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DORIS GIBSON PARRA Y FRANCISCO IGARTUA ROVIRA

DORIS GIBSON PARRA Y FRANCISCO IGARTUA ROVIRA
FRANCISCO IGARTUA CON DORIS GIBSON, PIEZA CLAVE EN LA FUNDACION DE OIGA, EN 1950 CONFUNDARIAN CARETAS.

«También la providencia fue bondadosa conmigo, al haberme permitido -poniendo a parte estos años que acabo de relatar- escribir siempre en periódicos de mi propiedad, sin atadura alguna, tomando los riesgos y las decisiones dictadas por mi conciencia en el tono en que se me iba la pluma, no siempre dentro de la mesura que tanto gusta a la gente limeña. Fundé Caretas y Oiga, aunque ésta tuvo un primer nacimiento en noviembre de 1948, ocasión en la que también conté con la ayuda decisiva de Doris Gibson, mi socia, mi colaboradora, mi compañera, mi sostén en Caretas, que apareció el año 50. Pero éste es asunto que he tocado ampliamente en un ensayo sobre la prensa revisteril que publiqué años atrás y que, quién sabe, reaparezca en esta edición con algunas enmiendas y añadiduras». FRANCISCO IGARTUA - «ANDANZAS DE UN PERIODISTA MÁS DE 50 AÑOS DE LUCHA EN EL PERÚ - OIGA 9 DE NOVIEMBRE DE 1992»

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«Cierra Oiga para no prostituir sus banderas, o sea sus ideales que fueron y son de los peruanos amantes de las libertades cívicas, de la democracia y de la tolerancia, aunque seamos intolerantes contra la corrupción, con el juego sucio de los gobernantes y de sus autoridades. El pecado de la revista, su pecado mayor, fue quien sabe ser intransigente con su verdad» FRANCISCO IGARTUA – «ADIÓS CON LA SATISFACCIÓN DE NO HABER CLAUDICADO», EDITORIAL «ADIÓS AMIGOS Y ENEMIGOS», OIGA 5 DE SEPTIEMBRE DE 1995

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CENTRO VASCO PERU

CENTRO VASCO PERU
UNIVERSIDAD DEL PAÍS VASCO

CENTRO VASCO LIMA

CENTRO VASCO LIMA
UNIVERSIDAD DEL PAÍS VASCO

«Siendo la paz el más difícil y, a la vez, el supremo anhelo de los pueblos, las delegaciones presentes en este Segundo Congreso de las Colectividades Vascas, con la serena perspectiva que da la distancia, respaldan a la sociedad vasca, al Gobierno de Euskadi y a las demás instituciones vascas en su empeño por llevar adelante el proceso de paz ya iniciado y en el que todos estamos comprometidos.» FRANCISCO IGARTUA - TEXTO SOMETIDO A LA APROBACION DE LA ASAMBLEA Y QUE FUE APROBADO POR UNANIMIDAD - VITORIA-GASTEIZ, 27 DE OCTUBRE DE 1999.

«Muchos más ejemplos del particularismo vasco, de la identidad euskaldun, se pueden extraer de la lectura de estos ajados documentos americanos, pero el espacio, tirano del periodismo, me obliga a concluir y lo hago con un reclamo cara al futuro. Identidad significa afirmación de lo propio y no agresión a la otredad, afirmación actualizada-repito actualizada- de tradiciones que enriquecen la salud de los pueblos y naciones y las pluralidades del ser humano. No se hace patria odiando a los otros, cerrándonos, sino integrando al sentir, a la vivencia de la comunidad euskaldun, la pluralidad del ser vasco. Por ejemplo, asumiendo como propio -porque lo es- el pensamiento de las grandes personalidades vascas, incluido el de los que han sido reacios al Bizcaitarrismo como es el caso de Unamuno, Baroja, Maeztu, figuras universales y profundamente vascas, tanto que don Miguel se preciaba de serlo afirmando «y yo lo soy puro, por los dieciséis costados». Lo decía con el mismo espíritu con el que los vascos en 1612, comenzaban a reunirse en Euskaletxeak aquí en América» - FRANCISCO IGARTUA - AMERICA Y LAS EUSKALETXEAK - EUSKONEWS & MEDIA 72.ZBK 24-31 DE MARZO 2000

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lunes, 14 de enero de 2013


La República

Proceso será el 17 de marzo.


Miercoles, 09 de enero de 2013 | 9:58 am

Es absurdo e irresponsable revocar a la burgomaestre.

El proceso de consulta popular de revocatoria a la alcaldesa de Lima, Susana Villarán, es ‘derroche de dinero inútil’, según el destacado artista Fernando de Szyszlo, quien pidió a la población votar por el ‘no’.

“Ahora ya no se puede ir atrás, el proceso de revocatoria está en marcha, ahora lo que tenemos que hacer es votar contra, y que siga la alcaldesa y que termine su periodo para la cual fue elegida”, señaló el pintor a Andina.

Asimismo, consideró absurdo e irresponsable pretender revocar a la alcaldesa a la mitad de su mandato, porque se detendría todo lo avanzado por la actual gestión, con el peligro que la ciudad retroceda.

“Yo no soy partidario del equipo de la señora Villarán, yo no voté por ella en las elecciones, me parece una persona respetable, pero estuvo muy mal acompañada (...) pero sacarla ahora, me parece totalmente irresponsable”, precisó.

viernes, 11 de enero de 2013


ADIOS CON LA SATISFACCIÓN
DE NO HABER CLAUDICADO

RINCÓN DE REGINA

DURANTE catorce años de mi vida tuve un compromiso semanal con la Revista OIGA, lo cual significó para mí  una de cosas positivas. Entre ella, un centro de trabajo al cual llegué a considerar como mi casa. También me permitió conocer interesantes personajes, y hacer amigos que mantengo hasta el día de hoy y pienso seguir manteniendo siempre. He investigado sobre miles de profesiones extrañas e ingeniosas formas de ganarse la vida, como hoteles para perros, servicio de comida dietética entregada en casa u oficina, restauradores de almas, mercachifles, ingenieros que compraban y vendían chatarra, remendadores de alfombras, doctores curanderos, ecologistas que viven reciclando papel periódico, floristas a domicilio, etc. Como periodista, preguntando e indagando he llegado muchas veces al fondo del alma de personas maravillosas. No puedo sino agradecerle a Paco el haberme dado la oportunidad de ejercer un trabajo tan agradable y lleno de satisfacciones.

