticos chilenos se encresparon y protestaron sin exageración. En Lima, el embajador de Chile visitó oficialmente, Torre Tagle, y declaró que su gobierno tomó nota de las declaraciones -”las registró”-, pero que las relaciones entre los dos países continuaban tan amistosas como antes. Toda una lección de refinamiento diplomático. En Ecuador, las declaraciones de Fujimori sirvieron para señalar que el Perú autoconfesaba su militarismo.
Pocas veces se habrá visto mayor desatino diplomático. ¡Hacer, semejante confesión pública justo cuando Chile se había convertido en el garante más enérgico para lograr la paz en la Cordillera del Cóndor! No sólo por su interés de confirmar la sacralidad de los tratados, sino porque la ola de la, crisis económica latinoamericana puede alcanzar a Chile y el conflicto Perú-Ecuador es un ingrediente que agudiza esa crisis, generada en México. En lugar, pues, de agradecer el gesto -aunque éste se haya producido por conveniencia-, Fujimori comete la torpeza de recordarle a Chile que está en la lista de los enemigos de nuestro Ejército. ¡Como si en Chile no lo supieran!
Una tontísima declaración que se unía a la deplorable imagen que acababa de exhibir el presidente Fujimori, apareciéndose con un grupo de periodistas y un contingente militar entre los barrizales cercanos a la zona de conflicto. Una actitud bélica que se iniciaba justo, justo, a las pocas horas de haber firmado el Perú el acuerdo de paz de Itamaraty, en el que nuestro país se comprometía a retirar sus tropas al puesto de vigilancia Nº 1. Una grotesca payasada electoral que tuvo que ser calificada de provocación por los garantes y que causó indisimulado enojo en Washington. ¡Mayores desaciertos diplomáticos, imposible! Todos de campeonato... Desaciertos, de los que nada bueno cosechará el Perú en sus relaciones exteriores, cometidos por el presidente Fujimori por su falta de preparación para el cargo y por tener la mente puesta en su reelección y no en los intereses permanentes del país. Error grave qué un presidente no puede ni debe cometer, ni siquiera cuando se es candidato. Error en el que un estadista y hasta un jefe de Estado con cualidades mínimas jamás caería.
Pero como los errores siempre atraen más errores no podía faltar un error por encono personal, por pequeña venganza. Es así como nos damos ‘‘con la delirante denuncia por traición “a la patria contra Mario, y Álvaro Vargas Llosa, por los juicios expresados en sus escritos sobre el conflicto. ¿Traición a la patria por opinar, no importa si equivocada o -acertadamente? ¿En qué siglo vivimos?... Y ahora nos hallamos ante el resultado de tan torpe acusación: un gigantesco escándalo en la prensa internacional, el cual ningún bien hace al Perú, pues se pone en evidencia la escasa libertad de expresión que existe en el país.
Sí, es cierto que la semana pasada recibí una llamada telefónica de un ‘amigo’ -se hizo llamar Luis Rodríguez-para insinuarme amistosamente que me presentara a Seguridad del Estado a declarar en favor de los señores Mario y Álvaro. Vargas Llosa:
-Eres el único que ha dado muestras de amistad con ellos y es bueno que alguien deponga a su favor en el expediente que se les está armando en Seguridad del Estado. Corren grave riesgo. Se les investiga...
-¿Qué se le puede investigar a gente tan conocida y que nada calla?...
Y siguió una charla que quienes estamos ya, viejos en este oficio sabemos interpretar rápidamente. Es la manera sibilina de amedrentar que emplean los servicios de inteligencia. Fue así como me he enterado que en el Perú de hoy está en funciones, como en los viejos tiempos dictatoriales, la Seguridad del Estado; y que ésta puede involucrarme en el expediente de los Vargas Llosa. ¿Es esto democracia?...
FRANCISCO IGARTUA – EDITORIAL – Cosechando la siembra de engaños y mentiras – Revista Oiga 27/02/1995
En el siglo pasado y a comienzos de éste, una guerra significaba entregar tu capacidad de raciocinio a la patria y a convertir al adversario en el mal absoluto, de tal modo que la calumnia contra el enemigo, por ignominiosa que fuera, podía resultar una forma de servir a la nación. Hoy, es distinta la mentalidad de la gente en el mundo civilizado, que no es todo el mundo. Ningún ciudadano evolucionado, en nuestra época, hace un fetiche de su gobierno ni admite que se le suspenda su condición de ser humano pensante y, por lo tanto, crítico. Ni siquiera a la hora de la guerra. Eso de ir a la muerte con el cerebro vaciado es obsolescencia pura, oscurantismo del pasado. Tampoco hoy se sacrifica ante ningún altar, el de la religión ni el de la patria, la devoción a la verdad.
Valgan estas disquisiciones para esclarecer la posición de quienes nos negamos a someternos al chantaje patriotero que se está desatando en los medios de difusión del país próximos al régimen —o sea casi todos—para lograr una unidad nacional de robotes. Un chantaje dirigido a lograr que se callen las críticas al desastroso desempeño del jefe de Estado en la conducción de la guerra y, antes, en las tratativas ‘diplomáticas’ con Ecuador.
Una crítica que parte por dejar establecido que son delirantes las pretensiones amazónicas del Ecuador y que abundan los argumentos a favor del Perú para que la frontera todavía sin hitos quede demarcada por la Cordillera del Cóndor. Pero sin dejar de reconocer que la tesis ecuatoriana, aunque esquizofrénica, ha calado hondo en la prensa internacional y en muchas cancillerías. Hecho que no varía porque nosotros nos repitamos que la realidad es al revés. Engañándonos no servimos a la patria y no vamos a ganar la guerra. Mucho menos alcanzaremos una paz justa, que es la victoria verdadera.
Sobre estas bases claras, lúcidas, pasemos a analizar la actualidad. De inmediato nos damos con este cuadro: los soldados peruanos he hallan comprometidos en una guerra en la que están derrochando valor e intrepidez descomunales sin pedir nada y sin preguntar demasiado. Una guerra, en la que, muchos jóvenes, por desgracia, van cayendo muertos y muchos más están -quedando sin brazos, sin piernas, sin ojos. Nos hallamos ya ante una legión de lisiados, algunos de ellos niños de 16 y hasta 14 años, que muy, pronto veremos por las calles pidiendo limosna, porque así es de cruel la guerra. Lo pueden asegurar los combatientes del 41, hasta hace pocos meses en mendicantes correrías para que la presidencia no siguiera vetando —lo hizo dos veces— una ley que les otorgaba un mísero aumento en sus pensiones. No hay dinero en caja, era la razón inexpugnable para semejante conducta. Razón contra la que nadie protestaba, pues los lisiados de una guerra no son prioritarios en la fría economía de mercado. Y tampoco en las otras. A ninguna economía le preocupa los desechos humanos de un conflicto bélico. Su reposición no cuesta, corre a cargo del patriotismo de los jóvenes.
Y viendo esta tragedia, de dolorosa inmensidad, es imposible callar. Sería un crimen no decir que esta guerra nunca debió iniciarse, tanto por razones militares como por razones diplomáticas. Ha sido un absurdo aceptar combate en las faldas dé la Cordillera del Cóndor. Lo dicen los militares; pues, pasados varios días, descubren que nos hemos lanzado a la guerra sin apreciación del teatro de operaciones, sin evaluación de la capacidad del enemigo, sin estrategia ni planes tácticos. Descubren que hemos caído en un pantano, en una trampa. Mientras que los diplomáticos y el sentido común advierten que para llegar a mejor posición que la lograda en el acuerdo de paz de Itamaraty –lleno de imprecisiones desfavorables para el país– no hubiera sido necesario disparar un tiro ni que hubiera muertos y lisiados. Bastaba que el Perú, luego de apreciar las dificultades militares de la zona, se adelantara al Ecuador y denunciara ante los garantes la infiltración de su territorio. Hoy, muy otra sería nuestra situación en el terreno diplomático, porque se supone que, para tomar esa decisión, nuestra diplomacia hubiera estado muy alerta, previendo los pasos a darse para consolidar posiciones. De ningún modo estaríamos peor que con el acuerdo de Itamaraty y nadie habría sido muerto ni sido herido.
Ninguna de las consideraciones anteriores tomó en cuenta el gobierno para aceptar la confrontación bélica. Y, peor aún, el conflicto se ha gestado, en buena parte, por el abandono de los puestos de vigilancia en la zona de la infiltración y por la torpeza y la improvisación con las que las el jefe de Estado venía conduciendo, por su cuenta y riesgo, las tratativas diplomáticas con Ecuador. Comenzó a gestarse el conflicto con errores tan graves como el pacto de caballeros, que quedó silenciado y no se castigó, porque el ex presidente Belaúnde, por ese mal entendido patriotismo de no mostrar fisuras ante el enemigo, se levantó en el Parlamento y con emotivo discurso patriótico evitó que fuera censurado el ministro Torres y Torres Lara e impidió que la ciudadanía se enterara de la manera lamentable cómo se conducían nuestras relaciones exteriores. Torres y Torres Lara se había visto obligado a reconocer ante el Senado que tuvo a la mano mapas equivocados en sus acuerdos con el hábil ministro ecuatoriano Diego Cordovez. Acuerdos que significaron nuestra aceptación a la presencia militar ecuatoriana en territorio del Perú (los puestos Teniente Ortiz, Soldado Monge y Etza).
De haber conocido el país los entretelones del escandaloso acuerdo de caballeros, no se habría confiado demasiado a las habilidades diplomáticas del presidente Fujimori y hubiera estado más sensible a los disparates cometidos por él en sus abrazos y conversaciones inconsultas con los presidentes ecuatorianos; en su público reconocimiento de que existía un problema territorial entre el Perú y Ecuador; en su pedido de peritaje papal para resolver la controversia fronteriza. O sea una política errática, incoherente con la posición inquebrantable de Torre Tagle sobre el Protocolo de Río, ignorante de las tradiciones peruanas, desconocedora del valor de las palabras y de los gestos en las relaciones internacionales.
Pero, todavía peor. Todo esto lo hacía, según acaba de confesar en público, para engañar al enemigo, con lo que lo que podría haber sido una estratagema —demasiado inconsistente e infantil— se ha convertido en perfidia diplomática autoproclamada.
Y si esto es cierto, ¿por qué hemos de callarlo? ¿Qué se gana con el silencio? ¿Por qué el pueblo no debe estar consciente de los pasos que se le exige dar y del voto que tiene que emitir?...
Yo no veo razón para ocultarle al país, al pueblo, a todos los peruanos, estos hechos, estas realidades:
No es cierto que el Perú ha obligado a Ecuador a negociar en el marco del Protocolo de Río. Es Ecuador el que ha acudido al Protocolo para utilizarlo en su nueva estrategia para llegar al Marañón.
Tampoco es verdad que el presidente Fujimori se ha aproximado al frente de guerra para impulsar el alto el fuego. La desesperada presencia del presidente Fujimori en las cercanías de las zonas de combate tiene intención electoral. Y los garantes no se chupan el dedo, no se dejan engañar. La embajadora norteamericana ante la OEA lo ha dicho claramente —y sus palabras no cambian porque las silencie la prensa amiga del régimen—; ha dicho la embajadora Harriet Babbit que la presencia de políticos en el teatro de operaciones enturbia la situación.
Tendrían que ser demasiado tontos los garantes para no apreciar que sólo puede tener sentido electoral el que el presidente del Perú tome el camino a Tiwinza, junto a destacamentos de ‘chacales’ y ‘depredadores’, justo inmediatamente después de firmar un acuerdo de paz por el que se compromete a retirar las tropas peruanas de las zonas de combate hasta el PV 1. El propósito de izar el pabellón nacional en Tiwinza, una especie de síndrome de Tiwinza, de obsesión enfermiza que nada bueno presagia sobre la salud mental del presidente-candidato, no tiene ninguna explicación militar ni diplomática. ¿Para qué el izamiento si, de inmediato, tiene que replegarse con sus tropas, en cumplimiento del acuerdo de paz que ha firmado, al puesto de vigilancia Nº 1? ¿Añadir más muertos a la larga lista de muertos y acrecentar por docenas el número de lisiados sólo para proclamarse vencedor, con su foto izando la bandera en Tiwinza, ante los ojos de los votantes peruanos, porque a ojos de los garantes la situación está ya vista? ¿Acaso, diplomáticamente, no sería mejor para el Perú cumplir con el acuerdo de paz y denunciar la niñería de los ecuatorianos de quedarse en Tiwinza esperando a los observadores, en lugar de retirarse a Coangos, como lo establece el acuerdo de Itamaraty?
Pero no. Esto no ha podido ser así, porque el presidente Fujimori mintió al país anunciando una victoria imaginada en Tiwinza y no quería que su mentira quedara al descubierto, como ha quedado, a pesar de los tayos con las que se la está vistiendo. Una victoria imaginada que, según se dice, ya tiene desfile triunfal organizado en Lima, para que el Jefe Supremo reciba el parte de guerra del general Hermoza, a quien, ese día, se le otorgaría el bastón de mariscal de la victoria.
Esta farsa, que sería un sainete sino fuera por la sangre de los muertos heridos inútiles con la que el coraje de nuestros soldados está regando los perdidos fangales de las selvas de la Cordillera del Cóndor, es el resultado trágico de una cadena de mentiras y engaños que comenzaron con un bacalao malogrado. Mentiras y engaños con los que el presidente Fujimori gobernó a sus anchas al país, gracias que la banca y los empresarios aplaudían-entusiastas sus mentiras y sus engaños —porque no les tocaban sus bolsillos— y gracias a que los medios de comunicación masiva se los ocultaba al pueblo. O se los doraba. Todo marchaba sobre carriles porque el Perú satisfecho estaba contento con el engaño y la mentira. Hoy el engaño y la mentira le han estallado en la cara al presidente Fujimori. La comunidad internacional no tiene razones para dejarse hipnotizar.
Valgan estas reflexiones un tanto duras, pero extraídas de hechos ciertos que no tienen por qué ser ocultados al pueblo, para que el gobierno entienda que ha de rectificar rumbos para que este conflicto bélico no concluya en un desastre nacional con desfile de la victoria y un mariscal con demasiados muertos inútiles a sus espaldas. La heroicidad de nuestros soldados no merece la ofensa de tan mentirosas pompas fúnebres. No transformemos la tragedia de los hogares enlutados en un sainete. Preocupémonos de ganar en las futuras negociaciones el terreno perdido en Itamaraty y ojalá se logre poner los hitos de la paz.
Valgan estas disquisiciones para esclarecer la posición de quienes nos negamos a someternos al chantaje patriotero que se está desatando en los medios de difusión del país próximos al régimen —o sea casi todos—para lograr una unidad nacional de robotes. Un chantaje dirigido a lograr que se callen las críticas al desastroso desempeño del jefe de Estado en la conducción de la guerra y, antes, en las tratativas ‘diplomáticas’ con Ecuador.
Una crítica que parte por dejar establecido que son delirantes las pretensiones amazónicas del Ecuador y que abundan los argumentos a favor del Perú para que la frontera todavía sin hitos quede demarcada por la Cordillera del Cóndor. Pero sin dejar de reconocer que la tesis ecuatoriana, aunque esquizofrénica, ha calado hondo en la prensa internacional y en muchas cancillerías. Hecho que no varía porque nosotros nos repitamos que la realidad es al revés. Engañándonos no servimos a la patria y no vamos a ganar la guerra. Mucho menos alcanzaremos una paz justa, que es la victoria verdadera.