Regina Seoane

ADIOS CON LA SATISFACCIÓN
DE NO HABER CLAUDICADO

HASTA PRONTO CON DIGNIDAD

La verdad cuando ingresé a trabajar en OIGA, hace 18 años, no pensé que me quedaría tanto tiempo. Sabía que era una empresa periodística y que yo necesitaba trabajar allí. Tenía dos hijos muy pequeños que mantener y la revista se había convertido en mi principal esperanza para el futuro. Hasta ese momento había leído mucho pero sabía muy poco de periodismo y menos sospechaba que andando los años me convertiría en lo que llaman “ratón de biblioteca” o más propiamente de archivo.
Eran los tiempos en que todos los que trabajaban desempeñaban varias funciones. Esto se convirtió en una característica y en los años siguientes los amigos del señor Francisco Igartua, don Paco, se admiraron siempre de que cada edición de la revista pudiera ser hecha por tan poca gente. Empecé a laborar como secretaria de don Paco, desde el segundo número de esta quinta, heroica etapa de la revista. Al mismo tiempo era telefonista, encargada del archivo, coordinadora periodística porque concertaba entrevistas para el personal de redacción y fotógrafos también, y hasta me daba tiempo para pasar a “Letraset” los titulares de las notas periodísticas, dejándolos listos para ser procesados en fotomontaje, en la imprenta.
Muy pronto, el trabajo de archivo me fue absorbiendo cada vez más y fue muy explicable para mí: don Paco le daba a la parte gráfica (fotos) una gran importancia. El siempre ha dicho que no bastaba que las fotos sean del personaje aludido en la información o ni tampoco era suficiente que las fotos sean del “tema”, sino que debían guardar entre ellas una armonía y contribuir a completar el mensaje. Don Paco mismo me fue ubicando cada vez más en el archivo. Muy pronto aprendí —y lo repetí tanto como el mismo señor Igartua— lo que él sostuvo siempre como una de las sentencias más sagradas de su concepción gráfica: “La nota puede ser muy buena, pero sin fotos... ¡No sale!. Y la verdad era que sin fotos, las notas no salían.
¡Cuánto aprendí de sus enseñanzas! Y como yo, todos los que pasaron por OIGA aprendieron mucho. Claro, cada cual según su propia capacidad. Recuerdo, por ejemplo, un día que la famosa “Pandora” llegó a mi oficina un poco asustada y me dijo: “Lily, Paco está furibundo, no grita sino que da alaridos”; es que don Paco estaba en una reunión con todos los gráficos.
También recuerdo como, con el mismo tono magistral que usaba para corregir verbalmente los errores de construcción que detectaba en los originales, enseñaba también a los redactores novatos algunos recursos, no digamos trucos, de la redacción periodística. No fue de los que consideran que los jóvenes “deben experimentar en carne propia para que aprendan”. Todo lo contrario. Fue el primer colaborador de sus redactores jóvenes. Los orientaba en la parte creativa, los estimulaba para que sean incisivos pero respetuosos, y si era posible les evitaba trabajo inútil. Y siempre respetó mucho el talento de los periodistas jóvenes.
En cuanto a mí, me siento orgullosa de haber trabajado en este OIGA de 1978 a 1995 porque creo que hizo historia y porque no me ha deparado riqueza ni comodidades, pero sí me ha dejado mucho de bueno y de edificante que contar a mis hijos. ¿Qué cosa más enaltecedora puede haber que el haber trabajado en este OIGA, quinta etapa, que si algunos poderosos detractores se ganó no fue por promover intereses ajenos a los específicos de la patria o por silenciar las inmoralidades, o por permitir el avance de la barbarie en perjuicio del futuro de las instituciones tutelares que sustenta a todo el país?
En estos momentos siento el deber de mencionar mi recuerdo y mi homenaje al joven reportero gráfico Amador García, un ayacuchano noble y trabajador, sacrificado innecesariamente con balas asesinas en las alturas de Uchuraccay. Al escribir estas líneas de despedida, quiero agradecer a todos los que colaboraron conmigo en las labores diarias del archivo, y a quienes me brindaron su amistad. Gracias a ti Gloria, Carolina, Anita.
Sobre todo, gracias a usted, don Francisco lgartua. Gracias por habernos mantenido a su lado hasta el final: Gracias por habernos enseñado a levantarnos más estimulados apenas caemos. Y gracias porque nos ha contagiado el espíritu rebelde que impulsa a defender las ideas constructivas que tanta falta hace en nuestro país. Por eso estamos seguros que mientras le queden a usted fuerzas para levantarse una vez más OIGA volverá a resurgir. Entretanto, no un adiós sino un hasta pronto.

ADIOS CON LA SATISFACCIÓN
DE NO HABER CLAUDICADO

PRESERVAR LA DIGNIDAD EN EL PERÚ
por Leopoldo Chiappo

“Bien podrán los encantadores quitarme la ventura; pero el esfuerzo y el ánimo, será imposible”.

(Don Quijote, Parte II; cap. XVII).

NADA más oportuno y realmente saludable que recordar estas palabras de Alonso Quijano, el Bueno, elevado a la dignidad noble de Don Quijote. Sí, los encantadores existen, son los embaucadores y falsificadores de la palabra, los burladores de las leyes, los encubridores y amnistiadores de criminales, los que hacen lícita la impunidad con la prepotencia del poder armado y el cinismo de su civil testaferro, monstruo poco frecuente, híbrido de demagogia y tiranía que ha aparecido en el Perú.

Cualquier lector podrá perfectamente identificar lo que digo. Me refiero a la elección sin base jurídica limpia y con trampas verbales y en desleal ventaja; me refiero a los transnochantes y obsecuentes legisladores que  aprueban la ley que interrumpe el proceso legal para entregar al encubridor fuero militar -el juicio a los militares comprometidos en la masacre de La Cantuta; me refiero, mejor dicho, denuncio a los amnistiadores de los criminales de la pollada de los Barrios Altos, a los interventores de las universidades como San Marcos; la ilustre, y La. Cantuta, Me refiero al atrevimiento de quien, desde la alta investidura que no le corresponde, llega hasta el extremo de vejar a la Iglesia Católica, ignorando la tradición milenaria de sabiduría y de arte, de civilización y grandeza, de alta espiritualidad, utilizando manidos lugares comunes como “vacas sagradas” para calificar al Vicario de Cristo y a los arzobispos, obispos y sacerdotes, personas espiritual y sacramentalmente ungidas, y se apodera del término técnico “mitos” para referirse a la religión establecida por Dios mismo. Estas son verdaderas pisotadas de rinoceronte en la casa de cristal que debiera ser por su transparencia justiciera y su dignidad el Congreso de la República. Dos mil años tiene la Iglesia Católica y ha experimentado muchas turbulencias. Este vejamen de un gobernante elegido mediante una ley que Luis Miró Quesada Garland llamara “inmoral e impugnable”, evidentemente no afecta en absoluto a la grandeza de la Iglesia Católica y a su misión espiritual en el Perú y en el mundo. Pero avergüenza, sobre todo por venir de quien se le atribuye la personificación de la Nación Peruana. Felizmente no es así. Debe ser por esto, por la insignificancia del actor ante la majestad de la Iglesia ofendida, que ésta no ha recogido el guante. Es la experiencia milenaria de una institución sagrada frente a la prepotencia de los transitorios detentadores del poder, desde Atila y Felipe IV de Francia y Enrique V de Alemania. Imagínense el insulto “chicha” de éste. Sí, considerar “mito” a una religión como la Católica es, como diría Cantinflas, “falta de ignorancia”.