Sobre estas bases claras, lúcidas, pasemos a analizar la actualidad. De inmediato nos damos con este cuadro: los soldados peruanos he hallan comprometidos en una guerra en la que están derrochando valor e intrepidez descomunales sin pedir nada y sin preguntar demasiado. Una guerra, en la que, muchos jóvenes, por desgracia, van cayendo muertos y muchos más están -quedando sin brazos, sin piernas, sin ojos. Nos hallamos ya ante una legión de lisiados, algunos de ellos niños de 16 y hasta 14 años, que muy, pronto veremos por las calles pidiendo limosna, porque así es de cruel la guerra. Lo pueden asegurar los combatientes del 41, hasta hace pocos meses en mendicantes correrías para que la presidencia no siguiera vetando —lo hizo dos veces— una ley que les otorgaba un mísero aumento en sus pensiones. No hay dinero en caja, era la razón inexpugnable para semejante conducta. Razón contra la que nadie protestaba, pues los lisiados de una guerra no son prioritarios en la fría economía de mercado. Y tampoco en las otras. A ninguna economía le preocupa los desechos humanos de un conflicto bélico. Su reposición no cuesta, corre a cargo del patriotismo de los jóvenes.
Y viendo esta tragedia, de dolorosa inmensidad, es imposible callar. Sería un crimen no decir que esta guerra nunca debió iniciarse, tanto por razones militares como por razones diplomáticas. Ha sido un absurdo aceptar combate en las faldas dé la Cordillera del Cóndor. Lo dicen los militares; pues, pasados varios días, descubren que nos hemos lanzado a la guerra sin apreciación del teatro de operaciones, sin evaluación de la capacidad del enemigo, sin estrategia ni planes tácticos. Descubren que hemos caído en un pantano, en una trampa. Mientras que los diplomáticos y el sentido común advierten que para llegar a mejor posición que la lograda en el acuerdo de paz de Itamaraty –lleno de imprecisiones desfavorables para el país– no hubiera sido necesario disparar un tiro ni que hubiera muertos y lisiados. Bastaba que el Perú, luego de apreciar las dificultades militares de la zona, se adelantara al Ecuador y denunciara ante los garantes la infiltración de su territorio. Hoy, muy otra sería nuestra situación en el terreno diplomático, porque se supone que, para tomar esa decisión, nuestra diplomacia hubiera estado muy alerta, previendo los pasos a darse para consolidar posiciones. De ningún modo estaríamos peor que con el acuerdo de Itamaraty y nadie habría sido muerto ni sido herido.
Ninguna de las consideraciones anteriores tomó en cuenta el gobierno para aceptar la confrontación bélica. Y, peor aún, el conflicto se ha gestado, en buena parte, por el abandono de los puestos de vigilancia en la zona de la infiltración y por la torpeza y la improvisación con las que las el jefe de Estado venía conduciendo, por su cuenta y riesgo, las tratativas diplomáticas con Ecuador. Comenzó a gestarse el conflicto con errores tan graves como el pacto de caballeros, que quedó silenciado y no se castigó, porque el ex presidente Belaúnde, por ese mal entendido patriotismo de no mostrar fisuras ante el enemigo, se levantó en el Parlamento y con emotivo discurso patriótico evitó que fuera censurado el ministro Torres y Torres Lara e impidió que la ciudadanía se enterara de la manera lamentable cómo se conducían nuestras relaciones exteriores. Torres y Torres Lara se había visto obligado a reconocer ante el Senado que tuvo a la mano mapas equivocados en sus acuerdos con el hábil ministro ecuatoriano Diego Cordovez. Acuerdos que significaron nuestra aceptación a la presencia militar ecuatoriana en territorio del Perú (los puestos Teniente Ortiz, Soldado Monge y Etza).
De haber conocido el país los entretelones del escandaloso acuerdo de caballeros, no se habría confiado demasiado a las habilidades diplomáticas del presidente Fujimori y hubiera estado más sensible a los disparates cometidos por él en sus abrazos y conversaciones inconsultas con los presidentes ecuatorianos; en su público reconocimiento de que existía un problema territorial entre el Perú y Ecuador; en su pedido de peritaje papal para resolver la controversia fronteriza. O sea una política errática, incoherente con la posición inquebrantable de Torre Tagle sobre el Protocolo de Río, ignorante de las tradiciones peruanas, desconocedora del valor de las palabras y de los gestos en las relaciones internacionales.
Pero, todavía peor. Todo esto lo hacía, según acaba de confesar en público, para engañar al enemigo, con lo que lo que podría haber sido una estratagema —demasiado inconsistente e infantil— se ha convertido en perfidia diplomática autoproclamada.
Y si esto es cierto, ¿por qué hemos de callarlo? ¿Qué se gana con el silencio? ¿Por qué el pueblo no debe estar consciente de los pasos que se le exige dar y del voto que tiene que emitir?...
Yo no veo razón para ocultarle al país, al pueblo, a todos los peruanos, estos hechos, estas realidades:
No es cierto que el Perú ha obligado a Ecuador a negociar en el marco del Protocolo de Río. Es Ecuador el que ha acudido al Protocolo para utilizarlo en su nueva estrategia para llegar al Marañón.
Tampoco es verdad que el presidente Fujimori se ha aproximado al frente de guerra para impulsar el alto el fuego. La desesperada presencia del presidente Fujimori en las cercanías de las zonas de combate tiene intención electoral. Y los garantes no se chupan el dedo, no se dejan engañar. La embajadora norteamericana ante la OEA lo ha dicho claramente —y sus palabras no cambian porque las silencie la prensa amiga del régimen—; ha dicho la embajadora Harriet Babbit que la presencia de políticos en el teatro de operaciones enturbia la situación.
Tendrían que ser demasiado tontos los garantes para no apreciar que sólo puede tener sentido electoral el que el presidente del Perú tome el camino a Tiwinza, junto a destacamentos de ‘chacales’ y ‘depredadores’, justo inmediatamente después de firmar un acuerdo de paz por el que se compromete a retirar las tropas peruanas de las zonas de combate hasta el PV 1. El propósito de izar el pabellón nacional en Tiwinza, una especie de síndrome de Tiwinza, de obsesión enfermiza que nada bueno presagia sobre la salud mental del presidente-candidato, no tiene ninguna explicación militar ni diplomática. ¿Para qué el izamiento si, de inmediato, tiene que replegarse con sus tropas, en cumplimiento del acuerdo de paz que ha firmado, al puesto de vigilancia Nº 1? ¿Añadir más muertos a la larga lista de muertos y acrecentar por docenas el número de lisiados sólo para proclamarse vencedor, con su foto izando la bandera en Tiwinza, ante los ojos de los votantes peruanos, porque a ojos de los garantes la situación está ya vista? ¿Acaso, diplomáticamente, no sería mejor para el Perú cumplir con el acuerdo de paz y denunciar la niñería de los ecuatorianos de quedarse en Tiwinza esperando a los observadores, en lugar de retirarse a Coangos, como lo establece el acuerdo de Itamaraty?
Pero no. Esto no ha podido ser así, porque el presidente Fujimori mintió al país anunciando una victoria imaginada en Tiwinza y no quería que su mentira quedara al descubierto, como ha quedado, a pesar de los tayos con las que se la está vistiendo. Una victoria imaginada que, según se dice, ya tiene desfile triunfal organizado en Lima, para que el Jefe Supremo reciba el parte de guerra del general Hermoza, a quien, ese día, se le otorgaría el bastón de mariscal de la victoria.
Esta farsa, que sería un sainete sino fuera por la sangre de los muertos heridos inútiles con la que el coraje de nuestros soldados está regando los perdidos fangales de las selvas de la Cordillera del Cóndor, es el resultado trágico de una cadena de mentiras y engaños que comenzaron con un bacalao malogrado. Mentiras y engaños con los que el presidente Fujimori gobernó a sus anchas al país, gracias que la banca y los empresarios aplaudían-entusiastas sus mentiras y sus engaños —porque no les tocaban sus bolsillos— y gracias a que los medios de comunicación masiva se los ocultaba al pueblo. O se los doraba. Todo marchaba sobre carriles porque el Perú satisfecho estaba contento con el engaño y la mentira. Hoy el engaño y la mentira le han estallado en la cara al presidente Fujimori. La comunidad internacional no tiene razones para dejarse hipnotizar.
Valgan estas reflexiones un tanto duras, pero extraídas de hechos ciertos que no tienen por qué ser ocultados al pueblo, para que el gobierno entienda que ha de rectificar rumbos para que este conflicto bélico no concluya en un desastre nacional con desfile de la victoria y un mariscal con demasiados muertos inútiles a sus espaldas. La heroicidad de nuestros soldados no merece la ofensa de tan mentirosas pompas fúnebres. No transformemos la tragedia de los hogares enlutados en un sainete. Preocupémonos de ganar en las futuras negociaciones el terreno perdido en Itamaraty y ojalá se logre poner los hitos de la paz.
FRANCISCO IGARTUA – EDITORIAL – Un futuro muy incierto nos espera – Revista Oiga 20/02/1995
Antes de cualquier crítica o elogio a lo sucedido en Brasilia, hay que decir ¡bienvenida la paz! Siempre será mejor la paz que la guerra y todavía más cuando cada día hay mayor evidencia de que esta guerra ha sido un absurdo, iniciado en momento inoportuno, en lugar inapropiado y sin la unidad nacional indispensable pata arremeter contra el enemigo exterior. Porque no se discute quién pegó el primer tiro. Eso nadie lo sabe. Lo concreto es que los ecuatorianos estaban infiltrados en territorio que los peruanos consideramos propio, pero cuya vigilancia habíamos abandonado desde hace varios años cuando menos. ¿Quién; pues, arremetió contra el invasor y por qué ahora, en pleno proceso electoral? ¿Por qué unos tiros fronterizos -muy posiblemente ecuatorianos- se transformaron en movilización de guerra, en lugar de haber llevado el incidente a la mesa de los garantes, con lo que muy posiblemente el diferendo hubiera terminado de modo distinto al que ahora ha terminado: en desalojo de los peruanos de su propio territorio? Por lo menos, no hubiéramos tenido que llorar a los muertos ni contemplar adolorados a los mutilados y a las viudas, a los huérfanos, a los horrores vividos por los soldados en el verde terrible de la jungla. También nos hubiéramos ahorrado las ocho naves aéreas derribadas por los ecuatorianos -contra ninguna de ellos- y los misiles, bombas y proyectiles arrojados en los interminables bosques de la Cordillera del Cóndor. No hubiéramos tenido que asumir los tremendos costos de la movilización de soldados y armamento -puesto al día según confesión del propio presidente Fujimori-; costos que se quieren disimular afirmando, con grotesco lenguaje electoral, que la guerra nos ha costado poco más de 25 millones de soles.
En este caso, quién sabe mejor que en ningún otro, habría cabido el viejo dicho aquel de que “lo que no ha de ser bien castigado, ha de ser bien callado”.
“Y el monte parió un ratón”, se dice, con reminiscencias bíblicas, cuando se quiere destacar alguna fanfarronada. Entre nosotros, en este país donde hasta las enfermedades se acojudan, ha ocurrido al revés: un ratón nos ha metido en un mar de fango. Porque en eso ha concluido la conquista, jamás lograda, de Tiwinsa. Estamos enfangados en unas negociaciones que comienzan poniendo en entredicho la peruanidad de región donde nace el río Cenepa, o sea la vertiente oriental de la Cordillera del Cóndor, territorio reconocido como peruano en 1981 por la delegación militar ecuatoriana presidida por el almirante Sorrosa, con comunicación a los garantes. Documento capital en el litigio, que el doctor Javier Pérez de Cuéllar hizo resaltar de inmediato, al iniciarse este conflicto, en carta entregada al embajador de Brasil en Lima. Pero documento que el gobierno del presidente Fujimori no ha querido esgrimir, para no dar mérito a sus predecesores -en este caso al presidente Belaúnde-, porque para Fujimori la República nace con él y con el golpe militar del 5 de abril de 1992. Por algo dijo ese año, en su mensaje a la Nación, que su presencia en Ecuador, y sus gestiones con la presidencia ecuatoriana tenían mayor significación que el Protocolo de Río y la guerra del 41.
Hoy estamos cosechando los resultados de esa política exterior aventurera, chicha, sin respeto por las tradiciones y sin conocimiento de nuestra historia. Gracias a esa política llamada ‘pragmática’, pero que ha resultado siendo pura y vana improvisación personal, estamos ahora metidos en un pantano, en negociaciones en las que el principal garante, Estados Unidos, parece haber cambiado de opinión, pues el embajador Alexander Watson acaba de declarar, en el Departamento de Estado, oficialmente, que el fallo de Díaz de Aguiar fueron ‘opiniones de un cartógrafo brasileño’ y que esas ‘opiniones’ en 1945 fueron superadas el 47 por los trabajos norteamericanos de fotometría aérea, que ‘descubrieron el río Cenepa, ‘por nadie conocido antes’, abriéndose así nuevos planteamientos. En otras palabras, como ha quedado estampado en la declaratoria de paz de Brasilia, la región peruana del nacimiento del río Cenepa es ahora territorio en litigio, tierra de nadie. Los acuerdos firmados en 1981 se los ha llevado el viento!
Estos son los hechos. Hechos que la gran prensa no publica ni comenta, ayudando al gobierno a tener engañado al pueblo, haciendo del fracaso de Tiwinsa una victoria y del ‘conductor de la guerra un ‘héroe’, y prestándose, sin querer queriendo, a la campaña electoral del ‘héroe’ derrotado en el campo militar, en el terreno diplomático en la guerra de la información.
Sin embargo, pese a las primeras páginas, con la foto de Fujimori victorioso y sonriente, en hombros de la tropa, la verdad se va abriendo paso en los comentarios de los columnistas, en el filo del lápiz de los caricaturistas y en algunos cables perdidos en las páginas interiores de los periódicos. (De la televisión no hablo para no emplear los robustos adjetivos de Cervantes, que, para algunos, sonarán a lisuras). La verdad se va abriendo paso y se va comprobando que Mario y Álvaro Vargas Liosa no estaban equivocados al apuntar donde apuntaban en sus comentarios. Cada día se hace más evidente lo repiten ya todos los columnistas de nota en la prensa peruana que el presidente Fujimori ha estado usando la guerra y a los muertos de la guerra, a los verdaderos héroes, como instrumentos de su campaña electoral, Y tamaña monstruosidad, de la que se ha hecho cómplice la mayoría de los medios de expresión, tiene nombre que prefiero callar. Como prefiero poner punto final a esta nota y así no tener que referirme a la autocensura de esos medios y a los consecuentes negocios que esos medios han convenido con el gobierno.
El futuro del Perú se hace demasiado incierto, porque tanta, tan sucia y cobarde inmoralidad no puede hacerse eterna.
En este caso, quién sabe mejor que en ningún otro, habría cabido el viejo dicho aquel de que “lo que no ha de ser bien castigado, ha de ser bien callado”.