Sí, digo, nada más oportuno que recordar las palabras de Quijote. Los encantadores podrán quitar la ventura, pero, dice Don Quijote, “el esfuerzo y el ánimo será imposible”. Y esto es precisamente referido al gran caballero de la dignidad periodística Francisco Igartua, en estos momentos en que los encantadores acosan, los tibios se esconden, los vivos y no caídos del palto se alinean y adulan, los “inteligentes” callan. Sí, como he leído a lo largo de los años los editoriales firmados de puño y letra de Igartua, es oportuno citar el libro del Ingenioso Hidalgo, que me parece es su libro de cabecera. Sí, es oportuno mantener el “esfuerzo y el ánimo”, en época de debilitamiento moral de nuestra patria.

La dignidad es la mayor y esencial riqueza de una persona y de un pueblo. Cuando se hace escarnio de la dignidad todo se trivializa. Se convive con la vulgaridad. Y así se alienta la corrupción y se tolera la impunidad de los delincuentes y criminales más feroces. OIGA y su líder, Francisco Igartua, desempeñan en el Perú la lucha por la preservación de la dignidad en nuestra patria. Digo nuestra utilizando la significación quechua de “ñocanchis”, que sólo somos nosotros, los peruanos que estamos angustiados por la pérdida de la dignidad y el derrumbamiento estructural y ético de las instituciones, el “ñocanchis”, el nosotros que excluye a los callados o entusiastas partidarios del envilecedor principal del Perú, haciéndose de la vista gorda de todas actuaciones cínicas de su voluntarismo político in escrupuloso.

Hay un caudal muy grande de dignidad en el Perú. Y si momentáneamente han dado resultado todos los sortilegios y mañas y trampatojos de los “embaucadores”, aprovechándose de una nación debilitada y angustiada, no ha de tardar el día en que la razón y la limpieza ética triunfen y con ello la restauración en el Perú de la dignidad en la vida política y en la institución militar. Hay que superar el pragmatismo sin valores superiores. Sí superar el voluntarismo político inescrupuloso. Entonces florecerán la educación y la cultura en nuestra patria vejada. 

ADIOS CON LA SATISFACCIÓN
DE NO HABER CLAUDICADO

CRÓNICA DE UN COLABORADOR APENADO

HE sido y soy un inveterado lector de hebdomadarios y publicaciones mensuales nacionales y extranjeras. Desde mis veinte años de edad, que con algún optimismo calificábamos entonces como mayoría de edad o edad de la razón, comencé a coleccionar mis suscripciones. Conservo entre mis repletos estantes, difuntas y vivientes ediciones. Daré como ejemplo el primer número de LIFE, del 23 de noviembre de 1936, que costaba US$ 0.10; y el último del 29 de diciembre de 1972, cuyo precio era de US$ 0.50, cosas de la inflación. Habían transcurrido muchos años y esa revista, además de los noticieros FOX y MOVIETONE, eran la televisión inocente de aquellas décadas. Mi instructiva manía me ha dejado recuerdos y testimonios permanentes, invalorables y, motivado por ello, intentaré expresar puntualmente mi sentir cuando, el 5 de setiembre, la momentánea postrer edición de OIGA aparezca. Si LIFE circuló durante 36 años, para nuestro medio editarse durante 33 es valiosa hazaña, es respetable madurez, vigorosa ancianidad.

Cuando transcurrían los iniciales años del lejano sesenta, en casa del buen Jorge Aubry, generoso en amistad, conversación y whiskies, nos reuníamos con abusiva frecuencia Eduardo Orrego, Julio Meyer, Lucho Larco, los jóvenes hermanos Fernando y Rafael Belaúnde Aubry y otros incontables. Desde luego, estaba siempre el infaltable Igartua. Eramos libantes pensadores que creíamos merecer mejores gobernantes y Paco quería decirlo por escrito y semanalmente. ¡Qué pesadez y qué ingenuidad!

Colaboré con mi aporte para fundar el inquieto semanario y si bien mis actividades  de  entonces eran ajenas al periodismo y vergonzosamente horribles -tenían, según se supo después, propósito de lucro-, peregriné por solidaridad de asa ciado por todas las sedes que la revista tuvo. En lo que andaba quedando de la Ciudad Jardín: la avenida Salaverry, la avenida Faucett, la calle Chinchón; luego Pedro Venturo y ahora, en el terminal de la partida, en el Paseo Parodi, ausencia que intuyo no será definitiva.

Debo a esa espontánea, impensada decisión de participar en OIGA, presuntuosas satisfacciones de ver aparecer mis notas entre otras de mejor calificados colaboradores. Debo, pues, a OIGA el haberme introducido tímidamente en el artículo periodístico. Debo además a OIGA, según carta que publiqué en el N2137 de setiembre ele 1965, una atinada profecía al decir acertadamente que “lo que ocurría en los valles del Satipo dejaría a la montaña desierta de hombres de bien”. Aquel fue mi debut en la revista. Luego vino el silencio y el desastre del velascato; y después, por años OIGA fue la lectura predilecta de mi esposa y la mía. Eclipses parciales me ocurrieron, pero nunca en desmedro de nuestra amistad.

Por ello me apenará no recogerla y leerla semanalmente. El “more solito” cala profundamente. Para expresarlo a cabalidad y que bien se entienda, quiero definir mi pesar con la contraparte de la alegría que me proporcionarían los obituarios de algunas indeseadas publicaciones, algunas bien escritas, es verdad, pero cultoras permanentes de las mentiras convencionales del populismo. Hago fácil parafraseo de Max Nordau, autor de un viejo libro que presté y naturalmente perdí. Termino mis “saudades” de colaborador de OIGA diciendo “arrivederci” a todo el personal ido y presente, que siempre me atendió con deferencia y cortesía.

ADIOS CON LA SATISFACCIÓN
DE NO HABER CLAUDICADO

Un paréntesis

Estimado don Paco:

Sólo tres palabras, suyas por supuesto: “volveremos a empezar”.

Hasta luego.

Angel Hermoza

ADIOS CON LA SATISFACCIÓN
DE NO HABER CLAUDICADO

17 años de alegría, tristeza y dolor

Señor director:
Han transcurrido 33 años de la aparición de OIGA, y 17 años desde que yo llegara a trabajar en el área de publicidad. Y, creo sintetizar mi paso por OIGA al decir que durante mi permanencia, desde 1978 hasta 1995, la revista me dio alegría, trabajo y amistad con todos sus miembros; así como me permitió conocer a muchas personas de distintas agencias de publicidad, ampliando amistades y amigos. Sin embargo, no se piense que el publicista por trabajar en un área eminentemente comercial, se sitúa al margen de las vivencias y tráfago periodístico. No, los publicistas vivimos y compartimos las inquietudes, los deseos de justicia y la emoción social de nuestros colegas periodistas, su defensa de las libertades públicas y, dentro de ellas, de la prensa, expresión e información; y asumimos con nuestros hermanos periodistas desde las mismas trincheras sus esfuerzos, sus desvelos como fiscales del poder público y depositarios de la conciencia ciudadana frente al más fuerte, frente al poderoso, en defensa del derecho de los humildes y los desposeídos.

Fuimos tres los que llegamos a OIGA en el área de publicidad: el señor Franklin Urteaga (fallecido), Eduardo Valenzuela y el que escribe, Hugo Paredes Cabrera; con ellos trabajamos duro en la revista, con responsabilidad y cariño.

Me inicié sacando suplementos especiales de diferentes departamentos del Perú, que me dio mucha satisfacción al ser aceptados por la gerencia, al mando de Carolina Arias, y del director, Sr. Francisco lgartua.

Al escuchar al director de la revista anunciar que OIGA no sale más, sentí una gran tristeza; me hizo pensar y recordar todos los momentos felices de trabajo junto a queridos amigos de la revista.

En estas últimas líneas quiero decirle al señor director Francisco Igartua, gracias por haberme dado trabajo y amistad, y que usted pasará a la historia como un periodista fiel a sus principios e ideales, como fiel a sus principios e ideales fue nuestro también ilustre Federico More.

Hugo Paredes Cabrera
ADIOS CON LA SATISFACCIÓN
DE NO HABER CLAUDICADO

Gratitud y apoyo

Señor Director:
Con la presente, quiero expresarle y dejar constancia de mi profundo pesar y solidaridad por la inminente clausura de la revista que usted, con tan encomiable acierto, honestidad y dedicación, dirige, y en la cual tuve la honrosa oportunidad de colaborar en las ilustraciones. Tan lamentable hecho es aún más doloroso dadas las difíciles y trascendentales circunstancias por las que atraviesa nuestro país, por lo cual la ausencia de la voz de OIGA significará un vacío difícil, si no imposible de llenar. Deseo fervientemente y fío en que pueda usted encontrar, ojalá pronto, los medios y recursos necesarios para un relanzamiento de la revista. En esperada perspectiva, y en tanto que identifico plenamente con la línea y los principios periodísticos que usted encarna, quisiera que me tomara en cuenta para cuando usted lo considere necesario, me permita ofrecer mis servicios y colaboración en forma absolutamente gratuita, no solo en lo concerniente a las ilustraciones sino en cualquier otra labor en la que usted juzgue que yo pueda desempeñarme. Creo que no puede ser menor mi manera de demostrar mi inmensa gratitud por haberme usted brindado la oportunidad de ver publicados en OIGA mis trabajos; así como mi sincera voluntad de colaboración con cualquier posible relanzamiento de la revista y la continuidad de su digna y ejemplar labor periodística.

Esperando ser tomado en cuenta para ello, quedo de usted.

Atentamente,

Ramón Huapaya Pérez


ADIOS CON LA SATISFACCIÓN
DE NO HABER CLAUDICADO
En la trinchera

Don Paco:
Esta carta no es de despedida, simplemente es un puente para dejar que transiten por él los afectos, las convicciones que siempre es bueno proclamarlas en voz alta o ponerlas en negro sobre blanco cuando las circunstancias lo exigen. Valga pues la oportunidad para testimoniar reconocimiento al periodista, al hombre fiel a sus ideales, y también, a todos, desde el más encumbrado colaborador hasta el más modesto trabajador que, a su manera, también optó por esta trinchera periodística que tuvo como Biblia la Constitución y que, como usted ya lo dijo, sólo ha hecho un alto en el camino.

Sí, don Paco, porque después de todo lo vivido en OIGA, me reafirmo inspirado en su ejemplo: Todo se ha perdido, menos la alegría ni la ilusión de los quince años.
A la orden.

Alfonso Bermúdez Flores

ADIOS CON LA SATISFACCIÓN
DE NO HABER CLAUDICADO

De colega a colega

Estimado Paco:
Acabo de enterarme de que es posible que OIGA deje de circular. En primer lugar lamentaría mucho que esto sucediera; en segundo lugar, valdría la pena hacer todo lo posible para que esto no sucediera.

A tu llamado, yo trabajé en OIGA por mucho tiempo como Redactor Principal y sólo renuncié por causa de la intemperancia de Mario y malos entendidos sobre mi apoyo a la revolución cubana; sin embargo, siempre me sentí ligado a la Revista por su constancia en el quehacer periodístico aunque hubiera discrepado sobre algunos aspectos de su línea política.

Te ofrezco modestamente mi concurso: Estoy llano a colaborar desinteresadamente en el momento en que tú lo determines y por el tiempo que te parezca conveniente.

Aprovecho la oportunidad para alcanzarte mi plena solidaridad profesional.

Un abrazo

Manuel Jesús Orbegozo

ADIOS CON LA SATISFACCIÓN
DE NO HABER CLAUDICADO

OIGA: Vocero de la conciencia nacional

Estimados amigos:

Profundo dolor me ha causado el anuncio de que han decidido suspender la publicación de la prestigiosa Revista OIGA, quedándose el país sin el vocero de la conciencia nacional que el semanario significaba para muchos peruanos.

La oposición que ejerció OIGA durante sus 33 años de existencia ha sido indeclinable y quienes reconocemos el valor que tiene el debate de los asuntos nacionales debemos asignarle a esta Revista un aporte valioso, incluso en las importantes conquistas recientes como la recuperación de la democracia, la reinserción de nuestra economía al marco internacional; la derrota de la implacable inflación, los logros contra el terrorismo, etc.

Hacemos votos porque el periodismo serio, aunque a veces intransigente pero siempre elegante y sobrio que caracterizó a OIGA reaparezca prontamente pues tiene conquistado un espacio en un largo quehacer, que difícilmente podrá ser reemplazado.

En esta especial ocasión les renuevo mi mayor consideración y fraterna amistad. Atentamente

Miguel J. Fort B.
Presidente de la Sociedad Francesa de Beneficencia.

ADIOS CON LA SATISFACCIÓN
DE NO HABER CLAUDICADO

AMIGOS Y ENEMIGOS
Otra vez el Cuzco (*)

Querido amigo:
Quizás esta carta debería referirse solamente a la aflicción que nos causa estoy seguro a un enorme grupo de habitantes de este país, la anunciada desaparición de OIGA. Sentiremos profundamente su falta, sobre todo en un momento como el presente en que la oposición parece diluirse aplastada por una mayoría arrogante y una dudosa búsqueda de unanimidad. Mantenemos viva la esperanza, sin embargo, porque recordamos la tenacidad y la energía con que OIGA ha sabido renacer muchas veces de circunstancias igualmente adversas.