“Y el monte parió un ratón”, se dice, con reminiscencias bíblicas, cuando se quiere destacar alguna fanfarronada. Entre nosotros, en este país donde hasta las enfermedades se acojudan, ha ocurrido al revés: un ratón nos ha metido en un mar de fango. Porque en eso ha concluido la conquista, jamás lograda, de Tiwinsa. Estamos enfangados en unas negociaciones que comienzan poniendo en entredicho la peruanidad de región donde nace el río Cenepa, o sea la vertiente oriental de la Cordillera del Cóndor, territorio reconocido como peruano en 1981 por la delegación militar ecuatoriana presidida por el almirante Sorrosa, con comunicación a los garantes. Documento capital en el litigio, que el doctor Javier Pérez de Cuéllar hizo resaltar de inmediato, al iniciarse este conflicto, en carta entregada al embajador de Brasil en Lima. Pero documento que el gobierno del presidente Fujimori no ha querido esgrimir, para no dar mérito a sus predecesores -en este caso al presidente Belaúnde-, porque para Fujimori la República nace con él y con el golpe militar del 5 de abril de 1992. Por algo dijo ese año, en su mensaje a la Nación, que su presencia en Ecuador, y sus gestiones con la presidencia ecuatoriana tenían mayor significación que el Protocolo de Río y la guerra del 41.
Hoy estamos cosechando los resultados de esa política exterior aventurera, chicha, sin respeto por las tradiciones y sin conocimiento de nuestra historia. Gracias a esa política llamada ‘pragmática’, pero que ha resultado siendo pura y vana improvisación personal, estamos ahora metidos en un pantano, en negociaciones en las que el principal garante, Estados Unidos, parece haber cambiado de opinión, pues el embajador Alexander Watson acaba de declarar, en el Departamento de Estado, oficialmente, que el fallo de Díaz de Aguiar fueron ‘opiniones de un cartógrafo brasileño’ y que esas ‘opiniones’ en 1945 fueron superadas el 47 por los trabajos norteamericanos de fotometría aérea, que ‘descubrieron el río Cenepa, ‘por nadie conocido antes’, abriéndose así nuevos planteamientos. En otras palabras, como ha quedado estampado en la declaratoria de paz de Brasilia, la región peruana del nacimiento del río Cenepa es ahora territorio en litigio, tierra de nadie. Los acuerdos firmados en 1981 se los ha llevado el viento!
Estos son los hechos. Hechos que la gran prensa no publica ni comenta, ayudando al gobierno a tener engañado al pueblo, haciendo del fracaso de Tiwinsa una victoria y del ‘conductor de la guerra un ‘héroe’, y prestándose, sin querer queriendo, a la campaña electoral del ‘héroe’ derrotado en el campo militar, en el terreno diplomático en la guerra de la información.
Sin embargo, pese a las primeras páginas, con la foto de Fujimori victorioso y sonriente, en hombros de la tropa, la verdad se va abriendo paso en los comentarios de los columnistas, en el filo del lápiz de los caricaturistas y en algunos cables perdidos en las páginas interiores de los periódicos. (De la televisión no hablo para no emplear los robustos adjetivos de Cervantes, que, para algunos, sonarán a lisuras). La verdad se va abriendo paso y se va comprobando que Mario y Álvaro Vargas Liosa no estaban equivocados al apuntar donde apuntaban en sus comentarios. Cada día se hace más evidente lo repiten ya todos los columnistas de nota en la prensa peruana que el presidente Fujimori ha estado usando la guerra y a los muertos de la guerra, a los verdaderos héroes, como instrumentos de su campaña electoral, Y tamaña monstruosidad, de la que se ha hecho cómplice la mayoría de los medios de expresión, tiene nombre que prefiero callar. Como prefiero poner punto final a esta nota y así no tener que referirme a la autocensura de esos medios y a los consecuentes negocios que esos medios han convenido con el gobierno.
El futuro del Perú se hace demasiado incierto, porque tanta, tan sucia y cobarde inmoralidad no puede hacerse eterna.
FRANCISCO IGARTUA – EDITORIAL – Otra vez: No a la guerra – Revista Oiga 13/02/1995
Al cierre de esta edición sigue la guerra y siguen - los muertos regando el fango en un rincón perdido e infernalmente caliente de la selva amazónica. Sigue la guerra, porque cuando hay muertos por docenas en un enfrentamiento armado es guerra y no ‘unas escaramuzas’ ni una ‘guerrita’, como, con sonrisa cachacienta, ha dicho alguien que tiene responsabilidad en la guerra. Los muertos, todos los muertos —nuestros héroes y los del adversario—, merecen cuando menos respeto.
Sigue con “riesgo de escalarse”, una guerra absurda, que debiera pararse ya, al momento. Se trata de una disputa fronteriza que no vale un muerto. Pero que se eterniza por la desinformación que existe sobre el tema. Una desinformación organizada por el Ecuador y que, ni ayer ni hoy, ha sabido ser replicada por el Perú, a pesar de las enormes razones que nos asisten. Da lástima grande, por ejemplo, que en estos días el presidente de la República y la casi totalidad de la prensa peruana insistan en afirmar algo que no es cierto: que los garantes están de acuerdo con la tesis peruana. No, no es así, desgraciadamente. Es verdad que no comulgan con los delirios amazónicos ecuatorianas —que es el meollo del conflicto—, pero tengo aquí a la vista las despistadas declaraciones oficiales norteamericanas, expresadas el martes pasado —7 de febrero— nada menos que por Alexander Watson, subsecretario de Estado para Asuntos Latinoamericanos y ex embajador de Lima. Y esto es lo que dijo Watson, según boletín oficial de USIS: En la década del 40 “hubo una guerra y los ecuatorianos perdieron mucho de su territorio”... “En 1945, un cartógrafo brasileño demarcó la frontera, menos una franja de 78 kilómetros en un área particularmente difícil de llegar, en la que dio ALGUNAS OPINIONES sobre cómo debería demarcarse”... “Años después... la Fuerza Aérea de Estados Unidos descubrió un río cuya existencia nadie había conocido antes, cambiando, por lo tanto, el conocimiento sobre esa área geográfica y, consecuentemente, de acuerdo a los ecuatorianos, afectando la manera exacta como esta línea debía marcarse”. También tengo a la vista los semanarios norteamericanos, de difusión mundial, Time y Newsweek, de esta semana, en los que se llega a mayores despropósitos y aberraciones históricas, pero siempre dentro de los lineamientos del departamento de Estado hechos públicos por Watson.
Pero, así, falsas de toda falsedad, éstas son las versiones que circulan por el mundo y por los despachos de los países garantes. Esta es la realidad, que no se desvanece porque nosotros afirmemos que hubiera sido inconveniente replicar a la ofensiva informativa ecuatoriana, porque la ‘saturación’ no es buena. Y no cambia esa realidad porque se añada, con otra sonrisa cachacienta, que habría sido politizar la situación si se hubiera acudido al prestigio y la sapiencia de los señores Javier Pérez de Cuéllar y Fernando Belaúnde, para consultarlos y difundir en el exterior las poderosísimas razones que asisten al Perú en esta confrontación de opiniones. El voluntarismo no cambia la realidad. Como no pierde eficacia la diplomacia directa del presidente Durán porque el presidente del Perú se le adelante criollamente con un telefonazo a los jefes de Estado visitados por Durán. Ni es distinta la verdad porque nosotros aseguremos que es una victoria peruana el que Ecuador haya acudido a la instancia de los garantes, cuando es Ecuador, con alguna intención o información que no se conoce todavía, el que ha escogido ese camino.
Hacer periodismo en época de guerra —hoy por hoy— no es tomar como sacrosanta, como palabra de Dios, la versión oficial del gobierno. El periodismo en cualquier época, sea de paz o de conflicto bélico, debe decir la verdad, lo que cada uno crea es la verdad. Lo que no significa revelar secretos militares ni dar opiniones que desmoralicen a los combatientes. Aunque, en este segundo punto, también hay que tener en cuenta que el silencio, el engaño y la mentira tampoco vigorizan la moral ciudadana. Mucho menos en un mundo globalizado en el que la información traspasa todas las fronteras.
Esta es, pues, la realidad del desgraciado enfrentamiento armado que se desarrolla en la Cordillera del Cóndor. Una guerra tan absurda que muchos en el exterior andan creyendo que nos estamos matando porque están en juego unos cerros de oro y un río de petróleo. A muy pocos les entra en la cabeza que el problema es la simple demarcación de 78 kilómetros de frontera entre dos países que no tienen nada que los distinga uno de otro. Los dos tienen el mismo pasado y la misma lengua aborigen, pertenecieron al mismo imperio incaico y fueron parte de un mismo virreinato. ¿Por qué se están matando en inhóspitas y enmarañadas quebradas de la amazonía, entre culebras y mosquitos, aprisionados entre el sol, la lluvia y los pantanos, varios miles de jóvenes latinoamericanos? ¿Acaso no existe la diplomacia como arma eficaz y no mortífera para dirimir diferencias como las que discuten Lima y Quito? Expongamos ante el mundo nuestros argumentos, que son sólidos como rocas, hagamos circular los documentos que pusieron fin a las hostilidades de 1981 y hagamos callar a los cañones. No sigamos dando el espectáculo grotesco, tan delirante como los sueños amazónicos del Ecuador, de un presidente civil que, según el comandante general de los ejércitos, no sólo dirige el frente diplomático sino que, a la vez, comanda directamente la guerra, con instrucciones precisas que los militares cumplen al pie de la letra. La guerra es un asunto demasiado serio, demasiado triste y sangriento, demasiado costoso, para que se juegue con ella y se use para fabricar héroes que no pisan el frente. Digámosle no a la guerra, no les creamos a los que dicen que las guerras son baratas —que cuestan poco—y descubrámonos, transidos de dolor y de vergüenza, con respeto profundo, ante los caídos en esta absurda confrontación bélica.
Sigue con “riesgo de escalarse”, una guerra absurda, que debiera pararse ya, al momento. Se trata de una disputa fronteriza que no vale un muerto. Pero que se eterniza por la desinformación que existe sobre el tema. Una desinformación organizada por el Ecuador y que, ni ayer ni hoy, ha sabido ser replicada por el Perú, a pesar de las enormes razones que nos asisten. Da lástima grande, por ejemplo, que en estos días el presidente de la República y la casi totalidad de la prensa peruana insistan en afirmar algo que no es cierto: que los garantes están de acuerdo con la tesis peruana. No, no es así, desgraciadamente. Es verdad que no comulgan con los delirios amazónicos ecuatorianas —que es el meollo del conflicto—, pero tengo aquí a la vista las despistadas declaraciones oficiales norteamericanas, expresadas el martes pasado —7 de febrero— nada menos que por Alexander Watson, subsecretario de Estado para Asuntos Latinoamericanos y ex embajador de Lima. Y esto es lo que dijo Watson, según boletín oficial de USIS: En la década del 40 “hubo una guerra y los ecuatorianos perdieron mucho de su territorio”... “En 1945, un cartógrafo brasileño demarcó la frontera, menos una franja de 78 kilómetros en un área particularmente difícil de llegar, en la que dio ALGUNAS OPINIONES sobre cómo debería demarcarse”... “Años después... la Fuerza Aérea de Estados Unidos descubrió un río cuya existencia nadie había conocido antes, cambiando, por lo tanto, el conocimiento sobre esa área geográfica y, consecuentemente, de acuerdo a los ecuatorianos, afectando la manera exacta como esta línea debía marcarse”. También tengo a la vista los semanarios norteamericanos, de difusión mundial, Time y Newsweek, de esta semana, en los que se llega a mayores despropósitos y aberraciones históricas, pero siempre dentro de los lineamientos del departamento de Estado hechos públicos por Watson.
Pero, así, falsas de toda falsedad, éstas son las versiones que circulan por el mundo y por los despachos de los países garantes. Esta es la realidad, que no se desvanece porque nosotros afirmemos que hubiera sido inconveniente replicar a la ofensiva informativa ecuatoriana, porque la ‘saturación’ no es buena. Y no cambia esa realidad porque se añada, con otra sonrisa cachacienta, que habría sido politizar la situación si se hubiera acudido al prestigio y la sapiencia de los señores Javier Pérez de Cuéllar y Fernando Belaúnde, para consultarlos y difundir en el exterior las poderosísimas razones que asisten al Perú en esta confrontación de opiniones. El voluntarismo no cambia la realidad. Como no pierde eficacia la diplomacia directa del presidente Durán porque el presidente del Perú se le adelante criollamente con un telefonazo a los jefes de Estado visitados por Durán. Ni es distinta la verdad porque nosotros aseguremos que es una victoria peruana el que Ecuador haya acudido a la instancia de los garantes, cuando es Ecuador, con alguna intención o información que no se conoce todavía, el que ha escogido ese camino.
Hacer periodismo en época de guerra —hoy por hoy— no es tomar como sacrosanta, como palabra de Dios, la versión oficial del gobierno. El periodismo en cualquier época, sea de paz o de conflicto bélico, debe decir la verdad, lo que cada uno crea es la verdad. Lo que no significa revelar secretos militares ni dar opiniones que desmoralicen a los combatientes. Aunque, en este segundo punto, también hay que tener en cuenta que el silencio, el engaño y la mentira tampoco vigorizan la moral ciudadana. Mucho menos en un mundo globalizado en el que la información traspasa todas las fronteras.
Esta es, pues, la realidad del desgraciado enfrentamiento armado que se desarrolla en la Cordillera del Cóndor. Una guerra tan absurda que muchos en el exterior andan creyendo que nos estamos matando porque están en juego unos cerros de oro y un río de petróleo. A muy pocos les entra en la cabeza que el problema es la simple demarcación de 78 kilómetros de frontera entre dos países que no tienen nada que los distinga uno de otro. Los dos tienen el mismo pasado y la misma lengua aborigen, pertenecieron al mismo imperio incaico y fueron parte de un mismo virreinato. ¿Por qué se están matando en inhóspitas y enmarañadas quebradas de la amazonía, entre culebras y mosquitos, aprisionados entre el sol, la lluvia y los pantanos, varios miles de jóvenes latinoamericanos? ¿Acaso no existe la diplomacia como arma eficaz y no mortífera para dirimir diferencias como las que discuten Lima y Quito? Expongamos ante el mundo nuestros argumentos, que son sólidos como rocas, hagamos circular los documentos que pusieron fin a las hostilidades de 1981 y hagamos callar a los cañones. No sigamos dando el espectáculo grotesco, tan delirante como los sueños amazónicos del Ecuador, de un presidente civil que, según el comandante general de los ejércitos, no sólo dirige el frente diplomático sino que, a la vez, comanda directamente la guerra, con instrucciones precisas que los militares cumplen al pie de la letra. La guerra es un asunto demasiado serio, demasiado triste y sangriento, demasiado costoso, para que se juegue con ella y se use para fabricar héroes que no pisan el frente. Digámosle no a la guerra, no les creamos a los que dicen que las guerras son baratas —que cuestan poco—y descubrámonos, transidos de dolor y de vergüenza, con respeto profundo, ante los caídos en esta absurda confrontación bélica.
FRANCISCO IGARTUA – EDITORIAL – A la guerra dile no – Revista Oiga 6/02/1995
Cuando leí, la semana pasada, la correlación del poderío militar entre el Perú y Ecuador me sentí no como un gato sino como un tigre acorralado por un ratón. Sentí la extraña sensación de seguridad y ridículo al mismo, tiempo. Es tan enorme la superioridad peruana en armamento, a pesar de que pudieran ser ciertos algunos comentarios sobre la inoperabilidad de parte de esas armas, que. veo ,imposible una derrota nacional y, a la vez, se me hace incomprensible la fatigosa lucha en los pantanos de la Cordillera del Cóndor, no porque no comprenda que el enfrentamiento militar en semejantes condiciones iguala a los combatientes, sino porque no entiendo cómo es que tan poderosa fuerza armada no haya estado vigilante sobre una pequeñísima franja de frontera, por donde, desde años atrás, los ecuatorianos se vienen infiltrando en nuestro territorio. De allí la sensación de ridículo que tengo, de tigre acorralado por un ratón. Sensación acrecentada cuando recuerdo el famoso ‘pacto de caballeros’ del año 91, entre el solemne Torres y Torres Lara y el mendaz Diego Cordovez. Acuerdo que consintió la presencia ecuatoriana en suelo peruano y que anticipó los amistosos viajes del jefe de Estado al Ecuador, viajes que el señor Fujimori calificó, en su mensaje a la Nación del 28 de julio del 92, de más importantes que el Protocolo de Río y las batallas del 41. Declaración que no extrañó en quien ha persistido en afirmar que él no admira a nadie en la historia.
Esa seguridad en el poderío militar peruano, es la que permite al general Luis Cisneros increpar al Servicio de Inteligencia —tanto al Nacional como a los específicamente operativos— y preguntarle ¿dónde estuvo cuando las infiltraciones ecuatorianas se fueron asentando en territorio del Perú? Y esa seguridad es la que impulsa al embajador Javier Pérez de Cuéllar a demandar al gobierno para que explique desde cuándo están los ecuatorianos en nuestro suelo y por qué, cuando ingresaron, no fueron desalojados de inmediato.
El Perú es, sin duda, muchísimo más poderoso militarmente que Ecuador y no corre el menor riesgo de una derrota militar. Pero esa situación de Goliat frente a David obligaba y obliga a una cuidadosa y constante vigilancia —militar y diplomática— de su frontera. Más aún la de zonas conflictivas, como la Cordillera del Cóndor. Porque las emergencias bélicas, como la actual, significan costos gigantes que arruinan las economías de cualquier país en desarrollo y lo desarticulan.
Oportuna vigilancia que el régimen no ejerció, a pesar de los reclamos que se hacían, como éste del doctor Guillermo Hoyos Osores, publicado el 28 de noviembre del 94 en El Comercio: “Es indispensable, por múltiples razones, que la política internacional del Perú sea reflexiva y previsora. Desdichadamente la del actual gobierno ha sido hasta hoy ligera, improvisada y desconocedora, u olvidadiza, de cosas que debería tener muy en cuenta”.
Por fortuna, el conflicto bélico que afrontamos en estos días, ha tenido la virtud de despertamos y de colocamos frente a la realidad. La Cancillería ha retomado la brújula y estamos ahora en buen rumbo diplomático, mientras la acción militar se desarrolla dentro de las dificultades del terreno en que se desenvuelven y que ojalá concluya pronto con un alto el fuego y una pronta paz definitiva.
Al parecer, por la actuación de nuestros diplomáticos en Río, el gobierno ha dado las espaldas a una política externa que el doctor Hoyos juzgaba así en noviembre pasado: “El supuesto de que nuestra política exterior debe ser un sistema de actividades ‘pragmáticas’ dirigidas con criterio ‘gerencial’, como han dicho altos funcionarios del gobierno, es un error peligroso que trasluce poco conocimiento de algunas de las más importantes y delicadas funciones del Estado. Un concepto tan estrechamente simplista es por entero extraño a la compleja naturaleza de la realidad internacional, ahora ‘globalizada’, en la que estamos inmersos”...
Pero si se aprecia habilidad e inteligencia en el campo diplomático, no deja de haber yerros en esta batalla que también se desenvuelve en el terreno militar y en el de la información. Sobre los hechos castrenses no opino porque se desconocen y no soy experto en armas, tácticas y estrategias. Pero sí observo y no puedo callar que, en el terreno de la información, estamos siendo derrotados: se ha generalizado la idea de que, esta vez, es el Perú el que ha iniciado las acciones bélicas. Se cree a pie juntillas, en Europa y en América, que nuestro gobierno pensó capturar en 48 horas los asentamientos ecuatorianos de la vertiente oriental de la Cordillera del Cóndor y de que, con esta rápida victoria militar, aseguraba la reelección de su caudillo civil y la continuidad del actual régimen de democracia vigilada. También se ha generalizado en el exterior la creencia de que esos asentamientos son de hace muchísimos años, con lo que se le concede a Ecuador derechos de posesión... A lo primero responde el gobierno peruano, en escasísimos comunicados y más escasas declaraciones, que el ataque partió del Ecuador, afirmando, sin prueba fotográfica alguna, que un helicóptero ecuatoriano bombardeó un puesto peruano de vigilancia. Y no explica si esta acción se produjo en apoyo de un ataque de infantería. A lo segundo nada dice, pudiendo explicar que al concluir el, conflicto de 1981, en la separación de fuerzas, el Ecuador reconoció, ante los garantes o ‘países amigos’, que la vertiente oriental de la Cordillera del Cóndor, o sea la totalidad del río Cenepa, es territorio peruano y la vertiente occidental suelo ecuatoriano. Y que sólo desde hace unos cuatro años se han producido las actuales infiltraciones... No lo dice —preocupado exclusivamente por el frente interno—para no confesar su descuido y para que no se vuelva a hablar del disparatado ‘pacto de caballeros’ del año 91.
Teniendo toda la razón y siendo clarísimos sus argumentos, el Perú calla y se deja ganar la batalla informativa. No tiene voceros, no hace publicidad a su causa, no divulga sus derechos... Y el jefe de Estado —el único vocero, junto al general Hermoza, quien dice ser sólo un soldado a órdenes del Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas— no asiste a la reunión de los presidentes de los países bolivarianos, dejando la tribuna de Cumaná a libre disposición del presidente ecuatoriano. Lo que significa otra derrota en el terreno informativo. Una derrota tan grave que no veo cómo pueda ser compensada por el éxito diplomático que algunos le conceden a ese desaire.
Se dirá, como ha dicho alguien, que de nada valen estas batallas; que lo importante es ganar la guerra. ¿Pero qué ganamos con ganar la guerra, si en las guerras todos pierden y más los países pobres como el Perú y Ecuador? Espero no caigamos en una escalada militar y en la guerra. Conformémonos con poner los hitos en la Cordillera del Cóndor y no a cañonazos sino convenciendo al mundo de lo que es cierto: de que la justicia y la razón nos asiste.
Esa seguridad en el poderío militar peruano, es la que permite al general Luis Cisneros increpar al Servicio de Inteligencia —tanto al Nacional como a los específicamente operativos— y preguntarle ¿dónde estuvo cuando las infiltraciones ecuatorianas se fueron asentando en territorio del Perú? Y esa seguridad es la que impulsa al embajador Javier Pérez de Cuéllar a demandar al gobierno para que explique desde cuándo están los ecuatorianos en nuestro suelo y por qué, cuando ingresaron, no fueron desalojados de inmediato.
El Perú es, sin duda, muchísimo más poderoso militarmente que Ecuador y no corre el menor riesgo de una derrota militar. Pero esa situación de Goliat frente a David obligaba y obliga a una cuidadosa y constante vigilancia —militar y diplomática— de su frontera. Más aún la de zonas conflictivas, como la Cordillera del Cóndor. Porque las emergencias bélicas, como la actual, significan costos gigantes que arruinan las economías de cualquier país en desarrollo y lo desarticulan.
Oportuna vigilancia que el régimen no ejerció, a pesar de los reclamos que se hacían, como éste del doctor Guillermo Hoyos Osores, publicado el 28 de noviembre del 94 en El Comercio: “Es indispensable, por múltiples razones, que la política internacional del Perú sea reflexiva y previsora. Desdichadamente la del actual gobierno ha sido hasta hoy ligera, improvisada y desconocedora, u olvidadiza, de cosas que debería tener muy en cuenta”.
Por fortuna, el conflicto bélico que afrontamos en estos días, ha tenido la virtud de despertamos y de colocamos frente a la realidad. La Cancillería ha retomado la brújula y estamos ahora en buen rumbo diplomático, mientras la acción militar se desarrolla dentro de las dificultades del terreno en que se desenvuelven y que ojalá concluya pronto con un alto el fuego y una pronta paz definitiva.
Al parecer, por la actuación de nuestros diplomáticos en Río, el gobierno ha dado las espaldas a una política externa que el doctor Hoyos juzgaba así en noviembre pasado: “El supuesto de que nuestra política exterior debe ser un sistema de actividades ‘pragmáticas’ dirigidas con criterio ‘gerencial’, como han dicho altos funcionarios del gobierno, es un error peligroso que trasluce poco conocimiento de algunas de las más importantes y delicadas funciones del Estado. Un concepto tan estrechamente simplista es por entero extraño a la compleja naturaleza de la realidad internacional, ahora ‘globalizada’, en la que estamos inmersos”...
Pero si se aprecia habilidad e inteligencia en el campo diplomático, no deja de haber yerros en esta batalla que también se desenvuelve en el terreno militar y en el de la información. Sobre los hechos castrenses no opino porque se desconocen y no soy experto en armas, tácticas y estrategias. Pero sí observo y no puedo callar que, en el terreno de la información, estamos siendo derrotados: se ha generalizado la idea de que, esta vez, es el Perú el que ha iniciado las acciones bélicas. Se cree a pie juntillas, en Europa y en América, que nuestro gobierno pensó capturar en 48 horas los asentamientos ecuatorianos de la vertiente oriental de la Cordillera del Cóndor y de que, con esta rápida victoria militar, aseguraba la reelección de su caudillo civil y la continuidad del actual régimen de democracia vigilada. También se ha generalizado en el exterior la creencia de que esos asentamientos son de hace muchísimos años, con lo que se le concede a Ecuador derechos de posesión... A lo primero responde el gobierno peruano, en escasísimos comunicados y más escasas declaraciones, que el ataque partió del Ecuador, afirmando, sin prueba fotográfica alguna, que un helicóptero ecuatoriano bombardeó un puesto peruano de vigilancia. Y no explica si esta acción se produjo en apoyo de un ataque de infantería. A lo segundo nada dice, pudiendo explicar que al concluir el, conflicto de 1981, en la separación de fuerzas, el Ecuador reconoció, ante los garantes o ‘países amigos’, que la vertiente oriental de la Cordillera del Cóndor, o sea la totalidad del río Cenepa, es territorio peruano y la vertiente occidental suelo ecuatoriano. Y que sólo desde hace unos cuatro años se han producido las actuales infiltraciones... No lo dice —preocupado exclusivamente por el frente interno—para no confesar su descuido y para que no se vuelva a hablar del disparatado ‘pacto de caballeros’ del año 91.
Teniendo toda la razón y siendo clarísimos sus argumentos, el Perú calla y se deja ganar la batalla informativa. No tiene voceros, no hace publicidad a su causa, no divulga sus derechos... Y el jefe de Estado —el único vocero, junto al general Hermoza, quien dice ser sólo un soldado a órdenes del Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas— no asiste a la reunión de los presidentes de los países bolivarianos, dejando la tribuna de Cumaná a libre disposición del presidente ecuatoriano. Lo que significa otra derrota en el terreno informativo. Una derrota tan grave que no veo cómo pueda ser compensada por el éxito diplomático que algunos le conceden a ese desaire.
Se dirá, como ha dicho alguien, que de nada valen estas batallas; que lo importante es ganar la guerra. ¿Pero qué ganamos con ganar la guerra, si en las guerras todos pierden y más los países pobres como el Perú y Ecuador? Espero no caigamos en una escalada militar y en la guerra. Conformémonos con poner los hitos en la Cordillera del Cóndor y no a cañonazos sino convenciendo al mundo de lo que es cierto: de que la justicia y la razón nos asiste.
FRANCISCO IGARTUA – EDITORIAL - No es momento de recordar, sino de unida nacional – Revista Oiga 30/01/1995
Los acontecimientos bélicos de la frontera norte -muy graves según los informes oficiales- acaparan la atención ciudadana. Y es hora, por lo tanto, de unidad nacional, de compacta reacción cívica en torno al gobierno en funciones y a los hombres que empuñan las armas de la nación. También seria la gran oportunidad paró para que el jefe de Estado convoque a los peruanos ilustres y a los candidatos de todas las tiendas para que colaboren con el Perú en las complicadas tareas diplomáticas que han de seguir a la confrontación armada. Por algo el doctor Javier Pérez de Cuéllar, el peruano más distinguido y cabeza de la diplomacia mundial durante años, ha suspendido su comprometido viaje a Francia, quedándose en el país para observar el desarrollo de los incidentes fronterizos a la vez, exigiéndole al gobierno información completa de lo sucedido para actuar en consecuencia.
El imperativo de la hora es la unidad nacional, es el deber que impone la realidad. Y, más bien, no es ocasión para recordar, por ejemplo, que cuando se toman decisiones económicas, no es sensato cerrar los ojos ante hechos reales como él que estamos afrontando en el norte. No es momento de pensar, aunque tengamos muchísima razón, en que son anacrónicas y absurdas las guerras y las fricciones fronterizas. Ahí están, duras como piedra, a la vista del mundo entero; y son parte de la realidad de la vida. Tampoco es momento para llamar la atención sobre la ingenuidad de quienes, para privatizar, se guían por catecismos de moda, por la hechiza divinidad del mercado, sin atender las duras realidades del día y las enseñanzas de la historia. Aunque quién sabe no sea ocioso hacernos, ahora, la pregunta de si el petróleo es o no es una riqueza estratégica y si convendría o no vender nuestras refinerías a capitales ecuatorianos o de cualquier otro país vecino. Quién sabe no deje de ser prudente que estemos haciéndonos permanentemente esta pregunta, mientras la realidad mundial no cambie, mientras no llegue el día en que, a plenitud, los capitales no tengan patria. Porque la verdad es que, hasta hoy, la realidad nos recuerda que no siempre los capitales pierden su nacionalidad; y nos enseña que en la vida hay excepciones que es necesario tomar en cuenta.
Los incidentes de la frontera norte -muy graves según versión oficial- obligan a los peruanos a actuar unidos y a olvidar sus rencillas internas. En este tema, la peruanidad debe tener una sola voz, reclamando se establezca la paz estipulada en el Protocolo de Río, tratado que arrebató al Perú grandes extensiones -que resultaron siendo con el tiempo la zona petrolífera ecuatoriana, pero que señalaron definitivamente la línea fronteriza, línea detalladamente reconocida por las partes, en mil novecientos ochenta y uno. Es hora, pues, de unión nacional en defensa de nuestra integridad nacional.
No es el momento de recordar las voces de alarma de esta revista cuando se dejó vacante ¡por dos años! la embajada peruana en Brasilia, sede principal de los garantes del Tratado de Río. Ni es hora de volver a reprochar la populista diplomacia personal del jefe de Estado, que alentó vanas esperanzas en el Ecuador y actuó con ignorancia plena del problema, tomándolo exclusivamente en sus manos. Tampoco viene al caso recordar el infeliz ‘acuerdo de caballeros’ suscrito por el canciller Torres y Torres Lara y Diego Cordovez, el mendaz ministro ecuatoriano. Acuerdo que no devolvió las bases ecuatorianas a su territorio y admitió, saliéndose del Protocolo, una disparatada tierra de nadie. Es hora de acción, unidos, hacia el futuro. Ya habrá tiempo más adelante para ventilar errores que jamás debieron cometerse y en los que no se hubiera caído si los técnicos de Torre Tagle hubieran sido consultados y no disueltos.