Ahora quería compartir con sus lectores las impresiones que traigo de un reciente viaje al Cuzco adonde he regresado después de nueve años. No es el propósito de estas líneas relatar el deslumbramiento repetido ante la misteriosa cueva de Kenko, el reencuentro con la geometría palpitante de Machu Picchu o la admiración renovada ante la fortaleza de Sacsayhuamán –De la que alguna vez José María Arguedas me dijo que una de las traducciones de su nombre en quechua podría ser: “el Halcón satisfecho”–, sino de tratar de contribuir a su defensa y mejor preservación. Porque si hablamos de la conservación y el ornato del Cuzco no nos estamos refiriendo a un asunto que concierne únicamente a las autoridades locales de esa ciudad sino a algo que afecta el más importante patrimonio cultural de este país en todo el profundo significado de la palabra.

Es preciso decir antes que nada que la ciudad luce más limpia y cuidada que nunca. Pero es preciso también decir que las autoridades municipales se han excedido, seguramente con muy buena voluntad, al ornamentar, o mejor dicho al tratar de ornamentar la ciudad con unos monumentos que calificarlos solamente de feos y de pésimo gusto, dejaría de lado el aspecto más criticable de su presencia en las calles de la ciudad: Tanto el Cuzco inca como el Cuzco colonial son muestras de una concepción de ciudad deliberada, mente severa y concebida para ser un centro político y ceremonial. No ciertamente para exhibir esculturas de pésimo gusto y factura aún si con ellas se trata de exaltar a personas o conceptos que lo merecen. Adjunto unas fotografías tomadas de algunos de los “monumentos” en cuestión y que hablan por sí solas. Me permito hacer notar que a la derecha del monumento al cóndor hay unos carteles del Municipio de Wanchaq que realmente no contribuyen a mejorar el paisaje urbano. De todos estos ejemplos seguramente el más criticable es el monumento a Pachacutec. (Desgraciadamente no hay foto de éste último).

Nuevamente al contemplar el paisaje me encontré con la visión, al momento de aterrizar, y más tarde desde casi todos los rincones del Cuzco, de la deliberada deformación y destrucción del Valle que rodea la ciudad con unos enormes letreros grabados en los cerros –cerros que para todo amante del Cuzco deberían ser sagrados, como lo eran para los primeros cuzqueños–, letreros con Vivas al Perú, inscritos originalmente por soldados, que equivocadamente nos participan su amor a la patria, desfigurando su territorio, y –la mala moda prende– ahora también por escolares mal dirigidos por patrióticos maestros.

Una última decepción: este viaje tenía por uno de sus primeros motivos ver la serie de cuadros cuzqueños de la Procesión del Corpus del Museo del Arzobispado de la Ciudad. En el Museo me dijeron como toda explicación que los cuadros no estaban allí hacía mucho tiempo. Sería importante que estos cuadros, indudablemente, las obras maestras del arte colonial cuzqueño, fueran colocados en este o cualquier otro Museo para su apreciación por el público sea simplemente turistas o estudiosos de la historia del arte.

Es casi un lugar común decir que el Cuzco es la ciudad más interesante de este país, que es la más peruana, la que mejor muestra las vertientes que constituyen nuestra identidad y también, la más bella. Si Cuzco no existiera la idea que nos hacemos del Perú sería distinta, más pequeña, la noción de la existencia de un Perú anterior a la llegada de los españoles tendría menos sustento físico, menos cuerpo: sería menos real. El Cuzco es una parte importante de lo que hemos recibido del pasado, indígena y colonial, y constituye por ello una grave responsabilidad para las autoridades encargadas de su custodia, responsabilidad que a todas luces deberían compartir con la asesoría de una comisión de expertos y personas versadas no solamente en historia, sino en arte y urbanismo.
Con un abrazo

Fernando de Szyszlo

(*) Me alegró ver un artículo de Carlos Rodríguez Saavedra en el que reclama la ortografía tradicional para el nombre de la ciudad del Cuzco. Los nombres de las Ciudades, evidentemente, no pueden estar a merced de sus Concejos Municipales.

ADIOS CON LA SATISFACCIÓN
DE NO HABER CLAUDICADO

El largo adiós

HE copiado el nombre de una novela policial del consagrado escritor de este género Raymon Chandler, para este testimonio que en realidad es un largo adiós.

Se remonta al año 1961. Francisco Igartua había roto su sociedad con Doris Gibson y dejó CARETAS, la revista que habían fundado juntos en 1950. Víctima de una depresión profunda se refugió en un pequeño departamento, que gracias a sus contactos consiguió en un nuevo edificio de la Compañía de Seguros EL SOL, situado en la esquina de La Colmena y Camaná. Era entonces un edificio moderno, el más bonito del centro de Lima, de pocos pisos, pero arquitectónicamente muy bien diseñado.

Recluido voluntariamente en el ámbito de dos habitaciones, sin más muebles que unos dados modulares grandes y una pequeña cama monacal. Pero estaba bien situado. En el primer piso funcionaban las flamantes oficinas de ALITALIA; en el segundo, parte de la organización de Luis Banchero; en el último vivía el “play boy” de moda, Julio Tijero. Todos lo conocían a Paco y lo visitaban a menudo. Pero su salud estaba quebrantada, se le presentó una bronconeumonía y los síntomas de una úlcera sangrante. Lo atendía un buen muchacho que había sido mensajero de CARETAS, él le traía los alimentos, las medicinas, le hacía la limpieza y los encargos. No le faltaron por suerte ángeles guardianes. Amigos y amigas, entre ellas Chabuca Granda, la Chabuca que nos ha hecho soñar y bailar con sus canciones. Le llevaba médicos, le daban a beber yerbas y hasta lo atormentaban con terribles frotaciones de ungüentos.

Quizás en una afiebrada noche de su enfermedad Paco soñó con una nueva revista y la vio con su nombre en redondas y rotundas letras rojas como fuego. Este sueño sería como los que Borges comenta en sus fantásticos ensayos, en los que dice que la literatura es sueño, un largo sueño, en que se constituye la gran obra poética universal, que vale por sí misma, más que por los poetas que a través de los siglos la escribieron. Y por otro lado sostiene que escritores como Wells, Stvenson, Emerson, Coleridge, recibieron el argumento de sus libros en sus sueños.

Lo real de esta nota que me ocupa, es que una mañana que visitaba a Paco, me dio la sorpresa. Sobre uno de sus grandes dados estaba el “machote” de la nueva revista que se llamaría OIGA. “Machote” en términos periodísticos equivale a maqueta de casa o edificio en el lenguaje de arquitectos. Era el modelo de la nueva revista semanal estilo tabloide.