Roguemos porque el conflicto bélico sea corto y no nos arruine. Y esperemos que, por segunda vez, nuestros derechos en la Cordillera del Cóndor queden esclarecidos a la luz del Protocolo de Río y no de otro ‘acuerdo de caballeros’ que vuelva a dejar semillas de tensión en territorio nacional.
Mientras tanto, el curso de las actividades nacionales no debe detenerse -situación que sólo podría darse en el caso extremo e ineludible de que lleguemos a la guerra- y, como es lógico, ha de insistir esta columna en la actualidad electoral, en los indicios de fraude que se van acumulando y que el enviado de la OEA, el medroso señor Murray, se ha obligado a admitir ante las evidencias, pero llamándolas ‘irregularidades’. Para el arcangelical señor Murray, quien dice haber venido para observar el proceso actual ¡y para hacer e seguimiento del destino que tuvieron las denuncias de la OEA sobre las ‘irregularidades’ de las elecciones para el Referéndum y el CCD!, no indica voluntad de fraude, de trampa, la carta que el alcalde de Chachapoyas le dirige al prefecto regional, la autoridad política de la zona. A pesar de que en su carta el alcalde da cuenta al prefecto que ha recibido “encargo de las Autoridades del nivel Central de organizar y trabajar en el ámbito del Dpto. de Amazonas los comités de Apoyo a la Reelección de nuestro señor Presidente” (sic). También para el arcangelical señor Murray es una simple ‘irregularidad’ otra de las pruebas que le ha presentado la UPP: un oficio dirigido al presidente del Congreso y líder del gobierno, señor Jaime Yoshiyama, en el que diferentes autoridades del ministerio del Interior y otras dependencias gubernamentales le dan cuenta de sus actividades en favor de la reelección del jefe de Estado.
¡Buen observador nos ha enviado la OEA! Pueda que el señor Murray llegue a enterarse que las ‘irregularidades’ del Referéndum y de las elecciones parlamentarias, denunciadas en secreto por su predecesor, el inefable Gonzales, fueron a parar muy eficazmente a los basureros de ese armazón legal que él ha encontrado normal. Su descubrimiento, si lo logra, a pesar de ser conocido por el Perú entero, nos servirá para informarnos que la OEA hará el seguimiento del fraude de 1995, con una eficiencia supersónica, a inicios del nuevo siglo. Con lo que quedaremos encantados, sufriendo felices, igual que ahora, las consecuencias del fraude o trampa electoral.
El imperativo de la hora es la unidad nacional, es el deber que impone la realidad. Y, más bien, no es ocasión para recordar, por ejemplo, que cuando se toman decisiones económicas, no es sensato cerrar los ojos ante hechos reales como él que estamos afrontando en el norte. No es momento de pensar, aunque tengamos muchísima razón, en que son anacrónicas y absurdas las guerras y las fricciones fronterizas. Ahí están, duras como piedra, a la vista del mundo entero; y son parte de la realidad de la vida. Tampoco es momento para llamar la atención sobre la ingenuidad de quienes, para privatizar, se guían por catecismos de moda, por la hechiza divinidad del mercado, sin atender las duras realidades del día y las enseñanzas de la historia. Aunque quién sabe no sea ocioso hacernos, ahora, la pregunta de si el petróleo es o no es una riqueza estratégica y si convendría o no vender nuestras refinerías a capitales ecuatorianos o de cualquier otro país vecino. Quién sabe no deje de ser prudente que estemos haciéndonos permanentemente esta pregunta, mientras la realidad mundial no cambie, mientras no llegue el día en que, a plenitud, los capitales no tengan patria. Porque la verdad es que, hasta hoy, la realidad nos recuerda que no siempre los capitales pierden su nacionalidad; y nos enseña que en la vida hay excepciones que es necesario tomar en cuenta.
Los incidentes de la frontera norte -muy graves según versión oficial- obligan a los peruanos a actuar unidos y a olvidar sus rencillas internas. En este tema, la peruanidad debe tener una sola voz, reclamando se establezca la paz estipulada en el Protocolo de Río, tratado que arrebató al Perú grandes extensiones -que resultaron siendo con el tiempo la zona petrolífera ecuatoriana, pero que señalaron definitivamente la línea fronteriza, línea detalladamente reconocida por las partes, en mil novecientos ochenta y uno. Es hora, pues, de unión nacional en defensa de nuestra integridad nacional.
No es el momento de recordar las voces de alarma de esta revista cuando se dejó vacante ¡por dos años! la embajada peruana en Brasilia, sede principal de los garantes del Tratado de Río. Ni es hora de volver a reprochar la populista diplomacia personal del jefe de Estado, que alentó vanas esperanzas en el Ecuador y actuó con ignorancia plena del problema, tomándolo exclusivamente en sus manos. Tampoco viene al caso recordar el infeliz ‘acuerdo de caballeros’ suscrito por el canciller Torres y Torres Lara y Diego Cordovez, el mendaz ministro ecuatoriano. Acuerdo que no devolvió las bases ecuatorianas a su territorio y admitió, saliéndose del Protocolo, una disparatada tierra de nadie. Es hora de acción, unidos, hacia el futuro. Ya habrá tiempo más adelante para ventilar errores que jamás debieron cometerse y en los que no se hubiera caído si los técnicos de Torre Tagle hubieran sido consultados y no disueltos.
Roguemos porque el conflicto bélico sea corto y no nos arruine. Y esperemos que, por segunda vez, nuestros derechos en la Cordillera del Cóndor queden esclarecidos a la luz del Protocolo de Río y no de otro ‘acuerdo de caballeros’ que vuelva a dejar semillas de tensión en territorio nacional.
Mientras tanto, el curso de las actividades nacionales no debe detenerse -situación que sólo podría darse en el caso extremo e ineludible de que lleguemos a la guerra- y, como es lógico, ha de insistir esta columna en la actualidad electoral, en los indicios de fraude que se van acumulando y que el enviado de la OEA, el medroso señor Murray, se ha obligado a admitir ante las evidencias, pero llamándolas ‘irregularidades’. Para el arcangelical señor Murray, quien dice haber venido para observar el proceso actual ¡y para hacer e seguimiento del destino que tuvieron las denuncias de la OEA sobre las ‘irregularidades’ de las elecciones para el Referéndum y el CCD!, no indica voluntad de fraude, de trampa, la carta que el alcalde de Chachapoyas le dirige al prefecto regional, la autoridad política de la zona. A pesar de que en su carta el alcalde da cuenta al prefecto que ha recibido “encargo de las Autoridades del nivel Central de organizar y trabajar en el ámbito del Dpto. de Amazonas los comités de Apoyo a la Reelección de nuestro señor Presidente” (sic). También para el arcangelical señor Murray es una simple ‘irregularidad’ otra de las pruebas que le ha presentado la UPP: un oficio dirigido al presidente del Congreso y líder del gobierno, señor Jaime Yoshiyama, en el que diferentes autoridades del ministerio del Interior y otras dependencias gubernamentales le dan cuenta de sus actividades en favor de la reelección del jefe de Estado.
¡Buen observador nos ha enviado la OEA! Pueda que el señor Murray llegue a enterarse que las ‘irregularidades’ del Referéndum y de las elecciones parlamentarias, denunciadas en secreto por su predecesor, el inefable Gonzales, fueron a parar muy eficazmente a los basureros de ese armazón legal que él ha encontrado normal. Su descubrimiento, si lo logra, a pesar de ser conocido por el Perú entero, nos servirá para informarnos que la OEA hará el seguimiento del fraude de 1995, con una eficiencia supersónica, a inicios del nuevo siglo. Con lo que quedaremos encantados, sufriendo felices, igual que ahora, las consecuencias del fraude o trampa electoral.
FRANCISCO IGARTUA – EDITORIAL – Contra el fraude: lucha sin cuartel – Revista Oiga 23/01/1995
Varios, radios y televisoras han empleado espacios y tiempo ilimitados para informar, hasta con excesivo detalle, sobre la huelga de hambre de la señora Susana Higuchi de Fujimori y sobre las consecuencias que esta huelga le ha acarreado a su salud, ya muy quebrantada por culpa del pavoroso drama emocional que viene sufriendo, surgido de sus deberes conyugales puestos en confrontación con el descubrimiento de conductas palaciegas contrarias a su concepto cristiano de, la moral. Sin embargo, muy pocos de esos medios, quién sabe sólo algunas radios y canal 11, han consignado opiniones a favor de la tesis sostenida por ella, condenando, por prevaricador, el fallo del Jurado Nacional de Elecciones que anula la inscripción de su lista parlamentaria por razones que el Jurado ha expuesto sin claridad y con contradicciones entre sus miembros opinantes. Y no es que no haya opiniones ilustradas que le den la razón a doña Susana. Al contrario, abundan los constitucionalistas que coinciden con el doctor Javier Valle Riestra en la invalidez de ese fallo. No abundan más bien las otras. Por lo que todas las declaraciones publicadas, convalidando la conducta del JNE, y que son las que han sido destacadas en diarios y televisoras, pertenecen a la misma cantera. Se trata de elementos que, en la práctica, haciéndose pasar por opositores al golpe militar del 5 de abril de 1992, no han hecho otra cosa que avalarlo con su ‘oposición’ oficial al régimen militar que nos gobierna.
No se necesita tener doctorado en leyes para entender que es un disparate afirmar —contrariando el texto legal— que pierde su derecho a enmendar errores, dentro de los cinco días posteriores a la notificación de los mismos, quien cumple con inscribirse en el plazo establecido por ley, sólo porque lo hizo ‘a último minuto’. Tamaño despropósito no está consignado en la norma legal y no cabe en una sesera racional que los plazos sean en un tramo con derecho a reclamo y en otros no; salvo la vigencia de una estrambótica ley que así lo señale, que no es el caso. Lo normal es que los plazos sean plazos, que se cumplen o incumplen. Y quienes han cumplido con la presentación de sus candidaturas en la fecha señalada, tienen la opción de corregir errores dentro de un nuevo plazo, de cinco días, a partir de la notificación del Jurado. Eso es lo que dice la ley electoral y no otra cosa. Como tampoco señala como fundamental el que las listas estén compuestas por 120 ciudadanos, desde el momento que admite listas incompletas después de las tachas.
En contraposición a esta tesis expuesta por el doctor Catacora, otro miembro del Jurado, Muñoz Arce, sostiene que no procede la inscripción de la señora Susana porque su lista no contiene errores formales sino sustanciales. Como el doctor Muñoz Arce no puede avalar la opinión de Catacora porque él ha firmado resoluciones en anteriores Jurados que son condenatorias de esa tesis, nos viene con que son sustanciales ¡los errores mecanográficos en el tipeo de una lista! Algo tan pueril que ni siquiera merece respuesta.
Y en este punto, en el Perú de hoy, hay que tomar en cuenta hechos que en una democracia normal sonarían a extravagancia. No deben extrañarse errores mecanográficos, datos equivocados, fechas cambiadas, en un país donde los espías del SIN están infiltra- dos en todos los lugares y ¡cómo no iban a estarlo en el entorno de la señora Susana Higuchi! Persona a la que el señor Fujimori, su esposo y jefe de Estado, quisiera ver borrada del mapa político. ¿No sería agente del SIN, de Fuji, la secretaria de confianza que se equivocó en el tipeo de la lista de Armonía...?
Hasta El Comercio, diario de extremada ecuanimidad, se escandalizaba el sábado pasado por la presencia de numerosos agentes del SIN en la clínica donde se recupera la señora Higuchi. Estos agentes, actuando desembozadamente —según versión de El Comercio—, trataban de hacer correr rumores como el de que la señora Susana estaba siendo dopada... ¿Esto, por más criollos que sean los modales, no se parece mucho a los métodos nazis, al modo de lanzar noticias que usaba la siniestra Gestapo?...
Se dirá, como siempre, que en estas páginas siempre se exagera. ¿Pero también exagera El Comercio?... A lo que algunos responderán que la pregunta es un sofisma y rogarán para que el decano olvide su revelación, para que el hecho pase pronto al olvido. Porque lo que molesta de OIGA no son sus acusaciones —que muchas veces otros comparten— sino la persistencia, la tenacidad del dedo en la llaga para que no se pase por alto la denuncia. Y lo que ha ocurrido con la lista parlamentaria de la señora Higuchi es gravísimo y no debe ser volteada la página. Es un indicio más y muy grave de que el Jurado de Elecciones no es lo imparcial que debiera ser. Curiosamente, atentando contra todas las normas legales y abusando del carácter irrevocable de sus fallos, el JNE ha cumplido con el deseo más vehemente del jefe del Estado: no tener al frente, en una tribuna pública, a su corajuda cónyuge. Lo ha hecho, además, con premeditación y alevosía, pues el JNE se cuidó de que la resolución saliera conjuntamente con la que descalificaba –también sin razón legal– a la lista integrada por el ayer aplaudido Manrique y hoy acusado de estafa y denostado por la ciudadanía en pleno. Una maniobra diversionista que huele al SIN... Se confiaba, al parecer, que la atención del público se dirigiera sobre Manrique y el presunto soborno pagado por él para ser incluido en la lista de Campos Arredondo. Era cuestión de echar peces de menor cuantía en la bañera, pero con suficiente color folclórico para montar un tremendo carnaval político, al estilo de los delfines de Miami. ¿O no es así?
Después de tan grosero afán por satisfacer el deseo del jefe de Estado —hacer desaparecer a doña Susana de la escena política— y después de la también burda concesión del control del cómputo electoral a la empresa de un ciudadano nisei, en esta casa no se confía en la imparcialidad del Jurado. Lo que no quiere decir que no creamos en que una batalla sin cuartel, de la ciudadanía contra el fraude, no dé la victoria a la democracia.
Lo de nisei, en la actualidad peruana, tiene mayor connotación que francés, irlandés o palestino, ya que la Administración nacional ha sido copada en los años de Fujimori por los niseis. Niseis son varios ministros, nisei es el presidente del Congreso y no hay sector estatal que no esté vigilado por un funcionario con doble apellido Japonés. (El doctor Nugent, alto magistrado del velascato, no es peligroso por su abuelito irlandés).
No se necesita tener doctorado en leyes para entender que es un disparate afirmar —contrariando el texto legal— que pierde su derecho a enmendar errores, dentro de los cinco días posteriores a la notificación de los mismos, quien cumple con inscribirse en el plazo establecido por ley, sólo porque lo hizo ‘a último minuto’. Tamaño despropósito no está consignado en la norma legal y no cabe en una sesera racional que los plazos sean en un tramo con derecho a reclamo y en otros no; salvo la vigencia de una estrambótica ley que así lo señale, que no es el caso. Lo normal es que los plazos sean plazos, que se cumplen o incumplen. Y quienes han cumplido con la presentación de sus candidaturas en la fecha señalada, tienen la opción de corregir errores dentro de un nuevo plazo, de cinco días, a partir de la notificación del Jurado. Eso es lo que dice la ley electoral y no otra cosa. Como tampoco señala como fundamental el que las listas estén compuestas por 120 ciudadanos, desde el momento que admite listas incompletas después de las tachas.