No puedo extenderme en detalles, aunque es una lástima, pues son de mucho contenido humano. La historia es extensa, y no seré quien la escriba. Esto corresponde al fundador, director y dueño de OIGA, Francisco Igartua, por ello tengo que saltar a los momentos que son para mí culminantes.

En la primavera de 1962, en el edificio Nº 674 de la avenida Salaverry, oficina 702, para ser más precisos, se bautizaban las flamantes oficinas del nuevo semanario. Con escritores y máquinas no tan flamantes, pues, con poco capital, tuvieron que comprarse viejas máquinas UNDERWOOD y ROYAL, esas máquinas en que los más grandes escritores peruanos llenaron las primeras carillas de sus novelas. Y fueron las metralletas de los más duros o ácidos periodistas. El primer número apareció el 28 de noviembre de 1962. Culminaba ese año, de largas conversaciones y trajines, en que se iba concretando el proyecto de la nueva revista. Francisco Igartua se reunía muy a menudo con Jorge Aubry, Eduardo Orrego, Guillermo Ugaz y Francisco Campodónico, este último sería la pieza clave para la salida del semanario OIGA, pues sería en los grandes talleres de su imprenta “Industrial Gráfica”, donde se imprimiría.

Pero otro aspecto muy importante era conformar el equipo de periodistas que saldría a la cancha en ese primer encuentro con el público. Estuvimos en ese primer número de OIGA: Sebastián Salazar Bondy, quien publicó un reportaje que había hecho con premonitorio acierto al general FAP Jesús Melgar, entonces ministro de Agricultura, antes de su fatal viaje a Brasil. Murió junto con otras 96 personas en el impactante accidente del gran jet de VARIG que venía de Río de Janeiro. El desastre se produjo justo en vísperas de la salid de este semanario, y sonó como un terremoto en Miraflores. Un excelente reportero gráfico, Eduardo Caso, tomó fotos de los cadáveres calcinados y los restos del avión esparcidos en más de un kilómetro a la redonda. A esta noticia de primera plana, seguían, un artículo de las guerrillas de Chaupimayo, escrito por Héctor Arellano; Carlos Ortega hizo un reportaje al cántate brasileño Sergio Murillo; Juan Ríos iniciaba su columna “Tierra de nadie”, que dedicó a Enrique López Albújar; Mario Belaúnde un artículo sobre el boxeado peruano Mauro Mina, que regresaba triunfante de New York, y con el seudónimo de JUAN GRIS, una encuesta entre las chica lindas, algunas reinas de belleza, incluyendo a la bella Lucía Buonani que fue “Miss Mundo”. La pregunta era: “¿Te casarías con un negro?”, tema que curiosamente se trató últimamente en un programa de T.V.; además JUAN GRIS comenzaba una columna social llamada “Ver, oír... y no callar”.

El editorial de Francisco Igartua fue como un grito de guerra y un voto de principios para los que siguieran su línea de combate, tomo algunas líneas que dicen: “...Este semanario se llamara OIGA... me acompañan ahora un grupo de amigos unidos por igual preocupación generacional, a quienes desde nuestra ya distante mocedad se nos ha tenido por disconformes. Y lo somos. Es la voz cantante que queremos llevar. Pensamos distinto a la inmensa mayoría de los que ‘opinan’ en este país y abominamos del gregarismo”.

Frases escritas hace 33 años, con un lucidez proyectada al futuro, y que parece formuladas para el momento actual, de un gregarismo irracional. La mayoría del pueblo peruano, sobre todo limeño, ahora parece una manada de ovejas conducidas por un pastor nisei que se disfraza con chullo cuando va a la sierra, con plumas y atuendos ashaninkas en la selva y con elegantes ternos en Lima. Desde que su rostro apareció en las pantallas de T.V., sentí como una premonición. Presagié malos tiempos. Llegó al poder mintiendo y siguió engañando.

Algunos medios de comunicación lo han llamado Emperador, otros “Samurai”. Ofensa a ambos títulos. Si un Samurai mentía o engañaba, consideraba que había cometido grave falta contra su honor y se hacía el harakiri.

Este párrafo, este improntus, me debe ser disculpado, pues me salió la rebeldía arequipeña. Ahora sigo con algunos episodios de la gran carrera de OIGA, que desde que fue lanzada, cual proyectil de grueso calibre, ha atravesado años y décadas, atacando a dictadores, tiranos y tiranelos, y políticos corruptos.

El equipo de OIGA en 1963 se fortalece con el ingreso de periodistas y personajes como Francisco Moncloa, Tomás Escajadillo, eminente médico laboratorista, Jefe de los Laboratorios del Hospital del Empleado, como se llamaba en esa época. También se unió el poeta Paco Bendezú, joven de refinada cultura, buen poeta e hipocondriaco incurable, y el embajador José Alvarado.

Fueron esos años, en la Av. Salaverry, los que más disfruté. Se había logrado un grupo muy integrado. Aunque en esos años yo sólo iba algunos días, pues tenía un trabajo importante, que me daba ingresos para mantener a mi familia.

Los martes nos reuníamos todos para almorzar en un restaurante-jardín de comida criolla, en la avenida Cuba. La comida no importaba, eran horas de alegría y gran compañerismo.

Eso duró hasta 1967, en que se inaugura ITALPERU, complejo de oficinas e  imprenta de OIGA, cuyo financiamiento lo obtuvo Paco en parte de su cuñado italiano un arquitecto de Milán. La mudanza de Salaverry a la avenida Faucett, cambió un montón esa fisonomía de grupo integrado, pero no el espíritu de la revista ni de quienes escribíamos en ella. Ya hacía tiempo que había ingresado Jesús Reyes, un periodista profesional de primera. El ha sido durante décadas uno de los sólidos pilares que han sostenido OIGA, siempre con un perfil bajo. Su carácter, su personalidad, de los que no les gusta la figuración. También aparecían nuevos colaboradores como el padre Harold Griffiths, cuyos artículos de transparente serenidad complacía leerlos.
Finalizando la década del sesenta Francisco Igartua contrajo matrimonio con Clementina Bryce Echenique, lo que cambió su vida de bohemio a lo social. Adquirió mucha disciplina para su trabajo.

En la década de 1970, yo no puedo dar testimonio de nada referente a OIGA. Nuevas ocupaciones y grandes responsabilidades, me alejaron totalmente del periodismo por diez años. Pero seguía de lejos la trayectoria de este histórico semanario. Eran tiempos críticos, tiempos de cambio. La misma ciudad variaba, el tráfico urbano aumentaba, la gente comenzó a vivir una vida presionada.