En contraposición a esta tesis expuesta por el doctor Catacora, otro miembro del Jurado, Muñoz Arce, sostiene que no procede la inscripción de la señora Susana porque su lista no contiene errores formales sino sustanciales. Como el doctor Muñoz Arce no puede avalar la opinión de Catacora porque él ha firmado resoluciones en anteriores Jurados que son condenatorias de esa tesis, nos viene con que son sustanciales ¡los errores mecanográficos en el tipeo de una lista! Algo tan pueril que ni siquiera merece respuesta.
Y en este punto, en el Perú de hoy, hay que tomar en cuenta hechos que en una democracia normal sonarían a extravagancia. No deben extrañarse errores mecanográficos, datos equivocados, fechas cambiadas, en un país donde los espías del SIN están infiltra- dos en todos los lugares y ¡cómo no iban a estarlo en el entorno de la señora Susana Higuchi! Persona a la que el señor Fujimori, su esposo y jefe de Estado, quisiera ver borrada del mapa político. ¿No sería agente del SIN, de Fuji, la secretaria de confianza que se equivocó en el tipeo de la lista de Armonía...?
Hasta El Comercio, diario de extremada ecuanimidad, se escandalizaba el sábado pasado por la presencia de numerosos agentes del SIN en la clínica donde se recupera la señora Higuchi. Estos agentes, actuando desembozadamente —según versión de El Comercio—, trataban de hacer correr rumores como el de que la señora Susana estaba siendo dopada... ¿Esto, por más criollos que sean los modales, no se parece mucho a los métodos nazis, al modo de lanzar noticias que usaba la siniestra Gestapo?...
Se dirá, como siempre, que en estas páginas siempre se exagera. ¿Pero también exagera El Comercio?... A lo que algunos responderán que la pregunta es un sofisma y rogarán para que el decano olvide su revelación, para que el hecho pase pronto al olvido. Porque lo que molesta de OIGA no son sus acusaciones —que muchas veces otros comparten— sino la persistencia, la tenacidad del dedo en la llaga para que no se pase por alto la denuncia. Y lo que ha ocurrido con la lista parlamentaria de la señora Higuchi es gravísimo y no debe ser volteada la página. Es un indicio más y muy grave de que el Jurado de Elecciones no es lo imparcial que debiera ser. Curiosamente, atentando contra todas las normas legales y abusando del carácter irrevocable de sus fallos, el JNE ha cumplido con el deseo más vehemente del jefe del Estado: no tener al frente, en una tribuna pública, a su corajuda cónyuge. Lo ha hecho, además, con premeditación y alevosía, pues el JNE se cuidó de que la resolución saliera conjuntamente con la que descalificaba –también sin razón legal– a la lista integrada por el ayer aplaudido Manrique y hoy acusado de estafa y denostado por la ciudadanía en pleno. Una maniobra diversionista que huele al SIN... Se confiaba, al parecer, que la atención del público se dirigiera sobre Manrique y el presunto soborno pagado por él para ser incluido en la lista de Campos Arredondo. Era cuestión de echar peces de menor cuantía en la bañera, pero con suficiente color folclórico para montar un tremendo carnaval político, al estilo de los delfines de Miami. ¿O no es así?
Después de tan grosero afán por satisfacer el deseo del jefe de Estado —hacer desaparecer a doña Susana de la escena política— y después de la también burda concesión del control del cómputo electoral a la empresa de un ciudadano nisei, en esta casa no se confía en la imparcialidad del Jurado. Lo que no quiere decir que no creamos en que una batalla sin cuartel, de la ciudadanía contra el fraude, no dé la victoria a la democracia.
Lo de nisei, en la actualidad peruana, tiene mayor connotación que francés, irlandés o palestino, ya que la Administración nacional ha sido copada en los años de Fujimori por los niseis. Niseis son varios ministros, nisei es el presidente del Congreso y no hay sector estatal que no esté vigilado por un funcionario con doble apellido Japonés. (El doctor Nugent, alto magistrado del velascato, no es peligroso por su abuelito irlandés).
FRANCISCO IGARTUA – EDITORIAL - EL SIN en acción – Revista Oiga 16/01/1995
INVADIÓ de pronto mi oficina. Se valió de un engaño: alegó ser reportera de un canal de televisión y que estaba interesada en informar sobre el hasta ahora no esclarecido concurso para el manejo de los cómputos electorales, concedido sospechosamente por el Jurado Nacional de Elecciones a la firma Otepsa... Pero de este tema saltó sorpresivamente a otro. Abrió una copia de la última edición de OIGA y preguntó mostrando la foto de la espía del SIN, retratada en el hemiciclo del CCD:
-¿Con qué pruebas acusa usted de espía a esta persona?...
-¡Ay…usted es la de la foto! - respondí de inmediato al identificarla. Y me dispuse a hacer frente a la situación. Estaba enfocado por la cámara, era prisionero de ella, había caído en una emboscada periodística, y cualquier actitud violenta que yo tuviera sería registrada con fatales consecuencias para mi…. Eso sí, no me callaría.
Y vino aquí una explosión de dimes y diretes que no es de extrañar aparezca, editada convenientemente, en alguna de las muchas pantallas de televisión amigas del gobierno. Pueda que ya haya sido pasada la cinta o, más tarde, empleada en mi contra ante alguno de los tribunales adictos al régimen.
Cuando los dimes y diretes habían llegado al punto máximo y ella, la señorita Jenny Zúñiga, alegó ser empleada del programa Opinión Libre del doctor Torres y Torres Lara", yo le respondí que trabajar para el cecedista de las dos torres no la libraba de ser espía del SIN:
-Porque éste es un gobierno militar, manipulado por el SIN, con civiles de biombo. Esta es mi opinión y OIGA ha mostrado pruebas que nadie ha refutado.
La señorita Zúñiga estaba, sin duda, muy bien adiestrada y de improviso cambió el ataque por otro flanco, descubriendo, sin quererlo, a los inspiradores de los discursos del señor Fujimori. La señorita Zúñiga replicó con las mismas palabras con las que Fujimori ataca a la prensa opositora:
-Con todo respeto ¿por qué no creer que ustedes reciben apoyo del narcotráfico? Ustedes no tienen avisaje ¿con qué se sostienen?
La grosería de la acusación, estrenada tiempo atrás por el propio Fujimori, me dejó atónito y tartamudee, pero me repuse y respondí:
-Con avisos del gobierno, porque también OIGA ha firmado ese acuerdo aberrante, por medio del cual el gobierno ha comprado canales y periódicos. (No agregué, por irrelevante, que las cuentas de OIGA están en manos de los funcionarios del fisco, que no se cansan de revisar nuestros paupérrimos libros de contabilidad).
Y ahí, con voces alzadas de mi parte, acabó la intromisión de una despierta periodista en mi despacho;
No es el momento, sin embargo, de discutir las apreciables habilidades reporteriles de la señorita Zúñiga, ni escatimar méritos a su audacia -condición básica tanto para espías como para reporteros-, sino de meditar en cómo es que la intromisión del SIN en la actividad de las gentes de este país se va agudizando y en cómo va creciendo el acoso a la prensa opositora por parte del régimen militar que nos gobierna.
Si escribiera que vamos ingresando a un sistema neofascista con banderas liberales, se dirá que soy un exagerado monotemático. No escribiré, pues, tal cosa. Pero sí me remitiré a una nota sobre la actuación de los militares en el Perú de estos días, que publicamos unas páginas más adelante. También insistiré en destacar los indicios que señalan a la señorita Zúñiga como espía del SIN, indicios que fueron resaltados en el CCD por varios parlamentarios. Tanto Cuaresma como García Mundaca y Moreyra la acusaron de espía, por su presencia irregular en el hemiciclo y por su fisgoneo en el Colegio de Abogados. A lo que Torres y Torres Lara respondió que era él y no el SIN quien contrataba a la “distinguida periodista, para que haga la constatación objetiva de los hechos”. Con lo que no aclaró si los rollos de su reportera llegaban o no al Servicio de Inteligencia para ser “evaluados políticamente” por la cúpula militar. Un político metido a periodista, como Torres y Torres Lara, antiguo amigo de la milicia, no es de fiar.
En lo que sí no callaré, aunque el resto de la prensa calle y a pesar de que se burlen de mí llamándome disco rayado y otras sandeces, es en destacar el acoso del gobierno contra la prensa de oposición. No me cansaré de repetir, aunque callen todos mis colegas, de que la prensa en el Perú es más castigada tributariamente que en cualquier otra parte del mundo, a pesar del acuerdo de la prensa, en Berlín, señalando que el moderno método de censura son los impuestos. Si a esto se agrega el sabotaje publicitario, como lo confiesa la reportera de Torres y Torres Lara, el acoso al periodismo de oposición se hace tan evidente como la actividad periodística del de las dos torres. ¿Y qué decir de la acusación de agentes del narcotráfico empleada ayer por Fujimori y hoy por la reportera de Torres y Torres Lara?... Que los enemigos de OIGA estarán rabiando y rabiando, al ver pasar los meses y los años sin que las puertas de esta revista se cierren, a pesar del sabotaje publicitario sin un solo aviso muchas veces, hemos seguido y seguiremos adelante. Con el público como único soporte. Aunque esto signifique un precio alto, que aleja a los peruanos de la lectura y, a la vez, no permite el desarrollo de la empresa... Pero en este luchar y luchar sin descanso, con un rayo de luz muy lejos, al fondo del túnel, no nos falta experiencia, ya somos baqueanos.
-¿Con qué pruebas acusa usted de espía a esta persona?...
-¡Ay…usted es la de la foto! - respondí de inmediato al identificarla. Y me dispuse a hacer frente a la situación. Estaba enfocado por la cámara, era prisionero de ella, había caído en una emboscada periodística, y cualquier actitud violenta que yo tuviera sería registrada con fatales consecuencias para mi…. Eso sí, no me callaría.
Y vino aquí una explosión de dimes y diretes que no es de extrañar aparezca, editada convenientemente, en alguna de las muchas pantallas de televisión amigas del gobierno. Pueda que ya haya sido pasada la cinta o, más tarde, empleada en mi contra ante alguno de los tribunales adictos al régimen.
Cuando los dimes y diretes habían llegado al punto máximo y ella, la señorita Jenny Zúñiga, alegó ser empleada del programa Opinión Libre del doctor Torres y Torres Lara", yo le respondí que trabajar para el cecedista de las dos torres no la libraba de ser espía del SIN:
-Porque éste es un gobierno militar, manipulado por el SIN, con civiles de biombo. Esta es mi opinión y OIGA ha mostrado pruebas que nadie ha refutado.
La señorita Zúñiga estaba, sin duda, muy bien adiestrada y de improviso cambió el ataque por otro flanco, descubriendo, sin quererlo, a los inspiradores de los discursos del señor Fujimori. La señorita Zúñiga replicó con las mismas palabras con las que Fujimori ataca a la prensa opositora:
-Con todo respeto ¿por qué no creer que ustedes reciben apoyo del narcotráfico? Ustedes no tienen avisaje ¿con qué se sostienen?
La grosería de la acusación, estrenada tiempo atrás por el propio Fujimori, me dejó atónito y tartamudee, pero me repuse y respondí:
-Con avisos del gobierno, porque también OIGA ha firmado ese acuerdo aberrante, por medio del cual el gobierno ha comprado canales y periódicos. (No agregué, por irrelevante, que las cuentas de OIGA están en manos de los funcionarios del fisco, que no se cansan de revisar nuestros paupérrimos libros de contabilidad).
Y ahí, con voces alzadas de mi parte, acabó la intromisión de una despierta periodista en mi despacho;
No es el momento, sin embargo, de discutir las apreciables habilidades reporteriles de la señorita Zúñiga, ni escatimar méritos a su audacia -condición básica tanto para espías como para reporteros-, sino de meditar en cómo es que la intromisión del SIN en la actividad de las gentes de este país se va agudizando y en cómo va creciendo el acoso a la prensa opositora por parte del régimen militar que nos gobierna.
Si escribiera que vamos ingresando a un sistema neofascista con banderas liberales, se dirá que soy un exagerado monotemático. No escribiré, pues, tal cosa. Pero sí me remitiré a una nota sobre la actuación de los militares en el Perú de estos días, que publicamos unas páginas más adelante. También insistiré en destacar los indicios que señalan a la señorita Zúñiga como espía del SIN, indicios que fueron resaltados en el CCD por varios parlamentarios. Tanto Cuaresma como García Mundaca y Moreyra la acusaron de espía, por su presencia irregular en el hemiciclo y por su fisgoneo en el Colegio de Abogados. A lo que Torres y Torres Lara respondió que era él y no el SIN quien contrataba a la “distinguida periodista, para que haga la constatación objetiva de los hechos”. Con lo que no aclaró si los rollos de su reportera llegaban o no al Servicio de Inteligencia para ser “evaluados políticamente” por la cúpula militar. Un político metido a periodista, como Torres y Torres Lara, antiguo amigo de la milicia, no es de fiar.
En lo que sí no callaré, aunque el resto de la prensa calle y a pesar de que se burlen de mí llamándome disco rayado y otras sandeces, es en destacar el acoso del gobierno contra la prensa de oposición. No me cansaré de repetir, aunque callen todos mis colegas, de que la prensa en el Perú es más castigada tributariamente que en cualquier otra parte del mundo, a pesar del acuerdo de la prensa, en Berlín, señalando que el moderno método de censura son los impuestos. Si a esto se agrega el sabotaje publicitario, como lo confiesa la reportera de Torres y Torres Lara, el acoso al periodismo de oposición se hace tan evidente como la actividad periodística del de las dos torres. ¿Y qué decir de la acusación de agentes del narcotráfico empleada ayer por Fujimori y hoy por la reportera de Torres y Torres Lara?... Que los enemigos de OIGA estarán rabiando y rabiando, al ver pasar los meses y los años sin que las puertas de esta revista se cierren, a pesar del sabotaje publicitario sin un solo aviso muchas veces, hemos seguido y seguiremos adelante. Con el público como único soporte. Aunque esto signifique un precio alto, que aleja a los peruanos de la lectura y, a la vez, no permite el desarrollo de la empresa... Pero en este luchar y luchar sin descanso, con un rayo de luz muy lejos, al fondo del túnel, no nos falta experiencia, ya somos baqueanos.
P.S. Al terminar esta nota me informo que el doctor Torres y Torres Lara pasó por el canal 13 su rollo, lo que no hace a la señorita Zúñiga reportera del canal sino de quien cubre ese día el espacio llamado Opinión Libre o sea el cecedista de las dos torres. También me dicen que el doctor Torres y Torres Lara insistió en reconocer el sabotaje económico a OIGA y en diferenciar libertad de empresa de libertad de prensa, de lo que él llama libertad de los periodistas”. La misma precisión que me llamó la atención en boca de la señorita Zúñiga, ya que por ese distingo se llegó en el gobierno militar a la confiscación de los medios de expresión. ¿Será el pasado que vuelve?
FRANCISCO IGARTUA – EDITORIAL – Sigue en marcha la farsa electoral – Revista Oiga 9/01/1995
Años atrás, en tiempos de Leguía y otros dictadores, los guardias y soplones ingresaban a una imprenta, volteaban los chivaletes, deshacían las formas... Y la publicación que molestaba al régimen quedaba paralizada por un buen tiempo. Ordenar tipos y cajas significaba un largo y tedioso trabajo improductivo que desanimaba a muchos y a los más decididos los silenciaba por un buen tiempo. Eso se llamaba amansar a la prensa. Sólo más tarde se llegaba a la clausura, la cárcel y la deportación, Con otros rebeldes se usaba la dádiva para callarlos.
Con el correr del tiempo los métodos represivos fueron cambiando, se hicieron más sofisticados y la compra de conciencias más comercial, más abierta. Habíamos llegado a la era de la publicidad... Hasta llegar hoy, a los felices días un gobierno militar que ha tenido la habilidad de colocar en la presidencia a un civil de ojos rasgados, complaciente con el Fondo Monetario y el Banco Mundial. Los ojos presidenciales y sus complacencias con el mundo financiero son su gran escudo frente a la comunidad internacional y su licencia para hacer, en la política interna, lo mismo que hacían los viejos despotismos, aunque con las modernas sofisticaciones de la hora.
Por ejemplo, en estos días ha sido silenciado el Canal 11, la única señal televisiva de abierta oposición al régimen. Esta vez no hay chivaletes volteados con la tipografía por los suelos. La señal de Canal 11 ha sido volada. No con una bomba contra la rotativa como antaño, sino con una descarga eléctrica que ha destrozado el monitor. Al momento de escribir estas líneas son ya cuatro los días sin imagen ni voz en la pantalla de Canal 11... Mientras las otras televisoras callan. Y callan también los órganos de prensa. Hasta aquellos que, por tradición, saben que cuando se abusa de un órgano de expresión se está abusando de la prensa toda. Pero, ¿qué se puede esperar de empresas –expresamente no digo periódicos– que en lugar de exigir ser exonerados de los impuestos acogotantes establecidos por este gobierno militar presidido por Fujimori, han preferido suscribir un contrato de publicidad que ata a los periódicos y televisoras con el Tesoro Público? Esos impuestos, que la prensa no exige sean derogados, son los más altos, de lejos, de todo el continente americano y del mundo. Y, si es necesario precisar, preciso: “Mientras en EEUU y en muchos otros países no se cobra impuesto alguno por la compra de papel periódico, en el Perú esos impuestos llegan al 35.7%, seguido por Chile con 18% (El dato es de la SIP). ¿Para qué ha servido en el Perú el acuerdo de la prensa internacional, suscrito en Berlín hace tres años, condenando a la tributación con el moderno método de censura contra los medios de difusión?
Sin embargo, el Canal 11 no sólo sufre la presión o acogote tributario, además de sabotaje en publicidad –como OIGA y otras publicaciones de la oposición–, sino que ha sido silenciado volándole la señal con una sobrecarga eléctrica. Ha sido clausurado el Canal 11 –al momento en que Luis Cisneros, prestigioso general en retiro, denunciaba la corrupción de la cúpula militar–, por medio de la alta tecnología del Servicio de Inteligencia, los modernos soplones del régimen.
Por tamaño despropósito contra la libertad de expresión alza su voz de protesta esta revista. Y no se diga que será una voz en el desierto. Esas voces que van a parar ahí, como los rezos, se juntan a todas las voces de protesta que ha habido en el mundo e irán creciendo hasta derrotar a la dictadura. Siempre, a la larga o a la corta, vencerá la libertad. Siempre habrá un nuevo amanecer para los hombres libres. Así como siempre habrá un día de oprobio para los tiranos.
Ésta ha sido, sin duda, la noticia más lamentable de la semana. Aunque no la única que entristece el panorama electoral. También ha habido un cambio de juego en las reglas para las reelecciones, tomando entre gallos y medianoche, por un grupo diminuto de parlamentarios del CCD. Con 34 votos sobre 80, se pretende cambiar las normas electorales establecidas por una ley orgánica o sea sólo modificable con un mínimo de 41 votos. En la nueva disposición, aprobada a la carrera y promulgada a la velocidad del rayo por el presidente del gobierno militar, se limitan a dos los personeros especializados, cuando son 47 los centros de cómputo esparcidos por todo el territorio nacional, y se crea un nuevo formato de cédula electoral que estaba prohibido en la legislación anterior: la colocación de la fotografía de los candidatos en los votos. Una costumbre colombiana y de algunos otros países que, sin embargo, se presta a suspicacias en el Perú –donde estaba prohibida por ley– porque justamente la larga campaña electoral del presidente y candidato se inició hace más de un año con el reparto constante de almanaques, con su foto, por todo el territorio peruano, y a lo que ahora se sumará la distribución, en víspera del acto electoral, al iniciarse el año escolar, de varios millones de cuadernos con el escudo nacional y ¡la foto de Fujimori a todo color! Este gasto lo cubrirá naturalmente el Tesoro y nadie sabe hasta ahora quién paga los calendarios con la imagen de Fujimori en todas las poses y vestimentas del folclor peruano. Lo único que se sabe con certeza de estos calendarios es que no llevan pie de imprenta, lo que es obligatorio, por ley, en el Perú. Mientras que, por lo bajo, se dice que los almanaques son impresos en Sanmarti, una imprenta, privatizada a precio de ganga, dirigida por un nisei que sería hombre de paja de Yoshiyama, el Nº 2 del régimen.
Serán, pues, muy poco transparentes las próximas elecciones peruanas. Y a lo anterior había que añadir, entre otras muchas irregularidades, que más de la mitad del electorado habita en las zonas declaradas en emergencia por causa del terrorismo que, al parecer, ha sido ya vencido. Ese control militar -en muchos lugares ya innecesario- ha producido la muerte de un dirigente aprista, asesinado por una patrulla policial en el norte, y el abaleamiento por soldados del Ejército a una comitiva de Acción Popular, integrada por la fórmula presidencial completa del partido del ex presidente Belaúnde.
También el Jurado Nacional de Elecciones, que da la impresión de estar prestándose a una pantomima teatral, haciendo de enemigo de Fujimori en la ficción –propone leyes y disposiciones que el CCD cambia a su gusto–, ha puesto un grano de arena muy grande en el entrabamiento del proceso: el control de los servicios de computación del recuento de votos ha sido otorgado por el JNE a una empresa que fue representante de ‘Wang’, pero que hoy no tiene más respaldo que un capital de 80 mil soles y una casita medio desocupada por sede. A esa diminuta sociedad, propiedad de un nisei, se le dio calificación mayor que a la IBM ¡en capacidad técnica y en solvencia económica!... Más tarde el CCD añadió el límite de dos personeros, técnicos en electrónica –cuando son 47 los centros de cómputo– por cada fórmula presidencial. Eso se llama torear al alimón.
Y como debe ser infinita la caja de sorpresas electorales que nos tiene reservadas el gobierno militar que preside Fujimori, en días pasados una subprefecta –Ruth Benavente– puso en evidencia que no eran perla aislada los oficios del prefecto de Huánuco instando a sus funcionarios a hacer campaña por la reelección de Fujimori. La subprefecta da cuenta detallada a sus superiores – uno de ellos ministro de Estado– sobre las actividades que ha desarrollado en favor de la reelección de Fujimori. ¿Cuántas indiscreciones se seguirán descubriendo en estos meses? ¡Los secretos por revelar parece que serán interminables!
Con el correr del tiempo los métodos represivos fueron cambiando, se hicieron más sofisticados y la compra de conciencias más comercial, más abierta. Habíamos llegado a la era de la publicidad... Hasta llegar hoy, a los felices días un gobierno militar que ha tenido la habilidad de colocar en la presidencia a un civil de ojos rasgados, complaciente con el Fondo Monetario y el Banco Mundial. Los ojos presidenciales y sus complacencias con el mundo financiero son su gran escudo frente a la comunidad internacional y su licencia para hacer, en la política interna, lo mismo que hacían los viejos despotismos, aunque con las modernas sofisticaciones de la hora.
Por ejemplo, en estos días ha sido silenciado el Canal 11, la única señal televisiva de abierta oposición al régimen. Esta vez no hay chivaletes volteados con la tipografía por los suelos. La señal de Canal 11 ha sido volada. No con una bomba contra la rotativa como antaño, sino con una descarga eléctrica que ha destrozado el monitor. Al momento de escribir estas líneas son ya cuatro los días sin imagen ni voz en la pantalla de Canal 11... Mientras las otras televisoras callan. Y callan también los órganos de prensa. Hasta aquellos que, por tradición, saben que cuando se abusa de un órgano de expresión se está abusando de la prensa toda. Pero, ¿qué se puede esperar de empresas –expresamente no digo periódicos– que en lugar de exigir ser exonerados de los impuestos acogotantes establecidos por este gobierno militar presidido por Fujimori, han preferido suscribir un contrato de publicidad que ata a los periódicos y televisoras con el Tesoro Público? Esos impuestos, que la prensa no exige sean derogados, son los más altos, de lejos, de todo el continente americano y del mundo. Y, si es necesario precisar, preciso: “Mientras en EEUU y en muchos otros países no se cobra impuesto alguno por la compra de papel periódico, en el Perú esos impuestos llegan al 35.7%, seguido por Chile con 18% (El dato es de la SIP). ¿Para qué ha servido en el Perú el acuerdo de la prensa internacional, suscrito en Berlín hace tres años, condenando a la tributación con el moderno método de censura contra los medios de difusión?
Sin embargo, el Canal 11 no sólo sufre la presión o acogote tributario, además de sabotaje en publicidad –como OIGA y otras publicaciones de la oposición–, sino que ha sido silenciado volándole la señal con una sobrecarga eléctrica. Ha sido clausurado el Canal 11 –al momento en que Luis Cisneros, prestigioso general en retiro, denunciaba la corrupción de la cúpula militar–, por medio de la alta tecnología del Servicio de Inteligencia, los modernos soplones del régimen.
Por tamaño despropósito contra la libertad de expresión alza su voz de protesta esta revista. Y no se diga que será una voz en el desierto. Esas voces que van a parar ahí, como los rezos, se juntan a todas las voces de protesta que ha habido en el mundo e irán creciendo hasta derrotar a la dictadura. Siempre, a la larga o a la corta, vencerá la libertad. Siempre habrá un nuevo amanecer para los hombres libres. Así como siempre habrá un día de oprobio para los tiranos.
Ésta ha sido, sin duda, la noticia más lamentable de la semana. Aunque no la única que entristece el panorama electoral. También ha habido un cambio de juego en las reglas para las reelecciones, tomando entre gallos y medianoche, por un grupo diminuto de parlamentarios del CCD. Con 34 votos sobre 80, se pretende cambiar las normas electorales establecidas por una ley orgánica o sea sólo modificable con un mínimo de 41 votos. En la nueva disposición, aprobada a la carrera y promulgada a la velocidad del rayo por el presidente del gobierno militar, se limitan a dos los personeros especializados, cuando son 47 los centros de cómputo esparcidos por todo el territorio nacional, y se crea un nuevo formato de cédula electoral que estaba prohibido en la legislación anterior: la colocación de la fotografía de los candidatos en los votos. Una costumbre colombiana y de algunos otros países que, sin embargo, se presta a suspicacias en el Perú –donde estaba prohibida por ley– porque justamente la larga campaña electoral del presidente y candidato se inició hace más de un año con el reparto constante de almanaques, con su foto, por todo el territorio peruano, y a lo que ahora se sumará la distribución, en víspera del acto electoral, al iniciarse el año escolar, de varios millones de cuadernos con el escudo nacional y ¡la foto de Fujimori a todo color! Este gasto lo cubrirá naturalmente el Tesoro y nadie sabe hasta ahora quién paga los calendarios con la imagen de Fujimori en todas las poses y vestimentas del folclor peruano. Lo único que se sabe con certeza de estos calendarios es que no llevan pie de imprenta, lo que es obligatorio, por ley, en el Perú. Mientras que, por lo bajo, se dice que los almanaques son impresos en Sanmarti, una imprenta, privatizada a precio de ganga, dirigida por un nisei que sería hombre de paja de Yoshiyama, el Nº 2 del régimen.
Serán, pues, muy poco transparentes las próximas elecciones peruanas. Y a lo anterior había que añadir, entre otras muchas irregularidades, que más de la mitad del electorado habita en las zonas declaradas en emergencia por causa del terrorismo que, al parecer, ha sido ya vencido. Ese control militar -en muchos lugares ya innecesario- ha producido la muerte de un dirigente aprista, asesinado por una patrulla policial en el norte, y el abaleamiento por soldados del Ejército a una comitiva de Acción Popular, integrada por la fórmula presidencial completa del partido del ex presidente Belaúnde.
También el Jurado Nacional de Elecciones, que da la impresión de estar prestándose a una pantomima teatral, haciendo de enemigo de Fujimori en la ficción –propone leyes y disposiciones que el CCD cambia a su gusto–, ha puesto un grano de arena muy grande en el entrabamiento del proceso: el control de los servicios de computación del recuento de votos ha sido otorgado por el JNE a una empresa que fue representante de ‘Wang’, pero que hoy no tiene más respaldo que un capital de 80 mil soles y una casita medio desocupada por sede. A esa diminuta sociedad, propiedad de un nisei, se le dio calificación mayor que a la IBM ¡en capacidad técnica y en solvencia económica!... Más tarde el CCD añadió el límite de dos personeros, técnicos en electrónica –cuando son 47 los centros de cómputo– por cada fórmula presidencial. Eso se llama torear al alimón.
Y como debe ser infinita la caja de sorpresas electorales que nos tiene reservadas el gobierno militar que preside Fujimori, en días pasados una subprefecta –Ruth Benavente– puso en evidencia que no eran perla aislada los oficios del prefecto de Huánuco instando a sus funcionarios a hacer campaña por la reelección de Fujimori. La subprefecta da cuenta detallada a sus superiores – uno de ellos ministro de Estado– sobre las actividades que ha desarrollado en favor de la reelección de Fujimori. ¿Cuántas indiscreciones se seguirán descubriendo en estos meses? ¡Los secretos por revelar parece que serán interminables!
sábado 25 de abril de 2009
21 AÑOS Y UNA SOLA LINEA - Oiga 8/11/1968
En la siguiente nota el jefe de redacción de OIGA, Alfonso Reyes, hace un apretado recuerdo de la trayectoria de este semanario, fundado por mi hace 21 años y entregado desde entonces, intensa, apasionadamente, a la tarea de convencer a las gentes de que sin moral y sin justicia no hay buen gobierno y que no es país libre el que no controle la explotación de sus riquezas. Gracias a la colaboración de un grupo de amigos leales creo que OIGA ha llegado a ser lo que lo que intente en 1948: una voz de aliento a la revolución peruana. Y eso sigue y seguirá siendo nuestro modesto e irrenunciable cometido.
F. IGARTUA
1948. Un golpe militar, un cuartelazo que de revolución solo tiene el nombre, ha restaurado en palacio de gobierno a la plutocracia civilista, que maneja nuevamente al país por interpósita persona: el general Manuel A. Odria. Es la famosa “revolución restauradora”, capitaneada el 27 de octubre por Odria, en Arequipa, y auspiciada desde Lima por Pedro Beltrán, cabeza visible de la oligarquía exportadora. El mismo día del “cuartelazo”, un semanario que estaba en la prensa y que iba a salir denunciando que la derecha quería derrocar al doctor José Luis Bustamante y Rivero para entregar el ciento por ciento de los certificados de divisas a los exportadores –como después se confirmaría– es empastelado por la policía, plegada ya al movimiento, que impide así su aparición. Doce días después mas tarde, sin embargo, el 8 de noviembre de 1948, el semanario lograría ver la luz.