En esos tiempos de mi trabajo a “full time” en algún rato libre fui al VIVALDI a tomar café expreso. Por casualidad Paco pasó y me vio. Se sentó en mi mesa y me dijo que venía de un negocio situado al frente, donde ahora es VILLA NOVA, que quería adquirir unos muebles para amoblar el cuarto de sus pequeños hijos, en la casa que había logrado construir en Monterrico. El obstáculo es que los quería comprar al crédito y le pedían una persona que le garantizara. Como me pidió que lo hiciera yo, no tuve inconveniente y lo acompañé a la tienda y firmé los papeles. Esa transacción de compra nunca se realizó. Esa noche Paco me dijo que tenía en su casa un grupo de invitados a comer, que iba a cocinar un plato de perdices, lo cual es su hobby, y Oscar Peschiera, otro. Me invitó, pero yo me excusé de asistir. Al día siguiente me enteré que la casa de Francisco Igartua había sido allanada la noche anterior por la policía y agentes de seguridad del gobierno. Alguien logró advertirle por teléfono, lo que dio tiempo a que sus invitados escaparan y Paco, en al auto de “Gody” Szyszlo, buscó asilo en la Embajada de México, de donde salió deportado al país azteca. OIGA fue cerrada. En México, Paco soportó un largo y duro exilio de tres años. El ya había conocido esa vicisitud con Odría, y esa experiencia lo ayudó a subsistir.

Cuando las condiciones políticas cambiaron los hermanos Jesús y Alfonso Reyes, en una actitud heroica, lograron volver a publicar OIGA, trabajando en condiciones casi artesanales en el garaje de su casa. Por eso OIGA estuvo vigente cuando Francisco Igartua retornó del exilio, tomando nuevamente el timón. Con su experiencia y contactos, este semanario cobró nuevamente fuerza, poder y prestigio.

En 1982, yo retorné a OIGA, a raíz de un duro revés provocado por una infame injusticia del poder político de turno. Quedé en la calle y se me cerraron todas las puertas. Sólo Francisco Igartua me abrió las de OIGA, donde comencé a retornar al oficio de periodista. Me chocó al principio la nueva atmósfera de la prensa y me costó adecuarme. Pero finalmente, por primera vez en mi vida, me dediqué de lleno exclusivamente a esta ingrata profesión. Ingrata pero apasionante. Poco a poco comencé a tener comunicación con algunos colegas, para mí nuevos, como Fernando Flores Araoz, que era Jefe de Redacción, Gerardo Barraza, Evelyna Fasio “Pandora”, Regina Seoane y el poeta “maldito” Roger Santivañez. De la nueva generación llegaron algunos jóvenes brillantes como Jaime Bayly, Alvaro Vargas Llosa, Pedro Planas y Doris Bayly.

Estábamos en el quinquenio del saqueo del APRA. Y, naturalmente, OIGA se enfrentaba —con todo— a esa corrupción, caos y desbarajuste. Cuando Alan García decretó la estatización de la Banca, nuestro semanario, que no había servido nunca a la oligarquía económica, esa vez dedicó todos sus esfuerzos a combatir esa barbaridad. Dio páginas de páginas y carátulas, para defender la libertad, en este caso confundida con los banqueros. Triste es decir que algunos de ellos han sido los peores verdugos de OIGA.

El APRA no sólo saqueó al Perú sino nos endosó al gobernante actual, cuyos sibilinos métodos de atacar arteramente se han visto bien reflejados en la reciente inauguración del By Pass de la Plaza Dos de Mayo, en que se vio como los mismos guardias municipales convirtieron este acto en una batalla campal. Cosa planeada en contra de Ricardo Belmont. El estilo autocrático de gobierno en el que sólo el “Chino” inaugura obras.

En la nueve sede de OIGA se fueron recibiendo los primeros golpes. La SUNAT nos acosaba. En la fecha del golpe de Estado del 5 de abril se quiso cerrar este semanario. Todos estos conflictos obligaron a la gerente, Carolina Arias, a grandes reajustes para seguir. Finalmente, en una nueva mudanza de hace sólo dos meses, la noticia fatal: “el no va más” de OIGA.

Los últimos mohicanos que resistimos hasta el fin, hasta arrojar las armas al abismo, han sido, con la jefatura de Francisco Igartua, el Sub-Director Jesús Reyes; Alfonso Bermúdez, Jefe de Redacción; Laura Gonzales, los hermanos Carlos y Luis Michilot, reporteros gráficos y Juan Michilot en la Producción Gráfica, José Reyes, Rodolfo Esquivel, Niní Ghislieri, Tulio Arevalo, Orazio Potesta y algunos colaboradores finales.

Felizmente para mí, que detesto los temas políticos, un buen día de 1983 me llamó Paco para hacerme cargo de la página GOURMET. Y allí he estado y terminado con este largo ADIOS.

jueves, 10 de enero de 2013

ADIOS CON LA SATISFACCIÓN
DE NO HABER CLAUDICADO

Adiós, amigos y enemigos

A LA OPINIÓN PÚBLICA
OIGA se despide de ustedes, queridos amigos, Cerramos por razones estrictamente económicas, pues, desde hace varios años venimos padeciendo un acoso publicitario del gobierno, que se extendió en los últimos tiempos al sector privado.

Queremos dejar constancia que intentamos dejar saneadas nuestras deudas, principalmente las tributarias que se generaron a partir del último año, pues siempre fuimos puntuales contribuyentes. En numerosas oportunidades nos entrevistamos con el IPSS y la SUNAT enviándoles comunicaciones escritas, por conducto regular, de todo lo cual tenemos constancia pidiendo el uso de los espacios aprobados, de acuerdo a la disposición legal que estableció el pago de deuda tributaria mediante publicidad. Sin embargo, nuestras propuestas no fueron respondidas a pesar de que ese trato si se cumplió con todos los demás medios de prensa.

Como se ha podido observar en varios medios de comunicación, el pasado sábado 02 de setiembre, la SUNAT publicó suplementos Guías al Contribuyente.

Lamentamos esta injusta situación y dejamos debida constancia de ello.


EL DIRECTORIO

DIARIO JORNADA

Run-run limeño

Dice el run run que desde el viernes, se hallan empeñados los “managers” de la Candidatura oficial desde el Poder, en organizar una “espontánea” manifestación de aplausos al General Odría, el Presidente–Candidato, para cuando “deje” Palacio de Gobierno.