Una línea definida
Se llama OIGA, tiene 4 paginas, cuesta 50 centavos, esta impreso en papel periódico corriente y tiene al frente, como director a un periodista, Francisco Igartua, que viene de hacer sus primeras armas en Jornada primero y después en La Prensa, en la época anterior a la de Beltrán. En su primera pagina, un gran titular: VERDADERO OBJETIVO DEL CIVILISMO: ELIMINACION DEL CONTROL DE CAMBIOS”. En las paginas interiores, otro titular sobre un tema que será permanente en las paginas de OIGA, reclamo constante para redimir del poder extranjero un pedazo del territorio patrio: el petroleo y La Brea y Pariñas. “TRAYECTORIA DE LA INTERNATIONAL PETROLEUM – UN PULPO SOBRE AMERICA LATINA – EL PETROLEO”, se titula el primer disparo periodístico que se hace en esta batalla, finalmente ganada por el Perú hace apenas un año. Allí se dice “la realidad es que la International Petroleum ha convertido un pedazo de nuestro territorio en territorio extranjero. Talara es peruana a medias. Talara es mestiza. Mestiza de gringo y cholo…”. Oiga insta, desde ese momento, a seguir el ejemplo mexicano, que ha cortado los brazos del pulpo imperialista y explota su petróleo para beneficio de su pueblo.
Una constante: luchar por la justicia
En el primer editorial de ese día –precursora de la CARTA AL LECTOR que semanalmente escribe ahora el director de OIGA– hay una explicación y una reafirmación que, a lo largo de sus tres etapas azarosas será una constante invariable: “Aparece este semanario en un momento crítico y lleno de incertidumbre e inquietud para la patria. No creemos venir a salvarla. No somos ilusos. Nos limitaremos a cumplir en nuestro campo, en el periodismo, con lo que nos parece justo. Hemos debido salir algo antes para el público, pero un cambio de gobierno, sorpresivo aunque no inesperado, ha instalado a una junta militar en el poder y nos ha obligado a meditar la justicia de nuestra posición. Y no la variaremos. Seguimos creyendo que sólo la honestidad y él interés, asentados en una doctrina social revolucionaria que sea realizable, podrán hacer la felicidad de nuestro pueblo”.
Tres ediciones, y luego la prisión
Ninguna alusión ni queja por el atropello que retrasó su salida y sí, más bien, una pincelada de humor en la explicación que se da al publico sobre “las fuentes que financian OIGA”, y que tendrá que repetirse cada vez que el sabotaje económico, abierto o embozado, ha obligado al semanario a recurrir a su única fuente de recurso: el publico y los amigos. “OIGA –dice la breve nota– aparece sin otro medio económico que los soles salidos del bolsillo de sus redactores. Que esos soles no son muchos y tenemos el temor de quedarnos en el primer número. Por lo tanto, y sinvergüenza, pedimos ayuda al publico y a los amigos”. Ayuda que nunca será regateada por unos y otros. Pero la primera etapa de este semanario, que mañana cumple 21 años, será brevísima: apenas tres ediciones, entre noviembre y diciembre del 48. La cárcel, obligada escuela de civismo en esa época, interrumpe momentáneamente las inquietudes de Igartua.
21 años
Es en romántico homenaje a esta primera aventura periodística que, 14 años después, el 28 de noviembre de 1962, cuando el semanario vuelve a reaparecer, en una segunda etapa, siempre bajo la dirección de Igartua, lleva un nombre que para muchos es nuevo, pero que ya tenia edad y tenia historia: OIGA. Y es también en recuerdo a esos primeros ejemplares de OIGA, que uno de nuestros lectores y amigos descubrió recientemente en la Biblioteca Nacional, que esta revista, ahora en su tercera etapa, ha trasladado la fecha de su fundación a ese 8 de noviembre de 1948 que alumbró su accidentado nacimiento.
Los mares de OIGA
Tras prodigar “vehemencias e inquietudes” en otra publicación, también fundada y dirigida por el, es que Igartua decide “resucitar” OIGA, en esa primavera de 1962. El primer número de esta nueva etapa tiene ya otro ropaje. Por lo pronto, su logotipo – letras minúsculas, negras, sobre fondo rojo– es distinto al primigenio trazado a mano. Y ya no tiene cuatro páginas, sino dieciséis, impresas impecablemente en offset. Y hay también ya montada una incipiente organización comercial, en la que han puesto todos sus afanes e inquietudes dos hombres que pertenecen ligados indisolublemente a OIGA: Jorge Aubry y Juan Sarda. Aubry es el que alienta la empresa, se compromete a desenredar problemas y pone su nombre y firma como respaldo moral y material a la nueva aventura. Sarda es el hermano mayor, el guía y el consejero del grupo de ilusos – Sebastian Salazar Bondy– que creen posible el periodismo de opinión, de adhesión a principios éticos.
Con la historia
En el Perú gobierna transitoriamente una junta militar –producto del primer golpe institucional de la Fuerza Armada– que ha llegado al poder para impedir la consumación del fraude electoral que aspiraba a prolongar la convivencia apropradista por otros seis años. El viernes 28 de noviembre de 1962 aparece el primer ejemplar de esta nueva etapa.
Un solo espíritu
Es un periódico distinto en la forma, pero idéntico en el espíritu al OIGA de 1948. Hay
La misma adhesión de ayer a la voluntad nacional de renovación, igual devoción por la libertad e idéntico rechazo a las viejas taras de nuestro republicanismo.
Predicando en el destierro
Es este OIGA el que va a alzar bandera por Belaúnde Terry, no por el hombre ni por seguir al caudillo, sino por los principios que él encarna, por las metas que un movimiento de juventudes avizoro y que él se comprometió a alcanzar ante todos los pueblos olvidados del Perú. Y cuando el nuevo régimen reformista triunfa en las urnas, no es esta revista ni sus gentes quienes se aupan en el carro del vencedor, sino que alza su primer reclamo: “La renovación ha ganado las elecciones y debe ganar el gobierno”; y de inmediato insiste en una campaña que será permanente en este semanario, bajo el grito de “!Ahora a moralizar! Con palabras que repite una y otra vez a lo largo del periodo que se inicio en 1963, no deja de advertir: “No es posible reformar siguiendo el consejo de los antirreformistas y nunca, en estos casos, será fecunda una política de concesiones al enemigo, ya que será él, el que termine por dominar la situación, sea por medio de sus propios hombres o de algunos reformistas debidamente ganados a su favor”.
Otro tono
El fracaso de las reformas básicas, la entrega del petróleo, la corrupción y la inmoralidad, son hechos dolorosos que van a confirmar las predicciones de OIGA. Ya para entonces OIGA ha cambiado de formato. A partir de marzo del 65, deja su tono de semanario de combate para vestir ropaje menos espectacular, menos altisonante, pero más difícil de llevar. Como lo explica nuestro director en nota editorial, “morigerar ímpetus, ceñirse estrictamente a los hechos, evitar el comentario estridente, encierra dificultades mayores que lo que pueda imaginar el neófito en este apasionante y variado oficio que es el periodismo”.
La “riqueza" de OIGA
En efecto.
F. IGARTUA
1948. Un golpe militar, un cuartelazo que de revolución solo tiene el nombre, ha restaurado en palacio de gobierno a la plutocracia civilista, que maneja nuevamente al país por interpósita persona: el general Manuel A. Odria. Es la famosa “revolución restauradora”, capitaneada el 27 de octubre por Odria, en Arequipa, y auspiciada desde Lima por Pedro Beltrán, cabeza visible de la oligarquía exportadora. El mismo día del “cuartelazo”, un semanario que estaba en la prensa y que iba a salir denunciando que la derecha quería derrocar al doctor José Luis Bustamante y Rivero para entregar el ciento por ciento de los certificados de divisas a los exportadores –como después se confirmaría– es empastelado por la policía, plegada ya al movimiento, que impide así su aparición. Doce días después mas tarde, sin embargo, el 8 de noviembre de 1948, el semanario lograría ver la luz.
Una línea definida
Se llama OIGA, tiene 4 paginas, cuesta 50 centavos, esta impreso en papel periódico corriente y tiene al frente, como director a un periodista, Francisco Igartua, que viene de hacer sus primeras armas en Jornada primero y después en La Prensa, en la época anterior a la de Beltrán. En su primera pagina, un gran titular: VERDADERO OBJETIVO DEL CIVILISMO: ELIMINACION DEL CONTROL DE CAMBIOS”. En las paginas interiores, otro titular sobre un tema que será permanente en las paginas de OIGA, reclamo constante para redimir del poder extranjero un pedazo del territorio patrio: el petroleo y La Brea y Pariñas. “TRAYECTORIA DE LA INTERNATIONAL PETROLEUM – UN PULPO SOBRE AMERICA LATINA – EL PETROLEO”, se titula el primer disparo periodístico que se hace en esta batalla, finalmente ganada por el Perú hace apenas un año. Allí se dice “la realidad es que la International Petroleum ha convertido un pedazo de nuestro territorio en territorio extranjero. Talara es peruana a medias. Talara es mestiza. Mestiza de gringo y cholo…”. Oiga insta, desde ese momento, a seguir el ejemplo mexicano, que ha cortado los brazos del pulpo imperialista y explota su petróleo para beneficio de su pueblo.
Una constante: luchar por la justicia
En el primer editorial de ese día –precursora de la CARTA AL LECTOR que semanalmente escribe ahora el director de OIGA– hay una explicación y una reafirmación que, a lo largo de sus tres etapas azarosas será una constante invariable: “Aparece este semanario en un momento crítico y lleno de incertidumbre e inquietud para la patria. No creemos venir a salvarla. No somos ilusos. Nos limitaremos a cumplir en nuestro campo, en el periodismo, con lo que nos parece justo. Hemos debido salir algo antes para el público, pero un cambio de gobierno, sorpresivo aunque no inesperado, ha instalado a una junta militar en el poder y nos ha obligado a meditar la justicia de nuestra posición. Y no la variaremos. Seguimos creyendo que sólo la honestidad y él interés, asentados en una doctrina social revolucionaria que sea realizable, podrán hacer la felicidad de nuestro pueblo”.
Tres ediciones, y luego la prisión
Ninguna alusión ni queja por el atropello que retrasó su salida y sí, más bien, una pincelada de humor en la explicación que se da al publico sobre “las fuentes que financian OIGA”, y que tendrá que repetirse cada vez que el sabotaje económico, abierto o embozado, ha obligado al semanario a recurrir a su única fuente de recurso: el publico y los amigos. “OIGA –dice la breve nota– aparece sin otro medio económico que los soles salidos del bolsillo de sus redactores. Que esos soles no son muchos y tenemos el temor de quedarnos en el primer número. Por lo tanto, y sinvergüenza, pedimos ayuda al publico y a los amigos”. Ayuda que nunca será regateada por unos y otros. Pero la primera etapa de este semanario, que mañana cumple 21 años, será brevísima: apenas tres ediciones, entre noviembre y diciembre del 48. La cárcel, obligada escuela de civismo en esa época, interrumpe momentáneamente las inquietudes de Igartua.
21 años
Es en romántico homenaje a esta primera aventura periodística que, 14 años después, el 28 de noviembre de 1962, cuando el semanario vuelve a reaparecer, en una segunda etapa, siempre bajo la dirección de Igartua, lleva un nombre que para muchos es nuevo, pero que ya tenia edad y tenia historia: OIGA. Y es también en recuerdo a esos primeros ejemplares de OIGA, que uno de nuestros lectores y amigos descubrió recientemente en la Biblioteca Nacional, que esta revista, ahora en su tercera etapa, ha trasladado la fecha de su fundación a ese 8 de noviembre de 1948 que alumbró su accidentado nacimiento.
Los mares de OIGA
Tras prodigar “vehemencias e inquietudes” en otra publicación, también fundada y dirigida por el, es que Igartua decide “resucitar” OIGA, en esa primavera de 1962. El primer número de esta nueva etapa tiene ya otro ropaje. Por lo pronto, su logotipo – letras minúsculas, negras, sobre fondo rojo– es distinto al primigenio trazado a mano. Y ya no tiene cuatro páginas, sino dieciséis, impresas impecablemente en offset. Y hay también ya montada una incipiente organización comercial, en la que han puesto todos sus afanes e inquietudes dos hombres que pertenecen ligados indisolublemente a OIGA: Jorge Aubry y Juan Sarda. Aubry es el que alienta la empresa, se compromete a desenredar problemas y pone su nombre y firma como respaldo moral y material a la nueva aventura. Sarda es el hermano mayor, el guía y el consejero del grupo de ilusos – Sebastian Salazar Bondy– que creen posible el periodismo de opinión, de adhesión a principios éticos.
Con la historia
En el Perú gobierna transitoriamente una junta militar –producto del primer golpe institucional de la Fuerza Armada– que ha llegado al poder para impedir la consumación del fraude electoral que aspiraba a prolongar la convivencia apropradista por otros seis años. El viernes 28 de noviembre de 1962 aparece el primer ejemplar de esta nueva etapa.
Un solo espíritu
Es un periódico distinto en la forma, pero idéntico en el espíritu al OIGA de 1948. Hay
La misma adhesión de ayer a la voluntad nacional de renovación, igual devoción por la libertad e idéntico rechazo a las viejas taras de nuestro republicanismo.
Predicando en el destierro
Es este OIGA el que va a alzar bandera por Belaúnde Terry, no por el hombre ni por seguir al caudillo, sino por los principios que él encarna, por las metas que un movimiento de juventudes avizoro y que él se comprometió a alcanzar ante todos los pueblos olvidados del Perú. Y cuando el nuevo régimen reformista triunfa en las urnas, no es esta revista ni sus gentes quienes se aupan en el carro del vencedor, sino que alza su primer reclamo: “La renovación ha ganado las elecciones y debe ganar el gobierno”; y de inmediato insiste en una campaña que será permanente en este semanario, bajo el grito de “!Ahora a moralizar! Con palabras que repite una y otra vez a lo largo del periodo que se inicio en 1963, no deja de advertir: “No es posible reformar siguiendo el consejo de los antirreformistas y nunca, en estos casos, será fecunda una política de concesiones al enemigo, ya que será él, el que termine por dominar la situación, sea por medio de sus propios hombres o de algunos reformistas debidamente ganados a su favor”.
Otro tono
El fracaso de las reformas básicas, la entrega del petróleo, la corrupción y la inmoralidad, son hechos dolorosos que van a confirmar las predicciones de OIGA. Ya para entonces OIGA ha cambiado de formato. A partir de marzo del 65, deja su tono de semanario de combate para vestir ropaje menos espectacular, menos altisonante, pero más difícil de llevar. Como lo explica nuestro director en nota editorial, “morigerar ímpetus, ceñirse estrictamente a los hechos, evitar el comentario estridente, encierra dificultades mayores que lo que pueda imaginar el neófito en este apasionante y variado oficio que es el periodismo”.
La “riqueza" de OIGA
En efecto.







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