En efecto, el señor Abelardo Lanfranco, que no pierde la esperanza de ser ubicado como Representante por la provincia de Lima, habría visitado varios Ministerios y conferenciado con algunos de los Directores de repartición y Jefes de Departamento y de Sección, para pedirles que “no dejen” de mandar a todo su personal, el Jueves 01 de Junio a las seis de la tarde, a la Plaza de Armas, a esperar la llegada del General Odría, y tributarle una “gran” manifestación cívica. Por supuesto, el señor Lanfranco, para que los funcionarios y empleados no se sientan molestos e incómodos, rozándose con los obreros y peones, de diversas reparticiones de la Administración Pública, como son los obreros del Servicio de Agua Potable y los peones de los servicios de Baja Policía, había ofrecido, bajo su palabra de honor, que los funcionarios y empleados –únicamente– ocuparán el atrio de la Catedral y el frente del Palacio Arzobispal; mientras que los obreros, los peones, los jornaleros, los modestos trabajadores en general, al servicio del Estado, así como los obreros de empresas industriales, se situarán en la calzada de la misma Plaza, frente al Portal de Escribanos.
SEMANARIO JORNADA

Redactor de “Jornada” preso
El domingo fue detenido el periodista Francisco Igartua
Absoluto silencio de las autoridades sobre la arbitraria detención

En la tarde del domingo último fue detenido el periodista Francisco Igartúa, redactor de “JORNADA”. La noticia llegó a conocimiento nuestro al mediodía de ayer. Según las primeras averiguaciones, Igartúa se encontraba en el Cuartel Sexto. En la tarde, el Jefe, de Redacción de “Jornada” se constituyó en esa Comisaría, informándosele en la Prevención que “Igartúa había sido trasladado a la Prefectura. En la Secretaria de la Prefectura nuestro Jefe de Redacción fue informado que se le había remitido a la Dirección de Investigaciones. En el Departamento respectivo, el representante de “JORNADA” fué informado que Igartúa estaba a disposición de la Dirección de Gobierno, que se encontraba en situación de incomunicado, y que sin autorización superior no se podían  dar a conocer las causas de su detención. Diversas personas hicieron gestiones para que Igartúa fuera puesto en libertad, pero hasta ya entrada la noche seguía preso.

Se trata, pues, de un nuevo atropello que el oficialismo comete en agravio de las libertades esenciales del individuo. Un ciudadano ha sido detenido sin darse a conocer los motivos. Seguramente se trata de otra arbitraria aplicación de la Ley de Seguridad Interna, que es el instrumento con que está llevándose adelante la imposición obstruyendo la propaganda de loe sectores democráticos, y aplicando sanciones a capricho a quienes desarrollan actividades que el Gobierno no mira con simpatía.

En el caso de Igartúa se comete un definido atentado contra la libertad de prensa. Solo en los países donde se vive al margen de las normas civilizadas y donde no rigen los principios de la convivencia democrática, puede ocurrir que un periodista sea detenido sin explicación alguna.

Conforme el oficialismo comprueba la orfandad popular en que se encuentra, a medida que se hace evidente la imposibilidad de alcanzar un triunfo electoral por vías honestas, se extreman las medidas contra los que enarbolan la bandera de la democracia y de la liberación cívica. La detención de lgartúa, sin especificación de causa, es un atropello que no tiene atenuantes, “JORNADA” formula su más enérgica protesta y renueva en esta oportunidad su inquebrantable determinación de ración de la vida institucional peruana. Esperamos que en esta ocasión la solidaridad periodística se exteriorice en forma rotunda y enérgica, porque se trata de un derecho de la prensa que está siendo vulnerado. La Asociación Nacional de Periodistas está en el deber imperativa de intervenir y decir su palabra condenatoria, y exigir, como exigimos nosotros, la inmediata liberación de Igartúa.

Nota.- Escritas las líneas en anteriores, y después de más de veinticuatro horas de arbitraria detención, nuestro redactor Francisco Igartúa fué puesto en libertad a las nueve de la noche de ayer. Nuestra protesta queda en pié.

SEMANARIO JORNADA

Marginalia
Los niños  terribles

Salían de la escuela y se diseminaban pro las calles, vocingleros y alegres, discurriendo a su modo sobre las incidencias del día. Fluctuaban entre la niñez y la adolescencia. Matizaban, a todo pulmón su coloquio diciéndose de “zamba canuta” para arribe lo que es bastante decir. Era una jerigonza de epítetos, lo más procaces, puestos como motes a sus maestros. Los seguí de cerca. Pensé en la “escuela nueva” que es un sistema educativo de lo más cómodo e interesante. El maestro, según las normas que la disponen, es pasivo; el alumno es lo dinámico de la clase. El hace y deshace. El maestro orienta, encauza, dirige, vigila. Nada de malos tratos. Nada de castigos. Nada de reproches duros.

Pero estos niños gritábanse, empujábanse, maldecíanse y maldecían, empujaban y gritaban a los demás: a los transeúntes y a sus maestros, a sus padres y a sus parientes. La patria cifra en ellos su porvenir. El dómine de la palmeta y el látigo pasó a la historia. Pasó a la historia con todos los sistemas  que recurrían a la sanción dura e intolerante. Ya no se puede aceptar la existencia de un Clérigo Cerbatana –como  aquel de Quevedo– que mataba de hambre a los alumnos y dejaba caer su rigor sobre el seco pellejo de sus amojamados educandos. Ahora se usa de la palabra convincente, de la lección bondadosa, del amor, sí, del amor sobre todo.

Pero, a pesar de esto, todos los niños, como aquellos de que comencé a escribir, andan por las calles —¡y me imagino que en el aula también!— con la más incorrecta de las urbani­dades — urbanidad, de urbe sin du­da. — No es que quiera que los dichos infantes se estén calladitos como pie­zas de ajedrez y sin una sonrisa y sin una pizca de holgorio. Que sean retozones y simpáticos, que sean avispados y simples; que sean holga­zanes, cretinos, estudiosos o memoristas. Pero que sean urbanos, que tengan urbanidad. Que no lancen in­terjecciones en el tranvía, ni que se jalen de los pelos en la calle, ni que se líen a puñadas en plena vía. Esto yo no sé si lo contempla la nueva e­ducación, pero si estoy seguro que los viejos magisters de antaño lo tenían como primerísima e importantísima función: enseñarles que se debe res­tar al prójimo y que el prójimo es el próximo, el vecino, el que está al lado; enseñarles a mirar las canas y las faldas con respeto: Que no le di­gan piropos procaces a las niñas, ni a las mozas, ni a las ancianas.

Yo sé que ya no se les debe me­ter en la cabeza cuál es el pluscuam perfecto del verbo yacer, ni cómo se diferencia una cláusula rítmica trocaica de una yámbica.
Nada de esto. Forma­ción del estilo. Sé, también, que, no se les debe obligar a aprender quién fué Bamba o Gudemundo; ni porqué causa secreta y desconocida Childe­rico III no se razuraba el pelo: Pero a andar con compostura, con corrección, eso sí se debe enseñar. Porque si la nueva educación va a descuidar tan importante asunto creo que ante uno de esos desafueros infantiles, ante una de esas mataperradas de muy mal gusto, tendremos –paro­diando a El Murciélago cuando su­fría a los libertos– que decir:  iViva la Libertad! iViva la escuela nueva!

E.S.E